Llegamos al final. Al final ~ *se pone dramática*
Y sin más dilación… Os dejo con el fic y hablamos luego, allá por debajo de la página, loves :3
Disclaimer: Si Hetalia me perteneciera, el Spamano sería canon desde hace mucho… Pero no tengo esa suerte, todo es de Himaruya. Y por si fuera poco, el fic tampoco es mío, todos los derechos a su escritora Karuka Ikashi.
Capítulo 9
Austria no podía recordar ningún momento en el que estuviera tan nervioso. Las guerras y los desafíos a los que se había enfrentado no tenían nada que ver con la situación en la que se encontraba ahora. Estaba perdiendo la compostura, y eso para él, era algo muy aterrador. El aristócrata se miró de nuevo a sí mismo y se recolocó su nueva corbata, aún molesto con su anfitrión por haberle arruinado la primera. Esa mancha de vino no saldría fácilmente. Estuvo a punto de abandonar la fiesta por despecho, pero sabía que de ninguna forma podía hacer eso, principalmente por tres motivos. Uno, por supuesto, es que él era un caballero y no haría algo tan desagradable e indigno. Otro fue que aunque el anfitrión era todo un imbécil, los invitados que habían venido esa noche no merecían que se les negase el espectáculo o la oportunidad de escuchar su majestuosa forma de tocar el piano. Y lo último, por supuesto, era mucho más personal que todo aquello.
El hombre suspiró, mirando su aspecto en el espejo una vez más. Se veía bastante refinado en el exterior, pero en el interior, era un completo desastre. Era agotador y frustrante pensar que se frustraba con semejante facilidad, por una persona con la que tenía una gran cantidad de historia y a la que debería estar acostumbrado. Hungría y él habían vivido juntos, unidos, y luego se habían ido alejando cuando sus países se separaron, pero ahora su relación era algo más que dos amigos cercanos. Sin embargo, él nunca podría negar que tenía sentimientos por la mujer. Ella siempre lo había apoyado, y en sus momentos de mayor dificultad, había estado a su lado. Siempre le agradecería eso. El austriaco había negado por mucho tiempo tener sentimientos más fuertes que los de amistad como para ahora venir de repente y decirlo tras tantos siglos, parecía una tarea enorme e imposible. Mantén la calma, se dijo. Deja que el piano hable por ti con sus melódicas notas en lugar de tus palabras. La música siempre le había parecido la mejor forma de expresarse para él cuando todo lo que quería decir no era suficiente.
Mientras tanto, en el salón de baile, Hungría bebía ansiosamente su vino mientras trataba de ayudar a Alemania a calmar al inquieto Veneciano.
"¡Pero Alemania! ¡Romano salió corriendo de la fiesta! ¿Cómo se supone que va España-niichan a encontrarlo y vivir felices para siempre si no vamos tras él?"
El alemán gruñó.
"Tu hermano no es Cenicienta", dijo al italiano, que tenía los ojos llorosos. "España ya ha ido tras él. Romano no va a desaparecer, y tenemos que confiar en que España sea capaz de traerlo por sí mismo en lugar de arriesgarnos a arruinar la fiesta de cumpleaños de Francia yendo tras de él también. Relájate y trata de pasarlo bien".
"Alemania tiene razón", dijo Hungría. "Romano y España pueden cuidar de ellos mismos. No debemos interferir en sus negocios. Lo mismo ocurre con Inglaterra y Estados Unidos. A veces, tener a demasiado gente implicada solo empeora las cosas y avergüenza a aquellos que tienen el problema".
Normalmente a Hungría no le importaba meterse en la vida de otras personas, pero en este caso, no lo hizo. Estaba agradecida de que nadie le había molestado sobre Austria los últimos días, y quería devolver el favor. Hablando de Austria, estaba empezando a preocuparse por él cuando se dio cuenta de que el asiento del piano estaba vacío. ¿Dónde había metido? Había visto el accidente que había ocurrido con el vino, a la vez que había escuchado el anuncio de Francia. Estaba segura de que cambiar una corbata no llevaba tanto tiempo. Cuanto más pensaba en ello, su imaginación comenzaba a llenarse de ideas que no deseaba. Tal vez el austriaco había decidido dejar la fiesta por algún motivo. Su estómago se retorció ante la idea, y sintió una pesada depresión en su pecho mientras pensaba en lo decepcionada que estaría si no lograba volverlo a ver esa noche.
Y entonces, allí estaba él. Hungría estaba casi segura de que fue la primera persona en verle, pero poco después, la habitación empezó a calmarse mientras el austriaco caminaba hacia el piano y se paraba frente a él. Se veía tan elegante, tan refinado, mientras pacientemente esperaba a que los invitados se callaran completamente y le escucharan. Hungría dio unos pasos más cerca del piano, y sus labios se curvaron en una sonrisa mientras observaba al aristócrata hacer una reverencia y llamar la atención de la audiencia.
"Señoras y señores, gracias por permitirme el honor de tocar para ustedes esta noche. He preparado una pieza especial de mi propia creación que me gustaría compartir con ustedes esta noche. Está dedicada a una persona muy especial. Les pido que por favor, escuchen y disfruten. Gracias".
Sin más vueltas, Austria tomó su lugar en la banqueta frente al piano y puso sus dedos sobre las teclas. Empezó con una de sus normales piezas originales, una de la que estaba seguro que Hungría podría recordar haberla escuchado varias veces antes. Era la pieza de cuando estaban viviendo juntos bajo cuidado de los Habsburgo, la siguiente fue de cuando ambos compartían casa los dos solos al unir sus países. Hungría escuchó en silencio, sintiendo una oleada de nostalgia sobre ella mientras asociaba cada melodía con su respectivo recuerdo. Cada canción llevaba consigo incontables años de historia y todos los acontecimientos y sentimientos atados en su interior. Era demasiado hermoso.
Y entonces, Austria falló. Acababa de terminar la última canción y estaba tratando de comenzar con la nueva, aquella que acababa de crear recientemente, cuando sus dedos golpearon en la tecla equivocada, enviando el sonido que no era haciendo eco por toda la habitación. Se quedó en estado de shock con sus manos, incapaz de creer que había cometido un fallo nada más empezar la nueva pieza.
El silencio en la habitación era pesado. Todo el mundo miraba hacia el pianista, cuyos dedos se crispaban con incertidumbre mientras Austria trataba de continuar. Hungría dio un paso ansioso hacia él, pero el hombre cerró sus ojos con fuerza, sacudiendo la cabeza para aclararse y dando una sola bocanada de aire, empezó a tocar de nuevo, suspirando lentamente mientras lo hacía.
La música llenó la habitación sin problemas una vez más, pero había algo diferente esa vez. Era como si el sonido estuviera canalizando toda la tensión que Austria sentía en su interior mientras aumentaba el ritmo y golpeaba cada tecla un poco más fuerte de lo normal. Hungría contuvo su respiración por un momento. Todo estaba mal. En vez de hacerla sentir relajada y feliz, la música la estaba poniendo nerviosa e inestable. No podía ignorar la expresión tensa en el rostro de Austria. El hombre lo estaba intentando… La música era hermosa, pero su aura se estaba volviendo retorcida y confusa. Hungría nunca había tenido dificultad al apreciar los sonidos que su amigo había producido antes, pero se encontraba con el ceño fruncido, mordiéndose el labio inferior, balanceándose sobre sus pies mientras decidía si acercarse a él o no.
Y de repente, Austria la vio. Pudo ver tanto la duda e inquietud en su rostro, como el mensaje sin palabras que le dirigía. ¿Era su música tan horrible? ¿Hungría lo despreciaba? ¿Se disiparía su respeto por él? La mente del aristócrata se llenó de temidas posibilidades. Y sin embargo, continuó tocando, la inseguridad y preocupación que sentía se filtraron a través de sus dedos e hicieron cambiar la melodía. Voces bajas murmuraban a su alrededor. Incluso los invitados más olvidadizos podían decir que aquella no había sido la pieza que Austria había querido tocar. Estaba fluyendo con sus emociones, salvaje, impredecible, y sin embargo, nunca paraba o golpeaba una nota amarga.
Austria podía sentir el sudor corriendo por su nuca y el calor en sus mejillas. No le estaba saliendo como había planeado en absoluto. ¿Debería parar? ¿Parecería un tonto si continuaba? Los sonidos que salían del piano esta vez eran ligeros e interrogantes. Estaba teniendo problemas en concentrarse para que sus manos no temblaran. El resto de su cuerpo se sentía increíblemente tenso. Si no era capaz de relajarse pronto, entonces la música sería-
Unas manos fuertes pero gentiles se apoyaron sobre sus hombros. Austria se quedó inmóvil, dejando la habitación en completo silencio. Se había acabado, la música se había detenido. Todos sus sentimientos fueron cerrados de forma segura en su interior una vez más. Dolorosamente en su interior. A pesar de lo reacio que había sido Austria respecto a expresar sus sentimientos antes, tenerlos embotellados dentro de él de nuevo era mucho peor en ese momento. Podía sentir el peso de las miradas de los invitados. No fue hasta que los dedos se apretaron alrededor de él y empezaron a masajearle con movimientos relajantes que finalmente fue capaz de liberar parte de su tensión.
"Respira", susurró una voz tras él. "Puedes hacerlo. Sé que puedes…"
Austria siguió el consejo e inhaló. Sus dedos volvieron a entrar en movimiento y la música se volvió lenta, suave. Hungría estaba allí. Estaba con él. Todo el miedo que había sentido al imaginarla marchándose lentamente desapareció. Se sintió reconfortado y seguro. Podía hacerlo, tenía su apoyo, y era realmente todo lo que necesitaba. El aristócrata ganó confianza, llenando rápidamente su canción con más pasión, tratando de expresar el cálido resplandor que sintió en su pecho cuando sintió las manos de su amor sobre sus hombros. Podía hacerlo ahora. Estaba haciéndolo. Sonrisas se extendieron a lo largo de la habitación mientras los invitados veían a la pareja que había frente a ellos, una unión perfecta, creando música para que ellos pudieran disfrutarla.
Te amo, te amo, te amo… Austria no estaba seguro de si simplemente había imaginado las palabras mientras tocaba, o si se las había arreglado para pronunciarlas tanto por la boca como a través de sus dedos. Lo único que sabía era que al momento después, Hungría se inclinaba cerca de su oído y susurraba con voz suave y cariñosa.
"Yo también te amo".
Mientras tanto en otro lugar…
España se arrodilló sobre las frías piedras del suelo del patio mientras seguía dejando escapar apagados gritos de protesta hasta que la garganta comenzaba a dolerle. Su mundo estaba oscuro; solo sabía que seguía cerca de la casa de Francia porque su captor no lo había arrastrado muy lejos. El español estaba desesperado y asustado, pero sobre todo, se sintió abrumado por un profundo sentimiento de pesar y tristeza ante el pensamiento de Romano cada vez más lejos y lejos. Por favor, déjame ir, le rogó en silencio. Todavía tengo que ir a por él…
Entonces de repente, el mundo era visible de nuevo. España parpadeó, mirando alrededor bajo la luz de la Luna. Definitivamente, era el patio de su amigo. La casa no estaba demasiado lejos, pero estaba lo suficientemente alejada como para que el resto de invitados no se dieran cuenta de su presencia. Sus ojos miraron por encima de los rosales y el resto de vegetación a su alrededor. Por un momento, casi pensó que estaba solo, hasta que giró la cabeza hacia atrás y vio a su captor allí de pie, con la venda de los ojos en la mano. Los ojos de España se abrieron de par en par, y dejó escapar un grito incoherente en vez del nombre del hombre debido a la mordaza.
"¿Sorprendido, Espagne? Siento mucho haber tenido que llegar a esto, pero no se me ocurría otra forma de hacer que me escucharas".
El ojiverde sacudió su cabeza con incredulidad y luchó contra sus ataduras, mientras el hombre pasaba una mano por su mejilla y se acercaba, colocándose enfrente de él, poniéndose de cuclillas para encontrarse al mismo nivel.
"En serio, mon ami, ¿qué tengo que hacer? Te dije que Romano saldría corriendo de nuevo, y quedamos en que si lo hacía, no le perseguirías. Entonces, ¿por qué has roto nuestro pacto?"
España cerró los ojos, los cuales tenía un poco llorosos, y gruñó algo. Frunciendo el ceño, su captor llevó las manos detrás de su cabeza y desató la mordaza para que el otro hombre pudiera responderle. España escupió y lamió sus labios por un momento antes de mirar a su amigo con tristeza.
"¡Lo siento, Francia! Pero no puedo volver a cumplir esas promesas…" dijo. "¡No puedo olvidar a Romano! ¡Incluso si no quiere hablar conmigo, no puedo dejar de intentarlo!"
"¡Eres idiota!" Siseó Francia. "¿Cuántas veces tendré que decírtelo hasta que lo entiendas? ¡Romano no te ama! No va a volver, ¡así que olvídate de él y supéralo!"
"¡No!" Contestó España, con los ojos brillantes por las lágrimas. "¡No lo haré! ¡Tú no lo conoces como yo, Francia! ¡Me ama! Es solo que… no es bueno al demostrarlo".
"¡Despierta, Espagne!" Dijo Francia, negando con la cabeza. "No quiere tener nada que ver contigo. Estás perdiendo el tiempo yendo tras él. Si realmente quieres que sea feliz, haz lo que quiere".
España inhaló, sintiendo un nudo en la garganta.
"Pero," se atragantó. "Yo también quiero ser feliz…"
El español miró hacia los adoquines del sueño miserablemente. ¿Era cierto? ¿Estaba persiguiendo a Romano, quien, evidentemente, no quería volver a verlo? ¿Era así se egoísta? España sintió su corazón destrozado. ¿Qué debía hacer? Imaginar la vida sin Romano era difícil, casi imposible. Pero, ¿cómo podía obligar a alguien que se resistía tanto a quedarse con él? Él me ama; lo hace. Solo lo niega. Sin embargo, el español no podía ocultar la confusión y la duda que recorrían su rostro aunque él pensara eso.
La voz de Francia se suavizó, y miró a los ojos de España con suave compasión y una ligera sonrisa. Frotó el hombro de su amigo antes de ascender hasta la barbilla y obligarle a mirarle a los ojos de nuevo.
"Puedes ser feliz, mon ami, con alguien que realmente te ama, no alguien que te empuja lejos y huye de ti. Te mereces a alguien que no tenga miedo de demostrar lo que siente hacia ti. Si abres un poco los ojos, podrás ver que esa persona no está tan lejos".
España frunció el ceño con confusión al principio, y poco después, sus ojos se abrieron en shock cuando el francés se inclinó hacia delante y apretó los labios contra las suyos. Francia fue suave al principio, pero rápidamente se volvió más apasionado, capturando y reclamando la boca de España como suya. Su amigo estaba demasiado sorprendido incluso para moverse. Sin embargo, cuando el francés trató de meter su lengua en la boca de España, éste finalmente entró en razón.
"¡F-francia! ¡Para!" Farfulló, echando la cabeza hacia un lado rápidamente. Dirigió una mirada apenada al rubio. "¿Qué estás haciendo?"
"¿Todavía no te has dado cuenta?" Exigió Francia enfadado, herido por el rechazo del otro. "¡Tú eres la persona a la que quiero! ¡El único al que quiero, pero también, el único al que nunca podré tener! ¿Y por qué? Porque sigues demasiado ocupado persiguiendo a ese pequeño y adorable secuaz como para darte cuenta de que estoy aquí, ¡esperando a que vuelvas y me veas!"
España lo miró boquiabierto por un momento, sin saber cómo responder. Todo estaba en silencio, excepto por un pájaro cantando en lo alto de un árbol, no muy lejos de allí. Finalmente cerró la boca y miró a su amigo buscando disculparse. No quería hacer daño a Francia después de que le había descubierto sus sentimientos, pero sentía que no tenía otra elección. Pensando con cuidado las palabras, finalmente respondió al rubio.
"Lo siento, Francia", dijo, "pero no tengo nada más que darte. Eres mi amigo, y te quiero, pero no… no de la forma que lo amo a él. Solo hay un Romano. Le he visto crecer durante la mayor parte de su vida, y a pesar de que me grite y me maldiga… Aunque me llame cosas como 'bastardo', y se queje de mí, incluso aunque me pegue a veces, es mío. Siempre me ha necesitado. E incluso ahora que ha crecido y es su propio país, aunque es independiente y no depende de mí para nada… Sigue siendo mío. Sé que él no lo cree así, pero así es como me siento. Él es la persona más importante para mí, y hay una parte de mi corazón que nadie más que él puede reclamar. Pensó que prefería a su hermano antes que a él, pero Veneciano nunca me perteneció de la manera que lo hizo él. No puedes cambiar un Italia por el otro porque ellos son dos personas demasiado, pero demasiado, diferentes. Fui un completo estúpido… Cuando me dejó, pensé que podría usar a Veneciano para llenar aquel vacío que dejó en mi corazón. Pero fue imposible. Cada vez que le miraba, cada vez que estaba cerca de él, cada vez que intentaba decirle que le quería… Seguía viendo a mi Romano. ¡Y Veneciano ni siquiera sabía lo que estaba pasando! Tuve suerte… de que finalmente paré antes de que fuera demasiado tarde. Pensé que simplemente necesitaba tomarme un tiempo a solas conmigo mismo, un tiempo para superar a Romano… pero entonces apareció ese Pozo. Me enteré de que Romano me amaba. Y me di cuenta… ¡Tenía que hacer lo que fuera para traerle de vuelta! ¡No importa lo estúpido o loco que parezca! Por eso lo he intentado todo, ¡y aún no me he rendido!"
"¡Necio!" Lloró Francia. "Podrás pensar que estás siendo heroico o romántico, pero realmente, ¡estás siendo tan solo un terco! ¿De verdad crees que va a volver a ti si sigues estando tan encima de él? ¡Se acabó! ¡Déjalo ir y sigue adelante! Podrías si quisieras".
España negó con la cabeza y volvió a mirar a su amigo, llorando abiertamente.
"¡Lo amo, Francia! ¡Solo a él! ¡Y nada nunca va a cambiar eso!"
"¡Está bien! ¡Deja que pisoteé tu corazón hasta que no quede nada! Lo intenté, Espagne, pero no hay forma de razonar contigo", dijo el francés, acercándose peligrosamente. "Tal vez estoy yendo por el camino equivocado. Tal vez debería probar un método diferente de persuasión, ¿no?"
Pasó una mano por el suave y bronceado pecho de España, con los ojos llenos de deseo. Su otra mano estaba alrededor de la nuca de España, enredando sus dedos en su corto cabello mientras se acercaba más. España tardó un momento en darse cuenta de lo que estaba pasando, pero antes de que pudiera abrir la boca para protestar, Francia paró de repente. Su rostro estaba manchado de rojo, y de su nariz caían trozos de tomate aplastado, pasando por toda su cara. España sabía que tenían que haber apuntado desde algún sitio. ¡No podía ser!
"¿R-Romano!" Farfulló.
"¡Quita tus jodidas manos de él, bastardo!" El italiano gruñó a Francia mientras salía de detrás de un matorral, cerca del huerto. En los árboles, en lo alto, trinó el pájaro de Prusia, con la mirada fija en ellos.
España no podía creerlo. ¡Su Romano estaba allí! ¡Había vuelto! Si no estuviera atado, correría para abrazarle. Pero por ahora, la felicidad se extendía por todo su rostro. Francia estaba mucho menos emocionado.
"Así que, finalmente has decidido correr de vuelto, ¿no? ¿Y bien? ¿Qué tienes que decir? ¿Qué amas a España? ¿Qué perdonas a tu ex y quieres volver a casa con él? Es un poco tarde para eso, creo. Ahora tienes otro obstáculo, mon ".
"¡N-no te tengo miedo, joder!" Gruñó Romano, tratando de que su voz no sonara vacilante. "¡Déjalo ir, hijo de puta!"
"No hasta que lo digas. Dilo, Roma", se burló el francés, provocando un tic en Romano al escuchar el apodo que solo dejaba usar a España. "Dile a Espagne aquí como te sientes realmente. Si puedes".
Romano aplastó uno de los tomates que sostenía cuando apretó sus manos furiosamente. Francia sonrió hacia él con altivez. Conocía bien la debilidad del italiano, y no dudaba en utilizarlo en su contra. Tal vez ahora España finalmente se daría cuenta de lo que Romano era incapaz… o al menos de reconocerlo.
"Yo… Yo…" el italiano comenzó, temblando un poco, pero rápidamente cerró sus ojos con ira y vergüenza. "¡N-no! ¡Cállate! ¡No voy a hacerlo solo porque tú me lo has pedido, jodido hijo de puta del vino!"
Comenzó a lanzar frutas de nuevo, pero Francia se dio cuenta de que España era un excelente escudo para tomates y se escondió tras él. Romano le fulminó con la mirada mientras el rubio sonreía y se inclinaba osadamente hacia delante para lamer algo de jugo de tomate de la mejilla de España.
Suficiente. Lo que ocurrió a continuación fue totalmente inesperado para Francia. En un momento estaba gastando una broma al italiano, y al momento siguiente, se encontraba inmovilizado debajo de él mientras Romano perdía todas sus inhibiciones y asaltaba a Francia sin dudarlo. El país, generalmente cobarde y débil, ardía de poderosa rabia mientras atizaba al francés con ambos puños y con sus palabras, un sorprendido e incrédulo España los miraba, con los ojos abiertos.
"¡R-romano, para! ¡Ya basta!"
Pero el italiano no estaba escuchando. En su lugar estaba ocupado tratando de mantener la ventaja mientras Francia respondía a sus ataques, el mayor y más experimentado país se negaba a aceptar el abuso por parte de Romano. Si se trataba de una lucha por España, ninguno estaba dispuesto a perder.
"¡Mocoso!" Siseó Francia, bloqueando el siguiente golpe de Romano y agarrándolo bruscamente del cuello.
Intentó apartar al joven de él, pero Romano ya tenía un férreo control sobre el cabello del rubio y tiró de él dolorosamente mientras era lanzado lejos. Francia apretó los dientes y propinó un duro rodillazo a Romano en las costillas, haciendo que el italiano gritara y, finalmente, le liberara. El francés se aprovechó de ese momento y echó todo su peso hacia un lado, volcó de forma efectiva, dándole la vuelta a la situación mientras Romano luchaba debajo de él. Francia sonrió y se inclinó hacia él.
"Ríndete, mon petite. Sabes que no puedes ganar contra mí".
"Maldito seas… ¡Vete al infierno, hijo de puta!" Romano gritó y lanzó un cabezazo contra la nariz de Francia.
Francia se tambaleó hacia atrás y sostuvo su rostro ensangrentado, la mirada en sus ojos se transformó de competitiva a mortífera.
"Tú…", comenzó, pero estaba demasiado enfadado como para incluso terminar la frase. Agarró el cuello de Romano con una mano y levantó la otra para golpearle mientras el italiano se quedaba sin aliento y trataba de liberarse, asfixiándose.
La mano de Francia bajó. Romano cerró los ojos de golpe. Se oyó un golpe por encima de él cuando la mano del francés hacia contacto con algo, y entonces el italiano abrió los ojos para ver a… España. Y no era el España que conocía. Era un España que hacía tiempo que no veía, el España que luchaba más de lo que sonreía… un conquistador.
"Francia", dijo, con la voz mucho más diferente del usual tono agradable que utilizaba, "apártate de él".
Si la Historia había enseñado a Francia algo de España, era que luchar contra él cuando tenía era mirada implacable en sus ojos era algo bastante peligroso. No podía recordar la última que vio a España con una mirada en sus ojos tan seria como la muerte misma. Una mirada que le decía que si no retrocedía en ese mismo instante, lo lamentaría seriamente.
Francia soltó a Romano inmediatamente y se retiró. España, a pesar de seguir atado y con su brazo en cabestrillo, seguía dirigiéndole la más intimidante mirada que podía, mientras Romano se ponía tras él y trabajaba en liberarle de sus ataduras. Francia se limpió la sangre de debajo de su nariz mientras miraba fríamente a su amigo, con expresión de dolor en su rostro.
"¿Por qué él? Has sido mi amigo durante mucho tiempo, Espagne. Seguramente debes entender lo que siento por ti".
Ante eso, la mirada del español finalmente se suavizó, pero no por mucho.
"Si realmente me amas, entonces lo entenderás… No es un sentimiento que pueda ser borrado o ajustado. No era mi intención hacerte daño… No quiero que sufras, Francia. Pero esta es una batalla que no puedes ganar. Amo a Romano, y lucharé por él, incluso si tengo que romper tu corazón para hacerlo. Lo siento".
La cuerda cayó al suelo, y España se giró para encarar al italiano.
"Roma…" Sonrió tristemente al joven, con los ojos pidiendo perdón, esperando aceptación, pero no fue necesario. Sin previo aviso, Romano de repente se lanzó hacia España, envolviendo su cuello con sus brazos y eliminando la distancia entre ellos con un movimiento que cogió completamente por sorpresa al español.
"España…" Murmuró Romano en su oído.
"¡R-romano!" España le envolvió con su brazo sano y lo abrazó con fuerza. Las lágrimas que habían cesado tan solo hacía un momento habían resurgido. No lo podía creer. Tenía a su Romano de vuelta. Quería mantenerse así para siempre y nunca ser separado de él de nuevo. Después de todo el esfuerzo que había puesto en ganar su amor otra vez, finalmente lo había conseguido. "Roma… ¡Te extrañé muchísimo!"
"¡B-bastardo!" Tartamudeó Romano. "Tú, estúpido, estúpido idiota". Se agarró a él con más fuerza. España había extrañado incluso ser llamado así.
"Lo siento, Romanito. Quiero que sepas que de verdad-"
"Te oí", interrumpió el italiano, sorprendiendo a España. "Lo he oído todo. Pero… ¿lo dices realmente en serio, bastardo?"
"¿El qué?"
"¡Lo que dijiste!" Exclamó Romano. "En cuanto a Veneciano y a mí…"
Se calló, demasiado avergonzado como para entrar en detalles acerca de las palabras de España. El español le miró en silencio y entonces, asintiendo con la cabeza, lo sostuvo cerca, hablando en voz baja mientras apretaba su mejilla contra la de Romano.
"Lo digo en serio. Tú eres al que siempre he amado, Roma. No tu hermano. No Francia. Nadie. Solo tú. Así que, por favor… ¿me amarás de nuevo también?"
"Estúpido bastardo", respondió Romano con la voz ahogada. "Yo siempre te he… Todavía te amo, maldita sea".
Eso era lo que había hecho que las semanas pasadas fueran tan difíciles, que aunque había estado furioso, aunque había maldecido el nombre de España jurado que nunca le volvería a ver, los sentimientos del italiano seguían ahí, parpadeando tras su endurecido corazón. Te amo, joder.
Apoyó la barbilla en el hombro de España y sintió como el otro lo sostenía cerca, tan cerca como podía para no aplastar el brazo del español. Romano pasó sus dedos por la tela roja y amarilla y España sonrió, echándose un poco hacia atrás para besar las mejillas del italiano, deteniendo el flujo de lágrimas que corrían por ellas. Maldita sea, cómo había extrañado Romano la sensación de esos labios contra su piel…
Francia observaba desde lejos en silencio. No quería aceptar esa derrota. Pero tampoco quería pelear de nuevo contra España. No, había terminado. No había nada más que pudiera hacer. No podía llevarse a Romano lejos o cambiar la opinión de España hablando con él. No cuando los dos sentían lo mismo. El francés se puso en pie, con el ceño fruncido e ideas fluyendo a través de su cabeza, pero ni una sola opción le gustaba ni ningún pensamiento útil venía a su mente. Entonces, ¿es este el destino? ¿Hice todo lo que pude? Dejó escapar un suspiro, limpiando sus ojos antes de que alguien pudiera ver el efecto que aquella derrota había tenido en él.
"Felicidades, Espagne", dijo en voz baja. "Has conseguido exactamente lo que querías… ¿No he sido un buen amigo para ti después de todo?"
Ninguno de los dos países pareció oírle, ya que estaban demasiado perdidos en su reencuentro. Francia forzó una sonrisa en su rostro y comenzó a caminar de vuelta a su casa. Después de todo, había personas que lo esperaban, y sería un anfitrión grosero si desapareciera por mucho tiempo.
"¡Francia!" España de repente gritó detrás de él. "Espera…"
El francés se detuvo pero no se giró. ¿De qué servían las palabras ahora? Había oído suficiente por aquella noche. El rubio esperó un momento más, dejando escapar un profundo suspiro. Sin embargo, antes de que el español pudiera decir algo más, el trío fue interrumpido por un estridente graznido. Dos pájaros volaban en círculos por encima de ellos. Uno de ellos era distinguible como Gilbird, el otro era el pájaro de Francia, Pierre. Romano ya sabía por qué ambos estaban haciendo tanto ruido. Casi había olvidado la razón por la cual la molesta mascota de Prusia le había asaltado durante su fuga de la casa de Francia y le había llevado de vuelta allí.
"El hermano del Macho-Patatas está atrapado en el Pozo", informó a Francia. "Este pollo demente no me dejaba en paz hasta que hiciera algo al respecto. La razón por la que vine a tu maldita fiesta fue para decírtelo y así pudieras ir tú a salvarlo".
Francia miró incrédulo a Romano y después a las dos aves.
"¿Es eso cierto?"
Ambos chillaron fuertemente y Pierre descendió para aterrizar en el hombro de Francia y chirriar en su oído con urgencia. El rubio asintió con la cabeza y se dispuso a salir de inmediato. Los invitados tendrían que esperar después de todo; aquello era importante.
"España", dijo, girándose hacia su amigo. "Por favor, dile a los otros que tuve que irme de repente y espero que acepten mi más sinceras disculpas. Hazles saber que volveré tan pronto como sea posible con Prusse".
El español asintió lentamente con la cabeza.
"Francia, yo-"
"Ya no importa, Espagne", dijo rápidamente. "Estoy feliz siempre y cuando tú seas feliz. Ahora, por favor, haz lo que te he pedido".
Era mentira, e incluso España se dio cuenta. Tal vez podría haber sido menos doloroso… Sin embargo, sabía que Francia no quería alargarlo más, y en ese momento, él también estaba preocupado por su amigo.
"Tráelo sano y salvo de vuelta", fue todo lo que dijo mientras sostenía a Romano cerca de él.
Francia inclinó la cabeza secamente y salió de inmediato con Pierre aleteando tras él. España y Romano le vieron marchar, quedando finalmente solos en el patio. El español se aferró a su amor como si fuera a desaparecer en cualquier momento, pero el italiano se quedó quieto, pensando para sus adentros. Finalmente, habló.
"Esto no ha sido otro montaje, ¿verdad?"
España abrió los ojos con incredulidad.
"¡Por supuesto que no, mi amor! Ni siquiera tenía idea de que estarías escuchándome. ¡Es la verdad! Pero me alegro de que finalmente fueras capaz de escuchar lo que había tratado de decirte todo este tiempo".
Romano se sonrojó, dirigiendo sus ojos de nuevo hacia el suelo. Suspiró, haciendo trazos con sus dedos sobre los hombros de España. Murmuró algo entre dientes que el otro hombre no hubiera sido capaz de escuchar si no se encontraran tan cerca.
"Lo siento, imbécil…"
"¿Por qué?"
Murmuró de nuevo.
"Por no escucharte".
"No te disculpes", contestó España. "No has hecho nada malo".
Demasiado que perdonar, pensó Romano, pero no quería pensar acerca del pasado de nuevo. En su lugar, miró a los ojos esmeralda de España y relajó su mandíbula antes de inclinarse y besar a España. Eso era lo que quería. Se sentía bien. Nada más importaba. España respondió con entusiasmo, apretándose contra el italiano, envolviendo su brazo alrededor de su cintura con fuerza. El beso se hizo más caliente, y en poco tiempo, las manos de Romano vagaban a través del torso desnudo del español mientras éste metía su mano debajo de su camisa. Su momento fue interrumpido cuando un repentino y molesto graznido provenía de encima de ellos haciendo que España parara, parpadeando ante el excremente blanco que adornaba ahora la cabeza del italiano. Romano se quedó inmóvil, llevando una mano hacia su pelo y mirándola de nuevo antes de apretar su puño, que temblaba de rabia.
"Maldita sea… ¡VOY A MATAR A ESE PÁJARO DE MIERDA!"
"¿No es el pájaro de Prus-" España empezó, antes de ser arrastrado por el cabreado italiano.
"¡Ugh, vamos, bastardo! Nos vamos a casa".
España se quedó atónito por un momento mientras una sola palabra se repetía en su mente. Casa. Su casa. La casa de Romano y él. No podía borrar la sonrisa tonta de su rostro mientras seguía con entusiasmo a Romano, casi habían recorrido todo el camino hasta los coches cuando recordó lo que le había prometido a Francia y arrastró a un molesto italiano de vuelta hacia la casa. ("¡Al menos ponte algo de ropa, gilipollas!"). Allí, vestido con el abrigo de Romano, hizo un anuncio para todos los invitados informándoles de la situación, y mientras la masa estallaba en susurros y conversaciones privadas, Romano se despidió rápidamente de Veneciano y tiró de España hacia el exterior.
"¿Crees que Romano-niichan y España-niichan finalmente han vuelto?" Preguntó el menor de los italianos mientras veía a la pareja salir.
"Ciertamente, parece que así es", comentó Alemania. "Te dije que no necesitaban nuestra ayuda".
"Ve ~ ¡Ahora pueden vivir felices para siempre!"
Alemania se limitó a mover la cabeza mientras el italiano comenzó a balbucear. Austria tocaba el piano, mientras a su lado, Hungría cantaba, con su voz haciendo eco de pared a pared. Todas las parejas se pusieron a bailar en el centro de la habitación mientras la noche continuaba, y en algún lugar lejos de los acres de la casa de Francia, un estadounidense finalmente atrapó al británico que había estado persiguiendo durante un buen periodo de tiempo.
Ay Dios, no sé cómo lo hago, pero siempre acabo subiendo el capítulo a las tantas de la noche… ¡Y mañana tengo clase!
Pero en fin, tenía que subirlo porque… Este capítulo es mi favorito, sin más. Y realmente tenía muchísimas ganas de compartirlo con todos vosotros que me leéis y a los que envío mi amor ;/;.
QUE YO MUERO CON ESTE CAPÍTULO. MUERO.
SOLO TENDRÍAIS QUE VER EL POR CULO QUE DOY A CUALQUIERA QUE TENGA CONECTADO EN MSN COMENTANDO LO QUE VOY TRADUCIENDO. SOY ASQUEROSAMENTE PESADA.
Bueno, ¿qué más decir? Me alegra mucho saber que aunque llevo…¿un mes? Sin actualizar, sigo recibiendo alerts, favs y algún que otro review. ¡Aquí está la recompensa! Capítulo nueve, a falta de uno para el final.
So… Espero que lo hayáis disfrutado tanto como lo he hecho yo traduciéndolo.
Sin más… Agradecimientos.
Muchas gracias a aquellos que no os atrevéis a dejar review (¡no muerdo!) pero ponéis el fic, o a mí, en fav y alert. ¡Sois amor!
Y por supuesto, muchas gracias a aquellos que os paráis a dejar un review, regalándome un par de minutitos de vuestro tiempo ;_;.
Sunxdark: MUCHACHA! ¿Sabes lo contenta que me ponen tus reviews? ¡Creo que te he cogido demasiado cariño, chata! ¡Ven que te de amor, right now! ¿Cuándo dices que nos casamos? ¡Quiero fecha ya! Nuestra hija mayor puede ser la que lleve los anillos… ¡Tan monas…! Y todas fujoshis, como sus madres [¿?]. ¿No has muerto con cierta escenita de este cap? ES NFDEJKDNFJEKDS. u/u Si dices que soy sagrada para ti me harás sonrojar, ay, que me pongo tontorrona. Puuuues que me alegra mucho que me digas que seguirás este y todos mis fics. Y muchisisisisiisisisisisisisi sisisimas gracias por el rv. ¿Puedo achucharte? ;/; Que eres mu mona! Yyyy espero que te guste como va terminando el fic. IT'S THE EEEEEEND. ADSDADSDD.
Y es obvio que nuestras… "Conversaciones", si se le puede llamar a esto… Son más personales que otra cosa. Es el amor u/u. VIVA ESPAÑA Y MI ESPAÑOLISMO. Love ya ~
Hevith de Zar: Hola, hola, hola ~ ¡No te decepciones! En el fondo el fic tiene su chispita de UsUk, ¡tienes que disfrutarlo! ¿Qué te pareció este capítulo? Espero que el fic siga sorprendiéndote, como dijiste. Me alegraría mucho que así fuera, y estoy segura de que a la autora original también. ¡Eso es que ella hizo un buen trabajo escribiéndolo y yo traduciendo! Muchísimas gracias por pararte a dejar review, ¡espero leer aún un par más tuyos! Y ojalá te guste como va terminando el fic. Nos leemos ~ Love ya ~
Ann Aseera: Primero de nada… ¡Gracias por decirme lo de los pies fríos! La verdad, no tenía ni zorra, pero me acordé de una canción de Pereza y de ahí lo saqué [¿?]. Dios, que absurdo suena así escrito xD. Y lo séeeee, pobrecito Prusia, lo que él sufre… ¡Pero ya irán a sacarle! Tarde o temprano xD. Y… Pues ya ves lo que ha pasado con España, nos lo raptó un francés salidorro. Asd muchísimas gracias por seguir el fic C: Se te quiere, love ~ Y gracias por tomarte tu tiempo para dejar rv *Achucha*. Y pues… ¡Llegamos al final! Espero que te vaya gustando, házmelo saber x3. Nos leemos ~ Love ya ~
ME VOY A DORMIR.
BUONANOTTE~
