Hola! ¿Como están? espero que bien. Aquí traigo otro capitulo de mi historia que espero que les guste. Les agradezco que se tomen un tiempo para leer esta historia, de agregarla a fav, de agregarla a alertas y de escribir comentarios. Muchas gracias! de verdad les agradezco todo.
Publique en muy poco tiempo porque ahora es como si estuviera de vacaciones en el liceo. Yupii! nada de trabajos, tareas, informes. Nada! aunque sospecho que me voy a morir haciendo trabajo despues. Asi que publicare antes de que eso ocurra.
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.
Capitulo VII
Beso robado.
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Vi a aquel chico rubio esperando en el uno de los bancos con unos claveles rosados y morados que formaban un ramo entre sus manos que frotaba concienzudamente. Parecía emocionado mientras sus ojos azules recorrían la estación y su cabello rubio se agitaba con el viento. Entonces, el tren se detuvo en la estación y pude ver claramente como ella salía enfundada en un abrigo verde pálido bastante grueso con unos guantes blancos, sus ojos luna brillaron y su sedoso cabello negro se agito ligeramente mientras abandonaba el medio de transporte, pasando notoria entre la muchedumbre y le dirigía una cálida sonrisa que me dejo encantado. Ambos parecieron perderse en los ojos del otro, antes de que él extendiera las flores en su dirección y ella las aceptara con una gustosa sonrisa que me hizo hervir la sangre. No pude oír nada de lo que él le dijo antes de estrecharla entre sus brazos, acción que provoco que sus mejillas se tiñeran de carmín. Ella estuvo rígida y sin corresponderle por unos minutos, lo que me alivio un poco, antes de que él se separara y ella le dijera algo con los ojos llenos de lagrimas y una amplia sonrisa de felicidad. Sus labios se juntaron en un tierno beso que para mí fue una bofetada. El dolor me atravesó como una daga mientras contemplaba la imagen frente a mis ojos. No tenia por qué sentirme dolido, la verdad, yo no tenia nada con ella ni planeaba tenerlo. Entonces, ¿Qué era aquel sentimiento de ira y dolor que me carcomían por dentro al verla besándose con el chico de cabello rubio?
Celos.
Intente salir de entre la masa de gente, casi sin contener el impulso de querer detener aquella estupidez. Sin embargo, pronto me detuve a mí mismo mientras reflexionaba lo que estaba a punto de hacer y negaba con la cabeza, metí las manos en los bolsillos de mi abrigo negro y me marche de la estación, no sintiéndome de humor para viajar a Tokio ese día para ayudar a mi hermano con algunos problemas. Ya alguna excusa podría inventar. Sólo quería dejar de ver aquella escena grotesca que se desarrollaba en frente de mis ojos. Un prolongado suspiro de tristeza escapo de mis labios mientras entraba en el departamento y me despojaba de su chaqueta, entre todo, no entendía la manera en que me sentía. Aquella combinación entre el deseo de golpear al idiota y la tristeza eran extrañas. Traté de no centrarme en ello, pensando que aquello había servido para deshacerme de aquellas confusas sensaciones que venían naciendo en mi interior con respecto a la niña.
La memoria de nosotros dos bailando al compás de la música suave. La sensación tan dulce de estrecharla en mis brazos y de su piel tersa y suave quemando con el contacto con la mía mientras yo la hacia girar y ella me dirigía una sonrisa que me robaba el aliento. La magia flotaba en el ambiente tan sobrio que parecía querer hacernos compañía con sus colores claros. Me perdía en sus ojos brillantes y cálidos y en la hermosura de su rostro. En ella. En lo tierna, dulce, hermosa y buena que era. Casi parecida salida de alguna de mis fantasías, de mis sueños, un ángel creado especialmente para mí. Pero, era incorrecto desear más que una amistad como la que manteníamos. No deberíamos ser tan cercanos.
Tal vez era lo mejor.
O eso pensaba.
Pero la imagen me acosaba y me hacia sentir cada vez peor.
Después de que comenzaron las clases, verlos juntos era una tortura. Una completa y total tortura. A veces intentaba ignorarlo, pero no me resultaba en lo absoluto. No podía soportar la idea de que él, ese idiota, fuera su novio. Que ella se enamorara de alguien así parecía absurdo. Verlos compartir abrazos, besos y caricias era más de lo que soportaba. La imagen me causaba repulsión e ira incontrolable.
Debía alejarme. Eso era lo mejor.
Hacia poco que habían comenzado las clases en el instituto al que asistía mientras observaba a su profesor de matemáticas la tristeza la embargo. Últimamente el hombre se comportaba distante y hosco, casi como si estuviera enfadado con ella, pero en su mente no cabía un motivo por el cual el hombre pudiera estar enfadado de alguna manera. La última vez que se vieron fue muy agradable, en aquel café de ambiente cálido poco después de que él la salvara de su propia torpeza. Y en aquel momento jamás lo noto incomodo o molesto por alguna razón, más bien parecía casi de buen humor. Pero en cuanto comenzaron las clases y comenzó a verlo de nuevo en la tarde, no había rastros del hombre amable que se le había presentado en el último encuentro que tuvieron, o durante aquel baile que mantuvieron. Para nada, se había vuelto un hombre incluso mas arisco que al principio y eso la incomodaba.
El silencio era sepulcral en la clase mientras Sasuke explicaba un nuevo tema y ella vagamente tomaba apuntes con la vista perdida en el ambiente de afuera. El cielo estaba cubierto de gruesas nubes grises que prometían una fuerte lluvia, un fuerte viento azotaba las ramas de los arboles arrancando sus hojas verdes y se podía oír el estruendo de los relámpagos resonando de manera aterradora en sus oídos. Siempre había odiado las tormentas eléctricas, eran aterradoras. Y no podía olvidarlo mientras cientos de escalofríos recorrían su espalda y su corazón salía a la carrera. Trato de concentrarse en la soporífera y tranquila clase de Sasuke, casi viendo jeroglíficos en vez de números, y con un suspiro se dio cuenta de que había perdido completamente el sentido de lo que su profesor estaba explicando justo en ese momento. Era la ultima hora y su mente estaba mas centrada en regresar a casa, cuando estuviera a solas con su sensei le preguntaría por qué estaba tan molesto con ella, o en general, a fin de cuentas.
Dejo reposar su cabeza en uno de sus codos mientras seguía tomando apuntes, sin realmente prestar atención. Su novio había faltado porque estaba realmente enfermo y había procurado tomar buenos apuntes para llevárselos mas tarde. Con una sonrisa recordó lo tierno que podía ser Naruto. Salían casi todos los días al parque lleno de arboles que estaba en frente de su casa, él normalmente recogía algunas flores de camino y se las llevaba. O más bien del jardín de su madre a pocas cuentas. Casi siempre le llevaba claveles rosados o morados, que eran sus favoritos. Iban al cine, estudiaban juntos y ella iba a sus partidos de soccer a animarlo. Casi no podía encontrar algo más emocionante que verlo jugar sobre la verde y húmeda grama con sus ojos azul zafiro fijos en la pelota y una hermosa sonrisa en sus labios, y no había algo más hermoso que reposar en sus brazos cada vez que él tiernamente la abrazaba o la besaba después de cada partido.
Su mirada reposo otra vez en el ambiente de afuera y con irritación observo como las gruesas gotas de lluvia se estrellaban sin piedad en el césped verde. No traía paraguas y por como se veía, no pareciera que la lluvia fuera a parar hasta dentro de unas cuantas horas, aquel día su chófer se había enfermado, contagiado de alguna extraña gripe y no podía conducir, así que debía irse a pie hasta la mansión. Dejo escapar un suspiro cuando el timbre sonó de manera chillona anunciando el final de la jornada y lentamente recogió sus cosas para marcharse a esperar a que la lluvia cediera un poco.
Estuvo parada viendo como todos los demás se iban y luego quedo sola, observando como la lluvia pareciera no detenerse. Su mirada aterrizo en el reloj de pulsera que siempre llevaba y dejo escapar al menos su tercer suspiro al ver que llegaría tarde a casa. Por suerte, hacia unos quince minutos que habían dejado de caer truenos y relámpagos.
—Hinata. —Su cuerpo entero se estremeció al oír la profunda voz de su sensei atrás suyo.
—Ah, Sasuke-sensei.
Él no hizo mueca o gesto alguno mientras se quitaba la pesada chaqueta negra que llevaba encima y la ponía sobre sus hombros, cubriendo también su cabeza con ella. El arrebol que apareció en las mejillas de la muchacha le causo ternura mientras paseaba los dedos por su tersa piel para acomodar su holgada chaqueta sobre su pequeño cuerpo, atrapándola en una especie de abrazo inconcluso, la sensación era tan agradable. La calidez se instalo en su corazón mientras la corriente eléctrica que era resultado del contacto pasaba por sus terminaciones nerviosas, haciéndolas temblar. Su mirada se poso en sus ojos luna encontrándolos hipnóticos, profundos y realmente hermosos, estos brillaban de manera agradable y una sensación en la boca del estomago parecida a miles de mariposas revoloteando se apareció. Acomodo un poco más la chaqueta sobre sus hombros.
—Ven, te llevare en el auto. Tu padre me llamo esta mañana y me dijo que te llevara. —Susurro en tono frío mientras la miraba fijamente en busca de algún tipo de reacción o protesta, pero no encontró nada.
Tomo su mano entre la suya e intento ignorar el escalofrió que bajo por su espina al hacerlo. Su ceño se frunció sin que pudiera evitarlo mientras la guiaba a la puerta. Su corazón latía desesperado en su pecho, mientras que su mano quemaba por el contacto con la suya. No debería sentir aquello. La sensación era realmente buena e intento borrar aquello de su mente mientras caminaban bajo la lluvia hacia su auto. Sus manos estaban tibias y eran suaves y me daban calidez aunque me encontrara bajo la fría lluvia sin mi abrigo. Le sonreí suavemente mientras le abría la puerta del copiloto y encendía la calefacción. Ella se acomodó acurrucándose más contra mi chaqueta y utilizándola como si fuera una manta. La niña se mantuvo quieta mientras arrancaba el coche y encendía la radio, que tenia un CD de rock alternativo. Ella frunció el seño por su elección de música. ¡Lo hacia a propósito!
El viaje fue silencioso, aunque agradable no obstante, mientras Hinata se concentraba en el paisaje que pasaba difuminado frente a ellos, Sasuke le dirigía miradas de reojo cada vez que se detenía el tráfico. Ella era tan hermosa, tierna y en especial inocente que era difícil de creer que un ángel así pudiera existir. Hinata miraba atenta la ventana, sin darse cuenta de las miradas de reojo que Sasuke le dirigía. Los arboles poblaban por doquier la ciudad y las calles pasaban a una prudente velocidad mientras las gotas no paraban de caer sobre el parabrisas. Siempre le había encantado la lluvia y encontraba cierto entretenimiento en verla caer. Su mente se centraba en encontrar el valor para hablarle al hombre. Miles de palabras pasaban por su mente sin que ninguna fuera adecuada, además fueran cuales fueran las palabras que eligiera seria torpe expresándolas. Tonta timidez.
Finalmente llegaron a la gran mansión, esta lucia tan esplendorosa como siempre, con sus grandes y oscuros ventanales. Ella se refugio en la chaqueta de él, aspirando el aroma tan exquisito y varonil y sintiendo que la invadía una extraña sensación de sopor. Olía tan bien. Sasuke le dirigió una mirada mientras la ayudaba a bajar. Él estaba siendo amable con ella, caballeroso, gentil. Tal como solía ser siempre. Tal vez simplemente había tenido problemas personales y su humor había cambiado. Sí, tal vez era eso.
—Ven, conociendo lo torpe que eres te caerás apenas me descuide. —Susurro con tono burlón y ella poso la mirada en la verde grama como si esto fuera lo más interesante en el mundo. Sus puños se oprimieron...
— ¡Sasuke-sensei! —Grito mientras veía al descarado hombre sonreírle con esa sonrisa ladina que tanto amaba y odiaba al mismo tiempo— No soy tan torpe —Se defendió, haciendo una mueca que le causo ternura.
—Como digas. No sé tu pero yo no quiero resfriarme... —Susurro con fastidio. Comenzó a caminar y dejo a la chiquilla atrás. — Tres... Dos... uno...
— ¡Ah! —Escucho el grito. Las gotas seguían cayendo sobre ellos sin piedad pero eso no impidió que riera.
— ¿Decías? —Musito acercándose a una Hinata que reposaba sentada en el césped húmedo, su mirada rebozaba diversión.
— ¡Oh, cállese!
Su cabello estaba completamente empapado, su rostro estaba manchado con algo de barro y su pierna tenia un pequeño raspón que sangraba un poco. Extendió su mano y le ayudo a levantarse. No fallando en notar el chispazo que recorrió su brazo y el sonrojo en las mejillas de ella. Su corazón se aceleró, golpeando su pecho rápidamente cuando ella choco contra su pecho. Sus ojos se encontraron con los suyos y su aliento acaricio suave y juguetonamente sus labios rosados, creando un escalofrió. Sus ojos eran tiernos y brillaban con cierto anhelo que no supo entender. Eran cálidos, profundos y mientras se perdía en ellos sentía que podía olvidarse de todos los tabúes que tenia aquella extraña relación. Su mirada se fijo en sus labios, apenas veteados por un suave brillo rosado que les daba una apariencia adorable y apetecible. La tentación de besarlos y el deseo de sentirlos incremento mientras estiraba una mano para acariciar su mejilla y se deleitaba con la dulzura de su piel. Su dulce fragancia a lavandas lo intoxico mientras la distancia se acortaba a apenas unos milímetros y en el ultimo minuto recapacito simplemente abrazándola durante un instante antes de soltarla darle la espalda para entrar a la mansión con ella siguiéndole de cerca.
Poco importaba si su ropa estaba mojada, pensó mientras agarraba una toalla que cortésmente le habían ofrecido para que se secara, se sentía cálido. Y odiaba hacerlo, pero se lo atribuía a aquella chiquilla. Mientras caminaba por aquellos pasillos de madera de sauce viendo aquella pintura del atardecer en aquella mansión, casualmente una vista desde la habitación que ambos solían usar para las clases. Incluso se podía ver en el cuadro el ventanal, abierto hacia el cielo cubierto de matices anaranjados, rojizos y amarillentos que se extinguían poco a poco hasta terminar en un azul pálido. Se veía también pintado de un color verde claro el césped húmedo, puntillado por infinidad de flores cuyos tonos variaban desde el blanco hasta los rosáceos, azulados, morados, o incluso anaranjadas, rojas y verdes. Era una replica exacta del extenso jardín. Aquel cuadro de alguna manera se la recordaban, cada atardecer y anochecer que paso junto con ella en aquella habitación que había sido la única testigo de sus risas, de sus indiscretas y prohibidas señales de cariño, de sus abrazos, de sus peleas e incluso, aquellas veces que compartían la silenciosa vista del jardín poblado de flores.
También fue testigo de cómo sus sentimientos prohibidos se desarrollaban. Amor, era algo prohibido. No debía sentirse así por su alumna, le constaba, pero no podía hacer nada, estaba en un punto sin retorno. Aquellos sentimientos de ternura y cariño ya se habían desarrollado en su interior. ¡Había estado cerca de besarla! de sentir el dulce tacto de sus labios contra los suyos, apostaba que eran suaves y cálidos, que casi eran elixir sobre sus propios labios. Casi podía imaginarse recorriendo con sus manos su piel, escuchar mientras ella se regocijaba. Algo que se había convertido en tema de sus sueños y que iba en contra de toda su moralidad. Se sentía como un enfermo, culpable y a la vez no podía apartar aquel dulce sentimiento de su corazón. Estaba soberanamente jodido.
Ambos comieron en silencio, siendo observados por Hiashi de manera fría. Fue un silencio incomodo y tenso. Y mientras esperaban que la comida reposara para ponerse al día, Sasuke oyó con cierta melancolía lo que ella decía y observo alrededor con tristeza.
Posiblemente, esta sea la última...
Mí mirada paseo hacia su dirección mientras ella salía de la habitación, enfundada en un suave abrigo marrón claro muy ligero y me dirigió una cálida sonrisa mientras se internaba en la habitación que nosotros usábamos durante la tarde. Los papeles salieron de su maleta, por suerte, esta era impermeable y a ninguno de mis documentos había sufrido daño alguno. Comencé a explicarle el tema pacientemente, observando con una mezcla entre dolor y diversión sus muecas de concentración y frustración. Deje escapar un suspiro mientras guiaba suavemente su mano. Su respiración se agito y sus mejillas se sonrojaron ante mi contacto y eso me dejo un poco satisfecho y tuve que recordarme que no debía disfrutar sus gestos y que estos debía atribuírselos a su timidez aberrante. Mientras la sujetaba y ella observaba con admiración como los números parecían cobrar vida y sentido y una sonrisa de diversión se explayaba en su rostro.
Ese día debía hacerlo. Aunque doliera. Me había acercado a ella con ese propósito. Mientras palpaba aquello que guardaba celosamente en mi maletín, pensé en lo cobarde que seria, al ni siquiera despedirme de ella de frente.
Aquello esparció amargura por mi corazón, tiñéndolo de gris. Había estado todos aquellos días intentando pensar en una manera de no verla llorar, no al menos por mi culpa. Al final, decidí por irme por la tangente y ser cobarde. Tal vez lo lamentaría, pero era por el bien de ambos. Debía alejarme de ella y me aseguraría de ello.
La había recogido en mi auto para no perder el valor. Debía admitir que la lluvia sin final me había ayudado. Y mientras la observaba trabajar supe que aquella seria la última vez que ambos nos veríamos en esa habitación. Seguiría dando clases en su instituto, porque necesitaba el trabajo, pero procuraría evitarla. Tan solo esperaba no herirla demasiado. Me consolaba con el hecho de que tenía que hacerlo. Era el precio que tenia que pagar por hacer lo correcto.
Nuestras clases eran simples. Le explicaba el tema, le ponía ejercicios, tarea y si se atoraba en algo la ayudaba. Ella era en realidad una niña muy brillante, pero insegura. Mi mirada reposo en el ventanal y comprobé que el jardín era idéntico a como lo pintaba aquel cuadro, pero de diversa perspectiva, tal vez desde el mismo jardín.
—El cuadro lo pinte yo. —Su voz era un poco temblorosa y tartamudeaba un poco. Su vista aun fija en el papel. — No es muy bueno...
— ¿Bromeas, verdad? —Le susurre enarcando una ceja con algo de irritación e incredulidad. ¿No tan bueno? ¿En serio? Aquel cuadro era una gran obra maestra, y que ella lo hiciera me probaba que era una persona con demasiados talentos. Era inteligente, buena cantante —La escuche por casualidad mientras ella usaba su MP3— y además era artista. Era definitivamente una chica genial, lastima que fuera tan tímida.
— ¿Eh? No. —Me confirmo ella luciendo sorprendida por mi halago.
—Es precioso. ¿Quién te dijo que no era bueno? —Le pregunte, por mi mente pasaba no obstante lo hermosa que se veía. Sentí mis mejillas arder mientras la contemplaba, pero aquella chispa de tristeza en sus ojos con vetas lavanda me dejo dolido. Deseaba borrar la tristeza de su rostro.
—Mi padre. Jamás le gusto que yo pintara, así que supuse que lo hacia mal. — Fruncí el seño ante aquello, sintiéndome irritado por ello, el hombre era cruel incluso con su propia hija.
—Miente. Es un ciego por no ver tu talento, no le hagas caso. — Le susurre tranquilamente y con una sonrisa.
Podía ver que estaba cansada, posiblemente se desvelo estudiando para un examen de alguna materia, o haciendo un trabajo. Ella tenía la mala costumbre de dejar las cosas para último momento, y eso le pasaba factura. Chiquilla descuidada. Algún tiempo de plática surgió entre nosotros y pronto ella se quedo dormida sin quererlo sobre el mullido sofá, acomodada de lado. Se veía muy relajada y la imagen me embeleso. Se veía tan pacifica, con su rostro apacible, su respiración acompasada, y una placida sonrisa reposando en su rostro de porcelana. Sus ojos luna estaban cerrados pero aun así, era tan hermoso escucharla respirar mientras ella estaba perdida en aquel dulce mundo de sueños, sentía la caricia de su aliento sobre mi piel, mandando placenteros escalofríos por mi espina. Quería evitarlo pero no podía. Tan cerca, a tan sólo pocos milímetros de mi rostro y aun así, sentimentalmente, tan lejos de mí, a tantos kilómetros. Y no podía contener el deseo de querer besar sus labios rosáceos entreabiertos.
Afuera, la brisa soplaba sin piedad arrancando las hojas verdes y sanas de los arboles, el pasto verde claro se movía suavemente, mientras el aroma del rosal cubierto de flores rosadas y el de algunos jazmines que estaba justo bajo nuestra ventana entraba y se colaba por mis fosas nasales. El cielo estaba coloreado de sutiles tonos de naranja, amarillo y rojo. El suave ruido del lago resonaba como lo único que se escuchaba, en conjunto con el solitario canto de los pájaros que se refugiaban para la noche. Mientras observaba su rostro ligeramente iluminado, pase mis manos de manera gentil por sus brazos y las deje en sus hombros. La mire por lo que parecieron por minutos en vez de segundos, mientras reunía la resolución y la valentía.
Y de hecho lo hice, posando mis labios sobre los suyos sin dejar a mi mente dudar sobre lo que mi corazón anhelaba; aquel seria mi secreto. Mi recuerdo. Aquella seria una prohibida ocasión en que me permitiría beber el suave néctar de sus labios de miel, el sabor era intoxicante mientras mis labios permanecían estáticos sobre los suyos y mi corazón se aceleraba. Era un contacto tierno en el que intentaba imprimir todo sentimiento, todo aquel cariño que ella me hacía sentir. Mi cuerpo era azotado por el cumulo de sensaciones, desde el dulce amor que corría por mis venas, mientras me perdía en su fragancia de lavandas frescas, su calidez. Fue un contacto sutil, efímero mientras degustaba sus labios y me sumía en la profunda felicidad que se mezclaba con la tristeza, y la culpa. Además estaba aquel fuego que nacía en mi interior y que ardía fuertemente en mi pecho, pidiendo ser extinguido. Me llevaría un recuerdo. Un beso. Eso era todo lo que me robaría de su inocencia, ese era el recuerdo de ella que me llevaría y no podía silenciar el deseo egoísta de tener más de ella, mientras observaba su rostro iluminado por la luz anaranjada del atardecer una vez me separe de ella.
—Naruto... —Susurro ella entre sueños mientras se acomodaba, abrazando mi chaqueta. ¡¿Qué tenia ese chiquillo que no tenía yo? ¿Qué la enamoraba de él? ¿Acaso... ese niñato era mejor que yo? Mi orgullo se negaba a creerlo. Y mientras como no hacia en mucho tiempo, escuche a mi orgullo, que me daba palabras que eran un bálsamo para mi corazón
Los celos ardieron pero con una respiración profunda y un suspiro procure calmar la furia que el hecho me provocaba. Muchas veces me repetí, que no era correcto, que era menos de edad, que no tenia por qué sentir algo así por ella. Que era torpe, tímida y un sinfín de defectos que mi orgullo empeño en concentrarse para hacerme aquello mas fácil.
Había tomado una decisión.
Suspire mientras observaba a la pequeña dormir, en la mesa deje una rosa rosada que empareje con una violeta. Y debajo de ambas se encontraba mi carta de renuncia...
En ella le explicaba que no podía seguir dando clases en la tarde por ciertos problemas personales que me tenían ocupado. Una gran mentira, por supuesto. Me había tomado la molestia de explicarle con más detalle a su padre. No me había pasado por alto que fui incapaz de pronunciar la palabra "permanente" al explicarle cuanto tiempo tendría que faltar a mi contrato, en cambio la sustituí por "temporal". Además había sido lo bastante cobarde como para no poder decírselo a la cara, no era que no hubiera querido, era que simplemente, sabia que si lo hacia terminaría por confesarle aquellos sentimientos que albergaba mi corazón. Alguna parte de mí, se aferraba a ella pero procure ignorarla, era lo mejor. Lo mejor.
Lo mejor
Las lágrimas resbalaban por su rostro mientras la carta de renuncia de su sensei reposaba en sus manos. No podía creer lo que leía. Y mientras un sinfín de lágrimas rodaban por su rostro expresando su dolor y angustia por perder un amigo. Y mientras sostenía la carta entre sus brazos tan sólo una pregunta flotó en su mente...
¿Por qué?
Espero que les haya gustado. Cuidense.
¿Merece un review?
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