¡Wow! ¿Pues qué puedo decir? ¡Gracias! n.n Estoy feliz por ver que les agrada el Fanfic, gracias en verdad… Bien, hoy estuve inspirada en hacer este capítulo. La verdad, los reviews siempre me suben el ánimo como no tienen idea. También me dan fuerzas para seguirle a esta historia y no dejarla ¡No los decepcionare! Estén por seguros. Tal vez no sean muchos reviews pero para mí son como miles, aunque sea un review, pero me hace sentir tan bien…Ups ((me alegro que te guste la historia, gracias n.n)), anita-asakura ((Bien aquí está el segundo capitulo, gracias por los comentarios… Me alegro que la historia sea original y de tu agrado ¡Mil abrazos!)) Princess Sheccid ((¿En verdad te gusto el comienzo? ¡Wow! ¡Qué emoción! Y si, Sokka esta comprometido con Yue pero aun no se casan. Eso lo tengo reservado para después, será sorpresa… Y sobre el enamorado de Katara pues mmm… Daré pistas jiji)) Umizu ((Jeje gracias por los comentarios. Sip, unión de naciones algo interesante. Así lo creí cuando le pensé… Creí que me tardaría más en poner esta historia pero ya vez, aquí la puse rápido… Lo que puede hacer la inspiración ¡Gracias por los comentarios!)) yukiko elric ((Gracias, aquí esta la continuación del Fanfic espero que sea de tu agrado nwn!)) neko minime ((¡Gracias por el review! En cuanto a tu pregunta… Sip, existen otras Naciones. Pero se me hizo interesante recalcar más estas dos Naciones, ya sabes… Agua y Fuego, creo que no se llevan tan bien. Aunque el Viento y Tierra no son enemigas como estas dos… n.n ¡Nos leemos!)) ShinobuByako ((Claro, no te preocupes jeje Si, graciosa la forma de torturar a los personajes. Y con tu pregunta, si, Katara es una princesa. Es por eso que fue el compromiso, entre dos príncipes)) keiko210382 ((si, si daré más pistas sobre quién es el que ocupa el corazón que la pequeña Katara. ¡Gracias por leer el Fanfic! nwn)) Azaly ((Si, pobrecita Katara creo que no le vendrá bien estar algún tiempo en la Nación del Fuego. Pobre… ¡Gracias por leer el fanfic y por tus comentarios! n.n)) flower of night ((¡Gracias por los comentarios! ¡Wow un concurso! –sonrojo- Bien, iré a dar un vistazo por tu pag. xD ¡yupi, hasta ahora tuve Internet! ¡Que emoción! ¡Gracias por la invitación!)) ¡Insisto gracias por los reviews! También gracias a los lectores anónimos que no dejan review pero no sean gachos, anímense a dejarme uno ¬¬U De igual forma les agradezco por darse su tiempo en leer esto…

¡Los adoro! Y no olviden dejar reviews n_n!

Avatar: Last Airbender no me pertenece y jamás me pertenecerá… T.T Creo que eso todos lo saben ¡Zukitoooooooo! ((aun con una red en la mano)) ¿Dónde estas? n.n ¡Ven con Navi!

Entre dos

Capítulo 1: Lo que el destino nos depara.

¿Fiesta?

Esa fue la primera pregunta o frase coherente que se formó en la mente de la princesa antes de mirar con nerviosismo a todos a su alrededor. Fingía como podía una sonrisa pero le era tan difícil… jamás pensó que se sentiría de esa forma en ese lugar. Bien, su hermano le había advertido -y rehusado…- a esto del estúpido matrimonio con la Nación del Fuego, que le decía constantemente que jamás bajara la guardia. Quién sabe, tal vez estas ratas asquerosas de la Nación del Fuego podrían atacarle por la espalda… Pero por lo pronto, Katara observaba la amabilidad de le brindaban en su hospitalidad, ¿amables? Jamás pensó que la palabra amable y Nación del Fuego estuvieran en una misma oración.

Aplausos

Estaba tan distraída en sus pensamientos que no había visto con claridad lo que había ante ella. Ahora se encontraban sentados en aquella elegante mesa, tan grande, llena de diversos y exquisitos platillos exóticos. En un extremo de aquella mesa se encontraba el gran Rey Ozai, a su lado su hermosa esposa y del otro su hija Azula. Y una leve gotita de sudor resbaló por su frente al notar la mirada arrogante que la chica le dirigía de vez en cuando, eso lo había notado desde su llegada, ¿acaso todos tenían que mirarle de esa forma tan… despectiva? Pues es que las palabras se le iban y empezaba a sentir que las miradas la comían, al igual que esa fría expresión de aquel joven príncipe. Suspiró cansada la princesa de la Tribu Agua, desde que había llegado no habían dejado de mirarle de esa forma tan cruel esas personas aunque fingieran una sonrisa y tanta amabilidad.

Y observó al fuego bailar, sus ojos notaron el espectáculo que le ofrecían como bienvenida: un grupo de bailarines y acróbatas que hacían un excelente espectáculo en esa habitación. Danzando con fuego o haciendo piruetas en ese lugar distraían su atención, no pudo evitarlo, más de una ocasión llegó asustarse al ver tanto fuego en ese lugar pensando que podrían tener algún tipo de accidente. Pero vaya, ellos eran profesionales… no tenía por qué tener miedo… No, claro que no.

Este espectáculo era genial, aunque eso no dejaba a un lado que el fuego le causaba algo de miedo, sobre todo si le tenía tan cerca. Todo para una calurosa bienvenida a la chica a ese lugar. Katara aplaudió emocionada al final del espectáculo, debía de admitirlo… eran excelentes, aunque por un lado, seguía pensando que era demasiado peligroso. El espectáculo concluyó dejando a todos los presentes para que comieran. La mesa estaba llena de algunos invitados importantes de la Nación del Fuego, como generales, comandantes y alguno que otro familiar de ellos. Pero ella estaba sola, pensó. Katara se sentía tan extraña en ese lugar, rodeada de gente que no conocía y no sentía que fueran de su familia, aunque tal vez en un futuro no tan lejano lo fueran. Todos tan fríos, tan secos… tan sólo dos miradas amables había recibido desde su llegada. Dos miradas que le habían visto con dulzura y respeto a la vez, aquellas miradas calidas entre toda esa multitud.

La primera mirada fue de aquella hermosa señora, esposa del gran Ozai. Ella le miraba con dulzura, con tranquilidad y dándole algo de seguridad… Siempre con esa expresión en su rostro, una media sonrisa. No era necesario leer sus ojos, siempre decían: bienvenida. De eso se pudo dar cuenta Katara, hace tiempo su abuela le había enseñado el leer las miradas de algunas personas. Aunque le resultaba difícil leer los ojos de todos aquellos, pues al parecer sus sentimientos los mantenían ocultos y fríos ante los demás… La segunda persona fue un anciano, quien con su mirada cansada y llena de experiencia, observó a la chica. La princesa Katara sintió como sus mejillas se teñían de un leve color rosa y bajó un poco la mirada. Sentía que podía atravesarle el alma, pero al menos, tenía la idea que ese anciano era un sabio y un poderoso guerrero. Ella lo leyó en su mirada y resultó ser que aquel anciano, era hermano del gran Ozai. Iroh era su nombre.

— "Gracias por la comida." — rezó Katara en su mente mientras daba una pequeña reverencia antes de tomar sus alimentos. Era costumbre en su Tribu dar gracias ante todo. Miró su plato ya que se veía exquisito… Bien, aunque el viaje había sido largo y pesado para ella, el hambre aún se refugiaba en su pequeño estómago. A pesar de eso, no dejaría a un lado sus modales de princesa por eso comenzó a comer con la educación que le habían inculcado desde pequeña.

Pero aún pese sus movimientos silenciosos y precavidos, un par de ojos ámbares no dejaban de mirarla en ningún momento. Katara con disimulo levantó su vista, notando que el príncipe Zuko se encontraba mirándola con detenimiento. Él aún se mantenía con su ceño fruncido y mirada fríamente calculadora. Ella no se estremeció en lo absoluto… no se dejaría tan fácil, no se mostraría débil ante aquel -hasta el momento- insoportable e insistente príncipe. Los de su Tribu no se dejaban intimidar tan fácilmente, y no por nada ella era tan orgullosa.

— "¿Cuándo terminará todo esto?" —pensó para si misma la princesa sintiendo un leve cosquilleo en su espalda. Nervios… así se sentía cuando sabía que algo no estaba en su lugar. Quizás era por que ella estaba fuera de lugar, en otra parte que no pertenecía. — "Espero que las cosas salgan bien…"

Su pensamiento se fue en el aire al ver que de nuevo era interrumpida, al parecer el gran Ozai había decidió brindar por la futura pareja. Los invitados alzaron sus vasos de vino y demás bebidas extravagantes en brindis, mientras Katara miraba sin comprender lo sucedido. ¿En realidad estarían tan felices por qué su hijo y ella contrajeran nupcias? No lo sabía, pero aquel chico empezaba a incomodarle. Si bien en su largo viaje se había imaginado un mil rostros sobre como sería su futuro esposo, jamás imaginó que fuera tan… ergh, ¿cómo decirlo? ¿despectivo, quizás? No, tal vez frió era la palabra más adecuada si lo pensaba con detenimiento.

Sobre todo si él seguía mirándola de esa forma que le hacía estremecer.

Debía aceptarlo, el chico para nada tenía una mirada agradable... pero aún pese eso, de nueva cuenta la sonrisa fingida apareció en su rostro al igual que una leve melodía en esa habitación. Curiosa como el agua, Katara buscó de dónde provenía esa dulce música. Sus ojos se toparon en una esquina de la habitación, ¿desde cuándo tenían músicos ahí? Ni idea, pero era relajante si se ponía a pensarlo. La melodía… eso le recordaba a su Tribu donde usualmente siempre había música a su alrededor, a su madre le gustaba cantar y bailar, mientras a los aldeanos de la Tribu les encantaban las fiestas y la música. Pero en estos casos, no era su Tribu, si no el mismo fuego que le invitaba a que se adormeciera con esa música.

Se hubiera quedado dormida por un segundo si no fuera cuando su mirada se topó con una mano enfrente de su rostro. Alzó su vista con curiosidad… Maldición, y quiso no haberlo hecho. Ahí estaba, el mismísimo y arrogante príncipe extendiéndole la mano para invitarla a una pieza de baile. Dudosa, ella aceptó su mano sonriendo pero maldiciendo por dentro, notó el ceño fruncido del chico mientras con nada de amabilidad, la alzaba de su asiento y la jalaba hasta el centro de la pista. Ahí colocó su mano sobre la pequeña cintura de la princesa mientras ella sin tiempo casi de reaccionar, sentía como movían su cuerpo ante esa melodía.

¡Desgraciado!

Frunció el ceño entonces ella, su mirada ahora se tornó gélida mientras observaba el fuego ante los ojos ámbares del chico. Estaba claro que aún había personas desagradables en el mundo y mal educadas, una de ellas: Zuko. Quien con nada de amabilidad o delicadeza forzaba a la princesa a que le siguiera los pasos de baile, pero ella nuevamente con su orgullo herido, trató de seguirle sus movimientos con pesar. Si no fuera porque él le estaba apretando con fuerza su cintura o porque había demasiados presentes en esa habitación aplaudiendo porque próximamente serían esposos, estaba segura que hubiera golpeado con fuerzas el rostro de Zuko.

Pero seamos sinceros, eso no es digno de una princesa. No, claro que no. Y lo menos que quería era quedar en ridículo frente a todo ellos o que pensaran lo mal educada que podría ser la Tribu Agua… o sacar conclusiones nada favorables para su reputación. Por eso, Katara nuevamente miró despectivamente al chico. Estaba comenzando a asquearle, no mejor dicho, molestarle la simple presencia de él. Era lógico, como agua y fuego difícilmente podrían convivir. Jamás hubiera aceptado este compromiso si no fuera por su Tribu, sí no, no tendría por qué aceptar esa estupidez o el simple hecho que alguien de la Nación del Fuego tocara su cintura de esa forma tan… ¿brusca?

—¡Ouch! — logró escuchar Katara el pequeño sonido que dejó salir el príncipe al sentir como ella "accidentalmente" pisaba su pie. Estaba claro que la sonrisa triunfante de la chica rebeló que en realidad había sido a propósito. — Maldita…—susurró Zuko por lo bajo. Que estuvieran bailando enfrente de todos esos invitados con una asquerosa princesa de la Tibu Agua, su futura esposa, no significaba que no pudiera decirle uno que otro insulto en susurro. Al fin de cuentas, nadie los escuchaba pues ya los demás se estaban entreteniendo en bailar con sus parejas o escuchar la melodía en lugar de observarlos. Por su parte, Katara solamente se hizo de los oídos sordos ante ese insulto, ¿pero quién se creía ese testarudo chico? ¡Oh, sí claro…! Él era el príncipe de la Nación del Fuego ¡Bleh! Qué idiotez.

—Lo siento su alteza, no me di cuenta… al parecer usted posee dos pies izquierdos. — y notó como el chico se contenía en ese momento, observando como casi sacara hasta fuego de sus ojos. — No sabía que los de su Nación no pudieran bailar tan bien.

—Y no sabía que los de tu Tribu fueran tan imbéciles. — y apretó aún más el agarre de la chica, sosteniendo su mano contra la suya y su cintura también de forma brusca. Ella no hizo gesto alguno, Zuko estaba dispuesto a mostrarle a esa asquerosa princesa que no era debido jugar con fuego. Y aún pese sus intentos, ella no le agradaba en lo absoluto…

El simple hecho de que fuera de la Tibu Agua le hacía recordar ese estúpido matrimonio. Asco.

—¡Argh! — soltó nuevamente Zuko al notar como esta vez ella pisaba su otro pie, sólo con la diferencia que fue más doloroso. — Escúchame bien… No me provoques. — y con su voz gélida miró de forma desafiante a aquella princesa. Un par de ojos azules le miraron esta vez con arrogancia, lo que no sabía Zuko, es que estaba metiéndose con la persona menos indicada.

—Su majestad, usted no sabe bailar. — mintió Katara, pues sabía de ante mano, que era apropósito que ella le pisara. Pero vaya, le resultó divertido ver la expresión de rabia del chico, ¿acaso era gracioso ver al príncipe de la Nación del Fuego siendo humillado por una princesa de la Tibu Agua?

Fue la respuesta de Katara, quien no pudo evitar sentir que sus labios se curvearan en una sonrisa burlona, cosa que no tomó muy bien el chico.

—¿De qué demonios te ríes? — preguntó en forma baja con un tono amenazador. Pero para Katara no fueron más que simples palabras, de igual forma, las palabras no herían a la gente, sólo los actos y los sentimientos traicioneros.

—Me rió porque tienes una mentalidad tan arrogante. Supongo que tu inteligencia no es superior a la de un mono de los bosques.

¡Oh, pobre Katara! Si las miradas mataran, ya sería chica muerta. Pues Zuko sintió su orgullo herido… "Esa Perra" pensó el príncipe al momento de sostener con más firmeza la cintura de la chica, esto estaba saliéndose de sus límites. Pensó que sería divertido humillarla un poco, el darle entender que jamás sería muy bien recibida en ese lugar, ¡pero maldita sea! Los estúpidos papeles se estaban intercambiando, ya que Katara no era simple de manejar y mucho menos domar. "Interesante" y eso lo vio desde su punto de vista, ¿así que la princesita del agua no caería ante sus maliciosas acciones? Ya lo vería, podría dejarla en ridículo si quisiera. Sí, eso precisamente haría. Tal vez, si sus padres veían lo mal que una chica débil como ella contraía nupcias con él, sería peligroso para su futuro y sobre todo una vergüenza e igual podría detener la unión: así estaría libre y no tendría por qué casarse con esa pequeña rata de ojos azules.

Su presencia, su mirada, su nacionalidad… ¡Todo en ella le sofocaba! Estaba más que dispuesto a terminar con esto de una buena vez ya que él no se casaría con nadie por lo pronto. Solamente tenía 17 años de edad, ¿casarse? ¡Para nada! Mucho menos con esa princesita testaruda. Sí, el tiempo en que ella estaría en su castillo le haría recordar lo que sufriría con él si se casaban. Buscaría la forma de deshacer el compromiso, y de pasó, molestarla un rato. Y justamente cuando estaba por decirle algo que hiriera el corazón de la chica cuando alguien más les interrumpió. Molesto, Zuko encaró al idiota que le había obstruido su plan. Pero vaya, se calmó un poco al observar de quién se trataba.

—¿Me permite? —Zuko soltó a Katara dándosela al anciano, bien, al menos ya no tenía su sofocante presencia cerca.

—Como gustes…—susurró entre dientes el príncipe al momento de dirigirse hasta la mesa con paso firme y decidido, donde observó a lo lejos, la sonrisa burlona de su hermana. — "¡Lo que me faltaba!" — pensó.

—Con su permiso su majestad.— Iroh tomó la cintura de Katara al momento de sacarla a bailar. Katara agradeció esto, ya le estaba incomodando el tacto del príncipe y estaba segura, que posiblemente le había hecho más de una raspada en su cintura por su agresividad… ¡Animal! ¿Por qué tenía que tratarla de ese modo? Le importaba un bledo sí era o no de la Nación del Fuego, nadie… ¡Nadie se metía con Katara!

Y en los ojos azulados de la chica, Iroh notó una determinación y enfado… Ese enfado que diariamente mostraban los ojos de su sobrino. Zuko, ¿qué habría hecho ahora para enfadar tanto a la invitada? Ya después se encargaría de eso, por lo pronto, trataría que ella se tranquilizara un poco. Sí no salían bien las cosas, estos dos chicos no terminarían casándose y de ante mano sabían las consecuencias de esto: la guerra no tendría su fin.

—Espero que su estadía en nuestro Reino sea de su agrado, su majestad…— le sonrió Iroh a lo cual Katara le miró algo consternada. — Me aseguraré personalmente que no le molesten. — y susurrando un poco más, la princesa abrió sus ojos de asombro. — Incluido el testarudo de mi sobrino Zuko.

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Soltó un suspiró cansada Katara al momento de observar por aquella ventana, no pudo evitarlo y recargó su mejilla sobre el marco de ésta. Estaba cansada pero a pesar de eso no quería dormir, no en ese lugar… porque no era su hogar. Ya la pequeña fiesta había terminado para su suerte, y no tendría que soportar más fingir una sonrisa. Al menos ahora estaba sola, un momento en el cual su alma podría descansar. Nuevamente su vista vagó por esa habitación lujosa en su totalidad pero no tan grande como la que tenía en su propio castillo, pero estaba agradecida que al menos se tomaran la molestia de tratarla como debía de ser, descartando a uno que otro claro. Pero bueno, ahora estaba en su nueva habitación donde pasaría el resto de sus días mientras estuviera dentro de la Nación del Fuego… No era muy bonita pero si elegante, ya que el decorado no era exactamente de los gustos de ella. Esos colores tan opacos y oscuros, le hacían recordar cosas macabras que tal vez las paredes que le rodeaban habían presenciado, porque… ¡Oh, sorpresa! ¡Pasaría durmiendo por los siguientes días en el castillo de la Nación del Fuego!

¡Horror!

Sí, eso fue lo que pensó. Pero a pesar de todas esas fachadas de crueldad que empezaba a poner sobre esa habitación, daba las gracias de haberle puesto al menos una cama cómoda. Y sobre todo, una vista hermosa pues no sabía que en ese castillo tuviera un jardín tan lindo. Eran inicios de primavera por eso las pocas flores que aún tenían ahí florecían con elegancia. Observó el jardín desde su ventana notando el pequeño estanque y su puente cerca de ese gran y viejo árbol.

Sonrió para sus adentros.

Ver el pequeño estanque le recordó de dónde venía, su hogar, su Nación, su tierra. Claro, ella amaba el agua, de ahí venía y ahí nació pero por obras del destino las cosas habían cambiado. Y la tristeza nuevamente invadió su ser, deseaba con ansias salir de ahí pero eso le haría ver como una cobarde... y cobarde no era lo que describía a Katara. Apretó con fuerza sus puños, tenía que tranquilizarse cuanto antes. No llevaba ni siquiera un sólo día en ese lugar que ya estaba volviéndose loca.

Distraídamente buscó por la habitación algunas de sus pertenencias aún faltaban, pues seguramente los sirvientes las estarían desempacando. Aburrida se sentó sobre aquella fina silla ubicada enfrente de un pequeño escritorio de madera, abrió uno de esos cajones donde encontró varios papeles y tinta por ahí. Sonrió de lado, escribiría.

Tomó con delicadeza la pluma entre sus manos mientras la salpicaba sobre el tintero, no habían pasado más que simples horas en ese lugar pero necesitaba dispersar su mente en esos momentos. Ya pronto anochecía, pues el Sol se ponía en la lejanía. Anotó el día, mes y la fecha en que escribía esa pequeña carta, tenía que avisarle a su familia que estaba con bien y que a pesar del largo viaje, no había tenido complicación alguna. Pero decidió omitir ciertos detalles, como el hecho de la arrogante y molesta actitud del príncipe Zuko, y el sólo hecho de escribir su nombre produjo una mancha en la carta, hasta escribir su nombre era molesto… Empezó de nuevo arrugando el papel anterior y lanzándolo lejos, y siguió escribiendo.

—Bien, no es mucho, espero que estén bien por allá, ¿me preguntó que estará haciendo el tonto de Sokka? — comentó Katara mientras la guardaba en algún pequeño sobre que se había encontrado por ahí. Suspiró nuevamente y giró sobre su asiento mirando la enorme puerta de su habitación, ¿no habría problema si salía? Claramente cuando le mostraron su habitación le habían dicho que sí quería algo buscara alguno de los sirvientes. Pero como no había ninguno por ahí cerca, decidió salir por su propia cuenta. — No puedo estar encerrada por mucho tiempo.—y tenía razón, los lugares oscuros y encerrados siempre le habían molestado. Por eso abrió con pesadez la puerta de esa habitación, tallada finamente en madera pero tan pesada que hizo un ruido tosco al abrirla.

Miró por los pasillos tan oscuros a pesar de que varias antorchas les iluminaban. Trató de buscar algún sirviente cerca, así podría darle su carta para que fuera enviada, pero al parecer ni alma que estuviera viva por los alrededores. Decidida caminó por aquellos pasillos, aún no le habían mostrado el castillo, solamente como llegar a su habitación desde la sala principal. Pero vaya… este lugar era enorme, pensó. Pues al pasar varios minutos, el haber pasado enfrente de tantas puertas y paredes, le hizo llegar a la conclusión que en realidad ya estaba perdida.

—¡Estúpido castillo! — y sí alguien hubiera escuchado las refinadas palabras de Katara, no hubiera imaginado que era la mismísima princesa de la Tribu Agua. Pues estaba molesta y cansada, llevaba minutos caminando por aquel castillo y sin rastro alguno de sirvientes o alguien que le pudiera ayudar. — Si pudiera salir de aquí…

Y siguió caminando por ahí, notando que cada vez los pasillos se hacían más oscuros, debido a que la noche ya había caído sobre la Nación del Fuego. Pero Katara no era miedosa, no, sólo era precavida pero también seamos razonables… no era seguro andar por ahí merodeando por los pasillos a media noche y aún más, si estaban en territorios ajenos como en la Nación del Fuego.

—¿Pero a quién se le ocurrió diseñar este castillo? ¡Es como un laberinto! — susurró la princesa mientras seguía caminado. Llegó a un punto en el cual tuvo que dignarse a echarse al suelo, recargando su espalda sobre la pared. Estaba cansada y en su respiración entrecortada se ponía notar, le dolían sus pies y sobre todo tenía un calor tremendo. Necesitaba aire o simplemente un poco de agua… el calor le estaba sofocando.

Y su mente viajó por algunos momentos en sus recuerdos, hasta que un sonido le hizo mirar hasta cierta dirección. Se levantó de inmediato del suelo mientras caminaba hasta el final del pasillo, llegando a una gran puerta de metal. Y miró por todas partes, bien, no había nadie cerca… Además, ¿qué podría haber detrás de esa puerta? Sin mencionar el ruido que de tras de ella provenía. Colocó entonces sus manos sobre la puerta ejerciendo gran fuerza, pues al parecer la puerta era muy pesada, no basto más que algunos intentos más para que la puerta se abriera en su totalidad.

Y el aire corrió por su cabello.

—¡Al fin! ¡Aire! — sonrió Katara mientras observaba que había encontrado al fin una salida.

Emocionada salió de ese lugar y corrió por el pequeño jardín en el cual se encontraba. Su sonrisa no desapareció de su rostro mientras daba pequeñas vueltas en un mismo lugar, extendiendo sus brazos hasta el cielo y observando la enorme Luna. Sin pensarlo dos veces se echo al césped… ¡que bien se sentía hacer eso!

—¡Esto es magnífico! — y volvió a suspirar.

Ya estaba harta de haber estado tanto tiempo en ese lugar, pero Katara era muy exagerada, y las pocas horas que había estado dentro del castillo las había sentido como días… Sin mencionar el terrible calor que se vivía ahí adentro, que casi quemaba el alma de la princesa. Ella necesitaba aire fresco, sobre todo si era en alguna de esas noches de Luna llena.

—¡Ah!... ¡Bendito sea el que inventó las salidas de los castillos! — dijo para sí misma, casi como si estuviera hablando con alguien. Esta claro, si alguien la hubiera visto, pensaría que estaba loca. De igual forma a Katara no le importaba, casi siempre pensaba en voz alta.

Y otro ruido le hizo caer en la realidad.

—¿Uh? — y haciendo un curioso sonido de su boca se levantó con pesadez de su lugar, caminó un poco hasta el fondo del pequeño jardín acercándose a lo que parecía ser un gran muro. Lo rodeó asomando su cabeza en donde terminaba la elaboración de éste, ya que juraba que desde el otro lado venía ese ruido.

Entonces sus ojos observaron un hermoso carruaje donde un chofer enlistaba sus animales, posiblemente preparándose para el viaje. Solamente checaba que nada malo le sucediera… Y Katara reconoció al chofer, era el mismo que la había traído hasta ese lugar. Salió de su escondite, entonces al momento de ir hasta el chofer, quien se extrañó al ver a la princesa en ese lugar.

—¿Princesa Katara? — y sus ojos se abrieron de golpe al verla ahí mismo, parada enfrente suyo y con una sonrisa de oreja a oreja. —¿Pero qué…?

—¡Señor Fuu! ¡Me alegra tanto de verlo! — comentó Katara, no pudiendo evitar dar un saltito de alegría. Bien, el anciano chofer se extrañó ante esa actitud. — ¿Qué hace? — y curiosa miró el carruaje a un lado del chofer.

Pero estaba claro, que esa pregunta estaba fuera de lugar.

—Disculpe su majestad pero…— y se rascó un poco su cabeza observando a la chica. — ¿qué hace usted aquí? Se supone que debería estar en el castillo. — observó la expresión en el rostro de la chica. No estaba molesta pero mucho menos feliz, simplemente una expresión seria apareció en Katara. — ¡Lo siento! ¡Disculpe mi arrogancia! No quería…

—No— le cortó Katara. — No es ninguna molestia. Disculpe, no debí venir hasta aquí. — y medio sonrió de lado. — Es que quería salir de ese lugar, no soporto estar encerrada tanto tiempo. — nuevamente la alegría vino en el rostro de la princesa… ¿qué tan rápido podía cambiar de actitud la chica?

—Entiendo— y extrañado ante la actitud, el anciano miró de nueva cuenta a la princesa. — Mi trabajo ya fue hecho, con su debido permiso, necesito retirarme… Ya la traje hasta aquí, desempaque sus cosas y me marcho. — e hizo una leve reverencia ante la princesa mientras se disponía a ir hasta el carruaje pero la vocecita de Katara le detuvo.

—¡Señor Fuu! — y él se giró para verle. — Por favor, déle esto a mis padres. — y de su elegante vestido extrajo la pequeña carta. El Señor Fuu levantó una ceja algo confundido. — Verá, le prometí a mis padres escribirles cuando llegara y decirles cómo me encontraba. Pero no encontré a nadie a quien darle la carta para que fuera enviada… Usted regrese a la Tribu, me sería de gran ayuda si entregará esta carta personalmente.

Y un suspiro salió de la boca del anciano.

—Está bien su majestad. — y guardó la carta entre su ropa. — Yo le daré personalmente esta carta a su padre, no se preocupe. Palabra de anciano. — y una sonrisa apareció en su rostro, Katara agradeció que hubiera personas tan amables como él.

—Gracias.

—No hay de qué, con su debido respeto, me tengo que ir. — y antes de marcharse miró de nuevo a la princesa. — Creo que será mejor que regresé al castillo, no quiero que le vayan a regañar o algo así por andar en la noche por estos lugares. Recuerde que la Nación del Fuego nunca será segura su majestad. — y montado sobre su asiento en el carruaje Katara le miró de forma asombrada. — Que tenga suerte…

Y el carruaje empezó su recorrido mientras ella le siguió con la mirada. Suerte. Posiblemente era lo que más necesitada en esos momentos... Y cuando al fin el carruaje desapareció de su vista, nuevamente soltó un suspiro. Vaya, qué extraño día. Y comenzó a disponerse a entrar nuevamente al castillo, igual era una invitada real en ese lugar, pero por si las dudas era preferible no hacer enojar a alguien de la Nación del Fuego. A pesar de todo, era verdad… aún no había nada seguro.

—Sólo espero recordar el camino a mi habitación.

Y volvió a cerrar la gran puerta de hierro detrás suyo, haciendo un gran ruido ante su acción.

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—¿Qué dices? — Iroh escuchó las quejas de su sobrino. — ¡No es verdad! — y Zuko le dio la espalda a su tío mostrándose visiblemente molesto ante sus palabras.

—Yo lo vi, y eso es más que suficiente. — la voz grave y sabia del anciano retumbó en aquellas cuatro paredes de la habitación. — ¿Qué le hiciste? la vi muy molesta, recuerda que ella es una invitada y posiblemente será tu futura es…

—¡Ya lo sé! ¡No tienen por qué decírmelo a cada rato! — estalló en furia el chico ahora encarando a su tío. — ¿Crees que esto me tiene contento? ¿Eh? ¡Es humillante, no es justo! ¡Y no…

—¿Sólo piensas en ti? —Zuko interrumpió su oración de golpe, miró confuso entonces a su tío, suspiró mientras pasaba una mano sobre su corto cabello negro. Estaba muy estresado…Todo esto comenzaba a afectarle de una forma nada amigable. — Sabes, yo tampoco creo que a la princesa le agrade esto, pude notar que estaba muy triste. No sé si por algo que le hiciste o dijiste, de igual forma, no está cómoda.

—Qué bien… espero que se largué pronto de este lugar. — se sentó de mala a gana sobre el sofá de la habitación. Su tío suspiró cansado, no tenía caso, Zuko era tan testarudo.

—Deberías intentarlo, tal vez podrías hacerte amigo de ella. — sonrió de lado tomando con delicadeza el té de jazmín entre sus manos. Suerte que no notó la expresión de enfado en el rostro del príncipe.

—¿Estás loco? ¿Hacerme amigo de ella? — y su tío simplemente tomó tranquilamente su té, haciéndose de los oídos sordos ante los insistentes arranques de cólera de su sobrino.— ¡Jamás! — gritó captando ahora la atención de su tío.

—¿Qué otra cosa más se te puede ocurrir? Además…— dio otro largo sorbo a su té. — es lo más cómodo. Si tú no tienes interés alguno de tener algo más que amistad con esa chica, ¿por qué no empezar como amigos? Debo recordarte que una vez que el matrimonio se lleve a cabo, vivirás con ella… Tal vez muchos años. — y sonrió feliz entrecerrando sus ojos, Zuko sólo apretó sus puños haciendo una mueca de disgusto. — Pero sí tu intención no es verla como esposa, amante o como alguien a quien amar, solamente podrías hacer el intento de ser su amigo.

—Eso no me beneficiaria en nada, de igual forma haciéndome o no amigo de esa…— hizo una pausa, estaba a punto de decir "Esa pequeña rata de ojos azules" cuando su tío le miró de forma paternal, al parecer no era sensato insultarla por ahora enfrente de él. No quería escuchar algún sermón por parte de su tío Iroh— quiero decir, de igual forma el maldito matrimonio se llevará acabo.

—¿Pero en qué te perjudica? ¿Acaso tan molesto es casarse con ella?

Y esa pregunta rondo por la cabeza del príncipe. Miró entonces a su tío, abrió su boca para decir algo pero después la cerró de golpe al no encontrar las palabras exactas. Iroh sonrió de lado, había dado en el clavo. Estaba claro que en la mente de Zuko pasaban muchas respuestas, aunque no todas tan convincentes para decírselas a tu tío ¿Casarse? No, no le tenía miedo al matrimonio. Tal vez algo de asco, sobre todo con casarse con alguien de la Tribu Agua… no estaba correcto, aún más molesto era cuando sus padres habían arreglado ese matrimonio sin su consentimiento con alguien que no conocía y no le agradaba. De igual forma no habían pasado más que menos de 40 minutos juntos, presentándose y esas cosas, que notó que esa princesita para nada le agradaba. ¿Sería por qué de igual forma podría ser tan arrogante como él? ¿O era el caso de qué era de las pocas personas que se no inmutaban ante sus amenazas? Podría ser porque cuando él quiso molestarla y hacerla sentir algo miserable, ella se negó, le contraatacó y de paso le piso con fuerza sus dos pies, fingiendo una sonrisa que había sido un accidente.

La muy maldita no se dejaba doblegar.

Entonces una sonrisa algo maléfica apareció ante el rostro del chico, ¿doblegar? Podría doblegarla, no sería nada difícil ¿por qué hacerlo? Fácil… sólo para fastidiarla y hacerle la vida imposible, él aún no estaba de acuerdo con eso de: "La unión de Naciones" ¡Bleh! ¡Qué estupidez! Pensó al momento de apretar nuevamente sus puños. Katara pasaría algo de tiempo en su castillo viviendo por lo pronto antes de que eso del matrimonio se llevara a acabo. Tal vez, si elaboraba un buen plan podría echar las cosas a perder, así estaría libre y no encadenado a algo tan falso como un matrimonio arreglado.

—Claro que no tío, el matrimonio no me da miedo ni nada por el estilo.— respondió sorpresivamente el chico, casi escupiendo sus palabras de forma fría. Iroh apenas terminaba su té de jazmín. — Creo que, posiblemente no sería tan malo casarse con ella…— y tratando de hacer una sonrisa fingida miró al anciano. Sí su tío se daba cuenta de los planes nada buenos que surcaban por su adolescente mente, podría echarlos a perder. Tal vez debería fingir al menos un poco, dar a entender que posiblemente aceptaba lo del matrimonio. Entornes cuando notó que su tío sonreía feliz, Zuko hizo lo más parecido a una sonrisa o más bien, era una mueca algo extraña.

—¡Me alegro por ti Zuko! ¿Lo vez? Debo decir que hasta afortunado eres mi chico. — y levantándose de su asiento le dio una palmada en la espalda a Zuko, en un acto algo paternal. — Incluso la princesa Katara no es fea, al contrario, es muy hermosa— notó la sonrisa de su sobrino, que asintió con algo de rudeza aunque juró notar un leve tic en el ojo de Zuko. — Bien, creo que ya es tarde, aún tengo más ganas de té de jazmín, buscaré algún sirviente… — y dándose la media vuelta para salir de esa habitación, observó por última vez a su sobrino. — Piénsalo bien Zuko, podrías ser el hombre más afortunado del mundo al casarte con alguien como Katara.

Y Zuko sólo escuchó el sonido de la puerta metálica abrirse y cerrase al poco tiempo.

—¡Argh! —y se levantó de inmediato de su asiento pateando con tremenda fuerza la mesa de madera que había en la habitación. Ésta voló por los aires hasta estrellarse en alguna de esas frías paredes quebrándose en varias partes al instante. Con su respiración acelerada, el adolescente príncipe colocó sus manos sobre su cabellera revoloteándola con violencia. — ¡Ella no es hermosa! — gritó enojado ante el recuerdo de las palabras de su tío.

Pero había un lado positivo en esto: al menos su tío de había creído todo. Se había dado la idea de que Zuko estaba feliz con eso del matrimonio… ¡Para nada! Todo era una simple farsa para que el príncipe llevara su plan de cómo arruinar las cosas.

Entonces decidió salir de la habitación con su rabia incrementando la temperatura del cuarto casi al punto de convertirlo en un horno. Necesitaba algo de aire para despejar su mente…y posiblemente pensar con claridad en cómo llevar el plan a cabo.

Miró por los pasillos, no había nadie, seguramente ya su tío estaría en la cocina preparándose más té de jazmín. Zuko no dijo nada, solamente tomó el pasillo de la izquierda. Conocía perfectamente como la palma de si mano ese castillo, tanto que hasta podría ir con los ojos cerrados si quisiera. Se sabía los atajos y caminos que nadie reconocería con facilidad. Por eso tomó algunos atajos ya que no quería toparse con nadie, no tenía ganas de hacerlo, y si algún sirviente le veía, Zuko descargaría con aquel pobre infeliz toda su rabia y su estrés. Pero quería evitarse problemas, por eso tomaba algún camino diferente para ir hasta la salida.

Los pasillos en los cuales se encontraba estaban oscuros y algo fríos, las antorchas no alumbraban mucho en aquella parte desolada del castillo. "Mejor así" pensó Zuko mientras caminaba entre la oscuridad de aquel pasillo. No era necesario las antorchas, al fin y acabo, sabía en dónde se encontraba. Unos pasillos más y saldría de ahí. Pero un pequeño ruido le hizo tenerse parándose en seco en medio del pasillo. Zuko era fuerte y la mayoría de su vida la había pasado entrenando y practicando para ser mejor, su tío había sido el encargado de su entrenamiento y de ser su maestro todos estos años. Por eso, a pesar de su corta edad ya era muy habilidoso, sobre todo con su odio, pues aunque el ruido era muy leve y casi imposible de escuchar, Zuko pudo saber de dónde provenía. Se puso rígido entonces en una posición de batalla, estaba seguro que no era algún sirviente porque lo habría reconocido, además, usualmente los sirvientes no andaban mucho por esos lugares… Mucho menos podría ser algún familiar suyo pues no tenían necesidad de andar por esos pasillos que posiblemente sólo él frecuentaba.

Una respiración calida y pequeña logró escuchar, provenía al fondo de aquel pasillo donde las antorchas ya casi no iluminaban y estaba tremendamente oscuro. Podría ser algún ladrón o espía, pensó el príncipe. Aunque claro, era casi ilógico esa idea… ¿quién sería tan imbécil como para entrar al castillo de la Nación del Fuego? Seguramente algún clase de suicida sabiendo que era casi imposible ni siquiera entrar al jardín de ese lugar, pues la seguridad era enorme, pero sea quién fuera, lo había logrado. Y Zuko sabía con quién descargaría su estrés en ese momento.

Y corrió entre la oscuridad de ese pasillo observando una pequeña silueta por ahí, la alcanzó mientras notaba como ésta caminaba con algo de pausa y cansancio. La tomó del brazo mientras la empujaba con mucha rudeza contra la pared. Escuchó un gemido salir de aquella silueta, un gemido leve pero lleno de dolor al sentir su cuerpo chocar contra la fría pared. Entonces Zuko la acorraló, oprimiendo una gran fuerza en el brazo de aquel espía o ladrón que fuera. Las antorchas ya no iluminaban ese pasillo, estaba completamente oscuro. Entonces Zuko con su mano libe, hizo algo de su propio Fuego Control llevando una pequeña llama en la palma de su mano para iluminar el oscuro pasillo, encontrándose con un par de ojos azules mirándole con terror.

—¡AAAAh! — y un gritito salió de la boca de aquella persona pero Zuko fue habilidoso en poner la mano con la que le había agarrado el brazo para que dejara de gritar. Enfocó más su vista, justamente era la persona más detestable y hasta el momento que no quería ver…

Pero recordó un plan en su mente, y una sonrisa siniestra apareció en su rostro. La silueta pareció reconocerle al sentir como alguien conocido le colocaba una mano sobre su pequeña boca. Estaba asustada, pues ese acto le había agarrado de improvisto.

—¿Qué haces aquí? — preguntó de forma tajante el príncipe retirando su mano sobre la boca de la persona. Notó lo pequeña que era a comparación de él, pero aun así, le tenía acorralada en ese pequeño tramo de pasillo.

—Yo…— la chica trató de hablar, aun no se le quitaba el susto, pero entonces recordó ante quién estaba: ante el gran príncipe Zuko, persona desagradable. Entonces frunció el ceño sintiendo un leve dolor en su espalda, al parecer se había golpeando con fuerza contra la pared. — ¡Que te importa! — le gritó Katara, Zuko abrió sus ojos de golpe. Estaba claro que no esperaba una reacción como esa por parte de la insolente princesa.

—¿Qué haces aquí? —volvió a preguntar esta vez con más frialdad que anteriormente. Acercó su rostro al de la chica, notando lo molesta que estaba en esos momentos y comprobó el reflejo de su pequeña llama en sus ojos azules que le miraban de mala gana.

—Puedo estar donde yo quiera. — comentó molesta. Era una princesa, un invitado real… ¿acaso era tan malo andar por ahí paseando por los pasillos en la noche? Claro estaba, que no iba a contarle la verdad. El por qué merodeaba por esos lugares.. No iba admitir que estaba perdida y que no encontraba su habitación, aunque no se había topando con ninguno de los sirvientes en ese tiempo, maldecía por lo bajo al haberse encontrado con ese patán.

—¡No aquí! — gritó molesto causando que ella cerrara sus ojos un poco. — ¡Estás en MI castillo y aquí NO puedes hacer lo que se te de la gana…! ¿Por qué no estás en tu habitación? — y le exigió una respuesta rápida, Katara observó el frió y la punzante maldad en los ojos ámbar de Zuko. No lo había notado pero eran tan fríos, que por un momento, le hizo estremecer. Maldijo por lo bajo nuevamente y sin saber por qué su cuerpo se relajó… no quería discutir con nadie, estaba muy cansada de andar por ahí caminado por mucho tiempo. Lo único que quería era dormir, aunque fuera un poco.

—Sabes… las personas tienen algunas necesidades en cierto lapso de tiempo. — le dijo Katara de forma cortante. Zuko comprendió sus palabras—No hay sirvientes por aquí, al parecer no tenía a quién preguntarle… No sabía que le molestara tanto, su majestad. — el príncipe sintió el veneno con lo que le había dicho en la última frase la chica.

—Bien, princesita…— y arrastrando sus palabras se acercó más a ella. Él había notado la cercanía de sus cuerpos pero Katara sí, y sintió como la acorralaba más contra aquella pared. Y una sensación desagradable recorrió su cuerpo, olió levemente el aroma que desprendía el príncipe. Era relajador y tan masculino, le hizo recordar a alguien. Alguien que había ocupado sus pensamientos por varios días, y que ocupaba su corazón. Aquella fragancia tan parecida a él… que inconscientemente acercó su pequeño cuerpo al del príncipe porque en él había un reciente recuerdo.

Se imaginó entonces a un chico enfrente suyo, de cabello corto pero enmarañado y de miraba algo arrogante, pero aquel que le traía tan loca con su simple presencia. Se imaginó hablándole en esos momentos, teniéndola acorralada como muchas veces la había tenido, que se acercaba sigilosamente hasta ella y uniendo sus labios en un acto puro y lleno de amor. Katara entrecerró sus ojos hipnotizaba ante esa fragancia, no había duda, eran tan parecidos… Pero cuando sintió que realmente la cercanía era tremenda, abrió sus ojos de golpe encontrándose con un frió par de ojos ámbares mirándola con algo de desconcierto. Katara se sonrojó inmediatamente pero dio gracias a que el pasillo era oscuro para que no notara su vergüenza. No, no era vergüenza, si no indignación.

—¡Quítateme de encima! — le exigió Katara desviando su mirada entonces, debía de aceptar que lo estaba a punto de haber hecho habría sido humillante… Pero la suerte estaba con ella tal vez, y logró que reaccionar a tiempo. Zuko le miró de forma fría pero Katara no hizo contacto con sus ojos, sentía una rabia su cuerpo, ¿por qué había sido tan tonta? Claro, por un segundo se había imaginado aquel chico que deseaba que estuviera con ella en esos momentos. Entonces su corazón se aceleró con rapidez latiendo una y otra vez mientras su cuerpo temblaba un poco. No, su recuerdo era tormentoso y doloroso… Y tenía que amarle tanto como para confundirlo con alguien tan desagradable como era Zuko.

Zuko por su parte no hizo y no dijo nada ante la exigencia de la princesa. Se quedó en su lugar, casi retándola… lo había notado, visto como ella le había mirado de alguna forma tan extraña segundos antes. Habría jurado ver algo cálido en los ojos de ella. Entonces sonrió de lado, era una oportunidad perfecta. No había nadie, estaban solos y posiblemente nadie sospechaba que andaban ellos juntos en algún pasillo oscuro de aquel siniestro castillo. Iba a enseñarle a esa princesita no jugar con fuego, mostrarle quién mandaba entre ellos dos y que no era digno de pertenecerle. Mucho menos de ser alguna rival para no caer ante sus amenazas. Doblegaría el maldito orgullo de esa arrogante princesa, le haría sentirse miserable e indescriptiblemente una felicidad amarga recorrió por su cuerpo, no había duda que pertenecía a la Nación del Fuego, pues aún le divertía ver el sufrimiento o hacer maldad ante lo demás.

—¿Qué no me escuchaste? ¡Apártate! — y la chillona voz de Katara retumbó en sus oídos sacándolo de sus pensamientos inmediatamente.

Ella abrió su boca para decir algo más mientras empezaba a forcejear para salir de esa pequeña prisión que había hecho el príncipe entre ella y la pared. Estaba claro que a Katara no le agradaba esa cercanía, más bien, le estaba molestando de sobre manera. Y era una cosa que no quería que sucediera, sintió un leve escalofrió en su espalda segundos después. Nervios nuevamente, algo… algo no andaba bien. Y alzó su vista notando la maldad entre los ojos de aquel príncipe, él iba hacer algo y ella, se quedó estática en su lugar al reconocer sus malditas intenciones. No supo cómo reaccionar o qué hacer, simplemente su mirada se quedó congelada con la de él.

—¿Acaso te molesta tanto princesita? —su voz arrogante recorrió en los oídos de Katara.

Ella no reaccionaba, sobre todo, cuando sintió como amenazadoramente él acercaba más su cuerpo al de ella. Quería intimidarla, dejarla con miedo y humillarla; hacerle saber que las cosas no funcionarían, y sí se casaba con él sufriría de una forma atroz. Deseaba hacerla sentir miserable, y que derramara lágrimas. Quería verla llorar, verla suplicar para que desasieran el matrimonio arreglado. Por eso acercó de forma aún más descarada su cuerpo contra el de Katara, era tan pequeño pero se moldeaba ante sus facciones. "Perfecto…" pensó Zuko, arrinconándola cada vez más impidiendo que ella pudiera forcejar en esos instantes.

Y Katara leyó sus intenciones en los ojos de Zuko. Nuevamente el escalofrió recorrió por su cuerpo haciéndola casi reaccionar, pero sólo un poco, pues su mente estaba en otra parte, sintiendo un calor por su cuerpo al apreciar como Zuko ahora la tenía más que acorralada. Pegando su cuerpo con el de ella, sin darle alguna clase de escapatoria los ojos de Katara se abrieron de golpe al sentir como él estaba demasiado cerca de ella. Tanto que pudo sentir como estaba a escasos centímetros de su… ¡No! Su cuerpo pareció reaccionar al sentir el roce de algo íntimo con su algo sagrado, sus mejillas se sonrojaron mientras su mente se volvía en blanco. Un leve movimiento en el cuerpo de Zuko le hizo saber que él respiraba cerca de su cuello mientras ascendía con lentitud hasta su oreja…

Ella no reaccionó y no pudo hacer nada, no pudo gritar, ni hablar o algo, menos apartarlo de su cuerpo. Solamente cuando sentía que él baja y suspiraba cerca de su cuello, ella sintió sus ojos llenarse de lágrimas: de indignación y vergüenza. No, ella no iba caer ante él y ver cómo la humillaba, ella era fuerte aunque por el momento, las fuerzas ya no estaban con ella. Y cuando sintió que él respiraba ahora cerca de su boca, tan cerca que sintió aquel aliento desgarrador y a menta de los labios de él. Él iba a… iba a… ¡No! Entonces, Katara con la poca consciencia que tenía y poder de su cuerpo, giró su cabeza bruscamente apartando su mirada y su boca de él. No iba a permitir que le besara o que le humillara, por eso apretó con fuerza sus ojos al girar su cabeza, impidiendo que él hiciera su acto.

Pero una mano se posó sobre su barbilla obligándole a girar su rostro bruscamente, entonces sintió como esa mano le agarraba con firmeza. Y la luz de ese pasillo desapareció, pues Zuko con su mano que había hecho la llama que producía luz, la ocupó para algo mejor: como rodear la pequeña cintura de la princesa con ella, presionándola contra su cuerpo. Y sintió como la morena temblaba de miedo, aunque no llorara o admitiera que no sabía qué hacer, esa sonrisa triunfante apareció en el rostro de Zuko al momento de acercar su cara con la de Katara. Por un momento la oscuridad les envolvió mientras ella firmemente mantenía sus ojos cerrados.

Sintió su aliento sobre su boca, un escalofrió sobre su cuerpo y como algo húmedo se posaba sobre sus labios. Un roce, por lo menos un doloroso y humillante roce de sus labios fue capaz de poder entrar en razón a Katara. Ahí abrió sus ojos de golpe antes de que él principie fuera más allá de ese roce a algo más profundo. No supo cómo o por qué, pero las fuerzas corrieron por sus venas. ¡Maldito! pensó al momento de moverse bruscamente de su pequeña prisión, desconcertando y arruinando el vil acto del príncipe, lo empujó con todas las fuerzas que tenía al tomarlo en su momento desprevenido. Se sintió libre al no tener la mano de Zuko sobre su barbilla o su cintura, y como si los Dioses volvieran a poner su suerte sobre ella, aún estando en la oscuridad levantó su pierna derecha con velocidad tremenda…

Y al fondo escuchó el ruido y el dolor salir de los labios de Zuko al sentir como le daban un rodillazo en su estómago muy cerca de alguna parte muy sagrada.

Katara escuchó el cuerpo caer de Zuko al suelo mientras miraba, o trataba de hacerlo, entre la oscuridad. Sólo escuchando como él tosía bruscamente, era evidente que el golpe había sido muy fuerte. Con sus mejillas sonrojas y sintiendo el miedo y la ira en su cuerpo, Katara comenzó a correr en cualquier dirección. Sólo quería alejarse de ese lugar… su mente no procesaba lo que acaba de suceder, solamente corría como si sus piernas lo hicieran por si mismas. No veía nada, todo estaba tan oscuro y ni idea a dónde se dirigía o si podría chocar con alguna pared. No quería hacer nada que no fuera huir de ese lugar.

Y efectivamente sintió como su cuerpo chocaba contra la pared, dejó salir un gemido mientras sacudía su cabeza. El pasillo era oscuro, colocó con desesperación sus manos sobre la pared buscando en qué dirección podría girar, sintió que había otro pasillo a su lado derecho. Y comenzó a correr nuevamente, pues escuchó al fondo como alguien se levantaba bruscamente y dejaba salir una maldición de su boca, al momento de correr tras ella. Katara quiso gritar pero aún su mente estaba en blanco, sólo corría y ni siquiera el dolor en su cuerpo le impedía que lo hiciera. Al final de ese nuevo pasillo notó con esperanza como había algunas antorchas, iba a entrar aun pasillo con luz nuevamente. Corrió con más fuerza para salir de ese pasillo, y cuando estuvo a punto de salir de entre la oscuridad… esta vez sí dejó salir un leve gritito, uno pequeño al sentir como alguien se abalanzaba contra ella.

—¡Yio! — exclamó sin sentido Katara al sentir como su cuerpo caía bruscamente al suelo, estaba boca abajo pero por suerte no se había golpeado con fuerza. Pero giraron su cuerpo bajo el suelo para que quedara boca arriba, y sintió como alguien se abalanzaba nuevamente sobre su frágil cuerpo. Sintió como Zuko se colocaba sobre ella, aprisionándola ahora en el suelo, esta vez Katara forcejeó con tremenda fuerza casi como una lombriz bajo una piedra donde intentaba liberarse. — ¡Déjame! — chilló por lo bajo, sintiendo como él tomaba sus manos con fuerza colocándolas sobre el suelo.

Ella alzó su vista y se arrepintió de hacerlo, pues observó la misma muerte en los ojos ámbares de Zuko.

—¡Tú! ¡Maldita perra! — y escupiendo sus palabras con maldad, acercó más su cuerpo contra el de ella. Katara dejó salir un leve gemido al sentir un contrapeso sobre ella lastimándola.— ¡Vas a pagarlo muy caro! ¡Jamás vuelas a…

Y la oración fue interrumpida nuevamente. Un ruido, un leve sonido se escucho en ese pasillo… casi inmediatamente Zuko se apartó del cuerpo de la chica, como si el mismo fuego le quemara. Katara permaneció en el suelo, con sus mejillas sonrojadas llenas de humillación y su respiración agitada, reaccionó ante el ruido después de que Zuko se apartara de ella y se levantó rápidamente del suelo mientras gateaba para alejarse de él. Ella le miró con locura exorbitante, humillada ante los últimos sucesos, ninguna lágrima había salido de sus ojos. Se había mantenido fuerte pero como un pequeño cordero asustado, ella se arrinconó en la pared más cercana y lejos posible de donde se mantenía el príncipe. Y giró su rostro esperanzada al observar como alguien se acercaba hasta ellos con una pequeña lámpara entre sus manos.

—Su majestad…— Zuko se giró para ver a la chica de cabello café y ojos hermosos hablarle. Ella hizo una reverencia al ver de quién se trataba, se asustó al ver al mismísimo príncipe Zuko en esos pasillos. — Lo lamento, no quería interrumpir su alteza… verá, escuche un ruido por aquí y…

—No hay problema. — le cortó Zuko con voz neutral pero aún pese a eso, hizo estremecer a la sirvienta. — Encontré vagando a la princesa Katara por aquí. — y le dirigió una mirada a la chica, quien se abrazaba a ella misma en algún rincón de la pared. — Creo que ella se perdió entre los pasillos, escóltala hasta su habitación, es una orden. —con mirada amenazadora, la sirvienta asintió con miedo, mientras se acercaba hasta una asustada Katara.

—Pero su majestad, su habitación está…

—¡Eh dicho que la escoltes a su habitación! ¡Maldita sea! ¿O quieres morir quemada como tus antiguos compañeros? — y Katara abrió sus ojos de golpe mientras observaba una mirada de tristeza en la sirvienta, ella nuevamente hizo una reverencia mientras no decía nada más. Con delicadeza tomó la mano de Katara mientras la retiraba de su lugar.

—Con su permiso, príncipe…— musitó la sirvienta al momento de marcharse con Katara a su lado, la princesa por su parte, se quedó consternada ante las palabras del chico.

Y Zuko soltó un suspiro al ver como la silueta de Katara y esa sirvienta se perdía a lo lejos, y golpeó con fuerza la pared que estaba a su lado.

Al cabo de algunos pocos minutos, Katara reconoció la puerta enfrente suyo. Habían llegado a su habitación mientras la sirvienta abría la puerta con delicadeza, entonces Katara observó una leve sonrisa triste en su rostro mientras ella entraba con pesadez a ese cuarto. Al entrar observó de forma vaga su habitación notando algunas maletas a su lado. Al parecer, ya habían dejado sus pertenencias ahí. Katara se giró, en silencio dio las gracias a la sirvienta por haberle salvado, aunque estaba segura, que ella no sabía nada sobre aquel encuentro entre ella y el príncipe… y dudaba que le dijera a alguien, si es que valoraba su vida. La sirvienta le hizo una leve reverencia mientras se despedía, Katara también le hizo una reverencia en forma de agradecimiento. Ella se extrañó, ¿acaso la princesa Katara le agradecía? Pero no dijo nada más y cerró la puerta tras de sí, causando que el sonido metálico resonara en la habitación.

Ahora Katara dejó caer su cuerpo sobre el respaldo de la puerta, hundiendo su cabeza sobre sus piernas.

Y un leve sollozo se escuchó en la habitación.

Continuará

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¡Wow! Sin duda alguna unos de los capítulos importantes en este Fanfic, ¿qué les pareció? ¿Les gusto? ¬w¬ Sí, sí Zuko es un maldito… ¡Lo amooo! Pobre Katara, ahora tendrá que luchar para poder evitarlo xD Definitivamente no pueden perderse el siguiente capitulo, las cosas se pondrán mejor. ¡Lo siento! Mi mente no es muy saludable jijiji Por eso coloque este Fic en sección "Teen" Ergh… ¡Pero vaya! ¬¬ Tengo que hacerlo si no la acción en este Fanfic no sería tan interesante. Jijiji, además, gracias a todos por los reviews me animaron mucho e hicieron que actualizara rápido. ¡Osh, Zuko! ¡Lo quiero!

Sobre Zuko… ¿Han visto que bien se ve en la serie de avatar ahora que tiene el pelo corto? Simplemente me fascino su nuevo look que decidí poner así en el Fanfic n.n Se ve tan kawaii con el pelo cortito. Aunque también, en el último capítulo de la segunda temporada de Avatar tiene el pelo más largo =D ¡Igual se ve genial! Vi imágenes en Internet sobre el último capítulo de la segunda temporada, me quede… ¡Sin habla! Casi esta hecho especialmente para todos las Zutarences ºwº Eso de que Zuko y Katara se quedan encerrados en la cueva… ¡Tan hermoso! ¡Espero con ansias que ya estrenen ese capítulo acá en México! ¡Me muerooo! xD Maldita Katara suertuda, quedarse con Zuko encerrados en la cuevita ¬w¬U Grr… Igual, ese capítulo me dio a entender que ahora Katara ya no ve a Zuko con los mismos ojos que antes, tuvieron una conversación interesante y ella comprendió el dolor que sentía Zuko, igual ella le comentó más cosas sobre su vida ¡Simplemente magnifico! ¡argh! ¡Ya quiero verloooooo!

En fin, ya volviendo a lo del Fanfic xD cof…

Pero ya verán, daré mas respuestas sobre a quién le gusta Katara. Pobre, creo que la he hecho sufrir mucho en este Fanfic, pero vaya… en cualquier momento los papeles se pueden invertir, uno nunca sabe. Y como siempre, les pido su colaboración con sus reviews si es que lo desean, eso me animará y me dará fuerzas para poner más pronto el próximo capítulo. Lamento mucho que el prologó tuviera errores ortográficos, y me disculpo nuevamente sí este capítulo también los tiene de más. No tuve mucho tiempo para mirar los errores, hice este capítulo de la forma más rápida. ¬¬ Sí, sí mi cochina mente empezó a trabajar alrededor de las 12: 30 a.m xD Ya imaginaran que me quede despierta hasta la madrugada para seguirle al Fanfic, suerte que estoy de vacaciones y no tuve que despertarme temprano x,X… En fin. ¡Nos vemos luego! ¡Dejen reviews, no sean gachos!

Una cosa más, antes de irme, estoy feliz porque he visto que la sección de Avatar está creciendo con nuevos Fanfics, me atrevo a recomendarles a que lean los demás. Hay muchos autores muy buenos en esta sección, recuerdo cuando la primera vez entre aquí, no tenían muchos Fanfics y a lo mucho, sólo uno o dos fanfics de Zutara xD Pero bueno, al menos me estoy uniendo a la colaboración. Espero, que pronto haya más Fanfic en esta sección. Mientras me conformó con ver que mis autores favoritos actualicen Digo, leer es bueno ¿no? Jejej Bien, les doy un gran abrazo, ahora sí, me despido por que me andan corriendo ya de la compu =D

¡Byes!

¡Oh zukitoooooooo! -Navi se coloca un "Localizador de Zuko 3000" xD- n.n ¡Ven Zukito, ven zukitoo…!