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#02 - Santa Claus
Las calles de Londres estaban llenas de luces en Diciembre
Los portales de las casas, los vidrios de las tiendas y hasta los árboles de las avenidas estaban adornados con foquitos de colores que parpadeaban sin parar, además de que una música irritante y repetitiva no dejaba de sonar
Madame Red le gustaba salir a pasar cuando el sol se ocultaba, y aquel era el momento en que dichas luces destacaban mejor
No lo lamentaría si no fuese arrastrado con ella a "admirar" esas cosas… en serio, ¿qué tenía de particular? Había muchas en casa, tantas que podría dejar ciego a cualquiera si se prendieran todas a la vez
Las cosas que se veían en esa época, además de los brillos multicolores, eran muy extrañas… o mejor dicho, incoherentes… bueno, no debía pensar en ello si permanecía en su cálido hogar, pero resultaba inútil si su excéntrica ama ya lo había sacado para serle de compañía en el recorrido
Las cosas se podían poner peores, en serio. Así fue
-¡Madame Red! –justo cuando daban la vuelta en la esquina, se encontraron con Lizzy – Me alegra verla, ¡justo la estaba buscando!
Esa chica era demasiado ruidosa. No sabía cómo Sebastián la soportaba
Y hablando de él, lo notó acurrucado en sus brazos, luciendo una bufanda roja con dibujos en blanco y… ¿unas orejeras? Debía ser algún experimento de tejido, qué miedo
… al menos con él y su dueña ahí, no era el único que sufría con el frío, la estruendosa voz de la vecina y por esas luces que parpadeaban a la vez
-¿Oíste, Ciel? – le habló de pronto la pelirroja - ¡Iremos ver a Santa Claus! ¡¿No te emociona?!
¿Eh? ¿Qué? ¿Santa Claus?
Antes de que ladrada o intentara interrogar con la mirada, empezaron a caminar
…
No se quejó, sin embargo: se tomó el tiempo para cargarlo –servía de mucho ser pequeño- y resguardarlo de la nieve
Avanzó a un lado de la más joven, y no perdieron oportunidad de iniciar una conversación, una a la que no le prestó nada de atención
-Sebastián –si ya estaba allí, no tenía nada de malo aprovecharlo. Era su mayordomo después de todo –Oye, Sebastián
-¿Sí? – parecía algo adormilado. Sólo Dios Perro sabría cuánto tiempo lo habría traído Lizzy como un juguete de trapo -¿Qué se le ofrece?
-¿Quién es Santa Claus?
Al otro no le extrañó la pregunta… en realidad, ya le había dado curiosidad que no la planteara
-Por lo que he escuchado, es un humano vestido de rojo que siempre ríe y viaja hacia muchos lugares
… Ciel puso los ojos en blanco: eso sonaba igual que a Madame Red
¿Irían a ver a alguien como ella, pero en macho?
-Tiene una larga barba blanca –vaya, algo distinto para variar –Está un poco gordo y… se le puede pedir regalos
Esto último también coincidía con su humana
-Es muy popular entre los niños –siguió –Deben portarse bien para que les dé los obsequios que quieren. Pasa una vez cada año
Eso era tonto, ¿qué tenía de especial ese Santa? Bueno, debía ser que no todos entraban en la protección de una mujer excéntrica, adinerada, simpática y cálida como ella
En tal caso, él tenía a alguien mucho mejor que a ese tipo gordo
Aunque no era exigente ni se la pasaba ladrando, la pelirroja nunca lo descuidaba y le compraba lo mejor de lo mejor: buenas croquetas, buena agua, y un buen suéter que lo ayudara en aquella temporada; lo tenía todos los días del año y cuando lo necesitara. Era lo mejor que podía tener
… a todo esto, ¿para qué irían a verlo? No le sorprendería ser arrastrado a una fiesta, por ejemplo, ¿pero ver a un sujeto viejo y de barba?
-¿Qué le pedirá a Santa? –cuestionó más como broma, a pesar de que usaba ese tono cuando buscaba molestarlo – Si ha sido un buen cachorro, no dude que le traerá lo que guste
¿Ah, sí? ¿Qué tal unos dientes más filosos para darle una sangrante mordida? Quien sabía, a lo mejor ese gordo apoyaba los deseos mal intencionados
-Vamos, no tiene nada de malo –sobó su oreja- Es aún muy joven, tener algo de ilusión no le haría daño
-La edad no tiene que ver con eso – dijo con apatía - ¿Qué hay de ti? –el miró de reojo - ¿Le "pedirás" algo?
-Sí – respondió con despreocupación… cosa a la que no le prestó atención por la mirada que le lanzó
Era consciente de lo… intimidantes que podían ser sus orbes carmesí, pero resultaban fatales cuando combinaba emociones, unas que no quiso identificar en ese momento
Se la sostuvo con un poco de problema. Obvio que lo disimuló -¿Y? ¿Qué es?
Colocó la pata sobre sus labios, en un gesto de silencio –Es un secreto
Lanzó una exhalación. Por supuesto que no iba a obtener una respuesta… de todos modos, ¿qué podría desear un gato mayordomo? Lizzy no le negaba nada, y con sus habilidades era capaz de adquirir –por no decir robar o arrebatar- lo que quisiera
… en fin, no era su asunto
…
Avanzaron otro rato entre las calles llenas de gente y luces por doquier. La nieve caía y se acumulaba en las aceras… no obstante, se entretuvo mirando los aparadores resplandecientes de las tiendas, ¿por qué vendían tanto en ese periodo del año? Bueno, al menos había algunas cosas bonitas
…
De un momento a otro, entraron a un enorme edificio. Todo estaba adornado de plateado, dorado y de un rosa oscuro; había muchos árboles, muñecos, esferas, escarcha y sujetos con ropa verde tonta
Al fondo, en medio del sitio, se encontraba un pino gigante
Estaba mucho más adornado que el resto de las plantas y con muchos paquetes alrededor; se acumulaba bastante gente, en especial niños que saltaban emocionados
-¡Jojojo! ¡Feliz Navidad!
La delgada voz le pareció irritante, aunque no tanto como su aspecto:
Sí, era gordo y de barba larga blanca… y sí, tenía varios regalos a su lado y todos parecían quererle
Pero algo no le gustó. No le gustó para nada
-¡Oh, árbol luminoso de la Navidad! –exclamó a la vez que se levantaba y optaba una pose digna de una bailarina – Tu cimera verde nos dé claridad, alegría y triunfo en la tempestad, ¡eres árbol claro, un amanecer! Tu sombra es la fuente que apaga la sed y nos hace buenos hasta sin querer – dio un salto y una vuelta – Por ti es bello el mundo y el dulce vivir, árbol inefable que no tiene fin, alta y luminosa torre de marfil – de pronto abrazó a una joven, quien se sonrojó ante esa azul y sensual mirada - ¡Oh, árbol luminoso de la Navidad!
Todos comenzaron a aplaudirle… y Sebastián y él sólo pudieron preguntarse cómo alguien podía ser tan ridículo
-¿Quién es él? –preguntó curiosa la rubia
-Aleister Chamber- rió un poco –Creo que lo conoces más con el sobrenombre de "Vizconde Druitt"
-¡¿De verdad?! –susurró emocionada – No imaginé que aceptaría hacer este trabajo de caridad
-Era esto, o pasear por la ciudad vestido como reno y bailando "Merry Christmas" –suspiró al tiempo que sonreía – Por nuestra sanidad, hicimos que eligiera lo primero
Sin embargo, antes de que dijeran otra cosa, ese Santa pareció reconocerlas y se abrió hasta ellas
Sintió un escalofrío
Tenía un mal presentimiento, su cola erguida nunca le mentía
-¡Ah, que verdadero placer verte aquí, Angelina! – tomó la mano de la mayor y la besó con galantería - ¡Tu deslumbrante presencia podría hacer esta Navidad memorable! – hizo también lo propio con la menor – Y mi querida señorita Elizabeth, ¡su gracia e inocencia es sólo comparable al sol que sale durante el primer día de primavera!
Sebastián entendió que ese comportamiento era de machos maduros que buscaban aparearse
Ciel entendió que debía escapar de ahí como fuese
Se removió inquieto en los brazos de la pelirroja
Grave error
-¡Y han traído a sus mascotas! –bajó a su altura- Nada como un fiel compañero con quien pasar las fiestas – primero se fijó en el felino, al que acarició con cuidado –Un minino de pelaje oscuro es como la penumbra de Noche Buena –después lo observó a él y luego
Y luego…
-¡OH, PERO QUÉ ES LO QUE VEO! –lo arrebató el calor acogedor y lo elevó mientras daba vueltas- ¡El perro es el mejor amigo del hombre, y también es capaz de arrebatarle el corazón! ¡Solamente mira esos ojos, ese pelaje, esa maravillosa juventud pura que vuela como un pequeño petirrojo! – lo estrujó contra sí –Es tan hermoso, mi encantador canino, ¡haz hecho que mi solitaria navidad se ilumine con el afecto de un amor sincero! –acercó su rostro – Lindo petirrojo, ¿no querrías venir conmigo a casa?
Quizá fue el estrés del momento
Probablemente se debió a lo mareado que acabó y a esas palabras que le arrancaron temblores
Tal vez fue por la falta de espacio personal…
En cámara lenta, se vio a sí mismo mordiendo la nariz de ese Santa en cuanto la tuvo al alcance
Fue como mirar desde lejos el instante en que lo soltó, la estrepitosa caída y su fervor para hincar los colmillos en el rojo pantalón
Escuchó a Madame Red, a Lizzy, al grito dramático del sujeto y al pánico de los niños, pero sin importar eso, no lo soltó
… por lo menos no hasta que Michaelis se subió sobre él y le pegó en las orejas para que reaccionara
Lo demás fue aún más rápido: corrió detrás del gato en cuanto se liberó y trazó una ruta de escape por la cafetería y la heladería; dobló a la derecha y luego a la izquierda, encontrando la salida de frente
Afuera, se detuvieron junto a un buzón
…
…
El minino no dijo nada. Él tampoco emitió sonido, salvó el de su respiración agitada
No hubo honor que salvar o perder, simplemente el alivio de escapar de ese tipo con cara de pervertido
-Me parece… –habló con calma –Que este año nadie le traerá obsequios, ¿no?
Lo miró de mala gana –No necesito que nadie me regale algo, sobre todo alguien como él
Lo malo, era que no podría contar con la seguridad de que su dueña siguiera tan benevolente: estaría tan enojada que ni siquiera le daría de comer
-Pero… estuvo bien –emitió una curvatura de labios divertida –Joven Amo, su manera de morder tiene bastante clase… a pesar de que no la usa mucho –entrecerró los ojos –Tal vez deba cuidarme en un futuro
Sonrió de lado –Tal vez
… bueno… si lo pensaba con cuidado… quizá sí había algo que deseara… algo relacionado con Michaelis
No tuvo tiempo de pensarlo, empero
Todos sus instintos caninos agresivos se activaron en cuanto una persona pasó frente a ellos
Otro Santa Claus
Oh, no
…
El mayordomo miró cómo el joven perro atacaba sin control a otro pobre sujeto disfrazado de rojo
Esto sería un problema, sin olvidar que no recibiría ningún regalo para navidad…
En fin, no estaría tan mal: siempre habría un presente con la etiqueta "De: Sebastián. Para: Ciel" en la base del árbol… probablemente lo haría por el resto de la vida: con todos los Santas que estaba atacando, sería maldecido en el mítico Polo Norte
