Cap.- 6

Madeleine Williams siempre ha pensado que no le falta nada.

Sus padres eran miembros de la realeza, por lo cual siempre ha tenido una buena educación, un buen hogar y una buena familia; y a pesar de no ser una persona caprichosa, siempre le daban todo lo que quisiera siempre y cuando fuera obediente, puntual, usara sus modales, etc. Lo que ella no esperaba, era descubrir que si había algo que le hacía falta.

El día que lo descubrió, ella corría hacia el castillo para no llegar más tarde de lo que ya iba. Ese día iban a formalizar el compromiso de su prima e iban a presentar a su prometido.

Madeleine sabía cuanto le desagradaba a su prima el tema de su boda arreglada, por lo cual le había prometido estar a su lado en todo momento, pero se había distraído leyendo en el patio del palacio y se le había hecho tarde.

Ya le faltaban pocos pasos para llegar al Gran Salón cuando las puertas se abren y empiezan a salir nobles con cara de consternación y algunos guardias con paso apurado. Madeleine los observó confundida mientras toda la multitud se dispersaba. No había rastro alguno de su prima.

– Disculpe – le preguntó a un rubio que iba pasando a su lado –, ¿me podría decir que acaba de pasar? – el joven la observó por un momento antes de mostrar una amable sonrisa y contestarle.

– La princesa no se presentó. Los guardias la están buscando pero parece que no se encuentra en el castillo. Tal parece que se escapó – le respondió sin borrar su sonrisa mientras en la cara de Maddy se dibujaba una mueca de terror.

– ¿Se escapó? Pero- pero ¿cómo? ¿Por qué? Le dije que me esperara…

– Parece consternada señorita, ¿es conocida de la princesa? – preguntó el joven amablemente.

– Es mi prima. Oh, disculpe mi falta de modales, mi nombre es Madeleine Williams, un placer joven…

– Bonnefoy, Francis Bonnefoy, y el placer es todo mío, Lady Williams – respondió haciendo una reverencia y besándole el dorso de la mano a la joven, quien se ruborizó levemente –. Y disculpe usted mi falta de modales My Lady, ¿pero me podría decir usted donde quedan las cocinas? Vera, esta mañana me desperté tarde y no alcancé a comer algo, así que en estos momentos (disculpe la expresión) me muero de hambre.

Madeleine se le quedo viendo un momento al joven que le regalaba una sonrisa frente a ella, apenas dándose cuenta cuan atractivo era. Se quedo así un momento hasta que el joven Bonnefoy movió su mano frente a sus ojos.

– ¡Sí! Digo – carraspeó poquito mientras sentía como su cara se calentaba y se maldecía internamente por parecer tan emocionada –, si quiere puedo llevarlo yo para que no se pierda. El palacio es algo grande y es fácil ir por el camino equivocado – le dijo con una pequeña sonrisa que él le devolvió.

– Entonces, andando – le dijo él mientras le ofrecía su brazo.

Se dirigieron a las cocinas en una pacifica charla, y acordaron que lo mejor sería ir a comer algunos bocadillos a los terrenos del palacio, ya que el clima que había era magnifico. Francis demostró ser un excelente cocinero y le enseñó algunas recetas a Madeleine, mientras que la joven se maravillaba cada vez más de las habilidades del apuesto noble.

Los empleados les prestaron una manta, una gran canasta y los despidieron con gran amabilidad cuando se retiraron de las cocinas, y emprendieron su camino a los terrenos hablando, pero no de temas banales como anteriormente lo hicieron. Ambos descubrieron que compartían la misma pasión por la lectura, la música y las artes en sí.

Justo en esos momentos, hablaban sobre el libro que Madeleine acababa de terminar esa misma tarde, uno sobre un romance entre una reina viuda y un simple campesino, el cual terminaba con el campesino exiliado del reino y la reina se había vuelto a casar con un noble del país vecino. Ellos dos nunca más se volvieron a ver.

– Sigo diciendo que no tuvo que haber acabado de esa manera – debatía firmemente Madeleine. Francis simplemente sonrió mientras dirigía su vista al cielo. Si brazo era tomado por Madeleine y el libre llevaba la canasta de alimentos.

– Lamento decir que si, así es como debía de acabar. Ella era una reina, la veladora de todo su pueblo. Ella tenía que hacer lo mejor por el reino y eso hizo, al casarse con el noble con el que haría una alianza.

– Pero – volvió a decir la joven –, pero no tenía que terminar así. El no necesitaba ser exiliado. A demás, hay muchos nobles que se casan por amor con algún plebeyo, no todos tienen que tener matrimonios arreglados.

– Puede que sea verdad, pero la mayoría de esos nobles terminan siendo desheredados y terminan escapando con los plebeyos. Y si, puede que no necesitaba ser desterrado el campesino, pero si no lo desterraban, le darían la pena de muerte. Eso significa que lo ahorcarían o lo quemarían, y no creo que la reina hubiera tenido fuerza suficiente para soportar ver al hombre que ama morir de esa manera – Madeleine volteó a verlo para dar su siguiente punto, pero se le olvido decir nada al ver su mirada perdida en el firmamento. Para ese momento, ambos habían dejado de caminar.

– ¿Joven Bonnefoy? ¿Está todo en orden? – le preguntó la joven al ver esa sonrisa torcida y ese brillo de tristeza en sus ojos.

–…alguien de la realeza nunca podría estar con un plebeyo, Lady Madeleine. Eso es algo que hasta los más soñadores saben. Pero bueno, dejemos ese tema a un lado – le dijo volteando a verla con una sonrisa amable en su rostro. Madeleine sabia que algo andaba mal pero no quería indagar más. Luego hacia que el joven se molestara con todas sus preguntas y eso era algo que no quería –. ¿Falta mucho para llegar al claro del que me hablaba My Lady?

– No realmente – le comento ella –, solo tenemos que seguir derecho por ese sendero y en menos de cinco minutos llegamos.

– Entonces, andando – le sonrió y se pusieron a caminar.

Lo que quedó de camino transcurrió en un silencio un tanto incomodo, donde Madeleine, se aguantaba sus preguntas Y Francis la seguía en silencio. Pero el silencio acabó una vez que llegaron al claro.

– No tengo palabras para describir cuan hermoso es este lugar My Lady – le dijo el noble mientras daba unos cuando pasos para ver mejor el lugar, donde frente a ellos se mostraba un acantilado que dejaba ver el reino entero y su puerto, junto con sus montañas, sus lagos y sus ríos; donde se podía contemplar como las nubes viajaban guiadas por el viento.

– Y por las noches, las estrellas y la luna brillan aun más que cuando se ven en el castillo o en el pueblo. Este es mi lugar favorito, uno que nadie más que Emily y yo conocemos. Y usted ahora, Joven Bonnefoy – dijo Madeleine mientras se ponía a la altura de Francis, quien había dado unos cuantos pasos hacia delante para poder contemplar el paisaje mejor.

Francis volteó a ver a la joven a un lado suyo, quien veía el paisaje frente a sí con cariño y orgullo. Francis no pudo evitar sonreír al recordar a una joven que tenia la misma mirada.

– En ese caso – empezó a decir volviendo a Madeleine a la realidad –, debo decir que me siento honrado al ser parte de uno de sus secretos, My Lady. Pero aun más honrado me sentiré si deja de llamarme y me dice simplemente Francis.

Madeleine volteó a verlo, y se encontró con una mirada y sonrisa cariñosa, diferente a las que le había mostrado antes. Sin darse cuenta, sus mejillas empezaron a cobrar color.

– Entonces usted llámeme Madeleine o Maddy, como a usted le parezca mejor Jov- Francis – se corrigió a tiempo mientras ponía una pequeña sonrisa en sus labios, mientras que la de Francis se acentuaba mas.

– Me parece un trato justo, Maddy – y con otra sonrisa, se puso a extender la sabana en el pasto y ambos se sentaron a comer y a conversar un poco más.

Y así pasaron la tarde, entre suaves risas y sonrisas, con pláticas intelectuales y algunas bromas. Madeleine no recordaba haber pasado un día tan bien como ese, ni siquiera con su prima, a la que adoraba con su vida.

Se mantuvieron en el claro por toda la tarde, solo decidieron regresar cuando vieron que el sol ya se estaba poniendo. Esta vez regresaron en un cómodo silencio hasta las puertas del castillo, donde Francis tomó su mando y le dio un ligero apretón.

– Muchas gracias por este día Maddy, ha sido todo un placer el compartirlo con usted.

– El placer es todo mío Jov- Francis – volvió a corregir con una sonrisa nerviosa, mientras devolvía el apretón.

Se quedaron así un momento, con sus manos tomadas hasta que Francis, haciendo una reverencia, besó el dorso de su mano suavemente.

– Espero verla pronto y compartir otra de sus platicas – le dijo con una sonrisa. Madeleine se limitó a asentir mientras intentaba recuperar el aliento y que el calor bajara de su rostro. Y, dando otra reverencia, Francis partió hacia el ala donde se encontraban las habitaciones de invitados.

Entre suspiros y sonrisas tontas, Madeleine se dirigió a su habitación, donde encontró a su prima jugando con su oso de peluche y con un tobillo vendado.

– Vaya Mad, pareces feliz – la recibió Emily mientras ponía al osito en su regazo.

– Emily, ¿dónde has estado? ¡Te había dicho que me esperaras y así podría ayudarte en tus protestas! A demás, ¿qué te pasó en el pie? – le preguntó mientras se iba a sentar en la cama. Emily se limitó a torcer la boca y mirar a otro lado.

– No llegabas y no quería ir yo sola. A demás, fui a dar un paseo por la playa y conocí a alguien. Él fue el que me cargó hasta aquí cuando me torcí el tobillo – le dijo mientras desviaba la mirada a la ventana –. Era un joven misterioso.

– ¿Sabes el nombre de tu joven misterioso? – le preguntó Madeleine mientras se acercaba a su lado tomaba a su osito. Era suyo y no le gustaba que nadie lo agarrara.

– Mmm… dijo algo como Arthur o algo así. No me quiso decir su apellido – respondió sin darse cuenta que le quitaron el osito.

Las chicas se quedaron en silencio un rato hasta que Emily la volteó a ver con una sonrisa, una que alertó un poco a Madeleine.

– Y dime, querida prima – dijo mientras se acercaba cada vez más a su rostro, poniendo a la más joven nerviosa al ver como su sonrisa se ensanchaba –, ¿tu por qué venias tan feliz cuando llegaste? – y entonces Madeleine se acordó de la tan maravillosa tarde que había tenido y la sonrisa tonta volvió a su cara, causando que Emily se confundiera un poco al no ver a su prima sonrojarse y tartamudear como siempre hace.

– Hoy, cuando fui a reunirme contigo, conocí a un joven. Un apuesto, simpático y habilidoso joven quien comparte los mismo gustos que yo tengo. Le mostré el claro secreto que tenemos y le encantó. Ahí pasamos toda la tarde. Fue maravilloso Emy, espero poder verlo mañana otra vez – contestó con una sonrisa soñadora. Emily no pudo evitar sentirse feliz por su prima, olvidando parcialmente sus problemas y viendo como Madeleine "Desinteresada" Williams al fin encontraba algo que querría más que a sus libros. Pero menos que a ella, nadie podía reemplazarla.

– ¿Y sabes cómo se llama ese apuesto, simpático y habilidoso joven perfecto al que le mostraste nuestro lugar secreto? – le pregunto un tanto burlona por la manera en que lo había descrito antes. Madeleine soltó una risita al comentario.

– Si, y hasta su nombre es perfecto y elegante. Se llama Francis, Francis Bonnefoy – y fue en ese momento cuando a Emily se le vino abajo el mundo. Francis Bonnefoy, por supuesto que había escuchado de ese nombre antes.

Un sentimiento un tanto amargo se posó en su garganta, y su cara debió de haber cambiado también, ya que Madeleine la miró preocupada.

– ¿Emy? ¿Te pasa algo malo? – Emily la volteó a ver, mientras se decidía internamente si decirle o no. Decidió hacerlo ahora, después seria más difícil de aceptar y le afectaría más.

– Maddy, odio tener que decirte esto pero… Francis Bonnefoy es el nombre del príncipe del país con el que mis padres quieren hacer una alianza. El es mi prometido Mad – y entonces fue el turno para que el mundo de Madeleine se desmoronara. Pero claro, estando tan bien educado era obvio que fuera un príncipe, como no se lo pudo imaginar.

Madeleine se quedo ahí, sentada y abrazando a su oso, sin poder escuchar lo que su prima le decía y sin darse cuenta cuando su dama de compañía (quien la volvió a regañarla por haber desaparecido toda la tarde sin dar señales de vida) le ayudaba a cambiar sus ropas.

Ella siempre había pensado que lo tenía todo. Siempre pensó que con libros, su familia y su osito su vida estaría completa, pero esa noche, escuchando las palabras de su prima se dio cuenta de que sí había algo que le hacía falta y que nunca iba a poder tener.

Nunca podría tener a Francis Bonnefoy.

Y este es el final del capítulo 6! *aplausos*

Esta vez quise mostrar cómo fue que Maddy se enamoro de Francis, debo decir que sonreí la mayor parte del capítulo, se me hizo muy tierna c:

Entonces eso sería todo por hoy! Estoy trabajando en otro capítulo que muestre la vida de Chiara con la tripulación de Antonio, espérenla otro poquito c:

Sin nada más que decir, me despido c: Cualquier cosa que me quieran decir, me lo pueden hacer saber por un review ahí abajo

Los leo luego ;)