Yo! Lo se, me tarde bastante en actualizar, pero la inspiracion corria y se alejaba de mi y no me dejaba alcanzarla y hasta ahorita lo hizo.
A decir verdad, tenia planeada la historia para que fuera linda y sin muchos trabas, pero hoy me tome un siesta y cuando desperte, tenia la idea en la cabeza y no la podia dejar ir porque hubiera sido una perdida terrible, asi que por eso ahora la estoy escribiendo.
Advertencias: Un pirata muy enojado, palabras y amenazas no muy bonitas y cambio de rango a T por un capitulo que esta por venir.
Disclaimer: Ni Hetalia ni sus personajes son mios. Solo Tim.
Sin mas que decir, a leer!
Cap.- 4
Para el Capitán Kirkland nunca le fue difícil el infiltrarse en el cuarto de Emily. Los guardias nunca custodiaban sus ventanas, así que realmente era muy fácil entrar a su habitación para su visita nocturna. Bueno, al menos solía ser fácil. Era fácil antes de que algún desgraciado hijo de puta la violara.
Por eso, esa noche Arthur estabas tras unos arbustos, escondido mirando hacia los guardias que custodiaban dicha ventana. Arthur no podía maldecir más su suerte. Cuánto daría por poder estar ahí con ella, protegiéndola entre sus brazos o simplemente tomando su mano, dándole a entender que él no le haría daño, que estaría a su lado. Pero los putos guardias no le dejaban.
Y ya se había fijado en la ventana de Madeleine, pero esa también estaba custodiada. ¡Hasta se había fijado en la del cara de rana! Pero esa maldita ventana también estaba custodiada por un par de putos guardias. Y Arthur volvió a maldecir.
Estaba a punto de dar la vuelta cuando se da cuenta; un guarda lo había visto. Maldiciendo aún más a su suerte, corre contra el guardia, quien al ver al pirata acercarse a él, empieza a correr muerto de miedo. No llega muy lejos antes de ser tumbado por Kirkland.
Forcejean un rato antes de que Arthur saque su inseparable daga y la presione contra su cuello. Viendo bien al guardia, no era más que un niño. Quince, o tal vez dieciséis años. Pero en ese momento, eso no le importaba.
– Dime como está la situación actual – le ordenó al muchacho. El joven no respondió, haciendo que el pirata en un arrebato de furia, tomara sus cabellos, alzara su cabeza y lo estrellara tan fuerte como podía contra el suelo. El joven no soltó ni un grito –. Te lo repetiré una vez más y espero una respuesta según a lo que pregunte. Ahora responde: ¿Cuál es la puta situación actual en el castillo? – el joven solo lo miró con ira durante unos momentos, para después suspirar.
– Sus majestades están muy preocupados. La princesa no ha podido dormir bien, y cada que lo hace tiene pesadillas. Su prima, la joven Madeleine, esta con ella casi todo el tiempo, y es la que la consuela en sus noches en vela o cuando despierta entre gritos y lagrimas. Pero eso no es algo que le importe a un sucio pirata aprovechado como tú, ¿verdad? – escupió las palabras para después realmente escupirle en la cara. Arthur solo respiró profundamente, se quitó el fluido de su cara con la manga, y le rompió la nariz al joven guardia.
– Escúchame pedazo de porquería; esta situación me importa mucho más de lo que te podrías imaginar por razones que te vienen valiendo un puto pepino. Y me vuelves a escupir, y créeme que no vivirás para contarlo, ¡¿entendido? – preguntó totalmente colérico. El joven, quien se veía ligeramente asustado, simplemente asintió levemente – Ahora párate que ocupo tu ayuda.
El joven solo lo vio con una cara de escepticismo mientras Kirkland se levantaba.
– ¿Qué estas esperando inútil? ¡Te dije que te pares!
– ¿Y por qué tendría yo que hacerle caso? – lo desafío el chico. Grave error. Kirkland se puso a su altura y volvió a tomar parte de su cabellera, pero esta vez tomándola de una manera más violenta.
– Parece que aun no lo entiendes niñato, pero en este momento mi humor es tan malo, que ganas de desollarte vivo y colgar tu piel en los arboles y a ti empalarte en el asta que está en esa torre más alta, no me faltan; pero en vez de eso, te estoy diciendo que ocupo tu ayuda, cosa que yo casi no hago. Y aún así, ¡¿tú te atreves a desafiarme? Ahora, ¡pon a mover ese flácido trasero tuyo antes de que cumpla mis promesas y hazme entrar en ese cuarto!
El joven, aterrado por las palabras dichas por Kirkland, volvió a asentir levemente antes de caminar seguido por el pirata.
Caminaron en silencio un buen tramo, escondiéndose entre los arbustos cada vez que oían pasos acercándose a ellos, hasta que llegaron a un parte del castillo en la cual Arthur nunca había estado.
– Escúchame chico-
– Tengo un nombre – le interrumpió el mismo.
– Pues no me lo has dicho – le contestó irritado. El chico vaciló un poco antes de soltar un suspiro.
– Tim – respondió –. Mi nombre es Tim.
– Como sea, ahora escucha. Si esto termina siendo una trampa, espero y no pienses que saldrás vivo de esa.
– No es una trampa. Este pasadizo lleva a la recamara de la princesa. Yo lo descubrí hace unos meses por accidente. No lo he usado nunca – agregó después de ver la mirada asesina que le daba el pirata.
– Más te vale – Tim no sabía a qué se refería el pirata: si al hecho de que no fuera una trampa, o a que no hubiera vuelto a usar ese pasadizo.
Caminaron en silencio otro tramo, con Tim guiando a Arthur por el oscuro lugar para dar al final contra una puerta. Con mucho cuidado la abrió, dejando ver que una gran tela estaba tras de ella. Con cuidado, retiró lo que parecía ser una cortina, dejando ver el cuarto de Emily sólo iluminado por una vela, y a Madeleine sentada leyéndole en voz baja a su prima.
Cuando la menor se dio cuenta de su presencia, no pudo evitar un pequeño sobresalto que alertó a su prima. Emily volteó a ver a donde veía su prima asustada, para después sorprenderse al ver a su amante ahí parado, y después ponerse a llorar.
De un salto salió de su cama y se abalanzó contra Arthur, haciendo que casi se cayeran ambos.
Emily se aferró al pecho de Arthur con fuerza, mientras sus lágrimas mojaban su camisa. Tim veía asombrado la escena mientras Madeleine solo suspiraba. Arthur la sostuvo contra si, acariciando su cabeza y susurrándole tiernas palabras al oído.
– No pasa nada, ya estoy aquí. Nadie te va a volver a lastimar, lo juro. Tranquila Emily, no llores tan fuerte o alguien nos va a descubrir. No te preocupes, aquí estoy. No me iré de tu lado, lo juro. Te lo juro.
– Tenía t-tanto miedo. E-ellos solo r-reían y… y yo n-no sabía que ha-hacer – decía entre llantos. Arthur suspiró para después cargarla y llevarla de nuevo a su cama. Una vez la acostó, se alejo un poco de ella, causándole un ataque de pánico.
– Hey, tranquila. Solo iré por una silla. No me estoy yendo a ningún lado – dio unos cuantos pasos hacia atrás hasta toparse con la silla, y después regresó al lado de su amada para retirarle unos cuantos cabellos de su frente y tomar su mano. Tim veía todo totalmente confundido.
Buscó la mirada de Madeleine para ver si ella estaba igual, pero solo se confundió mas al ver que ella negaba, como diciéndole que no hablara ni preguntara nada. Ambos se sentían muy incómodos por estar en un momento tan íntimo entre los dos.
Arthur acariciaba dulcemente el rostro de Emily mientras ellas solo lo veían, sin hacer nada. Unas horribles bolsas negras bajo sus ojos mostrando sus noches de insomnio o de pesadillas, las cuales no la dejaban descansar.
– Deberías intentar dormir un poco. Te hace falta – le dijo suavemente. Ella solo suspiro y cerró los ojos, dejando que las lagrimas siguieran bajando por su rostro.
– No puedo. Las pesadillas me inundan cuando duermo, n-no me dejan descansar. S-siempre están ellos, riendo, haciéndome s-sufrir. No quiero dormir, p-pero no quiero estar de-despierta Arthur. Y me ha-hacías tanta falta – terminó de decir con sollozos cada vez más altos. Sobra decir que el último comentario rompió el corazón de Arthur.
El pirata solo apretó los puños hasta poner sus nidillos blancos, y mordió su labia hasta casi hacerlo sangrar. Se sentía como una basura, como la peor de las escorias. Si ni siquiera podía salvar a la persona que amaba, entonces ¿para qué estaba ahí?
– Arthur – volvió a hablarle Emily –, ¿me podrías cantar una canción? – la pregunta hizo que una dulce sonrisa se dibujara en los labios del Capitán, agachándose para besar la frente de su querida princesa.
– Como lo ordene, princesa – con cuidado de no soltar su mano, movió la silla de tal manera en que pudiera estar más cerca de ella, y comenzó a cantar.
La voz de Arthur era grave y profunda, pero en esos momentos tenía un tono dulce y melancólico, lo que hacía su voz perfecta para la nana que estaba cantando.
Tanto Madeleine como Tim lo voltearon a ver sorprendidos. Ninguno se esperó que la voz del Capitán fuera tan hermosa.
Y en ese momento Madeleine no pudo evitar sentir un poco de envidia a su prima. No por su situación, esperaba que nunca le pasara eso. La sentía al ver que ella tenía una persona que la cuidaba, que la amaba y que la atesoraba más que nada en el mundo, y ella no.
Tim solo quería escapar de ahí al sentirse no bienvenido en el cuadro que tenían esos dos. Ni siquiera Madeleine, quien era la mejor amiga y confidente de Emily, se veía bienvenida.
Arthur solo quería que Emily descansara, que cerrara sus ojos y que no soñara. Quería quedarse a su lado, despertarla si tenía pesadillas y acurrucarla entre sus brazos mientras dormía. Pero sabía que no podía, y eso era lo que más le dolía.
Le cantó dos canciones más hasta que estuvo convencido de que Emily ya estaba dormida, y con cuidado, soltó su mano y le dirigió su mirada a Madeleine, quien se la regreso.
– Gracias. Ya le faltaba poder descansar, y tu presencia la ha relajado – dijo volteando a ver la cara dormida de su prima para después sonreír sin gracia alguna –. Y al parecer realmente eres don-perfecto. Nunca me imagine que cantaras – Arthur le devolvió la misma sonrisa.
– Uno de mis numerosos talentos – después de decirlo, volteó a ver a Emily una vez más, antes de cerrar los ojos con frustración y dirigirse a la salida –. Madeleine, estaré viniendo más seguido. Mantenme al tanto de lo que le pase. Tim, de ahora en adelante serás el guardia de ellas, no quiero que les quites el ojo de encima ni por un instante. Maddy, en la mañana pide que él sea su guardia. Sabe demasiado como para dejarlo andar a sus gustos por el castillo. Creo que esta de más decirte que si abres la boca, te corto la lengua y te uso de decoración en mi barco – ninguno de los dos se atrevió a objetar algo en contra.
– Arthur, ¿qué es lo que harás? – le preguntó la chica con un poco de miedo. El solo se ciñó la capa sobre sus hombros y se subió el gorro de la misma mientras tapaba la mirada que demostraba el por qué era el capitán de uno de los barcos piratas más temidos.
– Creo que eso es un poco obvio – le dijo dándoles la espalda –. Es tiempo de ir de casería.
Y eso seria todo...
Repito, no lo esperaba hacer asi, pero la idea estaba, y ya me estaba sintiendo mal por dejar la historia toda abandonada, asi que mejor lo escribi.
No se preocupen, el fluff volvera. Y les recuerdo, la historia no tiene un orden. Escribo segun imagino c:
Sin nada mas que decir, los dejo.
