Hola! Aqui estoy yo con un nuevo capitulo de mi fic. Lamento tardanza pero, tal y como predije despues de que publique el anterior capitulo el liceo me cayo encima con tabajos, examenes, exposiciones. Sacaba muy poco tiempo libre y la mayoria lo invertia en averiguar de las universidades y mi carrera. Asi que disculpenme y de verdad no se preocupen, no me mori, no me secuestraron, estoy viva pero a base de cafe. Y ademas, despues de que pasen tres semanas, sólo tres semanas ¡Soy libre como el viento!
Gracias a todos aquellos quienes leen, los alertas, los favoritos y muy especialmente a quienes me dejan review, son misganas de seguir. Todo. Estamos cerca de los 70 y espero poder pasar de ese numero con este capitulo.
Por cierto, ¿Qué opinan de mi imagen? Me tomo un tiempo hacerla y editarla como quería con el photoshop, recién lo adquiero y la verdad no se si es buena la imagen. Les gusta para el fic? les parece mala? apreciaría mucho su opinion.
Disclaimer: Ni Naruto ni ninguno de sus personajes me pertenece.
Capitulo IX
El beso de la incertidumbre
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Su mirada reposo en la pared blanca de en frente, estaba sentada en el piso de madera de la cancha con un libro sobre sus piernas y una tranquila música de Beethoven en su reproductor. Algunos estudiantes jugaban al basquetbol en frente de ella, actividad de la que pasaba.
Apestaba en deporte. Ella era más del tipo de libros y de música, no era del tipo que corría detrás de una pelota, eso podía dejárselo a personas menos torpes que ella. Aun así, no se podía integrar en sus libros como siempre y con el seño fruncido noto que el tema de la renuncia de su sensei venia de nuevo a su mente. El dolor de su corazón y la angustia que sobrevenía sobre ella cada vez que pensaba en ello le oprimían el pecho, durante aquellos días, su sensei había evitado hablar con ella más allá de lo necesario y casi siempre lo notaba distante y reticente a mantener con ella cualquier contacto. Y eso la entristecía. Recordaba el amargo día de su renuncia. Había pasado el día entero llorando mientras abrazaba la nota contra su pecho y las dos rosas, algo dentro de ella se sentía roto, diferente y ese era su pequeño y frágil corazón. En su sensei había encontrado mucho más que un tutor aburrido como había supuesto en un principio, sino que había encontrado un confidente, un amigo. Y sentir como lentamente el lazo de su amistad se rompía bajo el peso de su indiferencia y su frialdad la estaba matando por dentro y la llevaba a derramar el mar de lágrimas que había llorado por él aquella tarde.
La clase termino y soltó entonces un suspiro cargado de pesadez mientras se dirigía al patio cubierto de césped para refugiarse debajo de la sombra de un árbol del sol que aunque ligero, resultaba bastante incomodo. Ni siquiera estar con su novio Naruto bajo la sombra de aquel frondoso árbol y con una rosa roja entre sus manos que fue un regalo mientras él le hablaba con toda su alegría y su cariño. Nunca fue buena fingiendo sonrisas, la verdad, pero debió ser muy convincente ya que los ojos azules de su novio o si quiera su rostro mostró signos de haber notado algo. En otro momento, este momento soñado habría bastado para sacarle un suspiro; él estaba recostado en sus piernas sonriéndole tiernamente y hablándole mientras ella entretejía sus dedos en su sedoso cabello rubio, sin embargo, de manera muy confusa para ella se encontró pensando en que desearía estar con Sasuke en aquel momento en vez de con Naruto.
¿Qué le pasaba?
Pensó con molestia. Y de inmediato esta se fue, remplazándola con el pensamiento de que aquello se debía a que deseaba hablar con él tan desesperadamente. Entonces lo vio por el rabillo del ojo, con su figura imponente y su cabello negro meciéndose con el viento, estaba a unos cuantos metros pero estaba segura de que era él, ninguna otra persona tenia aquella misma aura imponente y elegante a su alrededor tan misteriosa y atractiva. Sus ojos negros eran fríos y su rostro no demostraba ninguna emoción mientras hablaba con una estudiante. Un extraño sentimiento de molestia que se apresuró en apaciguar se instalo en su pecho al recordar cómo la había comenzado a ignorar y a tratar de manera brusca y fría. Como si ella hubiera hecho algo malo. Como si ella fuera una maldita plaga, comenzó a ser cortante, frio y además evitaba toda posibilidad de si quiera dirigirle una sola palabra.
Suspiro para quitar aquellos pensamientos extraños de su mente y observo los alegres ojos azules de Naruto mientras llevaba una bola de arroz a su boca y la engullía. Sobre ella podía sentir las miradas envenenadas del club de fans de su novio mientras acariciaba su rostro y su cabello dulcemente. Habían estado muy fastidiosas y molestas desde que comenzó su noviazgo y no habían parado de acosarlos en cada lugar donde estaban juntos. La situación la tenía irritada, muy molesta.
—Hina-chan ¿Pasa algo? —Naruto pregunto sin dejar de mirarla a los ojos. Tal vez había cantado victoria muy rápido.
—No. Sólo estaba repasando mentalmente las preguntas del examen de hoy, no es nada. —No le agradaba mentirle, aunque, tácticamente hablando le estaba mintiendo, a medias. Sí que tenían un examen.
— ¿Eh, qué? ¿Examen? ¿Hoy? ¿¡Cuándo demonios dijeron eso! —La cara de su novio se lleno de horror mientras rápidamente se levantaba de su regazo, no pudo evitar reír. — ¡Tengo que empezar a estudiar! ¡Adiós, Hina-chan! —Y se fue tan rápido que no tuvo tiempo de detenerlo. Ni siquiera pregunto de qué materia era el examen. Dejo escapar un suspiro, no era precisamente el mejor estudiante, es más, era bastante idiota por así decirlo. Pero lo amaba.
Las clases se reanudaron pronto y mientras se sentaba al frente como tenia acostumbrado le dirigió una suave mirada a su profesor de matemáticas, él le dirigió una mínima sonrisa inconsciente mientras escribía en la pizarra un unos ejercicios que tendría que entregar para el final de la clase.
Hacia poco que había sonado el timbre de salida y había llamado a su chófer para avisarle que se quedaría en el instituto un poco mas. Simplemente necesitaba pensar y regresar a casa sólo llamaría más pensamientos indeseados. Últimamente estar en casa la deprimía, su padre mantenía sobre ella un régimen aun más estricto que antes, después de que se entero de su noviazgo gracias a uno de sus amigos en negocios que los vio a ella y a Naruto en el parque mientras compartían un beso. Ese día se desato el infierno. No podía salir en lo absoluto, además de que recibía largos y amargos regaños por cada simple equivocación que cometía, su padre se volvió mas severo y cabe decir, mas cruel, mas frio y aun mas indiferente para con ella que antes, sus tratos bruscos se habían incrementado y no faltaba decir los insultos que había soltaba hacia ella sin piedad, con toda su ira, mientras ella no paraba de llorar. Notaba cada vez mas intensa la mirada de decepción e ira en sus ojos y eso le dolía enormemente.
Y además... cada vez que pasaba por la puerta del salón donde habían compartido su sensei y ella interminables horas, conversaciones, lecciones y risas terminaba por llorar. Cada recuerdo, cada momento, cada palabra se clavaba mas profundo mientras el dolor se aglomeraba en su pecho. Lo que antes era el hogar de momentos cálidos y dulces se había convertido en una habitación fría y vacía. Incluso había perdido el inmenso gusto que tenía por observar su extenso jardín cubierto de flores y césped desde el ventanal porque los recuerdos la asaltaban y la llenaban de angustia. Para ella, todo lo que vivió con Sasuke, la amistad y el cariño que formo para con él fue demasiado especial y que le arrebataran eso tan de repente y sin ningún aviso o siquiera una despedida era mas de lo que podía soportar. Le dolía por sobre todo que no se hubiera despedido, que no hubiera sido capaz de decirlo con palabras en vez de a través de una carta, se sentía molesta por su cobardía, por su falta de valor para decirle las cosas y aun así, no podía expresar ese sentimiento con él.
Así que deseaba encontrar relajación y tranquilidad en un lugar lleno de silencio, de calma. Sin embargo, mientras caminaba a la biblioteca se encontró con su sensei, él observaba a través de la ventana y le dirigió una mirada de reojo antes de fruncir el seño, soltar un improperio por lo bajo y darle la espalda para marcharse. La ira la consumió
— ¡No se a-atreva a irse! —Su grito aunque vacilante se cargo de toda la ira y el desconcierto que sentía. Contemplo impotente como Sasuke a pesar de detenerse no le dirigía la mirada— ¿Por qué?
— ¿Porque, qué? —Sasuke cuestiono friamente dirigiéndole la mirada a las baldosas del piso como si estas fueran realmente interesantes. No quería verla as los ojos.
Lo siento...
— ¿Por qué me ignora? ¿A-Acaso esta m-molesto? —Inquirió su voz completamente quebrada y las lagrimas en sus ojos. Estaba tan frustrada.
¿Por qué no me dice nada?
Sasuke finalmente volteo para confrontarla, su rostro permaneció inescrutable mientras ella le miraba con aquellos ojos llenos de dolor y angustia. Aunque por dentro quería correr a consolarla, se retuvo. La escaneo con sus ojos, ella temblaba y le miraba fijamente sin intentar siquiera contener sus lagrimas de frustración y tristeza, los sollozos no paraban de oírse mientras ella perdía poco a poco la calma. Ella le hablaba pero no podía escuchar mientras se sumía en lo profundo de sus pensamientos y maldecía su cobardía y sus malos métodos. Cuando dejo la carta y las dos rosas, trato de que aquella dulce y extraña relación entre ellos se cortara, pero no pensó en cómo se sentiría ella con eso, que ella tal vez también sufriera por la perdida mientras él la ignoraba y la trataba de manera brusca. O tal vez sí, pero no quiso hacer nada al respecto, más que regalarle el último detalle de las rosas moradas y rosadas que encontró en su jardín mientras se preparaba para irse definitivamente.
Yo no quería.
Una vez mas observo a través de la ventana el paisaje verde y lleno de vida que estaba afuera, sentía que se estaba sofocando lentamente mientras la opresión en su pecho se volvía más y más fuerte con cada segundo. El sentimiento de culpa en la boca de su estomago le provoco una especie de nausea y tuvo que tragar grueso para deshacer el doloroso nudo en su garganta mientras confrontaba a la herida estudiante en frente de él. Aquello no sólo le había dolido a él sino también a la chiquilla.
—Dígame, por favor
Su corazón dolió con aquellas palabras. Ella le estaba rogando, pidiendo con aquella voz quebrada y cargada de dolor que le diera una explicación. Pero, ¿Qué, qué podía decirle para satisfacer su necesidad, para consolarla? La verdad traería horror y repulsión hacia él y aunque eso era lo que necesitaba era egoísta por pensar en que prefería que ella guardara algo de afecto con él a que simplemente él le diera asco. Y aun así, por su mente paso el desbaratado pensamiento de que en realidad diría cualquier cosa para simplemente borrar las lagrimas de su rostro de porcelana. Aquellos sentimientos prohibidos que se habían aglomerado en su corazón le nublaban el juicio y aunque sabia que era su perdición se perdió en aquellos ojos luna.
Desde que se separo de ella había cortado el contacto por más mínimo que fuera. Porque sabia que cualquier contacto le haría arrepentirse de la que consideraba una sabia decisión. Su mirada reposo en ella mientras se acercaba, ella seguía rogándole con la mirada y sintió su corazón resquebrajarse aun más. Tal vez podía componerlo, sacrificarse él y mantenerla feliz con una amistad limitada a las pocas horas que estaban en el instituto, a simples charlas por la tarde, a simples gestos de amabilidad, a simplemente conformarse con hacerla feliz y que fuera suya por unas pocas horas al día mientras que sabia que su corazón le pertenecía a otro. Haría cualquier cosa por borrar aquellas lágrimas.
Perdóname
Y sus ojos negros volaron otra vez hacia un árbol de cerezo sin florecer que soltaba a algunas hojas verdes y que estaba afuera, inseguro de lo que debía hacer. Escuchara hablar estaba matándolo y cada vez se sentía mas cerca de simplemente arrepentirse y componer de a poco aquello que se construyo mágicamente y sin pedir entre ellos. Pero sabia que cortarlo era lo mejor y que pensar en simplemente regresar a ello era algo que no debía pensar, tenia las palabras en su boca, las perfectas palabras para despreciarla y hacer que ella detestara su presencia, pero aquel maldito nudo en su garganta no lo dejaba hablar. Y además, por mucho que quisiera auto engañarse aquello aunque debía hacerlo, no quería bajo ningún aspecto cumplirlo. El dolor, la frustración, la tristeza y la angustia que le causaba simplemente pensar en separarse de ella de una manera definitiva, de decir adiós le dejaba retrocediendo ante esa perspectiva.
Casi siempre podía lidiar con las cosas sin que sus sentimientos tuvieran que ser implicados; indiferencia, frialdad, casi siempre trataba las cosas de esa manera, pero esto simplemente no podía tratarlo de aquella manera, no había defensas, no había una barrera para sentirse resguardado de sus propios sentimientos mientras la observaba llorar en frente de él y moría por hacer algo por ella. Siempre se dijo que una sola cosa era suficiente, que tan solo unos pocos recuerdos eran suficientes. Que un solo beso, que un solo abrazo, que una sola caricia, un solo baile, que si sólo lograba tener esos pequeños gestos de ella era suficiente. Pero se encontró deseando más y más de ella y entonces, cuando sus sentimientos crecieron demasiado simplemente huyo como un cobarde sin dejarle una explicación. Dejo escapar un suspiro mientras observaba por una vez mas su rostro cubierto de lagrimas y reunía el valor para darse la vuelta e irse lentamente, apenas sintiéndose capaz de dar los pasos mientras su corazón sufría cada vez mas con el dolor. Quería voltear y decirle algo, lo que sea, para evitar aumentar el dolor que traspasaba su delicada voz y recorría su rostro de porcelana. Pero saco fuerza de voluntad para no hacerlo.
Sin embargo, ella lo detuvo y lo forzó a verla.
— ¡Míreme, por favor! Con una explica-cacion es su-suficiente. Por favor. —Sasuke la miro, ella jalaba sus ropas y parecía desesperada mientras le dirigía sus ojos luna. Tuvo que contenerse mientras la contemplaba de limpiar las lágrimas que se deslizaban por su rostro. Ella estaba muy cerca, con sus labios tan cerca de los suyos que casi podía tocarlos, podía sentir la suavidad de su aliento mientras ella jalaba de su camisa azul oscuro y le decía cosas que dejo de escuchar. Su corazón se aceleró mientras aspiraba la dulce fragancia de ella. Rosas. Ella olía a rosas, a rosas rosadas, la misma fragancia que solía usar su madre antes de que todo ocurriera.
Se sintió acorralado mientras su cuerpo se movía solo, sin escuchar los ruegos de su mente, sus labios estaban tan cerca, su fragancia era tan embriagante y la mirada de aquellos ojos tan opuestos y brillantes sobre los suyos tan negros como la noche lo atraparon. Antes de darse cuenta de que hacia la acorralo entre sus brazos y acorto aquella mínima distancia con voracidad, probando sus dulces labios de miel. Ella quedo pasmada mientras sentía la boca de su sensei moverse salvaje y tiernamente sobre la suya, un extraño cosquilleo la invadió de pies a cabeza mientras sus labios sabor a limón besaban los suyos con experiencia y cariño. Sintió las suaves caricias de él en su espalda y de repente él recuerdo de unos dulces ojos azules, de las tardes en el parque observando el atardecer mientras ella olía unas rosas y él tomaba su mano suavemente. El recuerdo de acariciar sus hebras rubias mientras él le sonreía suavemente y el recuerdo de las rosas, de los regalos, de la dulce sensación de besar sus labios mientras se dejaba llevar por las sensaciones que su cuerpo experimentaba. Se sentía como si estuviera engañando a Naruto.
Las imágenes de su sensei, de Sasuke con su sedoso cabello negro y sus ojos profundos y vacíos que la hacían estremecer. De cada abrazo, de cada gesto, de cada charla que sostuvieron, de cada tonta pelea sin sentido, de las clases, de su voz, y entonces se separo de golpe de él. Las lagrimas se aglomeraron en sus ojos, ¡estaba engañando a Naruto! y la culpa hizo que el estomago se le revolviera y tuvo que llevarse una a la boca para contener la repentina nausea. La angustia se aglomero en su pecho y simplemente echo a correr.
Sasuke se apresuró a agarrarla por el brazo.
—Discúlpame.
Pero la dejo ir poco después.
¿Qué podía decir después de todo?
Era inútil. De seguro ella lo odiaba, y con un segundo pensamiento dejo ver una sonrisa fingida, era lo mejor, por mucho que doliera…
Ella se encerró en el baño del instituto, las lágrimas se deslizaban por su rostro.
Todavía podía sentir el placentero cosquilleo en cada fibra de su ser, se había sentido muy bien el ser besada por Sasuke. El simple contacto de los labios de él contra los suyos le trajo un placer inexplicable que le dejo con dolor y una opresión en el pecho. Ella había disfrutado y mucho, que Sasuke la besara tan pasional y tiernamente como lo hizo, degustar sus labios de limón y sentir sus caricias. La culpa se instalo en su estomago mientras se lavaba la cara y el agua fría le daba alivio y la calmaba un poco, aunque los sollozos no paraban.
¿Por qué Sasuke la beso?
¿Por qué la mirada de dolor en sus ojos negros?
¿Y ella... realmente había deseado más?
Ella se dejo caer deslizándose por la pared hasta estar sentada en el rió piso de cerámica verde del baño de la escuela. Esbozo una débil sonrisa mientras agarraba su bolso y lo abrazaba contra ella. Su mente era un manojo de preguntas que deseaba responder con locura, y esas preguntas no la dejaban pensar tranquila mientras miraba fijamente la pared en frente a ella. La angustia se mezclaba con el calor creciente en su pecho, las lagrimas habían dejado de brotar de sus ojos, pero aun sentía aquella extraña opresión en su estomago.
Su móvil sonó, era su chófer que sonaba asustado y que estaba en las afueras del instituto, al parecer la había estado buscando por el patio durante un tiempo antes de desesperarse y llamarla al teléfono.
—No se preocupe, yo espero a que baje pero sea rápida, el señor nos esta esperando. —El hombre apuro al otro lado de la línea. — ¿Se encuentra bien?
—Estoy bien, no se preocupe.
No lo estoy
— ¿Esta segura? No suena muy bien que digamos. —Agrego el chofer no muy convencido.
—Sólo estoy cansada.
Mentira
Finalmente colgó mientras echaba un vistazo a través de la ventana del baño hacia el patio de afuera. Era un día maravilloso allá fuera, la brisa estaba fresca y traía consigo la fragancia de las flores rosadas y blancas que recién comenzaban a brotar de sus capullos. El sol estaba muy brillante y cálido y no se podía apreciar una nube en kilómetros. Sin embargo, para ella aquel día lucia bastante deprimente, se sentía tan confundida y frustrada que lo único que quería hacer era dejar de pensar. Las extrañas sensaciones placenteras que sintió en su pecho mientras Sasuke la besaba y el deseo de querer mas, de actualmente estremecerse ante la idea de que él la sostuviera firmemente en sus brazos e imaginar sus labios rozando con anhelo y cariño los suyos le traía cálidas y saladas lagrimas a los ojos.
Al llegar a su hogar se dejo caer pesadamente en su cama, se había negado a probar bocado, porque no tenia ningún apetito, simplemente había subido las escaleras y tan pronto estuvo en su pieza se dejo caer en su mullida cama. Los recuerdos se arremolinaron en su mente mientras abrazaba la carta de renuncia de su sensei y las rosas rosadas y moradas que le había regalado hacia un par de días. Siempre que sentía sus cálidos y musculosos brazos alrededor de ella se sentía tan bien, tan... cálido, cada vez que él le decía palabras de aliento se sentía especial, querida. Cada vez que sentía su respiración acariciar su nariz o su mejilla juguetonamente no podía evitar sentir el escalofrió placentero que le recorría cada terminación nerviosa y lanzaba los latidos de su corazón al galope. Cada simple gesto de él despertaba en ella sensaciones nuevas y emocionantes. Desde que lo vio por primera vez dando matemáticas en su salón sintió cierta aprehensión hacia él y saber que él iba a ser su tutor durante las tardes se sintió realmente desilusionado. Matemáticas nunca fue su mejor asignatura.
Eso, por supuesto, desapareció con el tiempo de convivencia entre ambos.
— ¿Usted... c-cree que s-soy bonita? —Lo miro con ojos suplicantes, dándole a entender cuanta importancia tenia esa pregunta en realidad para ella. Sus labios temblaban ostensiblemente — Es que nadie me nota... —Lo ultimo lo musito algo entristecida y con la vista en el piso. Y era verdad, nadie parecía fijarse en ella, ordinaria, simplona. Nada como Ino o Sakura cuyas curvas atraían la atención de todos, o tal vez Karin cuya apariencia exótica era objeto de habladuría y buenos comentarios de los chicos del instituto. Ella, por otra parte, no era especial, no era bonita.
—Qué pregunta más tonta. —bajo la mirada, entristecida. Así que... era verdad— eres hermosa y los demás son unos tontos por no notarlo. — Sintió el rostro arder fuertemente, las mariposas revoloteando en su estomago y la calidez en el corazón explotar en su cuerpo.
— ¿Realmente cree eso? —Susurro viéndolo con incredulidad.
—Por supuesto, ¿crees que te lo diría si no lo creyera? —Le dijo, y por sus ojos pudo apreciar que estaba bastante seguro y esbozo una sonrisa, él también me sonrió.
Podía haberle preguntado a Kiba o a Shino, diablos, incluso Sakura e Ino le hubieran dado una buena respuesta. Pero tuvo la necesidad de escucharlo de él, aun no podía explicarse que clase de impulso siguió aquella tarde al preguntarle a su sensei. Su mirada repaso el techo de su cuarto mientras pensaba, se había sentido tan bien que él le disipara aquella duda y la halagara con tanta seguridad y ternura.
Mientras observaba a través de la ventana como los arboles, las flores de diversos colores y el césped se movían con la delicada brisa y uno que otro auto pasaba por la calle de en frente, recordó el encuentro que ambos tuvieron en esa misma calle, en la esquina mientras ella regresaba con las compras durante Diciembre. Luego de que ella se tropezara y él la rescatara terminaron en un café que ella solía frecuentar y ella termino haciendo la condenada pregunta.
— ¿Sasuke-sensei?
— ¿Eh? me distraje, continua.
— ¿Bueno, usted, tiene novia? —Le cuestiono con su mirada clavada en el suelo de madera, sentía su corazón latir acelerado martilleándole los oídos. — Etto... quiero decir, etto yo... es que es usted un hombre muy atractivo y no. No crea que es que estoy interesada de esa manera por usted... demo
Una suave risa escapo de sus labios y pudo ver un poco de rosado en sus mejillas, se sintió muy avergonzada y mientras fijaba la vista en otra parte, deseo que la tierra se la tragara. Realmente, no sabia que la había llevado a hacer esa endemoniada pregunta ni tampoco por qué esperaba que la respuesta fuera no, las palabras habían salido de sus labios sin que tuviera tiempo de detenerlas. Además, no podía negarse que él era muy apuesto y que de seguro tenia a varias mujeres a sus pies.
—No, no tengo novia.
Pensar en ese día traía una suave sensación a su corazón, una dulce.
De repente mientras agarraba su teléfono en la urgente necesidad de hablar con alguien. Una extraña pregunta azoto su mente y le envió un escalofrió por la espina, sus ojos se abrieron desmesuradamente y algo de tristeza se poso como un velo en su corazón.
No, no era posible. No quería que eso sucediera. Tenia al novio de sus sueños, detallista, guapo, amable, deportista, aunque un poco cabeza hueca, ella lo adoraba. Adoraba sus ojos azules que resplandecían hermosos bajo el sol de primavera, adoraba su cabello rubio que se mecía rebelde sobre su cabeza, adoraba aquellas sonrisas preciosas que dedicaba. Adoraba como ella encajaba perfecta en sus brazos, sintiéndose tan pequeña y tan segura con él. Amaba la manera en que él la hacia reír por cualquier tontería, como era capaz de ahuyentar las nubes negras de su tristeza y traer un brillante arco-iris a sus días mas siniestros y tristes. Amaba como él la resguardaba del frio y le decía cosas dulces en el oído mientras se sentaban en el césped verde y húmedo del parque cerca de la casa de él. Amaba sus caricias, sus besos. Ella amaba a Naruto.
Sin embargo…
También admitía que existían demasiadas cosas de su sensei que la hacían estremecer y sonrojar. Sus ojos negros y profundos que la contemplaban con tanto cariño, su cabello negro azabache que lucia suave y sedoso y que adoraría poder tocar, le atraía aquel porte misterioso e imponente que lo hacia lucir como figura de mando. Amaba la manera en cómo la hacia sentir especial con unas pocas palabras, como halagaba sus talentos y la motivaba. Amaba aquellos roces accidentales que solían suceder entre ambos. Amaba esa condenada sonrisita torcida suya que le ponía a temblar. Amaba la sensación de estar entre sus brazos y sentirse tan bien y cálida. Amaba aquellas conversaciones, o bueno, monólogos durante la tarde mientras juntos observaban la lluvia caer, amaba el sonido de su voz, sus sarcásticos y burlones comentarios, su extraña personalidad y además esa manera en que la beso, con ternura, con cariño.
¿A ella le gustaba Sasuke?
Espero que les haya gustado y aceptare cualquier cosa que deseen decirme.
Cuidense
¿Merece un review?
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