¡Holaaaaa! Sí, sigo viva, y muy avergonzada por haber cogido por costumbre el retrasarme tanto. En serio lo siento muchísimo. Antes que nada quiero decir tres cositas:
I- ¡FELIZ AÑO! Con retraso (para variar).
II- ¡SIENTO MUCHO TANTO RETRASO! No puedo decir otra cosa que lo siento.
III- GRACIAS a todos los que me dejáis reviews y le dais a favorito, en serio estoy muy agradecida, y os pido nuevamente disculpas por este horrendo retraso.
Sin más os dejo con el sexto capítulo, espero que os guste.
CAPÍTULO 6:
Punto de inflexión
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/Hinata estaba de pie en aquel gigantesco lugar de rocosos y antiguos tabiques. Gruesas lágrimas escurrían por sus mejillas mientras daba pasos hacia atrás, hasta que chocó contra una pared. Una enorme figura de aura roja con forma de zorro y nueve colas se acercaba a ella sonriendo de manera amenazante. Un hombre cuyo rostro no podía distinguir estaba tras dicha figura, parecía manejar a aquella criatura como un titiritero a su marioneta.
Sollozó sintiendo un calor sofocante envolverla haciendo que se sintiese mareada y con nauseas. Oyó la distorsionada voz del hombre como un eco lejano mientras sentía sus ojos cerrarse, como si sus párpados estuviesen hechos de plomo.
- Ya eres mía pequeña.
Quería moverse pero su cuerpo no le respondía, estaba demasiado asustada. Notó como se deslizaba lentamente por la pared hacia el suelo, y de sus labios salió una última palabra antes de que todo se volviese negro. Una sola palabra que sonó como una súplica, porque sabía que su única esperanza era que esa palabra llegase a oídos de la persona a la que estaba dirigida.
- N-Naruto... /
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Naruto estaba sentado junto al casi extinto fuego de una manera poco decorosa, unas visibles ojeras adornaban sus párpados inferiores. Nadie que viera su expresión en ese momento sentiría ganas de acercarse a un radio menor de dos metros. Y es que no había podido dormir ni un solo segundo, se sentía mortificado por su acción del día anterior.
Se había atrevido a robarle un beso a Hinata.
Se revolvió el cabello por milésima vez, a estas alturas poco le importaba si se dejaba la cabeza llena de calvas, se lo merecía. No sabía que bicho le había picado o que clase de locura transitoria se había apoderado de su mente para haberse atrevido a hacer algo así. Pero cuanto más tiempo pasaba sólo una cosa ponderaba en su mente, ese beso le había gustado, demasiado.
Suspiró intentando disipar la maraña de sensaciones que invadía su cuerpo, pero no le sirvió de mucho. Se preguntaba como iba a poder mirar a Hinata a la cara nuevamente si se sentía como un corrupto. Bueno... lo cierto es que no debía importar como se sentía él, su misión era llevarla con su familia ilesa, y un beso robado no hacía daño a nadie, ya rendiría cuentas con el Karma más adelante.
Sus ojos empezaron a cerrarse lentamente cuando un sonido similar a un quejido procedente de la habitación donde la morena descansaba llamó su atención. Al mirar en esa dirección sus ojos se abrieron de golpe y se levantó del suelo como impulsado por un resorte. El cansancio desapareció y su pulso se aceleró.
- ¡Hinata! - la chica estaba apoyada en el umbral de la puerta, su menudo cuerpo temblaba agitado por el llanto y su cara estaba pálida como la nieve. Se acercó a ella en menos de un segundo pero no supo que hacer. - ¿Hi-Hinata? - esta se lanzó a su pecho aumentando el volumen de sus sollozos, todavía podía sentir el miedo y la angustia.
- N-Naruto-kun... y-yo... - su intento de explicarse se vio interrumpido cuando el rubio la estrechó fuertemente entre sus brazos mientras le acariciaba la espalda y el cabello con ternura. Su llanto volvió a intensificarse pero esta vez de alivio, ahora se sentía a salvo.
- Tranquila Hinata-chan, sólo ha sido una pesadilla, no pasa nada. – al parecer las pesadillas eran una constante en la vida de la morena, ella misma le había dicho que cada vez eran peores, y no poder ayudarla le hacía sentir impotente.
- Naruto-kun c-creo que no era s-sólo una pesadilla – el rubio frunció el ceño confuso.
- ¿Qué quieres decir?
- Es que... desde hace un tiempo... s-siempre sueño con la misma cr-criatura, una que n-nunca he visto – hizo una pausa para calmar el soponcio que no la dejaba hablar con claridad. - Le hace d-daño a la gente.
- ¿De qué criatura se trata Hinata-chan? - la sintió suspirar y apretó un poco más su agarre para infundirle algo de valor.
- Es un animal enorme de color rojizo... con un aura muy fuerte, que quema. Es una especie de... zorro con nueve colas, y sus ojos... d-dan mucho miedo – Naruto se quedó rígido sintiendo como el calor escapaba de su cuerpo. No podía ser cierto, la criatura que Hinata describía no era otro que... Kurama.
- Y... ¿Q-qué es lo que...has soñado? -
- Yo... estaba en un lugar enorme que no conozco, esa criatura se acercaba a mi, me sonreía como si yo fuese su presa. Había un hombre detrás, no podía ver quien era pero él manejaba a ese animal y me quería a mí. Casi lo tenía encima y entonces yo te... te llamaba, esa criatura m-me hacía d-daño – su voz volvió a entrecortase al recordar el sueño, lo había pasado realmente mal.
El rubio lo notó y se separó ligeramente para ver su cara, el corazón le empezó a latir tan fuerte que casi le dolía. Sus opalinos ojos brillaban anegados en lágrimas, tantas que algunas se escapaban de ellos y se deslizaban por sus mejillas, que se sonrosaron de repente, y su labio inferior se sacudía con pequeños temblores. Que estuviera tan asustada lo detuvo de cometer otra imprudencia, no sabía si era cosa suya o no, pero cada vez la encontraba más bonita. Comenzó a secar sus lágrimas con los pulgares y la miró con una determinación que la hizo sonrojarse totalmente.
- No tienes nada que temer Hinata-chan, yo cuidaré de ti y me encargaré de que vuelvas a tu casa sana y salva aunque sea lo último que haga. ¡Yo te protegeré! Es una promesa y ni nada ni nadie me va impedir cumplirla ¡dattebayo!
La sonrisa de determinación que se instaló en los labios masculinos hizo que las rodillas de Hinata temblaran. Se veía realmente apuesto de aquella manera, y no podía dejar de mirarle con absoluta fascinación. Con una tímida sonrisa volvió a abrazarse a él, se sentía más segura así que en ninguna parte.
– Arigato Naruto-kun – suspiró feliz sintiendo latir su corazón en los oídos cuando el rubio correspondió el abrazo con una sonrisa zorruna y levemente sonrojado. Se mordió el labio sabiendo que tenía un serio problema, porque no le hacía falta ser un lince para darse cuenta de que... se había enamorado por completo de su protector.
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Minato se paseaba de un lado a otro de su despacho como un animal enjaulado, su ceño estaba fruncido y el rictus de su cara prometía verdadero dolor a aquel que osase tocarle las narices. No entendía como podía haber pasado, por la mañana se había despedido de su esposa con un candente beso y al volver a casa, entrada la tarde, todo estaba patas arriba y no había rastro alguno de ella. Y él no se había ni enterado, era inaudito, sólo había algo en su salón que desentonaba, y dudaba que la persona que lo había dejado lo hubiera hecho sin darse cuenta. Sabía que su mujer seguía viva puesto que si ese hombre hubiera querido matarla ya lo habría hecho. Pero tanto ajetreo no era nada bueno para su delicado estado de salud, menos si la quería para lo que él creía.
Ya había movilizado a todo el mundo para encontrar alguna pista sobre el paradero de su mujer, sólo le faltaba un cabo por comprobar. Estaba esperando a la única persona capaz de darle una explicación del por qué alguien que se supone estaba muerto había allanado su casa y secuestrado a la madre sus hijos. Tan sólo un par de minutos después ese alguien entró en su despacho sin siquiera llamar.
- Minato ¿qué ha pasado? - Tsunade había acudido corriendo a su llamada en cuanto se había enterado. La mirada glacial que le dedicaba el rubio la paralizó al instante en medio de aquella sala, pero más la paralizó el objeto que Minato tiró con desprecio delante de ella.
- ¿Qué demonios significa esto Tsunade? – la voluptuosa mujer tan sólo se mantuvo en silencio – Se supone que tú ocupas mi puesto como líder de Ki mientras Kushina lleva a término su embarazo, pero recuerdo claramente haberte dicho que me informases de todos y cada uno de tus pasos, sobre todo los que atañen a gente tan peligrosa como esa sanguijuela de Danzou – Tsunade recogió el bastón que ese viejo solía usar asegurándose de que no era ningún truco, cuando lo hizo suspiró sin atreverse a mirar al hombre frente a ella.
- Yo... lo siento mucho... es que... recuerda que la base de Raíz voló por los aires. No había pruebas de que Danzou siguiese con vida y no quería preocuparte más de lo... - un golpe sobre el escritorio detuvo su aclaración.
- ¡¿Qué no querías preocuparme?! ¡Por el amor de dios Tsunade, conoces a Danzou desde hace mucho más tiempo que yo! ¡Sabes perfectamente cuanto le gusta engañar a los demás! – hizo una pausa para recuperar el aliento viendo la culpa fulgurar en los ojos de la mujer – ¡Se supone que puedo confiar en ti, si tú me dices que todo está bien yo te creo! ¡Mira lo que ha ocurrido por culpa de tu falla!
- ¡Deja de gritarme niñato! - también golpeó el escritorio haciendo crujir la madera peligrosamente – Escucha... llevas toda la razón, he cometido un error y eso ha ayudado a que tu mujer sea secuestrada con relativa facilidad, pero no creas que eso me agrada. Estoy tan disgustada como tú, recuerda que he supervisado el embarazo de Kushina desde el principio – Minato relajó su expresión y se dejó caer pesadamente sobre su sillón de cuero.
- Discúlpame Tsunade, por favor, es que estoy realmente preocupado – se sentía culpable por haberla pagado con ella, a fin de cuentas todos cometemos errores, y Tsunade sólo era una víctima más de la demencia de Danzou.
- Lo sé, y no tienes que disculparte, asumo mi parte de responsabilidad. - vio como el rubio se pasaba las manos por la cara apesadumbrado – Antes de que se te salga el alma del cuerpo deberías leer esto – le lanzó un pergamino rodeado con un cordón plateado.
- ¿Qué es? – desató el cordón y comenzó a leer el rollo con curiosidad.
- Es un pergamino que trajo Sai hace poco, de parte de Kakashi, y es... bastante interesante, iba a entregártelo cuando me comunicaron que querías verme urgentemente – Minato leía seriamente el rugoso papel, su ceño se marcaba más conforme avanzaba. Cuando terminó de leerlo se levantó de golpe caminando rápidamente hacia a la puerta. - ¡Oye! ¡¿A dónde vas?! - el rubio se detuvo en el umbral.
- A ver a Hiashi, ya se ha aprovechado lo suficiente de nuestra buena voluntad. Ahora le toca dar la cara, tiene mucho que explicarme – continuó caminando sin mirar atrás.
Tsunade parpadeó un par de veces antes de sonreír, por fin Minato iba a plantar cara a ese presuntuoso de Hiashi. Estaba segura de que no lo había hecho antes por petición de Kushina, pero ahora que estaba en peligro el rubio haría lo que hiciera falta para traer a su mujer sana y salva. Si para ello tenía que apretar las tuercas al líder del clan Hyuga no dudaría en hacerlo. La voz de Minato desde el pasillo interrumpió sus cavilaciones.
- ¿Vienes o qué? - Tsunade sonrió aún más. ¿Minato y Hiashi en la misma habitación? Eso no se lo perdía ni loca.
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Sakura estaba tumbada en el suelo de la pensión en la que habían parado a descansar antes de llegar a su destino final, según le había dicho Suigetsu sólo quedaba medio día de camino. Estaba más aburrida que una ostra, sus piernas y trasero estaban pegadas en la pared, estiradas hacia arriba, y movía sus pies dibujando figuras amorfas en el aire. Tenía los brazos estirados por encima de su cabeza, si su tía la viera le diría que esa no era postura para alguien tan disciplinado como ella. Bah... poco le importaban en estos momentos el decoro y la disciplina.
Dobló una pierna, apoyando el pie en la pared, y empezó a hacerse rulos en el pelo con los dedos cuando una sonrisa tonta se instaló en sus labios. No podía evitarlo cada vez que se acordaba de Sasuke, todo en él parecía atraerle como un imán. Su voz a pesar de escucharle hablar poco, sus ojos que parecían poder mirar dentro de ella, la forma en que cruzaba los brazos cuando estaba descansando, el movimiento de su mandíbula al comer, el sudor que escurría por su pecho después de un entrenamiento. Dejó de pensar en eso cuando sintió como el calor empezaba a acumularse en todo su cuerpo, acababa de bañarse y no era cuestión de volver a hacerlo.
- Interesante vista – se sobresaltó y ladeo la cabeza al escuchar esa voz, Sasuke la miraba divertido apoyado en el quicio de la puerta de salón donde se encontraba. Siguió la línea de la mirada del morocho y se sonrojó hasta la médula. Con su anterior movimiento la bata que se había puesto después de haber tomado el baño, se había abierto casi del todo, dejando ver parte de sus braguitas rosas.
- ¡Mierda! - se levantó tan deprisa como pudo cerrando la bata por completo, la risa amortiguada del moreno viajó hasta sus oídos – Tú... ¿n-no se supone que habías ido a entrenar? - joder que vergüenza... ¿por qué esas cosas tenían que pasarle a ella?.
- Hmp... sí, hace más de dos horas – concluyó con una sonrisa divertida, hacía rato que había llegado y la había encontrado en esa extraña posición. Podía haber pasado de largo sin hacer ruido hasta su cuarto, pero había encontrado más divertido observar como la muchacha se reía sola o se sonrojaba cada cierto tiempo.
- ¿En serio? – la pelirrosa frunció en ceño confusa, ¿de verdad había pasado casi dos horas tumbada como un despojo sin darse cuenta? El moreno tan sólo asintió - ¿Y los demás? - Sasuke se encogió de hombros, por lo que Sakura había observado ese gesto significaba 'no tengo ni idea' o 'me importa una mierda', no estaba segura. - ¿C-cuánto tiempo llevabas ahí? - preguntó en un murmullo.
- El suficiente. - acotó aún más divertido, se olía lo que venía a continuación.
- Podrías haber avisado antes – esta vez su ceño se frunció con molestia, el morocho levantó una ceja con altanería.
- No era yo el que estaba semi desnudo en medio de la sala – le encantaba molestar a la pelirrosa cada vez que tenía la oportunidad. Cosa que se daba poco, puesto que su orgullo sólo le permitía hacerlo cuando estaban a solas, y el gilipollas de Suigetsu no paraba de pegarse a ella como una lapa. Esperaba que Karin se hartase en algún momento y decidiese hacer sushi, le prestaría su katana encantado para ese fin.
- ¡No voy semi desnuda! La bata se ha abierto sin querer, no creas que me apetece que alguien vea mi ropa interior – volvió a sonrojarse ante su descuido, se le había el ido santo creyendo que estaba sola, puesto que ellos eran los únicos huéspedes en ese momento. Todos habían salido a excepción del dueño, pero ese vejete parecía haberse quedado pegado a la silla del mostrador, por lo que sabía que no era un problema. Desde que habían llegado a penas le había visto, juraría que el pobre hombre les tenía miedo, aunque los trataba con cierta familiaridad.
- Hmp... si tu lo dices – empezó a caminar hacia la cocina siendo seguido por la pelirrosa.
- ¡Sasuke-kun! ¡¿Qué quieres decir?! - Sasuke no contestó exasperándola aún más, como estaba tras él no podía ver la cara de satisfacción del morocho ante sus reacciones. Lo vio coger un bol de arroz que había en una olla enorme y sentarse a la mesa a comer, todo ello sin dignarse si quiera a mirarla – ¡Hmp! ¡Eres insufrible! - se sentó en la otra punta de la mesa y giró su cuerpo quedando de perfil.
Sasuke levantó la ceja al escucharla pronunciar ese 'hmp' tan característico en él, no sabría decir si lo había hecho a propósito o se le había pegado la manía sin querer. Observó su perfil mientras se echaba un poco de arroz a la boca, tenía una nariz bonita y una piel que se veía sedosa, y con esa expresión de enfado se veía muy sexy. Era bastante femenina cuando no se le llenaba la boca de improperios, ese pelo de tan extraño color que terminaba rizado en las puntas le daba aspecto de muñeca. Nadie que la viera por primera vez pensaría que en realidad era una fierecilla capaz de destrozar varios metros de duro suelo a la redonda si se lo proponía.
De repente la pelirrosa, que se había sentido observada, giró el rostro enfocando sus ojos en los ónice de Sasuke. Se sonrojó al ver la intensidad con la que la miraba, pero volvió a desviar el rostro mirando una ventana, debía salvar el poco orgullo que le quedaba. El morocho frunció el entrecejo extrañado, por un momento cuando los ojos verdes de Sakura le habían sorprendido en su escrutinio había sentido algo raro en el estómago. Olió disimuladamente el cuenco de arroz, pero no... el arroz estaba bien.
Tras unos minutos, en los que sólo se oía al moreno comer lentamente, el pie de Sakura comenzó a moverse con nerviosismo, no se le daba bien estar callada. Una cuestión que había estado rondando su mente le vino de pronto a la cabeza.
- Ne...Sasuke-kun... ¿puedo hacerte una pregunta? - este no contestó, pero la miró dando a entender que tenía su atención – Pues... Suigetsu me comentó que formáis equipo desde hace años, y que prácticamente vivís juntos. Me preguntaba... ¿que hay de tu familia? - los ojos ónice se oscurecieron aún más, Sakura pudo observar como los atravesaba una sombra de dolor que ella conocía muy bien – Puedes confiar en mí Sasuke-kun, yo sé lo que qu... - el sonido del cuenco impactando contra la mesa la asustó acallando sus palabras, el morocho la miraba como si fuera una criminal.
- Tú no sabes nada – su voz sonaba tan trémula que un escalofrío recorrió la espalda de la ojijade – Aborrezco a las personas como tú, vivís en vuestro mundo perfecto creyendo que podéis ayudar y entender a los demás. Pues entérate, no puedes, por que no tienes ni idea de lo que es saber que toda tu familia no existe, haber crecido sin saber lo que es una madre o un padre que te esperen en casa. Así que ocúpate de los asuntos de tu cuento de hadas y deja los míos tranquilos – respiró hondo tratando de serenarse, cuando miró a la pelirrosa esta apretaba fuertemente sus puños y estaba pálida. Por un instante se arrepintió de haber sido tan desagradable con ella, no tenía la culpa de las desgracias de su vida.
- Tienes razón – dijo Sakura en voz baja – No sé lo que es que toda tu familia no exista, o lo que es haberte criado sin padres... pero sé lo que es que un desalmado los mate sin que puedas hacer nada, tenerlo todo y perderlo de golpe en cuestión de segundos. Tener pesadillas una noche sí y otra también – los ojos de Sakura se volvieron brillantes, pero no lloraría, se negaba – Así que no vuelvas a decir que mi vida es un cuento de hadas, hace mucho que sé que la vida injusta y cruel. No vuelvas a juzgarme sólo porque no soy una amargada como tú – se levantó y caminó hacia la salida sin mirarle.
Sasuke estaba sin palabras, definitivamente esa mujer existía para ser y hacer lo contrario de lo que él pensaba. La mirada de la ojijade le hizo sentirse extrañamente pequeño, le había cantado las cuarenta como nunca se las había cantado nadie. Pero había algo en sus ojos que le hacía sentir extraño, con desasosiego, se sentía... culpable. Era la primera vez en su vida que se sentía así, y cuando la vio levantarse con intenciones de marcharse no pudo evitar levantarse y darle alcance, acorralándola contra la pared.
- ¿Qué...? - tardó un par de segundos en comprender que estaba pegada a la pared con el torso de Sasuke casi pegado al suyo. Sentir el calor de sus cuerpos mezclándose a través de la ropa la hizo sentirse nerviosa – S-suéltame.
- No – cogió un rosado mechón entre sus dedos haciendo sonrojar a la pelirrosa, era muy suave – Nunca nadie se había atrevido a hablarme de esa manera, nadie que valore su vida – se llevó el mechón a la nariz oliéndolo con parsimonia, olía dulce y ácido, como a fresa o mora.
- P-pues acostúmbrate p-porque no te tengo miedo – trataba de modular la voz para que su nerviosismo no se notase, pero estaba fracasando estrepitosamente – No eres el único que sufre en el mundo Sasuke-kun.
- Hmp... molesta – y lo era, porque le hacía pensar y sentir cosas que alguien como él no se podía permitir. Reprimió una sonrisa cuando la vio inflar las mejillas como una niña pequeña.
- Muy bonito Sasuke... primero eres cruel conmigo y ahora me insultas en lugar de pedirme disculpas. Por Kami ¿por qué a los hombre os cuesta tanto pedir perdón? Nadie se muere por eso ¿sabes? Deberíais ser más humild...
- Lo siento – la cortó, Sakura abrió los ojos y la boca impresionada ¿había escuchado bien?. El moreno sonrió de lado al ver la sorpresa en su rostro, se había disculpado para que se callase un rato, pero ver esareacción era mucho mejor.
- Oh... v-vale... n-no pasa nada – concluyó con una pequeña sonrisa, no sabía si había sido sincero o no, pero menos daba una piedra, y tampoco era rencorosa.
Se paralizó sintiendo que sus piernas se volvían de mantequilla cuando el morocho deslizó el mechón de pelo tras su oreja con una lentitud que le causó escalofríos, y no precisamente de disgusto. El corazón le empezó a repiquetear en el pecho al percatarse de que acercaba su cara peligrosamente. Pero cuando a penas les separaban un par de centímetros el moreno saltó hasta situarse en el lugar en el que había estado comiendo, dejándola aturdida. Instantes después el resto del grupo entraba por la puerta de la cocina con intenciones de comer algo, Suigetsu y Karin iban peleando y Juugo estaba tan pacífico como siempre.
- ¡No vuelvas a dirigirme la palabra en tu puta vida maldito cara de pez! - una carcajada fue lo que obtuvo de parte de Suigetsu como respuesta.
- ¡Sakura-chan estás aquí! Que gusto verte – se acercó dispuesto a pasarle el brazo por encima de los hombros como solía hacer cuando la voz del moreno se dejó escuchar.
- En dos horas nos vamos, así que preparaos – sus ojos estaban fijos en en el albino, que se guardó la sonrisa por precaución. Luego viajaron hasta los de Sakura que le miraba sin entender, pero después esta le sonrió, y se marchó indicando que iba a alistarse.
Sasuke frunció el ceño, con esa sonrisa había vuelto a sentir algo raro en el estómago pero ya había comprobado que la comida estaba bien. Se encogió de hombros y tiró el arroz que quedaba en su cuenco a la basura, total ya estaba frío, y por si acaso prefería terminar su comida con un buen par de tomates.
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- ¡Eres demasiado lento chucho sarnoso! - gritó Xiitah entre risas mientras saltaba de rama en rama.
Hacía rato que habían llegado a los albores del lugar que le había indicado su madre, pero no había más que basto y húmedo bosque rodeando un valle tan verde que dañaba la vista. Así que mientras esperaban que algo pasase, cosa que Xiitah no dudaba, Kiba y ella habían decido entrenar un rato, ninguno era persona de sentarse a esperar.
- ¡Eso quisieras! - Kiba bajó al suelo de un salto y siguió esquivando árboles notando como dejaba a la chica atrás, la cuál gruñó acelerando su carrera.
A lo lejos, en un improvisado campamento oculto por los espesos árboles, Kakashi y Shino escuchaban como se adentraban en el bosque hasta que sus voces dejaron de oírse. Kakashi leía el penúltimo capítulo de su libro 'Icha Icha Paradise: Pasión sobre la hierva' , donde Taeko, la hermana del protagonista, daba rienda suelta en medio de un bosque a su amor prohibido con Sinichi, uno de los guardas de la princesa Nana, la otra protagonista. Sonrió bajo su máscara pensando que esos personajes se parecían asombrosamente a Xiitah y Kiba, y como experto en las artes amatorias ya se había dado cuenta de cierta tensión entre ambos.
- Hn... el amor es impredecible – musitó mirando a Akamaru dormir panza arriba, y como el enorme tigre de Xiitah, Chessá, miraba la cola del can moverse de un lado a otro como si fuese su futuro alimento.
- ¿Por qué dice eso Kakashi-san? - Shino, que tenía buen oído, había podido escuchar las palabras del hombre. Kakashi ensanchó su sonrisa todavía más, pensando en que esos muchachos eran aún muy jóvenes.
- Shino... ¿te gustan las apuestas? - un poco de diversión a costa de los otros dos pipiolos no le vendría mal antes de que las cosas se pusiesen feas.
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Kiba se detuvo buscando con sus sentidos a Xiitah ¿tan atrás la había dejado? Iba a dar media vuelta para buscarla cuando un objeto fue lanzado desde un árbol varios metros delante de él, lo cogió antes de que impactase contra su cara viendo que era una piña. Con una risa la joven se dejó caer al suelo en un movimiento demasiado complicado para un humano normal. Kiba se quedó admirando su anatomía con más atención de la estrictamente necesaria, esa muchacha era un pecado, estaba seguro.
- Te he ganado Kiba-chan – dijo con burla evidente – Pero no hace falta que llores, podemos echar la revancha – pronunció con una sonrisa coqueta – Vamos, hagamos la vuelta – iba a echar a correr cuando en un rápido movimiento Kiba la detuvo del brazo.
- Antes de volver hay algo que quiero devolverte – Xiitah enarcó una ceja confusa pero empezó a ponerse nerviosa al percibir una extraña determinación en el castaño – Antes tu me diste algo en agradecimiento, yo quiero devolvértelo como premio por haberme ganado, y con intereses por supuesto – cuando la joven entendió lo que le quería decir se puso roja como la grana, recordando que le había dado un beso en la mejilla, ¿a qué se refería con lo de intereses?
Quiso decir algo cuando lo vio acercarse como un depredador pero nada consiguió salir de su boca. Un segundo después se encontraba entre el tronco de un árbol y el cuerpo de Kiba, que había pegado sus labios a los suyos de manera hambrienta. Quiso apartarlo pero su voluntad se fue al garete cuando el castaño mordió su labio inferior, 'a la mierda' pensó. Pegó sus cuerpos tanto como podía y aferró sus manos al cuello del castaño, acariciando el pelo de la zona, cosa que hizo gruñir al chico perro. Entreabrió los labios recibiendo gustosa la lengua masculina con la propia, estuvieron batallando hasta que la necesidad de aire se hizo presente.
Kiba apoyó la cabeza en el hueco de su hombro oliendo su aroma, era salvaje y atrayente, como ella. Depositó un húmedo beso en la piel del cuello sintiéndola temblar, y con una sonrisa se separó observando la imagen más erótica de su vida. La joven tenía las mejillas sonrojadas y respiraba con dificultad, su vestido estaba ligeramente desacomodado, tuvo que hacer un esfuerzo enorme por no lanzarse sobre ella de nuevo.
- Esta vez ganaré yo, Xiitah-chan – y salió corriendo en dirección al improvisado campamento, le urgía llegar y rociarse con el agua fría de su cantimplora, y también con la cantimplora de Shino.
Xiitah se mantuvo con la mirada perdida durante unos segundos recuperando la respiración, el muy maldito le había contagiado su deseo sin querer. Después una enorme sonrisa surcó su rostro y salió disparada por donde se había marchado el castaño.
- ¡Ni lo sueñes maldito chucho!
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- Chise – un hombre de oscuros cabellos entró en una habitación donde una mujer de largo cabello albino descansaba sentada sobre un camastro.
- Buenas Uchiha-san - saludó la mujer con una cordial sonrisa.
- Déjate de tonterías Chise, sabes perfectamente por qué estoy aquí. Quiero saber como va todo – dijo con voz ligeramente agresiva, la mujer tan sólo suspiró y comenzó a hablar.
- Los chicos se acercan, ya casi están por llegar al punto acordado, así que es recomendable que te movilices ya, necesitarás pillarles por sorpresa – informó con tranquilidad.
- Bien... el espía de Danzou también está informado, esa rata no tardará en llegar – apretó los puños insultando mentalmente al hombre que ansiaba lo mismo que él, aunque sus motivos eran diferentes. El tirano de Danzou quería gobernar el país del fuego y él destruirlo, empezando por esa mancha en el mapa conocida como Konoha.
- Entonces tendremos que ser más rápidos que él ¿ne Uchiha-san? - el hombre la miró serio durante unos segundos, no sabía si era cosa suya pero la mujer se veía más alicaída de lo normal.
- Chise.
- ¿Si? – le miró con un sonrisa claramente fingida, aunque ya se olía por donde iban los pensamientos del Uchiha.
- No, nada – y se marchó de la habitación tan rápido como había entrado.
Chise suspiró en cuanto estuvo sola, la hora clave se acercaba y no era el momento idóneo para tener dudas. De repente sus pupilas se dilataron y una serie de imágenes pasaron por su cabeza como una película, sus ojos se humedecieron y una sonrisa de orgullo se instaló en sus labios. Su hija aparecía en la visión, se veía hermosa y algo más madura, sonreía con un amor infinito mientras se agachaba con los brazos abiertos. De repente un precioso niño pequeño de cabellos cobrizos se lanzaba a los brazos de su hija mientras esta daba vueltas y repartía besos por toda la redondeada cara del pequeño. Un hombre se introducía en la escena abrazándolos a ambos y besando los rojos labios de Xiitah con ternura.
Secó las lágrimas que se habían escapado de sus ojos y los cerró ensanchando su sonrisa, ahora más que nunca estaba segura que lo que iba a hacer era correcto. No volvería a flaquear, haría todo lo que fuera necesario para que se cumpliese el futuro de esa maravillosa visión, todo.
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- Eso es todo Danzou-sama – concluyó un joven vestido de negro.
- Bien... regresa a tu puesto – el joven desapareció y Danzou enfocó su vista en otro muchacho enmascarado que había en la habitación – Tráemela – el muchacho asintió con la cabeza y se marchó, instantes después el mismo enmascarado volvió seguido de dos hombres que forcejeaban con una mujer que no dejaba de blasfemar.
- ¡Soltadme de una jodida vez cabrones! - el anciano soltó un carcajada haciéndola callar.
- Kushina-chan esos no son modales dignos de la mujer de un Hokague – dijo con sorna.
- Tú – susurró la pelirroja arrastrando la palabra – Cuando mi marido te encuentre no dudes que se asegurará de que esta vez acabes muerto ¡y no me llames Kushina-chan sabandija asquerosa! - se echó hacia delante con ganas de golpearle pero los hombres que la sostenían se lo impidieron.
- Tranquilízate mujer, no es bueno para el bebé que te alteres – la pelirroja castañeteó los dientes con rabia ante la prepotencia del hombre – Bueno... no te he traído aquí para discutir Kushina, sino para que me ayudes, necesito algo que sólo tú tienes – la mujer soltó una carcajada sardónica.
- Si crees que voy a ayudarte estás mucho más loco de lo que pareces.
- ¡Oh! Creo que no me he explicado bien, no te lo estaba pidiendo tan sólo te estaba informando – algo en la mirada del hombre hizo que la fémina sintiese escalofríos – Sujetadla bien – el agarre de los hombres se intensificó, Danzou se acercó lentamente a ella con un objeto extraño en las manos – Bien Kushina-chan a llegado el momento, te diría que no te va a doler pero te estaría mintiendo, eso sí, te recomiendo que no te resistas o podrías perder a tú tan ansiado bebé – escupió con veneno.
Kushina empezó a temblar realmente asustada por el destino de su bebé, a ella no le importaba morir pero no era justo que a su bebé le pasase algo antes de conocer siquiera la luz del sol. Danzou colocó el extraño objeto sobre su frente y pronunció una palabras, inmediatamente sintió un dolor tan grande que ni siquiera pudo gritar. Era como si miles de agujas le atravesasen el cuerpo, instantes después todo se volvió negro.
- ¿Ahora qué Dsanzou-sama? - preguntó uno de los dos hombres que sujetaban a la inconsciente mujer.
- Ya tengo lo que quería de la madre, ahora... vamos a por el hijo.
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- Mmm... juraría que es por aquí – murmuró un joven de cabellos dorados mientras escaneaba con la vista el lugar donde se encontraba. No había más que árboles por todas partes, y por estar demasiado interesado en los movimientos delicados de la morena que le acompañaba había perdido el hilo del camino.
- Naruto-kun ¿ocurre algo? – preguntó preocupada la joven de ojos opalinos que se encontraba un poco más atrás.
- ¡N-no Hinata-chan! ¡Claro que no! - miró sus grandes ojos y la verdad se escurrió de su boca, era horrorosamente malo mintiendo – Bueno...puede que nos hayamos desviado un poquito del camino – rió nerviosamente rascándose la nuca.
- ¡Oh! Ya veo... – 'nos hemos perdido' pensó. Sonrió al ver la cara avergonzada del rubio – Por lo menos ya no hace tanto frío – intentó consolar con una tímida sonrisa.
El rubio sonrió conmovido por las buenas intenciones de la chica, era una persona maravillosa sin lugar a dudas. De un momento a otro su sonrisa se borró y volvió a escanear el lugar, algo no andaba bien.
- ¿Naruto-kun? - preguntó confundida la chica por el cambio tan abrupto en la cara del ojiazul.
- Shh... espera un momento Hinata-chan – concentró su vista en un árbol que le quedaba enfrente, juraría que había visto algo moverse. Segundos después un manrikigusari* fue lanzado en su dirección dirección, desvió su trayectoria con un duro golpe haciendo que se estrellase contra una roca - ¡Hinata quédate aquí y no te muevas! ¡Tardaré un minuto! - estaba por lanzarse sobre quien quisiera que fuera el que le había atacado cuando un voz procedente de su espalda lo detuvo.
- Yo que tu no haría eso, si quieres que la chica quede intacta – al girarse Hinata temblaba mientras una mano cubría su boca, tras ella un hombre maduro de cabello oscuro y ojos rojizos sonreía con superioridad – Cuanto tiempo sin vernos pequeña – los ojos de la chica se abrieron asustados al reconocer la voz del hombre que la sujetaba, era su secuestrador.
- ¡Suéltala bastardo! - estaba por lanzarse sobre el tipo cuando una veintena de hombres les rodearon. Mierda... la cosa se ponía fea.
- Cálmate muchacho, no hace falta que nos pongamos violentos, podemos hacer un trato ¿verdad Hinata? - esta frunció el ceño molesta, ese hombre era un maldito energúmeno del que no te podías fiar.
- ¿Qué es lo que quieres? - preguntó el rubio con desconfianza.
- Bueno... digamos que tú tienes algo que necesito, y si me lo das prometo no hacerle daño a esta lindura – Hinata se removió inquieta.
- ¿Qué tengo qué hacer? - relajó su postura aunque sus puños se mantuvieron cerrados con fuerza, necesitaba pensar en algo que le ayudase a sacar a Hinata de ese atolladero, se lo había prometido.
- Algo muy sencillo en realidad, sólo tienes que quedarte quieto, yo me encargo del resto – el hombre profirió una risa que la morena conocía muy bien, consiguió deshacerse del agarre que cubría su boca.
- ¡No lo hagas Naruto-kun! ¡Es una trampa! - el joven la miró y le dedicó una sonrisa que hizo que se le humedecieran los ojos.
- Tranquila Hinata-chan, te sacaré de esta – no pudo hacer más que mirarla a los ojos intentando transmitir una seguridad que para ser sinceros en ese momento no tenía. Pero no soportaba verla asustada, simplemente no podía, le enfermaba.
Por un momento el hombre sintió pena al ver la forma en que se miraban, sus propios ojos destilaron ese sentimiento una vez pero las cosas no habían salido bien, Konoha se había encargado de ello. Entregó a la chica, que no estaba dispuesta a rendirse sin forcejear, a uno de sus hombres y se encaminó hacia el rubio. Sonrió sintiendo cierto orgullo al ver la retadora mirada azul, ese muchacho tenía una determinación digna de admirar.
- Sólo será un segundo... Naruto Namikaze – este se sorprendió ¿cómo demonios sabía su nombre? Pero no tuvo oportunidad de moverse, como bien le había advertido su interlocutor, en a penas un segundo los rojizos ojos del hombre parecieron incrustarse en su cerebro haciendo que se sintiese cada vez más pesado.
- ¿Q-quién e-eres? - interrogó el ojiazul mientras sentía como inevitablemente caía al suelo.
- Hmp... mi nombre es... Uchiha... Obito – contestó el moreno sin ninguna expresión en el rostro.
El rubio no podía creérselo, según sabía todo el clan Uchiha había sido exterminado cuando se rebelaron contra el país del fuego y contra el tercer Hokague ¿Cómo era posible? Recordó justo en ese momento que su madre le habló una vez de los ojos de los Uchiha, que tonto había sido al no percatarse antes. La silueta de Hinata acercándose y sus preocupados ojos fueron lo último que vio antes de que todo se oscureciese.
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Hasta aquí lo que se daba, espero que os haya gustado.
Como veis la cosa ya se pone interesante, y os informo que en el siguente capítulo ALGUIEN VA A MORIR. No puedo decir más, salvo que si os portáis bien con los reviews prometo tardar menos en actualizar, 'palabrita del niño Jesús' (y yo con eso no juego). Paso a contestar los review sin cuenta:
· Whitecloud87: ¡Muchas gracias por tu review! Llevas razón aquí el que no corre vuela. Siento el retraso, como ves no te he hecho caso, perdón. Pero aquí tienes el siguiente capi, espero que te guste.
· Sakura1983: ¡Cuki! No te preocupes más me he retrasado yo con el siguiente capi, pero aquí está. Ya sabes que estoy ahí pa' lo que quieras ¡un besete!
· Pink: ¡Así seguiré! ;3
Una cosa más, un manrikigusari* es una especie de cadena con dos pesos en los extremos que se usa para bloquear espadas, derribar al adversario...
