… De repente lo odio todo. Tenía ayer el capítulo terminado. Lo terminé de escribir a las cuatro de la madrugada… Lo guardé… Y SE BORRÓ.
En fin, ok, esto lo subo hoy como que me apodo Kai e_e Me da igual tener que pasarme todo el día traduciendo.
Si no recuerdo mal, aquí os decía que intenté traer este antes, ya que son vacaciones, y puedo actualizar cada menos tiempo. Además, es un capítulo realmente genial y emotivo.
Como siempre… Dad las gracias a su genial autora original Karuka Ikashi. Y a Himaruya por crear Hetalia. Que nada es mío, vaya. Más quisiera.
Capítulo 5
"No puedo creer que te haya dejado traerme aquí."
Romano tenía el ceño fruncido mientras se sentaba con los brazos cruzados, mirando al que se sentaba a su lado y observando de manera aún más feroz a la persona sentada al lado de su hermano.
"¡Vamos, fratello!" Gorjeaba Veneciano, acariciando la espalda de su hermano."¿No es emocionante? ¡Todos se están esforzando mucho!"
"Ja", dijo una voz más grave proveniente de al lado del más joven de los italianos. "No todos los días tienes que ver a un país practicando su 'deporte nacional'."
"Todavía no sé por qué has tenido que venir, macho-patatas", gruñó Romano, empujando a Veneciano lejos.
"Me arrastraron hasta aquí igual que a ti", respondió Alemania, señalando a la persona que se encontraba ahora de pie apoyado sobre el borde de la grada, mirando hacia la plaza de toros que se encontraba frente a ellos.
"Ve ~ España-niichan dijo que trajera a alguien, y tú no querías venir, ¡así que se lo pedí a Alemania!" Le dijo a su hermano por encima del hombro. "¡Es genial que al final hayamos venido juntos!"
Ni loco dejaría que me sustituyese, pensó Romano. Empezó a quejarse en voz baja para sí mismo mientras su hermano miraba en todas direcciones con los ojos muy abiertos.
"¡Es impresionante!" Veneciano se encontraba maravillado. "¡Nunca he visto a España-niichan hacer algo así antes! Sin embargo, estoy seguro de que tú sí, ¿verdad, fratello?"
"Hace mucho tiempo", murmuró Romano.
No le importaba ese deporte, si se trataba de uno. No era exactamente un concurso –se parecía más a un ritual de sacrificio. El toro moría casi siempre, y toda la sangre que se veía era más de lo que el estómago del italiano podía soportar. Nunca imaginó que volvería a estar allí, pero una vez se enteró que Alemania asistiría, la idea del macho-patatas a solas con su hermano le había enfurecido tanto como para ganar a la negativa de ver a su ex.
"No sé por qué estás tan emocionado", dijo a Veneciano. "No te va a gustar."
El menor de los italianos ladeó la cabeza con curiosidad.
"¿Por qué?"
"Se vuelve muy sangriento", dijo Romano, su lado sádico disfrutaba de la súbita alarma que se extendía por el rostro de su hermano al imaginar la sangre. "Y el toro muere de forma lenta. Dolorosamente."
"P-pero, España-niichan nunca haría algo así."
Romano se encogió de hombros.
"Lo hizo una vez. Pero el tomate-bastardo cambió mucho desde entonces. No pensé que lo haría de nuevo. Prohibieron las corridas de toros en Barcelona y muchos ciudadanos no están de acuerdo con ellas ahora."
No se dio cuenta de lo extraño que era hasta que lo dijo en voz alta. ¿Por qué España hacia todo esto de repente? Romano estaba completamente seguro de que había perdido el gusto por ello. La plaza estaba repleta de gente ansiosa por ver a su país ponerse finalmente el traje de luces de nuevo. Había pasado tanto tiempo…
El italiano miró hacia la entrada a la plaza, esperando el desfile de toreros, picadores y banderilleros. En cambio, solo entró un hombre, vestido con su traje color morado oscuro y oro y saludando a la multitud entusiasmada mientras caminaba hacia el centro de la plaza. Romano lo miró confuso. ¿Dónde estaba todo su maldito séquito? ¿El tipo quería toda la atención para él solo?
Los ojos de España se centraron en los de Romano y sonrió. El italiano sentía su rostro arder, y se dio la vuelta, molesto. ¿Por qué tenían que estar en primera fila? Alguien podía notar que España estaba mirándole a él… Su hermano, por otro lado, estaba deseando llamar la atención de España, inclinándose todavía más sobre la barandilla delante de su asiento y agitándose violentamente.
"¡ESPAÑA NII-CHAN! ¡ESPAÑA NII-CHAN! ¡Por aquí!"
Romano quería estrangularlo. Alemania simplemente se sentó allí, frotándose la sien como si el menor de los italianos le diera dolor de cabeza. España les asintió en señal de reconocimiento y se inclinó ante el resto de la multitud. Hizo girar su capa de color rojo brillante delante de él, y solo entonces, Romano se dio cuenta de que algo andaba mal. Estaba seguro de que el capote inicial había de ser de color oro y magenta, no rojo.
"¿Qué está pasando?" Murmuró para sí mismo.
La multitud murmuraba también, por tanto supo que no era solo cosa suya. Sin embargo, nadie dudaba de su país abiertamente. Les daba igual las normas con las que iba a jugar el español. España se giró hacia la puerta por donde entraría el toro y esperó. Tan pronto como la puerta se abrió, una figura negra finalmente apareció. Era más pequeño de lo que Romano esperaba y casi tan feroz. Trotó por toda la plaza y luego hacia España, que estaba murmurando algo que nadie pudo oír. Burlas, supuso Romano. Pero, ¿por qué el toro no se volvía loco todavía? Tal vez estaba confuso…
No pasó demasiado tiempo hasta que la situación comenzó a volverse más familiar. En el momento en que España comenzó a agitar el capote, la actitud del toro cambió, y cargó contra el hombre con todas sus fuerzas. España esquivó a la bestia rápidamente cuando pasó junto a él, y se giró sobre las plantas de sus pies, esperando al siguiente movimiento del animal. Esto continuó una y otra vez, con la multitud gritando: "¡Olé!" cada vez que su nación evadía esos afilados cuernos con valentía y bailaba cerca del toro. Veneciano fue el más sorprendido de todos ellos.
"¡YAAAAY! ¡VAMOS, ESPAÑA NII-CHAN! ¡SÍ! ¡Increíble! ¡Woohoo! ¡WAAA-gah!"
El italiano se atragantó cuando su hermano se levantó y le agarró del cuello de la camisa, tirando de él hacia atrás. Romano le hizo sentarse sobre el asiento de cemento, generando un ruido sordo. Veneciano comenzó a lloriquear cuando su trasero se golpeó contra la superficie.
"¡Ay! ¡Eso duele!"
"Entonces, ¡cállate!"
"¡Pero fratello! ¡Estaba animándole! ¡Todos lo están haciendo!"
"¡Nadie lo hace tan fuerte como tú!"
"¡Pero no puedo evitarlo! Estoy tan emocionado… ¿Tú no?"
Romano le miró y volvió su mirada hacia la plaza de nuevo. Había un sentimiento recorriéndole por dentro, pero no era emoción. Era más bien ansiedad al ver a la criatura cargar contra su ex novio, golpeando el suelo con sus cascos, esa piel brillante. Un buen golpe con los cuernos y… pero espera. No podía estar preocupado por ese cabrón, ¡maldita sea! Sin duda, España estaría bien. Después de todo, ya había hecho esto antes. No importaba el tiempo que hubiera pasado.
"No", respondió Romano a su hermano, mirándolo sin impresión. "El muy idiota no hace otra cosa que dar vueltas."
"Realiza movimientos elegantes", comentó Alemania. "De pie tan cerca de un animal salvaje. Debe de ser difícil actuar de esa manera mientras te expones a tanto peligro. Podría llegar a ser herido fácilmente."
El mayor de los italianos apretó los dientes y le miró con expresión de: "¿Quién te ha preguntado?", volviendo después su atención de nuevo hacia el matador, encogiéndose de repente. El muy bastardo estaba sonriéndole a él. Romano sintió su rostro enrojecerse mientras España mantenía su mirada fija en él mientas esquivaba al toro, los cuernos casi rozaron su brazo. El italiano sintió como se le erizaba la piel y apretaba el estómago. Estaba comenzando a sentirse nervioso. Idiota… Mantente concentrado.
España le guiñó un ojo y continuó esquivando. La multitud empezaba a sentirse menos entusiasmada, ya que su emoción inicial estaba muriendo, pero muchos seguían gritando bien alto, disfrutando de la actuación de España.
El español comenzó a preocuparse ya que pronto perdería su interés, la acción se estaba volviendo repetitiva. Incluso Romano empezaba a parecer aburrido. Podía verlo retorcerse en su asiento mientras hacía una mueca de inquietud incómoda. O eso, o tenía gases, pensó España.
Su Torito parecía que estaba un poco cansado cuando España continuó dándole órdenes en voz baja. Tengo que hacer algo para que esto sea más emocionante. Pensando rápidamente, España sacó un trozo de tela que había preparado a propósito. Nunca se habría atrevido a realizar ese truco con cualquier otro toro, pero sabía que Torito nunca le haría daño, por tanto, se sentía seguro. Tras el paso siguiente, se apresuró a aguantar el capote entre las piernas y ató la tela alrededor de sus ojos.
"¿Qué mierdas está haciendo?" Romano se quedó sin aliento.
"¡Gah! España-niichan, eso es peligroso!" Lloraba Veneciano.
"Se ha vuelto loco", murmuró Alemania. "¿Cómo espera luchar contra un toro con los ojos cerrados?"
Ellos tres no fueron los únicos impresionados por el cambió de acción de la nación. Un murmullo de preocupación y emoción recorría la grada. Los niños estaban de pie en sus asientos, y los adultos se inclinaban contra la barandilla, tratando de obtener una mejor visión. Romano podía sentir su corazón latiendo fuertemente en su pecho, muy a su pesar.
España se enfrentaba al toro ahora, de pie y con la capa extendida.
"Venga", susurró, y el español esperó hasta que pudo sentir el suelo temblar bajo sus pies, inmediatamente esquivó al toro por la izquierda, sabiendo que ese era el lado preferido de su mascota. Podía oír los aplausos y gritos de su público, se giró y preparó para el siguiente paso, esquivándolo con elegancia. Lo único que lamentaba de llevar la venda en los ojos era que no podía ver las reacciones de Romano. ¿Estaba preocupado por él? ¿Estaba impresionado? España se esforzaba por escuchar la voz de Romano entre los gritos, pero no podía oír nada.
Estúpido España, el italiano pensaba a regañadientes. ¡Qué egocéntrico! ¿Estaba haciendo esto a propósito? Romano deseó poder disfrutar viendo a su ex mutilado, pisoteado, muerto, o todo lo anterior. Pero aunque lo intentó, no pudo. Solo sentía miedo y esa enfermiza sensación, preocupación de la que Romano deseaba deshacerse inmediatamente. Algo le hacía sentir que estaba pasando justo lo que ese bastardo había planeado.
Maldita sea, ¡no me importa ese imbécil! ¡Espero que se caiga en la tierra con ese traje suyo! ¡Que el toro le mutile! Que-
"¡Argh!" Rugió Romano, levantándose de su asiento y apoyándose contra la barandilla. "¡Vamos, toro estúpido!" Gritó. "¡No se lo pongas tan jodidamente fácil!"
"¡F-fratello!" Su hermano abrió la boca sorprendido.
"¿Es eso lo mejor que puedes hacer?" Se burlaba Romano. "¡Menudo reto! ¡He visto ovejas más feroces que tú!"
"Creo que lo hemos perdido", dijo Alemania al menor de los italianos.
Sin embargo, Romano no se detenía. Seguía lanzando sus insultos contra el toro, sintiendo que su preocupación por el español era menor con cada palabra.
"¿Acaso tienes los cuernos solo de adorno? Úsalos, ¡estúpido filete con piernas!"
Estaba comenzando a llamar la atención de la gente a su alrededor, que dejaron de animar ellos mismos solo para mirar al enfurecido italiano que insistía en animar al toro a su modo verbalmente agresivo.
El público cercano no fueron los únicos que lo escucharon. España, finalmente, pudo distinguir la voz que había estado esperando, solo para descubrir que no se dirigía a él. Trató de aguantar el dolor que sintió al oír a Romano animar en su contra. Tropezó hacia delante un par de veces, provocando exclamaciones entre el público ya que su elegante danza se había roto, pero se recompuso como pudo y trató de seguir con la actuación. Sin embargo, el que probablemente fue el más afectado por las palabras de Romano, en el que habían causado más emociones esas palabras, fue el propio toro.
Torito dejó de cargar y se volvió hacia el origen de la voz. Lo que vio fue al mismo mocoso insoportable que había estado atormentándole desde hacía siglos. Ese rostro despreciable, su voz llena de burla… A pesar de ser un toro viejo, tenía buena memoria. Romano tirando piedras contra él desde el segundo piso de la casa de España. Romano poniéndole motes e insultando a su madre. Romano persiguiéndolo con un hierro candente. Romano tratando de venderlo a Estados Unidos como carne para hamburguesa… Había esperado demasiado tiempo para clavar sus cuernos en su piel y lanzarlo por los aires bien alto. España se había asegurado de mantenerlos alejados por esa razón, pero ahora, el oscuro animal finalmente encontró una pequeña obertura, una ventana hacia su venganza.
España supo que algo andaba mal en el momento en que sintió los cascos golpear el suelo dirigiéndose hacia otra dirección. Introdujo un dedo por debajo de la venda y la levantó un poco con curiosidad, antes de arrancársela con horror. El toro, con unas energías totalmente renovadas, corría hacia las gradas a toda velocidad, cegado por la rabia. Y contra el que estaba cargando… no era otro que su Romanito. Presa del pánico, España corrió para interceptar a la bestia.
"¡NO! ¡Espera! ¡Para!"
Los obstáculos que encontraría no serían otra cosa que madera. Si el toro daba en el blanco, sin duda la rompería, y Romano saldría herido. Aunque su tamaño no lo indicaba, Torito era más fuerte que un toro normal. Algunos de los asistentes ya se habían alarmado y huían de la zona lo más rápido que podían. Romano, sin embargo, se sentía pegado al asiento, aunque su hermano le tirara del brazo.
"¡Fratello!" Gritaba Veneciano mientras veía al toro cargar contra ellos.
Él no era capaz de hacer nada para mover al otro italiano, pero un cierto alemán sí. Antes de que Romano supiese lo que ocurría, un fuerte brazo lo envolvió y levantó, moviéndose en la dirección en que todo el mundo corría.
"¡Bájame, hijo de puta!" Gritaba Romano mientras luchaba por liberarse.
Alemania cumplió y vio en estado de shock como Romano corría estúpidamente hacia la barandilla de nuevo y se inclinaba sobre ella, fijando los ojos angustiosamente sobre España. El español corría a toda velocidad a lo largo de la barrera con intención de interceptar al toro. Romano no lo podía creer. ¡Qué idiota!
"¡Para!" Gritaba España mientras recorría lo que le quedaba de distancia y hacía lo más estúpido que se le podía ocurrir. La boca de Romano se abrió en completa sorpresa, y la plaza completa parecía quedar en silencio con horror al ver a su amado país colocarse justo en frente del animal en carga.
Su mascota inmediatamente trató de frenar al ver a su amo en su camino, pero en ese momento le era imposible detener su abultado cuerpo negro. Deslizó sus cascos sobre la tierra, y España hizo tope hacia delante con toda su fuerza, acabando estrellado contra la barrera de madera, haciendo que crujiera. Romano se sentía horrorosamente oprimido al ver a su ex novio colapsando contra el duro muro. Torito lo miraba miserablemente, olvidando su ira.
"¡Mierda!" Siseó Romano y saltó por encima de la barrera, sin pesar en el peligro que suponía aterrizar al lado del toro que antes cargaba contra él.
España estaba inmóvil. Su colorido traje estaba cubierto de suciedad, y su rostro congelado en una expresión tensa de dolor.
"¡Maldito bastardo!" Le gritó Romano. "¡Idiota estúpido!"
Se arrodilló en la tierra y se llevó el cuerpo inerte de España sobre su regazo. Su corazón se encontraba dividido entre la preocupación y un profundo resentimiento, pero por ahora, solo necesitaba saber que su ex estaba bien.
"¡España-niichan!" Gritó Veneciano, siguiendo a su hermano al otro lado de las gradas.
Alemania no se quedó atrás. El rubio se acercó al lado de Romano y se arrodilló para comprobar el pulso del torero caído mientras el mayor de los italianos le fulminaba con la mirada.
"No está muerto", confirmó, aunque nadie esperaba lo contrario. Las naciones habían sido creadas con material resistente, este había sido un pequeño accidente. A España parecía que le costaba respirar. Su brazo estaba torcido en una posición incómoda, y todavía no podía abrir los ojos.
"Estúpido", murmuraba Romano, mirando la cara de su antiguo tutor. "No puedo creer que hiciera esto, idiota. ¿Por qué?"
Su voz se quebró, y Alemania se puso de pie para darle algo de espacio. Italia trató de acercarse, pero el alemán le agarró cerca de él, haciendo que retrocediera. Las protestas de Veneciano cesaron al ver que su hermano comenzaba a temblar.
¡Maldita sea! Pensó Romano con el rostro teñido de vergüenza. ¡Se supone que no me importa! Hijo de puta… ¿A quién tratabas de proteger? Es cierto que Veneciano había estado de pie a su lado detrás de la barrera, pero Romano se moría de ganas de creer que España se había puesto enfrente del toro por él. Esto es por mi culpa, pensó el italiano con amargura. No debiste hacer eso…
España empezó a moverse, sorprendiendo un poco a Romano. Gruñó y abrió los ojos para mirar a un nervioso Romano, que trataba con fuerza de reprimir todas las emociones que luchaban en su interior para que ninguna fuera expuesta ante el hombre. Sin embargo, la media sonrisa de España derribó todas sus barreras con la fuerza de un toro, y el italiano susurró una maldición mientras una lágrima escapaba.
"Romano", dijo España débilmente, secando con su mano la lágrima. "Estoy tan contento de que estés bien…"
"¡Cállate, cabrón!" Se ahogó. "¡Debería dejar que ese toro te pisoteara por hacer algo tan estúpido!"
"Pero Roma, yo… Yo haría cualquier cosa por ti."
¡No! Pensó el italiano. Mentiras, mentiras, mentiras… ¡No me vas a engañar otra vez, imbécil! Lloró cuando España acariciaba su mejilla, pero no importó cuantas veces se dijo a sí mismo que no podía confiar en él, estúpidamente cayó en las palabras del español. Le creyó. Si era verdad o mentira, no le importaba. ¿Soy realmente tan ingenuo?
España deslizó su mano por la nuca de Romano y lo atrajo hacia él mientras se levantaba tembloroso y apretó sus labios contra los del italiano. Romano pudo escuchar su voz profunda y entrecortada a medida que se separaban.
"Por ti, mi amor, bailaría con la muerte."
La cara de Romano ardía y su boca se abrió, tratando de pensar cómo responder, pero se quedó sin palabras. Solo devolvió la mirada al hombre que se encontraba entre sus brazos, fijando sus ojos en esos orbes esmeralda.
"Además", dijo riendo el español, mirando su cara sin palabras. "tú golpeas mucho más fuerte, Romano."
España gritó cuando el agarre de su ex se volvió menos suave. La simpatía se derritió con el enfado que comenzaba a arder dentro del italiano. Sin embargo, antes de que tuviera la oportunidad de dejar caer al español sobre la tierra o enseñarle cómo de fuerte podía golpear, una serie de voces sonaron repentinamente tras ellos.
"¡Rodeadlo! ¡No lo dejéis escapar!"
"¡Lo tenemos acorralado!"
"¡Menuda bestia feroz! ¡Ni siquiera trata de luchar!"
"¡No podemos correr ningún riesgo! ¡Acabad con él, antes de que intente herir al Señor España de nuevo!"
Los ojos entrecerrados de España se abrieron súbitamente. Se esforzó por incorporarse, pero hizo una mueca de dolor cuando trató de mover su brazo roto.
"¡Esperad!" Gritó desesperadamente a los hombres que se disponían a matar a su toro. "¡No matéis a mi Torito!"
Sintió los brazos de Romano repentinamente rígidos en torno a él, y el pánico se apoderó del español cuando se dio cuenta de que había metido la pata.
"¿Acabas de decir… 'Torito'?" Gruñó Romano. "¿Igual que tu… mascota?"
"E-espera, Romano, no es-"
"¿Qué?" Exigió Romano. "¿Qué está pasando aquí?"
España buscó las palabras adecuadas pero no encontró ninguna. El italiano le miraba con recelo, como su pudiera leer la culpabilidad escrita en su rostro. El cariño que había hacía unos momentos fue reemplazado por desconfianza mientras fulminaba con la mirada al español.
"¿Fue todo esto solo una especie de montaje?" Murmuró Romano. ¿A quién tratabas de engañar?"
"A-a nadie", respondió España, incapaz de detener la mentira antes de que se deslizara por sus labios. "¡No era mi intención que alguien saliera herido por esto! Sé que parece que me estaba poniendo en peligro, pero-"
"¿Fuiste golpeado por el toro a propósito?"
"¡No! ¡Por supuesto que no! ¡No esperaba que cargara contra ti! Tus burlas deben de haberlo vuelto loco-"
"¡No trates de culparme a mí!" Le gritó el italiano. "¡Solo dime por qué has hecho esto! ¿Por qué organizaste una corrida de toros falsa?"
España le miró en silencio, sin saber cómo responder. ¿Era mejor decir la verdad, incluso cuando la verdad podía empeorar las cosas?
"Quería llamar tu atención", dijo finalmente. "Necesitaba que me escucharas. Sé que fue estúpido, pero no había otra forma."
Romano se quedó mirándole, con frustración y confusión girando en su cabeza. Trató de ignorar la voz en su cabeza que le decía que diera otra oportunidad al español, para traerlo de vuelta y tratar de volver a ser como antes eran. Ese breve momento de confianza no se había desvanecido por completo. Pero tampoco había olvidado como España le había herido tan fácilmente. Sabía que podía hacerlo de nuevo si se lo permitía – y el hombre no había demostrado si fiabilidad organizando esta corrida de toros. Él no solo había hecho a Romano preocuparse, sino que también había provocado que llorara delante de todos. Había jugado con sus emociones y le había hecho cuestionarse a sí mismo, ¿y para qué? Para verlo jugar con su mascota. El italiano estaba disgustado. No, necesitaría más que eso para volver a confiar en él de nuevo.
"Eres un mentiroso", escupió Romano, dándole un empujón y quitando sin delicadeza al español de su regazo. "Así que pensaste que podías decirme la 'verdad' presentando otra mentira, ¿no? ¡Eres un idiota! Y yo no-" empezó, poniéndose de pie, "-estoy listo para perdonarte aún."
Con esto, se alejó, dejando a España en la tierra. Veneciano trató de agarrarlo al pasar, pero Romano le dio un corazón con tanta fuerza que Alemania tuvo que atrapar al joven italiano antes de que cayera al suelo. El torero vio a su ex novio desde el suelo, mientras silenciosas lágrimas corrían por el puente de su nariz y sus mejillas. Después de todo eso, había vuelto a fracasar. Su corazón gritaba desesperadamente mientras yacía allí, inútil, viendo a su amor dejar la plaza. ¡Romano! ¡Por favor! Por favor, vuelve… Vuelve y escúchame. No podía ni siquiera levantarse para ir tras él.
Alemania detuvo a los demás españoles que acorralaban al toro asustado, y Veneciano se arrodilló junto a España, tratando de ayudarlo a levantarse. Sin embargo, el País de la Pasión no se movió. Cerró los ojos y esperó hasta que los codazos de Torito y la voz demandante de Alemania le sacaron de su sentimiento de derrota. Unas fuertes manos lo levantaron del suelo, y España agarraba su brazo lesionado mientras un equipo de gente llegaba para llevárselo. Apenas escuchaba la preocupación en sus voces mientras se desvivían por él y su miembro roto. España solo miraba sin decir una palabra, distraído por un diferente tipo de dolor.
Romano… Tú golpeas mucho más fuerte.
Algunas aclaraciones para los despistados:
Fratello: Hermano.
Traje de luces: Nombre de la vestimenta que utilizan los toreros
El deporte nacional de España es el futbol, por eso Alemania dice: "No todos los días tienes que ver a un país practicando su 'deporte nacional'".
Bueh… Igual tiene algunos fallos, lo escribí realmente rápido… ES QUE QUERÍA SUBIRLO HOY COMO FUERA. Bueno, he de decir que tanto esta vez, como la primera que lo traduje, he llorado como una enana… Creo que soy demasiado sentimental xDDD pero me puede. EL SPAMANO ME PUEDE.
Pues… Lo subo ya que tengo ganitas, pero antes…
MUCHÍSIMAS GRACIAS POR LOS REVIEWS, LOS ALERTS Y LOS FAVS. Sois todos puro amor, en serio. No sabéis lo que me animáis a seguir… No sé qué haría sin vosotros, srly. No hay cosa que me alegre más que saber que os gusta lo que escribo/traduzco. *3*
Así que… sin más dilación… Agradecimientos a mi querida gente que deja reviews.
CreepyGirl07: Hooola ~ Antes de nada, muchas gracias tanto por leer como por tomarte el tiempo de comentar, de veras. Boooh… Si el amor entre ellos no sobrevive, a la que primero le da algo es a mí [¿?]. Ahahaha, yo también soy una llorona dramática. Espero seguir leyendo tus reviews y saber que te gusta ~ Love ya.
Ritsu Kirkland: ¿Te encanta? Aasdadsda no hay nada que me haga más feliz ~ Muchas gracias tanto por leer como por pasarte a comentar. Y si te gusta… ¡Mejor que mejor! No tienes que darme las gracias por traducirlo, para mí es un placer hacer que este fic llegue a más gente. Espero seguir leyéndote. Love ya ~
ILoveChocoCake: ¡Actualicé! ¡Y no tardé tanto! Me estoy transformando en una persona responsable… Hehe [¿?] Es que, Spamano y OTP son dos cosas que deben ir en la misma frase siempre ù_u. Adsdas me alegro mucho de que te guste, y muchísimas gracias por tu opinión, es importante para mí saber lo que pensáis :B Lo cierto es que hago lo posible por hacer que tenga sentido y la ortografía sea buena xDU (Aunque a veces se me cuele algún "mñas". ¡Si me voy a volver loca escribiendo mientras leo en inglés e intercalo con el traductor!) Espero seguir leyendo reviews tuyos con tu opinión, de veras. Y muchas gracias again por leer , Kana-chan. Love ya ~
karuka Ikashi: Love ~ I'll answer to you by private, as always. Nobody should know about our forbidden love [?]. Haha, just joking.
Ann Aseera: Hooola ~ Muchísimas gracias por leer y comentar, de versa. Amo saber que te está encantando, no sabes cuanto. Espero que estés disfrutando de la historia. Y no te preocupes, que ahora intentaré actualizar cada menos tiempo, así sabrás cómo continúa lo antes posible ~ Espero seguir leyéndote y saber que te gusta. Love ya ~
Sunxdark: LO SÉ. A mí también me hace llorar lo que viene a ser demasiado… Tendrías que verme escribiendo mientras me caen los lagrimones, parezco una cosa mala xD. Aws… no tienes que darme las gracias por traducirlo, para mí es un placer que todos disfrutéis leyéndolo, pero muchas gracias a ti por pasarte a leerlo y dejarme un comentario tan bonito. Así que lo prometido es deuda y aquí tienes tu actualización. Intentaré no tardar con la próxima. Love ya ~
ME VOY A VICIARME A LA PLAY. CIAO, AMORES.
