Hetalia no es mio y nunca lo sera! D': *llora*
Cap.- 5
Elizabeta Hedérvári era una gitana.
Su cuerpo y su alma lo gritaban mientras bailaba junto con la comunidad donde vivía, mientras su cuerpo y las llamas de la hoguera se mecían al son de la música.
Ella amaba sus raíces gitanas. Amaba ser una y la libertad que eso le daba.
Elizabeta sentía que su vida era perfecta hasta que lo conoció.
Fue mientras daba una vuelta por la ciudad. Ella avanzaba despreocupadamente por la calle dando pequeñas vueltas, como si danzara. El lago castaño que era su cabello ondeaba sobre sus hombros y golpeaba contra su espalda a cada movimiento que daba. Las personas a su alrededor constantemente detenían sus pasos para observar y/o admirar a esa bella joven que se movía con tal gracia.
Incluso el se paró al verla.
Verla avanzar dando tales movimientos, ver la genuina sonrisa que regalaba despreocupada, al verla jugar y acariciar los cabellos de los niños no pudo evitar pensar que ella era lo que el parecía necesitar.
Se dirigió a ella cuando se detuvo a comprar fruta. La invito a salir pero ella tuvo que rechazar la oferta. De igual forma quedaron para otro día.
La cortejó.
La enamoró.
Y ahora sí, Elizabeta sentía que su vida y su mundo estaban completos.
Hasta que ocurrió.
Ella lo había invitado a conocer a su grupo, ya que ellos querían conocer al hombre que tan feliz la hacía.
Se encontraron en las afueras del pueblo donde ella lo guiaría hasta donde su gente estaba.
Tan cegada de amor estaba que no se dio cuenta que la escolta era exagerada.
Cuando llegaron, todo el grupo fue a su encuentro; todos ansiaban por fin conocer al maravilloso hombre del que Eliza se enamoró.
Ni una hora pasó cuando el infierno empezó.
En las carrozas restantes no iban guardias, sino una gran cantidad de hombres que se dedicaban a la trata de esclavos.
Los tomaron desprevenidos; sin armas y sorprendidos, la derrota fue inminente. A los que se resistieron los mataron, al resto se los llevaron.
Todo en menos de una hora.
Elizabeta solo pudo ir hacia él y preguntarle el por qué. Él la miró con arrogancia y superioridad. Ni un atisbo de la dulzura mostrada tiempo atrás.
– ¡Pensé que me amabas!
– ¿Quién podría amar a una inmunda gitana como tú? – y soltándose del agarre, su fue, dejando lo que antes era su corazón, solo una gran pila de cenizas.
Justo como el infierno en el que ahora su paraíso se volvía.
Elizabeta fue vendida junto con los sobrevivientes de su grupo en una subasta. La compró un noble quien secretamente era un pirata.
Anteriormente ella habría peleado. Habría luchado por su libertad y la de los suyos, pero ya no más.
Había sido separada de su familia; y aun si los veían, la matarían. Le habían roto el corazón en mil pedazos y privado de la libertad que tanto había amado.
Ya no le importaba ser usada como entretenimiento en las fiestas de su amo, o si cada noche que le hablaba, era para violarla.
Ya nada de eso importaba…
Pero un día, su mundo volvió a brillar.
Intrusos entraron a la mansión en la que estaba. Buscando a su jefe por "cuentas pendientes" entraron, saquearon y mataron al noble justo cuando empezaba a jugar con ella.
Con una bala directa al entrecejo y él ya estaba muerto.
– Pff, no puedo creer que él nos haya dado tantos problemas – habló el hombre en el umbral, bajando su fusil y entrando al cuarto.
Elizabeta no prestaba atención al hombre, mas sí al fusil que en su mano estaba. Sin pensarlo, hacia el corrió, intentando ponerle fin a ese horror.
Por un largo rato forcejearon, el pirata sin estar dispuesto a soltarlo. Al final él ganó, en el piso la dejó y sin esperanzas ella lloró.
–…mátame – ella susurró.
– ¿Perdón? – él le respondió.
– ¡Mátame! – le gritó – ¡Yo no tengo nada! El hombre del que me enamoré me traicionó, mato a mi familia y a los que vivieron los vendió. Yo ya no tengo nada… Así que te lo suplico, ¡mátame! ¡Mátame y termina ya con esto! Yo ya no puedo – le lloró mientras se aferraba al dobladillo de su capa. El pirata la miró sintiendo una pizca de compasión. Con un suspiro a su hombro la colgó y ella solo un grito de sorpresa dio.
– Tú vienes conmigo – le dijo él –. Maté a tu amo, ahora me perteneces. ¡Suelten a los demás esclavos y apúrense inútiles que nos vamos!
– ¿Qué… que estás haciendo? ¡Oye, bájame! ¡Déjame ir!
– Dijiste que no tienes nada ¿verdad? Pues yo te daré algo. Dices no tener familia, pues yo te compartiré la mía. Tal vez no pueda darte al hombre del que te enamores, pero te puedo asegurar que conmigo eso no tiene importancia. De ahora en adelante eres parte de mi tripulación, y una vez una pirata Kirkland, siempre serás una pirata Kirkland. ¡De ahora en adelante nosotros seremos tu familia!
Elizabeta lo observó sobre su hombro, los ríos de lagrimas seguían bajando por sus mejillas, como si ella no se diera cuenta de que estaban ahí. Una vez asimilada la información, Eliza se encogió. Su labio mordió y su rostro escondió.
– Como usted mande… Capitán – fue lo último que dijo antes de empezar a llorar, y fue ahí cuando su nueva vida como una pirata de Kirkland empezó, junto como su antigua muerta esperanza de nuevo volvió.
– Y así fue como conocí a Elizabeta – terminó de relatar el Capitán Arthur Kirkland a las jóvenes princesas, quienes escuchaban todo con admiración.
– ¡Eso es genial! – exclamó Emily. Los ojos le brillaban de emoción, haciendo que el resto de su rostro brillara también. Arthur solo pudo sonreír al ver su parecido con una pequeña niña.
– Baja la voz o nos van a descubrir – la reprendió mientras a acariciaba su cabeza. Emily sonrió a la caricia y se mantuvo callada. Madeleine seguía pensando en la historia recién contada, repasando cada momento que había sido relatado y -se dio cuenta- levemente modificada por el pirata para no parecer tan bueno como era. Madeleine sonrió al darse cuenta que estaba descubriendo un lado del que ella sabía, casi nadie estaba enterado que existía.
– Debió ser muy triste. Que la persona en la que más confiabas y tanto querías te traicione de esa manera… debe ser una chica muy fuerte como para poder aguantar eso – dijo la más joven en un susurro, como si hablara con ella.
– Y no te equivocas. Ella es una de las personas más valientes y fuertes que conozco. A demás de una excelente luchadora y mi mejor amiga. Pero eso no es todo – agregó con una pequeña sonrisa.
– ¿A qué te refieres? – le preguntó Emily confundida. Y de pronto la cabeza se le iluminó. ¡Arthur y esa Elizabeta tenían algo! ¡SU Arthur y esa Elizabeta tenían algo! ¿Cómo no se había dado cuenta si siempre hablaba de ella? Emily se sentía traicionada y herida. Sabía que no tenía que haber confiado en un pirata.
– ¿A ti que te pasa? – preguntó Arthur cuando Emily se cubrió con las sabanas hasta la cabeza y se acostó dándole la espalda al pirata.
– ¡Nada! – exclamó enojada apretando mas el agarre de las sabanas cuando siente como se las intentan quitar.
– ¿Dije algo que te molestó? – Emily no le respondió. Arthur dirigió su mirada a la prima de su amada para ver si ella sabía de casualidad que pasaba, pero la misma mirada confundida que él tenía fue la respuesta que le dio. Dando un bufido, se paró de la cama poniendo los brazos en jarra.
– Emily, como sigas así me terminare yendo al barco. Ya te había dicho que esta noche zarpaba y no regreso hasta dentro de un mes o más.
– ¡Vete! ¡Vete con tu amiga para siempre! – le gritó debajo de las sabanas dejando confundidos a los dos. Después de unos segundos en silencio, Arthur se tapó la boca para no soltar una carcajada. Qué novia tan imaginativa tenía.
– He cambiado de opinión – dijo mientras se acostaba a un lado de Emily y la abrazaba por la espalda –. Acuéstate Maddy, me gustaría contarles otra historia.
– ¿Ésta de que trata? – preguntó Madeleine mientras se acostaba al otro lado de su prima, viendo hacia el capitán (quien recibía codazos de vez en cuando de la heredera al trono).
– De cómo conocí a Gilbert.
Gilbert Beilschmidt es el hijo del almirante de la marina. Todos a su alrededor daban por sentado que él sería el siguiente Almirante en la marina. Todos menos el. Y su hermano menor, quien era la única persona en la que Gilbert confiaba ciegamente.
Gilbert odiaba los marines. Odiaba que todos marcaran su destino como si fuera un simple pergamino en el que pudieran poner lo que sea que se les antojara, odiaba tener que fingir que le gustaban las fiestas de sociedad, odiaba tener que fingir que odiaba a los piratas siendo todo lo contrario. ¡Él quería ser uno! Viajar por los siete mares en busca de tesoros, peleando contra otros piratas y contra la marina por su vida y escapar de una manera magnifica y emocionante. Sí, eso es lo que el realmente quería hacer. Eso era lo suficientemente genial como para darle fama a su nombre y hacerle justicia a su asombrosa persona.
Por eso cada que tenía la oportunidad para salir a navegar, lo hacía. Lo único por lo que seguía ahí era por el acondicionamiento físico y las clases de pelea que le daban. Pero hasta en eso ya estaba superando a sus maestros. Pronto seria el día de su partida, y nadie, ni siquiera su querido hermano menor podría evitarlo.
Pero aun así no pensó que se iría tan rápido ni por esa razón.
Todo paso una noche de luna llena mientras el caminaba por los pasillos de su mansión recogiendo mapas, espadas o armas que pudiera llevar consigo en su huida cuando, al momento de pasar junto a una ventana vio como una figura encapuchada entraba en el bosque tras su casa. Invadido por la curiosidad y vigilando que nadie lo viera ni a él ni a la figura que desaparecía en el bosque, saltó por la ventana y bajó por la enredadera que había de adorno en la pared de su casa. Con cuidado de no ser visto, corrió hacia el bosque. El toque de queda había sonado hacia una hora.
Se adentró en el bosque sin saber realmente hacia dónde ir, siguiendo solo sus instintos al adentrarse a la derecha, maldiciendo su uniforme y su pelo blanco por ser tan jodidamente vistosos en esos momentos. Siguió caminando deteniéndose de vez en cuando ya sea por precaución o por no saber a dónde ir. Después de mucho caminar decidió regresar a su casa, pero siendo detenido por una daga en su cuello y un fusil en su espalda, impidiéndole el movimiento.
– ¿Quién eres tú y por qué me sigues? – preguntó el dueño de las armas. Gilbert sonrió de lado encantado de haber encontrado a su blanco de persecución.
– ¿No debería ser yo quien preguntara eso? Tú eres quien está en los terrenos de mi familia y después del toque de queda. Eres o muy estúpido o muy valiente, en especial para usar eso conmigo.
– Y tu eres muy hablador ¿te lo habían dicho antes? – contestó el encapuchado presionando la daga contra la tráquea del joven soldado, quien solo hizo la cabeza hacia atrás pera escapar del alcance del filo.
– Y tal parece que tu eres un amargado no que sabe con quién está tratando. Te recomiendo que alejes tus armas y no saldrás herido – decía mientras empezaba a desenvainar su espada. Escuchó risas en respuesta.
– Quien debería temer no soy yo anciano. Si no vuelvo, mi tripulación saqueará todo el puerto hasta dar con el bastardo que me lastimó.
– ¡¿A quién llamas anciano?! ¡Solo tengo diecinueve años! A demás, si no aparezco pronto en mi cuarto, los guardias me buscaran por todo el puerto, empezando por tú y tus piratas.
– Pero ellos nunca sabrán que fui yo o que mi tripulación estuvo envuelta – Gilbert soltó una risita.
– Digo lo mismo: tu tripulación nunca sabrá que fui yo quien te hizo desaparecer – la persona encapuchada apretó el agarre de su daga.
– Te crees muy gracioso ¿verdad? Veamos si te crees tan gracioso con el cuello cortado – exclamó el encapuchado al momento de hacer un rápido movimiento con la mano el cual fue interceptado por la espada de Gilbert. La sorpresa que le causó al encapuchado le dio tiempo al albino para poder darse la vuelta y embestir a la persona frente a él, quien a duras penas logró desviar el ataque. Al instante el desconocido también desenvainó la espada que tenia escondida bajo su capa. Y así una salvaje lucha empezó.
Ambos tenían la misma fuerza, la misma destreza y la misma astucia. Al menor descuido de uno, el otro aprovechaba la oportunidad de la cual terminaba siendo una salvada milagrosa. La batalla duró minutos, aunque a ellos les pareció horas, y aun así no se veían con ganas de terminar.
Hasta que la figura encapuchada chocó contra una raíz de árbol y cayó de espaldas provocando que la capucha se le resbalara de la cabeza dejando al descubierto el lago castaño que eran sus cabellos y sus ojos verdes.
Gilbert se quedó paralizado espada en mano apuntando justo al pecho de la chica que yacía bajo él, regresándole la mirada sorprendida que él le estaba dando. Se quedaron así un momento, el sentado sobre las caderas de ella, apunto de asestar el golpe final que nunca llegó. Pudo haber sido porque a Gilbert le haya causado compasión la chica bajo el, o porque ella cansada de esperar a que hiciera un movimiento envolvió las caderas de Gilbert con sus piernas provocando que giraran quedando Gilbert ahora debajo de ella quien, sin perder tiempo clavó la mano de Gilbert a la raíz del árbol causando que el joven soltara un alarido de dolor. Si alguien alguna vez le preguntaba por qué no atacó a la joven esa vez diría que fue por compasión.
El tiempo que tardó en quitarse la daga de la mano fue lo suficiente como para que la chica desapareciera entre la obscuridad del bosque. Gilbert observó hacia todos lados buscando desesperado entre los arboles alguna señal de que estaba ella. Después de no encontrar nada y que el dolor en su mano se volviera insoportable, decidió regresar a la mansión. Su padre le pondría una buena regañada si lo descubría en esas condiciones, ya mañana pensaría en alguna escusa de explicar la herida en su mano porque estaba seguro que en lo que restaba de la noche, esos ojos verdes quedarían marcados con fuego en su cabeza.
– ¿Y este tal Gilbert se unió a tu tripulación? – preguntó Madeleine una vez Arthur dejó de hablar.
– Así es. Ahora es uno de mis mejores hombres y un buen amigo mío – le respondió el Capitán acariciando un brazo de Emily por encima de las sabanas que la chica aun no se había quitado.
– Pero, ¿cómo? ¿Cómo fue que se unió a la tripulación? ¿Qué paso? ¿Y qué tiene que ver Elizabeta en todo esto? – volvió a preguntar Maddy. Arthur soltó una risita sin dejar de acariciar el brazo de Emily y mirando a Madeleine.
– La chica con la que Gilbert se encontró en el bosque era Elizabeta. Ella iba ahí para presentar sus respetos a sus ancestros y a sus compañeros caídos en la masacre del bastardo que la engañó. Ella siguió yendo porque era el bosque más cercano al pub en donde nos quedábamos. Gilbert siempre estaba en el claro donde ella llegaba, ya sea porque quería la revancha, porque quería un poco de práctica con la espada o porque quería salir de su casa y ella le daba buena compañía -siempre y cuando no estuvieran peleando, claro está-. Por petición de Eliza nos quedamos ahí por dos meses, escondidos en diferentes pubs y escondiendo el barco una cueva que encontramos alejada del puerto. Aunque nunca admitiera, se quedaba más tiempo porque disfrutaba la compañía de Gilbert. Y Gilbert la de ella. La noche en que zarpamos, Elizabeta llegó al barco acompañada de Gilbert, quien me pidió que lo dejara venir con nosotros. Hasta se hincó, y para ser Gilbert "el asombroso" Beilschmidt, eso es mucho que decir – terminó de decir con una pequeña sonrisa en su rostro.
– ¿Eso significa que Elizabeta y Gilbert son pareja? – Emily se puso tensa bajo de las sabanas, totalmente atenta a la respuesta de Arthur. Él solo sonrió.
– Gilbert está enamorado de Eliza, el ya se lo dijo. Eliza está enamorada de Gilbert pero no quiere aceptarlo, y es entendible. Nadie ha de querer volver a ser lastimado como lastimaron a Eliza. Pero Gilbert no se rinde. Cambia cuando está con ella y siempre la protege a pesar de que luego termina herido y Eliza lo golpea. Es divertido ver sus peleas.
– ¿Pero estas totalmente seguro que Eliza si lo quiere tanto como dices?
– Totalmente – dijo Arthur con una sonrisa sincera en el rostro. Madeleine se quedó pensando en la historia de Elizabeta. Si ella hubiera vivido eso… no estaba segura de poder reponerse. El solo pensar en una traición como esa hacían que se le hiciera un nudo en la garganta. Y si, era entendible que no quisiera aceptar que amaba a otro hombre, pero al mismo tiempo lo consideraba una pena. Si ella supiera que por alguna razón, Francis se había fijado en ella, no lo dejaría ir por ningún motivo.
Pero el estaba comprometido con su prima y la boda estaba planeada para dentro de cuatro meses. Y a demás, dicha prima estaba destapándose la cabeza y dándose la vuelta para abrazar al hombre del que se enamoró, quien parecía atesorarla más que a su vida.
Madeleine se sintió una intrusa, un feo retrato en la pared que no tenía nada que ver con el hermoso decorado del cuarto. Con cuidado de no patear a su prima, se excusó diciendo que entraría al baño que había en el cuarto para dejarlos solos un momento. Ellos decían que no les importaba que ella estuviera con ellos, pero a ella si le molestaba. Sentía envidia de ellos, de lo que tenían y ella no y tenía tantas ganas de poder experimentarlo también…
Se quedó un rato encerrada en el baño hasta que sintió unos suaves golpes en la puerta. Secándose la cara, Maddy se apresuró a abrir la puerta para encontrarse con la cara del Capitán, la cual se mostró preocupada al ver los ojos enrojecidos de la chica.
– ¿Te pasa algo?
– Ah… no, no me pasa nada – intentó poner una sonrisa como demostración de sus palabras, pero eso solo la hizo lucir aun peor. Arthur la observó por un momento hasta que suspiró y puso una sonrisa en su rostro.
– Me voy Mad, regreso en un mes, aproximadamente. Cuida de tu prima y recuerda, eres hermosa y no debes de pensar lo contrario. Te traeré algo bonito cuando regrese – acto seguido, se dirigió a la cama a besar la frente de Emily, donde ambos intercambiaron una mirada de complicidad para después dirigirse a la ventana –. Regresaré antes de que me puedan extrañar – y con un guiño, salió por la ventana y desapareció entre la noche.
Se han de preguntar cómo me atrevo a aparecer después de meses de no haberme aparecido por aquí. Bueno, yo también me lo pregunto…
En mi defensa puedo decir que al principio estaba mal emocionalmente. Mis emociones estaban muy inestables y no tenía cabeza para pensar en historias bonitas sacadas de un cuento de hadas. Después, cuando estuve un poco más estable me enfermé y casi no podía conectarme porque me dolía la cabeza… Y ahora que llevo un mes en clase comprobé que en vacaciones no me dan ganas de escribir porque no tengo tarea que hacer, en cambio, en tiempo de escuela, que es cuando más ocupada estoy, miles de ideas vienen a mi cabeza porque no quiero hacer mis tareas ni trabajos. Lo sé, soy todo un caso c:
Bueno, ya aclarado eso me despido c: Alguna queja, sugerencia o lo que sea que les guste decirme me lo pueden hacer llegar con un review
Les deseo bien a todos! :D
