Nota: en realidad, según lo que dice un vecino de Lawrence en el capítulo de 1973 el padre de John debía de seguir vivo por esas fechas. Sin embargo, para cuando me di cuenta de eso yo ya había escrito la primera parte de este fic, de modo que seguí con mi planteamiento original.
1970-1971
Al principio, nadie creyó con seriedad que Azazel Hell o John Winchester pudieran llegar a tener nada con Mary Campbell. Si a cualquier vecino de Lawrence le hubieran dicho que, en el futuro, ella llegaría ser pareja no de uno, sino de los dos, sin duda se habría reído, incrédulo.
Todo comenzó con el concesionario. Bueno, estrictamente, comenzó mucho, mucho antes; los lugareños podían rememorar, sin gran esfuerzo, aproximadamente cien años de forcejeos entre Winchesters y Hells, y eso que Lawrence tan sólo tenía siglo y medio de existencia a sus espaldas. Aquella lucha era parte del patrimonio cultural de la ciudad, por así decir, y era tan constante y tan dada por sentado como que el Crossroads abriría a la mañana siguiente, situado como siempre en aquel punto en que, ciento cincuenta años atrás, se cruzaban las dos primeras calles del pueblo.
Pero esas historias quedaban muy lejos. A efectos prácticos, la verdad es que aquello comenzó con el concesionario.
Todo el mundo conocía aquella anécdota, por supuesto, el capítulo más reciente del épico duelo Hell-Winchester: el concesionario del cabeza de familia de los primeros había arruinado el pequeño taller del de los segundos (obviamente, la elección de inversión por parte del señor Hell no fue ni mucho menos casual). Que el señor Winchester enfermara del disgusto dio un toque dramático al asunto, pero en general no cambió demasiado las cosas. En cada generación había ganadores y vencidos, y el pueblo, sin duda, continuaría con su existencia el margen de sus particulares luchas clánicas.
John Winchester, sin embargo, tenía una perspectiva bastante más cercana y subjetiva del asunto aquel diciembre de 1970. Después de todo, era su padre el que moría.
Por eso todo vecino del pueblo, por neutral que fuera, no pudo menos que aplaudir con entusiasmo cuando le levantó la novia a Azazel Hell. Siendo sinceros, éste tampoco se hallaba en el mejor momento con su pareja: la ruptura parecía inminente. Pero aun así, John Winchester demostró que un tipo pobre con sentido del humor, aspecto atractivo y cierta inventiva podía ganar su pequeña batalla amorosa contra el hijo del rico de Lawrence. Se asemejaba a la justicia.
Claro que la victoria le duró poco: por un lado, a John nunca se había ocurrido la posibilidad de tener novia formalmente, y tampoco lo pretendía en aquella ocasión. De modo que la chica, despechada, volvió con Azazel cuando este le pidió perdón por su actitud anterior, regalándole de paso, como quién no quiere la cosa, un flamante coche nuevo. Sí, un coche; precisamente, salido del mismo concesionario que su padre acababa de abrir, para ser exactos. Aunque tampoco el heredero de los Hell tenía intención de conservarla, sobre todo tras comprobar que Winchester había aprovechado activamente el intervalo, por lo que a nadie le extrañó que, dos meses más tarde, Elizabeth Runnings cogiera el mismo vehículo que le había regalado uno de sus exnovios y se largara del pueblo lanzado improperios tanto contra éste como contra el otro. Pero eso es otro asunto y excede los límites del relato; además, es posible enterarse de su desarrollo en cualquier bar de Lawrence (exceptuando, como es lógico, el Crossroads).
En fin, lo que importa es que Azazel y John estaba ahora de nuevo solteros, pero además con motivos de rencor añadidos, recientes y personales. Las cosas parecieron calmarse un poco, pero medio año más tarde, el heredero de los Hell cometió la imprudencia de comentar que Mary Campbell, de la cual se había hecho recientemente amigo, era con diferencia la chica más guapa e inteligente del pueblo. Lo cual, por supuesto, bastó para que esa misma noche John jurara ante sus amigos que Azazel no llegaría a tocarla.
Y todo el pueblo se rió de ambos, porque Mary, que no tenía la más mínima intención de quedar atrapada en aquella lucha sin cuartel, preparó su mochila con chapas de los Beatles, montó en su bicicleta azul cobalto y aprovechó el verano para ir a visitar a una tía lejana, frustrando así las esperanzas de ambos. Cuando regresó, Azazel ya estaba en la universidad, y John en el ejército, de modo que los habitantes de Lawrence sacudieron la cabeza y concluyeron que aquél asunto estaba sellado: Mary Campbell no se liaría con ninguno de aquellos dos.
O eso creían.
