¡Volví! Y antes de lo que esperaba, debo decir... pero bueno, en los últimos días he conseguido casa, y he podido comprobar que el tema de la Universidad es un desbarajuste que se solucionará -o no XD- con el tiempo. De modo que vuelvo a tener algo de tiempo para esta historia; no estaré al cien por cien en unas semanas -me queda mucho por hacer ;)- pero estoy de vuelta. Regocijémonos :).
1995
- Uou-. Dean lanzó un silbido de admiración cuando vio la casa-. No me habías contado que vivías en un maldito palacio.
Cas terminó de abrir la puerta y le miró, confundido.
- No es un palacio –replicó-. Sólo es una casa; aunque debo admitir que es sin duda grande.
El otro se le quedó mirando, incrédulo.
- Maldito ricachón –suspiró sin resentimiento-. Ahora me dirás que es normal encontrarse candelabros de oro como estos nada más entrar en una casa, ¿verdad?
- Mhm-. Cas los observó con aspecto crítico-. Confío en que no. Personalmente, los encuentro bastante antiestéticos.
- Que los encuentras bastante… -. Dean no pudo menos que soltar una carcajada ante tal respuesta-. Bueno, Cas, ahí tienes por qué tus amigos de clase no te invitan a sus fiestas.
- ¿Porque no me gustan sus candelabros? –preguntó Catiel frunciendo el ceño.
Dean sacudió la cabeza.
- Tío, eres un caso perdido. En fin, enséñame tu cuarto.
El otro todavía parecía rumiar el asunto de los candelabros, pero decidió dejarlo estar y obedecer.
- Sígueme –indicó subiendo la escalera.
- Seguiría a esa preciosidad de trasero donde fuera, no te preocupes –bromeó Dean. Cas le lanzó una mirada que pretendía ser de reproche, pero era casi juguetona-. ¿Aquí? –preguntó el rubio al ver que se detenía ante una puerta.
- Sí, así es-. Cas giró el pomo y se hizo a un lado para dejarlo pasar-. Bueno… ¿qué te parece?
- Mhm-. Dean la observó con atención, y luego se giró hacia Castiel-. Eres el noveno hijo, ¿verdad?
- Sabes que sí –dijo Cas, confuso-. ¿Por qué lo preguntas?
- Porque, claramente, a tus padres se les había acabado el dinero cuando te pusieron la habitación. Cas, tío, esto es la celda de un monje.
- Y ahora, ¿quién hace comentarios sobre la decoración? –contraatacó el castaño.
Dean sacudió la cabeza.
- Está bien, está bien. Pero no hay más que libros, un escritorio y una cama. ¿No podías al menos colgar un poster?
- Se me informó de que era idolatría sin sentido –replicó el otro.
Poniendo los ojos en blanco, Dean saltó sobre la cama e hizo un gesto a Cas para que se sentara a su lado.
- Bueno, vamos a lo importante. ¿Me confirmas que estamos solos? ¿Total y completamente solos?
Castiel asintió, al tiempo que se le unía en el lecho.
- Mis hermanos menores están en la universidad; los mayores, en una conferencia celebrada en Berlín. Y he dado vacaciones a los criados para todo el fin de semana. De modo que sí, estamos solos.
- Magnífico-. Dean se rascó la barba-. Pasemos al siguiente punto, pues. ¿Cuántas habitaciones tiene la casa?
El otro lo miró fijamente, atónito.
- ¿Para qué quieres saberlo?
- Compláceme.
Cas reflexionó un instante.
- Déjame pensar… en la planta baja están el comedor, la cocina, dos baños y dos despachos, además del recibidor. Luego vienen las habitaciones de mis hermanos y la mía, que en total hacen nueve; a eso hay que sumar cuatro baños más y una sala de lectura. Y en la última planta está la habitación de mis padres, que cuenta con un baño propio. De modo que… veintitrés. ¿Por qué era tan importante? –añadió con curiosidad.
- Oh, por nada –dijo Dean, encogiéndose de hombros. Luego esbozó una de sus sonrisas más torcidas y sucias-. Salvo porque pretendo hacer que te corras en todas y cada una de ellas.
Cas alzó una ceja.
- ¿En menos cuarenta y ocho horas? No se imposible, desde luego, pero debo decir que lo considero altamente improbable.
- Bah-. Dean se deslizó hasta quedar tumbado en la cama, con las manos bajo la nuca-. No te preocupes, compensaré el cansancio con imaginación.
- ¿Ah, sí?-. Cas también se tumbó, pero boca abajo, y se apoyó en los codos para poder ver la cara del rubio-. ¿Qué piensas hacer para provocar mi lujuria en… no sé, la cocina?
Dean cerró los ojos.
- Es facilísimo. Cocinaré vestido sólo con el delantal.
- Oh.
El más joven abrió un ojo y volvió a sonreír.
- "Oh" en tu caso significa "acabo de empalmarme tanto que mi polla atraviesa el cochón", ¿verdad?
Cas carraspeó y eludió prudentemente la pregunta.
- Sólo por curiosidad, ¿cuánto porno has visto para tener ideas como la del delantal?
- No tanto como pudiera parecer. Es casi todo natural. Y práctica, claro.
- Ya-. Cas hizo una pausa y se reacomodó sobre un codo-. Oye, Dean…
- ¿Mm?
El castaño se lamió los labios y desvió la mirada.
- No, nada.
Dean frunció el ceño y sentó.
- ¿Qué pasa, Cas?
- No es… no importa.
- Cas, suéltalo ya, ¿quieres?
- Bueno, es acerca de… esa experiencia tuya.
- ¿Qué pasa con ella?
- Pues… me gustaría saber si se ha visto… incrementada, digamos, en las últimas semanas.
Dean alzó la ceja.
- Bueno, claro-. Sonrió y le guiñó un ojo-. He aprendido a chupársela a un tío, por ejemplo.
- Ya, pero no me refería a eso-. Castiel aspiró aire y luego soltó a toda velocidad-: Loquetestoypreguntandoesihas mantenidorelacionesexualesco nalguienmás.
Por un largo, muy largo instante, Dean se limitó a mirarlo en silencio. Luego, las carcajadas lo hicieron tumbarse de nuevo en la cama.
De entre todas las reacciones que Castiel podía haber esperado a su pregunta, definitivamente aquélla no era una con la que contara.
- ¿Te importaría informarme de qué resulta tan hilarante? –preguntó con cierta frialdad.
- Ay, Cas-. Dean había llegado a llorar de la risa; se limpió las lágrimas con una mano-. Me vas a matar.
Todavía sufriendo esporádicas sacudidas a causa de las carcajadas contenidas, Dean rodó hasta quedar sobre Castiel.
- Así que, ¿piensas que estoy liándome con más gente, además de contigo? –preguntó, mirándole a los ojos.
- Bueno…-. Cas tragó salida-. Tú siempre has tenido una… llamémoslo altamente activa vida sexual. Y te encantas las mujeres, eso es un hecho. Sólo me estaba preguntado si, dado que nunca hemos llegado a definir la clase de relación en que nos hallamos envueltos, y puesto que conmigo no has pasado del sexo oral, pues…
- Cas- lo cortó Dean-. Te voy a decir la verdad: no sé si sentirme halagado.
- ¿Halagado?-. Cas frunció el ceño con desconcierto-. ¿Por qué?
El otro esbozó una sonrisa de oreja a oreja.
- Porque creas que aún tengo ánimos para ir detrás de otra gente. ¡Pero si normalmente me arrancas la ropa en cuanto empiezo a besarte! Tú me escurres como una esponja, Cas, con toda es necesidad hambrienta que tienes. Pides más, y más, y me encanta dártelo. ¿Acaso no te acabo de prometer veintitrés orgasmos en las próximas cuarenta y ocho horas?
No llegó a cumplir su promesa. Pero, desde luego, durante el resto de su vida Castiel no podría volver a ver un delantal sin sonrojarse.
No me resisto a añadir que el fic está a 2 visitas de alcanzar las 2200 views. Dos mil doscientas views en algo más de dos meses. No sé si para vosotros significa algo, pero para mí... a mí me hace querer descorchar el champán. Tirar petardos. Cantar bajo la lluvia. Wow.
¡GRACIAS A TODOS, TODOS LOS QUE LO ESTÁIS LEYENDO! ^^
