Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. Aqui hay un nuevo capitulo de esta historia, el cual por cierto me tomo un buen tiempo. Lo siento, de verdad lo lamento. Para este capitulo hizo falta mucha inspiracion y me tomo mucho tiempo plasmarlo como deseaba. Agradezco a quienes me dejan reviews, Gracias, gracias, gracias!
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.
Capitulo XI
Amor. Juegos sucios.
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Cerró sus ojos, disfrutando de aquellas sensaciones placenteras que recorrían sus terminaciones nerviosas, sus labios era delicioso. Sus labios se movían suavemente sobre los de su sensei, sin experiencia y con timidez movió sus brazos hasta que estos rodearon su cuello y se dedicó a acariciar las hebras negras de su sensei con sus torpes dedos. Las mariposas revoloteaban locamente en su estómago mientras la calidez invadía su pecho. Sintió que Sasuke correspondía, suave, tiernamente mientras la estrechaba entre sus brazos y acariciaba su sedoso cabello con sus dedos. Era extraño, cuanta ternura y cuantos sentimientos se podían demostrar en un contacto tan simple, pero a la vez tan significativo como lo es un beso, casi era como un nexo entre ambos. Para ellos, el mundo que podría juzgarlos y condenarlos no existía ya. Sólo eran ella y él, en aquel momento creado sólo para los dos mientras el cariño que ambos sentían flotaba entre ellos. Ambos se separaron de manera reluctante, sin desear para nada romper con el contacto y se miraron a los ojos.
Ya no le quedaba ninguna duda de lo que sentía. Aquellas sensaciones tan exquisitas hacían palidecer las que sintió cuando Naruto la beso por primera vez en la estación del tren, hacia lo que parecía una eternidad. Eran más fuertes, más intensas, más... placenteras. Y mientras recordaba el tiempo que paso junto su sensei le pareció tonto no haberlo notado antes; no haber notado aquella sensación que quemaba su piel con dulzura cada vez que él la tocaba, no notar que su tristeza cuando él dejo de visitarla a diario y el sentimiento de traición que sintió cuando se largó sin dar la cara y tan sólo dejando las rosas moradas y rosadas y la carta no eran normales. Tampoco haber notado cuanto apreciaba cada tarde que pasaba con el espacioso salón o sus ocasionales cumplidos acerca de habilidades que ella consideraba inexistentes, cómo se le aceleraba el corazón cuando lo veía o cómo pareciera esperar cada día para verlo. Cómo no había notado lo mucho que le gustaban sus ojos, o su cabello o cuanto deseaba acariciar sus musculosos brazos y pecho. Fueron tantas señales y aun así, ella se las había arreglado para ignorar todas y cada una de ellas, concentrada tan sólo en el cariño que sintió por el rubio de ojos azul zafiro.
Él alzo una mano, tocando ligeramente su mejilla con la yema de sus dedos y disfrutando lo suave que su piel era bajo su contacto. Era real, no era algún extraño sueño como los que solía tener; los sueños no eran tan vividos, tan nítidos. No podía olerla, o sentirla en sus sueños y estaba seguro, al ver su rostro de porcelana justo en frente del suyo, que sus sueños tampoco le hacían justicia a su belleza. La brisa movió el cabello de ambos, quienes se separaron, apenas dándose cuenta de que seguían abrazados, Sasuke tenía una expresión dudosa mientras observaba a la adolescente, pronta a ser mujer, que se encontraba frente a él. Aunque contento, se sentía también muy desconcertado.
El ambiente de la cafetería olía a comida deliciosa y bebidas calientes, en una esquina se hallaba un árbol de navidad decorado y un pesebre ambos ornamentados por los estudiantes. El ruido de las voces entremezclándose hacia difícil escuchar sin embargo, escuche claramente cuando Naruto, con sus ojos centelleantes y felices y su cabello rubio meciéndose con el viento se acercó sosteniendo una bandeja en brazos, tal vez en parte porque grito.
— ¡Oe, Hinata!
— ¡Na-Naruto-kun! —Susurró sorprendida, observando al rubio acercarse hacia donde estaba.
Sus labios se movieron, pero no pude identificar lo que dijo. Lo siguiente que vi fue a Hinata sonriendo suavemente y la emoción brillando en sus orbes.
Y Hinata sonrió con dulzura mientras se dirigían a una mesa.
Mis ojos negros captaron cada escena, cada simple gesto que se dedicaban y aquella sonrisa; sentí mi sangre hervir y fruncí el ceño, no queriendo presenciar aquel espectáculo amargo porque sentía que en cualquier instante presa de mis impulsos, terminaría por atacar al rubio. No lo entendía, ¿Por qué me molestaba tanto que ella fuera amiga... o lo que fuese del rubio? A mí no debería importarme, se dijo simplemente. Pero, aunque lo intentaba, no podía parar de observar como ella reía, como sus delicadas mejillas de porcelana se sonrojaban, como sus ojos luna brillaban de emoción para ese dobe y entonces simplemente preferí no seguir viendo, creía insoportable la ira que sentía por dentro, la sentía hervir, corriendo por mis venas y rogando a gritos el deseo impulsivo de...
¿Pero, en qué estaba pensando?
No tenía derecho, ella era mi alumna y yo no debería sentir nada por ella. Y sin embargo, allí estaba, comiendo lentamente, con ira mientras observaba la escena frente a mis ojos y trataba de no despedazar el vaso de chocolate caliente que sostenía entre mis dedos y de controlar mis impulsos. Patético. Sencillamente patético.
No era momento de malos recuerdos.
—Hinata. —Él susurro, tan bajo que fue casi inaudible. Aquello mando escalofríos por su espina.
—Sasuke-kun. —Ella contesto, perdiéndose en sus hermosos ojos. — Yo... no, espero que me disculpe pero yo...
—Dime. —Sasuke exigió, tomando su muñeca y cerrando cualquier tipo de escape. Se sentía... esperanzado mientras observaba los ojos de la niña que había robado su corazón y que evitaba su mirada.
—Sa-Sasuke-kun yo... te quiero. —Ella tartamudeo, su voz temblorosa y aprensiva.
Podía ver que estaba cansada, posiblemente se desveló estudiando para un examen de alguna materia, o haciendo un trabajo. Ella tenía la mala costumbre de dejar las cosas para último momento, y eso le pasaba factura. Chiquilla descuidada. Algún tiempo de plática surgió entre nosotros y pronto ella se quedó dormida sin quererlo sobre el mullido sofá, acomodada de lado. Se veía muy relajada y la imagen me embeleso. Se veía tan pacifica, con su rostro apacible, su respiración acompasada, y una placida sonrisa reposando en su rostro de porcelana. Sus ojos luna estaban cerrados pero aun así, era tan hermoso escucharla respirar mientras ella estaba perdida en aquel dulce mundo de sueños, sentía la caricia de su aliento sobre mi piel, mandando placenteros escalofríos por mi espina. Quería evitarlo pero no podía. Tan cerca, a tan sólo pocos milímetros de mi rostro y aun así, sentimentalmente, tan lejos de mí, a tantos kilómetros. Y no podía contener el deseo de querer besar sus labios rosáceos entreabiertos.
Afuera, la brisa soplaba sin piedad arrancando las hojas verdes y sanas de los árboles, el pasto verde claro se movía suavemente, mientras el aroma del rosal cubierto de flores rosadas y el de algunos jazmines que estaba justo bajo nuestra ventana entraba y se colaba por mis fosas nasales. El cielo estaba coloreado de sutiles tonos de naranja, amarillo y rojo. El suave ruido del lago resonaba como lo único que se escuchaba, en conjunto con el solitario canto de los pájaros que se refugiaban para la noche. Mientras observaba su rostro ligeramente iluminado, pase mis manos de manera gentil por sus brazos y las deje en sus hombros. La mire por lo que parecieron por minutos en vez de segundos, mientras reunía la resolución y la valentía.
Y de hecho lo hice, posando mis labios sobre los suyos sin dejar a mi mente dudar sobre lo que mi corazón anhelaba; aquel seria mi secreto. Aquella sería una prohibida ocasión en que me permitiría beber el suave néctar de sus labios de miel, el sabor era intoxicante mientras mis labios permanecían estáticos sobre los suyos y mi corazón se aceleraba. Mi cuerpo era azotado por el cumulo de sensaciones, desde el dulce amor que corría por mis venas, mientras me perdía en su fragancia de lavandas frescas, su calidez. Fue un contacto sutil, efímero mientras degustaba sus labios y me sumía en la profunda felicidad que se mezclaba con la tristeza, y la culpa. Además estaba aquel fuego que nacía en mi interior y que ardía fuertemente en mi pecho, pidiendo ser extinguido. Me llevaría un recuerdo. Un beso. Eso era todo lo que me robaría de su inocencia, ese era el recuerdo de ella que me llevaría y no podía silenciar el deseo egoísta de tener más de ella, mientras observaba su rostro iluminado por la luz anaranjada del atardecer.
En ese entonces pensaba que oír esas palabras salir sus rosados labios era imposible y fue por eso que robo aquel casto beso de sus labios. Pero, ahora que la tenía en frente y susurrando lo que creyó posible en sueños, ¿Qué debía hacer? Una parte de él quería simplemente atacar sus labios con el amor que se había acumulado en todo ese tiempo; otra, supuso la más prudente y la poseedora de su poco sentido común, se dedicaba a contemplar las consecuencias. Pero con sólo ver sus perlados ojos suplicantes, todas sus dudas y miedos se disiparon rápidamente; lo veía con tanta adoración, con tanto… cariño. Su corazón se derritió con aquello y de repente, no importaba si ella era su alumna o si estaba prohibido, solo lo que ambos sentían y querían.
Ella bajo la mirada, repentinamente encontrando interesantes sus zapatos deportivos negros. Jugaba nerviosamente con sus dedos. Ella no tenía muy en claro si su sensei la quería de la misma forma o si sus gestos de cariño eran simplemente gestos de amistad. Pero, se preguntó de repente, ¿Cómo podían ser aquellas miradas tan intensas, y aquellos gestos tan delicados y hermosos sólo para una amiga? ¿Cómo podía ser aquel beso sólo una equivocación; un accidente, aquel abrazo en la playa bajo la luz de la luna y esas horas interminables mientras hablaban gestos insignificantes?
Sasuke atrapo su mentón con una de sus manos y se acercó lentamente a su rostro, por un momento, haciéndola pensar que iba a besarla, sus ojos estaban atravesando su cuerpo, casi como si pudieran ver el núcleo de su alma y enviaban escalofríos por su espina. Un estremecimiento recorrió cada fibra nerviosa de su cuerpo mientras su aliento acariciaba con suavidad su oído, aquellas sensaciones eran tan atrapantes, tan intensas. Nunca había sentido algo así, ni siquiera cuando estaba con Naruto, aquellas sensaciones que pensó increíbles y placenteras, palidecían casi volviéndose insignificantes. Se sentía tan bien, tan correcto, tan increíble. Sus labios dejaron un simple toque en los suyos, delicadamente, como el toque de las alas de una mariposa y aquello simplemente la dejo encantada y con ternura bullendo en su interior, no sabía cómo había podido vivir sin aquellas sensaciones y en aquel momento mientras Sasuke la sostenía entre sus brazos todo se sentía simplemente perfecto. La mirada de su sensei lo decía todo y ver aquel amor mudo en sus ojos fue suficiente.
No, estaba segura mientras lo observaba que aquel no era un simple flechazo infantil del que pronto se olvidaría o una gran admiración que confundió por cariño; no, aquello era amor.
No hacían falta palabras, frases viejas y gastadas mientras se veían tan intensamente y aquel sentimiento que estaba prohibido por la sociedad parecía desbordarse en sus ojos: sus miradas expresaban todo aquello que callaban sus labios, toda la ternura y calidez, no hacían falta palabras y gestos cuando sus corazones latían a un mismo ritmo, cantando al aire lo que nunca podría salir de sus labios. Para ellos estaba prohibido amarse, la sociedad condenaba aquellos corazones que nunca habían deseado en realidad encantarse el uno con el otro y con miradas crueles querían mantenerlos separados.
Suspiro mientras tocaba suavemente el cabello de su sensei y noto entonces la pequeña sonrisa en sus labios y ella rió. Sasuke cerró sus ojos disfrutando de la risa de ella, tan inocente, tan pura y a la vez mientras la escuchaba no podía evitar pensar en que tanto duraría. Por mucho que deseara que ella fuera suya no pudiera iniciar una relación con ella; pese a lo mucho que la quisiera las leyes sólo verían a diferencia de edad entre ambos y el hecho de que él era su sensei. Por mucho que deseara ella no podía amarlo, ambos tenían prohibido amarse por las leyes que los ataban. Tal vez sería lo mejor para ambos que la dejara ir, que se olvidara de ella. Pero, los humanos siempre han sido criaturas egoístas y eso era algo de lo que Sasuke Uchiha no escapaba bajo ninguna circunstancia. Él deseaba mantenerla en sus brazos tanto como fuera posible, probar el elixir de sus labios hasta que no tuviera aliento y al saber que ella tenía aquellos sentimientos por él tan sólo volvía aquellos deseos más intensos. Incluso si tenía que privarla de una relación normal, de poder actuar como una pareja en frente del mundo. Tal vez era egoísta, pero dejarla ir para que encontrara el amor y consuelo en otros brazos que no fueran los suyos no era algo que él fuera a dejar que pasara. Podía esperarla, sentir la agonía de la distancia mientras el tiempo pasaba.
Tomo suavemente su mano entre una de las suyas, y beso cada uno de sus nudillos con gentileza antes de dirigirle la mirada. Definitivamente no la dejaría ir. Pero primero tenía que estar seguro de que ella entendía todo lo que estar con él podía significar y si ella estaba dispuesta a aceptarlo. Tomo suavemente su mano y comenzó a trotar suavemente, ignorando las preguntas de hacia donde se iban.
El parque se encontraba bastante vacío y ambos aprovecharon para dejarse caer en húmedo pasto debajo de un árbol de cerezo que recién florecía. El cielo comenzaba a teñirse de tonos rosados y morados debido al crepúsculo y las nubes se movían perezosamente sobre ellos. Ella lo miraba fijamente, los pétalos de las flores de cerezo cayendo sobre su pelo.
—Hinata. ¿Sabes lo que significan tus sentimientos por mí? —Él musito suavemente, sus manos agarrando las suyas con delicadeza mientras sus ojos se clavaban como dagas en los suyos.
—Sí. —Ella susurro con convicción.
—Hinata —Su nombre salió suavemente de sus labios como una caricia…
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Aquellos dos meses habían sido fugaces. Su relación, podría describirse con una sola palabra; inocente. No pasaban de aquellos besos tímidos y tiernos, que aunque apasionados podrían haber pasado por castos, de simples abrazos o simplemente recostarse el uno junto al otro viendo una película o haciendo cualquier cosa; habían llegado incluso a jugar video juegos juntos. Sasuke aun la acusaba de hacer trampa porque le había ganado en Mortal Kombat, de hecho. No era su culpa saber jugar.
Su relación con Naruto había terminado al día siguiente en que se dio cuenta de que amaba a Sasuke. Había terminado sorprendentemente bien, ya que al parecer el rubio también sentía la falta de chispa en su relación.
Hinata se recostó en el pasto junto a Sasuke, ambos se encontraban debajo de aquel árbol de cerezo donde todo comenzó, observando el cielo. Como siempre ella era la que hablaba y él se limitaba a escuchar. Tomo suavemente su mano derecha con una de sus manos y sonrió, aceptando aquel cosquilleo que venía con su contacto. Sus miradas se conectaron una vez más y ella pudo ver la calidez en sus ojos negros; estos no parecían tan vacíos y carentes de brillo como antes, parecían vivos.
Se sentía tan bien estar así con él. No necesitaba demostraciones físicas, caricias o palabras cursis. Con tan sólo estar con él era suficiente. Era mucho más intenso a lo que había sentido mientras estaba con Naruto, a la vez escalofriántemente familiar. No podía decir que no extrañara, o que no le tuviera cariño al atontado niño de ojos azules y cabello rubio, para nada, por siempre conservaría con cariño y amor las memorias de él corriendo al parque con un ramo de camelias rosadas, o cuando la hacía reír en el cine, o las pulseras, peluches, las cenas de Ramen que ambos habían compartido. Simplemente había llegado a la conclusión de que no lo amaba, pero que no por eso debía impedirse convertir su fugaz relación en un buen y muy agradable recuerdo.
— ¿En qué piensas? —Sasuke pregunto, recostado sobre su codo y alzándose para poder verla. No podía estar con ella, lo sabía, pero no podía encontrar en sí mismo las fuerzas, ni la sangre fría para no estar con ella, él mismo lo deseaba y anhelaba tanto… pero tanto…
Pero ella era una menor, él era su sensei. Como fuera, no quería someterla a tener que esconderse del mundo, a que su propio padre la rechazara cuando por fin parecía aceptarla. La esperaría, esperaría aquellos largos y tortuosos dos años a que ella fuera adulta ante los ojos de la ley y entonces se daría el lujo y el placer de tenerla a su lado después de que su compañía y amor le fueron negados por tanto tiempo. Pero… ¿Acaso ella lo esperaría? ¿Acaso ella debía mantenerse a un lado viendo como todas las chicas de su edad tienen novios, van a citas mientras ella lo extrañaba? ¿Era justo?
—Se siente bien estar contigo, Sa-Sasuke-kun —Aquello fue duro, ¿Cómo decirle tras esas palabras que aunque querían no podían estar juntos por el momento? Era lo mejor, tanto para ella como para él. Claro, eso debió haberlo dicho hace dos meses.
Sasuke suspiro mientras acariciaba con suavidad su mejilla de porcelana. ¿Qué podía hacer? Ya había llevado esto demasiado lejos
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Ya el sol se ocultaba tras el horizonte, tiñendo el cielo de tonos rosados, morados, amarillos, anaranjados y rojos, las flores de cerezo caían sobre ambos, quienes se habían decidido por jugar a pensar qué forma tenían las nubes mientras ambos se encontraban acostados en el húmedo pasto verde como antes.
—Sasuke-kun, N-No ti-tienes imaginación. —Ella susurro juguetonamente, él sonrió suavemente.
—O tal vez tú tienes demasiada. —Él comento sin dejar de mirarla. —De todas maneras, ¿A quién se le hubiera ocurrido una nube con forma de sándwich? Sólo a ti, enana.
—No soy enana. —Ella clarifico con irritación.
—No eres alta tampoco. —Él susurro.
Ella frunció el ceño, con irritación pero lo dejo pasar. Lo estaba pasando demasiado bien como para que él arruinara ese momento con un simple comentario burlón.
Sasuke frunció el ceño, observando el cielo sobre ambos. Estaba empezando a oscurecer y era tiempo de que Hinata se marchase. Sin embargo, una parte de él quería evitar que lo hiciera, quedarse bajo aquel árbol de flores rosadas y disfrutar del encanto, no podía ser.
—Se está haciendo tarde. Deberías irte.
—Me ha-había olvidado del tiempo. —Ella tartamudeo suavemente.
—Yo también. —Admitió él suavemente.
—Hasta luego, Sasuke-kun.
Se encamino a casa a paso lento, la luna saliendo de entre las montañas esmeraldas detrás de ella y un notable sonrojo en sus mejillas de porcelana al recordar la maravillosa tarde que había pasado con su sensei en aquel parque. Qué recuerdo tan agradable; desearía que se repitiera…
Sus ojos se pasearon por la esplendorosa mansión que se le presentaba frente a sus ojos, toco suavemente el timbre y espero a que una joven sirvienta fuera a abrirle mientras ojeaba el celular en sus manos con una amplia sonrisa. Su patrón enloquecería, muy seguramente. Quién pensaría que la pequeña y tímida Hinata se involucraría con el ex heredero de la famosa compañía Uchiha y que además él resultaría ser su profesor de secundaria. Qué giro tan interesante del destino. Aunque tal vez este jugara a su favor, vaya que sí, haría a Sasuke un hombre miserable, lo había jurado y esa era una promesa que pensaba cumplir a como diera lugar.
Al principio aquella niña Hyuuga se había hecho novia del tontorrón niño de ojos azules y cabello rubio, un compañero de su clase y capitán del equipo de futbol de la secundaria. Ellos solían encontrarse en el parque que estaba cerca de la casa de él, quien solía llevarle flores o algún chocolate cada vez que se encontraban. Como fuera, su patrón enloqueció en cuanto se enteró del noviazgo de ambos e hizo todo lo que estaba en su mano para cortarle las alas a la pequeña; impidiéndole salir y asegurándose de que si salía se enterara de cada uno de sus acompañantes y a donde iba. De todas maneras, por mucho que el hombre sobreprotegiera a su hija no podía hacer nada por lo que pasaba en el instituto.
Era muy extraño que un hombre de renombre y como Hiashi Hyuuga fuera tan protector con su pequeña, lo suficiente como para contratar alguien que la vigilara 24/7. Como fuera, siempre había sido hombre de confianza de Hiashi, así que cuando le pidió vigilar a su hija por una valiosa y nada despreciable cantidad de dinero, acepto. Para él aquello había comenzado como un trabajo más, y de repente se había convertido en la oportunidad de una vida para conseguir su más ansiado objetivo.
Había esperado el tiempo justo, que Sasuke se sintiera verdaderamente atado a aquella niñata sólo haría que separarlo de ella fuera más delicioso…
La puerta se abrió finalmente y siguió a la jovencita por el camino empedrado que atravesaba un hermoso jardín lleno de claveles, girasoles, camelias y rosas. Alguna vez, Hiashi Hyuuga le había comentado que había mandado a plantar los claveles por su difunta esposa; quien sentía un cariño especial por esas flores, los girasoles por su segunda hija Anabí ya que le recordaban a ella, y las camelias y las rosas rosadas y moradas por su hija mayor, Hinata ya que no le era desconocido que esas flores eran sus favoritas. Así con muchos detalles del jardín, el estanque lo había hecho para su esposa, quien amaba ver los peces que nadaban ligera y pacíficamente, e incluso cuando llegaba el invierno él calentaba el pequeño estanque para evitar que este se congelara.
Entro a la gran mansión y él fue dejado en una especie de biblioteca, sentado en un mueble muy cómodo y con una taza humeante de té en frente de él mientras esperaba que Hiashi Hyuuga se apareciera. Lo cual paso pocos minutos después.
Hiashi tomo asiento delante de él, luciendo bastante ansioso pese a la máscara de estoicismo que se empeñaba en poner sobre su rostro. En ese momento deslizo suavemente el celular hasta que alcanzo las manos del hombre mayor en frente. Instantáneamente vio el ceño de Hiashi Hyuuga fruncirse y una rabia ciega teñir su pálido rostro mientras lanzaba groseramente su teléfono de regreso, sin importarle la integridad del mismo.
—Tome esa foto esta mañana. Si no me equivoco ese es el sensei de ella, ¿no? —Mintió con una suave sonrisa.
— ¡¿Pero, cómo es esto posible?! —Su arrebato lo tomo por sorpresa, Hiashi era un hombre tranquilo e impasible, y muy pocas, realmente muy pocas veces lo había oído gritar. Sin mencionar que jamás lo había visto tan molesto. —Gracias, Orochimaru, tu trabajo esta completado. Por favor, retírate.
—Debo preguntar, ¿Qué piensa hacer con la foto? —Una maligna sonrisa jugueteo en sus labios.
—Aunque confié en ti, no creo que ese asunto sea de tu incumbencia. —Hiashi susurro, observando a través de la ventana.
Orochimaru se encogió de hombros; no es como si importara mucho en realidad, él tenía su propia idea de qué hacer con la copia que aún estaba en su poder. Una sonrisa adorno sus labios mientras salía lentamente del edificio.
Llego a su vecindario, siendo saludada por la tranquilidad de aquel lugar, apenas se escuchaban los grillos cantar y algún que otro ruido. Su caminar era lento, pausado y mientras se acercaba a su casa pudo divisar las luces prendidas de la sala de estar, la figura de su padre en una de las ventanas y aunque le pareció extraño no le dio demasiada importancia. Y con una encantadora sonrisa se acercó a la puerta, la cual se abrió antes de que ella llegara, Hiashi lucia muy molesto.
— ¿Qué estabas haciendo? — Pregunto él tranquilamente, casi demasiado. Aquel tono envió un escalofrió de miedo por su espina.
—Estaba en el parque… —Ella contesto, el nerviosismo flotando en su voz mientras inconscientemente retrocedía hasta el borde de las escaleras que tenía la entrada. Jamás había visto a su padre tan molesto, tan… aterrorizante como en aquel momento; se volvía a sentir como una niña pequeña temerosa, pequeña e indefensa ante las críticas, ante el dolor insoportable de su indiferencia y sus críticas tan duras.
—Pensé que te crie mejor, Hinata. Nunca espere que me mintieras de esa forma. —El susurro, peligrosamente, empujando ligeramente a Hinata. Estaba tan cerca del borde…
¿Mentir? ¿Pero, por qué…?
—Sé que estabas con ese Uchiha. —Hiashi exclamo, sosteniéndole fuertemente el brazo izquierdo, tal vez demasiado fuerte. Su rostro dejando ver la furia que había mantenido guardada en su interior. — Ahora mismo arreglare que ese hombre jamás vuelva a poner un pie aquí.
—Otto-san me es-está lastimando. —Ella susurro sin fuerzas, lagrimas escapando de sus ojos lentamente, cruzando sus mejillas como ríos salinos. Tenía miedo. Por primera vez en su vida realmente tenía miedo de su padre, por primera vez sentía la angustia ante la posibilidad de que él pudiera lastimarla.
No le agradaba.
¿Qué? ¿Cómo lo supo?
Sólo basto un pequeño empujón y Hinata cayó al duro camino empedrado que llevaba a su casa; su padre dejándola caer.
El dolor agudo y casi paralizante en la parte de atrás de su cráneo fue lo primero que sintió al abrir sus ojos, el mundo se movía en todas las direcciones y estaba segura de sentir algo de sangre deslizándose por su mejilla, al igual que un poco de dolor en su mejilla izquierda. A pesar del dolor en que se encontraba no le pasó desapercibida la mirada llena de profunda decepción que le dirigía su padre, viéndola desde arriba de las escaleras. Como si… fuera insignificante, como si no fuera… nada importante para él. Y de repente el dolor que aquella mirada le causo basto para que se olvidara de su dolor físico por completo. Hiashi sólo le dirigió una última mirada antes de suspirar y entrar otra vez en la casa y dejarla en el frio y duro piso, consumiéndose en su angustia.
Las lágrimas no paraban de rodar por sus mejillas, sollozo suavemente sintiendo que le costaba respirar; que se ahogaba en aquel sentimiento de tristeza que la embargaba. Su angustia y frustración quemaban cada fibra de su ser, sumándose al potente dolor de cabeza que acababa de aflorar. También se encontraba furiosa, pero no con su padre, sino consigo misma; como siempre, resulto ser una decepción y un dolor de cabeza para su padre, como siempre causaba problemas. Lo que más deseaba era que él estuviera orgulloso, y conseguía todo lo contrario.
Era extraño pensar que hacía apenas unos minutos antes se encontraban tan feliz y contenta junto con su sensei bajo el árbol de cerezo en el parque y que en ese momento se encontraba recostada sobre las piedras, llorando miserablemente y sin ni siquiera deseos de levantarse. Deseo regresar a ese momento bajo el atardecer para nunca experimentar tanto dolor.
Comenzaba a hacer frio. Su ropa era bastante ligera y aunque sabía que debía moverse, pero no encontraba en sí la voluntad para moverse de aquel frio lugar. Su cuerpo dolía, simple y puro dolor que no se comparaba a aquel dolor emocional que parecía aprisionarla y ahogarla. Cuanto deseaba que se apareciera alguien para consolarla, y por un momento recordó como su padre era antes de la muerte de su madre; cada vez que ella se raspaba una rodilla cuando era pequeña o se hacía daño era él quien se aparecía para consolarla y cargarla hasta casa donde la haría olvidarse del incidente. Cuánto extrañaba a ese padre cariñoso y dulce del cual, en aquel momento, tan sólo quedaban fugaces retazos que se mostraban muy de vez en cuando.
Se forzó a pararse de aquel lugar, y se dirigió cojeando levemente hasta el pórtico. Echo una última mirada por sobre su hombro a aquella casa que alguna vez fue cálida y acogedora y salió al mundo exterior. Seguía llorando, cada vez que recordaba por qué se encontraba en aquellas desoladas y peligrosas calles. Su cuerpo entero temblaba a causa del frio que le calaba los huesos, quería que aquel fuese un sueño, una pesadilla de la que pronto despertaría en su cama calentita. Desearía haberse quedado dormida en los brazos de Sasuke y que al despertar él la mirara con aquellos ojos negros que le quitaban el aliento y le dijera tonta por tener una imaginación tan increíblemente activa.
Pero los sueños, las pesadillas, no eran tan reales.
Además, no sólo se había metido en problemas a ella, sino que también a Sasuke. ¿Quién sabía lo que su padre podría hacer mientras se encontraba tan molesto? Algo que aún no entendía era cómo una foto de ella junto con Sasuke podía haber llegado a su padre.
Había tantas cosas que no sabía pero que deseaba saber.
Frente a ella se encontraba el complejo departamental de Sasuke. Tal vez había sido su inconsciente que la había traído a aquel lugar, deseando refugiarse en la calidez de sus brazos, deseando su toque para consolar y sanar su alma. Todavía la intrigaba como había sido tan ciega ante sus propios sentimientos; como había ignorado las señales con tanta facilidad.
Tal vez era egoísta; la raza humana era bastante egoísta y aunque ella creía tener el privilegio de decir que estaba bastante lejos de ser egoísta la mayoría del tiempo, había ocasiones en que lo era. Y en aquella ocasión se sentía como para serlo, no importaba si había alguna consecuencia, no importaba si podría pasar algo. En aquel momento tan sólo deseaba estar en los brazos de Sasuke.
No es que desconociera que pudiera haber consecuencias. De hecho, la amenaza de su padre pesaba fuertemente sobre su cabeza, simplemente decidió que no quería pensar en las consecuencias, sabía que Sasuke podría sufrir por la ley, ella era una menor después de todo, diez años más joven que él. Tan sólo quería que alguien la consolara y calmara el dolor en su pecho.
Toco el timbre. Y Sasuke le abrió viéndola de pies a cabeza y reparando en sus labios y en su mejilla. Debía verse horrible, porque le permitió el paso sin preguntas.
— ¿Qué ocurrió? —Pregunto mientras cerraba la puerta tras él.
—Un accidente.
—Hinata…
—So-Sólo me caí por las es-escaleras. No es gra-gran cosa. —Susurro, evitando su mirada. Sasuke suspiro envolviéndola en sus brazos, y posando su mentón en su cabello, ella se acurruco junto a él, disfrutando su esencia. Eso era lo que había querido, su consuelo, simplemente estar en sus brazos y dejar que el dolor pasara.
Sasuke no era tonto, sabía lo que pasaba y sabía lo impotente que era en la situación.
La contemple, con su rostro pálido y sus hermosos ojos de luna cerrados, se le dificultaba respirar y aun podía ver los casi invisibles rastros de las lágrimas en sus mejillas amoratadas. Contuve un grito de frustración y una mueca de ira se formó en mi rostro al repasar lo ocurrido mientras acariciaba la herida con extremo cuidado. Todo aquello, era directa o indirectamente mi culpa.
Tal vez, Si no me hubiera involucrado con ella, tal vez si me hubiera alejado, tal vez si no hubiese dejado que mi corazón fuera cautivado por su belleza y su ternura tal vez y tan solo tal vez aquello no hubiera ocurrido. Aunque una parte de mi cerebro se consolaba con saber que ella había estado feliz, muy feliz, aquello se me antojaba más a una vaga excusa y pensar en todas aquellas acciones que pude haber evitado para que esto no ocurriera eran como bofetadas directas a mi cara todas y cada una golpeando más fuerte que la anterior, hasta llegar a la última y más importante, por la cual me encontraba en este lugar que me parecía sumamente incómodo y asfixiante en ese momento...
¿A quién engañaba?
La amaba…
Y no podía traer en mí las fuerzas para arrepentirme de ninguna de las cosas que hice junto con ella.
El teléfono sonó de repente en aquella oscura habitación y yo me pare fastidiado a atenderlo, no queriendo abandonar ni por un segundo a Hinata. Observe la pantalla de mi celular, sorprendiéndome de encontrar un número desconocido en vez de al fastidioso de mi hermano o a algún amigo suyo.
— ¿Quién habla?
— ¿Malhumorado, Sasuke?
Esa voz…
Espero que les haya gustado. Agradezco a quienes me dejaron review en el capitulo anterior. Me hicieron muy feliz
¿Merece un review?
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