1º – ¡FELIZ NAVIDAD!
2º – PERDÓN mil veces por el retraso (tengo mis motivos, evidentemente)
3º – MUCHÍSIMAS GRACIAS por los reviews … y espero que os guste, aquí tenéis el quinto capítulo:
CAPÍTULO 5:
Chise
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Sakura se detuvo a unos metros de la pequeña cabaña de madera seguida de los cuatro individuos con los que había convivido las últimas horas. - Aquí es. - a penas levantó un pie en dirección a la casa cuando la estrepitosa risa de Karin la detuvo - ¿Y tú de qué te ríes? ¿Has salido loca del todo o qué?. - la susodicha rodó los ojos pero no dejó de sonreír.
- No es eso pelo de chicle, es que no sabía que tu equipo fuese parte de un zoológico – Sakura frunció el ceño confundida.
- ¿De qué coño hablas travesti? - Karin le dedicó una mirada a Suigetsu que prometía auténtico dolor ante su 'piropo'.
- De que la zona está cargada de energía animal, maldito tiburón del demonio. - la pelirroja iba a seguir con una sarta de insultos cuando la imponente voz del morocho se dejó oír.
- Karin – a Sakura le sorprendió el enorme poder de control que ejercía Sasuke sobre los demás, con esa simple palabra la pelirroja le había entendido y comenzó a explicarse.
- Hay energía residual de carácter animal por todas partes Sasuke-kun, sino me equivoco es felina, canina y de... bichos – puso una mueca de asco al decir la última palabra – Pero sobretodo canina, de hecho creo que dentro de la casa hay un perro, y posee una energía bastante extraña.
Sakura arrugó el gesto, sin duda la de gafas tenía una habilidad bastante útil, era como un radar de energía, podía detectarla y clasificarla con pasmosa facilidad. Suigetsu le había dicho que le venía de familia y que la había potenciado gracias a 'el pederasta', sujeto sobre el que no se atrevió a preguntar nada. Cayó en la cuenta entonces de lo que había dicho Karin, eso quería decir que allí no quedaba nadie ¿qué habría pasado?
Se acercó corriendo a la cabaña y al abrir la puerta una gota de sudor escurrió por su sien ante la imagen que vislumbró. Pakun, el perro de Kakashi-sensei, estaba tumbado boca arriba en medio de la habitación moviendo sus patitas con pequeños espasmos y emitiendo lastimeros sonidos. Parecía tener una pesadilla.
- ¿P-Pakun? - en cuanto escuchó su voz el perro se puso en guardia gruñendo y enseñando sus diminutos dientes, pero se calmó al reconocerla.
- Sakura-chan eres tú, que alegría verte.
- ¡Hostia puta! ¡Un perro que habla! - Sakura quiso reír ante la expresión del peliblanco. Era capaz de transformar las células de su cuerpo en agua ¿y se sorprendía al ver un perro hablando? El pequeño animal le lanzó un agresivo gruñido.
- Humano insolente... - Pakun observó a la gente que acompañaba a la pelirrosa con curiosidad, tenían olores peculiares. Uno de ellos le llamó la atención, le resultaba familiar. Su vista estaba fija en Sasuke, los ojos oscuros del chico junto con su aroma le resultaban conocidos pero no sabía de qué. Se agazapó y empezó a gruñir cuando el humano más grande, de pelo anaranjado, se acercó a él.
- Tranquilo Pakun, es un amigo – se tranquilizó al escuchar a Sakura pero no dejó de observar con precaución al grandullón, que seguía acercándose.
Todos observaban expectantes como Juugo se agachaba junto al pequeño can y comenzaba a rascar sus orejas. Una enorme gota escurrió por sus frentes al ver la pata trasera del animal moverse frenética en respuesta a la caricia que disfrutaba.
- Emm... Pakun ¿dónde están los demás? - el pequeño perro se apartó para que nadie les pudiese oír y le hizo un gesto a la joven para que se acercase, esta se agachó a su lado.
- Kakashi se marchó con Kiba, Shino y una chica muy rara, pero volverán pronto. Y Sai fue enviado por Kakashi a entregarle algo a la jefa. - hablaba bajito mientras miraba al morocho de reojo, no se fiaba de él.
- Ya veo... ¿y Naruto?
- Naruto está con la chica que rescatasteis, pero aún no han regresado – Sakura se preocupó ante eso – No te angusties Sakura-chan, seguramente se hayan retrasado por la tormenta de la noche, eso dijo Shino. Además ya conoces a Naruto-baka y su torpeza, seguro que llega de un momento a otro. - Sakura rió al acordarse de las miles de veces que se habían retrasado en una misión gracias al cabeza loca de su amigo. Era único para meterse en problemas y de paso arrastrar a los demás con él.
Un suspiro involuntario escapó de los labios de Sasuke al ver la hermosa sonrisa de la ojijade pero en seguida su ceño se frunció molesto. No... su sonrisa no era hermosa, y no... no le gustaba. Estaba tan concentrado en auto negarse que la sonrisa de Sakura le parecía bonita que no se percató de dos pares de ojos aguamarina que analizaban sus gestos con aire divertido.
Suigetsu intentaba reprimir la risa al ver a su jefe, parecía descentrado, eso era nuevo. Gracias a los años que lo conocía podía percatarse de las micro expresiones que surcaban el impertérrito rostro del moreno. Era la primera vez que su jefe mostraba algún tipo de interés por una mujer que no fuese el de satisfacer sus necesidades, cosa que tampoco ocurría muy a menudo. Quizá el que hubiera sido capaz de ganarle y herir su orgullo tenía algo que ver, sólo el 'tío' del morocho había sido capaz de derrotarlo en algún combate, el resto habían quedado en empate.
- Sasuke-kun – el susodicho gruñó al ser sacado de sus pensamientos tan abruptamente haciendo sonrosar a la ojijade. - Etto... mi equipo no se encuentra aquí ahora mismo, pero no tardarán en llegar – le miró batiendo las pestañas y él frunció aún más el ceño. No, sus brillantes ojos verdes tampoco eran tan bonitos.
- Hmp... tú haz lo que quieras pero nosotros nos vamos ya, aún tenemos un largo camino por delante. - Sasuke dio media vuelta saliendo de la cabaña, sus subordinados le siguieron con un gesto de su cabeza.
Sakura se quedó mirando la espalda del moreno mientras se alejaba, mordiendo indecisa su labio inferior. Deseaba irse con ese extraño grupo por muchos motivos: por sus rarezas físicas, que le servirían sin duda alguna a mejorar como médico; porque su instinto le decía inexplicablemente que lo hiciera; y porque sentía que había algo que la unía a ese misterioso muchacho de ojos negros. Era algo que no podía definir con palabras, y que iba más allá de la atracción física, porque le atraía, eso lo tenía claro. Pero marcharse sin avisar a su equipo o asegurarse que todos estaban bien iba en contra de sus principios, ¿qué debía hacer?. Sus piernas se movieron solas antes de que terminase de razonar.
- ¡Sasuke-kun! - este, que apenas había andado unos cuantos pasos fuera de la cabaña, se detuvo mirándola por encima del hombro. - Iré con vosotros, dame tan sólo un minuto – Sasuke no contestó, pero no se movió de su sitio dándole a entender que el minuto ya había comenzado. Sakura se adentró en la cabaña, de la que salió instantes después con una sonrisa de satisfacción – Ya podemos irnos. - Suigetsu se acercó a ella sonriente pasando un brazo sobre sus hombros.
- Menos mal Sakura-chan, sin ti esto sería un auténtico muermo – el peliblanco observó con una sonrisa como Karin parecía querer incinerarlo con la mirada, y como su jefe emitía un sonido similar a un gruñido antes de proseguir su camino.
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Una hermosa mujer de largo cabello blanco era guiada por un hombre vestido de negro gracias a una cadena que se unía a unos resistentes grilletes. A pesar de encontrarse prisionera y rodeada por sus captores, su rostro se veía sereno, sus ojos grises y verdes mostraban una pupila rasgada, y brillaban con sabiduría. De pronto detuvo su paso, sus pupilas se dilataron y una minúscula sonrisa adornó sus labios. - Ya están aquí. - susurró.
- Chise-hime ¿ocurre algo? - le interrogó con precaución el hombre que la guiaba.
- Nada grave... pero quizá deberíais estar preparados – un escalofrío recorrió la espalda del hombre al ver la sonrisa de la mujer, iba a preguntar que a qué se refería cuando una explosión se oyó justo detrás de ellos.
El grupo de hombres vio como tres personas aparecían de entre la humareda, un hombre de pelo plateado se acercó desde atrás comenzando a golpear diestramente a todo aquel que se interponía en su camino.
El hombre que guiaba a Chise sudó frío cuando vio los laterales flanqueados por los dos jóvenes. El de la derecha luchaba con un aire asalvajado, como un animal, respaldado por un enorme can de crines color crema. El de la izquierda... hizo que su estómago se contrajera con dolor cuando observó como de todas partes salían unos diminutos insectos que atacaban a sus camaradas sin darles tregua. Su atención volvió a ser captada, esta vez al frente donde una joven le observaba con fiereza mientras le enseñaba los dientes, al ver sus ojos supo de inmediato de quien se trataba.
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Xiitah miró con odio al hombre que arrastraba a su madre con una cadena ¿cómo se atrevía? ¿Se creía un domador o qué? Pagaría caro tratar a su madre como si fuera una bestia de circo. Se agazapó dispuesta a lanzarse contra él cuando lo vio soltar a su madre y correr en su dirección mientras hacía gestos con las manos, haciendo aparecer tres perfectas copias. Sonrió pensando que si él hacía trampas ella también podría y mordió su pulgar derecho.
El hombre y sus copias se dirigían veloces hacia ella, no hubo tiempo de frenar cuando, en un rápido movimiento estrelló su pulgar contra el suelo haciendo que una enorme bola de humo emergiera del punto de impacto. Chocaron contra algo duro pero de textura suave que emitió un gruñido siniestro, cuando el humo se disipó por completo el original tembló ligeramente.
- ¡Todos tuyos Chessá! - y corrió en dirección a su madre dejando al hombre y sus copias a merced de un enorme tigre de bengala de vivos colores anaranjados. El animal se reclinó hacia atrás y enseñó los dientes gruñendo peligrosamente, por un momento al pequeño grupo de idénticos hombres le pareció que el enorme felino sonreía con sadismo.
- ¡Mamá! - Xiitah saltó a los brazos de su madre que la recibió gustosa – Estaba tan preocupada... vámonos de aquí – tiró del brazo de su madre pero a penas habían corrido unos metros cuando esta se detuvo, Xiitah la miró interrogante - ¿Qué ocurre mamá? Tenemos que irnos ya, mis amigos se encargarán de esos odiosos hombres, son muy fuertes – sonrió al recordar a Kiba y Akamaru que parecían jugar con sus oponentes, pero su sonrisa se borró al ver el rostro serio de su madre.
- Ya lo sé – entendió de inmediato a qué se refería y frunció el ceño.
- Nos habías visto – no era una pregunta – No entiendo nada mamá, ¿qué está pasando? ¿Por qué te han secuestrado? ¿No los viste llegar? - el gesto que hizo Chise le contestó por sí solo. Su madre sí les había visto llegar, era imposible que no lo hubiera hecho, sin embargo se había dejado secuestrar... ¿por qué?. La mujer sonrió como si hubiese podido leerle la mente y le acarició el pelo.
- Mi niña... estoy tan orgullosa de ti... pero ahora vas a tener que ser muy fuerte, y hacer algo importante. Me alegra saber que no vas a estar sola, Kiba parece un buen chico – Xiitah se sonrojó ante el tono que había usado, incluso sabía el nombre del chico perro. Pero entonces frunció aún más el ceño ¿qué quería decir?. Se concentró en los sentimientos de la peliblanca y se desconcertó aún más, eran demasiados, pero sobresalía una extraña resolución que hizo que el corazón le diese un vuelco.
- M-mamá... cada vez entiendo menos, y me estás asustando. ¿Por qué parece que te estás despidiendo de mí? - no supo por qué sus ojos se llenaron de lágrimas cuando su madre la abrazó más fuerte de lo que nunca lo había hecho.
Chise acercó su boca al oído de su hija y comenzó a susurrarle cosas intentando que su voz no sonase quebrada. Las cartas estaban echadas y ella no podía hacer mucho más, todo quedaba en manos de ese joven grupo de guerreros. Los ojos de Xiitah se iban abriendo cada vez más conforme su madre iba hablando, las lágrimas caían libres pos sus mejillas hasta perderse en el pelo de su madre. No entendía muy bien lo que quería decirle confesando todo aquello, sólo atinó a abrazarla tan fuerte como lo hacía ella. Al cabo de unos minutos se separaron.
- Eres tan valiente... siempre haces lo correcto, por eso sé que me harás caso ¿verdad? - la joven asintió secándose las lágrimas a lo que Chise sonrió – Esa es mi hija... debes ayudar a Naruto y Hinata en todo lo que puedas. Y recuerda que las cosas no son siempre lo que parecen, déjate guiar por tu instinto y por esto – señaló el lugar en el que palpitaba su corazón, la peliblanca suspiró cuando una imagen repentina cruzó su mente – Es hora de que me vaya, pase lo que pase no olvides lo que te he dicho. Y tampoco olvides que te quiero más que a nada en el mundo. - Xiitah apretó los puños cuando una extraña energía rodeó a su madre, quería moverse y ayudarla pero sabía que no debía hacerlo.
- Yo también te quiero mamá – su voz se quebró en la última palabra y cerró los ojos con fuerza, si seguía viendo la sonrisa de su progenitora mandaría a la mierda la petición que ella misma le había hecho.
Apenas unos segundos después el olor de su madre y esa extraña energía se esfumaron en el aire. Permaneció de pie unos minutos, que le parecieron horas, mirando la nada, hasta que sintió unos pasos detrás de ella.
- ¡Xiitah! ¿Estás bien? Estábamos pateando el culo de esos imbéciles cuando han desaparecido de repente. ¿Y tu madre? He visto como te marchabas con ella ¿Qué ha pasad-? - Kiba no pudo seguir hablando cuando el cuerpo de Xiitah se abrazó al suyo como si su vida dependiera de ello, sacudido por pequeños espasmos provocados por el intenso llanto.
- S-se ha m-marchado... con ellos – pronunció con dificultad.
Miró a los demás buscando ayuda pero nadie supo qué hacer, estaban tan confundidos como él. Akamaru se reclinó sobre el suelo conmovido por el llanto de la joven, ni siquiera se movió cuando un enorme felino se sentó cerca de él con los músculos tensos, parecía como si el animal se sintiese impotente.
- Tranquila... todo saldrá bien, te lo prometo - el castaño tan sólo pudo devolverle el abrazo mientras acariciaba su cabeza, no sabía que más podía hacer por el momento.
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Naruto y Hinata subían por la ladera de una montaña, conforme ascendían la vegetación y la temperatura disminuían notablemente. Ya habían recorrido un considerable tramo del camino, pero debían detenerse a descansar porque pronto caería la noche y el cielo se estaba cubriendo de oscuras nubes grises. Naruto paró en una especie de parador y comenzó a recorrerlo con la vista.
- Maldito viejo mentiroso...¡por aquí no se ve ningún refugio ttebayo! - justo antes de comenzar a subir aquella montaña se habían encontrado con un pequeño grupo de agricultores que habían terminado su faena, regresaban a su aldea que no quedaba lejos.
Un hombre de espesa barba blanca les había advertido que en esa época del año el tiempo era especialmente inestable y que lo más sensato sería pasar la noche a cubierto. Les había indicado el lugar de un refugio en medio de la montaña que ellos mismos solían usar cuando el temporal les pillaba desprevenidos.
- Espero que no esté muy lejos porque me muero de hambre y ese viejo dijo que había comida. Quizá se equivocó en algún dato, después de todo los años no perdonan a nadie ¿tú qué crees Hinata-chan? - giró a verla al no recibir ninguna respuesta, sus ojos azules se abrieron como platos y soltó un jadeo ahogado. La joven se abrazaba a sí misma mientras violentos temblores sacudían su cuerpo, sus labios se estaban poniendo azules y sus dientes castañeteaban. - ¡Hinata-chan! ¡Estás helada! - Se acercó y froto sus menudos brazos con energía. - Joder Hinata-chan ¿por qué no me has dicho qué tenías tanto frío? Eres tan silenciosa que pareces un ninja, como espía no tendrías precio.
- L-lo s-sient-to – se disculpó apenada mientras el rubio seguía frotando sus brazos con vehemencia. Hacía bastante rato que había empezado a tener frío, sobretodo porque el clima no dejaba que su pelo terminase de secarse, pero no había dicho nada porque no quería ser una carga. Quiso llorar... eso era justamente lo que estaba siendo.
Naruto no sabía que hacer, la morena no entraba en calor y la temperatura descendía con rapidez, suerte que él tenía una gran tolerancia al frío. Se sonrojó cuando una idea que podría funcionar se coló en su mente con ese último pensamiento.
- Ne Hinata-chan... no podemos seguir si estás en este estado, así que voy a hacer algo para que entres en calor ¿vale? - la joven asintió despacio, que hiciese cualquier cosa pero que lo hiciese pronto – Antes que nada, no pienses nada raro... pero tengo que a-abrazarte.
Hinata sintió como la vergüenza se apoderaba de su anatomía, pero la sangre no subió a sus mejillas. Eso hizo que el rubio se preocupase más y que se diese prisa, abrió su chaleco y la abrazó cubriéndola con el mismo. Segundos después una conocida luz dorada envolvió su cuerpo, Hinata cerró los ojos cuando el calor comenzó a emanar del cuerpo masculino.
Naruto apoyó su cabeza contra la de la chica y cerró los ojos, olía endemoniadamente bien, no sabría definir el olor, era como una mezcla de hiervas y flores que relajaban sus músculos con cada respiración. Si vendieran ese aroma en frasco compraría cientos para rociar su almohada, volvió a sonrojarse al pensar eso. Una tímida risa lo sacó de sus pensamientos unos minutos después – ¿De qué te ríes Hinata-chan?
- Es que estaba pensando que... es una tontería pero... estaba pensando que eres como un sol, cálido y brillante – volvió a reír aún con los ojos cerrados, estaba demasiado cómoda apoyada sobre el musculoso pecho del rubio. Ya se encontraba mejor, la ligera capa rosada sobre sus mejillas se lo confirmaba, pero quería estar así un poco más.
Naruto pestañeó unas cuantas veces antes de soltar una carcajada, nunca en su vida le habían dedicado un cumplido como ese. - Pues entonces tú eres como la luna Hinata-chan, hasta tus ojos son del mismo color – pensó cuan acertada era esa definición, la luna tenía muchas formas, en unas se mostraba tímida y en otras más esplendorosa, pero hermosa en todas ellas.
Hinata sonrió con timidez pero sintiéndose feliz, abrió los ojos ligeramente y algo unos metros más arriba llamó su atención. Un cristal parecía reflejar la luz emitida por el cuerpo del rubio.
- ¡Mira Naruto-kun! Allí arriba está el refugio - señaló el lugar – Vamos, yo ya me encuentro mejor - se separaron mirándose a los ojos durante unos segundos, sin saber que los dos experimentaban la misma extraña sensación al alejarse el uno del otro.
El rubio carraspeó y se acuclilló frente a la chica, que le miró interrogante – En esta forma no pasarás frío y yo podré ir más rápido, así que sube – le guiño un ojo de forma cómplice, y ella subió a su espalda con las mejillas sonrosadas y una sonrisa.
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Un par de minutos después ambos atravesaban el umbral de una especie de casa pequeña tallada en la roca. Ambos se sorprendieron ante lo que veían sus ojos, el lugar estaba provisto de sencillos muebles y se veía bastante limpio. Una pila de leños de madera estaba situada cerca de la chimenea previamente preparada. Había un par de sillones con una cuantas mantas bien dobladas sobre ellos. Había dos puertas más que, según les había dicho el anciano, conducían a una habitación y un cuarto de baño.
- Joder... hay que reconocer que esta gente sabe montárselo bien. ¡Iré a ver la cocina dattebayo! – se abalanzó sobre la alacena, y al abrirla un sollozo escapó de sus labios.
- ¿Naruto-kun estás bien? - preguntó preocupada, se acercó a él y una gota de sudor escurrió por su sien al ver cascaditas saliendo de los ojos azules.
- Tienen rameeeen – murmuró con la voz tomada, pero en medio minuto empezó a reír escandalosamente mientras empezaba a preparar lo necesario para cocinar el ramen instantáneo.
Hinata pensó que una vez llegara a casa mandaría una buena cantidad de dinero para subsanar las pérdidas en la despensa que sin duda provocaría el ojiazul . Se sentó en uno de los sillones y se arropó con una manta disfrutando del fuego que Naruto acababa de encender. Observó al rubio ir y venir con una sonrisa, sintiéndose alegre de verlo tan feliz, hasta que poco a poco sus ojos se fueron cerrando.
Naruto palmeó su estómago satisfecho tras acabar su quinta ración de ramen de cerdo. Fue entonces que recordó que ni siquiera le había ofrecido a Hinata y se sintió como una rata egoísta. Avergonzado como nunca giró para suplicar a Hinata que lo perdonase por su falta de educación cuando la vio felizmente dormida en uno de los sillones. Se acercó para observarla mejor, su respiración era pausada y una pequeña sonrisa adornaba sus labios. Sin duda la belleza natural de la morena era una grata visión para cualquier criatura que la contemplase.
Decidió que esa postura no era la más cómoda para dormir y la cargó en brazos para llevarla a la habitación. La depositó sobre la sencilla cama y la arropó como a una niña pequeña para que no pasase más frío del que ya había pasado. Apartó un rebelde mechón que surcaba su cara levemente iluminada por la luz que se colaba por la puerta, y al hacerlo se removió ligeramente.
- Naruto-kun... - el rubio tragó en seco al oírla susurrar su nombre en sueños, seguía sonriendo y sus mejillas estaban sonrosadas.
Su vista se fijó en sus labios y volvió a tragar saliva, parecían tan suaves que no pudo evitar comprobarlo. Como en trance, estiró un brazo y pasó su dedo índice a lo largo del labio inferior, en efecto, era tan suave como un pétalo. Sin ser consciente realmente de lo que hacía comenzó a inclinarse lentamente sobre la chica. Entrecerró los ojos cuando a penas faltaban unos centímetros para alcanzar sus femeninos labios.
Hinata lanzó un cálido suspiro que golpeó los labios de Naruto haciéndolo reaccionar, se separó tan deprisa que cayó al suelo de culo. '¡¿Pero qué mierda...?!' su respiración estaba agitada y su cara roja como la grana. Dios había estado a punto de... de...
Se levantó y fue al salón comenzando a dar vueltas como un animal enjaulado, se sentía un pervertido. ¿Qué clase de persona era? ¿Cómo era posible que hubiera estado a punto de besar a una chica cuando se supone que le gustaba otra? Paró en seco cuando fue consciente de que ya no utilizaba la palabra 'enamorado', ahora usaba la palabra 'gustar'. ¿Qué significaba eso? ¿Qué ya no estaba enamorado de Sakura? ¿Entonces ahora le gustaba también Hinata? Porque nadie intente besar a otra persona si no le gusta aunque sea un poco. Se jalo del cabello dejándose caer en un sillón con la cabeza abotargada.
Se sentía realmente confuso.
- Esto no me puede estar pasando... ¿qué demonios se supone que tengo qué hacer ahora? - no sabía como averiguar qué era lo que sentía exactamente por cada una. Siempre había dicho estar enamorado de Sakura pero Hinata le hacía sentir cosas muy diferentes.
Recordó entonces una conversación entre su madre y Jiraiya.
~Flash back~
- ¡Oh pobre Menma! - sollozó su madre apretando contra su pecho su última novela rosa – Prendado de dos mujeres y sin saber a cual escoger. Me pregunto a quién elegirá... ¿será a su amor platónico o a la chica que grita por toda la aldea que se casará con él? Espero que sea la segunda – suspiró con una sonrisa de oreja a oreja.
- Decidir eso no es tan difícil mujer, siempre hay que escoger a la que tenga los pechos más grandes. Eso es señal de q... - no pudo seguir hablando por que un jarrón lanzado por la pelirroja se estrelló contra su frente - ¡Auch! Joder Kushina, el embarazo te ha trastornado en serio. - comentó sobándose la frente.
- A mi no me pasa nada, el único trastornado aquí eres tú, ¡puto pervertido de mierda -ttebane!
- Hazle un favor al mundo y cálmate, sólo bromeaba. Aunque sí hay una forma de saber ese tipo de cosas – Kushina lo miró interesada, al igual que Naruto, el ermitaño sonrió para sus adentros – Dicen que puedes saber como va a ser tu relación con una persona a través de un beso, así que las debe besar a las dos y elegir la que su cuerpo le indique. Así de sencillo – cerró los ojos satisfecho, pero los abrió al percibir un aura asesina cerca suyo.
Kushina estaba frente a él con los puños apretados y los ojos brillando con ira, parecía un demonio cabreado.
- ¿Estás insinuando que utilizar a las personas para el propio placer es la única manera de poder decantarse? Y lo dices tan tranquilo... ¡delante de mi hijo! Eres un degenerado, te voy a enseñar que es el corazón el que se encarga de esas cosas ¡dattebane! – se tronó los dedos haciendo que un escalofrío recorría la espalda del peliblanco.
¿Y las hormonas no la tenían revolucionada? ¡Una mierda!
Naruto rodó los ojos pasando olímpicamente de las suplicas de su padrino, que se jodiera, bien se lo merecía. No sabía nada más que decir estupideces y cabrear a las mujeres, eso le pasaba por no cuidar su lengua delante de su madre, más estando esta embarazada.
~Fin flash back~
Suspiró tras rememorar el momento, quizá su padrino tuviera razón, pervertido o no era un hombre con experiencia. Bien... su madre también tenía razón, no podía besarlas a las dos a la vez, Sakura le mataría seguro y Hinata quién sabe. Pero sí podía imaginarlo, no podía ser tan distinto ¿no?. Cerró los ojos y respiró hondo dándose valor, 'vamos tú puedes -ttebayo' pensó.
Primero visualizó a la pelirrosa delante suyo, sonriendo como siempre, e imaginó que se inclinaba y la besaba. Intentó recordar el tacto de los labios de Sakura, que aluna vez que otra lo había besado en la mejilla. Analizó lo que sentía, una ligera presión en el estómago y una sensación parecida a la satisfacción entre otras cosas. Bien, hasta aquí todo normal, era lo que siempre sentía cuando pensaba en como sería hacer algo.
Después visualizó a Hinata, su ceño se frunció sin querer al imaginarla sonriendo tímidamente y con las mejillas coloreadas. Imaginó como se inclinaba lentamente hacia ella, posando sus labios sobre los suyos.
Abrió los ojos tanto como los párpados le permitían, con la respiración agitada nuevamente. - Mierda... ¡mierda! - volvió a jalarse del pelo arrancando algún que otro cabello.
Eso había sido más intenso de lo que había esperado.
Al imaginar que besaba a Sakura su mente se detuvo y logró analizar lo que sentía, pero al imaginarse con Hinata su mente había desfasado. Su suave roce de labios se había convertido en una caricia ardiente y todo había sido tan real que por un segundo pensó que apretaba las caderas de la morena en lugar de los brazos del sillón.
- Joder... ¡mierda! - todavía podía sentir la presión en su pecho, con el corazón latiendo deprisa y un cosquilleo en el estómago.
Estaba claro, quería a Sakura, pero ya no sabía si de la misma forma que antes, dudaba incluso si lo que él creía que era amor realmente lo había sido. Con Hinata era todo tan distinto que se sentía realmente confuso. Quizá sólo era la novedad del momento, al fin y al cabo la morena era hermosa y gentil, cualquier hombre se sentiría atraído. Dios... que malo era pensando, él era más bien un hombre de acción. Ese pensamiento le dio una idea que le provocó vértigo y lo sonrojó.
Se levantó y se encaminó hacia la habitación sintiéndose un pervertido, pero necesitaba comprobarlo, quería saber si era un capricho o no. Según Jiraiya así podría averiguarlo ¿no? La besaría y así sabría si sólo era pura física o algo más.
Cuando estuvo a su lado volvió a inclinarse sobre ella, cerró los ojos temiendo echarse atrás si veía su hermoso rostro. Se acercó hasta sentir el aliento femenino sobre su boca y el pulsó se le aceleró. Siguió acercándose lentamente hasta que por fin sus labios hicieron contacto, la sensación fue devastadora. Primero sólo fue un roce pequeño, que le hizo sentir una electricidad que empezaba n sus labios y se extendía por el resto de su cuerpo. Después apretó un poco más sus labios con los de ella, degustándolos, sabían a la fruta que habían comido hacía unas horas, y sintió calor.
Se separó unos milímetros y entreabrió la boca, sacó su lengua y la paseó por el labio inferior de la morena, después hizo lo mismo con el superior. Cuando le pareció suficiente volvió a presionar sus labios sintiendo la humedad de su propia saliva, y lo supo. Supo que no sólo había física, que la había, más que nunca con ninguna otra mujer, sino que había algo más. Lo supo porque había conseguido detenerse, porque quería que ella estuviera despierta y compartiese la misma sensación que él estaba sintiendo.
No era su primer beso, tampoco era tan tonto como para no aprovechar las oportunidades que se le habían presentado, pero nunca le había importado lo que sintiera la persona que tenía delante. Su único objetivo había sido siempre experimentar, aprender, pero ahora quería que fuera algo de dos. La intensidad de esa necesidad le asustó, ¿era posible sentir tanto en tampoco?
Se levantó contemplando una vez más a la morena antes de sentarse suspirando en un sillón junto al crepitante fuego. Sólo tenía certeza de una cosa, para bien o para mal... estaba jodido, jodido y sin gusto.
- Kami... échame una mano.
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Sakura anotaba en una pequeña libreta todo lo que le pudiera resultar de utilidad sobre la interacción de Juugo con esos pequeños animales que parecían acompañarle siempre. El muchacho le había permitido amablemente examinarle tras un extraño brote psicótico que le había hecho emanar una energía descomunal y poco común. Al principio se había asustado por la violencia que mostraba el siempre pacífico muchacho, pero al ver la forma de actuar de los otros tres supo que esos brotes se daban con frecuencia y se relajó lo más que pudo.
Al parecer una parte de su cerebro, en los lóbulos parietales, segrega una sustancia que provoca arranques de ira. La fusión de todo con su esencia energética natural tenía como consecuencia una brutal modificación de su energía que era demasiado compleja como para analizarla con tan pocos medios. Según le había confesado Suigetsu 'el pederasta' había encontrado la manera de usar esa energía como catalizador para hacer experimentos, eso había avivado su curiosidad pero siguió sin atreverse a preguntar nada. Lo más sorprendente fue ver como Sasuke había logrado calmar al grandullón con una sola mirada, había sido increíble.
Tras un par de apuntes más cerró su libreta concluyendo por el momento, parecía también que esa anomalía le permitía sintonizar su cerebro con el de ciertas especies animales.
- Esto es todo por ahora Juugo, muchísimas gracias, has sido realmente amable – Sakura sonrió al ver como el pelinaranja se sonrojaba mientras asentía quedamente, seguro que aún se sentía avergonzado por su comportamiento pero no era culpa suya.
- No es problema Sakura-san – miró al cielo, que empezaba a encapotarse nuevamente, y lanzó un suspiro – Se está haciendo tarde... espero que vuelvan pronto.
- Tienes razón... están tardando mucho – habían parado en un claro cercano a un río porque Sasuke y Suigetsu así lo habían querido. El primero porque quería darse un baño, y el segundo con la escusa de hidratarse. Sakura se preguntó si la lluvia de la noche anterior no había sido suficiente, quizá necesitaba cantidades ingentes de agua para mantener su estructura molecular estable. Incluso Karin había desaparecido diciendo que necesitaba un momento de soledad para despejarse. - Iré a buscarles, en seguida vuelvo.
Se encaminó hacia el lugar por el que había ido Sasuke, iría a buscarle en primer lugar. Al cabo de unos minutos llegó a la orilla del río pero no encontró a nadie, buscó durante un rato y nada. Frunció el ceño extrañada, estaba por marcharse cuando unos ruidos procedentes de unos arbustos llamaron su atención. Se acercó lo suficiente como para identificar qué eran, pero cuando lo hizo se quedó petrificada.
Eran... gemidos. Eran los gemidos de un hombre y una mujer.
Su corazón se saltó varios latidos cuando comprendió la situación , ahora lo entendía todo. Ahora entendía por qué Karin la miraba siempre como si quisiera arrancarle la cabeza... eran celos. Seguramente ella y Sasuke eran algo, y la pelirroja había notado como miraba al morocho como una idiota.
Comenzó a andar con pasos lentos de nuevo al pequeño claro, apretó los puños hasta casi hacerse sangre con las uñas. Dios... que tonta había sido, debería haberse dado cuenta, siempre había tenido grandes dotes de observación. Bueno, no importaba, tampoco es como si estuviese enamorada de Sasuke o algo así, sólo lo conocía de dos días así que lo que ese energúmeno hiciese con su vida amorosa o sexual no era asunto suyo.
Pero si no era su asunto ¿por qué le dolía el pecho?. O ¿por qué le escocían los ojos por las lágrimas retenidas?.
- ¿Dónde estabas? - la respiración de Sakura se cortó al escuchar esa voz. Levantó el rostro confundida para encontrarse con Sasuke a escasos metros suyos.
El moreno estaba de pie mirándola severamente, con su ropa impecable, de su cabello escurría alguna que otra gota de agua. Frunció el ceño y miró a su alrededor, sin darse cuenta había llegado al claro, Juugo parecía dormir en el mismo lugar en el que lo dejó.
- ¿Sakura? - volvió a fijar su atención en el pelinegro que la miraba esperando una respuesta. ¿Qué demonios hacía él ahí?. Si hace un momento estaba con Karin en... Volvió a escanear el lugar, si Juugo y Sasuke estaban ahí los únicos que faltaban eran...
Abrió los ojos y la boca formando tres perfectas 'o', al cabo de dos segundos comenzó a reír de dicha como una demente. El corazón le comenzó a latir fuertemente de puro alivio, y un par de lágrimas se escaparon de sus ojos.
Sasuke arqueó una ceja, era oficial... esa mujer estaba como una cabra. Miró el lugar por el que la había visto aparecer y una sonrisa casi imperceptible adornó sus labios, seguramente se había topado con Suigetsu y Karin haciendo de las suyas. Seguro que ese par de estúpidos aún se creían que él no sabía que tenían 'escarceos amorosos' desde hace algunos meses. Miró a Sakura, que seguía riendo con histeria, y su sonrisa se ensanchó, seguramente habría creído que Karin estaba con él. No la culpaba, porque esa era la dirección que había tomado, pero luego recordó que había una cascada no muy lejos y no se pudo resistir, le encantaban las cascadas. No sabía por qué, pero esa reacción de la ojijade le hacía sentir halagado y con el ego ligeramente hinchado.
Sakura se acercó a él dando saltitos, reprimió el impulso de estrujarlo en un abrazo y en su lugar le sonrió como si le hubiesen dado la alegría más grande de su vida. Lo vio rodar los ojos, darse media vuelta y sentarse en una gran roca dándole la espalda. Aún así no pudo dejar de lanzar risitas de vez en cuando, para bien o para mal el pelinegro sí que le gustaba, y mucho.
Sasuke suspiró intentando borrar de su retina el rostro sonriente de Sakura, por más quisiera no tenía sentido negar que la sonrisa de la chica era hermosa. Se acomodó mejor sobre la roca, seguramente a Karin y Suigetsu aún les quedaría un buen rato. Esperaba por su bien que volvieran antes de que el cielo terminase de encapotarse, o él mismo iría a buscarles y se aseguraría de recordarles quien mandaba ahí.
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Xiitah estaba sentada en el sofá de la pequeña cabaña de madera con una taza de té entre sus manos que no había ni probado. Los demás hablaban con un extraño perro parlante que les contaba que una tal Sakura se había marchado a quien sabe donde. Akamaru y Chessá se habían quedado fuera vigilando por si los secuestradores de su madre decidían buscarlos, pero ella sabía que no sería así.
Suspiró con pesadez recordando las palabras de su madre, le había dicho que toda esta historia había comenzado casi dos décadas atrás, y que había sido algo inevitable aún con su desarrollada precognición. Que mucha gente había sufrido mucho, especialmente un tal 'Clan Uchiha', y que todo dependía de un chico llamado Naruto y una chica llamada Hinata. Que su empatía les ayudaría, y que confiaba en ella para que todo tuviese un final feliz. Al parecer su madre sabía que esto pasaría desde hacía años y había dejado pistas desperdigadas por ahí.
Ya la había visto hacer cosas de ese estilo otras veces, como cuando conoció a su padre. Supo que el hombre moriría joven a causa de una enfermedad, pero también supo que era su otra mitad y que ella nacería de su unión, así que se dedicó a hacer todo lo que pudo para ir cambiando sus destinos y que fuesen lo más felices posibles. Cerró los ojos con fuerza sintiendo las lágrimas acudir nuevamente a ellos cuando recordó los momentos tan felices que había vivido con su madre en su aldea. Los abrió cuando sintió una mano posarse sobre la suya y quitarle la taza de té.
- Llevo llamándote cinco minutos Xiitah – Kiba dejó la taza sobre una mesa - ¿Estás mejor? - la joven asintió pero supo que era mentira, lo veía en sus ojos - ¿Crees qué podrás contarnos lo que ha pasado? - tras unos segundos, y con los ojos de todos enfocándola, empezó a hablar.
- Como ya le conté a Kiba, hace unas semanas secuestraron a mi madre y he intentado encontrarla sin resultados hasta ahora. Cada vez que daba con su rastro cerca desaparecía de pronto, ya habéis comprobado por qué – todos asintieron recordando como esos hombre se evaporaron en el aire, sin duda alguien poderoso estaba detrás de todo aquello.
- ¿Por qué tu madre es tan importante? - kakashi la miraba con ojo clínico, no tenía tiempo ni ganas de andarse con rodeos, no con Naruto y la chica perdidos por ahí y Sakura acompañando a ese extraño grupo descrito por Pakun. Todo se complicaba, y tenía un mal presentimiento.
- Mi madre es la más poderosa de los miembros de mi tribu, todos poseen alguna cualidad que les hace especiales, pero ella es increíble. Posee el don de la precognición, todo el mundo la conoce como 'el faro de la niebla', es un tonto juego de palabras – rió sin gracia sintiendo la estupefacción de los demás.
- Conozco ese nombre, no sabía que la vidente más famosa de este país fuese tu madre – kakashi estaba tan sorprendido como confuso.
- Joder... ¿en serio tu madre puede ver el futuro? - asintió encogiéndose de hombros a la pregunta de Kiba. - Pero... si es vidente ¿no se supone que debería haber visto a esos idiotas venir? O haber pedido ayuda o algo así.
- Ahí está la cosa Kiba, mi madre sí los vio, los ha visto desde hace años, ella misma me lo dijo. Sin embargo ha dejado que todo esto pasara, dijo que estaba ayudando a alguien para salvar a muchas personas. - se masajeó las sienes sintiendo que pronto le dolería la cabeza.
- ¿Puedes ser más concreta? - pidió Shino amablemente, Xiitah tan sólo sispiró.
- Dijo que esto empezó hace casi veinte años y que la vida de muchas personas está en juego. También dijo que sabría qué hacer en el momento oportuno, que lo sentiría – todos se quedaron meditabundos.
- Kami bendito... cuanto misterio. ¿Tanto le habría costado a tu madre ser más precisa? - Kiba también presentía un futuro dolor de cabeza, los rompecabezas no se le daban bien.
- Me dijo lo que creyó conveniente decirme, tampoco es que tuviéramos mucho tiempo – ambos bajaron la cabeza con tristeza.
- Mm... lo más importante ahora es encontrar a Naruto – el peliplateado no se quedaría tranquilo hasta que tuviera al rubio y la chica delante suyo.
- Mi madre mencionó ese nombre, dijo que debía proteger a Naruto y Hinata, que eran la clave de todo. No lo entiendo muy bien. - Kakashi se rascó la nuca nervioso, eso no hacía más que confirmar sus sospechas. La pregunta ahora era quién estaba detrás de todo y qué necesitaba de Naruto, esperaba que no fuera lo que estaba pensando o estarían en serios problemas
- Mierda... debemos encontrarlos cuanto antes.
- Creo que en ese sentido estamos de suerte – todos la miraron extrañados – Mi madre me dijo que no debíamos preocuparnos, que estarían bien, y de paso me dijo donde debemos buscarlos
- En ese caso vámonos cuanto antes – se levantó dispuesto a marcharse en ese mismo momento.
- Kakashi-sensei ¿qué pasará con Sakura? - preguntó Shino.
- Me temo que tendrá que arreglárselas sola hasta que lleguen los refuerzos, ahora mismo no es nuestra prioridad. Tampoco sé quién le mandó marcharse de esa manera con unos desconocidos – ya hablaría con su discípula muy seriamente en cuanto la tuviese delante.
- ¡Oh! Casi se me olvida. Sakura ya pensó en eso, antes de marcharse dejó esto – el pequeño can metió su hocico debajo del sofá, del que sacó una carta de colores pastel que le entregó a Kakashi.
- Muy lista – esa carta servía para indicar la situación de su dueña, en este caso Sakura. Si la pelirrosa sufriera algún daño la carta comenzaría a brillar y señalaría la posición de la misma. - Pongámonos en marcha.
Todos comenzaron a salir de la cabaña, pero justo cuando sólo quedaban Xiitah y Kiba por salir, esta le detuvo agarrándole la mano. - Oye Kiba
- ¿Si? - el chico perro la miró interrogante sintiendo un hormigueo en la mano que ella tocaba.
- Yo... quería darte las gracias. Sé que a veces es difícil tratar conmigo y aún así lo has hecho. Muchas gracias chucho – tan rápido como pudo se acercó a él dándole un beso en la mejilla y saliendo de la cabaña a toda prisa.
Kiba se quedó anonadado unos segundos, rozando su mejilla con los dedos, antes de sonreír como un tonto y salir corriendo tras los demás.
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- ¿A qué demonios crees qué estás jugando Chise? - la peliblanca mantuvo su rostro impasible a pesar de mirar fijamente los espeluznantes ojos rojos de su interlocutor.
- No debería alterarse tanto Uchiha-san, los años no perdonan a nadie, debería cuidar su salud – el aludido frunció el ceño exasperado, a veces esa mujer lo enervaba.
- Y a ti no debería preocuparte mi salud, deberías estar más preocupada por la tuya – Chise suspiró, eso era lo único que no le preocupaba. Ya había visto como iba a morir y no tenía miedo, de hecho lo haría mil veces si fuera necesario.
- Yo ya sé lo que va a ser de mí, así que no me angustia.
- ¡Oh sí! Se me olvidaba... tienes un don - la miró intensamente durante unos segundos. Hacía varias semanas que logró hacerse con ella, y gracias a sus poderosos ojos había logrado ver directamente de su mente lo que ella veía para así tener todo bajo control. Pero desde hacía un tiempo tenía la sensación de que había logrado burlar el sharingan de alguna manera - ¿Cómo lo haces? - la peliblanca le miró fingiendo demencia, aunque sabía perfectamente a qué se refería - No te hagas la tonta, sé que has encontrado la manera de burlar a mis ojos y que me ocultas parte de tus visiones.
- No tengo la menor idea de lo que me habla Uchiha-san- sonrió recordando la razón de que hubiera logrado ocultar parte de sus visiones, las que ella creía convenientes.
Sólo el byakugan era capaz de anular la hiperinducción del sharingan, lo único que lamentaba era que para eso, una mujer debía permanecer en estado de coma en manos de esa sabandija de Danzou.
- ¡Deja de jugar conmigo! Ya sabes lo que le puede ocurrir a tu preciosa hija si no cumples con tu parte del trato, así que espero que no le hayas contado nada – nunca le había gustado amenazar a las mujeres, pero estaba dispuesto a cualquier cosa con tal de vengar el honor de su familia y destruir Konoha.
- Y tú sabes, sin necesidad de usar esos malditos ojos, lo que ocurrirá si tocas a mi hija, que no se te olvide nunca que sólo te ayudo porque el miserable de Danzou es un mal aún mayor de lo que eres tú – le observó retándolo con la mirada, y supo que había ganado cuando lo vio desviar la vista - Tranquilo, no le he contado nada a mi hija que pueda perjudicar a tus planes – y no era mentira, todo lo que su hija sabía también serviría para ayudar al Uchiha, claro que como venganza se había asegurado que sufriese un poco.
Todo era demasiado triste e injusto, ese hombre no era mala persona pero se había visto obligado a hacer cosas horribles por culpa de la avaricia de un anciano demente. Sus pupilas se dilataron de repente viendo en su mente como una mujer pelirroja, que estaba embarazada, era secuestrada por unos hombres enmascarados. Frunció el ceño, al parecer ya todo había comenzado.
- Danzou acaba de mover ficha, asegúrate de que su espía sepa donde estará el Uzumaki con la Hyuga – el moreno asintió suspirando y se marchó del lugar.
En cuanto se quedó sola se dejó caer sobre el camastro, estaba muy cansada. Se tumbó en el lecho y cerró los ojos, segundos después los abrió, pero ya no estaba en aquella incómoda habitación. Un hermoso y colorido valle se extendía bajo sus pies, al mirar al frente pudo ver una mujer de largo cabello oscuro que sonrió al verla.
- ¡Chise! La mujer se acercó corriendo a ella. Quería abrazarla pero sabía que al hacerlo la atravesaría, después de todo sólo eran proyecciones astrales de sí mismas.
- Hanna ¿cómo estás?
- Bueno... no me quejo – intentó que sonara como un chiste pero dada la situación la gracia era más bien poca - ¿Cómo está mi hija? - preguntó en voz bajita, la echaba muchísimo de menos, al igual que a su hija pequeña y su marido. En cuanto despertase de ese maldito trance iría y besaría a su marido, añoraba besar a ese gruñón.
- Está bien, sigue con Naruto y todo va como debe ir, ya sabes... - levantó las cejas sugestivamente.
- ¡Dios! Mi niña con el hijo de una de mis mejores amigas ¿quién lo diría? - rió al recordar a su pelirroja amiga pero su sonrisa se borró al ver la expresión de la peliblanca - ¿Q-qué ocurre?.
- Es Kushina – la morena la miró asustada sin atreverse a preguntar – Danzou se hará con ella pronto, y le hará algo que pondrá en peligro su vida – la ojiblanca se puso pálida.
- ¿Y... y el bebé?
- Ahí es a donde voy, si Danzou consigue salirse con la suya tanto Kushina como el bebé morirán. Por eso quiero que hagas lo siguiente – Hanna asintió con vehemencia. - Cuando llegue el momento del que te hablé, quiero que dejes de protegerme del sharingan, y que protejas a Kushina.
- ¿Cómo? - Hanna estaba confusa, si dejaba de protegerla del influjo del sharingan estaría en peligro – Pero si Danzou no posee el sharingan, ¿para qué quieres que proteja a Kushina?
- Hanna por favor confía en mí ¿sí? Es la única manera de que ella y el bebé tengan una oportunidad – la morena asintió no muy convencida, pero si el faro de la niebla pedía algo valía la pena no contradecirla. - Alegra esa cara anda, todo saldrá bien, pronto podrás volver a ver a tu familia. - la Hyuga sonrió de oreja a oreja.
- Tienes razón, han pasado muchos años. - suspiró ansiosa hasta que recordó una cosa - Oye... todavía no me has contado como piensas hacer que Danzou me libere del coma. - comentó curiosa.
- Es un secreto - Chise se sintió culpable, no le estaba contando toda la verdad. No podía contarle lo que iba a pasar, y no había podido decirle que Hinata era necesaria para los planes del Uchiha porque era única.
Ella era vidente de nacimiento pero Hinata no, había adquirido su don de una forma poco usual, y eso había sellado su destino. No quería preocupar a Hanna, confiaba en la fuerza de todos para que saliesen triufantes, ya había sufrido demasiada gente. Por el momento debía concentrarse en ocultar a Sakura por completo, ella era una pieza muy importante también y el Uchiha no debía saber de su existencia, no aún.
- Tengo que marcharme ya Hanna, recuerda lo que te he dicho – la morena asintió.
- Hasta pronto Chise – se despidió sacudiendo la mano.
Chise cerró los ojos y al abrirlos volvía a estar tumbada sobre el camastro. Se acomodó lo más que podía con intención de dormir rogando a Kami que todo saliese bien, o no se lo perdonaría nunca.
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¡Muy buenas! Aquí traigo el capítulo cinco que es especialmente largo, espero que os haya gustado.
Ya veis que Narutín está confuso, ¡y le ha robado un beso a Hinata! ¡Que malote! ¿Qué pasará ahora?. Y Chise puede comunicarse con Hanna... que complicado jajaja. En fin, paso a contestar reviews:
· Sakura1983: ¡Muchas gracias xiki! Aquí tienes capi nuevo, espero que te guste y ¡ÁNIMO!
· Guest: jajaja ¡vaya tela! Sip.. todo se complica y en este capítulo más ;3. Espero que te guste ¡un abrazo!
· DeaneW: ¡Muchas gracias por tu review! Me alegra que te haya gustado, yo también creo que Naruto y Hinata son perfectos (muajaja), espero que este capítulo también te guste te guste. Lo de no agobiarme... ya veremos ;3, ¡un besete!
· Whitecloud87: ¡Gracias por tu review! en este capítulo Naruto a dado un 'pequeño' salto, pero es necesario (ya verás por qué). Xiitah también me parece divina. Lo de la pillada desnuda es que quería que no fuese algo típico, esta Hinata es un poco menos ella, ten en cuenta que no lleva toda la vida enamorada de Naruto. Si antes odiabas a Danzou esperaté un poco y leerás jaja
Besetes y abrazos
~Nune-chan~
