Hola! ¿Cómo estan? Aquí esta el nuevo capitulo, realmente me alegra la buena recepcion que tuvo esta historia y la verdad les agradezco a todos los que se tomaron su tiempo de leer mi historia.
Realmente espero que les guste este capitulo, y espero que les pique un poquito la curiosidad. Les advierto que esto sera un NaruxHinaxSasu, un triangulo amoroso que siempre he querido escribir.
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes o productos relacionados me pertenecen.
Capitulo I
Aquella fresca mañana de Septiembre comenzaban las clases en el instituto de Konoha, un pequeño pueblo de Japón. Era una mañana soleada, el cielo se encontraba despejado, apenas adornado por algunos jirones blancos y algodonosos, las aves cantaban y la vida de la personas transcurría con toda tranquilidad.
En una habitación de una enorme casa, una joven de cabello negro y ojos de color gris pálido se desperezaba lentamente, no queriendo levantarse, su nombre era Hyuuga Hinata y ese año comenzaba en quinto año de secundaria. Finalmente se despertó, y azorada reviso el reloj que descansaba justo a su lado, en la mesita de noche, que en números coloreados en rojo dictaba las seis y treinta minutos. Bostezo y con rapidez se dirigió al baño para darse una ducha, tomando en el camino su uniforme de la pequeña butaca.
Aquel era el uniforme de invierno que consistía en un grueso suéter de lana negro, una camisa blanca por dentro, una bufanda de color rojo y unos pantalones rojos abrigados hechos también de lana.
Una vez estuvo lista corrió a través de uno de los amplios pasillos de la mansión y tomo su bolso y uno de sus cuadernos, deseo un buen día a su padre, a su hermana, y salio de la mansión, casi perdiendo el aliento.
¡Las siete en punto!, se grito internamente mientra observaba su reloj de pulsera y corría por las ya transitadas calles de la pequeña ciudad en dirección a la parada de autobús mas cercana, calle abajo. Si no se apresuraba no llegaría a la estación de autobús a tiempo.
Por suerte el autobus se había retrasado lo suficiente para alcanzarlo.
Las hojas ya anaranjadas y amarillentas caían de los árboles con suavidad sobre las aceras pavimentadas con rocas de color de la arena y el viento mecía suavemente su cabello, El cielo se encontraba cubierto por nubarrones gruesos y grisáceos que prometían traer una fuerte lluvia pronto.
Se ajusto bien la bufanda, en esa época en Konoha hacia mucho frío y podía llegar a resfriarse, ya que su salud siempre había sido extremadamente frágil.
En ese momento alguien llamo su atención, era un hombre de calculaba unos veintitrés años que ingreso al autobus, era de piel nívea, unos ojos negros profundos y enigmáticos que en seguida la cautivaron, el cabello negro y rebelde, alborotado por la parte de atrás y con dos mechones tocando ligeramente sus hombros y una pequeña sonrisa dibujada en sus rosados y varoniles labios.
Se sentó a su lado sosteniendo su abrigo por encima de uno de sus hombros. Se mantuvo callado todo el viaje, sólo observando el paisaje y no hizo ni siquiera un amago de prestarle atención, lo cual la tranquilizaba, jamás se le había dado muy bien el comenzar una conversación.
El autobus se paro en su colegio, y ambos se apresuraron a bajar de él.
Qué extraño no parece de mi edad, pensó Hinata mientras subía las escaleras y aquel extraño pelinegro se perdía entre la multitud de estudiantes y profesores Debe de ser un profesor, aunque jamás lo había visto Continuo con su perorata interna, completamente ensimismada. Tan concentrada estaba en sus pensamientos que no había notado que desde hace algunos minutos alguien la llamaba con insistencia.
—Oe Hinata, vamos, que ya ha sonado el timbre y tu estas en la luna. —La llamo Kiba, uno de sus amigos comenzando a correr.
—K-Kiba-kun, ¡espérame! —Le grito en cuanto entendió a que se refería alzando una mano y corriendo para alcanzarlo.— ¡Kiba-kun!
El instituto de Konoha era un imponente edificio de cuatro plantas y dos canchas, además de un patio de proporciones inmensas cubierto por césped y algunas flores, como rosas y jazmines distribuidos a lo largo del patio que los encargados se enorgullecían de cuidar. El instituto se encontraba en lo alto de una montaña en las afueras de la ciudad y era reconocido como uno de los mejores institutos del país.
Subió los escalones hasta el salón 6—B, donde el curso de quinto año sección "b" estudiaría durante todo el año. Ya hacia bastante tiempo que había perdido a Kiba de vista, por lo que supuso que ya debía estar allí.
Se detuvo a recuperar el aliento durante un instante, estaba demasiado cansada, pero debía continuar ya que si llegaba tarde y el profesor se lo comunicaba a su padre... bueno, él siempre había querido que su comportamiento como heredera fuera impecable, una pauta, un ejemplo a seguir, y desde la muerte de su madre se había vuelto mas estricto, mas frío y cruel, encerrándose en sí mismo.
Echándola a un lado, nombrando y recordando cada una de sus faltas y rechazando todos sus intentos por acercarse y hacer las pases. Ella no sabía el motivo el cambio pero sospechaba que se debía al dolor, a la tristeza por perder a su madre. Después de todo, su padre siempre la había amado y su parecido con ella debía recordársela constantemente, por eso intentaba sencillamente no molestarlo y le dolía, le dolía en el alma no poder estar en paz con su padre
Por eso siempre intentaba no cometer fallas, no tener resbalones y traspiés con las reglas, no hablaba demasiado y sólo tenia dos amigos, ya que las chica la dejaban a un lado siempre, ella era invisible, poco popular y se juzgaba a sí misma ordinaria.
Y aunque sonara tonto, siendo invisible se había enamorado del chico mas popular del instituto, Naruto Uzumaki, en secreto siempre lo observaba en las canchas de futbol detrás de los asientos. Observaba como practicaba sin descanso para llegar a su sueño, siempre con una sonrisa que puede iluminarte el día y con aquella aura de alegría a su alrededor que embelesaba a cualquiera, porque a pesar de ser popular eso no evitaba que fuera amable con todo el que le hablase, que le regalara una sonrisa o que sencillamente fuera atento. En resumen, era un chico maravilloso.
Y no necesitaba que nadie le dijera que estaba fuera de su alcance, ya se había resignado a que un chico como él jamás se fijaría en ella, era un hecho.
Ahí se encontraba frente a la puerta del salón 6—B, alzo lentamente una de sus manos mientras esta temblaba de forma incontrolable y mordió su labio inferior con fuerza, a pesar de que cada año pasaba eso mismo —El llegar tarde— jamás se acostumbraría a las miradas burlonas y sonrisas, sino es que alguna risita, que provocaba su llegada, ya que según sus amigos siempre se le atoraban una o dos hojas en el cabello y siempre se le desordenaba un poco el uniforme, lo que resultaba muy gracioso. También podía apuntar el hecho de que tartamudeaba porque el ser el centro de atención jamás había sido de su agrado.
Estaba a punto de abrir la puerta cuando aquel mismo hombre que había visto en el autobus abrió la puerta, esta vez con su semblante inescrutable. Y con aquello sus anteriores preguntas habían sido respondidas, al parecer seria el nuevo profesor, aunque si bien recordaba la directora siempre presentaba a los nuevos profesores.
¡Dios santo! ¿Se me hizo tan tarde?
—Gomenasai etto...—Inclino suavemente su cabeza y se ruborizo al darse cuenta de que no sabia su nombre.
—Sasuke Uchiha, ese es mi nombre. Llegas tarde, podría saber ¿por qué? —Cuestiono fríamente, su voz era suave e hipnotizante.
—Gomenasai Sasuke-sensei. Le prometo que no volverá a repetirse, de verdad. —Le aseguro con la voz temblorosa, tartamudeando un poco, y con sus mejillas teñidas de un tono rojizo.
—No pasa nada, de todos modos hoy no hay nada interesante, sólo no llegues tarde la próxima vez, ¿Vale? —Cuestiono con sus ojos negros fijos en ella. Terriblemente hipnotizantes y enigmáticos. — ¿Qué esperas? vas a entrar o ¿no?.
—H-Hai. —Tartamudeo regalándole una sonrisa sincera.
Aquella muchacha le resulto extremadamente curiosa. Curiosa en verdad, ya que no se había fijado en él de aquella manera tan molesta, tal como habían hecho las otras, ni se le había insinuado y eso debía agregar era extremadamente curioso, además estaba aquel carácter dulce y esa apariencia angelical que lo habían sorprendido, ya que jamás se había encontrado con alguien tan hermosa y de aspecto tan inocente. Además por alguna razón aquel olor a lavandas le resultaba tremendamente delicioso. Sacudió la cabeza no debía pensar en eso, menos tratándose de una niña y aun mas de su alumna.
Sin embargo, lo que ignoraba era que aquella niña le causaría mas sensaciones y problemas de los que jamás podría imaginar...
Hinata obedeció la orden dirigiéndose silenciosamente a su asiento, pero se tropezó con uno de los pupitres y su tobillo recibió una torcedura en el proceso. Se lamento de dolor, y noto como Sasuke se inclinaba y tomaba su tobillo entre sus manos y sus mejillas se colorearon mientras que él suspiraba pesadamente.
—Vaya, realmente espero que no todos los día del año sean así. Señorita. —Susurro y ella se sonrojo al escuchar el comentario, por lo que él solo esbozo una media sonrisa torcida que destilaba diversion.
Seguidamente, Sasuke la subió a su espalda y aviso al resto del grupo que a la minima señal de escándalo los castigaría.
Camino lentamente, sintiendo como aquella chiquilla que llevaba a sus espaldas ocasionalmente se quejaba de dolor. Suspiro, dándose cuenta de que era ligera, extremadamente ligera. Podía sentir el acelerado latir de su corazón y al voltear hacia atrás podía contemplar sus mejillas sonrojadas y sus ojos cerrados y pensó que se veía extremadamente inocente e indefensa de aquella manera. Podía sentir el tembloroso tacto de su piel sobre la suya, inseguro, y de forma irónica aquello le transmitió una sensación de paz. Bostezo pesadamente y una sonrisa ladina se dibujo en sus labios; aquel había sido un extraño comienzo para su primer día como profesor.
Hinata respiro profundamente, su corazón se encontraba acelerado y sintió sus mejillas enrojecer, cerro los ojos y permaneció así el viaje entero. Se acurruco levemente en su espalda, disfrutando del aroma varonil, y con las manos temblorosas se aferro a su cuello, apenada. Podía oír los tranquilos latidos de su corazón debajo suyo, y por un momento fantaseo que era Naruto quien la cargaba. Sentía como el cuerpo del Uchiha se movía suavemente, casi arrullándola, haciéndola sentir segura, suspiro, y dio un pequeño quejido de dolor al mover la pierna.
Se recostó suavemente en el futon mientras sentía como la enfermera palpaba su tobillo, soltó un quejido de dolor y suspiro aliviada cuando sintió el extraño tacto frío de algún analgésico, trago las pastillas que la enfermera le ofrecía, bajo la mirada atenta y penetrante del Uchiha.
Desvío la mirada, sintiendo como cada centímetro de su piel se erizaba solo bajo su escrutinio y deseo que él no la mirase de aquella manera mientras cerraba fuertemente los ojos, y se abrazaba a sí misma.
Oyo la puerta cerrarse y pensó que él se había ido y sintió cierto alivio por eso.
Otra fría mañana de Septiembre comenzaba en Japon mientras me dirigía a mi trabajo en la secundaria de Konoha, cerré la puerta de mi apartamento y me encamine al lugar, vivía en un lugar aislado, no muy lujoso, podía decirse que era una zona promedio y mi sueldo me bastaba para pagarlo y aun así sobraba para satisfacerme con algunos lujos.
Bostece con cansancio y me senté en la banca para esperar el autobus que me llevaría a mi destino y este llego inmediatamente, suspire, mientras me agarraba del barandal de hierro. Podía escuchar claramente varias de la conversaciones que mantenían muchos de los pasajeros, la diversidad de olores se colaban siendo casi todos derrotados por el del humo.
En unas horas llamaría al mecánico para saber si ya había arreglado mi automóvil, tomar el autobus resultaba tremendamente molesto.
Me baje en la estación que me correspondía, a los pies de la colina donde se encontraba el instituto de Konoha.
Había pasado más de una semana desde que había comenzado mi trabajo y desde que me había sentado en aquel mismo autobus con aquella niña que mas tarde se había torcido el tobillo. Aun recordaba como se aferraba a mi cuello con sus manos temblorosas, aun podía oír el acelerado latido de su corazón y aun percibía el leve rastro de su perfume embriagante en mi chaqueta.
Antes de poder subir si quiera un peldaño de las escaleras, mi teléfono celular vibro suavemente en el bolsillo de mi pantalón; observe la pantalla, un número desconocido. Me aleje de todo el ruido y lleve el aparato a mi oído.
—Uchiha, hemos pensado tu oferta y aceptamos. Te esperamos después de las tres de la tarde, en la misma dirección de antes. —Reconocía aquella voz calmada y fría.
—Sr. Hyuuga, allí estaré. —Conteste y colgué mientras me encaminaba escaleras arriba...
Espero que les haya gustado, Cuidense, hasta luego.
¿Merece un review?
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