Por fin, el largamente prometido capítulo de Sam.


2001

Por enésima vez desde que había cruzado la puerta, Sam se preguntó qué estarían haciendo allí. Él, después de todo, tenía buenas razones para estar en casa del padre de su novia, pero, ¿por qué habría convocado éste a los demás?

A todos los conocía bien, por supuesto. Andy era amigo suyo desde la infancia: había compartido con él mil recuerdos, desde meriendas hasta porros furtivos que había que ocultar de su celoso gemelo y el instinto protector de Dean. A Ava la conocía menos, pero hasta donde llegaba su conocimiento era una chica estupenda, y por Jake sentía un saludable respeto, después de haber estado junto a él durante años en un equipo de futbito y sabiendo cómo se esforzaba por mantener a flote a su familia. Por su parte, Lily y Max habían sido compañeros suyos de guardería, por lo que podía recordar, pero hacía tiempo que no trataba con ellos personalmente, ya que habían estudiado en el Saint Eustace, en lugar de en el instituto.

Azazel carraspeó, cortando con ellos las reflexiones de Sam, y éste se inclinó hacia delante, intrigando por lo que tuviera que decir.

- Os estaréis preguntado, sin duda, por qué os he convocado –comenzó-. ¿Qué puede haberme llevado a reuniros? Algunos de vosotros os conoceréis, desde luego. Otros no sabréis más que el nombre de los que se sientan en esta sala. Pero todos tenéis dos características en común. ¿Queréis adivinar?

Una, desde luego, era fácil.

- La edad –aventuró Sam.

- Exacto –. Azazel le dirigió una sonrisa de afecto-. Todos nacidos en 1983, y por tanto, en el último año de la secundaria. A punto de entrar en la Universidad. Y es aquí donde entra en juego la segunda característica que compartís.

Azazel hizo una pausa y les miró, uno por uno.

- Vuestras aficiones difieren. El estado económico de vuestras familias es diverso, también. Ni siquiera vuestra personalidad alberga parecidos. Pero todos vosotros tenéis algo en común, y os voy a decir qué es. Sois, sin lugar a dudas, los muchachos más inteligentes de vuestra generación.

El silencio se había hecho ahora más pesado, más denso. Mucho, mucho más cargado de interés.

- ¿Captáis hacia dónde voy? Todos vosotros brillaréis en la Universidad. Medicina, Ingeniería, Psicología, Derecho: no importa el ámbito que escojáis, sé que destacaréis en él. Y dentro de diez años estaréis en una posición privilegiada gracias a vuestro intelecto.

Dejó que aquella información calara un instante antes de continuar.

- Naturalmente… eso depende de si podéis acceder a la Universidad correcta; no todas os abrirán las puertas del mismo modo. Pero por eso no os preocupéis. Porque es precisamente lo que os ofrezco. El dinero necesario para acceder a ellas.

Joder. Eso sí que no se lo esperaban. Para nada. Sam miró las caras de sus compañeros y en todas leyó lo mismo: absoluto desconcierto, duda, y algo muy, muy parecido a la esperanza.

Con una notable excepción: Andy, que fue el primero en reaccionar.

- Bueno, por mí no se preocupe –replicó con desinterés-. No tengo intención de ir a la Universidad.

Azazel pareció sorprendido.

- ¿Estás seguro?

- Absolutamente. Demasiadas complicaciones.

Su interlocutor alzó una ceja.

- Creo que llegarás a arrepentirte. Pero es tu elección, por supuesto.

Andy se encogió de hombros.

- Bien, pues ya he escogido.

- De acuerdo-. Azazel le dirigió una mirada ligeramente despectiva y se recostó en su asiento-. ¿Qué decís los demás?

Tras una cierta vacilación, Jake se armó de valor para preguntar.

- Creo… creo que necesitamos saber un poco más acerca de las condiciones del trato –aventuró con cautela.

- Por supuesto-. El dueño de la casa asintió-. Se trata de algo muy sencillo. Yo os doy el dinero que necesitaréis para ingresar en las mejores universidades del país, y algo más para cubrir los gastos adicionales que pudierais tener. A cambio, dentro de unos diez años, cuando estéis ya en los puestos de poder que vuestra inteligencia os proporcionará… quiero agradecimiento. Nada serio; tan sólo un par de favores o comentarios dejados caer en el oído adecuado. No os comprometerá, y es todo el pago que pido.

No parecía mucho. O eso querían creer.

Sam volvió a pasear la mirada por los rostros de los presentes. Los conocía, más o menos dependiendo del caso, pero los conocía. Podía imaginar cuál sería su respuesta.

Andy había dejado las cosas muy claras, pero no creía que el resto fueran a arrojar una negativa tan tajante a la cara de Azazel. Lily y Max tenían más dinero que el resto; no es que fueran ricos precisamente, pero estaban en una situación más desahogada, por lo que podían permitirse dudar. En lo que se refería a Jake y Ava… bueno, Sam estaba seguro de que, más tarde o más temprano, aceptarían la propuesta de su anfitrión. La familia de Jake estaba teniendo serios problemas desde que murió su padre; el menor de los Winchester había oído incluso decir que Jake se estaba planteando unirse al ejército para proveer a su familia de sustento y a la vez tener la posibilidad de estudiar algún día en la universidad. El trato de Azazel debía de parecerle por fuerza más atractivo.

En cuanto a Ava, no le gustaba la idea de deberle nada a alguien, eso podía verlo, pero probablemente acabaría aceptando, también. Ava era hija de un ama de casa, nieta de un ama de casa y bisnieta de un ama de casa, todas frustradas por su falta de vida profesional y su dependencia económica. Ava, por lo que él sabía, tenía novio, pero terminar igual que las mujeres de su familia sería lo último que ella querría.

Y sólo quedaba Sam.

- No tenéis que darme una respuesta ahora, por supuesto –dijo Azazel con voz suave-. Entiendo que esto es un anuncio inesperado, y además, tendréis que hablarlo con vuestras familias. No tengáis prisa; pensadlo bien. Pero sed conscientes de que es una gran oportunidad. Una que os merecéis, y que otros no os van a dar.

Podía ser cierto. Probablemente lo era. Pero Sam sabía lo que iba a suceder en su casa en el momento en que nombrara el trato que Azazel Hell les proponía, y no le seducía demasiado la perspectiva.

No le seducía ni lo más mínimo.


Siento mucho, muchísimo, el retraso en publicar este capítulo, pero ha sido por causas ajenas a mi voluntad: primero, cuestiones de la universidad, luego, la muerte de mi bisabuela, que me llevó a volver a mi país y pasar allí algún tiempo. El resultado es que el capítulo ha sido redactado y corregido cuando y cómo podía, y a pesar de su pequeño tamaño de las ganas que tenía de escribirlo, ha costado mucho de llevar a cabo. Pero me sabe muy, muy mal corresponder así a vuestro interés y atención. De modo que, de nuevo, lo siento.

Confío en que al menos os haya gustado :).