Los personajes son de Stephenie Meyer. Solo la trama es de nuestra autoría.
Escrito por: Yeritza Caba [Blind Wish]
Beteado por: Carla Liñan [MaeCllnWay]
Capítulo 2
Elefante rosa en la habitación
—Realmente, Ren, deberías de pensar mejor en quién te fijas ―dijo Bree mientras encendía un cigarrillo― Con tantos chicos disponibles, estás aferrada a un imposible.
La chica bufó bajito. No le molestaba la manera en que Bree la llamaba, pero a veces era un poco fastidioso que nadie en la escuela fuera capaz de decir su nombre completo. ¡Gracias, Renee! ¿No pudiste darme un nombre normal, como el resto de la gente?. Solo sus padres y su hermana parecían los únicos que podían pronunciarlo sin que sonara como un trabalenguas. Por eso, su hermana había inventado el apodo de Nessie. Claro, también tenía que ver que Renesmee era tan única como el monstruo que llevaba el mismo sobrenombre.
Cuando Bree exhaló el humo de su cigarrillo, Nessie regresó al presente, tratando de ponerle atención a lo que decía su amiga. A veces, Bree hacía "pausas dramáticas" a sus conversaciones, lo cual a veces resultaba ridículo. Renesmee tosió, agitando su mano frente a su cara, y evitó ponerle una mueca.
Fumar en propiedad de la escuela estaba prohibido, aunque los maestros tuviesen su "área" para eso, pero en cuestión de estudiantes, el asunto cambiaba. Aun así, Bree Tanner siempre tenía su cigarrillo para la hora del almuerzo y el área detrás del gimnasio era su preferida para darse una escapada. Solo en una ocasión la habían atrapado, pero no pasaba de una amonestación y una eterna charla de los efectos negativos del tabaco. Nessie tampoco se había escapado de ese castigo, aunque fuese por culpa de su amiga.
―Es decir, míralo desde esta perspectiva ―continuó luego de una calada, hablándole a la chica a su lado―: eres de primer año, una niña en realidad. ¿Y, él? Último año, mayor que tú, y más importante aún, mayor de edad, cariño ―agregó abriendo sus ojos y enfatizando lo que decía. Aunque, esa parte era una exageración, claro. Jacob aun no tenía los dieciocho años cumplidos.
Por su parte Renesmee solo se encogió de hombros y tosió nuevamente a causa de ese molesto humo. A este paso terminaría siendo más fumadora que Bree. A pesar de estar siempre con ella, Nessie solo había probado los cigarrillos un par de ocasiones, principalmente en fiestas, y no era algo que le resultara del todo agradable. Sin embargo, esto nunca fue impedimento para pasar el rato juntas. Le molestaba, sí, pero sabía que ella también tenía defectos que seguramente le molestaban a Bree.
Bree Tanner era la mejor amiga de Renesmee, a parte de su hermana Isabella. Cursaba el último año, era castaña, y hasta cierto punto era similar a su hermana Bella, pero con la diferencia de que Bree era demasiado nefasta, por decirlo sin delicadeza, y que fumaba cual chimenea. Aún así, fue la primera en intentar ser amiga de Renesmee en la escuela, cuando inició el semestre. Los padres de la pequeña Swan no estaban muy contentos con esta amistad, por obvias razones, por lo que siempre tenían un ojo puesto en la chica chimenea. Para Charlie, su padre, Bree no era más que una delincuente, por el simple hecho de no ser tan convencional como el resto de las chicas del Instituto.
—No creo que sea para tanto, Bree ―se defendió Renesmee, luego de dejar de toser casi un pulmón―. Sólo me gusta y ya. ¿Es tan difícil de entender eso? ―preguntó más para sí misma―. Está bien que sea de último año, pero, ¡vamos! Ni que le pidiese matrimonio. Con una cita o dos me conformaría ―agregó risueña y coqueta.
—Eso dices ahora, pero, ¿qué pasará cuando él quiera algo más? ¿Dirás que no? ―bufó Bree lanzando la colilla y pisoteándola para terminar de apagarla―. Ren, tú eres una niña prácticamente, Jacob es un hombre. Sólo piénsalo.
― ¿Y si eso no me molesta? ―dijo quedito―. A lo mejor, cuando él me pida algo más, yo también lo querré. Jacob es bastante apuesto, y sé que es una buena persona. No creo que sea de esos chicos que presionan a sus parejas para tener sexo.
―No sabes nada de la vida, Ren ―bufó―. No soy quien para decirte esas tonterías sobre la castidad y llegar virgen al matrimonio, pero es un paso importante en tu vida. ¿Y si más adelante te arrepientes de eso? Hay muchos peces en el mar, boba.
Odiaba cuando Bree se ponía en plan de mujer mayorcita. Sí, era tres años mayor que ella, pero no era tanta diferencia. A pesar de lo que decía su amiga, Renesmee ya no era ninguna niña. Y aunque era algo pronto de decir, algo dentro de ella le decía que Jacob era el indicado; el elegido. Podía visualizar su futuro junto a él. Era como si algo en su fuero interno le dijera que estaban destinados, como almas gemelas.
― ¡Bueno, ni que me fuera a acostar con él mañana, Bree! ―trato de aligerar el asunto―. Solo es un decir. O sea, yo quiero estar con Jacob. No sé, a lo mejor y este es el principio de una relación estable, y tal vez algún día...
― ¡Qué cursi eres, Ren! ―soltó una carcajada que no le cayó en gracia a la chica Swan, pero lo dejó pasar. No era la primera vez que hablaban del tema, y siempre terminaban en las mismas―. Nunca has tenido un novio, y ahora casi me estás diciendo que es el hombre de tu vida. ¡Por favor!
Renesmee se ruborizó con fuerza. Por supuesto que era lo que estaba pensando, pero nunca lo admitiría en voz alta ante su mordaz amiga. Trató de salvar la situación lo mejor que pudo.
―Es un estúpido baile, Bree. No te estoy diciendo que iré al Registro Civil con él ―dijo entre dientes―. Creo que, después de todo, la cursi eres tú. Estás viendo cosas donde no hay. Me gusta Jacob Black, sí, pero eso no quiere decir que vea flores y corazones a su alrededor.
Y, aunque sí lo hacía, prefirió guardarse esa información para ella misma. Jacob sacaba esa venita sentimental que no podía esconder.
Dicho eso, se levantaron y dirigieron a clase. El timbre tenía más de 5 minutos de haberse escuchado, pero ambas tenían la costumbre de llegar tarde siempre, sin importarles los escarmientos de los maestros.
Renesmee sabía ―lógicamente― que Bree sólo estaba siendo tan negativa como lo había sido desde que la conoció, un par de meses atrás. Pero aún así, sólo suspiró y siguió su camino, despidiéndose de su amiga con la mano mientras se dirigía al edificio de Artes.
Por su parte, su hermana, Isabella Swan, se encontraba ya en clase de Historia, con lo mismo de todos los grados anteriores: guerras, traiciones y presidentes. Definitivamente, no era su asignatura preferida.
Mientras la Señorita Rita seguía hablando de la Guerra de 1812, se permitió recordar la fiesta de unos días atrás, a la cual su adorable hermana la había forzado a asistir, y a la que fue con la esperanza de ver a Edward Cullen, si debía ser honesta. Aunque, al final sólo quedó con la mala experiencia de tener que aguantar a James por más de un cuarto de hora; como siempre, tratando de engatusarla, mientras que ella, por su timidez y modales, no lo mandaba al diablo.
No era tonta, sabía el historial de ese cretino y su novia ―si es que se le podía llamar así―, Victoria. Pero era un compañero de la escuela, y por más molesta que fuese su compañía, aún no llegaba al punto de insinuarle algo indecente o que se sobrepasase, pero estaba segura de que, cuando lo hiciera, tendría la excusa perfecta para utilizar esas clases de defensa personal, a las cuales su madre la había inscrito cuando tenía 13 años.
Así pasó la noche: intentando eludir a James cuando trataba de sacarle charla o invitarla a bailar, y evitando a Michel Newton, que, aunque era todo un chico guapo, según Jessica Stanley y media escuela, no lo lograba ver más que como amigo. Por supuesto, era un mensaje que el chico no había captado en más de 5 años de conocerse.
Y, como nota final, no pudo ni espiar al chico que le robaba el sueño: Edward Cullen. Porque, si Isabella Swan tenía un punto débil en su vida de adolescente, era esa persona. Lograron coincidir menos de cinco minutos, y a Bella le resultó totalmente adorable la torpeza que Edward había mostrado frente a ella. Normalmente, era ella la que se comportaba torpe e incómoda delante de otras personas, en especial él, así que un cambio de roles le pareció bastante refrescante.
Por un instante, Bella se permitió soñar con la idea de que Edward estuviera enamorado de ella, y lo que había sucedido en la fiesta no era más que una clara muestra del nerviosismo que le provocaba estar cerca de ella.
¡Sigue soñando, Swan! Le gritó su subconsciente. Edward es demasiado perfecto como para alguien tan simple y plana como tú.
—Bella, despierta de tu sueño. Ya tocaron el timbre para salir ―Ángela movió el hombro de Bella para hacerla entrar al mundo de los vivos nuevamente. Ella, por su parte, suspiró, asintiendo a su amiga y recogió sus cosas.
—Angie, tendrás que prestarme tus apuntes nuevamente ―reconoció, ruborizándose profundamente mientras Ángela reía quedito y ambas se dirigían a la cafetería.
En la casa Swan, ya era hora de cenar y, como todas las noches, los cuatro integrantes de la familia estaban sentados en la cocina disfrutando de la comida preparada por Isabella y Renesmee, para el bien de la salud de Charlie y su poca tolerancia a lo picante, quemado, salado, o crudo… o, en resumen, la comida de su amada, pero despistada esposa, Reneé.
Todas las tardes, después de escuela (siempre y cuando no tuvieran alguna extra-curricular), ambas llegaban a más tardar las tres de la tarde y, luego de un merecido descanso, si les tocaba cocinar, se ponían manos a la obra y dejaban descansar a su madre y al estómago sensible de su padre. Y durante el transcurso de la cena, los temas eran sobre la escuela, las clases pre universitarias que tomaba Bella por adelantado, el club de música de Renesmee, el trabajo del Sheriff que desempeñaba Charlie, su padre, y cualquier actividad nueva que estuviera llevando a cabo su madre.
Pero esa noche en particular, Reneé tenía una pregunta distinta.
—Así que… ¿Cómo van las citas para el baile de invierno? ―soltó, luego de concluir su resumen del curso de costura que estaba llevando en Port Ángeles.
Las reacciones en la mesa no pudieron dar más que risa para cualquier otro espectador ajeno a la familia, pero quienes estaban ahí sentados no fue así. Charlie empezó a toser el puré de papas con tan sólo mencionar el bendito baile. Por supuesto que sus pequeñas podrían ir, tan pronto como él comprobara con quiénes iban y el historial completo de los chicos en cuestión. Y no es que desconfiara de ellas, para nada, era en los del sexo masculino en los que no confiaba. Y menos en chicos de preparatoria, quienes tenían las hormonas totalmente revolucionadas.
Isabella, por su parte, sólo se quedó pensativa y, sin darse cuenta, soltó un suspiro retenido. Claro que le gustaría ir al dichoso baile, incluso sopesó la idea de aceptar la invitación de Mike con tal de ir y poder observar a Edward esa noche; aunque la idea se fue tan rápido como llegó. No podría utilizar de esa manera a su amigo, y menos para torturarse al ver cómo el chico que le gustaba bailaba con una de las animadoras, o con cualquier chica común de la escuela. Además, no había asistido en los últimos dos años, y un tercero no mataría a nadie.
Después de todo, el año próximo Edward ya no estaría, e ir al baile sería una tontería.
Y en otra sintonía, totalmente distinta pero dentro del mismo tema, estaba la menor de los Swan, con la sonrisa del gato de Alicia en el País de las Maravillas.
Este sería su primer baile, estaba completamente segura de que iría. Y, como sabía que su hermana tenía las ganas de ir pero le aterraba enfrentarse al elefante rosa en medio de la habitación, había decidido inscribirla con su matrícula y celular a la dichosa rifa de citas.
Sabía que las posibilidades de que ella, una estudiante de primero, quedara junto con alguno de último año (o, en su mejor escenario, con alguien como Jacob Black), sería más que asombroso. Sin embargo, de no ser así, ya podría robarle un baile o dos, tal como lo había hecho en la fiesta de esa chica fresa de Stanley. Esa sí que había sido una estupenda noche.
Si bien, aunque todos estaban sumidos en sus pensamientos, mamá Swan aún quería respuestas. Llevaba esperando un par de años ya para que Isabella asistiera a uno de los tantos bailes de la escuela. No obstante, su hija nunca quiso asistir, aún cuando Reneé era consciente de que alguien le llamaba la atención al menos.
Luego de un par de minutos en los que nadie pareció tener la capacidad para hablar, Reneé decidió cambiar el tema.
— ¿Ya les conté del club de repostería al que me invitaron? —dijo alegremente. El Jefe Swan gimió lastimosamente y las chicas soltaron una risita.
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— ¡¿Qué hiciste qué?! ―una Isabella enojada le gritaba a su hermana, tres días después, luego de recibir un mensaje de texto en el cual se le decía que en unos dos días más tendrían a su pareja pre seleccionada para el Baile de Invierno.
—Te inscribí en el Sorteo Navideño, para el baile ―contestó la joven con naturalidad, mientras jugaba con las tiras de la alfombra en el piso de Isabella―. No es nada del otro mundo, Bells ―agregó, al ver que su hermana no respondía―. Tú querías ir, admítelo.
—Sí, quería ir, pero no así, Renesmee. No por un sorteo ―suspiró, rendida, y se lanzó al lado de su hermana sobre la cama. Renesmee se encontraba con la mitad del cuerpo fuera de esta y de espaldas jugando con la misma alfombra desde hace unos cinco minutos―. Además, no sé quién me podría salir como pareja.
—Ese es el punto.
—No, no entiendes, Renesmee. No quiero que me emparejen con alguien que no conozca o, peor aún, con alguien como James o Mike. Y no es por ofender a este último. Además, ya tenía pensado quedarme mejor en la casa. No he ido a los bailes anteriores, así que sobreviviré también sin ir a este. Si quieres, puedes ir tú, pero sácame de ese sorteo.
Renesmee se giró y enfrentó a su hermana. Ya estaba cansada de las obvias intenciones que tenía de no abordar el tema en cuestión: su enamoramiento hacia Edward Cullen.
— ¡Hermana, despierta y ve al elefante rosa en la maldita habitación! ―chilló.
Isabella parpadeó, confusa, analizó la frase y rodó los ojos.
—El "elefante en la habitación", Renesmee, no el "elefante rosa" ―la corrigió. Pero no prestó atención a qué más quería decir.
—Da malditamente igual, Bells ―bufó cansada―. El punto es que a ti te gusta el chico Cullen, y no me mires como si me hubiese crecido otra cabeza ―continuó, a pesar de que hermana había abierto los ojos desmesuradamente y se vio cual cordero a degollar.
—Eso no es cierto ―dijo ruborizada.
—Sí, es cierto, desde que él te ayudo con Biología, y desde donde, si mal no recuerdo, no han vuelto a intercambiar más de 3 monosílabos, si acaso, en los últimos tres años. ¡Y es tan cierto, como que yo soy tu hermana! ―puntualizó, alzando la voz.
—Claro, igual de cierto como tu enamoramiento por Jacob ―agregó, ya rendida y admitiendo sus sentimientos por el chico de cabellos cobrizos.
—Sip, tan cierto como eso ―dijo, sin vergüenza alguna. Después de todo, ella no era tímida en cuanto a demostrar que le interesaba alguien.
Sólo era cuestión de encontrar la sintonía con Jacob Black y su estilo de coqueteo, y él sería quien caería a sus pies.
Luego de unos minutos en silencio, en los cuales ninguna agrego nada más que suspiros (protagonizados principalmente por la mayor de las hermanas), Renesmee siguió hablando.
―Aunque, no es un plan perfecto, hay mucha desventaja, pero… ―hizo una pausa, captando la atención de su hermana―, ¿te imaginas quedar emparejada con Edward? ¿O que yo quede con Jacob? ―rió tontamente―. Eso sí sería asombroso.
—O, en otro caso, tú con Edward y yo con Jacob —rodó los ojos y su hermana le sacó la lengua por ser aguafiestas—. Seamos realistas, las posibilidades son casi nulas. Y, de ser así, ¿qué certeza tenemos de que congeniaremos con ellos? Y no me salgas con que bailar con Jacob cuenta. Lo que pasó antes fue en una fiesta —alzó la mano, frenando la obvia respuesta de su hermana—. Además, aunque fuera así, no sabemos si ellos aceptarán ir al baile con nosotras, o con cualquier otra chica con la que caigan. Esto es pre-selección escolar, no una orden del Juzgado.
— ¿Sabes qué? ―preguntó Renesmee.
— ¿Qué? ―respondió, un tanto fastidiada por las locuras de su hermanita.
—Eres una aguafiestas, hermana. Debes tener más fe ―sonrió, saliendo de la habitación de Bella para luego silbar contenta.
―Se llama ser realista, Renesmee ―suspiró―. Solo, prométeme una cosa.
― ¿Qué? ―dijo entre dientes. Ahora venía el sermón de la hermana mayor.
―Que si no te toca con Jacob... no harás ninguna locura.
―Prometido ―sonrió inocentemente, pero cruzó los dedos por debajo de la alfombra.
Definitivamente Renesmee era la que debería enfrentar al elefante rosa en la habitación, como ella lo había llamado, puesto que Isabella era más realista y sabía que no había la mayor posibilidad de quedar con ellos.
Pero, qué más daba. Ya estaba metida en esto, e iría al dichoso baile sea con quien sea.
Menos James, pensó. Y puede que, solo tal vez, tampoco con el meloso de Michael Newton.
Y, usando un poco del optimismo de su hermana menor, Isabella permitió dejar correr su imaginación hacia un universo paralelo en el que Edward era su pareja elegida, y todo resultaba perfecto entre ellos.
[Nota de Autora]
Mil disculpas por la tardanza —es toda mi responsabilidad—. Espero que aún les guste la historia, y que lo mío no sea contagioso para mis compañeras y pronto tengamos más.
Feliz año nuevo —sip, aún no ha pasado la primera semana, se puede decir.
Hasta la próxima.
