¡Buenas! Aquí estoy otra vez con un capítulo nuevo, y con retraso para variar (tengo demasiadas cosas encima... que le vamos a hacer).

Pues lo de siempre: los personajes no me pertenecen pero si la historia; y dar las gracias a los que me habéis dejado un review, o dado a 'favorite' y 'follow'.

Sin enrollarme más aquí os dejo con la conti esperando que os guste:


CAPÍTULO 3:

Bajo la lluvia

Escondidos entre el ramaje de los frondosos árboles, y desde diferentes posiciones, Kakashi y Sai espiaban al pequeño grupo de hombres que tan discretamente habían seguido desde aquella laberíntica guarida. Estos preparaban lo necesario para encender una fogata, pues el ocaso estaba haciendo acto de presencia y no tardaría en anochecer, mientras comentaban algo que enseguida llamó la atención de los dos espías.

- ¿Qué vamos a hacer ahora Tetsuya-san? El jefe nos matará cuando se entere de que dejamos escapar a la chica – un hombre bajito de pelo verdoso se veía realmente preocupado, el resto de hombres a excepción del que parecía ser el tal Tetsuya, asintieron en acuerdo a lo dicho por su compañero.

- No nos queda de otra que huir y desaparecer por un tiempo, descansaremos un poco y luego nos iremos lejos y cada uno por separado – todos movieron la cabeza afirmativamente aceptando dicho plan.

- Tetsuya-kun... ¿sabes por casualidad que tiene esa chica que tanto le interesa al jefe? – preguntó un hombre que, a pesar de tener el masculino pecho al descubierto confirmando su sexo, poseía voz de mujer.

- No realmente, sólo sé que es... especial. Al parecer tiene una de esos extraños dones que sólo poseen algunas personas en todo el mundo – Kakashi apretó los labios tras la máscara, si lo que decía ese individuo era cierto quizá la situación fuese más grave de lo que aparentaba.

La conversación se dio por zanjada y nadie volvió a abrir la boca. Kakashi se situó junto a Sai un minuto después.

- Sai, mucho me temo que las cosas se van a complicar de ahora en adelante, esto es lo que quiero que hagas. Debes ir a buscar a la Tsunade-sama y solicitar refuerzos, tantos como se puedan. - hablaba prácticamente en susurros - Y entrégale esto, ella sabrá que hacer - sacó un pergamino que había preparado previamente, donde detallaba todo lo que había sucedido hasta el momento, así como sus sospechas. Estaba preparado para que sólo Tsunade pudiese abrirlo, no es que no se fiase de su alumno, pero era lo mejor por el momento. Sai lo cogió mientras asentía.

- ¿Qué hará usted Kakashi-san?

- Buscaré a Naruto y me aseguraré de que la chica permanezca a salvo mientras llegas con los refuerzos – ninguno de los dos dijo nada más. Kakashi desapareció en medio de un remolino de hojas, y Sai en el lomo de un ave salida de su cuaderno.

A penas el par de espías desaparecieron el que se hacía llamar Tetsuya y el que poseía voz de mujer se miraron de manera cómplice. Ya sabían que habría dos personas espiando, su jefe les había avisado y dado órdenes de qué hacer.

A Tetsuya no le gustaba tener que engañar a sus hombres, pero eran las órdenes, y él obedecería mientras le siguiesen pagando. Se aseguraría también de mantenerlos lo más lejos posible de aquel embrollo, tenía un mal presentimiento. Aún se preguntaba como su jefe podía predecir los movimientos de los demás con semejante precisión, era como... si pudiese ver el futuro.

.


.

Naruto estaba sentado con las piernas entrecruzadas, su cara estaba apoyada en la mano izquierda, y el codo sobre su rodilla. Miraba fijamente el pequeño fuego que había prendido en aquel improvisado refugio. Lo bueno de aquel lugar era que las cuevas no escaseaban gracias a Kami.

Su ceño estaba fruncido, y su pierna derecha se movía con nerviosismo. Miró a la chica que aún dormitaba tumbada en el suelo, su chaleco reposaba bajo la femenina cabeza a modo de almohada y su camisa se secaba tendida junto al fuego. En todos los días que habían pasado en aquel país no había llovido ni uno, pero bastó que se quedase solo y con una chica inconsciente en brazos para que se pusiese a llover. Y para que ella no se mojase había acabado empapándose él.

A veces el universo tenía un curioso sentido del humor.

- Esto es increíble... atrapado en el culo del mundo y sin posibilidad de hacer ramen - y era cierto... para acrecentar más su mala suerte había perdido todo el ramen que le quedaba. Si su madre estuviese ahí estaría riéndose de él a lágrima viva, o puede que ahorcándolo mientras le acusaba de sacrilegio por perder tan preciado tesoro alimenticio.

Hinata se giró entre sueños permitiendo al rubio ver su rostro. El ceño de Naruto se suavizó al ver el pacífico rostro de la morena. En verdad que era bonita, 'muy bonita' pensó. Su pecho bajaba y subía pausadamente, una mano estaba apoyada sobre su vientre y la otra a la altura del rostro. Ante eso, y sumando el oscuro cabello que se esparcía por el suelo, Naruto tuvo la sensación de estar contemplando a un ángel caído del cielo.

Se sonrojó y sacudió la cabeza aturdido, mirando una rocosa pared como si fuese lo más interesante del mundo. ¿En qué demonios se supone que estaba pensando? Él sólo debía tener ojos para Sakura-chan, pensar así de otra mujer que no fuese ella era como ser infiel de pensamiento... ¿no?. Un '¿Infiel de qué pedazo de imbécil? Si Sakura no es nada tuyo' junto con un '¿Es que no has visto el cuerpo que tiene esta chica?' escaparon de algún recóndito lugar de su cerebro dejándolo más aturdido aún.

Un ruido procedente de Hinata, como de un pequeño gemido, volvió a captar su atención. Se había puesto demasiado pálida de golpe y su rostro estaba contraído en una mueca de dolor. Su respiración se había agitado y su ceño fruncido.

- No... no... suéltalo... - hablaba en susurros y su cuerpo se removía inquieto. Naruto se acercó intentando despertarla.

- ¡Oe! ¡Despierta! - la sacudió de los hombros. La susodicha se levantó tan bruscamente que incluso logró asustarlo a él. Sus ojos opalinos brillaban a causa de las lágrimas contenidas y su rostro aún seguía pálido, su respiración también continuaba agitada.

Hinata se agarró el pecho con una mano apretando la tela fuertemente, su corazón latía tan rápido que le dolía. Había tenido una horrible pesadilla, aunque no la recordaba con claridad por haberse despertado tan repentinamente. En su mente sólo quedaban rastros de algunas imágenes, algo sobre un zorro de nueve colas y otras cosas borrosas. Sacudió la cabeza intentando recomponerse, últimamente su mente la bombardeaba con sueños de ese estilo, haciéndola sentir absurda. ¿Un enorme zorro con nueve colas? Sin duda necesitaba una buena dosis de terapia para sosegar su alocada imaginación.

- Nee... ¿te encuentras bien? - cuando enfocó su rostro en la persona que le hablaba sus mejillas se sonrosaron al ver un par de preocupados ojos azules.

- Hai... go-gomen... - bajó la cabeza avergonzada, pero al hacerlo sus ojos repararon en algo en lo que no se había fijado haciéndola enrojecer hasta las orejas. El muchacho frente a ella llevaba el torso al aire, y sus ojos no podían apartarse de los músculos de su torso.

Naruto la miró extrañado sin entender su actitud... que mujer tan extraña. Cuando siguió la línea de su mirada también se ruborizó, no llevaba camiseta porque pensó que esta tendría tiempo de secarse antes de que la chica despertara. Que tonta equivocación.

- Ah... esto... es que yo... - su voz se cortó cuando sintió los tibios dedos de Hinata acariciar con lentitud el tatuaje que abarcaba gran parte de su abdomen. Por un momento no supo como reaccionar y se quedó rígido, sentía como la sangre se calentaba bajo la piel que ella tocaba y se extendía por el resto de su cuerpo sofocándolo.

Hinata no pudo resistirse a tocar como hipnotizada el dibujo tatuado en la piel del rubio en cuanto lo vio, le resultaba raramente familiar. Se estaba preguntando de qué le podría sonar cuando cayó en la cuenta de lo que estaba haciendo. De inmediato apartó su mano como si se hubiese quemado.

- ¡Lo siento! ¡Lo siento mucho! Yo no... no quería... yo... – la pobre no sabía debajo de qué piedra meterse.

Naruto se puso corriendo su anaranjada camiseta intentando convencerse de que ya estaba lo suficientemente seca. Aunque realmente no lo estaba.

- No p-pasa nada... dattebayo... - al cabo de unos segundos miró nuevamente el rostro femenino y no pudo evitar largar una carcajada al ver la expresión del mismo. Asustando de paso a la morena que pegó un respingo. Al menos ese arrebató sirvió para aligerar el ambiente ya que Hinata también se atrevió a sonreír levemente.

- D-discúlpame de verdad... no sé que me pasó. - colocó las manos sobre sus mejillas intentando enfriarlas un poco, las sentía demasiado calientes.

- Nah, no pasa nada. Es normal sentir curiosidad, es un tatuaje poco común – durante los siguientes minutos ninguno habló, sin saber que más decir, hasta que Hinata decidió romper el hielo. No entendía por qué, puesto que ella era más de silencios, pero necesitaba seguir escuchando su voz.

- ¿Y qué significa el tatuaje? Eh... - el rubio comprendió lo que ella quería decir, golpeándose mentalmente por su falta de educación.

- Naruto, Naruto Namikaze Uzumaki ¡dattebayo! – sonrió orgulloso tendiéndole la mano que ella estrechó levemente.

- Namikaze Uzumaki... -susurró ella, esos apellidos también le resultaban familiares.

- Así es. - retiró la mano con algo de reticencia - Y el tatuaje... no te lo puedo decir. Si lo hiciera tendría que matarte – le guiño un ojo travieso, a lo que ella bajó su sonrosado rostro escondiendo una tímida sonrisa.

- Eh... y... ¿ha sido m-muy complicado e-encontrarme Naruto-san? - el rubio levantó una ceja ante eso último.

- No, en realidad todo ha sido bastante fácil. ¿Y qué es eso de Naruto-san? ¿Cuántos años crees que tengo -ttebayo? - preguntó con fingido enojo, Hinata se sonrojó visiblemente.

- L-lo siento... no pretendía ofenderte. - jugueteó con sus dedos con incomodidad hasta que el rubio volvió a reírse.

- Eres muy inocente Hinata-chan, si no me has ofendido. Sólo lo decía porque tengo dieciocho años recién cumplidos, no cuarenta, no tienes que hablarme con tanto respeto. ¿Cuántos años tienes tú? - el ambiente volvió a aligerarse con esa pregunta.

- Diecisiete, hasta el mes que viene. - se encogió de hombros resuelta. Él asintió lentamente pensando en lo raro que era que tuviesen la misma edad y nunca se hubiesen visto.

- Y dime Hinata-chan... ¿por qué te tenían secuestrada esos animales? - la morena se tensó ante la curiosa mirada azul, escogiendo con cuidado que palabras utilizar.

- B-bueno... es complicado. Digamos que t-tengo... un don. - Naruto la miró sin entender.

- ¿Un don? ¿Qué clase de don? - se inclinó hacia ella realmente interesado. Hinata sopesó los pros y contras de revelar esa información, si su padre no la había echo sería por algo. Tras unos segundos más de duda suspiró escondiendo una sonrisa traviesa.

- Si te lo contara tendría que matarte... Naruto-kun – el rubio se quedó perplejo durante unos segundos al ver como la morena le había devuelto la broma de antes, pero enseguida estalló en carcajadas.

- ¡Esa ha sido buena Hinata-chan, dattebayo! - ella sonrió avergonzada y segundos después el rubio notó como intentaba vanamente reprimir un bostezo – Ahora será mejor que descanses, no tiene pinta de querer dejar de llover en un buen rato. Nos iremos cuando el tiempo se calme. - ella asintió y se tumbó nuevamente, pero se veía insegura mientras dirigía su vista al exterior. Naruto sonrió comprensivo – Tranquila Hinata-chan, puedes volver a dormir, yo cuidaré de ti. - la chica le regaló una sonrisa a cambio de esas palabras.

- A-arigato Naruto-kun – Hinata se hizo un ovillito y cerró los ojos sin notar que el rubio tenía las mejillas rojas como la grana.

Naruto estaba confuso, esa sonrisa había tenido un efecto extraño en él. Había sentido que el corazón le daba un vuelco y su sangre volvía a calentarse al ver lo hermosa que se veía la chica sonriendo de esa manera. No quería reconocerlo pero era la más hermosa que había visto nuca, se sentía mal por ello pero le había parecido más bonita incluso que las que le dedicaba Sakura. Sacudió la cabeza abotargado y recargó la espalda en la rocosa pared, lo mejor sería descansar por el momento, o se le recocería el cerebro de tanto pensar.

.


.

Sakura se removió inquieta, sentía el cuerpo agarrotado y le dolía la cabeza. Podía oír el crepitar de una fogata y gotas de lluvia chocar contra una superficie. Abrió los ojos ligeramente y trató de moverse, al hacerlo se dio cuenta de que unos familiares grilletes apresaban sus muñecas. Arrugó el entrecejo confusa e intentó acomodar sus ideas, lo último que recordaba eran... un par de ojos rojos.

- Al fin despiertas Bella Durmiente – cuando enfocó la vista en la persona que le había hablado pudo reconocer al muchacho de los dientes de sierra, que la miraba divertido. Se sentó tan rápido que se mareó.

- ¿D-donde estoy? - paseó su vista por el lugar ligeramente aturdida.

A su izquierda el grandullón de pelo naranja alimentaba a una ardilla y un par de pájaros de bonitos colores con algunas migas de pan. A la derecha el dientes de sierra servía en unos vasos lo que parecía agua. Un poco más alejado, recostado sobre el tronco de un árbol, estaba el hombre más atractivo que había visto nunca. Sabía que debía tener cara de tonta, pero no podía desaprovechar que el moreno tenía los ojos cerrados para contemplarlo libremente. Un carraspeo femenino llamó su atención, vio entonces a la chica de gafas que la miraba con demasiada molestia.

Desvió la mirada ante los amenazantes ojos de la pelirroja. Al observar mejor los alrededores se dio cuenta de que estaban en pleno bosque, en medio de una tormenta. Sin embargo las gotas de agua chocaban contra lo que parecía una barrera invisible en forma de cúpula y deslizarse hasta el suelo, pero ella era experta en detectar barreras, y allí no había ninguna.

- ¿A qué mola? Lo hago yo – sonrió orgulloso el peliblanco que había estado observando los gestos de Sakura.

- ¿C-Cómo...? - no le salían las palabras debido a la sorpresa, aún así el dientes de sierra comprendió.

- Es fácil cuando la mayor parte de tu cuerpo está hecho de agua, aprendes a controlarla - sonrió como si lo dicho fuera algo obvio y le tendió un vaso con agua que ella aceptó gustosa.

- ¿Por qué eres tan amable conmigo? - preguntó, mientras bebía todo el agua de un trago, realmente extrañada por esa actitud tan amena. ¿No se suponía que era algo así como una prisionera?.

- No se... me das buen rollo – se encogió de hombros sonriendo como si fuese lo más normal del mundo. Sakura le sonrió de vuelta, era raro pero la cosa era recíproca.

- Me llamo Sakura – extendió las manos engrilletadas.

- Yo soy Suigetsu - se presentó mientras estrechaba una de las manos femeninas - El que le da de comer a esas cosas se llama Juugo, la zanahoria se llama Karin y está loca - un escalofrío recorrió la espalda de Sakura ante la mirada de la pelirroja, si antes había pensado que la estaba mirando mal ahora estaba segura de que si las miradas pudiesen matar ya estaría rindiendo cuentas con Kami – Y al seco que está recostado en el árbol y finge no prestar atención ya lo conoces, es Sasuke, el jefe – la cara del morocho seguía igual de imperturbable pese al tono jocoso de Suigetsu

- Y dime Suigetsu ¿cómo es que puedes controlar el agua? He oído que es uno de los elementos más complejos, y que se necesitan años de práctica sólo para ejercer un control mínimo.

- No es difícil, forma parte de mí así que me sale de manera... natural – rió ante lo que parecía un chiste privado, porque Sakura no entendió donde estaba la gracia – Observa.

Extendió una mano frente a la curiosa mirada jade, de pronto el tejido carnoso comenzó a volverse translúcido. Sakura abrió tanto los ojos que pensó que se le caerían. Donde se supone que debía haber huesos, carne y piel, no había más que una sustancia acuosa que imitaba perfectamente una mano humana. Jamás en su vida había visto algo parecido.

- ¡¿Pero que coño...?! - se acercó lo más que pudo para observar de forma más clínica. Suigetsu soltó una risotada encantado de haber provocado esa reacción en la chica. El aura negra que rodeó a Karin le hizo sonreír con soberbia, así que se corrigió mentalmente: estaba encantado de haber provocado esa reacción en 'las chicas'.

Sakura se apartó cuando apreció la expresión divertida del peliblanco. - Lo siento – rió nerviosamente – Ya se sabe... la curiosidad de los médicos.

- ¿Eres médico? - Sakura giró la cabeza sorprendida, al igual que los demás, ante la voz del morocho, que la miraba con un brillo curioso en los ojos.

Sasuke sentía gran curiosidad aunque su cara no lo demostrase, esa chica era una caja de sorpresas. Ahora entendía que fue lo que hizo cuando pasó una mano sobre él en aquella mazmorra, debía tener una cualidad curativa especial igual que el miserable de Kabuto. Sonrió internamente al recordar los segundos de más que estuvo sobre su torso desnudo.

- S-si... desde que empezó mi instrucción – Sakura comenzaba a replantearse el estado de su salud mental, por dios... el condenado sólo había pronunciado dos malditas palabras y ya notaba el cuerpo tembloroso. Eso era anormal, ella bien lo sabía como médico que era.

- Hmp... ¿cuánto queda? - Sakura frunció el ceño confundida, pero antes de poder preguntar a quién se dirigía el del pelo naranja contestó.

- Dicen que no parará hasta el amanecer aproximadamente – una gota de sudor bajó por la sien de la ojijade, ¿con quién demonios hablaba el grandullón? Seguro que estaban todos locos, y seguro que se le estaba pegando.

- Bien, descansaremos hasta entonces – el morocho volvió a acomodarse en el tronco – Y no quiero que nadie me moleste – posó su vista, dejando muy en claro a quien iba dirigido el mensaje, en Suigetsu, que rodó los ojos, y luego en Sakura que levantó las cejas altiva, retándolo con la mirada.

Sasuke tuvo que hacer fuerza por no reír abiertamente, de verdad que esa muchacha no dejaba de sorprenderlo, parecía querer hacer exactamente lo contrario de lo que él se esperaba. Sakura pensó que todo lo que tenía de... perfecto, lo tenía de prepotente, y que no le faltaban ganas de ponerse a cantar y bailar durante lo que quedara de noche. Sin embargo nadie volvió a emitir sonido alguno, intimidados inconscientemente por la seriedad del moreno.

.


.

Kiba y Shino entraron en la pequeña cabaña en la que se suponía habían acordado reunirse con el resto, pero tan sólo les recibió el silencio y la penumbra.

- Que extraño Shino... no hay nadie. - el castaño no entendía como no habían llegado aún, puesto que si no habían mandado un mensaje pidiendo ayuda era porque todo había salido bien y habían logrado rescatar a la chica. De modo que sus compañeros ya deberían de estar ahí.

- Probablemente les haya pillado la tormenta en pleno bosque y estén en algún refugio. Seguro que vendrán en cuanto deje de llover. - Kiba asintió ante las palabras de Shino – Iré por ropa seca, tu ocúpate de la chica. - el de gafas desapareció tras una puerta, Kiba retiró a la muchacha del lomo de Akamaru y la recostó en un sofá color crema. El enorme perro gimoteó agradecido de librarse de tal carga y desapareció por la puerta de entrada, la cual cerró con una pata sin siquiera dirigir una mirada a su amo.

- ¿Que mosca le habrá picado? – murmuró entre susurros – y tú... ¿hasta cuando vas a fingir que duermes?

Dos segundos después la joven abría sus atípicos ojos y se sentaba en el sofá con movimientos sibilinos. Kiba apartó la vista incómodo, puesto que el vestido se había levantado y dejaba ver demasiada piel.

- Sabías que no estaba durmiendo – no era una pregunta.

- Tengo los sentidos muy desarrollados, lo supe en cuanto cambió tu respiración – observó como la chica olisqueaba la cuerda que apresaba sus manos y sonrió cuando esta arrugó la nariz consciente de que la única forma de soltarse sería que él lo hiciera. - Mi nombre es Kiba, a la bestia ya la conoces se llama Akamaru, y falta mi compañero Sh-

- Shino, lo sé, recuerda que estaba despierta cuando has pronunciado su nombre – le interrumpió sonriendo con burla, haciendo que el castaño rodase los ojos.

- Ya... ¿y cómo te llamas? - durante un segundo sopesó la posibilidad de no decírselo o darle un nombre falso, pero lo desechó consciente de que a esas alturas daba lo mismo.

- Xiitah

- ¿Xiitah? ¿Qué clase de nombre es ese? - preguntó medio curioso medio extrañado.

- No lo sé, ¿qué clase de nombre es Kiba? - respondió con otra pregunta de forma altanera. Kiba no dijo nada, pero en sus pensamientos se deslizó la palabra touché.

- Bien... Xiitah ¿y qué eres? - ella se miró el cuerpo y luego a él alzando una ceja, Kiba se sonrojó – N-no me refiero a eso, está claro que eres una chica. Quiero saber si he de tratarte como a un enemigo o no, ¿qué hacías rondando ese lugar? - preguntó sacudiéndose del pelo las gotas de lluvia.

- No tengo por qué contestarte – dijo la joven alzando el mentón de manera altiva

- Yo diría que sí, si lo que quieres es que te libere - ahora era él el que la miraba altivo, Xiitah tan sólo dejó escapar un suspiro.

- Está bien... estoy buscando a alguien.

- ¿A quién? - la joven felina arrugó el entrecejo.

- Eres demasiado cotilla ¿lo sabías? - el tan sólo se encogió de hombros, su hermana también le decía lo mismo - Busco a mi madre. - confesó bajando el rostro.

- Oh... - carraspeó intentando ignorar el triste tono de voz de la chica. - ¿Puedo saber qué ha ocurrido? - la chica ladeó la cabeza y apretó los labios sin saber que hacer – Vamos cuéntamelo, puedes confiar en mí.

- ¿No te has planteado que quizá seas tú el que no debe confiar en mí?.

- Buen punto, pero para eso tengo mis sentidos – señaló su nariz – el olor de las personas cambia cuando mienten, por eso sé que no intentas timarme.- las mejillas femeninas se sonrosaron ante la confiada sonrisa del chico perro.

- Bueno... supongo que puedo hacerte un resumen. A ver... tanto mi madre como yo formamos parte de una tribu, los Yasei no Neko de las Montañas Heladas del País de la Niebla – Kiba asintió lentamente, le sonaba ese nombre – Sangre animal corre por nuestras venas potenciando diferentes cualidades, y mi madre es especialmente valiosa. Hace unos meses unos hombres vinieron solicitando su ayuda, pensé que se iba a negar pero aceptó, y no la he visto desde entonces. He estado todo este tiempo tratando de localizarla pero su rastro aparece y desaparece como por arte de magia. -concluyó de forma alicaída.

- Ya veo... - por un momento sintió pena de la chica, si a su madre le pasara algo se volvería loco.

- Te toca – Kiba la miró sin entender – Yo te he contado mi historia, así que ahora tienes que contarme la tuya ¿Qué hacéis por estas tierras? ¿Sois guerreros de Konoha verdad? Reconozco vuestro olor ¿Estáis de misión? ¿Qué tenéis qué hacer? - una risotada masculina interrumpió su lista de preguntas haciéndola sonrojar, su curiosidad gatuna la había traicionado.

- Para el carro socia – se sentó a su lado en el sofá – Luego dices que yo soy cotilla – apretó la tela de su pantalón con la mano reprimiendo el impulso de acariciarle la cabeza, avergonzada y encogida se veía de lo más adorable – Sí, somos guerreros de konoha, y sí, estamos de misión, pero ya casi hemos terminado. Ahora dime una cosa más, has dicho que la sangre animal potencia ciertas cualidades ¿cuál es la tuya?

- Empatía – rodó los ojos ante el escepticismo del castaño – Quiere decir que soy capaz de sentir en carne propia los sentimientos de los demás cuando me concentro. Digamos que la frase 'sé lo que sientes' se hace muy real para mí. - Kiba abrió mucho los ojos sorprendido haciéndola suspirar ante el cambio de ambiente tan brusco, quien diría que hace un rato habrían sido capaces de clavarse las uñas en la garganta.

- Wow... es asombroso – ella tan sólo sonrió orgullosa. - ¿Y sabrías describirme lo que sienten mis compañeros? - se estaba comportando como un niño pequeño, pero no todos los días te encuentras con algo así.

- Puedo intentarlo - cerró los ojos y se concentró en lo que percibía – Shino está muy tranquilo, calma es lo único que noto en él ahora mismo. Akamaru... bueno, se siente amenazado por mí, supongo que es mi sangre felina, aunque no le culpo a mí tampoco es que me entusiasme su olor a pulgas – una agresivo aullido se oyó fuera de la casa haciéndola reír – Y tú... - abrió los ojos sorprendida cuando identificó que era lo que él sentía.

Kiba no había podido dejar de mirar su cara en cuanto cerró los ojos, tenía la boca más sexy que había visto nunca. Conforme movía los labios las ganas de hacer algo indebido habían ido aumentando, incluso se había reclinado sobre ella inconscientemente.

Xiitah por su parte se sentía aturdida y extrañada, aturdida por el repentino deseo del castaño, y extrañada porque no era capaz de discernir si la ansiedad de juntar sus labios era suya o de él. Esta era la parte mala, que en ocasiones se entremezclaban sus propios sentimientos con los de los demás complicándolo todo. Un carraspeo procedente de una puerta la hizo brincar al percatarse que ella también había comenzado a acercarse al castaño.

- Si queréis puedo regresar en otro momento – el moreno de gafas llevaba una pequeña pila de ropa en las manos, Xiitah pudo percibir en él algo de diversión además de la habitual calma.

- ¡Shino! ¡¿Que tonterías dices?! - Kiba se levantó del sofá como un obús y rojo de la vergüenza ¿qué cojones había sido eso?

- Hn... aquí traigo algo para que os sequéis – le tendió una toalla a cada uno y una muda de ropa normal – Siento que no haya nada femenino, pero le servirá mientras se seca la suya.

- No pasa nada – Xiitah comenzó a secarse con parsimonia.

- Volveré a la habitación, Kiba encárgate del fuego – dio media vuelta y comenzó a caminar pero antes d desaparecer dijo una última cosa – Y no te olvides de la cena.

Kiba gruño sabiendo que era un pequeño castigo, Shino sabía muy bien que odiaba cocinar. Miró de reojo a la chica que seguía con su labor de secarse, se veía que estaba incómoda, 'ya somos dos' pensó. Suspiró con resignación y comenzó a cumplir con su pequeña obligación.

.


.

Kushina llegó a su hogar dando saltitos como una colegiala, llevaba una ecografía en una mano y una bolsa con una porción de humeante ramen en la otra. Por fin había podido saber el sexo de su bebé, en la vez anterior se había posicionado de nalgas y no había dejado entrever sus pequeñas partes nobles. No podía esperar a que su atractivo marido llegase a casa para darle la noticia. Un sonido de cristal rompiéndose la hizo dar un respingo por el susto.

Cuando llegó al salón pudo observar como un marco estaba en el suelo boca abajo, encima de un montón de pequeños cristales. Corriendo lo recogió del suelo y lo limpió con cuidado de no cortarse. Después observó las personas que aparecían en esa fotografía y acarició sus rostros con la yema de los dedos.

- Mikoto-chan... Hanna-chan... os echo tanto de menos – sus ojos se aguaron al recordar a sus dos mejores amigas: Mikoto Uchiha y Hanna Hyuga. Las extrañaba con locura, pero no había nada que poduese hacer, ya no existían. Sólo le quedaba seguir viviendo y ser lo más feliz posible.

Una oleada de culpa se instaló en su corazón al acariciar su abultado vientre, recordando lo que había tenido que hacer para que ese pequeño milagro se hubiese llevado a cabo. Se sentía como una persona horrible, no solo por con quien había hecho un trato y que era lo que había sacrificado a cambio, también porque había engañado a su marido y a su hijo, entre otros. Pero lo hecho hecho estaba y nada se podía hacer ya, sólo le quedaba cuidar de su embarazo y su futuro bebé.

Ya pensaría en que hacer después del parto.

- En fin... ahora toca saciar mi antojo – con una renovada sonrisa, dejó la foto en su lugar y se dispuso a comer su apetitosa porción de ramen mientras esperaba a que llegase su marido. Ya recogería los cristales más tarde.

.


.

Un hombre maduro con el cuerpo cubierto de vendas y caminando con la ayuda de un bastón entró en una habitación sumida en penumbras. La única luz procedía de una cápsula de gran tamaño y forma elíptica, conectada a una extraña máquina a través de gruesos cables. Pasó sus dedos por el cristal que dejaba ver una figura humana reposando en el interior.

Se trataba de la figura de una mujer de mediana edad con unos hermosos rasgos faciales. Poseía una esbelta figura, aunque se podía apreciar que era de baja estatura, y un pelo negro brillante con reflejos berenjena. Sus ojos estaban cerrados, aunque él sabía que debajo de esos párpados se escondían dos orbes de hermoso color blanco. Su frente estaba despejada dejando relucir un extraño dibujo en tonos verdosos.

- Maldito sello... si no fuera por él hace mucho que tus ojos serían míos – el tono de su voz era cansado, llevaban años trabajando en ese endemoniado sello sin éxito alguno. Segundos después sonrió de forma malévola – Pero no te preocupes, ya casi he descubierto como contrarrestarlo. Y a las malas aún me queda tu preciosa hija mayor... Hanna Hyuga.

El hombre abandonó la habitación e instantes después los párpados femeninos se contrajeron, del ojo derecho escapó una lágrima que se deslizó por la sien hasta perderse en el oscuro cabello.

.


Y hasta aquí por ahora, espero que lo hayáis disfrutado.

Aviso que quizá me retrase algo en el siguiente capítulo (aunque intentaré que no) por dos motivos: primero porque como ya he dicho tengo muchas cosas encima, estoy pasando una mala racha en casi todo; y segundo porque estoy baja de moral y eso influye a la hora de escribir.

No es que quiera presionar a nadie pero el número de reviews y el número de lecturas no concuerda, y me gustaría saber las opiniones de todos (desde el respeto por supuesto), y a lo mejor así me ayudáis a pasar el bache con una sonrisa. Vuelvo a dar las gracias a los que me habéis dejado reviews, etc. porque me hacéis muy feliz [;3].

Paso a contestar los reviews sin cuenta:

- Atanih Hyuuga: ¡Gracias! siento haberte dejado con más dudas jiji, ya sabes que puedes preguntar lo que quieras que te lo resolveré encantada hasta donde pueda. Aquí tienes la continuación, espero que te guste.

- Sakura 1983: Siii apareció Sasuke-buenorro-kun jaja, espero que te guste este capi wapa, ya verás las sorpresitas que tengo preparadas entorno a la familia Uchiha (muajajaja)

- Whitecloud87: Gracias por dejarme tu opinión, y repito que sólo tenéis que preguntar y os responderé con gusto (siempre y cuando no sea algo fundamental para la historia, en cuyo caso mi respuesta es: seguid leyendo XD)

Esto es todo por ahora ¡besetes y abrazos!

~Nune-chan~