Capitulo XI

Anna

El Ministro de Magia hizo contacto visual con Jennifer por un breve segundo, dándole una sonrisa tranquilizadora. También había algo mas, algo de estrés y tensión, pensó, como si estuviera preocupado por la forma en la que cubriría los eventos en la ciudad. Aparentemente el Ministerio ya se había enterado de que un hechizo fue convocado dentro de una multitud de Muggles. Jennifer suspiro, preguntándose cual seria su multa en esta ocasión… imaginando lo que diría el consejo. No podía creer lo rápido que las cosas se habían salido de control alla afuera. Arthur estaba vestido con un bonito traje ejecutivo y portaba una insignia, algo similar a la que varios de los oficiales llevaban. Un hombre se acerco y lo presento como el Teniente Weasley, que pedía hablar con el sargento. Unos minutos después, el Sargento Brommel salió, intercambiando palabras con el, para dirigirse a su escritorio.

"Muy bien, Señorita Craw, el Tte. Weasley la llevara de regreso. Lamentamos mucho los inconvenientes," agrego, ofreciéndole su mano. Jennifer acepto sonriéndole y se disculpo mientras dejaba el lugar.

"Bueno, parece que todo salió bien," el Sr. Willowby dijo, poniéndose de pie. "Creo que saludare a alguno de los muchachos antes de ir a la taberna ahora que esta sana y salva, Profesora."

"No puedo expresarle lo agradecido que estoy por cuidar de la Profesora Craw, Sr. Willowby," Arthur dijo, ofreciéndole la mano. Charles sonrió.

"Ni lo mencione. Haría lo mismo por cualquiera, sobre todo por un vecino," Charles le aseguro, después se dio la vuelta para ver a Jennifer. "Digale hola a Corey por mi cuando regrese, Profesora, y pídale que escriba."

"Lo hare," Jennifer prometió, y el granjero camino hacia la sala de descanso. "Eso si aun tengo trabajo." Dijo, mirando con curiosidad a Arthur.

"En lo que a mi concierne, esto fue nuestra culpa, no tuya, Jennifer" Arthur dijo con fervor, "aunque debo decir que dejaste un gran desastre que limpiar detrás de ti. Sígueme," dijo, dirigiéndose a algo que a Jennifer le recordó a una puerta mágica. Subieron al elevador, y el espero a que la puerta se cerrara antes de tomar su mano, y sacar la llave de su bolsillo.

Aparecieron en la recepción del Ministerio, y Jennifer se escuchó a si misma exhalar con alivio al estar de regreso en una oficina que tenia sentido para ella. La recepcionista los miro y saludo antes de que entraran, mientras un par de personas alrededor la miraban divertidos por su atuendo.

"¿Ya esta aquí Dumbledore, Penélope?" Arthur pregunto a la recepcionista.

"No, Ministro Weasley."

"Bueno, envíalo a mi oficina. Necesito hablar con la Profesora Craw por un momento. Déjame saber si Thurspire regresa también," agrego mientras caminaban. Dieron la vuelta en un largo pasillo y Jennifer miro con curiosidad alrededor, nunca antes había entrado tan lejos en Ministerio. Al final del pasillo había una pesada puerta de roble pulido con una perilla que tenia la apariencia de una cola de dragón. Arthur dejo entrar a Jennifer a su oficina, siendo recibidos por su secretario, el cual, Jennifer noto de repente, era un fauno, vestido con un abrigo a la medida y un kilt, que parcialmente cubría sus patas, un par de anteojos dorados estaban sobre sus rizos castaños por debajo de unos pequeños cuernos, que le daban una apariencia de académico.

"Chester, envía a Dumbledore cuando llegue aquí y detén todos los mensajes, visitas y esas cosas por unos minutos."

"Pero señor, la Sra. Weasley llamo temprano, quería saber si trabajaría hasta tarde."

"Seguro que si," Arthur gruño. "dile que no me espere despierta si vuelve a llamar." El abrió otra puerta y Jennifer quedo instantáneamente sorprendida. El techo de la oficina tenía tres pisos de altura, un lado estaba lleno de escaleras, rieles y toneladas de libros. En la pared opuesta se podían ver mapas, y Jennifer se acerco para inspeccionarlos con mas detalle, pudo ver que las cosas se movían, pequeñas banderas, tachuelas y palabras se reajustaban por si solas con cada movimiento, y Jennifer no pudo evitar ver el gran mapa de la isla.

"Ese es el mapa rastreador. Hay muchos mas en otras oficinas," dijo, cerrando la puerta y dirigiéndose a su escritorio, que estaba frente a un gran ventanal que abarcaba toda la pared, y daba a la ciudad. En perspectiva parecía que estaban viéndola desde arriba, aunque ella no recordaba haber subido ni un solo escalón. La puerta de la oficina no era una común, más bien era algo similar a un portal. Huéspedes indeseados eran transportados a diferentes pisos, o quizás al exterior del edificio. Jennifer tomo asiento, mirando al Sr. Weasley.

En muchos aspectos el escritorio parecía mas grande que la persona detrás de el; un hombre pelirrojo, mayor, con aspecto paternal, que prefería mucho mas la comodidad de su confortable y amontonada casa en oposición al esplendor de su regia oficina. Al miso tiempo, Jennifer sabia que su apariencia despreocupada era engañosa, por que el nuevo Ministro era probablemente uno de los hombres mas confiables que hubiese ganado esa posición en siglos. Jennifer no podía pensar en nadie mejor para el puesto.

A petición de Arthur, Jennifer le dio una completa descripción de los hechos, regresando cada que el se lo pedía, especialmente interesado en los detalles del hechizo que había utilizado, cuando, y quien estaba alrededor en el momento. Aun mas interesado (y preocupado) por la naturaleza del hechizo, asintiendo rígidamente cuando ella explico lo que había pasado.

"No entiendo porque alguien diría deténganse de esa manera, pero para cuando descubrí que no significaba nada mas que una palabra, ya era demasiado tarde. Iba a borrar su memoria, pero era demasiada gente alrededor, y decidí que simplemente Desaparecería, pero fue cuando me restringieron."

"¿Viste al mago que lo hizo?" Arthur pregunto, frotándose las sienes, pensativo.

"Si, pero no creerás quien fue," Jennifer dijo, causando que el se detuviera y enarcara una ceja. "Fue… fue Cornelius Fudge. Estoy muy segura."

"Es imposible."

"Imposible o no, fue Fudge. Me miro directamente, lo conocí cuando aun estaba en la oficina."

"Debe de ser un impostor."

"No lo era. Lo hubiera descubierto," Jennifer insistió. "No se porque estaba ahí, o por que hizo lo que hizo, pero era el." Arthur la miro reflexivo.

"Jennifer, si dices que estaba ahí entonces debo de creerte. Pero el hombre ha estado perdido por dos años. Es extraño que ahora aparezca de la nada haciendo un hechizo en medio de Muggles de esa manera. No es su estilo."

Justo entonces alguien toco a la puerta suavemente y Dumbledore entro, Arthur se puso de pie para recibirlo. Jennifer hizo lo mismo, observando su rostro con cuidado. Dumbledore volteo a verla y le dio una pequeña sonrisa.

"Ah, aquí esta mi rebelde profesora. Buenas tardes, Arthur," dijo acercándose al escritorio, "Veo que tienes todo bajo control."

"No estoy muy seguro de eso, Dumbledore. Jennifer acaba de decir, que que vio a Cornelius Fudge durante todo el alboroto allá afuera."

"Si, estoy muy seguro de que así fue," Dumbledore dijo, tomando asiento con calma. "En realidad el trato de matarla." Fue el turno de Jennifer de sorprenderse, mirando al Director completamente abrumada. "dos veces, de hecho. Cuando el hechizo no funciono la primera vez, provoco que el agente junto a ella le disparara. Afortunadamente, el estaba aun bajo los efectos de su hechizo y termino disparándose a si mismo."

"¡El Fudge que conozco nunca haría algo así! ¿Que razón tendría para matar a la Profesora Craw? Fudge ni siquiera la conoce."

"El Fudge que tu conociste ya no existe, Arthur. Creo que es seguro decir que hace mucho tiempo que se fue. Ya había comenzado a perder el rumbo la primera vez que lo vi… alguna vez fue un buen hombre. Pero lo que sea que paso con el estos últimos años lo cambio completamente, y me temo que ese cambio no podrá revertirse. Aunque por desgracia, no puedo ofrecerte evidencia concreta de lo que intento hacer," Dumbledore dijo de manera sombría.

"Maldición. Odio cuando me dices que es lo que realmente sucede y no puedo hacer nada al respecto," Arthur gruño.

"Necesitas saber, Arthur. Tengo el presentimiento de que esta no será la ultima vez que veamos a Cornelius Fudge, y tenemos que estar preparados para cualquier cosa cuando el 'reaparezca' oficialmente."

"¿Pero para iniciar por que Fudge querría matarme?" Jennifer dijo molesta. Lo último que necesitaba en este momento era otra persona que deseara su muerte

"Para eso, creo que tenemos que buscar a la ultima persona de la que recibía ordenes antes de desaparecer," Dumbledore dijo. Jennifer y Arthur voltearon a verse, y contestaron al unisonó.

"Lucius Malfoy."

Mientras Jennifer y Dumbledore dejaban la oficina y caminaban por el pasillo, Jennifer finalmente tuvo el valor de preguntarle algo que la inquietaba.

"Dumbledore, ¿Cómo supo que Fudge había tratado de matarme? No me percate de que hiciera otro hechizo además de el de restricción," ella pregunto. Dumbledore sonrió.

"Anna me lo dijo," contesto. "O algo así. Me explico lo que había experimentado y fui capaz de discernirlo por lo que ocurrió, y por la descripción que me dio…"

"Pero Anna se fue con Sirius antes de que todo pasara. La envié con el en su motocicleta para sacarla de ahí," Jennifer dijo.

"Así es, pero parte de ella no se fue, una parte de ella estaba preocupada por ti. Veras, Jennifer, el hechizo no tuvo 'efecto' en ti porque en esencia, nunca te toco. En su lugar, golpeo una barrera de energía; muy similar a las barreras con las que se trabaja en Azkaban, donde algunas cosas y personas pueden atravesarlas pero otras no."

"¿Eso fue lo que sucedió en las cavernas con Harry? ¿El brillo era esa barrera de energía?" Jennifer pegunto, Dumbledore asintió.

"Si… el brillo y la barrera en si es un efecto secundario de dos tipos de magia tratando de ocupar el mismo espacio. En este caso, magia espiritual, o magia fae, o magia salvaje, cualquiera que prefieras, que colisiona con magia enfocada, que es la que utilizamos como magos y brujas."

"¿Lo que esta diciendo es que, en lugar de tener la capacidad de usar magia, ella es la magia? ¿Cómo los Unicornios, Centauros y Hadas? Y si es capaz de estar en un lugar, en espíritu. supongo que eso la convierte en un Aethermago." Jennifer dijo en un susurro sin poder creerlo. Los Aethermagos eran un tipo de brujas y hechizeros que tenían la habilidad de manipular la energía en diferentes formas, transformándola en su nivel más puro. Se decía, que incluso podían proyectar su propia energía fuera de su cuerpo. Pero no había Aethermagos desde hace mucho tiempo, casi por doscientos años.

"¿Sabes por que son tan poco comunes, Jennifer?" Dumbledore pregunto mientas Aparecían en el Bosque y caminaban hacia la cabaña. Jennifer negó con la cabeza. "Es porque necesitan ocurrir circunstancias muy especiales para que esto se de. Se debe de tener sangre de hada obviamente; sino ese tipo de magia no durara por mucho. No se debe de tener mucha exposición a la magia como tu y yo la conocemos porque instruir una hace que la otra desaparezca, excepto por ciertos momentos donde es totalmente necesaria. Y por último algo sumamente traumático debe de ocurrir, lo suficiente para que la magia interior se manifieste como mecanismo de defensa.

Estas tres cosas le han pasado a Anna. Cuando sus padres murieron, y se determino que ella no era mágica, sus abuelos maternos la adoptaron y criaron, sin exponerla a lo que ellos culpaban de la muerte de su madre. Por el lado de su Padre eran una familia antigua de sangre pura, había muchas conexiones con las hadas. Su madre también las tenia, aunque no salieron a la luz por mucho tiempo. Pero hay una pieza del rompecabezas que no puedo encontrar, aunque tengo varias sospechas; no se que fue lo que ocurrió hace cinco años para que su magia despertara de manera tan abrupta. Si esta relacionado con Voldemort o alguna otra situación aun no lo se. Quizás sea una pregunta que solo ella pueda contestar. Ahora que lo sabes, te darás cuenta porque decidí traerla aquí, así puede explorar sus nuevos talentos y aprender a utilizarlos sin ponerse en peligro a ella u otros en el proceso."

"Dumbledore, Anna menciono que tenia un hermano. ¿Qué le ocurrió? El no se fue con los Muggles de eso estoy segura." Dumbledore sonrió.

"No, así es. Veras, el ya estaba en Hogwarts para entonces. Era un chico muy, muy talentoso, pero también muy atribulado, como podrás imaginar, por la muerte de su padre y su madrastra, y su futuro tuvo muchas desviaciones y giros. Pero, sabes, no te contare esa historia. Otros pueden hacerlo mejor que yo," dijo caminando hacia la puerta de la cabaña y tocando. Se detuvo y le sonrió al perro que estaba echado en la puerta. "Te saco otra vez ¿No es así?" Dumbledore pregunto. El perro puso una de sus patas sobre sus ojos, y Jennifer no pudo evitar reír. Justo entonces la puerta s abrió.

"¡Jennifer! ¡Estas bien!" Anna dijo aliviada, permitiéndoles entrar. "Estaba preocupada por ti después de que ese mago trato de matarte. ¿Como te encontraron?"

"En realidad, uno de los padres Muggle de un alumno me encontró," Jennifer dijo. "También, salvo mi vida. Esos vehículos Muggle son peligrosos ¿No crees? De cualquier forma, el hizo que me entregara."

"¿Qué? ¿Quieres decir que te arrestaron?" Anna dijo, parpadeando sorprendida.

"Bueno, no fue tan malo, solo llamaron a alguien… al Ministerio supongo, porque después el Ministro de Magia fue por mi, y Dumbledore me trajo a casa."

"¿En que tantos problemas estas metida?" Anna le susurro.

"Ninguno por el momento," Dumbledore dijo, "pero será mejor que no me entere de que algo así volvió a pasar. Ya hable con Anna acerca de arrastrarte con ella de esa forma, Jennifer, pero si trata de hacerlo de nuevo, puedes usar cualquier medio necesario para detenerla." Jennifer le sonrió, escuchando el tono de burla en esa última frase.

"Lo único de lo que me arrepiento es de no haber conseguido la formula para esa bebida negra burbujeante." Jennifer dijo, sacando los paquetes de su bolsillo, poniéndolos en el suelo, y regresándolos a su tamaño original.

"Se llama Coca-Cola," Anna dijo asintiendo, "Y nadie sabe la receta excepto la compañía que la fabrica, es un secreto."

"¿Como es que siempre que encuentro una formula que me gusta resulta ser un secreto?" Jennifer pregunto poniendo las manos en la cadera.

"Bien, creo que las dejara charlar un poco mas," Dumbledore dijo, mirando los paquetes. "Le llevare estas cosas a Minerva y le diré a tu prometido que estas a salvo. Oh, y estas en libertad de tomarte el día de mañana, Jennifer. Has tenido suficientes emociones para un fin de semana, y creo, si no me equivoco, que aun queda mucho por venir," sonrió. "Buenas noches," dijo, y salió por la puerta.

"¿Me pregunto que quiso decir con eso?" Anna pregunto.

"No te molestes en preguntar. Dumbledore siempre dice cosas como esa," Jennifer contesto, buscando su libro nuevo. "Espero que este termine mejor que el anterior. Creo que Sydney fue un idiota por desperdiciar su vida de esa manera."

"El libro entero es acerca del sacrificio frente a la adversidad, en realidad." Anna dijo.

"Y la moraleja es, los hombres… y esto es verdad también en este mundo… parecen estar dispuesto a convertirse en mártires por las cosas mas estúpidas." Jennifer dijo. "Mujeres. Integridad. Asesinatos masivos en nombre de la justicia."

"¿Eh?" Anna dijo, con una mirada extrañada.

"Creo que debiste estar ahí para entender lo ultimo," Jennifer rio. "Mi padre casi mata a mi prometido y a el mismo junto con docenas de personas para destruir a un hombre. Pero no se lo permití. Cada que visito a Papá no duda en recordármelo," frunció el ceño. "No estoy dispuesta a perder todo solo para ver a una persona muerta, aun si se trata de Voldemort."

Anna saco la caja negra. Dándole la vuelta y usando un pequeño desarmador para abrir la parte trasera, colocado unos extraños cilindros dentro de ella.

"¿Cómo es tu prometido?" Anna pregunto.

"Muy alto, obscuro, y como Vallid dijo una vez, de porte distinguido," Jennifer dijo sonriendo. "Muy, muy inteligente, estoico, aun así cariñoso y atento…" Jennifer continúo con la mirada perdida en la distancia. "Es una lastima que sus alumnos lo odien," agrego, haciendo que Anna la viera con curiosidad.

"¿Sus alumnos lo odian?"

"No lo soportan," Jennifer sonrió. Justo entonces un fuerte sonido salió de la caja y Jennifer se puso de pie en un salto, observando el objeto. "Oh, es esa cosa de la tienda que dices que es música."

"Es música," Anna dijo sacudiendo la cabeza. "¿Qué escuchas tu?"

"Oh, bueno, no mucho. Sin embargo, Filius Flitwick tiene una hermosa banda de instrumentos mágicos que toca en cada festividad. Son muy buenos." Anna negó con la cabeza.

"¿Y ellos dicen que tengo una vida muy restringida? Necesitas salir mas, Jennifer."

"Es fácil decirlo para ti. No tienes idea de cuantas personas me quieren muerta justo ahora," Jennifer suspiro. "Y creo que hoy es un ejemplo claro, no estoy segura de ellos ni siquiera en tu mundo. Por cierto, gracias por… lo que sea que hayas hecho hoy."

"No hice mucho, al menos… nada que pudiera controlar," Anna dijo en un suspiro. "Cuando siento que alguien a quien conozco esta en peligro, a veces pasa algo dentro de mi, y simplemente… voy con ellos. Pero Dumbledore trata de enseñarme como controlarlo."

"La magia etérea no es fácil de controlar, según dicen." Jennifer estuvo de acuerdo.

"¿Ese es su nombre?" Anna dijo pensativa. "¿Hay algún libro sobre eso aquí?"

"Tal vez, siempre podemos buscar," Jennifer asintió. Anna estaba ocupada desempaquetando las cajas planas, después se detuvo, haciéndolas a un lado.

"Me pregunto si ese hombre Fudge asesino a mi hermano," dijo de repente, caminando hacia el librero.

"Fudge no siempre fue malo. Tengo entendido que lucho contra Voldemort por muchos años." Jennifer dijo.

"Aun tengo la sensación de que lo he visto antes," Anna insistió. "Quizás la primera vez que estuve en el callejón hace varios años. Di la vuelta en una calle y lo vi, o a alguien que se parecía, entrar a un edificio. Quería averiguar de qué se trataba todo eso, así que lo seguí, y termine en un bar, el Caldero Chorreante. Fue ahí cuando conocí a Harry… el se hospedaba ahí."

"¿Harry vivía en el Caldero Chorreante?" Jennifer dijo impactada.

"Si, fue cuando Sirius Black se escapo. Decía que todos estaban preocupado por el, así que se quedo en ese lugar. Parecía feliz pero algo solitario, así que hablamos con regularidad. Pero se fue y yo regrese a casa. No volví hasta dentro de unos años, cuando investigaba acerca de mi historia familiar y ese tipo de cosas. No me encontré con Dumbledore hasta el año anterior, fue cuando aparecí en Hogwarts de alguna forma." Jennifer se dio cuenta de porque Anna tenia tantos problemas para pasar del Sirius del que había escuchado al real. Cuando se fue el era un asesino prófugo, y al regresar después de muchos años encontrarlo y enterarse de que era el padrino de Harry tal vez había sido demasiado, especialmente cuando los Muggles no sabían que había sido liberado. No era de sorprenderse que Sirius se mantuviera en su forma de perro cuando Dumbledore le pidió que la vigilara. Probablemente le desagradaba Sirius aun más que los perros.

"No estaba en el país cuando Sirius se fugo. Trataba de entrar a Beauxbatons como instructora en ese tiempo, así que no estoy segura cual era la posición de Fudge en ese entonces. Para cuando llegue aquí, sin embargo, las cosas iban cuesta abajo y el ya estaba envuelto en asuntos en los que no debía de haberse metido según entiendo," Jennifer dijo, caminando hacia donde se encontraba Anna frente al librero. Ella sostenía un libro para niños con hermosas ilustraciones en la portada que estaba roída y maltratada por el paso de los años.

"Es muy hermoso," Jennifer comento. La niña del vestido azul que probablemente se pareciera muchísimo a Anna cuando tenia ocho o nueve años, se inclinaba delicadamente tocando la superficie de un espejo, mirando un mundo que estaba del otro lado.

"Mi hermano me lo dio cuando era muy pequeña y aun me visitaba de vez en cuando. Fue un regalo de cumpleaños. Fue muy difícil crecer teniendo un hermano en otro país y sin poder verlo jamás. Mientras crecía continuamente me imaginaba como seria… que podría ser en un mundo como este después de terminar la escuela, aunque es un poco diferente de cómo lo había imaginado. Creo que eso es lo que quiere decir la inscripción, pero no lo entendí en ese momento," dijo, ofreciéndoselo a Jennifer. "No creo en asesinar personas, Jennifer, para nada, pero al mismo tiempo, espero nunca encontrar al hombre que mato a mi hermano. Tal vez me vea tentada a hacer algo al respecto."

Jennifer tomo con cuidado el libro, abriéndolo. De repente sintió que todo alrededor daba vueltas y se sentó en el piso, observándolo con incredulidad. Ahora todo tenia sentido. Su altura, la mirada atormentada que le parecía tan familiar… Trátala como a una hermana, dijo Audi. ¡Y lo imposible que era discutir con ella! Pero era tan normal, y tan… Muggle. Aun así todo encajaba a la perfección.

"Anna…Titiana… tu hermano no murió," Jennifer suspiro, leyendo la dedicatoria una y otra vez:

Para Titiana- Muchas Felicidades;

Espero que algún día encuentres el camino atreves del espejo

-Fielmente, Tu Hermano-

Severus

"¿Qué quieres decir con que mi hermano no esta muerto? ¿Lo conoces? ¡Que te pasa, estas tan pálida como un fantasma! ¿Mi hermano esta vivo?" Anna dijo, alzando la voz mientras Jennifer asintió torpemente, aun en estado de shock. "Y bien, donde esta, ¡Quiero verlo!" demando, sacudiendo con fuerza a Jennifer. ¿Por que Dumbledore no le había dicho a nadie? ¿Por que no se lo había dicho ni siquiera a Severus? No había manera de que Jennifer le ocultara esto por más tiempo.

"¿Quieres verlo ahora mismo?" Jennifer pregunto lentamente.

"¡Ahora mismo!" Anna asintió.

Jennifer se levanto, y miro su reloj, después Desapareció, dejando a Anna parpadeando por la frustración, preguntándose a donde había ido. Pero Jennifer no desperdicio ni un minuto después de atravesar la puerta. Aun aferrándose al libro, se apresuro a llegar al castillo y bajo a su oficina entrando sin molestarse en tocar la puerta. Detrás de su escritorio Severus levanto la vista sorprendido, Minerva sentada en un extremo de la habitación con una libreta, tomaba notas de un raro libro de pociones.

"… y seria mucho mas fácil si tan solo me dejaras tomarlo pres…" Minerva estaba diciendo, pero la expresión de su rostro cambio cuando vio entrar a Jennifer. Ella sabía a que había venido.

"¡Jennifer! ¿Esta todo bien?" Severus pregunto. "¿Qué ocurrió? ¿Y por que usas esas horribles ropas?" sin decir una palabra Jennifer camino hasta su escritorio y coloco el libro frente a el, viendo como el shock se apoderaba también de su rostro. "¿Como es que…donde... conseguiste esto?" pregunto, mirando el interior del libro.

"Ella esta aquí," Jennifer dijo. "Ha estado aquí. Minerva ¿Por que no nos lo dijiste?"

"Por favor cálmate, Jennifer. Dumbledore quería que esto se descubriera por si solo así Anna tendría tiempo de ajustarse a este nuevo ambiente. No estaba lista," Minerva explico con calma.

"Bien, ¡Pero ustedes dos no tenían porque dejarla creer que el había muerto!" Jennifer dijo, visiblemente molesta, volteando a ver a Severus. "Quiere verte, si tu también lo deseas."

"Llévate el libro si quieres," Severus le dijo a Minerva, siguiendo a Jennifer por la puerta. Minerva lo vio irse antes de tomar el libro que había estado copiando, apagando las velas con un movimiento de muñeca y saliendo de la oficina.

Jennifer paso el recorrido explicándole a Severus todo lo ocurrido desde la primera vez que vio a Anna, contándole incluso lo que sucedió ese día y lo que Dumbledore le había dicho. Severus asintió inexpresivo, escuchando sin interrumpir mientras trataba de ordenar sus pensamientos.