Hola! ¿Cómo están? Espero que bien. Aqui hay un nuevo capitulo de esta historia, el cual por cierto me tomo un buen tiempo. Les agradezco mucho sus reviews, la verdad, muchas gracias a Raina Siel y de verdad lo lamento por la tardanza.
AVISO: Planeo terminar la historia en este capitulo, al menos esta parte y publicar una secuela corta en las vacaciones de Navidad. Asi que no se alarmen, pasare el tiempo ue pueda escribiendo para a ser posible tenerla lista y publicar frecuentemente.
Disclaimer: Ni Naruto ni sus personajes me pertenecen.
La contemple, con su rostro pálido y sus hermosos ojos de luna cerrados, se le dificultaba respirar y aun podía ver los casi invisibles rastros de las lágrimas en sus mejillas amoratadas. Contuve un grito de frustración y una mueca de ira se formó en mi rostro al repasar lo ocurrido mientras acariciaba la herida con extremo cuidado. Todo aquello, era directa o indirectamente mi culpa.
Tal vez, Si no me hubiera involucrado con ella, tal vez si me hubiera alejado, tal vez si no hubiese dejado que mi corazón fuera cautivado por su belleza y su ternura tal vez y tan solo tal vez aquello no hubiera ocurrido. Aunque una parte de mi cerebro se consolaba con saber que ella había estado feliz, muy feliz, aquello se me antojaba más a una vaga excusa y pensar en todas aquellas acciones que pude haber evitado para que esto no ocurriera eran como bofetadas directas a mi cara todas y cada una golpeando más fuerte que la anterior, hasta llegar a la última y más importante, por la cual me encontraba en este lugar que me parecía sumamente incómodo y asfixiante en ese momento...
¿A quién engañaba?
La amaba…
Y no podía traer en mí las fuerzas para arrepentirme de ninguna de las cosas que hice junto con ella.
El teléfono sonó de repente en aquella oscura habitación y yo me pare fastidiado a atenderlo, no queriendo abandonar ni por un segundo a Hinata. Observe la pantalla de mi celular, sorprendiéndome de encontrar un número desconocido en vez de al fastidioso de mi hermano o a algún amigo suyo.
— ¿Quién habla?
— ¿Malhumorado, Sasuke?
Capitulo XII
Partida
Gruñí fuertemente, nada agradado de escuchar aquella voz seseante que creí jamás volvería a escuchar, en mi mente aparecieron aquellos ojos amarillos rasgados, tales como los de una serpiente y aquella lengua larga y truculenta que casi llevo a nuestra familia a la ruina más de una vez. La historia de Orochimaru era bastante desconocida para mí, dado que yo era un niño cuando todo aquello sucedió y tanto mis padres como Itachi eran muy cuidadosos con el tema, entendía vagamente que Orochimaru había hecho algo que casi lleva a mi familia a la ruina; el qué exactamente estaba fuera de mis entendimientos.
También entendía que Orochimaru le tenía gran rencor a toda la familia Uchiha, bajo qué motivo exactamente me era bastante vago, sabía que nuestra familia había tenido que ver con su ruina financiera, pero no me quedaban claras las circunstancias.
Fuera como fuera, jamás me había agradado aquel reptil; cuando era tan sólo un pequeño niño verlo en aquellas ocasionales reuniones de negocio bastaba para que me bajaran escalofríos por la espina, y sentía gran repulsión al ver aquellos ojos dorados al otro lado de la mesa tomando, como si le correspondiera, el asiento que estaba al lado de mi padre, en aquellas ocasiones aprovechaba cualquier oportunidad para marcharme de su presencia. Ya a esa edad me era irritante verlo, me enfurecía tenerlo a mí alrededor y no tenía ningún tipo de problema o pena para demostrarlo.
En todo caso, pensaba que me libraría de tener que cruzarme con tan tétrico personaje en lo que me restara de vida y ese era un escenario que apoyaba felizmente. Pensé en un par de maldiciones.
— ¿Cómo rayos obtuviste mi teléfono? —Sisee a través de la línea.
—No creo que eso sea de mucha importancia, Sasuke-kun. Dime, la pequeña Hyuuga, ¿Cómo está?
Un escalofrió recorrió mi espalda, ¿Cómo...?
—Sé muchas cosas. Sé que tienes esa pequeña relación ilegal con tu estudiante, no creas que no te eh visto, debo admitir que tienes buen gusto, es una preciosidad. —El susurro con malicia en su voz. En aquel momento vi rojo de pura ira y gruñí con todas mis fuerzas, estaba seguro que de tenerlo al lado en ese mismo instante le hubiera dado un puñetazo. — Tengo esta pequeña colección de fotos, apuesto que cualquier reportero mataría por una noticia como esta. El que antes fue heredero de la Corporación Uchiha se volvió un maestro y además esta amorosamente involucrado con una de sus alumnas; nada más ni nada menos que Hinata Hyuuga.
— ¿Qué me impide colgarte ahora mismo? —Le susurre peligrosamente y con veneno en la voz.
—No nos sentimos muy amables hoy, ¿verdad? Sasuke-kun. —Susurro Orochimaru con sorna. — Ah, ah no cuelgues, aun si lo hicieras, ¿Que me impediría a mí entregar estas fotos a un reportero? —Me congele, ¿Fotos?— ¿Sabes? Las heridas de esa niña no fueron un accidente. Fue por tu causa, jamás había visto a Hiashi tan molesto como cuando su pequeña le confeso que estaba contigo. La pobre chica debió haberse sentido tan mal cuando su padre la echo de casa. Realmente crees que debe sufrir así por ti, Sasuke-kun.
Y sentí aquella culpa instalarse en la parte baja de mi estómago, mezclándose con el miedo que congelo mi sangre, también ira pero esta era opacada por las olas de culpa que me azotaban en ese momento. Orochimaru tenía razón, era mi culpa. Ella sufría por estar conmigo, no era justo, no era correcto, no estaba... bien. Yo la amaba más que a nada en este mundo y a pesar de que nunca se lo había dicho, mientras estuve con ella fui el hombre más feliz. Me conformaba con pasar con ella el tiempo, viendo películas o en aquella pradera cubierta de pasto y flores rosadas y moradas en el parque que habíamos descubierto y que era nuestro lugar. Me bastaban sus tiernas y tímidas caricias, sus abrazos, sus tiernos y delicados besos, me bastaba con ver sus ojos regresarme la mirada con ese hermoso amor cándido que no merecía. Pero tal vez, pedía demasiado. Y si bien, aquellas semanas con ella era más de lo que podía soñar yo... prefería que ella fuera feliz, que fuera como cualquier adolescente normal, saliera con chicos, recibiera flores y peluches, fuera a ver películas y presumiera con sus amigas del buen novio que tenía. Que su padre la quisiera y que no tuviera que esconder una relación por demás pecaminosa y sucia.
Eche una mirada a su rostro amoratado, deteniéndome en aquellos horribles cortes que descansaban en su mejilla y que tenían un aspecto tan horrible en su nívea piel. Sus lágrimas habían sido tan amargas y tan colmadas de tristeza cuando llego, y su llanto fue tan lleno de dolor y silencioso mientras la sostenía en mis brazos. Verla en ese estado me había encogido el corazón. Su propio padre la había echado de su casa como basura, como si no fuera su propia hija a la que soltaba a las calles con sus escasas pertenencias, a un mundo cruel que ella era muy inocente para notar.
Y era mi culpa. Solamente mi culpa.
Debí haberme alejado de ella definitivamente. Ella se olvidaría de mí, estaba seguro.
Yo... creo que nunca hubiera podido olvidar esos ojos con vetas lavandas tan hermosos
— ¿Aun indeciso? Apuesto que solo quieres lo mejor para ambos, ¿no es así? Quieres que ella sea feliz, ¿o no? —Cuestiono él. —Te propongo un trato.
Trague fuertemente, sabiendo que me tenía.
— ¿Qué clase de trato?
—Tienes que irte. —Él siseo a través de la línea.
— ¿Qué? —Cuestione
—Tienes que abandonarla, irte. Así tal vez no publique esta pequeña pieza de oro que tengo aquí. —Y con eso se cortó la llamada.
— ¿Por qué haces esto? —Susurre a través de la línea y él rio maléficamente. Sentí la ira bullir en mi interior, casi insoportable, y el increíble deseo de golpear ese rostro de serpiente corría por mis venas.
—Diversión —Contesto, y entonces se cortó la línea…
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Sonreí con melancolía mientras me agachaba para arrancar esas flores. Camelias, sus flores favoritas. En mis manos colecte un pequeño ramo de estas flores, alternando entre rosadas y blancas, una vez tuve el ramo hecho en mi mano derecha me deje caer en el pasto verde húmedo y deje escapar un gruñido, y una risa amarga mientras colocaba el brazo que no sostenía las flores sobre mis ojos. Realmente, esa serpiente de Orochimaru había descifrado como profesar su rencor y arruinarme la vida, el muy bastardo. Me quede un rato más admirando el cielo azul oscuro cubierto de estrellas y la luna que se alzaba en el horizonte, cavilando profundamente y tratando de tranquilizar aquellas inquietudes que me carcomían. Sonreí una última vez, sacudiéndome el sucio y polvo del pantalón mientras me dirigía de nuevo a mi auto. Deje escapar un suspiro mientras encendía la radio y metía un CD de Linkin Park, pensando que tal vez aquella música me distraería del dolor que sentía adentro. Sobra decir, que mi plan fue un completo fracaso. Mi mente una y otra vez continuaba regresando al hecho de que tendría que irme, abandonar a la pequeña chica que me había cautivado para mantenerla a salvo.
Aparque mi auto en frente de mi complejo de apartamentos y subí las escaleras lentamente, como si cada paso realmente supusiera un esfuerzo colosal. Mire tristemente la puerta de madera de cerezo, ya pensaría que hacer con aquel departamento. La abrí lentamente y me acerque a la durmiente figura de mi amada, ella dormía muy pacíficamente después del día agotador que habíamos tenido juntos. Aquella tarde había sido una de las mejores que había tenido en mi vida; no me divertía así desde que mis padres murieron.
Después de que colgué el teléfono, lo mire un largo rato, sintiendo que este volvería sonar en cualquier momento y que yo lo odiaría por ello. Aun apretaba y soltaba mis puños, tratando de deshacerme del urgente sentimiento de golpear o matar a alguien. Suspire con dolor en mi alma mientras acunaba su rostro en mi mano y me prometía que las horas que siguieran serian memorables para ambos. Cuando se hizo tarde, ambos fuimos al parque de atracciones, ver sus ojos con vetas lavanda iluminarse al observar los juegos fue memorable y también doloroso; sabía que no volvería a ver una expresión como esa en largo tiempo.
Más tarde nos montamos en la Rueda de la fortuna, donde la sostuve cerca de mí por la cintura mientras observaba el sol esconderse lentamente detrás de las colinas, lento y dolorosamente recordándome que mi tiempo con ella se acortaba con cada segundo. Era difícil pensar en estar sin ella y extraño pensar como ella podía hacerme reír aun cuando me sentía triste por dentro.
Nos quedamos un rato más, nos montamos en la montaña rusa, donde ella me grito que yo era un idiota por reírme de sus gritos aterrados, y me forzó a competir en tiro al blanco y ganarle un premio en compensación. También competimos en los carritos chocones; la pequeña podía ser feroz si se lo proponía y me había dado un buen par de golpes que me sorprendieron y me dejaron aturdido, aún recuerdo como la pequeña duende se mofaba de mí. Ella se montó en las sillas voladoras al menos unas tres veces y juraría que vi una mirada de anhelo mientras salíamos del parque por subirse una vez mas o quien sabe cuántas más.
Aquel día termino cuando observamos un espectáculo de fuegos artificiales, sentados bajo un inmenso roble cuyas hojas caían sobre nosotros, Sonreí tiernamente mientras le abría la puerta, podía notar el cansancio en sus ojos lavandas y sonreí por ello mientras ella se acomodaba en el asiento del auto, con mi chaqueta como manta. La lleve de vuelta a mi apartamento en mi auto, cubierta con mi abrigo marrón no pude evitar verla dormir en el asiento del copiloto antes de tomarla en mis brazos y cargarla al departamento en mis brazos.
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Me encontraba frente al grupo de muchachos nuevos, recién terminaba mi presentación y me encontraba explicando cómo sería el año. Me acerque a la puerta para avisarles a los del otro salón y me encontré de frente con una pequeña chica de ojos perlados que me miraban llenos de pena. Sus mejillas estaban sonrojadas
—Gomenasai etto... — Ella inclino suavemente su cabeza y se ruborizo aún más.
—Sasuke Uchiha, ese es mi nombre. Llegas tarde, podría saber ¿por qué? —Cuestione.
—Gomenasai Sasuke-sensei. Le prometo que no volverá a repetirse, de verdad. —Me aseguro con la voz temblorosa, tartamudeando un poco, y con sus mejillas teñidas de un tono rojizo.
—No pasa nada, de todos modos hoy no hay nada interesante, sólo no llegues tarde la próxima vez, ¿Vale? —Cuestione con mis ojos negros fijos en ella. — ¿Qué esperas? vas a entrar o ¿no?
—H-Hay.
Aquella muchacha me resulto extremadamente curiosa. Curiosa en verdad, ya que no se había fijado en mí de aquella manera tan molesta, tal como habían hecho las otras, ni se me había insinuado y eso debía agregar era extremadamente curioso, además estaba aquel carácter dulce y esa apariencia angelical que lo habían sorprendido, ya que jamás me había encontrado con alguien tan hermosa. Además por alguna razón aquel olor a lavandas me resultaba tremendamente delicioso.
Ella obedeció la orden dirigiéndose silenciosamente a su asiento, pero se tropezó con uno de los pupitres y su tobillo recibió una torcedura en el proceso. Se lamentó de dolor, me incline adelante de ella, tomando su tobillo en mis manos y sopesándolo, notando como ella gemía si bien levemente ante el dolor que le producía el movimiento. Suspire pesadamente, vaya manera de empezar el primer día.
—Vaya, realmente espero que no todos los día del año sean así. Señorita. —Susurro y ella se sonrojo al escuchar el comentario, por lo que él solo le regalo una media sonrisa algo burlona.
Seguidamente, la subí a mi espalda y avise al resto del grupo que a la mínima señal de escándalo los castigaría. Camine lentamente, sintiendo como aquella chiquilla que llevaba a mis espaldas ocasionalmente se quejaba de dolor, cuando su tobillo rozaba algo o simplemente por los remanentes de dolor, fruncí ligeramente el ceño, jamás me gustaba ver a las mujeres llorar o escucharlas, traía aquel sentimiento incómodo y esa extraña tentación de protegerlas de un peligro inexistente.
Suspire, dándome cuenta de que era ligera, extremadamente ligera. Podía sentir el acelerado latir de su corazón y al voltear hacia atrás podía ver sus mejillas sonrojadas y sus ojos cerrados, podía sentir el tembloroso tacto de su piel sobre la suya, inseguro, y de forma irónica aquello me transmitió una sensación de paz, ella hizo un ligero movimiento para acurrucare mejor en mi espalda y dejo escapar un contento suspiro cuando encontró una posición confortable y cerro sus ojos. Bostece pesadamente y una sonrisa ladina se dibujó en mis labios.
Una vez entre a la enfermería la deje reposando un rato y una vez me asegure estaba bien y que la atendían me fui. Suspire, pensando que tal vez esa era la estudiante más interesante que tendría en ese pequeño colegio mientras durara mi estadía, la cual esperaba fuera corta.
Mi mirada paseo hacia su dirección mientras ella salía de la habitación, enfundada en un suave abrigo marrón claro muy ligero y me dirigió una cálida sonrisa mientras se internaba en la habitación que nosotros usábamos durante la tarde. Los papeles salieron de su maleta, por suerte, esta era impermeable y a ninguno de mis documentos había sufrido daño alguno. Comencé a explicarle el tema pacientemente, observando con una mezcla entre dolor y diversión sus muecas de concentración y frustración. Deje escapar un suspiro mientras guiaba suavemente su mano. Su respiración se agito y sus mejillas se sonrojaron ante mi contacto y eso me dejo un poco satisfecho y tuve que recordarme que no debía disfrutar sus gestos y que estos debía atribuírselos a su timidez aberrante. Mientras la sujetaba y ella observaba con admiración como los números parecían cobrar vida y sentido y una sonrisa de diversión se explayaba en su rostro.
Ese día debía hacerlo. Aunque doliera. Me había acercado a ella con ese propósito. Mientras palpaba aquello que guardaba celosamente en mi maletín, pensé en lo cobarde que seria, al ni siquiera despedirme de ella de frente. Aquello esparció amargura por mi corazón, tiñéndolo de gris. Había estado todos aquellos días intentando pensar en una manera de no verla llorar, no al menos por mi culpa. Al final, decidí por irme por la tangente y ser cobarde. Tal vez lo lamentaría, pero era por el bien de ambos. Debía alejarme de ella y me aseguraría de ello.
La había recogido en mi auto para no perder el valor. Debía admitir que la lluvia sin final me había ayudado. Y mientras la observaba trabajar supe que aquella sería la última vez que ambos nos veríamos en esa habitación. Seguiría dando clases en su instituto, porque necesitaba el trabajo, pero procuraría evitarla. Tan solo esperaba no herirla demasiado. Me consolaba con el hecho de que tenía que hacerlo. Era el precio que tenía que pagar por hacer lo correcto.
Nuestras clases eran simples. Le explicaba el tema, le ponía ejercicios, tarea y si se atoraba en algo la ayudaba. Ella era en realidad una niña muy brillante, pero insegura. Mi mirada reposo en el ventanal y comprobé que el jardín era idéntico a como lo pintaba aquel cuadro, pero de diversa perspectiva, tal vez desde el mismo jardín.
—El cuadro lo pinte yo. —Su voz era un poco temblorosa y tartamudeaba un poco. Su vista aun fija en el papel.- No es muy bueno...
— ¿Bromeas, verdad? —Le susurre enarcando una ceja con algo de irritación e incredulidad. ¿No tan bueno? ¿En serio? Aquel cuadro era una gran obra maestra, y que ella lo hiciera me probaba que era una persona con demasiados talentos. Era inteligente, buena cantante -La escuche por casualidad mientras ella usaba su MP3- y además era artista. Era definitivamente una chica genial, lástima que fuera tan tímida.
— ¿Eh? No. —Me confirmo ella luciendo sorprendida por mi halago.
—Es precioso. ¿Quién te dijo que no era bueno? —Le pregunte, por mi mente pasaba no obstante lo hermosa que se veía. Sentí mis mejillas arder mientras la contemplaba, pero aquella chispa de tristeza en sus ojos con vetas lavanda me dejo dolido. Deseaba borrar la tristeza de su rostro.
—Mi padre. Jamás le gusto que yo pintara, así que supuse que lo hacía mal. — Fruncí el ceño ante aquello, sintiéndome irritado por ello, el hombre era cruel incluso con su propia hija.
—Miente. Es un ciego por no ver tu talento, no le hagas caso. — Le susurre tranquilamente y con una sonrisa.
Podía ver que estaba cansada, posiblemente se desveló estudiando para un examen de alguna materia, o haciendo un trabajo. Ella tenía la mala costumbre de dejar las cosas para último momento, y eso le pasaba factura. Chiquilla descuidada. Algún tiempo de plática surgió entre nosotros y pronto ella se quedó dormida sin quererlo sobre el mullido sofá, acomodada de lado. Se veía muy relajada y la imagen me embeleso. Se veía tan pacifica, con su rostro apacible, su respiración acompasada, y una placida sonrisa reposando en su rostro de porcelana. Sus ojos luna estaban cerrados pero aun así, era tan hermoso escucharla respirar mientras ella estaba perdida en aquel dulce mundo de sueños, sentía la caricia de su aliento sobre mi piel, mandando placenteros escalofríos por mi espina. Quería evitarlo pero no podía. Tan cerca, a tan sólo pocos milímetros de mi rostro y aun así, sentimentalmente, tan lejos de mí, a tantos kilómetros. Y no podía contener el deseo de querer besar sus labios rosáceos entreabiertos.
Afuera, la brisa soplaba sin piedad arrancando las hojas verdes y sanas de los árboles, el pasto verde claro se movía suavemente, mientras el aroma del rosal cubierto de flores rosadas y el de algunos jazmines que estaba justo bajo nuestra ventana entraba y se colaba por mis fosas nasales. El cielo estaba coloreado de sutiles tonos de naranja, amarillo y rojo. El suave ruido del lago resonaba como lo único que se escuchaba, en conjunto con el solitario canto de los pájaros que se refugiaban para la noche. Mientras observaba su rostro ligeramente iluminado, pase mis manos de manera gentil por sus brazos y las deje en sus hombros. La mire por lo que parecieron por minutos en vez de segundos, mientras reunía la resolución y la valentía.
Y de hecho lo hice, posando mis labios sobre los suyos sin dejar a mi mente dudar sobre lo que mi corazón anhelaba; aquel seria mi secreto. Aquella sería una prohibida ocasión en que me permitiría beber el suave néctar de sus labios de miel, el sabor era intoxicante mientras mis labios permanecían estáticos sobre los suyos y mi corazón se aceleraba. Mi cuerpo era azotado por el cumulo de sensaciones, desde el dulce amor que corría por mis venas, mientras me perdía en su fragancia de lavandas frescas, su calidez. Fue un contacto sutil, efímero mientras degustaba sus labios y me sumía en la profunda felicidad que se mezclaba con la tristeza, y la culpa. Además estaba aquel fuego que nacía en mi interior y que ardía fuertemente en mi pecho, pidiendo ser extinguido. Me llevaría un recuerdo. Un beso. Eso era todo lo que me robaría de su inocencia, ese era el recuerdo de ella que me llevaría y no podía silenciar el deseo egoísta de tener más de ella, mientras observaba su rostro iluminado por la luz anaranjada del atardecer.
—Naruto... —Susurro ella entre sueños mientras se acomodaba, abrazando mi chaqueta. ¡¿Qué tenía ese chiquillo que no tenía yo?! ¿Qué la enamoraba de él? ¿Acaso... ese niñato era mejor que yo? Mi orgullo se negaba a creerlo. Y mientras como no hacía en mucho tiempo, escuche a mi orgullo, que me daba palabras que eran un bálsamo para mi corazón.
Los celos ardieron pero con una respiración profunda y un suspiro procure calmar la furia que el hecho me provocaba. Muchas veces me repetí, que no era correcto, que era menos de edad, que no tenía por qué sentir algo así por ella. Que era torpe, tímida y un sinfín de defectos que mi orgullo empeño en concentrarse para hacerme aquello más fácil.
Había tomado una decisión.
Suspire mientras observaba a la pequeña dormir, en la mesa deje una rosa rosada que empareje con una violeta. Y debajo de ambas se encontraba mi carta de renuncia...
En ella le explicaba que no podía seguir dando clases en la tarde por ciertos problemas personales que me tenían ocupado. Una gran mentira, por supuesto. Me había tomado la molestia de explicarle con más detalle a su padre. No me había pasado por alto que fui incapaz de pronunciar la palabra "permanente" al explicarle cuanto tiempo tendría que faltar a mi contrato, en cambio la sustituí por "temporal". Además había sido lo bastante cobarde como para no poder decírselo a la cara, no era que no hubiera querido, era que simplemente, sabía que si lo hacia terminaría por confesarle aquellos sentimientos que albergaba mi corazón. Alguna parte de mí, se aferraba a ella pero procure ignorarla, era lo mejor. Lo mejor.
Era irónico que en ese momento me encontrara haciendo algo parecido. Abandonándola, dejándola atrás. Si bien no por decisión propia.
Suspire pesadamente mientras dejaba aquel pedazo de papel en la cómoda, en él explicaba brevemente el porque me iba, le explicaba el chantaje y le explicaba que tendria que irme por un tiempo, que deseaba que viviera. La observe dormir por unos minutos y me incline para saborear sus labios una última vez mientras sentía mis ojos arder con lágrimas no derramadas, mientras saboreaba sus labios de caramelo y acariciaba su rostro. La angustia me consumía y mi mente me rogaba por hacer más, por grabar la textura de su piel, por grabar su hermosura en mi mente con fuego por besarla hasta que me quedara sin aliento. Me separe de ella y deje las flores que recolecte con el pequeño pedazo de papel, sin mirar atrás salí por la puerta y me dirigí a mi auto. El sol ya salía a través del horizonte cuando comencé a conducir con dirección a Tokio.
Las lágrimas estaban atrapadas en mis ojos.
Mientras veía desaparecer a Konoha desaparecer de mí vista solo pensé una cosa:
Perdóname.
F I N
Espero que les haya gustado. Agradezco a quienes me dejaron review en el capitulo anterior. Me hicieron muy feliz y la verdad les agradezco el tiempo con este fic ha sido inceible y espero que me apoyen con la secuela.
¿Merece un review?
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