Bien! Regrese! Con un nuevo capitulo! YaY! Okay, no c:

Solo me gustaria decir que este capitulo no tendra UKUS, sorry people c:

Disclaimer: Hetalia no me pertenece, lo es y a la vez no es una pena. Seria muy diferente si lo hubiera hecho yo c: Por eso no es una pena c:
Advertencias: La linda boquita de Chiara Vargas ;)

Sin mas que decir, a leer!


Cap.- 3

Chiara Vargas odiaba su vida. Y su vida la odiaba a ella.

Por qué, se preguntaran muchos. Por qué no, se preguntará ella. Sus padres preferían a su hermana, su abuelo prefería a su hermana, su perro prefería a su hermana, los supuestos amigos que tenía preferían a su hermana, el reino entero prefería a su hermana, ¡el puto mundo entero prefería a su tonta hermana menor! ¿Y ella qué? ¿Qué pasaba con sus sentimientos? Ah, es verdad, los de su tonta hermana eran más importantes.

Pero Chiara no odiaba a su hermana, pues hasta ella la prefería. Ella odiaba a todos esos hipócritas que solo se acercaban a ella para llegar más fácil a Alicia, o aquellos que la juzgaban sin siquiera molestarse en conocerla a ella o a sus motivos. Y luego se quejaban de que su carácter era horrible. ¡Que les den, antipáticos!

Pero bueno, aun con eso, Chiara pensaba que había una esperanza para dejar de pensar tan negativamente, realmente la tenia. Hasta que paso.

Su tonta hermana se enamoro.

Y técnicamente fue su culpa, ya que en la fiesta de disfraces de la princesa era ella la que estaba jugando con la cuerda que sostenía al candelabro que, gracias a los jaloneos de la joven, cayó en el justo lugar donde su hermana estaba. ¿Cómo es que seguía viva o sin ninguna herida grave? Fácil; el ahora llamado por Chiara "Patata andante" la empujó antes de que algo serio pasara.

Después de eso, su hermana no se separó de él y empezaron a frecuentarse, hasta que un día, fue a su casa a pedirles a sus padres el permiso para una relación formal. Ellos no podían estar más encantados por el hecho de que un Vicealmirante de la marina (porque eso era el desgraciado) se fijara en una de sus hijas.

– Al menos ya tenemos una boda asegurada – escuchó un día decir a su mamá. Sobra decir que realmente no piensan que ningún hombre la vuelva a cortejar después de que el tercer y último "valiente", por así decirlo, que se animó a hacerlo termino con una maseta en la cabeza. En su defensa, siempre dijo que la maseta se resbaló por accidente cuando su codo chocó contra ella.

Y por eso ahora ahí estaba, en un barco de la marina, en una misión de reconocimiento a la que las llevó la patata a su tonta hermana y a ella. Por qué también a Chiara, se preguntarán muchos. La respuesta es fácil. No quería quedar mal con la familia y quería demostrar que hasta él podía hacer algo que nadie más que su hermana y su abuelo pueden hacer: soportarla.

Se suponía que no pasaría nada, ya que era solo dar un paseo por los mares del reino para verificar que no había piratas cerca, pues se había dicho que hacia algunos meses un barco estaba yendo y viniendo a sus anchas. Pero eso no era algo que a la joven castaña le importara.

Todo era normal esa tarde, y por normal me refiero a Alicia tonteando con Ludwig, la estúpida patata que no dejaba de joder su vida desde que llegó, y a Chiara aburrida en la orilla del barco, pensando seriamente si valdría la pena o no tirarse al mar y así dejar de escuchar las risas tontas detrás de ella. Realmente estaba considerando la idea cuando algo la sacó de sus pensamientos.

– ¡Vicealmirante Beilschmidt, barco pirata a la vista! – se escuchó a uno de los marinos gritar.

– ¡Alicia, Chiara vayan dentro del barco, ya! – nos gritó a ambas mientras empujaba a su hermana dentro del barco y se dirigía a Chiara para hacer lo mismo, cosa que no pudo hacer ya que en cuanto la tomó del hombro, se escucho un silbido y una risa.

– Vaya, vaya, ¿pero qué tenemos aquí? Si hubiera sabido que en este lugar tenían mujeres tan lindas, hubiera venido antes – Chiara volteó a ver de dónde venía esa voz para encontrarse con un par de potentes ojos verdes, los cuales la observaban con picardía y algo más que no podía ni quería descifrar. Ludwig solo se puso frente a ella, interrumpiendo su vista hacia los ojos del pirata.

– ¿Quién eres y qué quieres aquí? – le preguntó Ludwig aun sin dejar de tapar a Chiara. Ella solo se asomó entre curiosidad y miedo. Ese joven parado en la orilla de su barco no se veía muy fuerte, pero era un pirata al fin y al cabo. Y nadie quería terminar involucrado con un pirata.

– Oh vamos grandote, ella también se interesó en mi. Mira, hasta se está asomando detrás de ti para seguir viéndome – dijo ignorando las preguntas dichas por el rubio mientras le guiñaba el ojo. En respuesta Chiara le mostro su dedo del medio. El pirata (y toda su tripulación) soltó una risotada –. Y al parecer que también muerde. Que dices preciosa, ¿te vienes con nosotros y dejas atrás al estirado de tu amigo?

– ¡No has contestado mis preguntas! – le llamó Ludwig otra vez mientras volvía a tapar la visión de Chiara.

– Tch, que aburrido – dijo el pirata torciendo la boca –. Bueno, contestaré a tus preguntas, aunque no creo necesaria la primera. Mi rostro en los carteles de se busca es bastante popular, por si no lo habías notado. Y para la otra pregunta… Solo venía a pasar el rato, nada importante – Ludwig solo frunció mas el seño, en señal de desconfianza –. Y como ya me di cuenta que aquí no tendré nada emocionante, me voy. Señorita, espero y nos volvamos a ver – volvió a hablar el pirata dando una ligera inclinación hacia Chiara (quien se volvió a asomar por detrás de Ludwig), y quitándose el sombrero.

– Lamento informarle que eso no podrá ser. Ustedes vendrán conmigo. Estoy seguro que sobra decir que arrestados.

– Y yo estoy seguro que sobra decir que eso no ocurrirá. Aún tengo muchas cosas que hacer como para dejarme atrapar.

Un silencio reino entre ambos barco, ambos en estado de alerta por si se daba la necesidad de empezar una batalla. Ludwig dirigió su mirada hacia la puerta del barco, la cual era custodiada por dos marinos y después la dirigió a Chiara, quien observaba todo un tanto alarmada.

– Este bien – dijo el rubio en un suspiro. Ambas tripulaciones lo vieron con sorpresa –. Los dejaremos ir con una condición. Nos han informado que últimamente un barco pirata ha estado entrando y saliendo de nuestro reino. Quiero que me diga todo lo que sabe sobre eso sin omitir ningún detalle – el joven de ojos verdes frunció el seño y acarició su barbilla en señal de reflexión. Después de unos momentos sonrió y volteó a ver a Chiara.

– Esta bien señor marino, le diré lo que se sobre ese barco – muchos de sus tripulantes lo observaron extrañado –, pero a demás de la condición de que nos deje ir en paz, quiero otra cosa – el silencio de Lud fue toda su respuesta –. Quiero a la señorita tras usted – muchos se giraron a ver a Chiara, quien se empezaba a sonrojar por tantas miradas a la vez. La que siempre acaparaba la atención era su hermana, no ella.

– No diga estupideces. El hecho de que los dejemos ir es mucho favor. Ahora hable – el pirata ensanchó su sonrisa.

– ¿Por qué no dejamos que ella decida? – antes de que Ludwig pudiera replicar, el pirata volvió a hablar – Vamos, escuche lo que ella quiere. Tal vez eso me deje ver una sonrisa en su rostro – eso hizo sonrojar aún más a Chiara. Realmente nadie nunca se había preocupado por si ella sonriera o no. Solo su abuelo y cuando estaban a solas –. Aww, mírenla. Esta rojita. Linda, eres pura ternura – eso selo hizo sonrojarla más, cosa que al parecer le encantaba al pirata –. ¡Ahora parece un tomate! – ese comentario la sonrojó pero de puro coraje.

Ambos barcos estaban en un silencio sepulcral esperando por la respuesta de la chica. Ella, mientras tanto, trataba de relajarse para no saltarle encima a ese estúpido que se atrevía a burlarse de ella. Ludwig, al ver su expresión, temió que la chica pudiera hacer una estupidez. Lo que nadie se espero fue que Chiara se agachara, tomara uno de sus tacones y, con toda la fuerza que su furioso ser pudo poner en un brazo, lo tiro a la cara del pirata frente a ella, el cual le dio justo en la nariz. Las risas de los amigos del de ojos verdes no se hicieron esperar.

– ¡Jodete si crees que algún día me iré contigo, estúpido imbécil! – y dándose la media vuelta, caminó con la cabeza erguida y con tanta dignidad como caminar con un solo tacón le permitía.


Los primeros días intentó no darle importancia, pero su curiosidad pudo más y una semana después del paseo, Chiara se encontró a sí misma en las oficinas centrales de la marina en el reino.

Estuvo un rato buscando entre el montón de carteles de se busca, hasta que lo encontró.

Ahí estaba, con ese pelo castaño y rizado, y esos potentes ojos verdes. Antonio Fernández Carreido se llamaba el joven de la otra vez, y al parecer, era muy peligroso. O eso hacía creer la recompensa bajo su nombre.

– ¡Muévete de una vez inútil! ¡No tenemos tu tiempo! – Chiara giró su cabeza para ver como algunos marinos tiraban a un rubio, el cual parecía haber recibido una paliza monumental. El joven trató lo mas que podía -y que sus brazos tras su espalda le permitían- para pararse, pero aun así le resultaba difícil. Más si de vez en cuando alguno de los marinos lo pateaba entre burlas y risas.

En una de esas, el joven levantó su cabeza, dejando ver a Chiara un par de cejas espesas, y un par de ojos verdes que la observaban fijamente. Chiara encontró tan iguales y a la vez tan diferentes esos ojos de los de Antonio, que no pudo apartar la vista de ellos.

– ¡Que te apures te digo! – gritó uno de los marines a la vez que pateaba el estomago del joven, el cual no pudo evitar hacer una mueca de dolor. Eso despertó a Chiara de su ensoñación.

– ¿No creen que se movería más rápido si al menos dejaran que se parara? – preguntó Chiara, sorprendiéndose incluso ella de escuchar su voz.

– ¿Y tu quien te crees que eres para darnos ordenes? – pregunto con desdén el marino que había pateado al rubio.

– Chiara Vargas. ¿Tienen algún problema con eso? – preguntó frunciendo el seño y cruzándose de brazos. Ellos solo pudieron hacer un gesto de fastidio. Claro que habían escuchado ese nombre, o al menos, el apellido. Desde que el nuevo Vicealmirante estaba saliendo con una de las gemelas Vargas era muy difícil desconocer el nombre. El joven rubio no pudo evitar sonreír ligeramente hacia Chiara, quien solo siguió con su gesto duro.

Sin mucho cuidado, dos de los marinos tomaron los brazos del rubio y lo pusieron de pie, para después darle un empujón que claramente le decía que empezara a caminar. Antes de perderlo de vista, Chiara vio como el rubio le regalaba una ligera sonrisa prepotente y le guiñaba un ojo.

Poco después de perderlo de vista, dirigió su mirada otra vez a los carteles de se busca, para encontrar el cartel justo a un lado que el de Antonio y con una recompensa un poco más elevada que la de él.

Arthur Kirkland…


Una mañana soleada, Chiara fue despertada por las criadas más temprano de lo que a ella le hubiera gustado. Las criadas se excusaron diciendo que el joven Beilschmidt los había invitado a una ejecución en la plaza. Sería la primera que el oficiara desde que recibió el puesto que ahora poseía.

Toda resignada, Chiara solo dejo que las criadas hicieran lo que quisieran.

Como a eso del mediodía, la mayor de las gemelas estaba más aburrida que una almeja, parada, bajo el sol, y soportando las conversaciones estúpidas de su madre y su hermana. Su abuelo a un lado de ella solo sonreía gentilmente y le susurraba que se tranquilizara, que acabaría pronto. Pero era difícil creer eso cuando aun ni siquiera había empezado.

Un rato después, Ludwig apareció liderando a, por lo menos, una docena de marinos que escoltaban al rubio de la otra vez. Arthur, si no mal recordaba.

Eso sinceramente la sorprendió, y más se sorprendió al ver como el joven la volteaba a ver y le guiñaba el ojo. Su abuelo solo la miró extrañado mientras ella se encogía de hombros. Tal vez luego le contara la historia.

Entre dos de los marinos subieron a Arthur al pódium y le pasaron una soga por el cuello, mientras Ludwig hablaba y su madre lo veía llena de fascinación.

Pero Chiara pudo observar algo curioso en ese hombre. En vez de lucir asustado, parecía estar aburrido. Como si en cualquier momento fuera a gritarse a Ludwig que se apurara.

– ¿Tiene una alguna última voluntad antes de ser ejecutado? – le preguntó Ludwig después de soltar todo su monologo. El rubio de ojos verdes solo torció un poco la boca y frunció en seño, como si realmente estuviera pensando muy profundamente.

– Que me dejen libre – respondió con una sonrisa.

– Me disculpara, pero eso es algo que le podemos dar – le dijo Ludwig igual de estirado y serio.

– ¿Entonces para que me pregunta? – le respondió de vuelta el pirata ensanchando su sonrisa prepotente y arrancando unas cuantas risas del público, incluida la de Chiara. Ese chico le estaba cayendo bien.

Ludwig solo frunció más el seño y dejo de verlo. Se dirigió a la palanca que estaba a un lado del pódium, la cual abriría la compuerta bajo los pies de Arthur y haría que su agonía comenzara, pero no paso. O al menos, ella no supo si pasó, pues de la nada sintió que alguien la tomaba por la cintura y la jalaba consigo. No pudo evitar gritar.

– ¡Chiara! – gritó su abuelo.

– ¡Hermanita! – escuchó la voz de Alicia. Chiara solo sintió que era cargada como un vil saco de papas por algún bastardo que al parecer, encontró gracioso joderle la vida.

– ¡Bájame ahora mismo, tu estúpido imbécil, bastardo, hijo de puta, malnacido, desgraciado, pendejo, idiota! ¡BAJAMEEEE! – la joven pataleaba y golpeaba la espalda de su captor furiosamente, pero en respuesta solo se encontró con risas y mas burlas.

– Capitán ¿seguro que no es de mar? Porque la boca ya la tiene – se burló un rubio con un peinado raro al que la estaba cargando. Escucho la risa de su captor sonar con fuerza.

– ¿Cuántos vienen tras nosotros? – le preguntó el capitán al rubio. El chico solo se volteó la cabeza para observar cuantos marinos y soldados iban tras de ellos.

– Varios Capitán. Tendríamos que perder a al menos la mitad para poder escapar. ¿Quiere que le de ventaja?

– Una de cinco minutos Mathias, con eso es suficiente – el rubio sonrió ampliamente y dejó de correr para encarar a toda la masa que iba tras ellos. Eso sería divertido.

Mientras tanto, Chiara no dejaba de patalear, insultar ni golpear al joven que la cargaba. Debía de ser una visión un tanto rara para la gente del pueblo. Ver como un pirata secuestraba a una joven entre risas de él y palabrotas de ella era seguro algo que no se veía todos los días.

– ¡Capitán, estamos listos para zarpar! – le dijo una chica rubia de ojos verdes. El joven capitán les dijo que esperaran un poco mas por la llegada de los que aún estaban abajo.

– Hey, si sigues pataleando tan fuerte te vas a caer – le dijo mientras se la acomodaba mejor en el hombro. Ella solo pataleó más.

– ¡Entonces bájame! ¡Malparido! ¡Bastardo! ¡Imbécil! ¡Estúpido! ¡BAJAMEEEE!

– Si tanto insistes – dijo en un suspiro –. Emma, trae una soga – poco después Chiara sintió como le ataban las muñecas tras la espalda y la dejaban en el suelo mientras la sujetaban de los brazos, solo para ver que frente a ella estaba nada más y nada menos que el Capitán Antonio Fernández Carreido.

Chiara lo golpeó en la espinilla.

– ¡¿A qué venía eso? – grito mientras daba saltitos sujetando su pierna adolorida y toda la tripulación se burlaba.

– ¡¿Cómo carajos te atreves a preguntar, pendejo? ¡Yo soy la que debería preguntarlo! – la tripulación seguía burlándose de la extraña conversación entre los castaños, cosa que enfadaba mas a Chiara.

– ¡Capitán, estamos todos! – llegó gritando el rubio de antes, al que habían llamado Mathias.

– ¡Perfecto, nos vamos! – todos apoyaron la noción entre bitores y festejos. Todos menos Chiara.

– ¡Nos vamos mi trasero! ¡Regrésenme con mi familia desgraciados hijos de puta! ¡¿Quién cojones se creen para hacer esto? ¡Déjenme ir! – Chiara seguía protestando entre gritos y patadas, cosa que llamo la atención del Capitán. Antonio se dirigió hacia donde Chiara trataba de liberarse, para tomarla de la barbilla y hacer que se calmara de por un rato.

– Linda, acéptalo. No te vamos a regresar aún si empiezas a llorar. De ahora en adelante eres parte de mi tripulación – le dijo con un guiño. Ella solo frunció más el seño.

– ¿Y por qué yo? Habiendo tantas chicas más bonitas y más simpáticas que yo en el reino, ¿por qué tuve que ser precisamente yo a la que secuestraran? – ese comentario hizo que los ojos de Chiara se opacaran ligeramente, cosa que no le gustó al capitán.

– Lo dije la primera vez que nos vimos, ¿no es así? Quiero ver tu sonrisa, ha de ser hermosa – el comentario la tomó por sorpresa, haciendo que un ligero sonrojo se posara en sus mejillas –. Y porque se me antojó – terminó Carreido con una enorme sonrisa. Chiara lo miraba escéptica. Cerrando los ojos, agachó la mirada y apretó los puños, para poco después levantar su pierna y darle justo en su orgullo a la persona parada frente a ella - ¡¿Por qué ha sido eso? – preguntó Antonio mientras rodaba por el suelo sujetando sus partes. Ese había sido un golpe muy bajo.

– Porque se me antojó – le respondió ella. Las risas de los demás tripulantes hicieron que Chiara también dibujara una sonrisa de burla en su rostro, y en ese momento Antonio se dio cuenta que esa seguramente sería la primera de muchas. Solo esperaba que fuera el último golpe en ese lugar.


Y ese fue el capitulo tres! :D

Solo espero que no me saliera muy OOC, pero no podia poner a Antonio igual de idiota que de costumbre o no podria manejar con una tripulacion. Ustedes entienden ;)

Bueno gente, eso fue todo por hoy! Espero y les gustara este capitulo, ya que no estoy muy segura de como termino.

Cualquier cosa que quieran decir, para eso esta el botoncito ahi abajo que dice 'reviews', ese me lo hara saber ;)

Love'sLike, fuera!

PD: Por cada persona que leer y no deja review, Toño sufre otro ataque en sus joyas familiares ;)