¡Hola!¡ ¿como estan? espero que bien aqui traigo un capitulo nuevo de esta historia. Espero que les guste y que no me odien al final. Gracias a quienes leyeron y comentaron el anterior capitulo, de verdad muchas gracias, los quiero. A layill y a Rukia-CC por su gran apoyo, de verdad muchas gracias. Las quiero un mundo. Gracias.

Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.


¿Realmente era sano que amara tanto su compañía?

¿Realmente debería estar allí en medio de la pista de baile con ella, mi alumna?

¿Y realmente debía sentir lo que estaba sintiendo?

¿Debía estrecharla entre mis brazos?

¿Había perdido la cabeza?

Finalmente, me decidí guardar mis cuestionamientos para otro momento, no me importaba mientras ella estuviera allí entre mis brazos esa noche...

Esa noche, en la que me permitiría estar con ella de aquella manera, esa noche en que la estrecharía en mis brazos y disfrutaría de una dulce pero agonizante y dolorosa pieza de música, que grabaría con fuego en mi memoria. Disfrutaría de aquel momento antes de tomar una decisión. Tan sólo pedía aquella noche y entonces eso no parecía tan egoísta. Tan sólo aquellos instantes efímeros e insignificantes sintiendo su piel bajo la mía. Tan sólo quería abrazarla unos instantes antes de que la magia terminara, tan sólo aquella noche expresando el cariño que ella fácilmente se había ganado en poco tiempo. Tan sólo esa noche para huir, para olvidarnos de los roles que cada uno interpretábamos y fundirnos en la música, tan sólo aquellos instantes huyendo antes de confrontar la realidad.

Tan sólo esa pieza de baile antes de alejarme de ella...

Capitulo VI

Extrañando. ¿Él y ella?

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03/01/2009

Aquel mes había transcurrido lentamente. La extrañaba más de lo que pensé que lo haría, su esencia, su fragancia, su sonrisa siempre cálida y reconfortante. Cuando menos lo esperaba en mi mente aparecía la sensación de ella montada en mi espalda, tan frágil, tan ligera. Cuando cerraba los ojos podía verla, claramente, casi como si ella estuviera en frente. A veces me encontraba caminando delante de su casa sin razón, y a veces echaba un vistazo a la ventana que pertenecía a nuestro salón esperando, estúpidamente, verla allí asomada con sus claros ojos perdidos en la inmensidad del cielo, con su cabello negro flotando en el aire suavemente. No entendía aquella sensación. Nostalgia.

Era un tranquilo día de Septiembre y ella copiaba tranquilamente. El silencio reinaba sobre los estudiantes que se dedicaban a anotar mi clase, y sólo algunos murmullos casuales de cierto rubio idiota eran excepción. El cielo estaba teñido de un esplendoroso azul rey y apenas poblado por alguna nube blanca y algodonosa. La fresca brisa otoñal entraba por la ventana, el día era cálido y los rayos del sol tocaban con ligereza, el viento mecía las ramas y hojas entre verdes y anaranjadas de los arboles y el pasto verde poblado de pequeñas flores blancas y rosadas se agitaba también y el viento traía consigo la dulce fragancia de las flores. Imaginaba que ninguna tan dulce como la de ella.

Lentamente termine la clase y como supuse el ruido incesante se libero tan rápido como yo me senté tras mi escritorio de madera de roble. Solté un cansado suspiro mientras ojeaba unas hojas, y empezaba a corregir unos exámenes para entregárselos mas tarde.

Sin que lo pensara mi vista se dirigió en su dirección. Ella estaba sola, quieta y silenciosa, contemplando el paisaje apacible y hermoso que estaba allá fuera. Una sonrisa apacible surcaba su níveo rostro y sus mejillas estaban ligeramente sonrosadas. Sin quererlo me quede embelesado observando aquella dulce sonrisa. Perdí la noción del tiempo, tal vez fueron simples segundos o minutos mientras me perdía en aquellos ojos cristalinos que refulgían con casi infinita inocencia e igual calidez. Ella volteo a verme y se mordió el labio inferior; aquel era un gesto adorable que hacia que sus carnosos y rojizos labios se vieran mas apetecibles y tentadores. Se removió nerviosamente en su silla y me dirigió una cálida mirada, aunque yo no veía precisamente sus ojos. Veía un poco mas abajo, a sus pechos. Para su corta edad, ella estaba muy desarrollada y me era muy difícil no notarlo. Sus pechos eran de buen tamaño, ni muy grandes ni muy pequeños, simplemente perfectos, y debían ser suaves, blancos, podía imaginar como seria si aquella camisa no estorbara en la perfecta vista. Sentí como mis mejillas quemaban mientras mi corazón abruptamente se aceleraba.

Sacudí mi cabeza y me recrimine por ser tan idiota y tan obvio; si ella no lo había notado resultaba realmente un milagro. Aunque, seguía sonriéndome tan cálidamente, tan dulcemente que no pude sino sentirme culpable por aprovecharme de eso.

Con una mirada furtiva note que yo no era el único que disfrutaba de aquella vista, gracias al uniforme de deporte. Idiotas, casi podía ver los hilos de baba escurriéndose de sus bocas. Patético. Sencillamente patético, me costaba pensar que hacia unos segundos yo debía estar en un estado similar. Era un golpe a mi orgullo.

Desvié la vista a la ventana perdiendo mi concentración en algún punto de las faldas esmeraldas de las montañas que poblaban el horizonte y con un cansado resoplido, seguí corrigiendo, a veces dando una furtiva mirada en su dirección y encontrándola en ocasiones con la vista perdida en unos profundos ojos azul zafiro que estaban acompañados de una mata de pelo amarillo. En esas ocasiones simplemente gruñía y regresaba a mi trabajo...

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Tal vez fue en aquella ocasión que sentí por primera vez aquel ardor de furia al ver los ojos de otros sobre ella. Y fue también en ese momento en que me di cuenta de que era una mujer, que su cuerpo hermoso y bien desarrollado no mentía al respecto, pero ella se sentía tan insegura al respecto...

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—Sasuke-sensei —Ella susurro viendo hacia la ventana, el día era frío y aparte de aquel murmullo se oía el suave vaivén de las ramas cubiertas de hojas verdes de los arboles al ser agitados por el viento. El sol se ocultaba tras el horizonte tiñendo de matices naranjas rojos y amarillos el cielo.

— ¿Qué? —Cuestione con mis ojos negros analizándola profundamente.

—Yo... usted... yo...

—Haz la pregunta de una vez.

Ella se estremeció y bajo la mirada pareciendo que de repente encontraba algo de interesante en el viejo piso de madera de sauce. Sus dedos se movían de manera maniática mientras ocultaba su rostro en el flequillo, seguramente ocultando un sonrojo. Aun en esa posición tenia un suave encanto en la manera como se mordía el labio inferior suavemente, seguramente creyendo que no lo notaba; aquel era un gesto que empezó a gustarme tan pronto lo vi por la forma en que resaltaba sus carnosos y tentadores labios, haciéndolos ver rojizos y apetitosos, a veces me preguntaba cómo seria depositar un suave beso en ellos, y siempre me respondía que seria cálido y dulce, tal y como era ella.

— ¿Usted... c-cree que s-soy bonita? —Ella me miro con ojos suplicantes, dándome a entender cuanta importancia tenia esa pregunta en realidad para ella. — Es que nadie me nota... —Lo ultimo lo musito algo entristecida.

—Qué pregunta más tonta. —Ella bajo la mirada entristecida— tú eres hermosa y los demás son unos tontos por no notarlo. —Su rostro se torno tan rojo como un tomate. En serio, esta chica o tenia serios problemas de autoestima o no se veía en un espejo. Optaba por la primera.

— ¿Realmente cree eso? —Susurro viéndome con incredulidad.

—Por supuesto, ¿crees que te lo diría si no lo creyera? —Le dije, bastante seguro y con una pequeña sonrisa al contemplar como su rostro infantil se iluminaba ligeramente con la alegría que sintió.

Acomode maletín metiendo algunos papeles y exámenes junto con mis libros y le di la espalda dispuesto a irme, sin embargo ella me agarro casi imperceptiblemente por el hombro, impidiendo que me marchara.

—Sasuke-sensei.

— ¿Hmmm? —Le cuestione.

—Gracias. —La sonrisa que me regalo en ese momento, tan cálida, fue la más bella que hubiese visto jamás...

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Abrí los ojos cuando sentí aquel sutil escalofrió bajar por mi espina. El sonido de su voz, temblorosa pero suave y dulce me maravillaba de una manera que era difícil de manejar. En especial en aquel momento, en que sus grandes y preciosos ojos luna me miraban suplicantes, ansiosos por una respuesta, ansiosos de un reconocimiento, pero también llenos de inseguridad y de dudas. Ella era hermosa, no cabían dudas en mi mente. Semejante a un hermoso ángel cuyos ojos luna eran capaces de atraparme en su mirada cálida e inocente, su rostro aniñado pero femenino y muy hermoso, suave, su cabello negro-azulado que enmarcaba sus frágiles facciones de porcelana. Su cuerpo parecía sacado de una fantasía, de perfectas curvas, estrecha cintura, pechos generosos no muy grandes, no muy pequeños; perfectos...

El hecho era que ella era hermosa. No tan sólo una belleza exterior vacía, o hueca, sino que aquella belleza exterior era acompañada por una personalidad tierna, cálida, amable, que se manifestaba en esa suave forma de ser, en esa amabilidad desinteresada, en esos gestos tan amables, en esa incapacidad para dejar a alguien desamparado y sin su ayuda, sin embargo aquella timidez aberrante era una limitación y a la vez una ventaja. Podía recordar la ternura que me provoco oír esa pregunta salir de sus labios tan suavemente, tan tímida e insegura como era aquello removió una fibra de mi ser que me hizo querer confortarla, protegerla. De alguna manera, ella sacaba aquel lado de mí que no solía demostrar al mundo.

El hecho era que con ella me era mas fácil sonreír, reír, como si nada estuviera mal conmigo, como si no llevara la pesada carga de la culpa. Era fácil, tan fácil como respirar, olvidarse de todo y sólo perderse y dejarse llevar por su presencia...

Tan fácil que era difícil evitarlo.

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Ella estaba caminando adelante de mí, enfundada en un abrigo color caqui que cubría su cuerpo, su cabello caía como cascada de sus hombros meciéndose ligeramente con el compás de su caminar, ella tarareaba una melodía y llevaba algo en sus manos, de alguna manera pude adivinar que estaba sonriendo, y una extraña sensación se asentó en la boca del estomago, parecida a inquietas mariposas revoloteando en mi interior. Era de media tarde y verla fue no más que un encuentro casual, era la primera vez que la veía desde que nos despedimos en el baile y me supo agridulce; al punto que tuve que contenerme de acercármele y hablarle de nuevo, me había prometido mantener distancia y no pensaba romper con aquello, por mucho que quisiera. Era algo pasajero y tenía que tratar de que se desvaneciera lo más rápido posible.

Me distrajo la extraña memoria de aquel dulce baile que ella me había concedido por una razón que no llegaba cabalmente a comprender. Ella era tan cálida, tan hermosa y la sensación de estrecharla en mis brazos por la eternidad de aquellos minutos fue glorioso, mas rozar la delicada piel de su rostro, que iluminado por la luz sobria lucia esplendoroso. El ambiente ligero y perfumado con su sutil aroma y el del pino parecía perfecto, parecía estar en armonía con nosotros, con aquel momento que aunque me lo negara fue tan feliz y tan amargo a la vez.

Ella trastabillo mas adelante y aunque lo intente no contuve el impulso de salvarla atajándola entre mis brazos, ella me observo sorprendida y luego compuso una sonrisa. El latido de mi corazón arranco precipitado a la carrera. Estábamos tan cerca que podía sentir el aliento acariciarme sutil y dulcemente y me estremecí ante aquello. Suspire mientras la soltaba y la dejaba incorporarse y ella respiraba aliviada, las hojas ya de un sano color verde rodearon su faz dándome una exquisita vista de como su cabello negro con toques azulados se movía al compás del viento tan suave y sedoso y la sonrisa que me dio mientras sus mejillas adquirían un matiz rosáceo no tuvo precio.

La parte mas cruda del invierno había terminado hace poco. Ocasionalmente llovía aun, y a veces podía pescar algunos copos de nieve cayendo del cielo, pero el ambiente se sentía más cálido.

Ella me agradeció y cuando estuve a punto de irme me sujeto del brazo de una manera que me pareció casi alentadora.

— ¿Quiere ir a tomar un café conmigo, Sasuke-sensei? —Me pregunto con la voz quebradiza y con la mirada baja y aunque quise no pude negarme cuando me miro con aquellos ojitos suplicantes y me di cuenta de que esa era su mejor arma en contra mía.

—Una niña como tú no debería tomar café, ¿sabes, enana? —Le susurre suavemente pero sin parar de seguirla, mis brazos cruzados sobre mi pecho. Me concentre mucho mas de lo que quería para decir que era una niña, y era que se me hacia difícil pasar por alto el hecho de que no era una niña en absoluto. Era una mujer e ignorarlo mientras caminaba contoneándose en frente de mí era difícil.

— ¡Le he dicho unas mil veces que no me llame de esa manera!

— ¿Cómo, enana? —Le dije burlón. Ella estaba molesta y lo sabía por su mirada, y su pose con las manos en las caderas. Era adorable y muy linda cuando se molestaba y hacia unos meses había aprendido que al parecer la pequeña tenía complejos con su altura y odiaba que le dijeran enana o pulga. Le revolví el cabello suavemente con una mano para afirmar mi punto y ella casi parecía echar humo.

—Ya con Kiba era suficiente, ¿sabe? no tengo culpa de que usted sea anormalmente alto. —Me dijo tocando mi pecho, su timidez se iba cada que se molestaba y me gustaba, aunque reticente estaba a admitirlo, me gustaba ver esa faceta suya un poco feroz. — Y por cierto, el café es descafeinado.

—Pulga.

Ella soltó un gruñido.

—Gruñón.

—Enana.

—Animal.

—Pitufa.

— ¡Y usted es un orgulloso, creído, egocéntrico, frío, cubito de hielo y tiene un sentido del humor horrible!

No me sentí ni siquiera mínimamente insultado.

Íbamos parejos. Y le sonreí cuando se dio la vuelta y soltó un suspiro, juraba que casi podía oír las maldiciones en su mente, casi podía sentirlas atravesando mi pecho y luego la vi y ni siquiera tenía el valor de mirarme a la cara, la vergüenza posiblemente. Siguió caminando y yo le seguí hasta que llegamos a un local un poco humilde pero acogedor en todos sus sentidos, de ambiente cálido y con las paredes pintadas de un amarillo muy claro y el suelo de madera de sauce, algunos adornos en rojo y verde situados por aquí y por allá y unas cuantas pinturas en que predominaban atardeceres o anocheceres. Nos sentamos en una sencilla mesa en una esquina y la mesera no tardo en servirnos un par de vasos de café. Hinata parecía haberse olvidado de su disgusto y comenzó a hablarme, siempre le temblaba la voz, tartamudeaba o perdía a veces su mirada en el suelo o en sus manos, las cuales movía frenéticamente de vez en vez. Los gestos, más que molestos, me agradaban y me parecían en su totalidad muy tiernos.

Hablaba de todo o nada, simplemente parecía querer decirme de todo, y aunque casi no hablaba a veces me veía forzado a participar por cuestión de una pregunta, a veces simplemente nos quedábamos en silencio. Hablamos de nuestro grupo favorito, en el que diferíamos totalmente ya que a mí me gustaba el rock y a ella la música clásica, nuestro animal favorito; bueno, ella me lo dijo y tuvo que adivinar el mio ya que opte por mantenerme en silencio para ver qué se le ocurría, mi comida favorita que resulto ser la misma que de ella, la sopa miso (*), aunque a mí me gustaba la que se hacia con Aka miso y a ella la de Shiro miso. Le hable casi sin percatarme de mi familia, de mi madre, hermano y mi padre y ella escucho atenta hasta final, provocándome una sensación de calidez que me embriago y me sumió en un dulce sopor de felicidad, de alguna imposible manera no quería que aquel momento que ocurría en un humilde local se acabara jamás. Escuchar su voz era tan precioso, verla después de tanto tiempo extrañándola era demasiado para mi corazón que latía apresurado y mandaba sangre por mis venas a un ritmo vertiginoso. No podía parar de verla y embelesarme con ella, era extraño, pero de alguna manera alocada me gustaba y mucho.

Y el sentimiento fue muy extraño. Podía controlar lo que pensaba de ella, pero no lo que sentía por ella y saberme en descontrol para sacarla de mi mente produjo en mí una sensación agridulce, agria porque sentía ira al saber que desarrollaba esos sentimientos por quien no debía y además no podía hacer nada por remediarlo y dulce porque ese descontrol me hacia sentir realmente vivo, realmente se sentía como si en vez de pasar por el mundo sin percatarme como siempre esta vez pudiera contemplar cada mísero detalle, cada color mas nítido como si el cielo fuera mas azul o el pasto mas verde, o las flores mas rojas, mas moradas, mas rosadas. Pero esto ocurría sólo cuando estaba con ella, con ella era que sentía que podía iluminar el mundo con una sonrisa suya cargada de calidez, era parecido a cuando la mayoría de mi familia vivía; la vida en sí parecía tener mas color y mas sensaciones inscritas en ella. Sentía que el mundo era un buen sitio. Solo con ella.

Ignoraba si eso era mi mayor temor; amor, o si era cariño fraternal.

Aunque mi piel quemaba como fuego cuando ella me tocaba. Simplemente me contente con decir que era un cariño fraternal infundido por todo el tiempo que pasábamos juntos.

— ¿Sasuke-sensei?

— ¿Eh? me distraje, continua.

— ¿Bueno, usted, tiene novia? —Me cuestiono su mirada clavada en el suelo de madera. — Etto... quiero decir, etto yo... es que es usted un hombre muy atractivo y no. No crea que es que estoy interesada de esa manera por usted... demo

Una suave risa escapo de mis labios y sentí un poco de calor en mis mejillas. Realmente la risa me sorprendió, ya que había salido muy naturalmente, sin que lo deseara. Aunque pensándolo detenidamente siempre que estaba a su alrededor parecía ser que mis gestos eran mas espontáneos y poco planeados.

—No, no tengo novia.

Ella se sonrojo tanto que me causo algo de gracia. Era torpe, tímida, patosa pero era perfecta o al menos así me lo parecía.

Poco tiempo después se tuvo que ir y yo me ofrecí a acompañarla. El viaje fue silencioso mientras caminábamos por las concurridas y frías calles de Konoha, el cielo estaba cubierto de densos nubarrones grises que prometían una lluvia fuerte y ocultaban la plateada luna de nuestra vista. Los locales daban un cálido refugio rebosante de bebidas calientes que levantaban el ánimo de los habitantes de la fría ciudad. Su presencia aunque silenciosa me complacía. Era hermosa, no pude evitar pensarlo al ver la sonrisa de ensoñación que tenia impresa en sus labios mientras pasábamos por en frente de una tienda de ropa para bebes, sus ojos lucían tan tiernos y brillantes mientras detallaba las pequeñas prendas de colores diversos y la ilusión se instalaba en su rostro, que quise estrecharla en mis brazos. Tal vez era obra del destino que nos hubiéramos encontrado.

Fue una sensación agradable sentir sus dulces labios contra mi pálida y fría piel, recordaba del latir de mi corazón acelerado. Sus labios eran cálidos y suaves y al posar con delicadeza un beso en mi mejilla me dejaron con una extraña sensación en la boca del estomago, parecida al revolotear de miles de mariposas inquietas.

Era tan confuso…


05/01/2009

— ¿Sasuke-sensei?

— ¿Eh? me distraje, continua.

— ¿Bueno, usted, tiene novia?

Aun no tenia muy en claro por qué había hecho esa pregunta, pero resultaba incomodo siquiera recordarla. Tal vez se debía a la necesidad que sentía por conocer a su sensei, después de todo, él era muy amable con ella. Y además conversar con él era tan agradable... tan sólo escuchar el sonido de su voz...

Pero tenía asuntos más importantes, se dijo con una sonrisa.

"Hinata, quiero hablar contigo"

Era al menos la quinta vez que leía ese mensaje y aun sentía ese cosquilleo en su estomago y la emoción propagarse en su ser.

Lanzo un suspiro al cristal de la ventana del metro, frente a ella los arboles se desdibujaban rápidamente mientras su corazón saltaba en su pecho. Podía oír el sonido de fondo, como las ruedas pasaban fugaces por sobre las vías. Una sonrisa se extendió en su rostro mientras pensaba en cierto rubio de ojos azules que la esperaba en la estación siguiente, casi podía sentir sus fuertes brazos alrededor de su cintura, tan fuertes, tan cálidos, se sentía tan segura mientras él la estrechaba en sus brazos. Era casi de ensueño cada vez que Naruto la sostenía fuertemente, como ocultaba su cabeza en el hueco entre su cuello y su hombro y aspiraba su fragancia, causándole un ligero cosquilleo, una sensación agradable. Sus profundos ojos azules, pozos sin fondo en los que odia perderse encantada. Escuchar su voz, tan fuerte y grave, tan rebosantes de la seguridad que ella tanto necesitaba y sus sonrisas eran tan radiantes como el mismísimo sol, tanto que conseguían alegrarle el día. Por eso sentía su corazón acelerarse al saber que se encontraría con él esa tarde.

Casi no podía creer que Naruto era su amigo. Al principio, se conformaba con tan sólo mirarlo de lejos, eso bastaba para que su día adquiriera un poco de color. Tan sólo observarlo de lejos era suficiente. Fue en el segundo semestre de séptimo año cuando se fijo en él por primera vez, unos muchachos la estaban molestando y él salió a su rescate, brindándole una sonrisa mientras borraba las lagrimas de sus mejillas, su tacto fue tan reconfortante. Él fue el primero en hablarle cuando llego al instituto, ya que Kiba iba en una clase distinta y casi no se veían. En ese entonces se sentía muy sola y triste, casi siempre se refugiaba en la azotea para comer sola y contemplar la naturaleza hasta que el descanso acababa, pero... después de ese día no se sintió tan sola y entonces comenzó a fijarse en el amable y cabeza hueca Naruto Uzumaki.

El tren paro de repente en la estación y corrió afuera con el corazón acelerado y una bella sonrisa en el rostro. Tenía tantas ganas de ver a Naruto...

Y entonces lo encontró, sentado en una de las bancas, llevaba entre sus manos unas flores rosadas y moradas, los claveles lucían preciosos, completamente florecidos y juntados en un torpe pero aun así esplendoroso ramo, su dulce fragancia se coló por sus fosas nasales. Él se levanto al notar que ella estaba presente y le extendió suavemente el ramo de flores, ella lo acepto encantada y con una sonrisa amplia. Él guardo las manos en el bolsillo de su pantalón y esbozo una sonrisa mientras observaba a la chica delante de él. Tierna, hermosa, encantadora. Era perfecta y realmente le gustaba y mucho. Sentía su corazón latir acelerado mientras la necesidad le decía que debía envolverla en sus brazos, tenerla a su merced, bajo su protección mientras podía sentir el cálido contacto de su piel, quemándolo y reviviendo en él sensaciones dulces y agradables. Un suspiro escapo de sus labios mientras la observaba aspirar la fragancia de los claveles que había comprado especialmente para ella. La florista había dicho algo así como amor puro y tierno y le gusto ese significado, tal vez mucho más de lo que debería. Se perdió en sus ojos luna con vetas lavandas que le miraban con calidez, dos pozos infinitos llenos de un cariño puro e incondicional mientras podía ver el reflejo de sus ojos azules en ellos, lucían tan resplandecientes con la sobria luz del subterráneo.

Y entonces mediante un impulso, tomo sus suaves manos entre las suyas enguantadas, queriendo otorgarle calor. Ella volteo y le mostró una sonrisa que él correspondió con una propia. La nieve caía suavemente pero eso no importaba, tan sólo estaban ellos, ellos compartiendo calor y viéndose a los ojos como si el mundo se fuera a acabar en ese mismo instante. Tan cerca que podía sentir el cosquilleo de su respiración, faltaban escasos milímetros para un beso...

—Hinata, me gustas —Le dijo con convicción, atrapándola en un abrazo.

—Na-Naruto-kun —Tartamudeo sin poder creérselo, un sueño, tenía que ser un sueño.

Pero...

— ¿Usted... c-cree que s-soy bonita? —Le mire con ojos suplicantes, dándole a entender cuanta importancia tenia esa pregunta en realidad para mí. — Es que nadie me nota... —Lo ultimo lo musite algo entristecida. Y era verdad, nadie parecía fijarse en mí, ordinaria, simplona. Nada como Ino o Sakura cuyas curvas atraían la atención de todos, o tal vez Karin cuya apariencia exótica era objeto de habladuría y buenos comentarios. Yo... no era especial, no era bonita.

—Qué pregunta más tonta. —baje la mirada, entristecida. Así que... era verdad— tú eres hermosa y los demás son unos tontos por no notarlo. —Sentí el rostro arder fuertemente, las mariposas revoloteando en el estomago y la calidez en el corazón.

— ¿Realmente cree eso? —Susurre viéndole con incredulidad.

—Por supuesto, ¿crees que te lo diría si no lo creyera? —Me dijo, y por sus ojos pude apreciar que estaba bastante seguro y esboce una sonrisa, él también me sonrió.

Ella estaba rígida en su abrazo y se separo para ver si pasaba algo...

— ¿Hinata... -chan?

—Tu también me gustas, Naruto-kun. —Lo susurro muy bajo, con las mejillas tan rojas que casi sentía que se iba a desmayar. Pero él la oyó.

— ¿Hinata-chan, quieres ser mi novia?

—H-Hai, H-Hai —Las lágrimas de felicidad se escaparon de sus ojos, no era un sueño. Era real. Todo era real. Y se sentía tan feliz en sus brazos, podría permanecer en su calidez toda una eternidad, no quería soltarlo. Sus labios se posaron con gentileza en los suyos. La sensación era tan maravillosa, tan nueva y excitante. Sus labios eran suaves y dulces como las fresas con crema, deliciosos. Ya nada importaba, ni siquiera que estaban en un lugar lleno de gente que los estaba observando, ninguna de sus inseguridades molestaba, tan sólo importaba que Naruto, su Naruto estaba abrazándola y besándola con cariño, como ella siempre quiso...

Sin embargo, ambos estaban ajenos a unos ojos negros que los observaban desde la distancia...


Espero que les haya gustado y que se les haya hecho interesante. Sasuke extraña a su querida alumna. Hinata es novia de Naruto y al parecer nuestro sexy Uchiha se entero de mala manera, ¿Como actuara con esto? ¿Se sentira Hinata diferente alrededor de su sensei? ¿Pasara algo entre ellos? ¡No me odien!

(*): La sopa de miso está compuesta por dos ingredientes esenciales: el dashi (caldo de pescado) que es la base de la sopa y el miso (pasta aromatizada de soja) que es disuelto en el dashi. Se suelen usar dos tipos distintos de miso, el Shiro-Miso (blanco, suave y con poca sal) o el Aka-Miso (rojo, fuerte y salado).

Los ingredientes más habituales en esta sopa son el Tōfu en forma de cubitos, las algas wakame y cebolleta o puerro. Puede llevar otros ingredientes como verduras (patatas, zanahoria, daikon, repollo, etc), carnes, pescados o champiñones.

Espero que les haya gustado el capitulo. Los quiero, cuidense.

¿Merece un review?

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