1973.

Mary contuvo un gemido cuando lo vio entrar. Por Dios, otra vez no. Lo último que le apetecía era verlo pavonearse una noche más.

Para su sorpresa, sin embargo, Winchester no se dirigió al que en los dos o tres últimos días se había convertido en su espacio personal dentro del Crossroads, sino que, tras saludar a un par de personas, se aproximó a la barra y se sentó frente a ella.

- Una cerveza, por favor –pidió.

Mary alzó una ceja.

- ¿Cansado de ser el centro de atención, o crees que el partido te robaría demasiado protagonismo? –preguntó con una dulzura venenosa. John pareció sorprendido.

- ¿Hay un partido esta noche? -. Se dio la vuelta para mirar la televisión que tenía absorta a la mitad del local-. Ah, de baloncesto. Que les aproveche.

- Si fuera de sofball, en cambio, estarías lamiendo la pantalla, ¿verdad?

Winchester parpadeó.

- Mary Campbell, ¿has estado observando mis gustos y aficiones? –preguntó con sonrisa seductora.

Ella suspiró, exasperada.

- Llevas una gorra con el logo de un equipo de softball, idiota. Tengo cosas mejores que hacer que observar en qué ocupa el tiempo un descerebrado que se apuntó como voluntario a masacrar en Vietnam.

Por un instante, pareció… ¿herido?

- Supongo –replicó con cierta sequedad-. Bueno, ¿qué hay de esa cerveza?

Mary ladeó la cabeza.

- No creas que no sé que eres sólo unos meses mayor que yo, Winchester. Así que nada de cerveza.

Él enarcó las cejas.

- Tu padre me la da –arguyó.

Mierda.

- Touché –admitió ella, y con un suspiro sacó una botella que depositó sobre la mesa-. Bébetela, pues, y mata las pocas neuronas que te quedan.

- Gracias -replicó él, adusto, mientras se deshacía de la tapa-. Y gracias, también, por tus encantadoras opiniones acerca de mi persona.

Mary bufó.

- ¿Y qué quieres que piense de…?

Sí, ya lo sé. De un descerebrado que se apuntó a masacrar en Vietnam-. La taladró con la mirada-. ¿Sabías que me apunté, siendo menor de edad, porque era el único modo de tener un sueldo seguro cuando tuve que dejar la escuela antes de tiempo por la enfermedad de mi padre?

- La verdad es que…

- Supongo que al menos te enterarías de que mi madre murió mientras yo estaba allí –prosiguió con amargura-. Me avisaron de que acababa de tener un accidente, pero en aquel momento me acababan de sacar un buen montón de metal del abdomen, y no pude volver a tiempo. No pude asistir al funeral de mi madre porque me habían enviado a exterminar a campesinos que se vieron en medio de dos sistemas económicos que tienen como objetivo dominar el mundo y sólo nos ven, a ellos y a nosotros, como piezas perfectamente prescindibles en el gran esquema de las cosas-. Cogió aire antes de proseguir-. Que me cuenten lo que quieran, pero me gustaría saber qué le hicieron los niños vietnamitas a los Estados Unidos para terminar torturados y asesinados.

Mary tragó saliva.

- No es eso lo que les has estado contando a los que te preguntaban estos días –observó-. Les relatabas anécdotas. Les contabas chistes. Presumías.

John bufó.

- No, claro que no les he contado eso. No es lo que se espera de mí, ¿verdad? Además, he visto lo que sucede con los que no cumplen las expectativas propias de un joven americano en su retorno de Vietnam-. La miró fijamente-. ¿Tú también los has visto, verdad? Los mutilados, los drogadictos, los que han enloquecido-. Sacudió la cabeza-. Tienen toda mi compasión, Mary, pero no quiero ser uno de ellos. No me lo puedo permitir, y he estado ya demasiado cerca de que eso me sucediera-. Jugueteó con la boca de la botella-. Y luego está la reacción de la gente. Se apartan de ellos como si fueran apestados, joder. Como si nos les hubieran enviado ellos mismos al frente, con una sonrisa y la afirmación taxativa de que tenían que luchar por su país… por ellos.

Durante unos instantes permanecieron así, en silencio; John arrancaba nerviosa y sistemáticamente la pegatina de la botella mientras Mary lo observaba con interés.

- Has cambiado – concluyó ella al fin.

Él rió, seco y amargo, y dio un largo trago a la cerveza.

- Si uno no cambia después de eso, preciosa, o no ha tenido nunca entrañas o no ha tenido cerebro.

- Supongo- replicó ella en voz baja, y dejó pasar el "preciosa". Tras un instante de reflexión, le preguntó, intrigada-. ¿Por qué me lo estás contando a mí, Winchester?

John vaciló.

- Hay una razón –repuso-. Pero vas a pensar que estoy loco.

- ¿Cómo, ahora que estaba a punto de cambiar mi opinión sobre ti? –bromeó ella. Clavó los codos en la barra y se inclinó hacia delante-. Vamos, prueba. Has conseguido que sienta curiosidad.

Él dudó un instante, pero pareció decidirse.

- Hubo un día… una noche, en realidad, en que estábamos llevando a cabo una misión. Fue… no sé cómo describírtelo, en realidad. Apocalíptico, supongo. Recuerdo que llovía como si se hubiera roto el cielo, y que todo era jungla, agua y oscuridad. Llevábamos horas combatiendo, disparando ante cualquier ruido que sonara sospechoso, y la gente a tu alrededor caía sin que pudieras adivinar siquiera de dónde venían las balas-. Tragó saliva-. Perdí a dos bueno amigos esa noche, y ni siquiera sé qué fue de sus cadáveres, porque retrocedíamos, y retrocedíamos, y todo era una huida infernal-. Se mordió el labio inferior y la miró-. En algún momento, tropecé con alguna raíz y quedé tendido en el barro. Pensé… pensé que eso sería todo, la verdad. No me veía con fuerzas para levantarme, cargar mi arma y seguir corriendo bajo la lluvia y en medio de la jungla interminable, preguntándome si cada instante sería el último. Ni siquiera sabía si tenía ganas de hacer tal cosa. Era más fácil quedarse allí, sintiendo la tierra bajo mi pecho, y esperar que me mataran a mí también.

Cogió aire.

- Pero, bueno… entonces te vi.

- ¿Me viste? –preguntó Mary, y carraspeó para aclararse la voz, que le había salido algo ronca.

John asintió, lenta y deliberadamente.

- Sí, ya sé que suena a locura. Podría haber visto a cualquiera, ¿verdad? A mi madre, mi padre, algún amigo, o alguna de las chicas con las que he estado… Pero no, no fue así. Te vi a ti, con el vestido rosa y las flores en el pelo que llevabas hace un par de años en la fiesta de agosto, bailando delante de una de las hogueras que encendemos en la Plaza Mayor. ¿Por qué? No lo sé, Mary, te juro que no lo sé. Pero cuando te vi, decidí que quería seguir viviendo. De modo que me levanté y eché a correr-. Se encogió de hombros-. Y aquí estoy.

Ella lo miró, desconcertada, mientras John apuraba la cerveza y se levantaba. No creía que le hubiera mentido, pero, ¿qué sentido podía tener semejante absurdo? ¿Que un tipo con el que apenas había hablado tuviera una visión de ella cuando estaba a punto de morir? ¿Cómo se respondía ante semejante declaración?

Él rebuscó en los bolsillos de su chaqueta y dejó un billete sobre el mostrador.

- Gracias por todo, Mary –dijo con suavidad, antes de girar sobre sus talones y dirigirse hacia la puerta.

De pronto, ella logró salir de su ensimismamiento.

- John –se le escapó de modo inconsciente, y de pronto se dio cuenta de que era la primera vez en que se refería a él por su nombre de pila. Carraspeó, incómoda, porque ahora él la estaba mirando, y ella no había tenido una intención clara al decir su nombre. Al final, decidió que poner una cerveza sobre la barra era lo más sencillo-. Tómate otra, si quieres. Invita la casa, ya que al parecer aún te quedan algunas neuronas que matar.


Ya sé, ya sé, queréis Destiel. Yo también, no os creáis que no XD, pero este capítulo ha prácticamente escapado de mis dedos, y como dicen en mi tierra, a caballo regalado no le mires el diente :). Por lo demás, prometo que el próximo de nuestra pareja favorita está a medio escribir, así que en principio no creo que tarde mucho en terminarlo ;).

Una última cosa: si alguien siente curiosidad, en Super-wiki (CanonCharactersHuntersJohn Winchester, si mal no recuerdo) se puede encontrar bastante información y especulaciones acerca del paso de John por el ejército. Yo lo he encontrado bastante interesante, la verdad.