Disclaimer: Para variar, nada es mío.

N.A.: Creo que éste es el penúltimo capítulo, es decir, el próximo será el último. Espero que les esté gustando, sobretodo a la gente del GSR-Spain. Éste capi también me salió un poquín largo.


Sara tosió. Su cuerpo completo estaba temblando, ya no sabía si de frío o miedo o si en realidad eran convulsiones, pero decidió que lo único que podía hacer era ignorarlo. Sonrió ante el recuerdo de aquella noche.

Y al otro día te fuiste sin siquiera decir adiós ¡Maldito seas, Gil¡Tanto que me hiciste sufrir! Si no fuera porque te amo y me has hecho la mujer más feliz de la Tierra… te odiaría tanto.

Se rió. A pesar de todo, ella lo conocía incluso más que él mismo. Sabía perfectamente que a la mañana siguiente de aquel día abriría los ojos y no lo encontraría. Es más, estaba segura que él ni siquiera lo consideraba hiriente: Grissom se había ido a trabajar y no quiso despertarla. Una explicación simple, racional y muy lógica, pensó con ironía.

Meneó la cabeza divertida y con resignación. Su hombre era un desastre con los sentimientos.

Volvió a toser. Sabía que le quedaban pocos minutos. Se sentía mareada y a pesar de que evitaba dormirse a toda costa, sentía como las energías la abandonaban. Ya no pudo seguir luchando y apoyó la cabeza sobre el barro.

- No te preocupes, Griss. Aunque me lo hayas dicho sólo una vez, sé que me amas. Sigue adelante y sé feliz. Eso sí, no te demores otros diez años. No todas tenemos tanta paciencia.

Cerró los ojos con una sonrisa. Estaba inconsciente. En ese instante dejó de llover.


Grissom trató de rearmarse. Sara le necesitaba. No podía rendirse así como así, porque él sabía que si fuese al revés, ella nunca se hubiese dado por vencida. Sara era una luchadora, siempre lo había sido y dondequiera que estuviese estaría aferrándose a la vida. Así era ella. A pesar de todo, todo el sufrimiento que la vida –y él mismo, no lo podía negar- le habían provocado, ella seguía adelante. ¿Cómo lo lograba? No tenía idea, pero le amaba por eso.

Pero, a veces¡uf! a veces podía ser tan terca. Gil sonrió.

Recordó aquella vez que fueron a arrendar una película. Ella quería ver Godzilla y él, Frankenstein. Después de una larga discusión de porqué él estaba seguro de que a ella no le gustaría Godzilla, finalmente cedió. Y, por supuesto, tal como él había dicho, ella no pudo terminar de verla.

Ahora que se había tranquilizado un poco, intentó aplacar su pena con la razón. El hombre le había dicho algo. Riolita. No tenía mucho sentido, pero le sonaba familiar… ¿un lugar¿un nombre propio¿una persona¿un objeto?

Pensó un momento y recordó ¡Era un mineral!

Rápidamente marcó el teléfono de Catherine.

- ¿Grissom? – preguntó ella al ver el número de la llamada entrante- ¿Dónde diablos…

- Cath, revisa la miniatura. Busca si es que hay algún mineral en especial. Alguna roca volcánica.

Mientras él le hablaba ella le preguntó

- .. estás¿Te encuentras bien? –cuando Grissom terminó de hablar al mismo tiempo que ella, preguntó de nuevo -¿Qué?

Aún estaba confundida. Desde que lo habían echado del caso que no sabía nada de él.

- Examina si hay rastros de Riolita. Sólo hazlo.

- Confiaré en ti, pero recuerda que no tenemos mucho tiempo.

- Lo sé – dijo él angustiado. Retomó el tono decidido – Pídele a Greg que busque concentraciones o yacimientos importantes en un radio de cuatro estados. Es lo mejor que tengo hasta ahora.

- Mejor que nosotros, Gil.

- Tenemos que encontrarla, Cath.

- Y lo haremos – dijo ella rápidamente para confortarlo. Después de lo que había escuchado en el laboratorio, sabía que esto era algo personal. Le preocupaba lo que él pudiera llegar a hacer – Por favor, ten cuidado, Gil.

Pero él ya había cortado y encendido el motor de la SUV. Iba en dirección al departamento de policía.


Warrick manejaba camino a la bodega del departamento, cuando se cruzó con el vehículo de Grissom en sentido contrario.

- ¡Grissom! – gritó luego de abrir rápidamente la ventanilla y mientras tocaba la bocina.

Gil siguió de largo a pesar de que lo había escuchado. No tenía tiempo para esto.

Warrick se detuvo y se bajó de la camioneta. Vio como las luces traseras del auto de su supervisor desaparecían calle arriba.

- ¡Mierda! – vociferó por lo bajo.


Grissom llegó a su destino y fue directamente a la oficina de Brass. Le habló sin preámbulos.

- Jim, por favor, tienes que dejarme hablar con ella.

- No nos dijo nada antes ¿Qué te hace pensar que ahora lo hará? Además Ecklie dejó bien claro que estás…

- ¡Al diablo con Ecklie!

Brass lo miró como si no lo conociese. La verdad, es que ni Grissom se reconocía a sí mismo

- Tengo evidencia nueva. Necesito sacarle información como sea. No hay tiempo, Jim. Sara… - pero no pudo seguir. Se le había formado un nudo en la garganta ¡Qué le estaba sucediendo¡Él no era así!

Brass se compadecía de él, pero no se lo demostraba. Hubiese sido como golpearle aún más duro.

- Tengo una idea. La interrogaré yo. Al menos a mí no me conoce, por lo que hay menos posibilidades de que se ponga a delirar. Además, así no molestarás a Ecklie.

Grissom recordó al hombre que había muerto en sus brazos.

- No, Jim. Tengo que hacerlo yo y a solas.

Hubo una pausa

- ¿Sabes? – le dijo Brass entrecerrando los ojos – yo estaba presente cuando interrogaste al Dr. Lurie. Recuerdo perfectamente todo lo que le dijiste. En ese momento no sabía de quién hablabas.

Hizo otro alto y a continuación le puso una mano en el hombro.

- Eres mi amigo, Gil. Confío en ti. Sólo hazlo rápido.

Grissom frunció los labios en una sonrisa cansina y desvió la mirada al suelo.

- Gracias.


Natalie y Grissom estaban frente a frente una vez más en la sala de interrogaciones. Él sabía que no debía mencionar a Sara o estaría perdido.

- Natalie¿viste la maqueta de la oficina? La hice para ti.

Ella levantó la cabeza y sonrió con la mirada perdida.

- ¿Para mí?

- Sí, para ti ¿La quieres?

Natalie no respondió, pero la avidez de sus ojos hablaba por ella.

- Te la daré si me respondes algo.

Sus ojos se oscurecieron y bajó nuevamente la cabeza.

- ¿Qué?

- Riolita – soltó él al azar, esperando alguna reacción o respuesta.

Ella permaneció inmutable por unos segundos, pero luego saltó de su silla, la tomó, y la tiró lejos. Grissom alcanzó apenas a esquivarla.

- ¡Lo sabía, lo sabía! No puedes confiar en nadie, Natalie, en nadie. En nadie.

Se sentó con las piernas cruzadas en la mitad de la sala, en el suelo. Comenzó a mecerse hacia delante y hacia atrás, con las manos entrelazadas sobre el pecho, mientras murmuraba cosas sin sentido.

Grissom temió haber arruinado su última chance, por lo que lo intentó una vez más.

- ¿En quién no puedes confiar Natalie?

Entre murmullos ininteligibles pronunciaba ciertas palabras coherentes.

- sdgdhfhdhs…Nadie… xvsdfgeryehrs … Le dije que no hablara… ethyurbwewsvrgt … Riolita ¿Por qué? … erhyvrshtv … Fantasmas … ssdageaqyvewar … Tengo miedo de los fantasmas … erywgvryvrw … Mucho miedo, no me lleves allí, papá… iugbzuygb … Tengo mucho miedo, no me dejes sola … weiotugwueghu

Grissom trataba de establecer una conexión entre él y ella, pero ya era demasiado tarde. No importaba lo que él dijera, era como si estuviese sorda. La ayudó a levantarse y la sacó de la sala. Brass los esperaba a ambos afuera.

Natalie se fue con los policías. Grissom negó con la cabeza y sin levantar la vista le dijo a su amigo.

- Jim, ya no sé qué más hacer… no…

De pronto levantó la mirada y la depositó directamente sobre los ojos de Brass quien, en un principio triste, ahora le miraba extrañado.

- ¡Fantasmas! – exclamó casi sin voz y con una nueva esperanza en los ojos.

Dio media vuelta y caminó a paso raudo por los pasillos en dirección a su automóvil, dejando a un todavía estupefacto Brass tras él.


Grissom conducía a toda velocidad por Las Vegas Expressway, con la vista fija más allá del camino. Su celular sonó, pero no lo escuchó. Recién la tercera vez se dio cuenta y atendió.

- Grissom

Era Cath

- ¿Me puedes decir qué estás haciendo? Brass vino aquí a advertirme que podrías estar en peligro. Y no sólo él, sino también Warrick ¿Qué pretendes¡¿Dónde estás, por el amor de Dios¡¿Te crees el héroe, no nos dices nada y comprometes el caso sin siquiera estar autorizado para…

- Sé donde está Sara.

Hubo un silencio sepulcral al otro lado del teléfono.

- ¡¿Y por qué no nos lo d…

- Riolita.

- Greg buscó, Grissom, pero no encontró nada ¿De qué hablas?

- La ciudad fantasma. Riolita. El escultor belga en los 80's. ¿Recuerdas?

- ¿De qué rayos me estás hablando?

- A unas 120 millas de aquí hay una ciudad abandonada desde la fiebre del oro. Hace unos años a un escultor belga se le ocurrió que una ciudad fantasma no es tal sin los fantasmas… y donó unas esculturas para ser colocadas en la ciudad.

- ¿Cómo supis…

- ¡No importa! Lo único que importa ahora es que Sara está allá.

- Avisaré a las patrullas.

- Está bien. Adiós.

- Griss… - Gil cortó.

No tenía tiempo para tonterías. Debía llegar lo antes posible. Era un viaje de dos horas y media. TENÍA que demorarse menos. Sara no disponía ni de dos horas y lo sabía. Apretó el acelerador a fondo. No había otra opción.


Llevaba una hora conduciendo y se sentía realmente agotado. La adrenalina no había dejado de fluir por sus venas ningún segundo y su pulso no bajaba de los 100. Lo sabía porque, a falta de otra distracción, llevaba la cuenta. Si sólo Sara estuviese con él… ella sabría cómo tranquilizarle. Una vez bastó con una simple caricia en la mejilla.

- Sara…

Recordó la primera y única vez que le dijo que la amaba.


Grissom caminaba por los pasillos del laboratorio distraídamente. Iba repasando las tareas que asignaría esa tarde a cada uno de sus colegas. Como aún era temprano, pensó que un café no le vendría nada de mal. Se dirigió a la sala de descanso con ese sólo propósito. Volvió a su oficina y con el café en mano depositó la carpeta de casos sobre el escritorio. Iba a sentarse cuando una voz tras él – demasiado cerca de su cuello – le susurró.

- Estoy sorprendida.

Grissom no tuvo que voltearse: Sara Sidle.

- ¿De qué estás sorprendida, querida? – le sonrió

- De esto.

Le mostró una rama con forma de y griega. Donde antes había una crisálida ahora sólo quedaba una cáscara vacía. Grissom abrió los ojos como si hubiese tenido seis años y le hubieran ofrecido un helado.

- ¿Dónde está?

Sara indicó con la cabeza al terrario. Dentro volaba una hermosa mariposa negra de alas alargadas con franjas blancas y alrededor del cuerpo una gran mancha azul. Ambos la observaron con un intenso interés, uno a cada lado del terrario. Luego se miraron el uno al otro a través del vidrio.

- Heliconius sara. O Sara Longwing. De verdad, Grissom ¿Cómo la encontraste?

- Un entomólogo jamás revela sus secretos – le dijo con una mirada presuntuosa.

Sara le dedicó una de sus más tiernas sonrisas. Él amaba el hecho de que a ella no le importase en absoluto que sus dientes estuviesen un poco separados. Es más, nunca se lo había dicho, pero él pensaba que eso la hacía aún más atractiva. Hubiese dado todo por verla sonreír más seguido.

- No has visto todo aún – dijo él ruborizándose, pero manteniendo la compostura.

- ¿Qué quieres decir? – Sara frunció el ceño.

Grissom miró su reloj. Aún no era la hora, pero tenía que salir de allí.

- Lo siento, debo repartir los casos. Te espero en la sala de descanso.

Y escapó rápidamente del despacho, olvidando su café.

Sara estaba muy intrigada. No saldría de allí sin saber qué era lo que no había visto aún. Dirigió su mirada hacia la mariposa. No encontró nada singular en ella. Tomó la rama con mucho cuidado y la examinó. Tampoco. Miró la crisálida.

- ¡Un segundo! Hay algo aquí dentro.

Era un cilindro muy pequeño. Tomó una lupa que había sobre el escritorio de Grissom e inspeccionó. En realidad, era un rollo de papel. No tenía idea de cómo había logrado introducirlo allí. Con una pinza, lo extrajo cuidadosamente y lo desplegó. Decía algo. Estaba escrito a mano, pero la letra era muy pequeña. Acercó la lupa y si no fuera porque era de Grissom, la hubiese dejado caer de la sorpresa. No podía creer lo que había leído.

Con los ojos fijos en un inexistente horizonte exclamó por lo bajo.

- Sí. Quiero.

Recordó que la estaban esperando en la sala de descanso y se apresuró en salir del despacho de Grissom. Cuando llegó, ya todos los CSI estaban sentados con sus casos en la mano, incluso Greg que siempre llegaba atrasado.

Grissom la reprendió.

- Llegas tarde.

- Lo siento – dijo ella mirándole con ojos brillantes y sin poder evitar una sonrisa.

- Ya lo leyó – pensó Grissom y sonrió, ya no con una mueca sarcástica, sino con una expresión de extrema felicidad.

Continuó mirando a Sara mientras le decía.

- Te toca un 447 en la avenida Clark. Vienes conmigo.

Y los CSI emprendieron rumbo a sus respectivas asignaciones.

Nick terminó a la fuerza su café y junto con Warrick fueron los últimos en salir de la sala.

- ¿Un 447? – le preguntó Nick.

- Asuntos Civiles.

- ¿Y qué hay en la avenida Clark?

- Nada – dijo Warrick – absolutamente nad… espera… ahora recuerdo. Cuando nos casamos con Tina tuvimos que ir al 201 de la Avenida Clark a realizar los trámites … ¿no creerás…?

Nick lo miró con los ojos abiertos como platos. Y luego rió. A carcajadas.

- ¡Cada día más gracioso, tú¿eh? – y le golpeó la espalda a Warrick quizás con demasiada fuerza.


- Gilbert Grissom ¿Acepta Ud. a Sara Sidle como su legítima esposa para quererla y honrarla, en la salud y enfermedad, en la riqueza y la pobreza hasta que la muerte los separe?

- Sí, acepto – era la primera vez que Grissom se sentía tan seguro de algo en su vida.

- Y Ud. Srta. Sara Sidle ¿Acepta a Gilbert Grissom como su legítimo esposo para quererlo y honrarlo, en la salud y enfermedad, en la riqueza y la pobreza hasta que la muerte los separe?

- Sí, acepto – sin duda, era el momento más feliz de toda su vida. Nunca había visto tanta alegría en los ojos de Grissom, lo que la hacía sentirse aún más feliz.

Brass les pasó los anillos. Grissom, muy dulcemente, se lo colocó en el dedo, sin dejar de mirarla a los ojos. Ella hizo lo mismo.

- Ahora los declaro, marido y mujer. Puede besar a la novia.

Grissom tomó a Sara de la cintura y depositó un beso muy suave sobre los labios de ella. Sara apoyó las manos sobre sus hombros y se inclinó levemente sobre la punta de los pies. Se besaron con ternura. Era claro que se amaban y Brass, el oficial de matrimonio y un paramédico del departamento de policía que pronto se iría a trabajar a Nueva York, aplaudieron con fuerza.

La ceremonia no duró más de media hora y cuando volvieron al Denali, Grissom le dijo a Sara.

- Disculpa que todo haya sido tan sobrio, pero Ecklie no se puede enterar. Si quieres podemos hacer una pequeña fiesta, con tu familia y la mía.

- No, gracias Griss. Lo prefiero así, simple. Esto es algo nuestro. Es nuestro momento. En este preciso instante soy la mujer más feliz del mundo y no hay nada más que pudiese desear. Todo es perfecto.

Él la miró como si nunca la hubiese visto antes. No entendía cómo pudo pasar tanto tiempo negando algo tan hermoso. Le tomó del mentón delicadamente.

- Te amo, Sara… Sidle – y la besó, esta vez con pasión.

Ella le dijo que había decidido conservar su nombre de soltera, para que nadie se enterara. Pero él, secretamente, en su mente la llamaba Sara Grissom. Era suya. Era su esposa. Era parte de él ahora y nadie podía separarlos. Nadie, excepto la muerte.


El cese de la lluvia arrebató a Grissom de sus recuerdos. Rápidamente tomó su celular y llamó al laboratorio.

- La lluvia se detuvo. Envíen los helicópteros.

- Ya van en camino – contestó un oficial. Segundos después se dio cuenta de que no tenía idea de con quien hablaba – Disculpe¿Con quién hablo?

Una vez más, Grissom ya había cortado. Había llegado a la ciudad fantasma.

- En medio del Valle de la Muerte – pensó con amargura y desesperación.


TBC