Bien, capítulo tres recién salido del horno…. Lamento muchísimo la tardanza, ahora que tengo vacaciones y, por tanto, más tiempo, trataré de traducir uno por semana. El verano da para mucho~

Lo de siempre, Hetalia pertenece a Hima, y esta historia a Karuka Ikashi. Por lo tanto, no soy dueña de nada, solo tomé el tiempo de traducirlo.

Lo de siempre, muchísimas gracias por el apoyo, y agradecimientos al final ^^


Capítulo 3

Romano se sentó sobre su cama en la oscuridad de la habitación, agarrándose con fuerza las piernas y enterrando la cara entre sus rodillas. ¿Cómo se atreve ese bastardo a venir aquí? ¡No quería volver a ver su estúpida cara nunca más! Después de todo lo que le había hecho, todavía tuvo el valor de presentarse y simplemente pedir perdón, como si eso lo arreglara todo. ¡Y ese maldito español casi deja escapar la verdad del pozo delante de su hermano! Probablemente, ellos estarían sentados abajo, hablando de ello. Romano sintió que le ardía la cara, roja de vergüenza. ¿De verdad España se lo diría? Si lo hiciera, Veneciano sabría que toda su "disculpa" era una broma y que en realidad él era el único que había ocupado los pensamientos de España todo el tiempo. He perdido contra él de nuevo. Siempre ha sido así.

Se sentía como un niño otra vez, compitiendo por atención. Incluso entonces, el abuelo Roma solo había prestado atención a Veneciano. El tierno. El artístico. El que se dejaba abrazar y mimar sin avergonzarse o apartarlo a un lado. No importaba que Romano tuviera su nombre gracias a él. No había nada más en él que lo hiciera especial. Siempre fue eclipsado o ganado en cualquier cosa que no fallara completamente. "No puedo hacer nada", era lo que finalmente se había obligado a creer. Su abuelo le había tratado como si nunca hubiera existido y, a veces Romano se preguntaba si él recordaba que Veneciano tenía un hermano – o si, para él, "Italia" se refería solo a una persona.

Había sido así durante mucho tiempo… Entonces el abuelo Roma desapareció y Austria los conquistó. Romano solo era un botín extra de la batalla, algo que Austria no se preocupaba por mantener. En lugar de eso, lo había regalado a España, y por una vez, por una vez, Romano se había alegrado… aunque fuera solo para alejarse de Veneciano y empezar a sentirse él mismo, no parte de la sombra de su hermano pequeño. ¿Cómo de patético era eso? ¡Él era el mayor, maldita sea! Y nunca había notado que su hermano pequeño se preocupara por él o incluso lo respetara. Tan solo era otra persona más a la que pisar, y los países más fuertes siempre los habían echado a un lado desde que podían recordar. Aunque España había sido… diferente del resto.

En un principio, Romano odiaba a ese hombre – ese idiota con su sonrisa estúpida y su voz alegre y su afecto asfixiante… Sus altas expectativas. Nadie le había pedido tanto a Romano como él. El joven italiano se había relajado bastante respecto a sus responsabilidades, incluso cuando España le pedía la más simple de las tareas, Romano respondía honestamente: "No sé cómo hacerlo". Su pereza y naturaleza desafiante habían tenido un importante papel, por supuesto, aunque él prefería esconderse tras otras excusas más convenientes. Pero España buscaba mucho de él. Y a pesar de las negativas iniciales de Romano, se sorprendía al darse cuenta de que a veces trataba de hacer un esfuerzo por dárselo.

"¿Por qué debería importarme si ese hijo de puta es feliz?" se había preguntado a sí mismo muchas veces. Todo lo que había hecho el español era mandarle – limpia esto, lava eso, saca la basura, haz la colada, recoge algunos tomates… Romano nunca había querido complacerle. Había elaborado una lista de respuestas automáticas – "¡No tengo ganas de hacerlo!"," ¡Ahora no!", "¡Lo haré más tarde!", "¡Estoy muy ocupado!", "¡No puedo!" , "¡No sé cómo!" Sin embargo, España seguía pidiéndole. Él nunca había renunciado a la esperanza de que Romano le serviría mejor algún día, aunque él chico nunca había entendido por qué. Lo que aún tenía menos sentido era por qué continuaba protegiéndole cuando cualquiera le hubiera dicho lo inútil que era Romano. Recordó la conversación que España había tenido con su jefe tras haberle rescatado de Turquía. Estaba muy molesta con él por haber iniciado una guerra sin disponer de los medios para luchar en ella.

"¿Por qué simplemente no lo entregaste? ¡Podría haber sido de utilidad finalmente! ¿Sabes lo que ese Turquía podría haber pagado? Mientras que aquí estamos en huelga…"

"¡Pero no podría! Romano es especial-"

A pesar de las duras represalias que recibía, España nunca dejaría de defenderlo, no importa quién lo dijera. Romano recordó, dando vueltas en su cabeza al hecho de que alguien realmente lo quería. Que era importante para su jefe, importaba para él. "Especial."

Después de eso, le había resultado mucho más difícil odiar a España, aunque seguía haciéndose el duro. La agresividad había sido siempre su defensa natural, y no iba a deshacerse de su hábito. Pero España ya había visto un lado más amable en él, y de vez en cuando, cuando Romano bajaba la guardia, lo volvía a experimentar. Ganarse su confianza era difícil, pero no imposible. Durante todos esos años, España no había parado de intentar acercarse a él, y aunque su relación era algo difícil de entender para otros países, aquellos que los conocían mejor veían un vínculo basado en el amor incondicional del español y la terquedad inflexible del italiano. La renuencia de Romano se había transformado en determinación por aferrarse a la única persona que realmente le amaba y aceptaba.

Pero no duró.

Romano resopló y maldijo mientras las lágrimas contra las que había luchado toda la noche por mantener dentro escapaban cayendo por sus mejillas. Por lo menos, nadie podría verlo así. Desde la ruptura, había hecho todo lo posible por reprimir su dolor. Había sido su elección después de todo. Era mejor mantenerse lejos de España que estar con él y ver como prefería a su hermano. Pero aún así dolía… y todas esas emociones encerradas comenzaban a acercarse, abrumándolo. Lo que más odiaba era que todavía seguía preocupándose por ese cabrón. Seguía queriendo estar cerca de él, y se odiaba a sí mismo por ese inquebrantable deseo y el control que tenía sobre él. ¡Que se quede con Veneciano! Puesto que, de todas formas, le gusta mucho más su compañía. Bastardo, cabrón, hijo de puta… Me lo prometiste.

Hace un mes

"¡Te dije que no quiero que venga tanto por aquí!"

Romano estaba en la cocina con los brazos cruzados, mirando fijamente al hombre que sonreía como si no pasara nada. Ese idiota… ¿No podía tomarle en serio por una vez?

"¡Vamos, Romano! ¡Es tu hermano!" España respondía mientras terminaba de cortar los tomates frescos para la ensalada que estaba preparando.

"¡Eso no quiere decir que tenga que verle cada vez que decide auto invitarse a venir aquí! Pensé que habías dicho que esta noche solo estaríamos tú y yo."

"Sí, pero Alemania tuvo que ausentarse e Ita-chan preguntó si podía venir a cenar. No quieres que tu hermano esté triste y solo, ¿verdad?"

"¡No me importan los malditos problemas de dependencia de Veneciano! ¡Nunca tienes tiempo sólo para mí!"

España dejó de cortar las verduras y lo miró.

"Eso no es cierto Romano… Pasamos mucho tiempo juntos."

"¿Cuándo fue la última vez que tuvimos una cita?"

España abrió su boca.

"-Esa no cuenta."

España la volvió a cerrar. Romano le fulminó con la mirada, sintiéndose estúpido por discutir sobre eso y molestándose como si fuera una novia celosa. Pero era algo que había estado molestándole durante mucho tiempo, hasta el punto en el que no podía soportarlo más.

"Lo siento, Romano. ¿Quedamos a finales de esta semana?"

"¿Qué? ¿Ahora tengo que esperar para una cita de mierda? ¡Solo llama Veneciano y dile que tenemos planes!"

"¡No puedo hacer eso! ¡Ya le dije que podía venir!"

"Pues dile que ya no."

"Pero ya he empezado a hacer la ensalada-."

España se vio interrumpido por Romano estampando un pepino justo a la derecha de su mano. El italiano se inclinó sobre el mostrador, mirándole con fiereza.

"¡Olvídate de la ensalada, joder! ¡Solo admite que te gusta más pasar el tiempo con él que conmigo!"

"¡R-Romano!"

El italiano podía sentir su rostro caliente de vergüenza y su voz ronca de rabia mientras se enfrentaba a su pareja. España parecía demasiado aturdido y desvalido como para pensar una respuesta coherente.

"Yo… Eh… Ya sabes… Eso… Eso no es cierto" respondió.

"¡Mentiroso!" Gritó Romano. "¡Estoy harto de esta mierda! ¡No soy alguien con quien pasar el rato mientras le esperas a él!"

"¿Qué? ¿Cómo puedes…? ¡Romano! ¡Espera!"

Pero la nación más joven ya se estaba yendo furiosa, decidido a alejarse de ese maldito español tanto como fuera posible. Salió corriendo hacia su coche y dio un portazo antes de que el otro hombre pudiera detenerle.

Acabó en su propia casa, la cual estaba llena de cosas suyas ya que no había tenido suficiente tiempo para mudarse con España todavía. Solo llevaban viviendo juntos un par de semanas. ¿Voy a tener que traer todo de vuelta? Trató de dormir, pero no pudo. Siguió pensando en ese hombre y en como Italia y él estarían probablemente disfrutando de su cena sin él. Los celos y el resentimiento se agitaban en su interior mientras seguía tumbado ahí, esperando que el sueño pusiera fin a todo. Sus párpados estaban finalmente cerrándose con somnolencia cuando oyó como tocaban a la puerta.

Gimió e ignoró los golpes hasta que el que tocaba se puso tan insistente que finalmente se arrastró fuera de la cama.

"¡Ya voy, maldita sea!" Gritó mientras se acercaba a la puerta.

La abrió con cierta cautela, pero no estaba preparado para lo que llegó a su casa.

"¡Aquí estás, fratello!" Canturreaba su hermano, dándole un abrazo muy poco deseado. "España está muy preocupado por ti, así que le dije que le ayudaría a buscarte. Por supuesto, pensé en buscar aquí en primer lugar."

Era únicamente gracias al sueño que tenía que no tiró a Veneciano al duro suelo de mármol en ese momento. Romano frunció el ceño y apretó los dientes, empujando a su hermano lejos de él mientras el otro italiano le intentaba arrastrar hacia la puerta.

"¡Vamos, hermano! ¡España-niichan te está esperando!"

Romano reunió la fuerza suficiente para escapar de su agarre y darle un buen golpe en la cabeza a su hermano.

"¿Piensas que me voy a ir contigo solo porque te envió para traerme de vuelta? Puedes decirle a 'España-niichan' que si quiere que vuelva, venga a buscarme."

"¡Romano!"

El italiano dio un respingo. Podía ver una sombra arrastrarse por detrás de Veneciano, viniendo desde la calzada. Así que el muy cabrón se había presentado.

"¡Romano, por favor! ¡Ven conmigo a casa! Lo siento mucho por lo de antes. ¡Lo haré por ti… te lo prometo! Podemos tener tantas citas como quieras, pero por favor… no me hagas volver solo."

¿Por qué no te vas a casa con Veneciano, idiota? Pensaba Romano. Sin embargo, no se atrevía a decirlo – no cuando su hermano estaba de pie justo ahí. La cara de España se veía esperanzada y – Romano tenía que admitir – arrepentida. Tal vez estaba demasiado cansado para decir si era sincero o no, pero el cabrón había venido hasta aquí para buscarlo… Eso tenía que contar para algo, ¿verdad? Romano solo deseaba que no llevara a Veneciano con él.

De alguna forma, en contra de su mejor juicio, aceptó a volver a casa con España. Y había sido un terrible error. Romano lo sabía, incluso mientras España pasaba su mano con cariño hacia abajo y arriba de la pierna de Romano cuando viajaban en coche y su hermano canturreaba la canción italiana que sonaba en la radio desde el asiento trasero. Más te vale mantener tu promesa esta vez, idiota…

Hacer que Veneciano volviera a su casa había tomado todavía más tiempo esa larga noche, pero era mejor que permitir que siguiera en casa. Romano se preguntó si los dos cenarían juntos antes de salir a buscarle.

España tarareó y cantó en español el resto del trayecto hacia casa a pesar de los gemidos de molestia de su acompañante. Romano nunca admitiría lo mucho que le gustaba la voz de España. Le calmó, y aunque el italiano no entendía muchas de las palabras… algo sexy. De todos modos, el resultado fue que España apenas habló con él durante el resto de viaje, excepto tal vez para murmurar algunas palabras cariñosas algo tontas que Romano ni siquiera creía poder volver a creer.

Realmente lo había conseguido, a pesar de que había sido su primera noche de vuelta en la casa de España. Tras su largo viaje, los dos yacían tumbados en la cama, durmiéndose finalmente después de una breve ronda de hacer el amor en la cual Romano solo se había sentido medio involucrado. Su corazón seguía lleno de dudas tras su última pelea. ¿España realmente lo quería? Se preguntó en quien pensaba su amante mientras recorría su cuerpo con sus manos, mientras le besaba tan apasionadamente, mientras se movía profundamente en su interior, mientras decía… "Te amo."

"Te amo."

Lo estaba diciendo ahora que abrazaba a Romano contra su pecho, respirando en su pelo, medio dormido. El italiano cerró los ojos, perdiéndose en su esencia, tratando de sentir tan cerca al español como antes. España frotó su espalda y se metió todavía más en las profundidades de su sueño. Romano casi había caído también en el Mundo de los Sueños cuando oyó a su amante murmurar algo, demasiado suave, algo que no podría haber oído si su oreja no estuviera pegada a la boca del español.

"Ita-chan…"

Romano se congeló. Su cuerpo se tensó completamente mientras España aflojaba su abrazo en torno a él. Su mente seguía tratando de comprender lo que acababa de oír. No había sido su nombre, no el nombre de la persona a la que estaba abrazando en ese momento. Había sido el nombre de su hermano. Veneciano. Romano sintió las lágrimas deslizándose por su rostro antes de saber que estaba llorando.

Contuvo la respiración y se deslizó fuera de los brazos de España lo más silenciosamente que pudo mientras que el otro comenzaba a roncar. Salió de la cama y se vistió en la oscuridad. Se dirigió hacia la puerta temblando, parándose a coger una pequeña caja con sus cosas aún sin desempaquetar antes de darse la vuelta para dirigir una última mirada a su amante, cuyos brazos seguían posicionados como si abrazaran algo. El pecho del italiano dolía fuertemente al sentirse separado de España mucho más que los escasos pasos que los distanciaban. Cada buen sentimiento y grato recuerdo que el español le había dado parecían totalmente falsos ahora. A pesar de lo mal que el italiano había sido tratado toda su vida, nunca se había sentido tan utilizado… o tan roto. ¿Cómo había permitido que sucediera esto? Hubiera sido mucho mejor si nunca hubiera permitido que España le amara. Pensé que era especial, pensaba Romano mientras le veía dormir con los ojos enrojecidos. Pensé que me querías. Fuiste el primero en hacerme sentir como si fuera… Importante.

Antes de haber pasado un día entero allí, dejó la casa de España de nuevo. Pero esta vez no iba a volver.

El presente

Romano se acurrucó hecho una bola en la cama, con la esperanza de que el sueño pondría fin a los recuerdos que rondaban su mente. No era demasiado tarde aún, pero la noche le había dejado exhausto. Él solo quería ir a dormir para que al despertar pudiera encontrar la casa vacía – como debe ser.

El sueño, sin embargo, no parecía una posibilidad en ese momento. El italiano intentó seguir escuchando las voces y sonidos provenientes de abajo, pero no oía nada. Deben de haber ido a alguna parte juntos. Podía imaginarlos, riendo, España envolviendo con sus brazos a Veneciano, acercándose, besándole… ¡Argh! Romano enterró su cara en la almohada. ¡Era tan frustrante! ¿Por qué no podía superarlo? ¡No necesitaba a ese bastardo! ¡Ni lo quería! No después de lo que había hecho. Y sin embargo, no podía evitar lo que sentía. Te odio tanto… Te odio por hacer que siga amándote.

Justo cuando Romano comenzó a expresar su frustración en voz alta, escuchó algo de fuera. Cayó el silencio, podía oír un sonido que entraba a través de la ventana abierta. El italiano volvió la cabeza hacia ella con curiosidad. ¿Qué es esto? Sonaba demasiado familiar. Se levantó de la cama, dirigiéndose a la ventana con cautela. Al principio, la música era suave, pero cuando asomó la cabeza hacia fuera para encontrar de dónde provenía, el volumen se incrementó repentinamente y una voz alegre acompañó a la música con entusiasmo.

"Esta noche linda,
Vengo a cantarte a ti,
Por favor escúchame,
Lo que tengo que decir,
Nadie en el mundo,
Me hace sentir así,
Y mi corazón se rompe,
Si no quieres escucharlo!
Cuanto te quiero~! Romano!
Solo tú me haces sentir
Esta felicidad incomparable!
Es tan grande mi amor y
Solo te amo a ti y a nadie más!
Créeme para darme paz!
Si nunca me vuelves a hablar,
Me quedare sentado aquí,
Por eternida-!"

La canción del español se vio interrumpida por un tomate golpeándole en plena cara. Su piel roja estalló, salpicando con su contenido la nariz de España y cayendo por su barbilla en un río de pulpa y semillas. España lamió el jugo de sus labios y continuó tocando.

"¡Cállate, cabrón!" Romano gritó desde la ventana. "¡Me estás avergonzando, joder!"

"¡Romano!" España gritó lastimeramente. "¿Cómo podrías-"

Otra explosión le cortó de nuevo. ¿De dónde cogía los tomates? Tenía una cesta de ellos allí arriba y España lo sabía.

"Por favor-"

El siguiente le golpeó en el ojo.

"¡Hey!" El español protestó. "¡Deja de malgastar la comida!"

"¡Pues vete de mi casa, maldita sea!" Gritó Romano.

"¡Pero tienes que escucharme!"

La guitarra estaba ahora recibiendo una paliza de tomatazos. España la protegió con su cuerpo y terminó con la ropa manchada como resultado. La tormenta de fruta se prolongó hasta que Romano se quedó sin paciencia ni munición. Cerró la ventana y corrió las cortinas, terminando de tratar con el español por esa noche. No iba a conseguir nada de él ahora.

España yacía en la hierba entre los frutos aplastados y las rosas rojas que había esparcido a su alrededor, completamente derrotado. Se abrazó a su guitarra empapada de rojo y se cubrió la cara con la mano miserablemente. Italia salió corriendo de detrás de un arbusto con preocupación.

"España-niichan, ¿qué te ha pasado? ¿No funcionó la serenata?"

El hombre no dijo nada, pero a Veneciano le pareció oírle llorar un poco. Esto no estaba previsto. La siguiente vez, el español estaba decidido, cantaría una canción en un idioma que Romano entendiera completamente.


Bien, terminado. Y aaag como siempre se me hizo tardísimo ;_; Bueh, al menos podré actualizar, que no me gusta tardar tanto…

Agradezco toooodos los favs, alerts y esas cosas, y se las pasaré a la autora cuando tenga tiempo ;/; Para que vea lo monos que sois todos!

En cuanto a los reviews…

Karuka Ikashi: Ya respondí a este amor de persona por priv pero… quiero hacerlo otra vez. ;/; THANK YOU SO MUUUUCH! I hope I'm doing a good job with the translation… and you enjoy this chapter~ See you later, love~

Natalie Onodera: Eso mismo le digo yo, que España le ama a él, pero no me hace caso! [¿?] Pues ya ves como ha salido la idea del bueno de Feli… En fin uwu es duro el camino hacia el corazón del mayor de los italianos. Y sii, Italia es fantástico, no me hubiera ido nunca… Sobre todo de Roma, quedé enamorada de esa ciudad. Nos vemos~

Hinata Jagerjaques: Romano el pobre es un sufridor, yo lo comprendo –okno- Pero la verdad es que sí, yo tampoco creo poder aguantar algo así… Espero seguir leyendo tus reviews y saber si te va gustando~ Nos vemos x3

Kathya: Lloraste? Bienvenida a mi mundo, yo también. Neh, la verdad es que tiene cosas preciosas y muy tristes este fic… Asd~ Ahora no tardaré tanto en actualizar, so… Podrás seguir leyendo más a menudo! Nos vemos~ Un besiitu~

Kikyoyami8: Muchas gracias por el comentario~ Es genial leer comentarios como el tuyo que animan a seguir~ Espero que sigas pasándote a leer y te guste. Nos vemos ^^

CreepyGirl07: Lo séee. Pobre Lovi, si él es un amor ;_; No lo comprende. Aww… Bueh, espero que sigas pasándote para ir leyendo como se desarrolla la historia, y espero también seguir leyendo reviews tuyos ^^ Muchas gracias por leer~ Por cierto, a mi tampoco me gusta el FrUk e_e

Seasonsleep: ME FUII PERO YA VOLVI CON ACTUALIZACIÓN Y TODO BAJO EL BRAZOO. Para que no os quejéis… Okno xD Pues ahora que tengo mas tiempo pondré al día todos los fics en cuanto pueda… Espero seguir leyendo comentarios tuyos y saber que te gusta ^^ Nos leemos~

Y ahora a dormir~