Hola! NO ME MATEN! por favor, ruego clemencia, sé que no tengo perdon, que soy mala autora. Pero es que en este caso, mi problema no fue la falta de ideas, sino que tenia demasiadas ideas y no sabia como organizarlas. Escribir el inicio de este capitulo fue todo un lio, pero lo demas fluyo gracias a Dios. Consegui que fuera bastante largo tambien. Saben? estaba pensando publicar una serie de drabbles de la pareja, comenzando en la academia y eso, les gusta la idea? si les gusta haganme saber
Les agradezco muchismo a quienes dejaron review, a quienes pusieron en favoritos y alertas, y en fin, a todos los que tomaron algo de tiempo para leer mi historia.
Se acerca el climax de la historia...
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.
Pensar en ese día traía una suave sensación a su corazón, una dulce.
De repente mientras agarraba su teléfono en la urgente necesidad de hablar con alguien. Una extraña pregunta azoto su mente.
¿A ella le gustaba Sasuke?
Capitulo X
Sentimientos
¿A ella le gustaba Sasuke?
Sintió su corazón acelerarse y lanzarse a la carrera cuando se preguntó aquello. El recuerdo de sus profundos ojos negros envió estremecimiento por sus fibras nerviosas. Eso... no era posible. Ella quería a Naruto, amaba a Naruto. Pero cada vez que se acodaba de aquel dulce beso que su sensei le dio sentía aquel intenso cosquilleo en sus finos labios. Dejo escapar un pesado suspiro mientras se levantaba de la cama para buscar su teléfono, el cual se encontraba en su escritorio. Necesitaba salir y despejar su mente. Y con una sonrisa llena de felicidad, pensó que tal vez salir con Kiba y Sakura al parque un rato le distraería de sus pensamientos acerca de cabello y ojos negros y una linda sonrisa y ojos azules acompañados por un salvaje cabello rubio.
Observo las rosas rosadas y blancas que Naruto le había regalado por su aniversario de dos meses y dio un largo suspiro. Aquella tarde habían reservado un restaurante y él se había aparecido vestido con unos jeans negros y una pesada chaqueta naranja que llevaba por debajo una camisa blanca sin logos, recordaba lo nervioso que se veía mientras la saludaba y le extendía las flores para luego estrechar sus brazos alrededor de ella y darle un apasionado pero tierno beso en los labios. Era extraño pensar que hace tan corto tiempo se sentía tan segura de sus sentimientos por Naruto, y que aquella tarde mientras observaba el cielo azulado se sintiera tan confundida gracias al beso de su sensei. Simplemente mientras buscaba su ropa para ir al parque, no podía sacar a su sensei de su mente. Ni siquiera mientras hablaba con Sakura y Kiba y se subía a las atracciones podía olvidarlo.
¿Realmente era así?
Había pasado una lenta y tortuosa semana desde que probé por última vez sus labios de miel, desde la última vez que probé aquel delicioso elixir y sentí su suave y tersa piel bajo mis manos callosas y duras. Cada vez que la veía en clases intentaba evadir sus hermosos ojos luna, ellos tan sólo me perseguían, me hacían sentiré aun muy culpable de mi estúpida e impulsiva acción, de sentir aquellos sentimientos prohibidos. Solía observarla, no obstante, desde alguna ventana de la cual me asomaba al patio cubierto de césped y flores y la buscaba con la mirada, siempre la encontraba bajo aquel árbol de cerezos; a veces sola, leyendo tranquilamente un libro mientras unos auriculares se encontraban en sus oídos, otras veces, la encontraba acompañada de Naruto o de algún amigo, no obstante casi siempre que estaba con el rubio, la notaba realmente distante, feliz, pero distante y casi siempre, en aquellas ocasiones volteaba a verme y me sonreía, con esa sonrisa suya que había aprendido a querer, pese a que nunca se lo diría.
Verla así, a la distancia me hacía querer acercarme a ella más que nunca. Sin embargo, aunque mi piel quemaba por tocarla una vez más simplemente me quedaba allí, viéndola fijamente, mientras el deseo me mataba por dentro. Tan sólo hablarle, tan sólo estar con ella, pero... no podía. Y aquello continúo así por dos días más, hasta que un día ella se quedó de última en el salón acomodando algunas de sus cosas. Cuando se paró, se tropezó con la barandilla de acero del pupitre. Yo no pude evitar reírme mientras la observaba y como era usual, ella frunció profundamente el ceño y me saco la lengua y yo me seguí riendo.
-¡Usted es un tonto! -Ella me dijo haciendo un puchero
—Una señorita como tu debería cuidar su vocabulario. —Le conteste burlonamente mientras acortaba la distancia que nos separaba.
Ella frunció aún más profundamente el ceño, estaba apenas a unos pasos de mí. Y de repente, cuando intento levantarse cayó estrepitosamente al suelo, dejando escapar un tétrico quejido de dolor que me perforo los tímpanos.
—Tan torpe como siempre. —Ella se sonrojo, su cara adquiriendo un tono de carmín brillante y no pude evitar soltar una sonrisa ante eso.
Aquel era una especie de dejavú. Ella se abrazó a mi cuello y yo la cargue en mi espalda, sus pequeñas manos blancas temblando mientras se aferraba al material de mi camisa su perfume como de rosas se colaba en mis pulmones, llenándome de una dulce sensación. Sentía como su respiración cálida y acompasada acariciaba mi cuello y mi corazón comenzó a golpear con fuerza mi pecho, lanzándose a la carrera. Al ver hacia atrás note que ella tenía sus ojos luna cerrada y sus mejillas de porcelana sonrojadas. Suspire, mientras pensaba en cuan semejante era aquello a lo que había pasado el primer día y los diferentes que eran mis sentimientos. Mientras caminaba a través del patio por sobre la hierba, me di cuenta de que estaba alegando el normalmente corto viaje, tomando la ruta larga después de bajar las escaleras para poder prolongar la sensación de tenerla en mis brazos, de sentir su respiración y los latidos de su corazón. La enfermería se encontraba a tan sólo unos pasos, pese a lo mucho que había intentado prolongar el momento, sólo había conseguido unos simples minutos de más, un poco más de alegría en mi corazón y el deseo de parar el tiempo.
Cuando llegamos a la enfermería la deje lentamente en la camilla y Shizune corrió desde la computadora y reviso de manera rápida su tobillo, lo movió un poco y al oír el quejido de dolor y ver como se comenzaba a hinchar hizo una mala mueca. Shizune me dijo que podía irme y mientras me despedía de ella y subía as escaleras, no pude evitar pensar de vuelta en aquel primer día de clases, esa chiquilla inocente que conocí y que me dejo perplejo, y que en ese instantes pululaba en mi mente, su dulce fragancia, su aroma y el deseo tan inmenso de tocarla y sentirla. Era extraño pensar en ella, y en la manera en que la vi durante ese primer día, como simplemente una estudiante más a la que vería muy ocasionalmente, tal vez lo único especial que note entonces fueron su gran torpeza y sus grandes ojos luna cubiertos de una gran inocencia.
Aquella tarde salíamos de vacaciones y nuevamente pasaría un doloroso tiempo sin verla. Era sorprendente como la extrañaba tan terriblemente mientras estaba en mi viejo y desordenado apartamento, cómo era tan fácil que mis pensamientos viajaran hacia ella. Cómo ella estaría, y qué haría eran preguntas frecuentes y otras que solía preguntarme muy poco era si ella alguna vez pensaba en mí, o si estaba en algún parque o en un cine, con Naruto, o si simplemente estaba haciendo tarea y muy ocupada. Me preguntaba también, muchas veces, si me extrañaba, si suspiraba cada vez que se encontraba sola en el espacioso salón, si veía por la ventana y seguía observando el hermoso jardín y pintando. Si... alguna vez, había dirigido la mirada al cielo y había pensado en mí, si por equivocación al ver una persona pasar había visto mi rostro sin querer. Si se sonrojaba cuando me recordaba, si aún recordaba las rosas rosadas y moradas que le deje y si aún abrazaba la carta contra su pecho y sentía nostalgia por aquellas tardes en que simplemente mientras le enseñaba y hablábamos se desarrollaba algo entre nosotros. Me preguntaba si ella me extrañaría tanto como yo la extrañaba y si se acordaría de nuestro beso y las mariposas revolotearían en su pecho o por si el contrario, el asco rotundo era lo que venía a su mente.
Mientras me dirigía a mi departamento y entraba en él deje que mi mente se perdiera en su dulce imagen una vez más. El agua caliente de la ducha recorría mi cuerpo y relajaba mis músculos, aquella tarde iría a Tokio, ya que mi hermano quería que lo acompañara a su exposición de arte, esta también era una subasta. Recordaba que mucho antes de que todo el fiasco del accidente ocurriera, mi hermano se alejó de los negocios dela familia y se inscribió en una escuela de arte; esto enfureció a mi padre, quien le quito todo tipo de privilegios y se negó a financiar aquel teatro. Él siempre había amado pintar y debía admitir que se le daba aceptable. Años más tarde cuando su carrera floreció y fue notado por alguien reconocido mi hermano pudo sacarle provecho a lo que amaba y sacar una buena cantidad de dinero por ello. Las diferencias entre mi padre y mi hermano se suavizaron poco después de eso y esa fue una de las más grandes alegrías que tuvo mi madre antes de quedar en coma.
Nuestro infortunio vino aquel día del accidente, mi padre quedo muy mal y aunque pudo llegar a la clínica, duro apenas unos pocos días antes de morir por la gravedad de sus heridas, mi madre fue un caso cruel, ya que llegamos a pensar que despertaría y aun no perdíamos la esperanza, pese a que habían pasado cinco años desde que entró en coma; por eso ella se encontraba en aquella cama con ese aparato que media sus palpitaciones. Mi herma y yo habíamos quedado más o menos intactos y aun pensar en que yo había quedado ileso mientras mis dos padres morían aun me traía una inmensa culpa. Me dedique a una carrera poco notoria, la enseñanza, ya que con los gastos del accidente y la poca atención prestada a la compañía esta se vino abajo. Y afortuna mente, pude escapar de la prensa y el tumulto de rumores, refugiándome en ese pequeño pueblo.
Me dedique a revisar la siguiente hora si todo en la casa estaba en orden, y fijándome si mi maleta estaba bien hecha.
.
El tren llego rápido a su destino, la gran ciudad de Tokio. Mi hermano me esperaba, sentado junto con un amigo raro suyo que tenía cabello azul y su novia, Mitsuki, de cabello negro y ojos marrones bastante opacos y grandes, ella era bajita y se podía decir que bastante aniñada.
—Me sorprende que hayas venido, ototou.
—Me llamaste, ¿no?
—Sí, pensé que ya que tenías tiempo libre, querrías venir acá y relajarte un poco. —Mi hermano contesto, encogiéndose de hombros— Además, no te quejes, esta ciudad tiene bastantes lugares a los que puedes ir.
—Ya estuve aquí.
—Hay un teatro nuevo donde van a presentar Don Juan Tenorio, pensaba que podías acompañarnos. Presentan la obra unos días después de la exposición y tal vez sea divertido, adema podemos ir a un restaurante que conozco en un centro comercial cerca de aquí. No será tan malo, Sasuke-kun. Por otro lado, así tal vez pasen más tiempo juntos, con eso de que viven en ciudades separadas. —Intervino Misuri, dirigiéndose hacia mí, sonriendo educadamente y sin soltar el brazo de mi hermano, sus grandes ojos marrones viéndome fijamente.
Me instale en el Hotel que mi hermano había tenido la delicadeza para reservar. La verdad agradecía estar lejos de aquella pequeña ciudad donde seria fácil encontrarla, donde seria fácil fijarme en sus calles y recordarla. Era patético pensar en lo mucho que la extrañaba.
Aquella noche dormí incomodo en la cama extraña del hotel, no sólo por dormir en un lugar que desconocía y en una cama que no era la mía, sino porque durante toda la noche continuaba pensando en ella; viéndola en mi mente, mientras decía mi nombre, una y otra vez. Dejaba caer al piso su vestido blanco, y yo depositaba besos por todo su cuerpo, besaba sus labios y saboreaba su piel cremosa, embriagándome con su aroma de rosas y volviéndome loco por el sonido de sus gemidos llenos de placer. La pasión me quemaba por dentro y de repente aquel estúpido nombre salía de sus labios; Naruto mencionado como un dulce susurro, anhelante y deseoso, colmado de amor y cariño que rezaba el nombre de Naruto, de el poseedor de ojos azules y cabello rubio alborotado y fue entonces cuando me desperté, sintiéndome furibundo y necesitando del aire fresco que mi cuerpo y mi mente tanto anhelaban me asome a la ventana, encontrándome con los edificios y rascacielos que invadían el horizonte como plagas y bastantes puntos de luz amarilla y blanca regados por todo el horizonte.
La verdad, era mejor si me tranquilizaba. Ella estaba con el rubio, lo amaba, y a mí simplemente me quería como un amigo. Punto.
La realidad era esa. Ella no me quería de la forma en que yo la quería y que mis sentimientos fueran tan unilaterales era tan doloroso como humillante. Sentirme triste dolido por una mujer, no, una muchacha era algo que estaba fuera de mi comprensión. Era un terreno extraño, la verdad, normalmente era yo quien solía rechazar a las mujeres que proclamaban su amor por mí y anhelaban poder estar conmigo, sin embargo, en aquel momento mientras observaba la ciudad desde la ventana del hotel, entendía lo doloroso y realmente frustrante que era.
La exposición-subasta había comenzado hacia poco y yo me encontraba apartado del gran grupo de personas que se aglomeraban alrededor de mi hermano y sus cuadros. Siempre supe que mi hermano tenia talento, pero al ver sus pinturas me di cuenta de que estas eran hermosas, que parecían querer salirse del lienzo y atraparte con sus bellos y brillantes colores. Sin embargo, después de una hora de estar caminando comenzaba a aburrirme de no tener nada para hacer. Caminaba sin prestar demasiada atención a donde iba y fue entonces que choque con alguien. Su figura era delgada y refinada, envuelta en un largo vestido verde claro y con su cabello de un tono negro azulado cuidadosamente arreglado en un moño que era sujetado por un gancho en forma de rosa rosada con unas pequeñas flores blancas artificiales. La extraña me parecía familiar. Rodé los ojos mientras la observaba recoger su bolso y fue entonces que note sus profundos ojos luna.
— ¿Hinata? —Ella levanto la mirada y mostrándose ante mí en todo su esplendor.
Mi boca cayó ligeramente al verla, estaba hermosa y no pude evitar pensarlo mientras mi mirada la recorrió de arriba a abajo. Su vestido enmarcaba cada curva tan perfectamente y hacia resaltar sus atributos de manera notable ante mis ojos, demonios, aquel escote incitante que dejaba ver algo de la blanca piel de sus pechos atrapo mi atención e hizo mi corazón latir rápidamente. Su rostro estaba ligeramente adornado de maquillaje muy ligero, simplemente algo de rubor y sus labios pintados de un suave tono de rojo carmín, sus pestañas también se veían más largas. Pude sentir mis mejillas calentarse, y tuve que recordarme muy insistentemente que era una niña, que tenía apenas dieciséis años y que estar con ella era sólo posible en mis sueños. Sin embargo, era difícil pensarlo mientras la veía.
—Sasuke-sen-sensei —Su voz me quito toda duda.
— ¿Qué haces aquí? —Cuestione.
—Mi padre vi-vino aquí a com-comprar algunas pinturas, ne-necesita decorar una... ala de la mansión. ¿Y usted?
—Mi hermano es el artista.
Comenzamos a hablar, caminando el uno junto al otro, ella usualmente se detenía a admirar los cuadros que mi hermano había pintado. Estos eran usualmente paisajes de países europeos, y usualmente en matices verdosos, anaranjados, rosáceos, amarillentos, violáceos, rojizos y azulados que parecían envolventes y que captaban la vista apenas sin esfuerzo, mi hermano pintaba maravillosamente y ver su exposición era realmente fantástico. Algunas esculturas también se veían esparcidas por el elegante salón, pese a que estas no estaban para ser subastadas. Mis ojos cayeron en ella, que sonreía y no desviaba su atención un momento de la exposición, su padre había comprado ya algunas piezas y tan sólo escuchar cuánto dinero estaba dispuesto a pagar me hacía pensar en lo muy miserable que era mi salario.
Por un momento la perdí de vista, ya que me distraje, sin embargo la encontré afuera, inclinada sobre algo que no podía ver muy bien. La luna menguante estaba en lo alto del cielo azul oscuro, rodeada por unas pocas estrellas que podían rebasar el brillo de las luces artificiales de la metrópolis. El pasto verde estaba húmedo y hacia mis pasos audibles, aunque ella no se dio cuenta de ello y tan sólo siguió observando lo que fuese que estaba viendo. Cuando por fin estuve a punto de tocarla y de sentir su piel cálida contra la mía fue que note que ella estaba inclinada sobre un rosal cubierto de rosas rosadas, inhalando su aroma profundamente. Tal vez era el vino que había tomado no hace mucho, pero extendí mi mano para arrancar la flor; siendo cuidadoso de no tocar las espinas y se la di, sintiéndome contento cuando ella me ofreció una cálida sonrisa y acepto el regalo, mientras sus mejillas de porcelana adquirían un tono carmín. Ella estaba cerca y mirarla allí bajo la luz de las estrellas era casi doloroso, sabía que ella sólo pensaba en unos ojos azules y un cabello rubio alborotado, además de una sonrisa de idiota que a mí, en particular, me encrespaba los nervios.
—Sasuke-sen-sensei. —Fruncí el ceño
.
—No estamos en el instituto, así que no me llames de esa manera, ni me trates de usted.
Había llegado a odiar esa palabra. Sensei. Era un doloroso recordatorio de cuan limitado podía ser, de cuan prohibidos eran mis sentimientos por ella y sinceramente escucharla diciendo aquello sonaba cada vez más y más amargo.
—Claro Sasuke-sen... Quiero decir, Sasuke-kun.
Durante horas, ella fue mi única compañía. Y la verdad mientras la abrazaba una vez más, no podía evitar sentirme contento. Feliz, casi.
Me aproveche del permiso que Hiashi me dio una vez que me ofrecí a enseñarle la ciudad a su hija. Tome su delicada y frágil mano con la mía, sintiendo como confortable las chispas que corrían entre nosotros. La noche recién comenzaba y yo no tenía deseos de que se acabara, mientras conducía por las calles de Tokio y le mostraba algunos sitios, entre los cuales estaba uno de los restaurantes que yo solía frecuentar con mi familia, este no era muy lujoso la verdad. Era un restaurante bastante simple, rodeado por algunos árboles y flores y cuya decoración era sobria; paredes de color arena y piso de cerámica, cortinas rojizas a cada lado de la ventana y algunas pinturas desperdigadas por algunas de las paredes. Además, aquel no era un lugar muy caro y llevarla tenia cierto significado para mí, ya que le tenía cariño y le tenía cariño aquel lugar que guardaba muchos buenos y dulces recuerdos de cuando mi familia aún estaba en una sola pieza y nuestra vida era brillante y cálida. Verla ahí, con aquel vestido elegante y esos ojos luna en los que podría perderme todo el tiempo que deseara, pozos profundos llenos de dulzura e inocencia, los cuales miraba mientras me permitía fantasear sobre aquel sentimiento prohibido y extraño y que tal vez este florecería.
Fantasías tan reales como el hecho de que mi madre tal vez despertaría. Una mentira que me gustaba pensar, que me gustaría creer y que nunca seria realidad. No después de tanto tiempo, no después de siete largos años. Y mi amor por Hinata no era más posible que eso, y aun así, quería seguir intentado, soñando y fantaseando con conquistar su joven corazón, aunque ella de seguro se llenaría de asco con mis pensamientos.
—Este lugar es pre-precioso.
—Qué bueno que te guste. —Comente secamente, sin mirarla mientras bebía agua fría.
— ¿Sa-suke-kun, por qué me trajiste a-aquí? —Inquirió con sus ojos luna fijos en la rosa rosada que yo le había regalado y que aun sostenía en sus manos.
—Pensé que te gustaría comer, después de todo, son las ocho. —Conteste, encogiéndome de hombros.
—No me... no me re-refería a eso.
— ¿Hmm?
— ¿Me refería a por qué me hablo, por qué esta aquí conmigo? Ulti-ultimamente ha sido tan seco.
No le conteste y ella pareció olvidarlo rápidamente en cuanto la comida llego, ella comió con una sonrisa dulce en su rostro, el cual yo contemple durante aquella hora que permanecimos sentados el uno en frente del otro, ella usualmente me hablaba de su padre, algunas veces, su mirada fija en el suelo y sus ojos llorosos. Otras, ella sonreía mientras contaba algunas cosas buenas, como que su padre le gustaba como tocaba el piano, también su rostro se iluminaba cuando hablaba de las escasas veces en que su padre la felicitaba por sus notas y también me hablo de aquella vez que su padre asistió a una obra teatral que ella presento a la escuela y como al final se paró entre la multitud y aplaudió. En cuanto salimos de allí la lleve a dar una vuelta por la ciudad. El cielo encima de nosotros, cubiertos de estrellas. Yo señalaba algunos edificios, teatros, plazas, bazares, tiendas e incluso un par de panaderías que yo solía frecuentar con mis padres. Ella me escuchaba con interés, y contemplaba la ciudad con ojos llenos de brillo y alegría, algunas veces pillaba su mirada escurridiza, y los súbitos sonrojos que poblaban sus mejillas después de que apartaba la mirada y no podía evitar sonreír.
Al final, terminamos en una pequeña playa en el este de la ciudad. La brisa era tranquila y fría, y unas cuantas olas tocaban la costa ligeramente, rasgando la dorada arena que lucía platinada por el brillo de la luna que se mostraba orgullosamente en el horizonte y se reflejaba en el agua. Ella salió tranquilamente y piso la arena y yo la seguí, su cabello balanceándose ligeramente con la brisa. Ella se veía hermosa, con su silueta sutilmente enmarcada por el vestido y ligeramente iluminada por la luz de la luna. Jamás le diría nada, por supuesto. Ya bastante había jugado al psicoterapeuta cuando me pregunto si era bonita. Cruce los brazos y me pare junto a ella, tan sólo observando el mar y dejando que el silencio nos acompañara. Era un silencio agradable, casi cómodo y cuando nuestras miradas se encontraron pude observarla sonreír.
Ella se me adelanto y se quitó los zapatos sumergiendo apenas los dedos de sus pies en el agua de mar que los acariciaba, ella se rio ligeramente y yo pensé en lo muy estúpida que tal vez pudiera parecerle su idea en unos cuantos minutos, y sin embargo, podía ver los pequeños escalofríos y temblores que recorrían su cuerpo compulsivamente a causa del frio. Yo me acerque a ella por detrás y la estreche entre mis brazos, aquella sensación de calidez invadió mi pecho, la piel de mis brazos se sentía como si quemara, su esencia de rosas rosadas embriagándome y encantando todos mis sentidos, podía sentir como ella se acunaba perfectamente en mis brazos, alegre de que yo le ofreciera calor, ella se sentía tan pequeña y frágil entre mis brazos, como una pequeña muñeca de porcelana que podría romperse tan fácilmente. Mi corazón se aceleró ligeramente y sentí como un escalofrió recorrió mis terminaciones nerviosas. Podía quedarme con ella entre mis brazos toda una eternidad y nunca cansarme, la sensación era tan relajante.
La observe mientras conducía, ella estaba casi dormida en el asiento trasero del auto y cuando pare en el hotel hice una ligera pausa, simplemente para observarla, instante que me parecieron eternos hasta que sacudí sus hombros ligeramente.
—Hey, Hinata, despierta.
Ella abrió sus ojos y me observo.
Abrió la puerta y se dirigió a la puerta del hotel.
—Hasta luego. —Dije y bese su mejilla.
Ella se sonrojo y entro. Yo simplemente me quede mirando aquella puerta unos segundos antes de suspirar y entrar en el auto.
Hinata observo la ventana fijamente; aquel era el departamento de su sensei, o por lo menos eso figuraba en el expediente que estaba en la oficina de su padre. La brisa movió su cabello ligeramente y en seguida las dudas asaltaron su mente. Las lágrimas aún estaban frescas en sus mejillas...
La hora de química recién comenzaba y como siempre se sentó junto a Naruto, él conversaba alegremente con ella mientras completaban un experimento, se sentía contenta de poder compartir algo de tiempo con Naruto, después de toda la confusión que había sentido y que seguía sintiendo cada vez que veía a Sasuke, verlo significaba un alivio, significaba un rato de alegría y entretenimiento, de diversión.
Fue en un momento, cuando Naruto agarro un componente y lo hecho a la formula sin el cuidado apropiado. La pequeña explosión que le siguió la aturdió por unos momentos y cuando abrió los ojos y el humo se dispersó, encontró los ojos azules de su novio viéndola con preocupación mientras sonreía nerviosamente. Entonces noto algo en su cabello rubio y alborotado, una pequeña llama anaranjada y roja danzaba sobre su cabello y amenazaba con quemarlo.
— ¿Estas bien, Hiña-chan?—El de cabello rubio pregunto.
—Sí, pero... Naruto-kun.
—Que bien. Es un alivio, no podía imaginar que algo te pasara por mi culpa.
—Naruto-kun, etto... tienes fuego en el pelo
— ¿Eh? ¡Ah! ¡Me quemo!
.
Al final, consiguieron un extinguidor y el fuego fue apagado sin muchos daños excepto algo de pelo quemado. Dado el incidente el resto de la hora quedo libre y los estudiantes se encontraban rápidamente en el patio, o la azotea. Naruto y ella estaban en la azotea, tomándose de las manos y contemplando el patio lleno de
Ambos sonrieron mientras se dejaban caer en una de las bancas de madera que habían sido instaladas hacía ya unos meses por el club de astrología y Hinata suspiro mientras sentía como la magia de cada cosa que hacía con Naruto parecía desvanecerse y escaparse entre sus níveos dedos delgados. Aquellos pozos azules tan profundos y radiantes ya no lucían tan atrayentes y en su lugar se encontraba pensando en unos orbes azabaches que enviaban escalofríos por su espina, la piel canela de Naruto se veía rivalizada por una piel blanca y pálida y un cabello negro, liso y sedoso sustituía sus brillantes cabellos de oro. Y sin embargo, quería a Naruto y todo lo que menos quería era verlo triste, tan sólo pensar en ver esos chispeantes ojos azules llenos de sufrimiento por ella, la llenaba de gran culpa y angustia.
Las hojas de los arboles eran llevadas por el viento, lejos, muy lejos. Y su corazón parecía irse con ellas, lejos del amor que añoro por más de cuatro años y que ahora que lo tenía en sus brazos, parecía no ser suficiente. Naruto era todo lo que había soñado; amable, noble, caballeroso y detallista, un poco despistado y torpe con las palabras pero... lo amaba. ¿No era así? Si lo amaba, ¿Entonces, por qué, por qué aquel maldito sentimiento de vacío que sentía cada vez que observaba esos ojos azules? ¿Por qué no sentía aquellos abrazos tan cálidos y reconfortantes, tan tiernos como antes? ¿Por qué se sentía tan extraña cuando la besaba? Sí lo amaba; se convencía de eso, se lo repetía un montón de veces mientras estaba con él y aun así, por alguna razón eso sonaba a mentira.
Incluso aquella tarde cuando recibió un ramo de claveles morados y girasoles por su aniversario y ella misma le entrego un collar y una pulsera, se sintió tan seca y fría. Aun halagada y enternecida por sus regalos, pero faltaba algo y no podía determinarlo. Faltaba aquella chispa, aquel toque en sus besos llenos de dulzura que antes la derretían por completo y que por alguna razón estaba ausente, aquella sensación de no querer que pasara el tiempo y esa sensación de que no había otro lugar en el que quisiera estar sino con él que por alguna razón se desvanecieron en el aire. Se sentía tan confundida, y lo peor es que no podía hablar con nadie de su problema sin meter a su sensei en problemas, pero deseaba tan intensamente simplemente sentarse y hablar con alguien que le ayudara. Trataba de convencerse de que era temporal, de que simplemente tenía un pequeño flechazo y que luego de eso, se sentiría como antes. Amaría a su torpe futbolista y aquellos sentimientos de cariño hacia su sensei serían olvidados. Pero el tiempo pasaba y su paciencia comenzaba a agotarse, como la arena de un reloj. Sus sentimientos en vez de desaparecer se incrementaban y eso la preocupaba, ya que sus sentimientos por Naruto parecían desaparecer en un abismo.
Y entonces, cuando estuvo con él en Tokio, cuando sintió sus brazos alrededor de ella, quemando su piel tiernamente, reconfortantes y cálidos. Sentir como aquellos ojos la atravesaban y oh, aquellas mariposas en su estómago. Fue algo que le abrió los ojos y por eso estaba allí a un paso de tocar la puerta, tan cerca y tan lejos de alcanzar todas las respuestas que necesitaba. El miedo comenzó invadirla, pero lo echo a un lado mientras tocaba con suavidad la puerta. Escucho sus pasos y su corazón se lanzó en una desesperada carrera y en cuanto vio su rostro no pudo más y se lanzó a sus brazos, plantando un tierno beso en sus labios.
Ignorando el pequeño flash de una cámara telefónica que apuntaba en su dirección...
Intriga, Intriga. Que pasara? Solo yo lo sé! Como dije, se acercar el climax de la historia. Quisiera saber sus teorias, quien esta detras de la camara? Como reaccionara Sasuke?
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