1983

A pesar del paso de los años, siempre recordaría al osito. No era su osito de peluche preferido, y desde luego, no lo fue tras aquella noche, en que pasó a asociarlo con uno de los recuerdos más traumáticos de su infancia. Pero cada vez que la escena le venía a la mente, invariablemente sentía la felpa del muñeco contra la mejilla y su peso entre los brazos.

Una noche, tres o cuatro semanas después de cumplir los cinco, Castiel despertó al oír gritos. Preocupado (parecía que los que gritaban eran su padre y su hermano Lucifer, principalmente), se levantó y fue a ver qué pasaba.

Castiel caminó entre las sombras del pasillo, aferrado a su osito, y llegó a la puerta del despacho de su padre. Era evidente que la discusión se estaba desarrollando allí, dado que la luz estaba encendida y los gritos eran perfectamente audibles, pero Castiel no se atrevió a entrar. El despacho de su padre era territorio prohibido para él. Además, seguro que lo mandaban a la cama; ellos creían que era un pequeñajo, como si no hubiera cumplido ya los cinco. Así que se acercó a la ranura que quedaba abierta y espió.

En efecto, la pelea tenía por protagonistas a Lucifer y padre.

¡Sólo porque lo que voy a hacer no es lo que hubieras elegido para mí...! –gritaba en esos momentos Lucifer.

¡No es lo que Dios hubiera elegido para ti! –replicó padre, también a gritos.

¿Cómo pretendes saber lo que querría Dios? ¡Sólo sabes lo que querría la Iglesia!

¡Es lo mismo!

No para mí-. Lucifer había bajado la voz, pero no parecía en absoluto más sereno-. No para mí.

Ahora que se fijaba bien, Castiel podía ver que sus otros hermanos también estaban presentes. Michael, Raphael y Zachariah permanecía pegados a la pared, observando en silencio y con rostro impasible el desarrollo de los acontecimientos, pero Gabriel y Balthazar se removían incómodos, mientras que Uriel parecía a punto de estallar, también, y Rachel se apretaba contra el costado de Anne, como buscando consuelo. Castiel no podía culparla; nunca había visto a padre o a Lucifer tan enfadados.

Lucifer –lo intentó de nuevo su padre-, procura ser razonable. Eres inteligente; eres, de hecho, tremendamente inteligente. Mucho más de lo que yo nunca seré. Y fue Dios quien te dio esa mente brillante. ¿No crees que deberías devolverle el favor estudiando Teología, como te suplico que hagas, en lugar de venderte a Sus enemigos?

Sus enemigos son aquellos que manipulan Su palabra, no los que intentan que el ser humano sepa más sobre sí mismo –contraatacó Lucifer.

Padre tomó aire y lo expulsó sonoramente.

No estoy en contra del aprendizaje. Pero, ¿células madre, Lucifer? Eso está fuera del conocimiento humano. Fuera de la voluntad de Dios.

Deja de hablar de la voluntad de Dios –dijo su hermano entre dientes-. Es tu voluntad la que estoy desafiando al dejar Teología para estudiar Biología.

Ambas –replicó su padre-. Pero si te obstinas en esa decisión, lo harás sin mi ayuda, te lo advierto.

Lucifer se encogió de hombros.

Tengo una beca completa. Y no puedes negarme el dinero de mamá.

No, no puedo negártelo y no te lo negaré. Pero te niego lo demás-. Su padre se irguió y lo miró fijamente antes de añadir-: Te niego el derecho a llamarte mi hijo, te niego el acceso a esta casa, y te niego todo contacto con tus hermanos. Desde este momento, eres un extraño para nosotros.

Durante un instante, nada se movió en la habitación. Luego, Lucifer dijo con voz estrangulada:

No puedes estar hablando en serio.

Oh, estoy hablando totalmente en serio –afirmó padre-. Abandona esa idea o abandona a tu familia.

Años después, Castiel comprendió que aquél era el último intento de su padre, que éste nunca había creído que Lucifer, su hijo favorito, los dejaría. Pero se equivocó. Se equivocó de medio a medio.

Orgulloso y seguro de sí mismo como siempre, Lucifer giró sobre sus talones.

Iré a hacer las maletas -anunció.

Michael tuvo un gesto convulsivo cuando oyó tal cosa; Cas supuso que aquello sería particularmente difícil para él, ya que estaba muy unido a Lucifer. Por su parte, él mismo no terminaba de procesar la noticia, ¿cómo iba a irse su hermano? ¿Qué quería decir su padre con eso de que no tendría contacto con ellos?

Rachel rompió a llorar.

¡No puedes irte! –chilló, enterrando la cara en el hombro de Anna-. ¡No es justo!

Padre, ¿no podrías reconsiderar...?

Silencio, Uriel –dijo Michael entre dientes.

Lucifer giró la cabeza bruscamente para mirar a este último, y pareció claramente herido.

Me voy –dijo.

Michael, échalo –replicó su padre.

Hubo un movimiento indefinido en dirección a la puerta, y Castiel retrocedió rápidamente para esconderse mejor.

Niñas, iros a la cama –se oyó a Raphael-. Balthazar y Gabriel, vosotros también deberíais estar acostados.

Por supuesto, ninguno le hizo caso; desde su escondite entre las cortinas, Castiel captó gritos, abrazos, protestas y una larga procesión que seguía a Lucifer en su camino hacia la puerta, conducido por la mano firme de Michael sobre su brazo. Cuando sus hermanos hubieron desaparecido escaleras abajo, Castiel avanzó de puntillas hacia la puerta de estudio y echó un vistazo dentro. Su padre se sentaba tras la mesa, con la cabeza entre las manos, y parecía tan desesperado y roto que estuvo a punto de correr hacia él y abrazarlo. Pero entonces se dio cuenta de que Lucifer se iba. Y, aunque no acaba de entender del todo lo que había sucedido entre su padre y su hermano, de algún modo se dio cuenta de que bien podía irse para siempre.

Corrió escaleras abajo.

¡Lucifer! –chilló cuando éste abría la puerta de casa. El aludido se detuvo.

Castiel, ¿qué haces fuera de la...? –comenzó Anna, pero él no la escuchó. Corrió directo hacia Lucifer, esquivó a Michael cuando éste trató de cogerlo, y se lanzó a los brazos de su hermano rebelde.

No te vayas –le suplicó, apretando la cara contra su hombro-. Por favor, no te vayas. No dejes de ser uno de nosotros.

Lucifer le dio unas palmadas afectuosas en la cabeza y lo depositó sobre el suelo.

Quiero ser uno de vosotros, Castiel. Pero sobre todo quiero ser yo mismo.

Paso a paso, su hermano se alejó de ellos, y Castiel lo observó, paso a paso. Con su pijama azul de Superman y aferrado a su osito de peluche, sintiendo cómo la felpa de éste le arañaba la cara y algo para lo que no tenía nombre le rompía el corazón.


Y aquí he de hacer una pequeña pausa.

Veréis, es que la semana que viene me mudo a otro país, así que no puedo afirmar que vaya a publicar con regularidad con un tiempo. Entre el viaje, encontrar piso, aprender a manejarme por la ciudad, localizar a los responsables del papeleo del Erasmus... voy a andar loca. Ojalá tenga tiempo para escribir, pero no lo puedo prometer con seguridad hasta dentro de unas tres semanas. Después de eso ya debería volver al ritmo normal ;).

pd: me gustaría despedirme con un capítulo de Destiel, pero... esto es lo que hay, lo tenía ya medio hilado y lo que faltaba ha salido fácil. Confío en que os guste :).