Hola!, como estan? espero que bien y que hayan pasado unas felices navidades y que tengan un año aun mejor. Aqui traigo la continuacion del fic, publique antes y me salio hasta mas largo de lo que pensaba Jeje!, agradezco como siempre a todos aquellos que me leen y que me agregan a favoritos y a alertas de verdad ¡muchas gracias!
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.
Si encuentran OoC me disculpan por favor.
Capitulo IV
Dolor, emocion y nostalgia
La tarde caía suavemente sobre el horizonte y la lluvia producía un constante murmullo que quebraba el silencio. El olor a desinfectante y detergente invadía de manera desagradable el ambiente. Varias enfermeras corrían de un lado a otro, con medicamentos, jeringas y en ocasiones, llevando paciente con ellas. Escuchaba las voces de forma vaga, junto con otros sonidos perturbadores que traían consigo el recuerdo y el aroma de la muerte y la inmundicia. Las paredes pintadas de blanco, el suelo cubierto de cerámica gris suave y la puerta hecha de una sólida madera de roble me dieron la bienvenida a aquel gélido y tétrico lugar. Solía ir allí muy a menudo, mucho más de lo que yo alguna vez hubiese deseado Sin darme cuenta y con la mente puesta en otra cosa, me había dirigido siguiendo aquel camino que conocía de memoria y que me producía amargura hacía ese lugar. Si lo pensaba, tal vez estaba siendo masoquista, tal vez debía simplemente terminar de aceptarlo; sin embargo, una parte de mí se negaba profundamente, aferrándose a las pocas esperanzas que le restaban y que se hacían menores conforme el tiempo continuaba su marcha. Aquello no era sólo una necedad o un capricho, era una necesidad que latía y estaba presente y que me llevaba a recorrer esos mismos pasillos lúgubres cada domingo. Me fije de reojo en el tosco número grabado en la madera —el número trece, irónicamente— y deje escapar un suspiro, tratando de menguar aquella repentina ola de sensaciones que me embargaba, y que oscilaba entre el nerviosismo y el miedo, y se mezclaba con la tristeza. Con delicadeza y con mis dedos temblorosos alce una mano hasta alcanzar el pomo y lo gire, encontrándome con una habitación en penumbras, apenas iluminada por la luz blanca mortecina de la lámpara.
Las paredes se encontraban pintadas de blanco, al igual que el resto del Hospital. El piso era de cerámica de un color gris suave, mismo que predominaba en todo aquel desgraciado y monótono edificio. La monotonía del ambiente sólo era rota por algunas flores y plantas que de seguro mis familiares que habían venido antes que yo habían dejado, y un par de plantas en macetas que se hallaban en dos esquinas y que otorgaban cierto matiz de viveza a la habitación.
—Hola, Oka-san. —Susurre suavemente cerrando la puerta detrás de mí.
Me acerque a la camilla en donde su cuerpo reposaba y el sonido del aparato que media sus palpitaciones me dio de lleno, martilleando mis oídos y recordándome, como cada domingo que venía, la verdadera gravedad de su estado. Un aparato ayudaba en su respiración y muy a pesar de eso, su rostro lucia apacible; tan apacible que me dio la sensación de que sólo estaba plácidamente dormida.
Con delicadeza arregle un poco su cabello de ébano, peinándolo tal y como ella lo haría. Y en un gesto, alargando la mano en que las llevaba, deje las flores —un ramo de rosas rojas arreglado en una cesta que me había encargado de buscar especialmente para aquel día—, sobre la cómoda de madera que se hallaba al lado del camastro, junto a otras tantas de sus compañeras. Y por medio de una corriente de aire la fragancia dulce de las flores inundo la habitación, haciendo el ambiente tan pesado un poco, tan sólo un poco, más llevadero. Tome una gran bocanada de aire antes de comenzar mi relato; contarle mi vida de alguna forma era una suerte de consuelo. Muchas veces me la imaginaba sonriendo, riéndose, o simplemente escuchándome atentamente, con sus ojos oscuros fijos en los míos, y era muy triste pensar que aquella era simplemente mi imaginación, que desde aquel accidente mi madre estaba postrada y mi padre muerto, y todo por mi causa. Contarle mi vida, no sólo hacía que mi nostalgia se esfumara aunque fuese tan sólo un poco, sino que alimentaba mis vanas esperanzas de que ella algún día llegara a despertar, aunque el pronóstico no era precisamente alentador. Ella estaba en coma y las probabilidades de que despertara eran escasas, por no decir casi nulas.
Los recuerdos no se iban. No se iban, se amontonaban uno tras otro como un desfile perverso y malintencionado que traía hasta mí aquella rabia y dolor que sentía casi a diario y que me carcomían por dentro, aquel peso que había aprendido a cargar conforme al paso del tiempo y que me amargaba.
"Vamos, mamá, papá, nii-san, les aseguro que no se arrepentiran, onegai"
"Tarde, vamos tarde"
"¡Sasuke, cuidado!"
Eran imágenes desdibujadas por el tiempo que se iban aclarando poco a poco hasta que la sangre fue visible finalmente y las partes metálicas de los auto colisionados también, el humo, el desagradable olor del humo llenando mis fosas nasales, y el dolor me impedía moverme en lo más mínimo, incluso respirar era doloroso. El cabello castaño de mi padre estaba teñido del color escarlata de su propia sangre mientras su cuerpo inerte yacía en el asiento de atrás. Mi madre había estrellado la cabeza contra el parabrisas y su sangre se encontraba salpicada por mi camisa, por mi cuerpo mientras yo luchaba entre la conciencia e inconciencia y maldecía al otro conductor con todas mis fuerzas. A mi lado, otra persona que luchaba por su vida desesperadamente me susurro unas últimas palabras y una dulce sonrisa surco sus labios antes de cerrar sus ojos para siempre...
"No va a despertar, ¿verdad?"
Los medicos negaron.
No quiero recordar.
Hasta recordar su nombre es doloroso.
No quiero...
Y mientras hablaba, la culpa me carcomía y la lagrimas corrían presurosas por mi rostro, porque sabía que aquello había sido por mi causa, al igual que otras tantas cosas que nunca podría perdonarme...
Se encontraba sentada en su cama, realizando la tarea de biología que tendría que entregar ese lunes. Tarareaba una cancioncilla que escuchaba con los auriculares puestos a un volumen moderado, no quería quedare sorda después de todo. La habitación era tranquila y era de cierta forma su refugio, allí mantenía los recuerdos que más apreciaba y era el lugar donde se desahogaba.
La tranquilidad de la habitación fue interrumpida por el tono estridente de su teléfono móvil, que alcanzo a sonar mucho más allá de los auriculares. Asustada, cayó de la cama golpeándose fuertemente la cabeza. Profirió un pequeño quejido y gateo torpemente hasta su peinadora hecha de madera de cerezo —esa que su padre había traído en uno de sus muchos viajes de negocios alrededor de todo Japón— y torpemente hizo malabarismos con el teléfono que parecía querer escabullirse de sus manos, y que reboto hasta aterrizar de manera segura en su mano izquierda. Suspiro con alivio, no quería imaginar que pasaría con ella si algo le llegaba a ocurrir a su teléfono.
Atendió sin reparar en el número que llamaba.
—Kiba, te dije que no voy a ayudarte con matemáticas. Consigue un tutor, maldición, no estoy a cada hora para darte ayuda. — Soltó algo mordaz, de todos modos, ¿Quién más podría llamarla? además, Kiba se la había pasado las últimas tres horas llamando por el mismo motivo y francamente estaba harta.
Las carcajadas resonaron al otro lado de la línea, dulces, livianas y despreocupadas y por un segundo con la irritación bullendo en su interior pensó en contestarle.
Un segundo... ¡Esa era la voz de Naruto-kun!
En ese momento su rostro paso por todas las tonalidades de rojo y deseo que bajo sus pies se formase una grieta y se la tragara. Sintió su cuerpo entero temblar y la vergüenza invadirla, ¿Cómo le vería la cara después de eso?. Tal vez debería golpearse en la puerta a ver si su desdichado y disfuncional cerebro se dignaba a funcionar de una vez por todas. Se obligo a reaccionar.
—Espero no tener que sentirme ofendido. —Exclamo con alegría.
—E-Eh, n-no, Naruto-kun. Perdona, p-pero K-Kiba me ha estado llamando la u-últimas tres horas. Estoy harta. —Tartamudeo torpemente, casi atragantándose con sus propias palabras.
Y sus esperanzas volvieron, fuertes, haciendo que su corazón latiera enloquecido, tal vez, que Naruto-kun se fijara en ella no era tan retorcido, tal vez.
Y tuvo que retractarse, sabía que un chico como él, tan dulce y tan lindo jama se fijaría en una chica tan simplona y tímida como ella, no debía hacerse ilusiones, lo sabía, pero sencillamente no podía evitarlo. A veces sentía tanto dolor, tanta ansiedad y tristeza que simplemente quería olvidarle, pero no podía y la distancia cada vez se marcaba mucho más y se hacía tarde. Muchas veces lloraba y con su imaginación jugaba, soñaba, que él sería su príncipe y ella su bella doncella; tal vez podía hasta tacharlo de infantil, pero no podía evitarlo, las imágenes, los sueños, las palabras en desfile como una obra de teatro maquinada por su mente, llegaban sin permiso, sonsacándole un suspiro. Tenía mucha imágenes rotas, dibujos, poemas, que había roto por impotencia mientras lloraba amargamente, con el recuerdo latente y doloroso de verlo rodeado de chicas que no eran ella. Sólo deseaba su felicidad, pero eso no impedía que siguiera doliendo, como un puñal que se clava cada vez más lento y más hondo y odiaba esa sensación.
Un dibujo, en especial vino a su mente, este se hallaba guardado en su cómoda. Dibujado en el papel había un corazón mal dibujado y torpemente pintado, sus dos nombres entrelazados y un te quiero medio borrado, no había tenido el valor de borrarlo por completo y al recordar la imagen se sintió un poco tonta, ya que estaba hablando con él al teléfono.
—Sí te entiendo, no pasa nada. —Naruto al otro lado contesto y Hinata sonrió, podía a bien imaginárselo rascando su nuca y sonriendo con los ojos azul zafiro cerrados.
—Eh... ¿Hinata?, me preguntaba, si bueno, tú... ¿quieres ir al cine conmigo el sábado?
Se quedó paralizada.
—Sí.
El susurro salió de sus labios rosados antes que siquiera pudiera pensarlo.
—Genial, allí estaré a las siete dattebayo.
—Eh, sí, ¿Naruto-kun, s-sabes dónde e-esta m-mi casa, verdad?
—Sí, claro, no te preocupes
Y se quedaron hablando por un par de horas, ella asentía y contestaba como podía la preguntas que él hacía, por suerte eran pocas y no parecía molestarle que titubeara. Él era maravilloso, guapo, cabezota, de buen corazón y atlético, casi todo lo que una chica podría pedir
Colgó, después de despedirse y sonrió con calidez llevándose las manos al pecho y notando lo acelerado que se encontraba su corazón, aun las mariposas revoloteaban inquietamente en su estómago y sentía aun la calidez de sus mejillas. Se recostó suavemente en la cama, aun con la mano en su corazón y cerró los ojos durante un instante, recordando el tono de su voz, el oro de su cabello y el azul tan profundo de sus ojos y un suspiro escapo de sus labios, mientras se aferraba a sus verdes sabanas, pero sabía que aquella era sólo amabilidad, porque Naruto era así, amabilidad pura, así que aquellas ilusiones que comenzaron a formarse en su mente la desecho de inmediato.
Él es así.
Se estiro hasta alcanzar el perchero que se hallaba a un lado de su cama y de allí descolgó el abrigo de su sensei. Un gran abrigo tupido de color azul marino y sonrió; ese hombre a pesar de su apariencia huraña se había convertido de cierta forma en su amigo: verlo allí constantemente y escuchar su voz haciendo eco en la solitaria casa se había convertido en una costumbre agradable. Era tonto, incluso lo extrañaba un poco. Pensó observando el abrigo ente sus manos, el cual misteriosamente había encontrado después de despertar, un poco de calidez la embargo, pensando que Sasuke se había preocupado por ella y la había cuidado, era tierno.
Atrajo el abrigo hacia su pecho, aspirando aquella fragancia varonil que desprendía, semejante a la humedad del bosque en primavera, disfrazado por el dulce aroma de algo que no lograba identificar, tal vez manzana o algo un poco amargo; que le encantaba.
¿Qué perfume usaría su sensei?
Cualquiera que fuese, su aroma era exquisito.
¿Qué estaría haciendo él? se preguntó mirando el techo fijamente con sus ojos luna, aun estaba abrazada al abrigo y sonrió, ya que el lunes lo vería de nuevo y aunque le costara reconocerlo; estaba un poco ansiosa.
Sonrió, pero aquella era una idea tonta...
Se fijó en su reloj que se encontraba en la pequeña cómoda, y aún faltaba una hora para las doce de la noche. Bostezo y se refugió bajo las cobijas, de todos modos, había terminado la tarea de biología y tenía bastante sueño. El abrigo de su sensei seguía entre sus brazos y aspirando su aroma se quedó dormida...
La voz de Sasuke resonaba como un eco en la habitación, suave y tranquila, el pizarrón se encontraba lleno de diagramas y ejercicios que ella intentaba entender con todo su esfuerzo. Con una mueca de frustración contuvo un suspiro y se dedicó a observar la ventana, afuera la hierba se hallaba escarchada por las gotas de lluvia incesante y la fría brisa golpeaba sin piedad los árboles, el cielo se encontraba teñido de gris y gruesas nubes lo surcaban impidiendo que la luz del sol tocara la tierra. El olor a tierra mojada llegaba a sus fosas nasales y el viento mecía al ritmo de su compas rebelde su cabello.
Se encontraba sentada en el mueble de cuero azul, con un cojín apoyado en sus piernas, donde mantenía su cuaderno y su lápiz.
Volteo a ver a Sasuke un poco temerosa, dándose cuenta de que el sonido de su voz se había acallado, tal vez se había molestado al ver que no prestaba atención a su clase. No obstante, él miraba en la misma dirección que ella hacia unos segundos atrás y parecía estar ausente mientras contemplaba el constante caer de las gotas de lluvia en el suelo.
Allí, con su cabello negro moviéndose de manera rebelde al compás del viento, y su ojos negros fijos en la ventana con la respiración escapándose de sus labios rosáceos entreabiertos casi como si quisiera decir algo, Sasuke le pareció más atractivo que nunca; siendo sincera siempre le había parecido muy atractivo y lindo. Sin embargo, en aquella ocasión era una belleza deslumbrante, casi etérea que era realzada por la escasa luz que entraba en la habitación en aquellos instantes. En medio de la penumbra los ojos de Sasuke parecían refulgir de una manera que nunca antes había tenido la oportunidad de presenciar. No obstante, su mirada se opacó repentinamente y apretó los dientes, la tristeza y preocupación brillando en sus ojos como si un mal recuerdo hubiese irrumpido sin permiso en sus pensamientos.
El silencio reinaba entre ellos y sólo era roto por el murmullo de la lluvia y el sonido de sus respiraciones tranquilas y acompasadas, la atmósfera era densa. Y en unos pocos minutos reunió valor suficiente para hablar, el nudo en su garganta no se iba. Su corazón acelerado y sus mejillas de porcelana coloreadas de un suave tono de rosa. Se lo pensó un instante, un par de segundos en los que se descubrió deseando preguntar qué era lo que le preocupaba, pero no encontraba ni las palabras, ni su voz, que al parecer se habían esfumado lejos.
—Sasuke-sensei, ¿Q-Qué le preocupa?
Él no dijo nada.
Ella tampoco lo hizo.
—No es nada. —Hablo él de pronto con una suave sonrisa, aunque aún parecía un poco turbado.— Continuemos con la lección. —Su tono de voz volvió a ser frio, era una orden que no admitía replicas.
—Oh no, sensei.
—No te quejes, no es tan difícil. —Susurro con un tono igualmente apático, aunque un tinte burlón se lograba atisbar, escondido por entre la apatía.
—Eso lo dice porque es profesor. —Murmuro débilmente ella, con la voz temblorosa, y con un puchero en su rostro, sus dientes castañeaban sin cesar y es que el frió lograba colarse por entre su abrigo.
Sasuke esbozo una pequeña sonrisa burlona, mientras se volvía a la pizarra, continuando la clase, ella estaba copiando con atención y profirió un sonido de queja cuando Sasuke escribió los ejercicios, mientras se enfrascaba en la complicada tarea de entender los que a su parecer eran jeroglíficos mas que números, un suspiro abandono sus labios. Con frustración, intento realizar los ejercicios, trabándose a los pocos segundos de haber empezado. Él se sentó a su lado, cerca, tanto que podía sentir la cálida caricia juguetona de su aliento en la nuca, mientras su voz rasposa y cálida golpeaba sus oídos; sus corazones acelerados, latiendo en sincronía, al unísono, sus respiraciones entremezclándose y creando un aroma dulce que embriagaba. Era una situación agradable y cómoda mientras las palabras, susurros casi inaudibles flotaban ligeramente en el espacio, aquella sensación de tranquilidad se instalaba en sus corazones de manera placentera.
Ella se dejó llevar por aquella sensación acomodándose de mejor manera a su lado en el asiento de cuero, con su vista fija en el cuaderno.
Y pensó mientras contemplaba el rostro sereno de su sensei en que aquellos momentos agradables que compartían ciertamente seria lo que más extrañaría mientras no se vieran. Las clases no tanto, agrego un poco más adelante recordando las peripecias que había tenido que pasar en algunas ocasiones para comprender los ejercicios que él le dejaba como tarea.
—¿Sabe? realmente voy a extrañar esto durante las vacaciones —Susurro con su frágil voz, en un tono cálido y dulce, sin dejar de contemplar el rostro níveo de su sensei.
—Sí, yo también... —Susurro él y la intensidad de sus palabras y la mirada en su rostro le aseguraron que no mentía.
Se le acelero el corazón y le dedico una sonrisa amigable mientras practicaba lo que recientemente le había explicado.
Afuera la lluvia continuo, pero la estancia era cálida y confortable, las clases fueron mitigándose hasta que se convirtieron en simple dialogo, ella necesitaba de alguien que la oyera y él estaba dispuesto a escuchar...
Espero que les haya gustado. Pasenla bien y que tengan un gran año 2012.
¿Merece un review?
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