Adsdadsdds… Tengo muchas, pero muchas ganas de que podáis leer al fin como acaba este fic. Así que trataré de darme prisa con lo poquito que me queda… ¡Me ha llevado más de lo que pretendría!
Disclaimer: Como siempre, decir que Axis Powers: Hetalia pertenece a Himaruya y que este fic fue escrito en inglés por Karuka Ikashi. Su ID se encuentra en el primer capítulo de esta traducción.
Capítulo 8
"¡Buaaaah! ¡Fratello, lo prometiste!"
Romano podía fácilmente imaginar las lloronas palabras que saldrían de la boca de Veneciano la próxima vez que se vieran. Su plan de escapo había funcionado cuando el idiota de su hermano pequeño había accedido felizmente a entrar en la casa de Francia antes que él en lugar de ir juntos. Veneciano había sido demasiado confiado e ingenuo como para darse cuenta de que el mayor de los italianos no tenía la intención de seguirle hasta dentro después de todo. ¿Por qué debería hacerlo? Había pensando Romano. No es que me importe el cumpleaños de ese bastardo del vino…
Sin embargo, no podía negar que parte de él se sentía culpable. Parecía que Veneciano realmente quería que Romano fuera con él, a pesar de que cuando Romano sabía que probablemente su hermano pequeño se colgaría de Alemania toda la noche en lugar de prestarle atención a él. Ya haré las paces con ese idiota más tarde. Maldita sea, no hay ninguna razón para ir a donde estará España.
Esa misma noche
El territorio francés era, por lo general, el último lugar en el cual Romano deseaba estar. Sin embargo, se estaba dirigiendo hacia allí la noche del cumpleaños de Francia. Durante todo el camino se preguntó a sí mismo por qué estaba yendo. Durante todo el camino, su hermano había balbuceado más y más acerca de lo divertido que sería.
"¡Estoy tan contento de que vengas, fratello! Estoy seguro de que a Francia-niichan le encantará verte. ¡Y a España-niichan también! Sé que aún sigues enfadado con él, ¿pero no crees que podrías intentar hablar con él allí? ¡Él realmente te echa mucho de menos! Creo que le pondría feliz, aunque solo le dijeras 'hola'."
Romano apretó los dientes y tensó su agarre sobre el volante.
"¿No te he dicho que no quería hablar de ese desgraciado? ¡Esa fue la condición para que viniera, joder!"
"¡Buah! ¡Lo siento, fratello! ¡Pero no podía evitarlo, ve~! Ha estado molesto y preguntando-"
"¡Si lo mencionas otra vez, conduciré de nuevo hacia casa, idiota!"
El mayor de los italianos no necesitaba mirar hacia su hermano para saber que expresión tenía en el rostro. ¡Maldita sea! ¿Por qué Veneciano siempre le hacía eso? Romano podría ponerse furioso con él, querer golpearle en la cabeza y llamarle todo tipo de cosas con su amplio vocabulario… pero en el fondo, sabía que nunca podría odiarle realmente. Eran dos partes de un todo, y aunque la parte de Sur solía ser pasada por alto a menudo a favor de la del Norte, los dos juntos eran Italia.
"¡Deja de mirarme así, maldita sea! Te odio, mucho", murmuró, ganando una queja de su acompañante.
"No quieres decirlo", se quejó Veneciano. "¡Sé que no! Esto realmente te molesta, ¿no es así? ¡Háblalo conmigo, fratello! Por favor."
"¡Te dije que no quiero hablar de ello, joder!" Gritó Romano a su vez. "¿Por qué no puedes simplemente olvidarlo?"
"¡Es que…", su hermano gritó, agarrándole del brazo. "…hasta que no lo eches, nadie será feliz! Ni tú, ni yo, ni Esp-"
Romano paró el coche haciendo que chirriara y miró al hombre sentado junto a él, casi demasiado enfadado como para hablar.
"He dicho… Que no me da la gana. Hablar. Sobre ello."
Veneciano se encogió y tartamudeó como respuesta.
"¡E-está bien! ¡Vale! ¡Lo siento! Yo… te prometo que no retomaré el tema. No grites, fratello…"
"¡Gritaré si quiero, joder! Yo… Yo…" Su tono decaía. Esto no ayudaba. Realmente no le estaba haciendo ningún bien en absoluto. Miró a su hermano, con su estúpido labio tembloroso y su estúpida expresión de dolor. Le hacía sentir como un idiota, pero trató de convencerse de que no le importaba. Gruñó y retomó la carretera. El resto del viaje hacia casa de Francia fue sobre todo en silencio, hasta que Veneciano comenzó a balbucear acerca de una nueva receta de pasta que quería probar, consiguiendo nada más que murmullos como respuesta de su hermano mayor.
Cuando al fin llegaron, Romano le dije al joven de los italianos que se adelantara y que él iría más tarde. Veneciano lo miró inquisitivamente al principio, pero pronto sonrió –esa estúpida sonrisa ignorante que a Romano le recordaba a alguien en quien trataba de evitar pensar a toda costa- y se fue, prácticamente saltando hacia la puerta, mientras su hermano se volvía a sentar en el asiento del conductor y suspiraba. Romano vio a su hermano entrar en la casa y se quedó sentado en el coche durante cinco minutos antes de, finalmente, encender el motor de nuevo y retomar la carretera.
El presente
A pesar de que Romano pretendía conducir directamente a casa de nuevo (su hermano encontraría otra forma de volver, maldita sea), se dirigió hacia el lugar que había estado un tiempo deseando visitar desde entonces, bueno… Desde el incidente. Ni siquiera estaba seguro de por qué quería ir allí. No era como si el Pozo de las Verdades Incómodas tuviera que explicarle lo que le había dicho, y Romano sabía que no era necesario. Él entendió perfectamente bien su verdad, y la de España también. Sabía que lo entendía. Solo… necesitaba un lugar donde pensar.
El lugar no estaba demasiado lejos de la casa de Francia, pero cuando llegó el sol ya se había puesto. Aparcó en el punto más cercano que encontró y buscó a tientas en la oscuridad, esperando ir en la dirección correcta. Miró alrededor de la superficie forestal, pero no había ni rastro de la masa de piedras que rodeaban aquel maldito agujero en el suelo. Sin embargo, justo cuando estaba a punto de renunciar, entró en un claro y vio el pozo bañado por la débil luz de Luna. Dio un paso hacia él, pero se detuvo de repente, viendo que alguien había llegado antes que él. Romano se escondió tras un árbol y miró por uno de los lados, observando a la figura. Quienquiera que fuese llevaba una gran capa que le cubría el cuerpo completamente y se arrastraba por el suelo. Se puso de pie cerca del borde del pozo y miró hacia la Luna, oculta por un velo de nubes oscuras. Mientras lo hacía, se quito la capucha para revelar una cabeza con cabellos claros. El italiano escuchó con curiosidad mientras el misterioso hombre habló.
"¡Hago un llamamiento al espíritu de este pozo! ¡Habla conmigo!"
Romano frunció el ceño, dándose cuenta de que la voz le resultaba familiar. ¿Quién era? ¿Y realmente esperaba que el pozo le contestase así como así? Hubo un momento de silencio y, de repente, una voz exclamó desde el fondo del pozo, haciendo eco en la pared de piedra y sorprendiendo tanto al italiano como al misterioso hombre encapuchado.
"Soy la voz del Pozo. ¿Quién anda ahí?" Gritó tan fuerte que Romano y el hombre saltaron a la vez. Una vez que el desconocido se había relajado un poco, habló al pozo con confianza.
"¡Mi nombre no es importante! Vine a principios de la semana pasada y me dijiste mi verdad. Ahora quiero discutir el asunto contig-"
"¡Todos aquellos que deseen hablar con mi impresionante persona, primero deben tirar una moneda!" La voz hizo una pausa. "Entonces, y solo entonces, escucharé lo que tengas que decir. Tal vez. ¡Kesesesese!"
El hombre encapuchado se quedó callado por un momento antes de, finalmente, suspirar y buscar en sus bolsillos. La voz del pozo seguía riendo hasta que lanzó el pedazo de metal en su interior y se detuvo bruscamente, murmurando lo que Romano pensó que podría ser una blasfemia.
"¡Te he dado lo que pedías!" Le dijo el hombre al pozo. "¡Ahora escúchame! ¡Quiero saber exactamente acerca de quién estabas hablando! ¿Quién es aquel al que quiero impresionar? No estoy dispuesto a hacer el idiota para cortejar a la persona equivocada."
"¡Jaja!" El pozo estalló, divertido. "¡Así que eres tú, Cejón! ¡No seas mentiroso, sabes quién es! ¡No trates de salir de esto ahora! ¡Dar marcha atrás no es nada impresionante! ¡Ve a enseñarle de qué estás hecho, bebedor de té empedernido!"
Hubo un grito de sorpresa y el hombre encapuchado se tambaleó hacia atrás. Ahora, Romano sabía quién era; solo había un hombre que encajara con esa verdad: Inglaterra. El Pozo se echó a reír locamente mientras el británico lo miraba estupefacto.
"Y-yo…", balbuceó.
"¿Eres un hombre o qué? ¡El tipo nunca te respetará si no te lo ganas!"
La noche era tranquila excepto por la voz riendo mientras el visitante miraba por un largo momento.
"Sí, tienes razón", finalmente respondió Inglaterra, pensativo. "Solo puedo dar mi mayor esfuerzo, incluso si los medios son… cuestionables. No puedo seguir huyendo de esto. Gracias, Pozo. Adiós."
Con esto, empezó a alejarse mientras que el Pozo se reía de él a sus espaldas. Romano vio como Inglaterra pasaba al lado de su escondite sin notar su presencia. La risa se hacía eco a través del vacío sepulcral hasta que se detuvo bruscamente, como si se acabara de dar cuenta de la desaparición del británico.
"¡O-oye, Cejón! ¡Espera! ¡Vuelve! Oh, MIERDA."
Romano asomó la cabeza por un lado del tronco con curiosidad. Había algo muy extraño en ese Pozo aquella noche. El italiano, repentinamente, comenzó a sospechar cuando se dio cuenta de que aquella voz podía ser también una que había escuchado anteriormente. Se habría dado cuenta antes de no haber caído en la ilusión. Con cuidado, se acercó a la pared de piedra y miró hacia sus profundidades. Estaba todo negro. Sin embargo, en el momento en que su silueta apareció en el circulo de luz de la parte superior, la voz le clamó, alarmando a Romano lo suficiente como para que cayera hacia atrás maldiciendo.
"¡SIETE DÍAS!", gimió la voz.
Romano miró hacia el Pozo desde el suelo y se puso de pie de nuevo. Luchó contra el deseo de lanzar algo duro y pesado hacia las profundidades, en el agua. El italiano se acercó al borde de nuevo y dedicó su ceño fruncido hacia la figura escondida en la tierra de las profundidades del Pozo.
"¡Oye, hermano del macho-patatas! ¿Cómo lo hiciste para acabar atrapado ahí abajo, gilipollas?"
Hubo silencio por un momento antes de que la voz de abajo respondiera con una mezcla de alivio, emoción y desprecio.
"¿Eres tú, mocoso tomatero? ¡No te quedes ahí parado! ¡Ayuda a este impresionante ser a salir de aquí! ¡Muévete!"
"¿No quieres añadir un 'por favor' a eso, estúpido? Puedo dejarte ahí abajo si quiero."
"¡No me jodas! " Gritó Prusia enfadado. "¿Qué diría España si dejas a su increíble amigo aquí abajo? ¡Ahora ve a por una cuerda o algo!"
"¡No me importa una mierda España!" Gruñó Romano. "¡Y tampoco me importas tú demasiado! ¡Si te ayudo a salir, será gracias a la jodida bondad de mi corazón, así que deberías cambiar ese tono, maldita sea!"
"¡Kesesese! ¡Sé que todavía estás enamorado de ese pobre tonto! Simplemente eres demasiado terco para reconocerlo. ¡Él debería haber renunciado a ti hace semanas! Cualquier persona lo hubiera hecho después de la forma de la que lo has tratado."
"¿Qué mierda sabes tú? ¡Cállate y deja de hablar acerca de cosas de las que no tienes ni puta idea!"
"¡Já! ¡Estaba ahí cuando este Pozo os habló a vosotros dos! Y tengo otra verdad para ti, niño. ¡Todavía no lo has superado!"
Momento después de que las palabras salieran de la boca de Prusia con esa voz dramática, el bosque estaba tranquilo, excepto por el pequeño ruido y chapoteo de una piedra cayendo hacia las profundidades del pozo. Hubo un fuerte gritó de dolor que el italiano ignoró mientras se enfurecía. El valor de ese idiota. ¡Que se pudra ahí abajo!
Mientras tanto, en casa de Francia, otro italiano buscaba frenéticamente a su hermano. Se abría paso a través de la casa llena de gente, hasta que finalmente encontró al anfitrión en el medio de un gran salón de baile. El francés estaba hablando con algunos de sus invitados con un vaso de vino en la mano. Veneciano saltó repentinamente sobre él, enganchándose de su brazo.
"¡Francia-niichan! ¡No puedo encontrar a Romano por ningún lado!"
El anfitrión pegó un grito sobresaltado y salpicó el contenido de su copa sobre el invitado de su lado. Hizo una mueca y volvió su cabeza mostrando una sonrisa irónica solo para cumplir con la mirada ardiente de cierto austríaco.
"Francia", el hombre con gafas gruñó con una voz que solo podía significar la muerte, "pedazo de bufón, ¡has arruinado mi corbata!"
"No me grites, mon ami. Está el pequeño y torpe Italia aquí", respondió el rubio, sacando un pañuelo y limpiando el vino de las gafas de Austria, lo que más le ayudaba a ver quien tenía realmente la culpa.
"¡Lo siento mucho!" Se disculpó Veneciano con su antiguo jefe. "Estoy muy preocupado. Dijo que me seguiría, pero no le he visto desde que llegamos, ¡y fue hace mucho!"
"Calma, Italie", le dijo Francia mientras Austria murmuraba algo y se retiraba resoplando para lavarse. "Estoy seguro de que tu hermano solo está de mal humor por aquí tratando de evitar a… Ciertas personas." Sonrió para sí mismo y Veneciano ladeó la cabeza, confundido por un momento antes de saber a quién se refería.
"¡Ah! ¿Te refieres a España-niichan? Por cierto, ¿dónde está? ¡No lo he visto tampoco!"
"No te preocupes por él", respondió el anfitrión. "Estará con nosotros en breves, jojojo."
"¿Oh? Me pregunto si habrá encontrado a Romano ya…"
"Lo dudo", dijo Francia. "Todavía se está preparando."
"¿Para qué?"
"Oh, ya verás, mon petit. Ya lo verás…"
El viento soplaba suavemente sobre la ropa de Romano mientras éste caminaba de vuelta a su coche. No podía negar la culpa que sentía al dejar a Prusia atrás, pero trataba de ignorarlo lo mejor que podía. De todos modos, no sé cómo sacarlo de allí, se dijo. Alguien más podrá ayudar a ese bastardo. Pero cuanto más pensaba en el hombre de cabellos plateados y en cuanto tiempo llevaba allí abajo atrapado, peor se sentía. Nadie más sabía que él estaba allí. ¿Y si la piedra le había dejado inconsciente? ¿Y si ese idiota se ahogaba allí y terminaba siendo culpa de Romano? Sin embargo, el italiano no tuvo mucho tiempo para pensar en ello. Solo había recorrido una corta distancia a través de la carretera cuando, de repente, un estridente graznido le sorprendió haciendo que el coche casi girara fuera de control.
"¿Qué mierda?"
Una bola amarilla se lanzó sobre él y atacaba inmediatamente el cabello de Romano. El italiano gritó y frenéticamente se dio un manotazo en la cabeza, tratando de mantener una mano al volante. La criatura se retiró y le picoteó sin cesar hasta que Romano finalmente fue capaz de detenerse y parar el coche.
Cuando lo hizo, se pasó una mano por su abusado cuero cabelludo y miró hacia el asiento de al lado para ver a un pájaro de aspecto malhumorado que le devolvía la mirada con las plumas erizadas.
"¿La mascota de Prusia?" Murmuró, ganándose un chirrido indignado de su nuevo pasajero. "¡Fuera de mi coche, pájaro! Eres un maldito peligro para quien conduce."
Tras unos cuantos picotazos, el italiano finalmente estaba dispuesto a negociar.
"¡Chigiii!" Gritó cuando el pájaro tiró del rizo de su cabello. "¡Está bien, maldita sea! Quieres que te ayude a sacar a ese bastardo desagradable, ¿verdad? ¡Iré a casa de Francia a ver si tiene una jodida cuerda! Ahora, ¡PARA!"
Satisfecho, el polluelo se acomodó sobre el asiento del pasajero y cantó para que comenzara a moverse. Romano, a cambio, le mostró un ejemplo clásico de conducción italiana.
Inglaterra se metió en casa de Francia, tratando de no parecer demasiado obvio. El británico se había convencido a sí mismo de que no asistiría aquella noche, sin embargo, allí estaba. Era ahora o nunca, y el Pozo le había dado el último empujón que necesitaba para reunir todo su valor y seguir adelante con el plan de Francia, por enfermo que sonara. Sabía que tendría que hacer un esfuerzo por enfrentarse al anfitrión, pero por suerte o por desgracia, no tuvo que esforzarse demasiado. Francia lo encontró primero.
"¡Ah! Así que mi amigo Anglaterre decidió aparecer después de todo", gritó mientras se le acercaba por detrás, haciendo que Inglaterra se sobresaltara antes de anclar sus brazos por debajo de sus hombros. "Llegas horriblemente tarde, mon ami."
"¡C-cállate! ¡No iba a venir, frog!"
"¿Tenemos los pies fríos?" Preguntó Francia con picardía. "Bueno, será mejor que actuemos antes de que vuelvas a cambiar de opinión. España está esperando en la cocina."
Inglaterra le dirigió una mirada dudosa. Todavía no estaba completamente seguro de poder seguir adelante con eso. Le tomó unos cuantos tirones y un pisotón sobre sus pies para conseguir que se moviese.
"¡Date prisa, Angleterre! Antes de que Amérique te vea."
Gilbird se instaló cómodamente en el cabello de Romano mientras éste se dirigía hacia la casa de Francia. Picaba su rizo con impaciencia, tratando de decir que se diera prisa.
"¡O-oye! ¡Deja eso! ¡Ya estoy yendo, joder!" Protestó el italiano, acelerando su ritmo.
Cuando apenas entraba por la puerta, inmediatamente su hermano menor lo saltó encima. Veneciano echó los brazos alrededor del cuello de Romano y giró, haciendo que el mayor de los italianos se tambaleara un poco hacia delante debido al repentino peso añadido.
"¡Fratello! ¡Lo has conseguido! ¡Creí que te habías perdido por el camino!"
"¡Cállate, imbécil!" Gruñó Romano, empujando a su hermano lejos de él. Hubiera estrangulado a ese idiota si hubiera sobresaltado al pájaro y éste se hubiera cagado en su pelo. "Solo vine a decirle a Francia que sé dónde está el imbécil de su amigo. ¡AY!"
Se frotó el lugar donde le había picoteado Gilbird mientras saltaba a otro punto de su cabeza y tomaba su rulo como rehén de nuevo. Lanzándole una mirada que no podía ver, el mayor de los italianos pasó junto a su hermano y se fue a través del resto de la multitud. Veneciano le siguió de cerca.
Francia echó un vistazo a su reloj y sonrió. Ya es la hora, pensó. Estaba a punto de llamar la atención de sus invitados cuando, de repente, Romano salió de entre la multitud y se dirigió hacia él con una mirada de fastidio en el rostro.
"¡Oye! ¡Bastardo del vino!"
"Vaya, está aquí Sud Italie", comentó el anfitrión, pareciendo sorprendido de verle. "Llegas justo a tiempo para el espectáculo."
Romano alzó una ceja, olvidando su propósito por un momento.
"¿De qué estás hablando?" Preguntó, pero en lugar de responderle, Francia elevó su voz por encima de la multitud.
"¡Señoras y señores! Mis queridos invitados. Lamento informarles de que nuestro pianista se retrasará un poco más. Entre tanto, he preparado algo de entretenimiento para ustedes –en realidad, fue elegido para unos pocos, pero no es nada que no pueda ser disfrutado por todos. ¡Empecemos!"
Tras esto, hizo un gesto hacia la puerta y un par de sirvientes salieron, empujando por delante un enorme pastel. La multitud se apartó para dejarlos pasar. El estéreo de Francia difundía música mientras los dulces hacían su aparición. Uno de ellos, de un desagradable color rojo, blanco y azul con cinco capas gruesas fue hacia la derecha y se detuvo ante un sorprendido Estados Unidos. El otro, era un pastel blanco con cacao en polvo espolvoreado por todas partes, como un tiramisú. Era más sólido, y estaba adornado con pequeños círculos de glaseado rojo y verde, imitando a tomates. Se puso en frente de un Romano también sorprendido, pero esa impresión no fue nada comparada con lo que vino después.
Las sonrisas y muecas que se extendían por toda la habitación se convirtieron en caras sorprendidas y cejas alzadas cuando una persona salió de dentro de cada postre y comenzó a bailar frente al receptor. Inglaterra salió del postre de Estados Unidos, y del pastel de Romano… salió nada menos que España.
"¿QU-QUÉ MIERDA?" Gritó Romano por segunda vez esa noche.
Gilbird batió sus alas, asustado y tiró de su cabello, a pesar de que Romano ya había retrocedido un par de pasos estratégicos. Su mirada demostraba completamente horror –no por lo que España acababa de hacer, sino por lo que llevaba puesto. O mejor dicho, no llevaba.
El español aun tenía el brazo derecho en un cabestrillo, coloreado como su bandera y no llevaba nada más que un Speedo a juego. Inglaterra iba de una manera similar, sin cabestrillo, y añadiendo a sus calzoncillos de la Union Jack, una capa muy heroica. Tan pronto como los dos aparecieron, comenzaron a bailar provocativamente según la música, España empujando sus caderas con entusiasmo e Inglaterra realizando movimientos más vacilantes –el británico no parecía muy metido en su papel. ¿Y quién podía culparlo? Su ex colonia estaba boquiabierto ante él como si le acabara de ver con dos cabezas.
"¿I-IGGY?" Estados Unidos se quedó sin aliento, totalmente incrédulo.
La boca de Romano también estaba entreabierta, pero parecía incapaz de formar palabras coherentes. España le guiñó un ojo y salió completamente de la tarta, acabando con glaseado por el cuerpo. Romano se le quedó mirando, sintiendo una mezcla de emociones: shock, ira, vergüenza… pero, sobre todo, confusión e intimidación. ¿Por qué España estaba haciendo esto? ¿No sabía que todo el mundo podía verlo? Ese hombre era tan estúpido, tan desconsiderado. Tan sexy. Ese merengue tenía una pinta jodidamente buena. Y ahora Romano se sentía extremadamente incómodo.
"¿Qué mierdas haces, bastardo?" Gritó cuando el otro se le acercó.
"¡Romano!" España gritó alegremente. "Por favor, ven a casa conm-"
El italiano no pudo soportarlo más. Todo eso se salía de su control. Sentía cientos de ojos sobre él, Romano se lanzó a través de la multitud, empujando a todo el mundo fuera de su camino mientras se dirigía a la puerta.
"¡Frateeeeello!" Veneciano le llamó, pero no se detuvo.
España ya estaba persiguiéndole, siguiendo el camino que había creado empujando invitados de Francia, pero no era lo suficientemente rápido para alcanzarle.
"¡Romano! ¡Romano, esperaaa!"
Fue golpeado a un lado por un casi-desnudo Inglaterra mientras el británico seguía el ejemplo de Romano y corría hacia la puerta.
"¡Iggy! ¡Igyy, esperaaa!" Gritó Estados Unidos, y España fue empujado fuera del camino por segunda vez.
El español se quejó y sostuvo su brazo, viendo a las otras dos naciones desaparecer en la misma dirección que lo había hecho su ex. Rápidamente se recuperó y continuó con la persecución, irrumpiendo en las habitaciones, por el pasillo, y finalmente, en el aire fresco de la noche. Sin embargo, cuando llegó a la parte delantera de la casa de Francia, se encontró completamente solo. Apenas podía ver las siluetas de los otros tres mientras desaparecían en la distancia. España jadeó en busca de aire y volvió a llamar desesperadamente.
"¡ROMANOOOOO!"
Dio un paso hacia delante, a punto de correr de nuevo, cuando de pronto, se apoderaron de él por detrás. Una venda le tapó los ojos y fue arrastrado lejos mientras agitaba inútilmente un brazo.
"¡Para! ¿Qué estás haciendo? ¡Déjame ir! ¡No..! ¡ROMANO! ¡ROMA-"
Luego, fue amordazado con rapidez, y el español se vio incapaz de seguir llamando. Luchó en vano mientras su captor le obligaba a moverse, ciego, mudo y con el corazón roto, no estaba seguro ni de a dónde se dirigía su ex, ni de qué sería de él. Estaba atrapado… Y a merced de ese desconocido.
Cosas que decir sobre este capítulo… Es raro. Se nota que nos acercamos al final. Y eso me da penita, aww…
Unos de los capítulos más largos, y los he traducido en una noche. Me siento poderosa.
Bueh, tengo que aclarar, quizá para algunos que se encuentren algo perdidos… Cuando Francia pregunta a Inglaterra si tiene los pues fríos… Yo he supuesto que viene del dicho de que "con los pies fríos no se piensa bien". Por lo tanto, Inglaterra dice que no pensaba ir, pero allí está, y Francia bromea con eso.
Es la conclusión que yo saqué. Si me equivoco tenéis todo el derecho de decírmelo. De hecho, hacedlo, por fa ;_;.
Y que para quien no lo sepa… Fratello = Hermano. Frog = Rana.
De todos, este me parece el capítulo más LOL. No puedo evitar reírme al imaginar a Toño saliendo de una tarta… Si yo llego a ser Lovi, lo mato en ese mismo momento, sin miramientos x/D.
¿Y qué habrá sido de Gilbo? Volvieron a olvidarlo.
Muuuchas gracias, porque sigo recibiendo más favs y alerts con cada capítulo nuevo, y eso me pone muy feliz… Y por supuesto, gracias a lo que dejáis vuestro apoyo mediante los reviews o3o (¡Animaros todos a dejar uno! Y Toño os saldrá de una tarta)
Respondí por privado la última vez, como dije. Ahora volvemos a la normalidad y seguiré contentándolos por aquí (sino, me retrasaré demasiado, y no).
Idachi: Graaacias por pasarte a leer y dejar un comentario :3. Espero que sigas leyendo lo que queda de fic, así saldrás de dudas sobre cómo será su reconciliación. Espero seguir leyendo reviews tuyos, ¿mh? Love ya ~
RitsuKirkland: Ahahaha me alegro de que sigas amándolo… Y lo sé, Gilbo nos preocupa a todos, más ahora que se sabe dónde está, pobre. Muchas gracias como siempre, por pasarte a leer y dejar un comentario. Espero seguir leyendo cositos tuyos. Nos vemos en el siguiente, a ver cómo se van solucionando las cosas. Love ya ~
Nihon-lover3: Francia da miedo por naturaleza. Mi mayor temor es encontrármelo de noche en un callejón oscuro. Asd, aquí tienes la continuación, espero que te guste mucho y que vuelvas a tener tiempo para dejarme un review ;u;. Muuchas gracias por leer. Love ya ~
Foster Kid: Gilbo está el pobre… En una situación bastante difícil xD. Aahahah. Muuuchas gracias por pasarte a leer, y por supuesto, por dejar un comentario. Espero que te vaya gustando como termina el fic. No queda nada, apenas dos capítulos… Nos vemos en el siguiente. Love ya ~
Como dato extra: MAÑANA EMPIEZO LAS CLASES –Suicidio-
Nos vemos en el capítulo nueve.
Love ya ~
