Hola! como estan? espero que bien aqui traigo un capitulo nuevo de esta historia. Es largo, bastante largo y es que la verdad me senti demasiado inspirada. ¡10 hojas de word, mas de 5000 palabras! para mí es todo un record. Las cosas fluyeron con naturalidad.
Dedicado a Layill y Rukia-CC. Graciias por todo su apoyo, sus comentarios, chicas ustedes me alegran el dia con su apoyo incondicional.
Gracias a todos aquellos que se toman tiempo de leer mi historia, de ponerrla en fav. comentarla o alertarla, de verdad gracias.
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.
Sin mas, disfruten de la historia...
Espero que les guste.
En el capitulo anterior...
Sasuke esbozó una pequeña sonrisa burlona, mientras se volvía a la pizarra, continuando la clase, ella estaba copiando con atención y profirió un sonido de queja cuando Sasuke escribió los ejercicios, mientras se enfrascaba en la complicada tarea de entender los que a su parecer eran jeroglíficos mas que números, un suspiro abandono sus labios. Con frustración, intento realizar los ejercicios, trabándose a los pocos segundos de haber empezado. Él se sentó a su lado, cerca, tanto que podía sentir la cálida caricia juguetona de su aliento en la nuca, mientras su voz rasposa y cálida golpeaba sus oídos; sus corazones acelerados, latiendo en sincronía, al unísono, sus respiraciones entremezclándose y creando un aroma dulce que embriagaba. Era una situación agradable y cómoda mientras las palabras, susurros casi inaudibles flotaban ligeramente en el espacio, aquella sensación de tranquilidad se instalaba en sus corazones de manera placentera.
Ella se dejó llevar por aquella sensación acomodándose de mejor manera a su lado en el asiento de cuero, con su vista fija en el cuaderno.
Y pensó mientras contemplaba el rostro sereno de su sensei en que aquellos momentos agradables que compartían ciertamente seria lo que más extrañaría mientras no se vieran. Las clases no tanto, agrego un poco más adelante recordando las peripecias que había tenido que pasar en algunas ocasiones para comprender los ejercicios que él le dejaba como tarea.
—¿Sabe? realmente voy a extrañar esto durante las vacaciones —Susurro con su frágil voz, en un tono cálido y dulce, sin dejar de contemplar el rostro níveo de su sensei.
—Sí, yo también... —Susurro él y la intensidad de sus palabras y la mirada en su rostro le aseguraron que no mentía.
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Capitulo V
Caricia y baile.
Su voz resonaba por mi mente aun cálida, suave y melodiosa, sus ojos blancuzcos con suaves y casi imperceptibles vetas lavanda me miraban fijamente y su fragancia a lavandas flotaba ligeramente en el ambiente, embriagándome. Sentí mis mejillas colorearse levemente mientras su sedoso cabello se mecía al compás rebelde y travieso del viento, sentí por un instante la tentación de estirar mi brazo y acomodar aquel molesto mechón que insistía en tapar su frente, de tocar su piel de porcelana suave a simple vista mas no lo hice. Sus mejillas estaban coloreadas de un intenso tono rojizo, y sus labios rosáceos se mostraban carnosos y tentadores y por un segundo tuve la tentación de probarlos, algo que rechace con vehemencia. Se veía hermosa, semejante a un ángel, y en aquel instante mientras le miraba me sentí extrañamente incomodo, pero complacido con su presencia. Estábamos afuera, contemplando como la lluvia caía incesantemente sobre la hierba del extenso jardín de la casa de los Hyuuga, se oía el suave cantar de los grillos y de alguna cigarra, junto con el ulular travieso de alguna que otra lechuza y una que otra ave refugiadas del frío suaves sonidos traídos por el rebelde y violento viento que pasaba por nuestro lado. El ambiente se hallaba en penumbras, escasamente iluminado por la luz de alguna que otra farola desperdigada por el vasto jardín, y los sonidos apacibles de la naturaleza eran los únicos que se escuchaban en aquel silencio agradable que se había plantado entre nosotros.
Y entonces estire mi mano temblorosa hasta alcanzar su rostro y acomodar aquel mechón de su pelo travieso detrás de su oreja, lentamente, acariciando con delicadeza su piel tersa y suave con la yema de mis dedos mientras disfrutaba de aquel curioso hormigueo placentero, que se extendía desde mis brazos hasta el resto de mi cuerpo y que era agradable y dejaba una sensación de calidez en mi corazón.
Sin poder evitarlo me quede mirando sus hermosos ojos del color de la luna encontrándolos hipnóticos y profundos, como un dulce pozo sin fondo en el que me encantaría internarme. En aquel momento decir alguna palabra parecía inadecuado, parecía que con facilidad aquel momento se quebraría entre mis dedos rústicos y entonces la magia, ligera y dulce que nos rodeaba se rompería. Aquel dulce roce inocente me cautivo y me dejo con cientos de sensaciones extrañas y placenteras que no podría describir nunca en palabras. Ella me miraba fijamente y temblaba suavemente bajo el sutil contacto de mi mano, que quedo estática en su sitio un par de segundos, antes de que yo tomara dulcemente su rostro con mi mano y sintiera como la suavidad de su piel contrastaba de manera profunda con mi mano callosa y de piel curtida y dura.
Pensar en no verla era extraño, de alguna forma, aquello me generaba tristeza a pesar de tenerla cerca en aquel preciso instante y por un instante quise estrecharla entre mis brazos y... ¿Y qué? ella era mi alumna, debía tratarla con respeto y no entablar ningún tipo de relación con ella mas allá de la de alumno-profesor y esta debía ser estrictamente profesional, debía distraerme de aquel torrente de pensamientos indebidos que me llevarían a efectuar acciones de las que después seguramente me arrepentiría.
Y ella tímida, como siempre, se apartó, desviando la mirada y susurro una despedida que a duras penas pude contestar, porque le veía irse y me sentía de alguna manera afligido por eso ya que me sentía extrañamente rechazado. Ella me dedico una última sonrisa y un gesto de despedida antes de internarse en su casa, con las mejillas sonrojadas y la respiración agitada.
—Hasta luego —Musite mirando el camino por donde se había marchado.
Me di la vuelta caminando por entre el sendero de piedra y empapándome con la lluvia que caía sobre mi abrigo. Aun la imagen de su rostro hermoso y sus ojos luna seguía latente en mi mente, mi mano aun se sentía tibia y aun podía recordar la suave textura de su piel bajo mis dedos. Sin mucha ceremonia le eche un último vistazo a aquella casa que no vería hasta comienzos del nuevo año escolar y luego, me interne en mi viejo auto azul oscuro que me esperaba detrás de la reja negra con toques dorados y que había sido reparado hacia poco. Era un Chevrolet Cavalier 1997 que había comprado con mis ahorros y que adquirí cerca del 2005, y pese a que tenia sus fallas mecánicas era un automóvil bastante confiable. Arranque el motor y me interne en el caliente interior mientras sintonizaba la radio y me ponía en marcha... un extraño sentimiento me invadía conforme pasaban los kilómetros, era una especie de vació.
Qué tontería.
No seria la última vez que viera a esa chiquilla, me constaba. Después de todo, aun faltaban tres días para que terminaran las clases y podría verla en los pasillos y en las comidas, además del baile de invierno, que marcaba el final de la tanda escolar, que se efectuaría el viernes de la siguiente semana a que terminaran las clases y al que estaba obligado a asistir. Sin embargo, algo dentro de mí me decía que no seria lo mismo, y aunque trataba de olvidarme de ello mientras conducía, intentar olvidarlo y desviar mi mente a otros temas, resultaba infructuoso.
Su mejilla estaba todavía caliente y su corazón latía apresuradamente en su pecho, sonrió con ternura al recordar la suave caricia que le dedico en la mejilla y se sintió aunque ligeramente asustada por lo efectos que su toque produjo sobre su cuerpo, aquello se sintió tal vez demasiado bien, encontrar sus ojos mirándola con aquella emoción que no podría definir, mientras sus gentiles dedos acariciaban su rostro, se sintió querida en aquel inocente gesto de cariño acompañado por esa mirada, se había sentido contenta con aquello, mientas todo a su alrededor parecía difuminarse, el frío, los sonidos de la lluvia y la naturaleza. Eran tan sólo ellos dos y el agradable calor de sus mejillas junto con el estremecimiento de su corazón latiendo en su pecho. Deseo quedarse, gozando de aquel momento en que el aprecio y la felicidad parecían las únicas emociones existentes, deseo quedarse en compañía de aquel hombre que se había ganado en poco tiempo su amistad y cariño con unos pocos gestos, deseo simplemente quedarse mucho mas allá de los segundos efímeros en que una caricia le fue dulcemente robada...
Se sintió enrojecer.
Sacudió la cabeza, mientras se internaba mas en su casa y su corazón se aceleraba con una motivación distinta; su padre la esperaba en el vestíbulo y le sorprendió encontrárselo sentado en uno de los muebles de la sala y con una expresión serena en su rostro. Degustaba uno de los mejores vinos de la reserva de la familia mientras contemplaba el chisporrotear del fuego brillante cuyos matices rojos, amarillos y naranjas bailoteaban hacia un tiempo ya en la chimenea y estaba vestido de manera formal, con sus siempre presentes traje y corbata.
—Te ha ido bien con la tutoría. —Fue una afirmación, semejante a una felicitación lo que salió de sus labios.
—E-Eh, s-sí padre —Susurró desviando la mirada con nerviosismo al fuego de la chimenea.
Él se levanto de su asiento y se puso en frente de su hija, colocándole una mano en su hombro y sonriendo, mientras le extendía una carpeta.
—Toma. —En seguida se alejó caminando a las escaleras que llevaban a las habitaciones.
—¿Q-Qué es e-esto padre? —Musitó con la voz temblorosa y frágil.
—Son tus exámenes de matemáticas. Tu tutor ha insistido en entregármelos personalmente. —Dio por toda respuesta y siguió caminando.— Ah, Hinata, buen trabajo. Te felicito.
Al oír aquello su corazón se aceleró y sintió las lagrimas escocer las lagrimas en sus ojos, estaba tan feliz, tan contenta, que aquellas palabras de repente parecieron sacadas de un sueño. Su progenitor no estaba ya, se había marchado a su habitación y le había dejado allí con aquel sentimiento de felicidad bullendo en su interior.
Arigatou Sasuke-sensei
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Afuera la nieve caía lentamente desde el firmamento cubriéndolo todo con su manto. El cielo estaba teñido de gris y cubierto por densos nubarrones, y el ambiente era iluminado con ligereza por los faroles que emitían una luz amarillenta mortecina, los arboles se hallaban desprovistos de sus hojas, con sus ramas desnudas y cubiertas por la gélida nieve y mientras observaba a través de la ventana del auto pudo apreciar que las tiendas se hallaban decoradas con luces y ornamentadas con cosas de todo tipo, el viento traía a sus fosas nasales el aroma del chocolate caliente y las galletas de alguna que otra panadería combinado con el olor de los pinos recién cortados y se oía la melodía de los villancicos resonando por las calles, la gente pese al frio se encontraba celebrando y dichosa. Al pasar por la plaza contemplo un gigantesco pino natural cuyas espinas verdes cubiertas de cristal y aguanieve lucían con luces coloridas, bambalinas rojas, doradas blancas, azules y plateadas, muñecos de felpas que variaban desde figuras de renos, muñecos de nieve y uno que otro Santa claus desperdigado por entre sus ramas, guirnaldas colgaban de sus fuertes ramas luciendo esplendidas y en la punta lucia una hermosa estrella transparente que emitía una suave luz blanquecina.
La navidad había llegado a Konoha rápidamente.
Navidad.
El pensamiento le trajo una ola de nostalgia, recordaba que mientras su madre vivía ella les cantaba villancicos, mientras tocaba en su piano y decoraba la casa. Uno de sus mas preciados recuerdos era el decorar el árbol de navidad junto con su madre y luego sentarse con ella en el mueble de tela a contemplarlo un buen rato, acurrucada en sus piernas junto a Hanabi mientras todas eran calentadas por el vivaz fuego de la chimenea. Recordaba que en aquellos tiempos su padre llegaba a casa con una amplia sonrisa, y jugaba con ellas un largo rato en la nieve, al llegar, su madre les servía tanto a ella como a Hanabi una taza colmada de dulce chocolate caliente y todos se reunían en la sala de estar junto a la televisión para ver los especiales animados. Su madre hacia que cada momento fuese especial y desde su partida algo se había roto; dejando aquella familia desarmada que tenia.
Desde su partida no era lo mismo. Ella era la que se encargaba de decorar la inmensa casa y el sonido de los villancicos interpretados en piano no se había vuelto a oír jamás, pese a que su padre lo conservaba y creía haberlo oído tocar en alguna ocasión. Ella intentaba hacerle la fiesta especial a Hanabi, decorando el árbol junto a ella e intentando animarla. Pero no funcionaba, su hermana pequeña se había convertido en una niña fría, perfeccionista, y orgullosa que apenas y mostraba unos vestigios de la niña alegre y juguetona que fue. Su hermana había cambiado, ¿Y para qué mentir? ella también.
Con una opresión en su pecho y lagrimas queriendo salir de sus ojos se decidió a cambiar de tema.
Era viernes y su salida con Naruto se acercaba a pasos agigantados, estaba ansiosa y cada vez que pensaba en aquel día se emocionaba...
Se bajo del auto, pisando la nieve con sus botas de invierno, las escalinatas que ascendían hasta su instituto se hallaban cubiertos de nieve y con precaución se sostuvo a la baranda para evitar caerse. Otros pocos estudiantes subían los mismos escalones hacia el instituto y Kiba le alcanzo junto con Shino casi a la entrada del instituto. El edificio enorme e imponente se cernía ante ellos, con sus puertas de madera de roble abiertas de par en par. Se sonrieron antes de entrar mientras Kiba contaba una de sus famosas anécdotas. La primera hora paso efímera frente a sus ojos, era de su materia favorita, historia, la cual era impartida por Kurenai Yuuhi su profesora favorita quien en aquel momento estaba embarazada de seis meses, su esposo, era el profesor de lengua y literatura, Asuma. Kurenai era amiga de la familia desde antes que ella naciera, y con sus cuidados y carácter maternal había ocupado un lugar especial en el corazón de la Hyuuga, ella había sido quien la consoló cuando su madre murió, quien limpio sus lágrimas, quien se mantuvo con ella durante el funeral y ella la quería demasiado.
El ambiente de la cafetería olía a comida deliciosa y bebidas calientes, en una esquina se hallaba un árbol de navidad decorado y un pesebre ambos ornamentados por los estudiantes. El ruido de las voces entremezclándose hacia difícil escuchar sin embargo, escucho claramente cuando Naruto, con sus ojos centelleantes y felices y su cabello rubio meciéndose con el viento se acercó sosteniendo una bandeja en brazos, tal vez en parte porque le grito.
—¡Oe, Hinata!
—¡Na-Naruto-kun! —Susurró sorprendida, observando al rubio acercarse hacia donde estaba.
—¡Hola! Oye, Hinata, me preguntaba si tu... bueno, ¿Quisieras comer conmigo? —La pregunta salió sencilla y atropellada por el nerviosismo de sus labios. Su mirada azulada era intensa y rogaba por una respuesta afirmativa.
—C-Claro —Y sonrió con dulzura mientras se dirigían a una mesa.
Los ojos negros de Sasuke captaron cada escena, cada simple gesto que se dedicaban y aquella sonrisa; sintió su sangre hervir y frunció el seño, no queriendo presenciar aquel espectáculo amargo porque sentía que en cualquier instante presa de sus impulsos, terminaría por atacar al rubio. No lo entendía, ¿Por qué le molestaba tanto que ella fuera amiga... o lo que fuese del rubio? a él no debería importarle, se dijo simplemente. Pero, aunque lo intentaba, no podía parar de observar como ella reía, como sus delicadas mejillas de porcelana se sonrojaban, como sus ojos luna brillaban de emoción para ese dobe y entonces simplemente prefirió no seguir viendo, creía insoportable la ira que sentía por dentro, la sentía hervir, corriendo por sus venas y rogando a gritos el deseo impulsivo de...
¿Pero, en qué estaba pensando?
No tenía derecho, ella era su alumna y él no debería sentir nada por ella. Y sin embargo, allí estaba, comiendo lentamente, con ira mientras observaba la escena frente a sus ojos y trataba de no despedazar el vaso de chocolate caliente que sostenía entre sus dedos y de controlar sus impulsos. Patético. Sencillamente patético.
—Oe, Hinata, ¿Qué película quieres ver mañana cuando vayamos al cine?
Esa simple pegunta que de alguna milagrosa manera había logrado escuchar entre el bullicio de la cafetería hizo que su ira se incrementase y de alguna manera fue doloroso oír aquello. Apretó los dientes y aunque estaba deseoso de irse de allí, no lo hizo, por alguna razón tal vez masoquista se quedo allí, escuchando cada mísero detalle y sintiéndose enfermo. Con el estomago revuelto y sin ningún resquicio de apetito dejo los restos de su comida en la basura, y agradeció inmensamente cuando sonó el timbre y perdió de vista a aquella pareja por la multitud. Aun su ira persistía y el hecho se hizo notorio cuando sus clases con los de primer año de secundaria se volvieron insoportables. Su frialdad se remarcaba y sus facciones se volvieron duras. Necesitaba respirar, porque sentía que se estaba ahogando, que aquel nudo en su garganta se apretaba hasta hacerse incontenible y que con cada imagen, con cada recuerdo su ira aumentaba aun más junto con su dolor. No podía entender y eso lo frustraba.
Golpeo con dureza su escritorio una vez se hallo a solas y apretó los dientes. Aquella sensación de que le estaban quitando algo que amaba, algo que no deseaba perder bajo ningún concepto se presentaba de nuevo, dolorosa y tremendamente lamentable.
¿Por qué se sentía así?
¿Por qué esa insana idea lo enfermaba?
¡Por qué, maldita sea, no era capaz de olvidarlo!
Ella no era nada suyo, era su alumna. La chiquilla tímida que cargo el primer dia de clases por torpe, la chiquilla que le sonreía y le miraba con calidez, la chiquilla que brincaba y chillaba de emoción con cada examen aprobado, la que hacia pucheros infantiles y le recriminaba de manera infantil. Durante aquellos meses había conocido su calidez, su ternura, su cariño... e incluso había llegado a encariñarse con ella, a apreciar aquellos momentos a su lado en aquella espaciosa habitación, respirando el mismo aire que ella, contemplando su rostro de porcelana, divirtiéndose con sus gestos infantiles. Ella le había demostrado sinceridad legítima y pura en sus ojos, le había llenado de una calidez que creía perdida y de alguna manera había logrado crearse un hueco en su corazón...
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Sábado. A las seis de la tarde Hinata corría de un lado a otro de su habitación buscando prendas entre su armario, recién salía del baño y su sedoso cabello ébano se encontraba goteando todavía. La verdad, en aquel momento con las ansias ardiendo en su estomago nada parecía quedarle bien. Hasta que encontró un abrigo largo de color rosado, con unos pantalones y una bufanda de mismo tono. Lo juzgo un momento y después de comprobar que no se moriría de frío con él puesto se lo puso. Seco su cabello mientras tarareaba contenta una canción y se cepillo el cabello antes de bajar las escaleras luciendo radiante.
Afuera la nieve caía suavemente sobre el suelo, cubriéndolo con su manto blanco, algún que otro auto pasaba ocasionalmente y la suave luz mortecina y amarillenta de los faroles iluminaba las calles ya oscurecidas. El cielo se estaba coloreando de un intenso tono azulado con leves toques rosados y violáceos aun restantes del atardecer, aquella noche era fría y tranquila y le pareció perfecta mientras bajaba de dos en dos las escaleras de madera de roble, calzada en sus botas y caminaba a la cocina para comerse una tostada con mermelada. Su corazón latía en su pecho de manera enloquecida en su pecho, golpeando este con fuerza mientras su mente fantaseaba con la cita que pronto tendría.
Se froto ambas manos con la vista fija en el pórtico de su casa, pasaban dos minutos de las siete en punto y en cualquier momento esperaba ver el cabello dorado de Naruto refulgiendo al suave brillo de las farolas mientras sonreía, como siempre y soltó un suspiro. Y como invocado por arte de magia el rubio se apareció doblando la esquina enfundado en una abrigo naranja con vetas negras y pantalones naranjas. Saludaba con la mano enguantada, mientras una bella sonrisa adornaba su rostro y no pudo evitar correr a recibirlo, la saludo y le ofreció un paquete de gomitas verdosas y rojizas mientras apenado confesaba que no conocía muy bien sus gustos. Verlo allí, rascándose la nuca con la mano en frente de ella entregándole un presente le pareció tan irreal, tan platónico que se pregunto si aquel no seria un sueño.
Tuvo la tentación de pellizcarse para comprobar que aquello que tenia en frente era la realidad, pero se abstuvo.
—Gra-Gracias, Naruto-kun —Sin poder evitarlo tartamudeo y contemplo encantada el brillo de alivio que surco los ojos azules del rubio en frente de ella. Sentía su rostro arder intensamente y apostaba que en ese momento su cara competiría perfecta y equitativamente con un tomate maduro.
Caminaban lentamente, Naruto hablaba y ella le sonreía cálidamente con sus ojos lunas fijos en como sus manos gesticulaban, en como sus ojos brillaban, en su fulgurante sonrisa alegre, capaz de animarla y se sintió feliz estando a su lado, tranquila. Y el sabor de aquella tranquilidad era sencillamente delicioso mientras caminaban.
Las calles estaban adornadas con luces amarillentas y de colores y lo locales exhibían animada publicidad con respecto a las festividades a los pasillos del gran edificio colmado de gente. El suave aroma a ramen del puesto más famoso del centro comercial, Ichiraku, se combinaba con sutileza con el del pan recién horneado, y el de los dulces que vendía una panadería cercana al negocio. En aquellos momentos faltaba una hora para que la función empezara y ambos estuvieron de acuerdo en comer allí; particularmente Naruto parecía mas que encantado con la idea y al verlo devorar con fiereza el ramen le sonrió con ternura y calidez. Ella termino pocos después que Naruto y se encaminaron corriendo y riendo al cine, sin tocarse, pero dirigiéndose miradas cómplices que comunicaban todo lo que un sutil toque podía dar a entender y mucho más que eso.
La película fue una comedia romántica, entretenida y alivio la incomodidad de Hinata; que refugiada en la oscuridad de la sala del cine se permitió tranquilizarse y disfrutar de la vista de su perfil y de sus labios curvados en una perfecta sonrisa. Aquellos labios rosados e incitadores que ansiaba probar y que en aquellos momentos lucían mas tentadores que nunca. Se preguntó si serían suaves y cómo sabrían y con una pequeña sonrisa apenada se dijo que serian deliciosos. Sentía su cara arder mientras se imaginaba en el mismo lugar que la protagonista de la película; enfundada en un suave vestido de seda blanco y él de traje negro, deslumbrante y sencillamente encantador parados en medio de una dulce pradera cubierta de prístino césped verde claro cubierto de flores amarillas, rosadas, moradas, azuladas y blancuzcas, con alguna rosa desperdigada de manera traviesa por el césped que luego su amado le regalaría mientras esbozaba una sonrisa cargada de amor y sentimiento. El viento mecería traviesamente su cabello y el dulce susurro de los sonidos de la naturaleza los acompañaba junto con el revolotear quisquilloso de unas cuantas luciérnagas que emitían luz amarillenta y la luna ocultándose tras sus siluetas, mientras su amado Naruto la estrechaba entre sus brazos un momento, un instante suave y delicioso en que ella se perdería en sus ojos azules para después besarla con pasión.
Y al salir del cine sus mejillas seguian sonrojadas, calientes y casi no pudo contestar de forma coherente a lo qué fuese que le dijo Naruto. Se sentaron en una banqueta de la plaza, estaban a medio camino de su casa y se encontraban muy cansados, él le sonrio mientras ella frotaba sus manos una contra la otra para obtener calor. Al principio de la cita aquel no habia sido un problema, pero con el pasar del tiempo el clima habia enfriado y fue en ese momento que se arrepintio de no haber traido guantes.
Y entonces sintio el suave calor de unas manos ajenas sobre las suyas y al voltear se encontro con el rostro de un muy sonrojado Naruto que mostraba una sonrisa apenada.
En ese momento pensó que aquel dia había sido perfecto...
El baile. Un tumulto de gente bailando al compás de la música y divirtiéndose, mientras comían y se despedían de sus compañeros para disfrutar de sus próximas vacaciones. Estaba relegado a un lado, observando a aquella chiquilla de manera fija y me sumergía en el hecho de que lucia hermosa, enfundada en aquel hermoso abrigo elegante y pegado a su cuerpo, con sus ojos centelleantes y sus labios ligeramente retocados de un suave y apetecible color carmín. Podía verla aun sentada en aquella mesa cubierta con un mantel azul claro con detalles en plateados.
El salón era amplio, con una pista para el baile, unas cuantas mesas y sillas suficientes para los estudiantes que elegantemente vestidos se encargaban de disfrutar el ambiente sazonado con la música que variaba de piezas suaves a aquellas movidas y fogosas, en el centro del gran salón se alzaba un alto pino de espinas verdosas recubiertas de nieve ficticia que emanaba un suave aroma y cuyas ramas se encontraban repletas de adornos plateados y azulados. En la punta resplandecía una estrella blanquiazul de cuyas puntas salían guirnaldas blancas que flotaban en el techo, dando la suave ilusión de blancura y pureza, inalcanzables a cualquier mano, la directora había mandado a decorar el salón para la fiesta de aquel año con esmero y dedicación y había sido ella misma quien había supervisado todo.
Y por un instante, aquel ambiente me pareció tremendamente acogedor mientras las dudas se esparcían como un velo inquietante por mi mente, mientras la contemplaba y ansiaba estar con ella, llenar aquel semblante nostálgico de la alegría y calidez que había conocido y que en poco tiempo había aprendido a apreciar. Deseaba acercarme pero dudaba de hacerlo profundamente, y me limitaba a observarla, tan frágil, tan quebradiza, pero a la vez tan hermosa y fuerte. Y finalmente me decidí, y aunque mi cordura gritaba lo contrario, algo en mi interior, mucho mas fuerte que esta me obligaba a acercármele y extender mi mano para pedirle una pieza de baile. Casi parecía irreal mientras me encaminaba a su mesa y observaba sus cremosas mejillas colorearse de un sutil tono de rojo que me dejo complacido.
— ¿Bailarías conmigo si te lo pidiera? —Pregunte con tranquilidad y ella me observo sorprendida y apenada durante un instante. Por un momento pensé que correría y nunca miraría atrás y me sentí realmente decepcionado ante la idea
Y me sonrió, aceptando mi mano gustosa mientras yo me inclinaba para aspirar su dulce fragancia y besaba con dulzura su mano. Su piel era tibia, cremosa, y de sabor suave que me dejo con el corazón latiendo enloquecido y la sensación de querer mas quemando en mi pecho, me permití una sonrisa de complacencia mientras degustaba aquella sensación y la paz que traía consigo. El contacto de su mano era titubeante pero firme y podía sentir la cálida sensación que desprendía de ella mientras la guiaba a la pista de baile.
La música flotaba suave y tranquilamente entre nosotros mientras torpemente yo la estrechaba en mis brazos, mi corazón latía acelerado mientras observaba sus ojos perlados y me perdía en ellos, en aquel pozo profundo pero también gratificante y comenzábamos a movernos al ritmo de la música, dibujando en el piso del viejo salón. La sensación de su tacto, tranquilo, cuidadoso, me quemaba mientras la hacia girar grácilmente en la pista de baile y me perdía en ella, en sus mejillas sonrojadas, en su rostro de muñeca de porcelana, en su cabello danzando de forma grácil con el viento y grababa aquello con fuego en mi memoria. Disfrutando la sensación de tenerla entre mis brazos, de sentir su frágil cuerpo contra el mio. Me sentía hechizado por aquella delicada y frágil capa de magia que nos envolvía con el sonido suave de la música y la sobria decoración que relucía delicadamente con la escasa luz blancuzca, con el suave olor a pino siendo aspirado de manera refrescante en combinación con su dulce perfume, y el resto de las parejas haciéndonos compañía girando a nuestros alrededor. Ella me sonrió con calidez mientras nuestros cuerpos se acercaban y nuestro contacto se intimo, nuestras miradas chocando la una con la otra, la suya era una mirada llena de ternura pero también de inseguridad mientras sentía la tibia y cálida de mi abrazo. La sensación de paz era increíblemente reconfortante y pese a que no lo quise, albergue dudas, muchas relacionadas con la ética, con el hecho de que ella no diera atisbo de corresponderme de esa manera, de su gusto por Naruto.
¿Ella se estremecería si yo tocara sus labios, o se reiría?
Estire dubitativamente mi mano para acomodar su cabello, y me sentí inmediatamente arrepentido. Aquello estaba rebasando límites, y aunque lo negara, estaba comenzando a necesitar más que querer su compañía. Y aquella ira y dolor que sentí cuando me entere de que saldría con Naruto, no podía ser normal. Tenia que parar aquello por muy doloroso y torturante que fuera.
¿Realmente era sano que amara tanto su compañía?
¿Realmente debería estar allí en medio de la pista de baile con ella, mi alumna?
¿Y realmente debía sentir lo que estaba sintiendo?
¿Debía estrecharla entre mis brazos?
¿Había perdido la cabeza?
Finalmente, me decidí guardar mis cuestionamientos para otro momento, no me importaba mientras ella estuviera allí entre mis brazos esa noche...
Esa noche, en la que me permitiría estar con ella de aquella manera, esa noche en que la estrecharía en mis brazos y disfrutaría de una dulce pero agonizante y dolorosa pieza de música, que grabaría con fuego en mi memoria. Disfrutaría de aquel momento antes de tomar una decisión. Tan sólo pedía aquella noche y entonces eso no parecía tan egoísta. Tan sólo aquellos instantes efímeros e insignificantes sintiendo su piel bajo la mía. Tan sólo quería abrazarla unos instantes antes de que la magia terminara, tan sólo aquella noche expresando el cariño que ella fácilmente se había ganado en poco tiempo. Tan sólo esa noche para huir, para olvidarnos de los roles que cada uno interpretábamos y fundirnos en la música, tan sólo aquellos instantes huyendo antes de confrontar la realidad.
Tan sólo esa pieza de baile antes de alejarme de ella...
Etto... se que algunos querran matarme por esto, pero es necesario para el desarrollo de la historia. Espero que les haya gustado, que hayan disfrutado la lectura, tanto como yo disfrute escribiendo el capitulo.
Cuidense.
¿Merece un review?
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