Ea, capítulo siete. Tengo que aprovechar lo que queda de verano… ¡Apenas tres semanas! ¡Socorro! Asd… Bueno, pues seré breve, que siempre acabo enrollándome al final del capítulo.

Como siempre, decir que los derechos tanto del fic como de Hetalia: Axis Powers pertenecen a sus respectivos creadores: Karuka Ikashi y Himaruya respectivamente.


Capítulo 7

Inglaterra se sentó en el asiento que le correspondía en la Cumbre Mundial miserablemente, mirando a las otras naciones alrededor de él hablar unas con otras mientras esperaban que comenzara la reunión. Él había llegado el primero de todos, y ni una sola persona le había hablado todavía. Todo el mundo estaba ocupado con otra persona, alguien que no era él. Normalmente eso no molestaba al británico. Realmente, solo había una persona con la que le importaba hablar, pero él había estado balbuceando cosas con Japón sin parar desde que llegó.

"-pero tienes que admitir que aunque Godzilla sea lo suficientemente grande para ganar a King Kong y tenga unas garras asesinas y todo, sigue siendo un lagarto, y los lagartos son de sangre fría, así que de ninguna manera podría ganar una batalla si lo llevaran al ártico u otro sitio con mucha nieve…"

Inglaterra solo suspiró y sacudió la cabeza. ¿Por qué le importaba tanto? Tampoco era que el chico le hubiera prestado mucha atención últimamente. Parecía muy decidido a ignorar a Inglaterra a veces, o al menos actuar de manera superior a él. Sin duda, Inglaterra se ponía de los nervios cuando su ex colonia le mostraba tan poco respeto. Estados Unidos… puedes ser tan arrogante a veces…

¿Qué había pasado con esos días en los que el joven rubio le admiraba? Cuando él era el grande y fuerte. ¿Acaso Inglaterra no era lo suficientemente 'guay' como para estar alrededor? Estados Unidos parecía contento de pasar tanto tiempo con Japón, quien también era una muy antigua nación, e Inglaterra sentía como si de alguna manera había perdido el contacto con el chico desde que ellos dos se habían vuelto amigos. Bueno, puede que yo no esté tan interesado en robots o videojuegos… pero sigo siendo importante para ti, ¿no?

Estaba tan distraído con el americano que no se dio cuenta de que alguien se arrastraba hacia él por detrás. El agresor aprovechó la baja guardia del británico y lo agarró de los hombros, Inglaterra se sorprendió tanto que casi saltó sobre su asiento.

"¿P-pero qué…? ¿Por qué demonios hiciste eso, imbécil?"

"Haha, relájate, Anglaterre", se rió Francia. "Solo probaba a tu conciencia".

"¡Eres un infierno! ¡Solo te encanta sacarme de mis casillas cada vez que puedes!"

"Alguien parece más cascarrabias de lo normal. ¿Hay algo que te moleste, mon ami?"

"¡No es asunto tuyo, frog! ¡Y ahora déjame solo!"

Inglaterra se cruzó los brazos sobre el pecho y resopló. Francia parecía retroceder, pero de manera casual se dirigió hacia el otro lado del hombre, y se sentó justo a su lado. Siguió la mirada del inglés y encontró su objetivo, para gran vergüenza del británico.

"Ah, así que el pequeño Amérique es quien tiene tu atención en este momento. O mejor dicho… Tú no tienes la suya".

"¡C-cierra la boca!" Gritó Inglaterra en un tono un poco alto. Algunas de las otras naciones se giraron para mirarle por un momento antes de volver a sus propias conversaciones. El rubio se puso rojo. "¿Por qué siempre tienes que meter las narices en todo?" Murmuró.

"Yo estaría más que dispuesto a ayudarte, si tú me dijeras qué te preocupa sobre él".

"¡N-no es nada! ¡Deja de intentar averiguarlo, bastard!¡No… No es justo!"

Francia le levantó una ceja e Inglaterra apartó su mirada de él de mala gana. El francés le sonrió y colocó una mano sobre su hombro mientras el otro se hombre se estremecía.

"Es difícil no ver lo que te preocupa cuando lo muestras de esta manera", sonrió. "Realmente soy la mejor persona que puede venir cuando alguien tiene… problemas en su relación".

El británico se erizó.

"¡No tienes ni puta idea de lo que estás diciendo! Eres la última persona a la que buscaría para pedir consejo sobre cualquier cosa, así que vete a la mierda y DÉJAME SOLO".

Francia le frunció el ceño con disgusto.

"No eres tan caballeroso cuando estás enamorado, ¿verdad? Muy bien… pero recuerda: cuando todo lo demás falla, aún puedo ser la última persona a la que acudir".

Dicho esto, le guiñó un ojo y se fue, dejando al otro hombre apretando los dientes y disparando miradas mortales hacia su espalda.

En el otro lado de la habitación, Romano estaba sentado al lado de su hermano, que charlaba alegremente con Alemania, para gran consternación del mayor de los italianos. Él ignoraba la mayor parte de su conversación, con sus ojos viajando alrededor de la sala de conferencias, posándolos finalmente sobre un país de aspecto miserable no muy lejos de él. Romano apretó los dientes cuando España cruzó la sala y se acercó a él.

"¡Romano! Mi amor, ¡por favor, escúchame!" Le pidió. "Sé que todavía sigues molesto por lo de antes, ¡pero, por favor, no me ignores!"

Alemania y Veneciano dejaron de hablar para mirar al español. Romano podía sentir su cara arder de vergüenza y enfado hacia el otro hombre. Sin embargo, no iba a ceder. No iba a dejar que su ex le humillara provocando una escena. Por mucho que deseaba gritar a España y descargar algo de su frustración sobre él, no lo haría. Miró al otro hombre, se colocó recto e hizo lo que los italianos mejor saber hacer – retirarse.

"¡Romanooo!" Gritó España mientras el hombre con el que trataba de hablar huía de la habitación a la velocidad de la luz.

Inmediatamente, España estaba dispuesto a darle caza, pero de repente, tuvo que retroceder cuando Francia le agarró de su brazo sano.

"Espera, Espagne," le dijo su amigo, "debes ser paciente. Romano te escuchará cuando esté listo".

España lloriqueó patéticamente y retiró su brazo mientras miraba al rubio. "Lo sé. Es solo que… Le echo mucho de menos".

Francia le dedicó un gesto de simpatía, y Veneciano incluso tenía los ojos más llorosos que el propio España.

"¡Buah! ¡España-niichan! ¡No me gusta verte tan triste!"

Alemania se limitó a sacudir la cabeza. "No se puede evitar teniendo en cuenta con quien estamos tratando. Nunca he conocido a nadie más terco que tu hermano… excepto el mío, tal vez".

Francia miró al alemán con algo de interés. "¿Sabes algo de Prusse?" Preguntó con ansiedad.

Alemania sacudió la cabeza con cansancio. "Nada. Estuve despierto toda la noche buscándole, pero no hay ni rastro de él por ningún lado. No tengo la más remota idea de donde puede haber ido que no haya comprobado ya".

Francia frunció el ceño. "Entonces, realmente no podemos encontrarle. Oh, Prusse, ¿dónde puedes haber ido? Mi fiesta de cumpleaños es mañana… ¡Espagne, tenemos que encontrarle!"

Pero España estaba demasiado distraído como para prestarle demasiada atención. Siguió mirando con nostalgia hacia la puerta por la que Romano había escapado. La expresión de Francia se volvió molesta mientras trataba de compartir con su amigo un poco de su preocupación.

"¡España!" Le gritó, con la esperanza de que hablándole en su lenguaje nativo le haría volver a la realidad y ser consciente de lo que sucedía a su alrededor. El español saltó un poco y lo miró con timidez.

"Oh, lo siento, Francia. ¿Qué estabas diciendo?"

"Nuestro amigo está desaparecido", dijo el rubio, tratando de que su voz no sonara irritada. "Un miembro de nuestro trío puede estar en problemas, y necesitamos encontrarlo pronto".

España suspiró, frotándose la frente.

"Lo sé, Francia, y realmente desearía que hubiera algo que pudiésemos hacer, pero, ¿dónde más se supone que debemos mirar? Estuvimos fuera mucho tiempo buscando también…"

"No deberíais preocuparos tanto por él", intervino Alemania. "Bruder puede ser temerario… pero sabe cuidar de sí mismo. Confío en que volverá pronto".

España asintió con una expresión ligeramente aliviada en el rostro. Francia también parecía algo más tranquilo, pero no convencido del todo. Prusia no era, después de todo, una verdadera nación. ¿Era posible que simplemente desapareciera? El francés se negó a creer que se estaba preocupando demasiado, y le molestaba parecer ser el único al que realmente le importaba.

"Ne, España-niichan…tal vez pueda tratar de hablar con Romano-niichan por ti", dijo Italia. "Sé que no lo demuestra, pero creo que algo cambió en él desde la corrida de toros".

España se animó ante eso, su interés se trasladó por completo hacia el italiano.

"¿D-de verdad? ¿Crees que me puede perdonar pronto?"

"Espero que sí", respondió Veneciano. "Él ha estado menos de mal humor… pero todavía no quiere hablar de ti. No sé que puedo hacer".

Francia gruñó celosamente y trató de recuperar la atención de su amigo.

"Te lo dije, Espagne, ¡necesitas ser paciente! Ten un poco de fe en mi plan, ¿vale…?"

España se volvió hacia el francés en tono de disculpa.

"Lo siento", dijo, "pero no me puedes culpar por ser impaciente, ¿no? Si Romano me perdona pronto, no tendré que-"

"¡CHST!" Siseó Francia. "Debes mantenerlo en secreto, mon ami. ¡No se lo digas a nadie!"

"Oh… Está bien", respondió España, algo desconcertado.

"Lo que me recuerda, Italie", dijo Francia dirigiéndose a Veneciano. "Tengo una idea para que ayudes a Espagne".

"¿Sí?" Respondió el otro con entusiasmo. "¿Qué es?"

"Convence a tu hermano de que nos acompañe en mi fiesta de cumpleaños, por supuesto. Le extendí la invitación antes, pero fui groseramente rechazado".

Veneciano frunció el ceño.

"¿Fratello no irá a la casa de Francia-niichan? Bueno, no sé cómo, pero… ¡Haré lo que pueda para cambiar su decisión!"

"Excelente", dijo Francia con una sonrisa, aunque parecía que estaba ocultando algo.

Veneciano le sonrió y se disculpó rápidamente, corriendo en la dirección en la cual Romano se había ido. España le siguió con la mirada, y después la dirigió hacia Francia con ansiedad.

"¿De verdad crees que Romano vendrá? No os habéis llevado precisamente bien en el pasado".

Francia pasó un brazo alrededor de los hombros de su amigo con una desdeñosa mirada en su rostro.

"No te preocupes por eso, Espagne. Estoy seguro de que será una noche llena de diversión y… emoción. No se lo perderá".

España sonrió, un poco tranquilizado por la confianza de su amigo. Sin embargo, conocía bien al italiano, y no era ningún misterio para él lo testarudo que podía ser. Esperaba que su hermano fuera de capaz de convencerle de alguna manera para ir. España se giró para mirar al resto de naciones dispersas a lo largo de la sala de conferencias. Sus ojos se posaron en Inglaterra, sentado abatido en una silla. Francia siguió su mirada y sonrió. El británico se revolvía sobre su asiento y miraba generalmente incómodo, como si estuviera luchando consigo mismo. Se dio cuenta por el rabillo del ojo de que Francia le miraba y le lanzó una mirada antes de girarse de nuevo. Francia parecía divertirse, pero España ladeó su cabeza con curiosidad.

"¿Qué le pasa a Inglaterra?"

Francia se echó a reír.

"Ambos estáis en situaciones muy similares, mon ami".

"¿En serio?" Preguntó el español. "Eso es malo. ¿Crees que tal vez podamos usar la misma solución?"

Francia levantó las cejas. A veces, a pesar de su densa mente, España podía llegar a ser brillante. Le gustaba mucho la idea.

"Se lo recomendaré", prometió, "pero solo si se acerca a mí en busca de ayuda".

Inglaterra no parecía tener ninguna intención de hacer eso, pero… Bueno, pensó España, momentos desesperados requieren medidas desesperadas. Su historia impedía que él e Inglaterra se llevaran bien, pero aún simpatizaba con el hombre y le deseaba lo mejor.

Veneciano corrió por el pasillo y llamó a su hermano en el vestíbulo donde el mayor de los italianos se encontraba sentado en uno de los sillones de la sala de estar. Tenía los brazos cruzados y fruncía el ceño en dirección al suelo hasta que vio a Veneciano y dirigió su mirada furiosa en su dirección.

"Fratello!"

"Ugh, ¿qué mierda quieres?" Se quejó Romano. "Se es algo acerca de ese bastardo, no te voy a escuchar, ¡maldita sea!"

"¡No lo es, fratello! ¡Lo prometo! ¡Se trata de Francia-niichan!"

Romano le miró con una mirada de incredulidad que se prolongó unos cinco segundos antes de ponerse de pie y caminar hacia la puerta.

Fratello, espeeeera!" Gritó Veneciano, saltando hacia su hermano y envolviéndolo con sus brazos antes de que tuviera la oportunidad de escapar.

"¡Gah! ¡Déjame ir, idiota!" Romano gruñó, luchando contra el agarre del joven italiano.

"¡Pero tienes que escucharme!" Se quejó. "Por favor, ven a la fiesta de Francia-niichan conmigo".

"¡Ni…de…coña!" Gruñó el otro, tratando de liberarse.

Sin embargo, Veneciano era terco. Se agarró sin vacilaciones, incluso utilizó su propio peso para impedir a su hermano seguir adelante. Romano apretó los dientes con frustración y giró la cabeza hacia atrás intentando golpear a Veneciano en la cara, pero su hermano menor había aprendido de experiencias anteriores y expertamente se agachó de forma instintiva tras el hombro de Romano.

"¡Por favor!" Suplicó Veneciano. "¡No será lo mismo sin ti, fratello!"

Romano dejó de luchar para mirarle de reojo.

"A nadie le importa si no voy, maldita sea. No quiero ir a casa de ese bastardo del vino".

Se sorprendió cuando Veneciano le soltó de repente y se colocó delante de él, por lo que quedaron ambos cara a cara y se vio obligado a mirar esos ojos suplicantes. Sin embargo, lo que realmente le sorprendió fue que la voz de su hermano era extrañamente seria –no quejica o ruidosa, solo… calmada y un poco triste, maldita sea.

"No digas eso, fratello. A mí me importa. Quiero que estés porque… eres importante para mí. ¡Por favor, ven!"

Romano le miró boquiabierto, estupefacto. ¿Por qué estaba dudando? ¡No iba a caer con esa cara de perro abandonado! ¡De ninguna manera! Y sin embargo… Todavía no le había apartado a un lado. El mayor de los italianos retiró su mirada de los ojos expectantes de Veneciano y giró la cabeza a un lado, frunciendo el ceño.

"Lo… lo pensaré, joder", dijo finalmente. "¡BIEN!" Aplaudió Veneciano y lo abrazó con fuerza otra vez, para gran protesta de su hermano.

Maldita sea su debilidad… Romano se sintió engañado. Bueno, al menos no había prometido nada. Siempre y cuando me suelte, maldita sea.

De vuelta en la sala de conferencias, Estados Unidos había dejado finalmente de hablar con Japón y se había dirigido hacia donde Inglaterra se encontraba cavilando. España no estaba lejos de él, se dejó caer en su asiento, pero estaba demasiado ocupado fingiendo que escuchaba a Francia hablar acerca de lo fabulosa que sería su fiesta como para prestar atención al joven americano. Estados Unidos se inclinó sobre su ex colonizador curiosamente mientras Inglaterra le miraba de reojo.

"¡Hey, Iggy! ¿Qué se mueve por aquí?"

El otro hombre se sobresaltó, pero volvió a mirar a Estados Unidos con una pequeña mueca.

"No se 'mueve' nada. Te lo aseguro, excepto Letonia por allá, quizá", respondió Inglaterra , apuntando hacia la nación que temblaba al otro lado de la habitación mientras era oprimido por Rusia.

"Estás de mal humor hoy, viejo", sonrió Estados Unidos, sin saber que era la segunda persona que le hacía ese comentario aquel día al británico. "Quiero decir, más de lo normal".

Inglaterra le devolvió la mirada.

"¿A quién estás llamando viejo? Solo porque tienes menos de la mitad de experiencia que yo como nación no quiere decir que puedas ir molestando a la gente acerca de su edad. Tengo mejores cosas que hacer que escuchar tus insultos".

"Bueno, tranquilo. Si querías que te dejara solo, solo tenías que decirlo. ¡No eres nada divertido, Iggy!"

"¡No me llames así, mocoso! Y soy muy divertido, solo que…"

Se detuvo, como si de repente no estuviera seguro de lo que estaba diciendo. Estados Unidos lo miró expectante, pero Inglaterra solo se puso rojo y se giró, irritado.

"¡No importa! No voy a tener esta conversación contigo".

Se cruzó de brazos, dejando a Estados Unidos con el ceño fruncido.

"¿Qué pasa, señor Reino Unido?" Preguntó el joven, aún tomándole el pelo pero con un poco de preocupación en su voz también.

"¡Nada, por Dios! ¡Ahora déjame solo!"

"Heh. ¡Tienes que aprender a estar de mejor humor, Iggy! Nadie va a querer estar a tu alrededor si siempre estás de mal humor y eres aburrido".

Con eso, le dio a Inglaterra una palmadita en el hombro y siguió su camino. Inglaterra le frunció el ceño y se disponía a replicar, pero Estados Unidos estaba de nuevo en el otro lado de la habitación, charlando con Japón de nuevo. En cambio, el británico apretó sus dientes y se inclinó sobre la mesa, apoyando la barbilla sobre sus nudillos mientras miraba malhumorado.

"¿Soy aburrido…?" Murmuró en voz demasiado baja como para que alguien lo escuchara.

Él y España dejaron escapar un suspiro a la vez. Francia se había ido del lado de su amigo y ahora los miraba a ambos desde la distancia, sonriendo para sí mismo. El escenario estaba listo. Sin duda sería una fiesta que nadie olvidaría. Se río en voz baja para sus adentros. Dejad de preocuparos, mes amis. Siempre hay ayuda esperando para vosotros si sabéis buscar en los lugares adecuados. Tarde o temprano os daréis cuenta… Soy la solución a vuestros problemas.


Capítulo terminado ~

Como siempre, han acabado siendo las tantas… Siempre se me hace tardísimo! Así que seré breve.

Como siempre, agradezco a los nuevos favs y alerts que he recibido con el último capítulo. ¡Muchas gracias! ¡Animaros a dejar un review también!

Y a aquellos que los dejáis… Muchísimas gracias también x3 Sois los mejores! Sin vosotros no sería lo mismo. Puede que ni tuviera ánimos para seguir traduciendo…

Responderé por privado, ya que me quedo sin tiempo! Estoy a punto de empezar las clases y tengo que madrugar para llevar papeles al instituto y agg… Demasiado para mi cuerpo, así que debo irme a dormir ya. Pero mañana contesto!

Solo le diré a mi querido nuevo anon con el que no puedo contactar por privado, Hevith de Zar, que muchas gracias por darle una oportunidad al fic, que me alegro de que te guste y que espero seguir leyendo reviews tuyos.

Dicho esto… Este pequeño tomate se va a la cama.

Muchas gracias a todos y nos vemos en el siguiente capítulo!

Cada vez más cerca del final.

Love ya!