¡Muy buenas! Aquí traigo el segundo capítulo de esta enigmática historia (con un día de retraso pero bueno... no se lo digáis a nadie).
Muchísimas gracias a los que me habéis dejado vuestra opinión, ya os he contestado, menos los que no tenéis cuenta que os contestaré al final del capi.
Sin más espero que os guste y que os animéis a dejarme reviewcitos de esos que alimentan mi inspiración y me hacen tan feliz [;3]
CAPÍTULO 2:
Encuentros y divergencias
Naruto se escondía detrás de un arbusto cercano a una puerta de madera corroída, estaba pendiente del comunicador que llevaba adherido al oído esperando instrucciones de Kakashi-sensei para iniciar la operación de rescate. Hacía una horas que se habían encontrado con Kiba y Shino y estos les habían reportado todo lo que habían descubierto hasta ese momento.
Al parecer habían detectado el rastro de la chica y eso les había conducido hasta una especie de casa oculta en la base de una de las Montañas Heladas de ese país. Parte de la casa se solapaba con la montaña, como si la construcción continuase por dentro. Signo inequívoco de que ese lugar debía ser una especie de base secreta o algo así, aunque ese dato lo confirmó la barrera de energía que ocultaba dicho lugar. Por suerte Sakura había podido detectarla y anularla sin mayor problema. Kiba y Shino se encontraban asegurando el perímetro, tratando así de evitar un posible ataque sorpresa.
Kakashi y Sai habían entrado por una fisura del tejado, y Sakura y él esperaban a que su maestro les indicase cuando podían entrar. Naruto comenzaba a impacientarse, estaba planteándose la posibilidad de entrar ignorando la orden de su sensei cuando este habló por el comunicador.
- 'Naruto, Sakura ¿podéis oírme?' - ambos contestaron con un escueto 'hai' – 'Bien, esta es la situación en el interior. El lugar está plagado de túneles que conducen a distintas estancias, todo está lleno de trampas pero dudo que os supongan ningún problema. La presencia de la chica parece concentrarse en el subsótano, también pude notar la energía de unos seis hombres pero ninguno parece ser una potencial amenaza, aunque son guerreros sin duda alguna. El resto... está vacío'.
- ¿Vacío? ¿Cómo qué está vacío dattebayo? ¿Y se supone qué los Hyuga necesitan de nuestra ayuda para enfrentar a seis personas? Si ellos son al menos diez veces más – el rubio se esforzaba por entender, pero la situación se le hacía compleja. Un 'baka' por parte de Sakura se escuchó bajito.
- 'Ahí está el punto Naruto, que todo esto es demasiado... extraño. Hay algo que me huele raro en esta historia' – el peliplateado parecía meditar a fondo las cosas.
- 'Podría ser una trampa kakashi-sensei' – la voz de Sakura sonaba tan meditabunda como la de su maestro.
- 'Así es... pero nuestro objetivo principal es rescatar a la muchacha, así que esto es lo que vamos a hacer: Sakura tú nos cubrirás desde afuera, Sai y yo nos ocuparemos de todo aquel que intente interponerse en nuestro camino. Naruto tú te encargarás de sacar a la chica ilesa ¿de acuerdo?' - todos respondieron afirmativamente – 'Ah y Naruto... cuidado con las trampas'
Naruto rodó los ojos pero no dijo nada. Vio como Sakura, escondida tras un árbol, le hacía una señal con la cabeza animándole a entrar. Cuando lo hizo paró en seco, esperaba encontrarse con una habitación o algo así pero en su lugar había un sin fin de pasillos que a saber a donde conducían. Aquello parecía un jodido laberinto, suspiró resignado.
- Supongo que habrá que ponerse serios – cerró los ojos y comenzó a hacer una serie de sellos con las manos, tras unos segundos frunció el ceño – Tú... maldito bicho... deja de hacerme las cosas difíciles, esto es importante, la vida de una chica podría estar en juego -ttebayo – una risa maquiavélica resonó en algún lugar de su mente, pero un segundo después una luz dorada y un montón de símbolos rodearon su cuerpo. Estuvo un par de segundo más concentrado, hasta que una sonrisa de suficiencia se posó en sus labios. – Te encontré – Con una velocidad inhumana, avanzó por un pasillo que le quedaba a mano izquierda. Era un pasillo húmedo y mal iluminado, y parecía que no iba a acabar nunca. Cuando se percató de que llegaba al final aceleró el paso, pero al atravesar el umbral de una puerta que llevaba a una habitación escuchó un click. - Mierda... - a penas tuvo tiempo de ponerse a cubierto cuando la baldosa que había pisado explotó llenado de escombros la habitación. Una risa ronca y desagradable resonó por la estancia.
- Vaya... ¿qué tenemos aquí? ¿Un juguete nuevo? - Naruto observaba todo el lugar pero no podía encontrar al dueño de aquella voz. La única energía que podía captar que desentonaba en aquel lugar, se encontraba detrás de la única puerta cerrada, y correspondía a la joven que buscaba.
No tuvo tiempo de seguir inspeccionando cuando comenzaron a salir cuchillas y agujas de todas partes que se dirigían hacia él. Esquivaba los objetos que intentaban atravesarle sin ninguna complicación cuando lo vio, sólo había sido un segundo, pero en medio de una pared pudo captar un pequeño chispazo morado. Por eso no podía detectarlo, el muy cabrón parecía tener la cualidad de mimetizarse con el entorno por completo, incluso su esencia. Preparó una bola de energía azulada con su mano derecha y, haciéndola girar frenéticamente, golpeó la pared.
- ¡Chúpate esa bastardo! ¡Dattebayo!
En cuanto la pared estalló en pedacitos, dejando un enorme agujero a la vista, un hombre de constitución ancha y vestido de negro de la cabeza a los pies, aterrizó al otro lado de la habitación.
- Jum... no está mal chico. - Naruto gruñó ante el tono jocoso que estaba empleando.
- Lárgate ahora y quizá salgas ileso – el hombre se carcajeó.
- Mucho me temo que no puedo acatar lo que me pides... mi jefe se enfadaría conmigo, y él da más miedo que tú.
- Bien... tú lo has querido – se lanzaron en una batalla de golpes, patadas y puñetazos volaban por la habitación. Cuando el rubio se percató de una pequeña falla en la defensa de su enemigo sonrió victorioso. Volvió a crear otra esfera azulada y la impactó en el costado de su enemigo haciéndolo chocar contra la puerta. Su oponente abrió los ojos como platos y un pequeño hilo de sangre se deslizó por su barbilla. Naruto ejerció más presión, hasta que la puerta cedió y su adversario chocó estrepitosamente contra la pared.
Sacudiéndose el polvo entró a la habitación buscando a la muchacha, la visualizó en una esquina sentada en suelo. Su menudo cuerpo temblaba, verla tan asustada le produjo un sabor amargo en la boca. Fijándose bien en la chica se percató de que era bastante bonita, y su pelo oscuro brillaba a pesar de la poca luz. En cuanto vio sus ojos blancos de pronto le vino a la cabeza la voz de su madre diciendo el nombre de la chica: Hinata.
Hinata estaba anonadada ante lo que acababa de ocurrir. Hacía unos minutos se estaba autocompadeciendo de su mala suerte tumbada sobre la cama, preguntándose por qué su padre todavía no había aparecido para rescatarla y llevarla a casa. Echaba de menos su casa, su cómoda habitación, incluso extrañaba pelearse con se hermana pequeña. Estaba por quedarse dormida cuando una serie de explosiones la asustaron de tal forma que cayó al suelo de cabeza.
Fuera de la habitación se oían sonidos extraños, como de cosas volando por el aire y gritos lejanos. Se acercó a la puerta con intención de pegar la oreja a ella para poder escuchar mejor, pero a penas se acercó un poco cuando la madera comenzó a desquebrajarse. Casi no tuvo tiempo de quitarse de en medio cuando la puerta literalmente reventó y uno de sus captores, que reconoció por su atuendo, se estrelló sin remedio contra la pared. Se dejó caer al suelo y asustada retrocedió hasta que chocó con algo justo en el momento que una figura luminiscente se adentró en la habitación. Dejó de temblar en cuanto esa figura posó sus ojos en ella, sintiéndose segura de repente. Se trataba de un joven, pero no podía apreciar ningún detalle gracias a la luz dorada que rodeaba u cuerpo, junto con unos extraños símbolos.
Ahora se encontraba mirando fijamente a los ojos de ese joven, cuando este pareció mirarla de pronto como si la conociera.
- Hinata – ella frunció el ceño confusa, ¿de qué la conocía? Ella no tenía ni idea de quien era ese muchacho – Eres Hinata Hyuga ¿verdad? - asintió insegura - ¡Genial, dattebayo! Tu padre nos envía a buscarte. - su cara se iluminó de pronto.
- ¿O-oto-san? - preguntó emocionada, pero en seguida su expresión cambió a una confusa – Pero … ¿P-por qué oto-san no ha venido él mismo?.
Naruto se encogió de hombros – Eso mismo me pregunto, pero yo sólo sigo órdenes. Vamos tenemos que irnos – cuando intentó acercase ella retrocedió ligeramente sobresaltada. Él la miró extrañado - ¿Qué te pasa? - su vista se paseaba sobre ella buscando la posible razón de su actitud. Hinata se sonrosó ligeramente ante el escrutinio.
– Es que... b-bueno... estás... brillando – lo dijo tan bajito que Naruto tuvo que agudizar el oído para escucharla. Seguidamente se miró a sí mismo y se rascó la nuca avergonzado.
- ¡Oh! Disculpa, estoy tan acostumbrado que a veces se me olvida desconectar – cerró los ojos y en apenas un segundo dejó de brillar, mostrando la atlética figura de un joven de cabellos dorados enfundado en una especie de uniforme militar que no parecía muy apropiado para pasar inadvertido. Usaba unos pantalones negros, al igual que su calzado, y una camisa naranja chillón con el gracioso dibujo de una rana disfrazada de samurai. Sobre esta portaba un chaleco verde oliva con múltiples bolsillos. En torno a su cintura y muslo derecho llevaba unos portadores con royos de papel y pequeños artefactos cortantes. - Ya está.
Cuando el rubio volvió a abrir los ojos Hinata se puso de pie tan rápido que se mareó levemente. Esos ojos... eran los mismos que llevaban acosándola en su mente durante dos semanas , y al natural resultaban mucho más hermosos y menos intimidantes. Se sonrojó de forma vergonzosa cuando le observó en su conjunto, incluso después de haber dejado de fulgurar parecía emitir luz propia. En verdad era... extravagantemente apuesto.
- ¡Oi! ¿Estás bien? Te has puesto roja – se acercó a ella colocando una mano en su frente, estaba muy caliente. La morena comenzó a boquear intentando llenar sus pulmones de aire.
- Ah... eh... yo... - el rojo de la cara de Hinata tomó matices poco saludables ante la cercanía del rubio, su pobre tensón no pudo soportarlo y cayó presa de la inconsciencia. Naruto a penas alcanzó a sostenerla antes de que chocara contra el suelo.
- ¡Oye! ¡¿Qué te pasa?! ¡Ey! - dejó de sacudirla cuando se percató de que era inútil, no despertaría. La cargó en brazos y se encaminó hacia la salida suspirando resignado, vaya que la chica era... rara.
Sakura esperaba pacientemente afuera a que sus compañeros y su sensei saliesen de aquel lugar cuando algo le llamó la atención. Un hombre salía de la casa apresurado, pero detuvo su paso y volteó en dirección al sitio del que provenía con un artefacto extraño en la mano. Cuando lo reconoció una expresión de horror se instaló en su rostro. Antes de que pudiese hacer nada, aquel hombre, con una sonrisa mezquina, apretó un botón rojo. El artefacto emitió una pequeña honda que viajó por el aire y atravesó las paredes. Dos segundos después una serie de explosiones consecutivas sacudieron la tierra. Llamó a sus compañeros por el comunicador, pero lo único que obtuvo como respuesta fueron interferencias.
No se lo pensó dos veces, salió corriendo y se adentró en la casa esquivando cascotes que se desprendían del techo. Conforme entraba se encontró con Naruto, que cargaba a una chica inconsciente.
- ¡Sakura-chan! ¡¿Qué está ocurriendo aquí dattebayo?! - se le veía desconcertado.
- Creo que nuestras sospechas eran ciertas, todo ha sido una trampa. Y los comunicadores no funcionan... ¿has visto a Kakashi-sensei o a Sai? - el rubio negó – Bien, iré por ellos. Tú busca a kiba y Shino, nos encontraremos luego. - Naruto asintió pero la detuvo antes de que continuase.
- Sakura-chan... ten cuidado – ella rodó los ojos y le regaló una sonrisa. Tanta preocupación era innecesaria, ella era fuerte y no pasaría nada.
- Tranquilo, estaré perfectamente, no me subestimes. Ahora cuida de la chica que es nuestra prioridad, la examinaré más tarde – dicho esto cada uno tomó un rumbo diferente.
Llevaba un rato buscando y esquivando desprendimientos pero no les encontró, por lo que supuso que ya habrían salido, se dispuso a seguir el único pasillo que continuaba medio intacto cuando algo llamó su atención. Al fondo del pasillo había una puerta metálica muy oxidada, pero lo que llamó la atención fue un pedazo de papel pegado a la misma con una serie de kanjis. Ella los conocía, eran de inhibición, se usaban para sellar cualquier vestigio de energía. Era un hechizo muy poderoso, en malas manos podía ser usado para fines realmente macabros. Un escalofrío recorrió su espalda imaginando quien podía ser tan peligroso como para usar algo así en su contra, pero al mismo tiempo una curiosidad inusual en ella la instó a descubrir quien se encontraba tras aquella puerta. Un ruido la alertó y se escondió apegando su cuerpo a la pared.
Un hombre demasiado delgado, vestido con ropas oscuras, salió literalmente de la pared y se situó frente al sello. Empezó a recitar algo, que Sakura no alcanzó a escuchar, con tanta concentración que no la sintió acercarse. A penas terminó de recitar lo que parecía un conjuro, el sello ardió y desapareció. Justo en ese momento el hombre se percató de que ella estaba detrás suya pero era demasiado tarde. Sakura acumuló energía en su brazo derecho y le golpeó con tanta fuerza que atravesó varias capas de pared y escombro. Sonrió orgullosa tronando los dedos y después miró la puerta, con un suspiro para calmarse la abrió.
- ¿Pero qué...? - cuando asomó la cabeza se quedó extrañada, no había ningún mueble en la mugrienta habitación. Tan solo un hombre encadenado a la pared con gruesos grilletes.
Tenía engrilletada una mano a cada lado por encima de la cabeza, su torso estaba al descubierto, igual que sus pies, y llevaba unos andrajosos pantalones negros. Se acercó con pasos demasiado lentos y, desde una distancia prudencial, se agachó para poder verle mejor. Cuando lo hizo un suave rubor inundó sus mejillas, tenía la piel pálida y un revuelto cabello oscuro, los músculos estaban muy bien definidos y las facciones de sus rostro eran anormalmente armoniosas. Durante los instantes que duró su escrutinio sólo una palabra rondaba su mente perfecto, aquel hombre era perfecto.
- "Cielo santo... está buenísimo" - sacudió la cabeza avergonzada ante sus pensamientos tragando pesado. Se acercó algo más y acumuló un poco de energía en la mano derecha, esta emanó destellos verdosos.
Comenzó a pasarla sobre el muchacho escaneando su condición física, se mordió el labio cuando llegó a la altura del torso y un suspiró involuntario escapó de su boca. ¿Era cosa suya o de repente hacía demasiado calor? Cuando acabó jugueteó inquieta con sus dedos. El muchacho parecía encontrarse en perfectas condiciones, la palabra perfecto volvió a colarse en sus pensamientos. Se acercó a observar los grilletes pero no vio ninguna cerradura, así que supuso que serían unas esposas especiales. Posó la punta de los dedos sobre uno de los grilletes y fue aumentando la cantidad de energía que emanaba hasta que el grillete se abrió como por arte de magia. Justo en ese instante se arrepintió de haberlo hecho.
Antes de tocar el suelo la mano que había liberado viajó hasta su cuello en un movimiento tan rápido que ni siquiera lo notó. Unos ojos negros como la noche la observaban sin emoción alguna, quizá con algo de curiosidad pero no estaba segura. Sabía que debía estar asustada porque un desconocido la estaba agarrando del cuello dificultando un poco su respiración, pero no sentía más que fascinación. Era como estar a merced de una deidad poderosa y hermosa. Volvió a sonrojarse por la línea de sus pensamientos, pero no lo podía evitar.
Ante eso el morocho alzó una ceja con un amago de sonrisa, había estado despierto todo el rato. En cuanto el sello desapareció notó dos presencias tras la puerta, y como una derribaba a la otra usando un torrente de energía que le resultaba desconocida. Jamás se esperó que semejante energía perteneciese a una muchacha de más o menos su edad y con ese aspecto tan... delicado. La acercó más a su rostro disfrutando de sus reacciones y sus bonitos ojos esmeralda, cuando un carraspeo le llamó la atención, dirigió su vista a la puerta y la soltó inmediatamente.
- Hola jefe... ¿interrumpimos algo?
Sakura miró a las personas que acababan de entrar mientras recuperaba el aliento, eran tres, dos hombres y una mujer. Uno de ellos, el más alto, se veía muy fuerte, tenía el pelo anaranjado y su mirada estaba perdida. El otro hombre tenía el cabello en tonos aguados tan claros que parecía blanco, miraba al morocho con una sonrisa de burla mostrando unos dientes en forma de sierra. La mujer, de largo pelo rojo y con gafas de pasta negras, la miraba como si quisiera atravesarle los ojos con estacas.
- Sasuke-kun ¿quién es esta mujer? - la pelirroja se cruzó de brazos observándola con desdén.
- Hmp... ni idea. - al escuchar su voz a Sakura le temblaron las rodillas, probablemente tendría que haberse sujetado a la pared de haber estado de pie. Nunca había oído antes una voz así, como un susurro sensual y varonil, aunque se le oía perfectamente.
Estaba tan ensimismada que no se percató que el de los dientes de sierra se había agachado a su lado y jugaba con un mechón de su pelo.
- Pues es muy bonita … y dime Sasuke ¿qué has estado haciendo? Tardabas tanto en regresar que decidimos venir a buscarte. - el morocho tan sólo le dedicó una sonrisa de superioridad.
- Hmp... divertirme – acto seguido tocó el grillete que aún le encadenaba, este se abrió en tan sólo un segundo. Le dedicó una mirada al sujeto que estaba agachado junto a Sakura e hizo un movimiento con la cabeza, ella no pudo apreciar como el peliazul asentía.
- Lo siento mucho señorita, me temo que estaba usted en el peor lugar en el peor momento – la agarró de los brazos evitando así que pudiera moverse.
Sakura iba a mandarlo a volar pero se quedó paralizada cuando el moreno le sujetó la cara. Lo último que vio antes de caer inconsciente fue como los ojos que antes eran negros se volvían de color rojo sangre.
Kiba y Akamaru se movían con rapidez entre los árboles. Hacía rato que habían detectado movimientos sospechosos en el perímetro Este, la zona que cubrían. Shino, que estaba en la zona Oeste, ya se encontraba de camino. Kiba se detuvo en una enorme rama y olfateó el aire, el peculiar olor que estaban persiguiendo desde hace rato se había detenido unos veinte metros más adelante. El muy condenado era rápido y parecía predecir sus movimientos, tendría que utilizar un pequeño truco.
- Akamaru – un enorme perro de color crema se situó a su lado, miró los caninos ojos y segundos después el animal hizo un movimiento de afirmación con la cabeza y desapareció.
En ocasiones como esa la telepatía que tenía con su perruno compañero era de gran utilidad, el único impedimento era que para que funcionara tenían que mirarse a los ojos. Esperó unos segundos hasta que oyó un ladrido lejano y se lanzó al vacío justo en el momento que la figura que perseguía pasaba debajo suyo. Cayó encima de una figura cubierta por un manto de espeso pelo blanco y con una máscara negra cubriendo su rostro. La figura forcejeaba intentando escapar, kiba debía admitir que se lo estaba poniendo difícil.
- ¡Estate quieto! ¡Akamaru! - en un rápido movimiento el animal arrancó la máscara dejando el rostro del sujeto al descubierto. Cuando lo hizo tanto kiba como el sujeto se quedaron muy quietos.
Un suave rubor cubrió las mejillas del castaño cuando se percató de que el rostro que se escondía bajo la máscara era el de una mujer joven, una mujer muy hermosa para ser sinceros. Unos mechones de ondulado pelo cobrizo enmarcaban un bronceado rostro en forma de corazón. La joven tenía uno labios gruesos y rojos que se encontraban entreabiertos debido a su agitada respiración, tras estos podían observarse unos dientes blancos donde los colmillos sobresalían ligeramente. Sus almendrados ojos fueron lo que más le llamó la atención, poseían tonalidades verdes y amarillas y desde esa distancia podía admirarse alguna que otra veta rojiza. Pero lo curioso de sus ojos eran sus pupilas, rasgadas como las de un gato.
- La mano... - frunció el ceño sin saber a que se refería la chica, la cual bufó exasperada dirigiendo su mirada a la mano derecha del castaño – Que quites tu sucia mano de donde la tienes imbécil – cuando miró al mismo lugar que ella se puso tan rojo como un tomate. Su mano abarcaba uno de los pechos de la muchacha, un pecho firme y generoso en su opinión.
- Eh... l-lo siento... yo... - ella aprovechó que aflojó el agarre para dar un rodillazo en sus partes nobles haciéndolo caer a un lado mientras se retorcía de dolor.
Se levantó dispuesta a huir, tenía demasiada prisa y ese depravado tan sólo la estaba retrasando. A penas había dado un par de zancadas cuando un perro enorme se interpuso en su camino gruñendo y enseñándole los dientes. Un sonido similar al bufido de un gato emergió de lo más hondo de su garganta.
- Apártate bestia – mostró unas largas uñas afiladas y resplandecientes, iba a lanzarse encima del animal cuando un golpe en la nuca la dejó inconsciente.
- Se llama Akamaru, no bestia – Kiba se agachó junto al cuerpo inconsciente de la chica y suspiró ¿Qué demonios hacía una chica así en un lugar como ese? ¿Acaso formaría parte del enemigo?. Estuvo un rato elucubrando posibles teorías cuando un ruido entre los arbustos llamó su atención, de estos salió una figura conocida – Shino...
- Kiba – los ojos de Shino, ocultos tras unas redondeadas gafas de sol, analizaron la figura que yacía en el suelo - ¿Quién es la chica?
- No lo sé... hace rato percibí un olor extraño rondando los alrededores y decidí averiguar de qué se trataba, me ha estado dando esquinazo hasta ahora. Pero si es enemiga o no, no tengo ni idea – deslizó la gruesa capa de pelo sobre el cuerpo femenino para dejar al descubierto una sugerente silueta femenina envuelta en un vestido de colores pardos, Kiba tragó saliva sintiendo la boca repentinamente seca.
- Ya veo... átala, la llevaremos con nosotros – el castaño asintió y sacó una cuerda de su chaqueta – La zona oeste está limpia, no hay ningún rastro reciente, lo mejor será esperar a los demás en el lugar que nos indicó Kakashi-sensei.
Kiba asintió cargando a la chica en el lomo de Akamaru, el cual gruñó poco conforme con la idea de hacer de transporte para la chica. El castaño miró extrañado a su canino amigo, Akamaru no solía comportarse así, y menos con las mujeres lindas. Se sonrojó levemente al mirar el rostro de la joven, dormida y sin forcejear como una salvaje se veía aún mas bonita. Estiró los músculos y se dispuso a seguir a Shino, que ya se había puesto en marcha.
Se levantó a duras penas mientras limpiaba la sangre que escurría por su boca, el dolor en su costado le hizo lanzar una blasfemia al aire. Se acercó a una pared sorteando escombros y mordió su pulgar, seguidamente trazó un circulo bastante amplio con su sangre y comenzó a susurrar palabras ininteligibles. Unos segundos después el interior del círculo emitió un destello de luz, cuando este desapareció pudo apreciarse un rostro en el centro del circulo. Se trataba de un hombre de mediana edad con pelo oscuro y presencia imponente, sus ojos eran rojos como la sangre.
- Espero que tu interrupción se deba a algo productivo.
- Así es señor, todo está saliendo tal y como lo planeó. Dejé entrever mi energía en el momento preciso y el chico se la ha llevado - intentó disimular el dolor lo mejor que pudo, pero supo que no había servido de nada cuando vio la sonrisa burlona que se posó en los labios de su interlocutor.
- Bien... ¿y mi sobrino?. - el tono de su voz al decir la última palabra era de cansancio.
- En la celda de castigo donde lo dejó, pero hace rato que di la orden de que fuese liberado. - el hombre de la pared asintió conforme.
- Buen trabajo...- hizo una pausa para después sonreír, sus ojos brillaban con victoria anticipada. - El juego ha comenzado, este sólo ha sido el primer movimiento. Agrupa al resto y seguid con el plan. Ya veremos como se desarrollan los acontecimientos. - el hombre que se sujetaba el costado hizo una reverencia con la intención de marchare pero el otro no se lo permitió - Ah... una cosa más, quizá deberías curarte primero. - con una risa socarrona desapareció tal como había aparecido.
Cuando se quedó solo por fin se dejó caer al suelo apretando su costado con más fuerza, ese endiablado muchacho le había roto al menos tres costillas. Estaba seguro que de haber sido esa su intención le habría matado sin esfuerzo, y su jefe parecía haberse percatado de ese detalle. Con un gruñido de frustración se levantó como pudo y se marchó a trompicones dispuesto a cumplir con las órdenes de su jefe, por supuesto que antes tendría que pasar por la enfermería.
¡Y hasta aquí hemos llegado de momento!
Espero que sea de vuestro agrado y que suscite vuestro interés. En los próximos capítulos las cosas se van a poner más interesantes (;D).
Antes que nada volver a dar las gracias a los que me habéis dado vuestra opinión: Heero Root, Nahi Shite, Atanih Hyuuga, MariiDii, Sakura1983, Dublealfa, RydiaWeasley, Son Of Time, y Marguiwini; paso a contestar a los que no tenéis cuenta:
- Atanih Hyuuga: ¡Muchas gracias! Me alegra que te haya gustado, ya tienes aquí el segundo capi [;3]. El papi de Naruto si es Minato jeje el misterio es otro. Lo de que es el próximo Hokague nadie lo sabe, era una broma cariñosa de Gaara, pero con lo tenaz que es nuestro Narutín quien sabe... ¡un abrazo!
- Sakura1983: ¡Gracias cuki! Espero que este capi también te parezca interesante ¡un besete!
- Dublealfa: Muchas gracias jeje, espero estar a la altura de tus expectativas.
- Marguiwini: ¡Muchas gracias! Aquí está la conti... Una cosa: 'la LLL' ¿significa 'la leche'? Jajaja
Ale ya está... si alguien con cuenta prefiere que le conteste directamente en el fic que me lo diga y sin problema [;3] Nos leemos en el siguiente capítulo. ¡Besetes y abrazos!
~Nune-chan~
