¡No puedo creerlo! O.o Ahora que por fin me he podido conectar con tranquilidad, me sorprende que me hayan dejado reviews… ¡Me puso tan contenta esta noticia! ¡Y no pude evitarlo! n.n ¡Gracias, de verdad muchas gracias! xD ¡Estoy feliz que a ustedes les agrade el Fanfic! ¡Que contenta! En fin… responderé a estos bien recibidos reviews, que me tienen muy contenta:
Princess Sheccid ((¡Haw! Me alegra que te haya agradado el capitulo, y si pobre Zuko ¬¬U ¡Que bajo a caído! xD Yo también espero que no se quede sin descendencia… T.T Esperemos que no. Todos queremos ver a Zukitos por ahí xD jajaja y sí, Katara debió haberle dado el golpe más fuerte ò.óX ¡Una mujer debe defenderse! –se ve al fondo como Zuko nos mira horrorizado- En fin, gracias por el review ¡Espero te agrade este capítulo!)) neko minime ((¡Jejeje me gusto tu review! Y sí, la parte de Zuko amenazando de esa forma la sirvienta fue escalofriante, pero… Daré algo de explicación en este capítulo –Navi saca el "localizador de Zuko 3000"- ¡Claro, te lo doy! xD Para que hagas con él lo que quieras… -Zuko sale corriendo- ¡Nos vemos! xD)) anita-asakura ((¡Gracias por los comentarios! Me alegra muchísimo que te guste el Fic, y sí, esta vez me tarde un poco en subir el Fic, tuve algunos problemas con mi computadora. Pero más vale tarde que nunca xD)) susukichan_ ((¡Sí, aquí esta la continuación del Fanfic! Espero te agrade, y sí… todos quieren saber de quién esta enamorado Katara –sonrisa malévola- n.n ¡Oh si! Gracias por lo del capítulo de Avatar en YouTube xD Tratare de verlo ºwº)) yukiko elric ((xD Sí, Zuko malo, malo, malo ¬¬U Pero todo esto lo hace para llevar a cabo su plan de deshacer el compromiso con Katara, aunque esta claro que no le será fácil hacerlo xD)) Kyoshi-C ((XD Si ¡Mugres escritores de Avatar! ;.; Como hacen sufrir a Zuko, aunque también si no fueran por ellos Zuko no existirá… Y sí T.T Al final Zuko traiciona a Katara O.o Aunque no estoy segura o no, por que solo vi imágenes, pero Zuko no pareció muy feliz con eso xD Se ve que le incomodo esta decisión ¡Pero vaya! A lo mejor es imaginación mía :D Repito, sólo vi las imágenes o.o Espero ver este episodio en español º¬º ¡Gracias por el review! )) Misao Kirimachi Surasai ((¿Entre sensual y agresivo? Jajaja eso me agrado xD ¡Gracias por los comentarios! Espero que te agrade este capítulo n.n)) Umizu ((¡Bien, he aquí el siguiente capitulo! Me alegró bastante tu review… T.T Haw, yo quiero el libro de Avatar –sollozó- Pero me conformo con ver la serie xD cof ¬¬U Aunque Nick siempre la pasa cuando se le pegue la gana y a veces no la pueda ver bien X.x… xD Y Zuko malo y maldito Ya va a ver lo que le espera jijiji)) Renaissance Lady-K ((¡HAW! ¡No puedo creerlo! Un review tuyo –ahorcando a Zuko de la felicidad xD- º0º ¡Mi ídolo me escribió, que emoción! -saltando- ¡Wow! Me alegra bastante que te haya gustado el fanfic, estoy muy contenta. Y extrañamente ya estoy subiendo otro capitulo, insistó en que estoy muy inspirada últimamente. Seguramente han de ser las vacaciones y el tiempo libre que tengo para aprovecharlo bien o0 De igual forma, gracias por el gran review… ¡Eso si que me animó! ¡Nos vemos! n.n ¡Y gracias!)) ShinobuByako ((Sí, sí todos esperan ver sufrir a Zuko en lugar de Katara… Aunque faltan un par de cosas y algo de tiempo para que pase. Pero esto se pondrá muy interesante, te lo aseguro… ¡Gracias por el review! n.n)) always mssb ((¡Gracias por tu review! Espero que también te guste este capitulo, y lamento el haberme tardado tanto mi compu tiene que descomponerse en mal momento… Apenas estoy recolectando de nuevo fotos de Avatar x.x por eso no puedo enviarte fotos, luego cuando las tenga te las paso ¿Vale? xD Necesito andar buscando Me formatearon la compu y perdí muchas cosas ¡Nos vemos!)) Dely ((¡Gracias por tu review y tomarte la molestia de leer mi Fanfic! Y descuida, Aang si aparecerá en este Fanfic, tengo planes para él n.n Ayudara mucho en esta relación… No te preocupes, Zutara no es más que el conjunto de Zuko-Katara, quiere decir que es un Fanfic de esta pareja xD )) A-Mononoke-z09 (( ¡Yeps! Gracias por tus comentarios, me pusieron de buen humor, aquí esta la continuación, nos vemos luego nOn ¡Cuídate mucho!))
¡Haw! –suspiró- No puedo creer la entrega de los lectores, eso me hace sentir bien n.n Bueno, ahora si, al Fanfic que es lo que nos interesa a muchos. Eso sí, antes de empezar ((si es que algunos leen esto)) esta vez este capitulo aparecerá un buen personaje, aunque en ciertas circunstancias que no se lo esperaban n.n Trataré de meter los próximos personajes conforme pase el tiempo, seguramente saldrán la mayoría… ¡Pero vaya! Todo a su tiempo XD
Avatar: Last Airbender no me pertenece y jamás me pertenecerá… T.T Pero no lo quiero, sólo quiero a Zuko… ;O; ¡Zuko, no huyas! -se ve como Zuko corre a lo lejos-
Entre dos
Capítulo 2: Evitar estar a tu lado.
Los primeros y tenues rayos del Sol se filtraron por aquellas enormes y extrañas ventanas del castillo. La princesa Katara, que dormía en una posición nada cómoda sobre la cama, empezó abrir sus ojos con pesadez ante esa sensación en su frágil rostro. Apenas esos débiles rayos hicieron leve contacto con su piel chocolate, una visible mueca de fastidio esbozó con disgusto. Iba a levantarse cuando rodó por la cama accidentalmente y cayó al suelo de golpe que se encontraba tan frió y duro… que causó que se levantará de golpe, observando que la cama había quedado en completo desorden. Miró la habitación analizando todo antes de soltar un leve bostezo y tallarse los ojos con algo de flojera y somnolencia.
Y como si ese día no fuera el indicado, sus recuerdos vagaron ante lo sucedido la noche anterior…
Sin pensarlo, frunció el ceño ligeramente al momento de girar con rudeza hasta el armario. Sus recuerdos eran tan frescos que tenía bien presente lo que había sucedió… ¡Es que era indignante! ¡Humillante! ¡Era…era…! ¡Argh! Ni siquiera sabía qué decir o qué pensar, simplemente sentir una gran rabia en todo su ser. Ella era una princesa, alguien proveniente de la Tribu del Agua y sobre todo, ella era Katara. Por supuesto, el que no la conociera no sabría lo orgullosa que era a la hora de ponerse seria ante cualquier acto. Y estaba claro, que su orgullo y su equilibrio mental habían sido quebrantados horas atrás causando una sensación extraña en su ser. Todo gracias a…
—¡A un estúpido de nombre Zuko! — murmuró con rudeza mientras aún seguía buscando ropa en aquel armario, moviendo de un lado a otro todos sus vestidos y alguna ropa… La verdad no miraba bien lo que estaba haciendo, sólo lo hacía por instinto, solamente movía las cosas del puro coraje y desesperación. Todo ese recuerdo le había sacado de sus casillas por completo… Bonita forma de recibir el día.
Zuko… ¡Oh zuko! ¿Qué había hecho él para molestarla tanto? Bien, había suficientes razones para que Katara tomara la idea de odiarlo y colocarlo en su lista negra personal. En primera, por su sonrisa arrogante que le dirigía y la forma en que le provocaba, casi al límite de hacerle perder la cordura. En segundo, lo bien amable que era con ella. ¡Sí, claro…! Y en tercero, cuando realmente él se había pasado de la raya. Había ido demasiado lejos, tanto así, que Katara sentía que le habían humillado de la forma más vil de su corta vida.
Y dejó de mover la ropa para mirar de forma vaga el armario.
—Maldito…
No, ella no había llorado y no lloraría por él. Lo sabía… sabía que Zuko esperaba verla humillada y llorando en esas circunstancias, pero Katara no le daría el placer tan fácilmente. Aunque sintiera por dentro ganas de ahorcarlo y matarlo, aunque sintiera todo ese torrente de emociones traicioneras en su alma impidiendo que viera las cosas de un modo distinto, ¿por qué tenía que confundirla de ese modo? Y apretó con fuerza un vestido entre sus manos. Estaba furiosa y el sólo recordar lo sucedido le hacía sentirse deplorable e humillante. Pero aún así, no sentía ganas de llorar y no lo haría, se había contenido la noche anterior. Aquella noche en donde no creyó que el príncipe Zuko cayera tan bajo como lo hizo.
Él había tratado de hacer algo más allá de lo permitido. Había invadido su espacio personal, donde casualmente la había acorralado en alguno de los fríos pasillos de ese cruel castillo. Y había hecho algo que casi hizo que Katara deseara con toda su alma golpearlo con todo su poder hasta dejarlo sin huesos. Pero a pesar de eso, ella no había hecho mucho que digamos en ese momento, Katara solamente reaccionó a tiempo, se defendió y simplemente hizo lo que primero pudo hacer lo que estaba a su alcance. Como única opción, había huido después de haberle golpearlo, había sentido miedo debía confesar... Miedo a esos ojos ámbares que gozaban mirándola con arrogancia desde que llegó, miedo a ese chico con el cual estaba comprometida, miedo a perder algo más y miedo a que él le pudiera hacer algo que la lastimará. Pero bendita fue su suerte al ser rescatada por alguna sirvienta. Igual, su entrometida presencia salvó a Katara de las garras de Zuko antes de que las cosas empeoraran, y en silencio, Katara agradeció la presencia de esa sirvienta ahí… Ni siquiera le dio las gracias personalmente.
Distraída estaba ahora en quedarse quieta, que no escuchó cuando alguien tocó la puerta de la habitación, pero inconscientemente dijo un leve "Adelante…" Katara no tenía muchos ánimos que digamos de ver a alguien y su estado de ánimo, iba de lo peor. Sufriendo pequeños lapsos de tristeza o hasta el punto de sentir rabia hacia cierto príncipe de nombre Zuko.
Una presencia femenina se hizo presente en la habitación segundos después.
—Princesa Katara…— esa extraña voz obligó a la nombrada chica girarse con lentitud, topándose con alguien que no esperaba verle tan pronto.
Y ahí estaba aquella sirvienta que le ayudó la noche anterior, que agradeció en silencio por salvarle y llevarle a su habitación. Katara miró a la sirvienta, su mirada calida se posó en ella mientras su corto cabello entre café-rojizo caía sobre sus hombros. Ella era algo más alta que Katara, y sin pensar mucho, dio algunos pasos hasta la princesa. Ella hizo una reverencia ante una atónita Katara, quien en seguida recapacitó saliendo de sus pensamientos al parpadear un par de veces algo confundida.
—Lamentó molestarla su majestad, pero fui enviada ante usted.— y una media sonrisa apareció en su rostro radiante. Katara le miró a los ojos inquietantemente… donde no vio más que tristeza en ellos, significa que ella se mostraba feliz pero sus ojos indicaban lo contrario. Solamente atinó a tragar algo de saliva mientras se despejaba un poco de sus ideas retorcidas, debía decir algo cuanto antes y dejar esos pensamientos que le estaban agobiando debido a los sucesos anteriores. — ¿Está todo bien, su majestad? — le interrumpió nuevamente aquella intrigante sirvienta.
—E-este sí…—Katara al fin habló, colocando un mechón de su cabello entre sus dedos algo nerviosa. Era una extraña maña que tenía desde pequeña, siempre lo hacía cuando estaba nerviosa o no sabía qué hacer ante circunstancias penosas. — Claro, estoy bien… no te preocupes. — hizo una pausa. — ¿Exactamente a qué fuiste enviada? — y con curiosidad notó la media sonrisa que la joven sirvienta le dedicaba con educación.
—Oh, bueno…—desvió algo su mirada algo apenada. — Me enviaron para cuidar de usted por algún rato. El príncipe Zuko convenció a su padre para que fuera su guía por estos días en que estuviera en el castillo. Al parecer, no sabe las instalaciones de éste y algunas de nuestras reglas que debe seguir, su majestad.
Y el sólo hecho de escuchar el nombre de Zuko, hizo que Katara ligeramente se mordiera su labio inferior con rudeza.
—Bien…—rodó entonces sus ojos antes de suspirar con pesadez. Posiblemente, no había despertado con el mejor ánimo ese día pero podría hacer un esfuerzo para que eso no le amargara la existencia. Por eso, se giró con naturalidad hasta la sirvienta enseñándole, muy a su pesar, una de sus mejores sonrisas matutinas. — ¿Entonces serás mi guía, cierto? — al notar como ella asentía con lentitud, Katara inclinó levemente su cabeza sin borrar la sonrisa de su rostro. — Gracias…
—¿Gracias?... — murmuró la otra presencia femenina no comprendiendo. — ¿Por qué, su majestad?
Mas aquella pregunta quedó al aire. La sirvienta al escuchar, bien o mal, el agradecimiento de los labios de la princesa sólo atinó a mirarle desconcertantemente, ¿gracias? ¿Por qué la Princesa de la Tribu del Agua le decía eso? Simplemente no encontraba lógica para esa acción de palabras vacías… Que sepa ella, no había hecho algo para que la princesa le diera ese agradecimiento. Y como si fuera un libro abierto, al hacer contacto su vista con la de la hermosa princesa, notó que ella relajaba sus facciones y actitud ligeramente.
—Por lo ayer…—comentó Katara y comenzó a sospechar que la sirvienta no entendía a lo que se refería. Sin pensarlo, la dulce Katara dejó caer con pesadez su cuerpo en la cama, sentándose con rigidez antes de suspirar cansada. — Anoche me salvaste de algo terrible. — le confesó con naturalidad.
Mas la sirvienta sólo le miró con seriedad. Parecía que esos rasgados ojos que poseía, podían leer el alma de la princesa… pero Katara no lo creyó así, solamente era una mirada intrigante que le dirigía en esas circunstancias pesadas.
—Verá...- y Katara centró su atención en la sirvienta. — lo de noche no fue más que una imprudencia mía… Así que le ruego perdón, si en mi entrometida presencia arruine un momento personal…— Katara visiblemente reflexionando sus palabras soltó una leve sonrisa.
—No…—le miró— No interrumpiste algo personal o que quisiera recordar…—entonces una afligida mirada de compasión por parte de la sirvienta hizo que Katara se sintiera mal en ese momento. Los sentimientos le traicionaban nuevamente ante el recuerdo… ¿Por qué esa maldita impotencia tenía que hostigarle? ¿Por qué no se defendió en ese momento como se debía? ¿Acaso ella era débil después de todo?
No. La palabra débil jamás describiría a la princesa Katara.
—El príncipe Zuko hizo algo anoche que le molesto, ¿cierto, su majestad? —aquella pregunta impulsada por la sirvienta tomó a una desprevenida Katara, que sólo atinó a mirarle atónitamente. Mas la sirvienta al ver su reacción, se arrepintió de sus palabras…— L-lo siento su majestad… soy una imprudente, jamás debí cuestionarle eso, discúlpeme. — y con pesadez, bajó su mirada arrepentida antes de hacer una leve reverencia visiblemente sonrojada.
—No te preocupes, no tienes por qué disculparte.— aquella frase causó el interrogante en la sirvienta. — Anoche posiblemente sucedió algo que quisiera borrar de mi memoria…—justamente en ese momento, la sirvienta se acercó hasta la morena para mirarle detenidamente. — Y-yo… no supe qué hacer en ese momento, me sentía débil… no era yo misma. Todo el valor que reuní desde mi viaje para afrontar todo esto se derrumbó ante él… No entiendo qué demonios sucedió, pero no es algo que quisiera vivir nuevamente, no con él…— como si fuera aquella extraña sirvienta su mejor amiga desde hace años, le confesó todo. Estaba ante una extraña, una sirvienta, alguien que no conocía y confesándole algo que tal vez no debía. Pero Katara supo desde que hizo contacto visual con ella, que era una persona amable y de confiar.
—Entiendo… le hizo daño el príncipe Zuko, siempre es así. — Katara alzó su vista sorprendida, podría decirse que estaba perdida. — En este lugar, la felicidad sobra… Eso me consta. — con pesar, su vista se nubló un momento. Katara observó sus ojos nuevamente, toda la tristeza en aquella joven sirvienta se veía reflejada en su quebrantada alma. Sin decir más, Katara hizo un gesto amable para que ella se sentara a su lado. Con lentitud, la sirvienta se colocó en aquel suave colchón de la cama en compañía de la agradable princesa.
—¿También te han hecho daño? — y la sirvienta asintió con lentitud mordiéndose un poco su labio inferior que tembló un poco.
—Y-yo… quisiera irme de aquí, pero sé que es imposible. — sus hombros se tensaron con claridad. — En estos dos años, mi vida ha sido un infierno total. Desde pequeña mi padre me había advertido sobre la crueldad de la Nación del Fuego, mas sin embargo, jamás llegué a imaginar que viviría en carne propia el dolor de esto… Y no soy la única, muchos de los servidores del castillo han perdido algo querido y posiblemente, han sufrido igual o peor que yo.
Una lágrima.
Katara abrió sus ojos sorprendida al notar como una lágrima solitaria resbalaba por la mejilla derecha de aquella sirvienta. Un extraño nudo en la garganta se formó en la princesa, era claro, que aquella persona enfrente de sus ojos sufría terriblemente al ahogarse en sus recuerdos. No tenía idea de lo que posiblemente el dolor que habría sufrido ella, pero a pesar de eso, una mirada de compasión le dedicó. Y sin decir nada más, colocó una mano sobre el pequeño hombro de la sirvienta en forma de consuelo.
—Su majestad, yo…
—Katara— le interrumpió la princesa. — Mi nombre es Katara. No me llames de usted, me hace sentir algo vieja…— le sonrió con sinceridad, aquella sirvienta le miró incrédula ante esa sincera sonrisa llena de compasión. — ¿Cuál es el tuyo? — preguntó posando su fina mirada sobre la de la sirvienta que sería su guía.
—Suki…—aquel débil susurró que salió de su boca fue acompañado después por una ligera sonrisa.
—Es un hermoso nombre, pero más hermoso sería que no te derrumbaras en tu tristeza Suki. — y la nombrada sirvienta le miró con curiosidad. — No tengo mucho de estar en este castillo o de haber hablado con alguien tranquilamente, viendo que serás mi guía por los siguientes días, lo preferible sería que nos conociéramos un poco mejor, ¿no? — Suki, con alegría en su rostro, asintió firmemente tallándose su ojo derecho antes de que otra lágrima traicionera saliera a flote. — Entonces… mucho gusto. — alzó su mano, Suki le miró para después entrelazar la suya con la de la princesa. — Katara, princesa de la Tribu Agua.
—Suki, de Kyoshi.
—¡Haw! ¡Kyoshi! He escuchado de ese lugar…— le sonrió. — Ahí hay grandes guerreras, han contado por los alrededores asombrosas historias de ellas…—Suki le sonrió complacida. — ¿También eres una? — mas Suki se encogió algo de hombros antes de soltar un leve suspiro.
—Lo era… o al menos eso creo. — Katara le miró expectante con esos hermosos ojos azules que poseía. — Verás, desde que llegué aquí un tormento enorme me tiene aferrada… Kyoshi no está más que en los recuerdos de la gente que sobrevivió después del ataque.
El lugar se tensó antes de que Katara pudiera preguntar:
—¿Quieres hablar de ello?
—…—Suki asintió con lentitud, el recuerdo estaba atrás de su espalda, en su sombra y en su ser. Era tiempo de decir todo o platicar de ello. — Hace años vivía en mi pueblo junto con mi padre. Yo era tan feliz pero poco después, fuimos atacados por la Nación del Fuego…— la frustración hizo presencia en su alma, y apretando sus puños en su regazo bajo su mirada. — Muchos murieron, otros fueron capturados y traídos hasta este lugar. Mis amigos, mis conocidos y demás gente murieron… hicimos todo lo posible por sobrevivir pero el fuego consumió todo. Mi padre, algunos de mis amigos que sobrevivieron y yo, fuimos traídos a este lugar. Al notar nuestras habilidades en combate, el Rey Ozai decidido perdonarnos la vida y dejarnos en este castillo a cambio de ser sus sirvientes. Varios de mis amigos se rehusaron, y fue horrible, murieron calcinados al negarse… Y lo peor de todo, fue enfrente de mi presencia. — una lágrima más rodó por su mejilla, pequeños sollozos salieron de su fina boca.— Mi padre, fue enviado a la guerra como soldado de la Nación del Fuego. No he sabido nada de él pero mantengo la esperanza de que algún día regresará con vida. Por eso, no he podido irme de aquí a pesar de todo el dolor, las amenazas y la frustración que vivo encerrada en este castillo…— su vista hizo contacto con los ojos azules de la princesa. — Espero el regreso de mi padre, cuando sea así… huiremos juntos de aquí. Pero todo será cuando la guerra terminé.
—Entiendo…— soltó al fin la princesa Katara. — Muchos esperan el regreso de alguien de esta guerra…—apretó con firmeza su mirada en la pared de la habitación. — Descuida Suki, la fe es lo último que muere.
Suki se limpió las lágrimas traicioneras que no pudo retener. El dolor y la frustración salió al flote al confesar su pasado, las heridas eran dolorosas y quemaban como el fuego en su alma quebrantada. Su padre, era lo único que la mantenía aferrada a ese maldito lugar, esperar con ansias su regreso cuando la guerra terminará. Estaba completamente segura que su padre estaba con vida, era un guerrero y sabía de sobra que él defendería su vida hasta el final… Cuando era pequeña, Suki había recibido entrenamiento especial para convertirse en guerrera Kyoshi. Su padre había sido rígido y estricto, pero en un futuro su hija se lo agradeció. Toda la fortaleza que le enseño fue valorara por ella, para poder mantenerse en pie ante las penumbras y dolor que rodeaba su vida en esos años de soledad. Ahora estaba ahí, llorando como una pequeña niña como hace años no lo hacía, a un lado de la princesa Katara.
Un brazo rodeó los hombros de la sirvienta y después otro. Un leve abrazo era lo que la princesa Katara le ofrecía. Y la sirvienta soltó en llanto profundamente sin contenerse. Suki, ella sufría como no se lo había permitido desde el haber pisado ese castillo. Sabía que había optado por una actitud seca y fría al permanecer encerrada en ese frío castillo por dos años, al saber que sus amigos habían muerto y su padre estaba en algún lugar lejos de ella. Pero muy en el fondo, ella sólo era una chica asustada y atemorizada por la crueldad de la Nación del Fuego. Y Katara lo comprendió… que la Nación del Fuego podía hacer cosas tan atroces como el matar a los amigos de alguien enfrente de sus ojos. Por eso sintió compasión por la chica de nombre Suki.
—Suki…—le susurró Katara después de que ella se calmara un poco de su llanto. — ¿Estás mejor? — y al observar como ella alzaba su rostro un poco más tranquila y asentía con lentitud, notó que sus mejillas estaban levemente sonrojadas.
—Discúlpame… debe ser vergonzoso en verme en estas circunstancias. — y soltó un suspiro. — Pero nunca me había permitido llorar aquí, a veces hasta siento que es prohibido llorar en este castillo.
—No te preocupes Suki, no es vergonzoso o algo para arrepentirse. Las lágrimas a veces ayudan a limpiar o sanar las heridas del alma. — le sonrió— Por muy fuerte que sea, siempre debes contar lo sucedido a alguien. El encerrar tus sentimientos pude ser doloroso…— y fue el turno de Suki de agradecerle a Katara. — ¡Qué va! ¡Arriba esos ánimos! — y se levantó de la cama visiblemente con el ánimo más cambiado. — ¡Tengo hambre! ¿Podrías decirme cómo llegar al comedor?
—Claro…— le sonrió Suki. — Por eso estoy aquí, para hacerte guía…— e hizo una leve reverencia. — Estoy mucho mejor, he de agradecértelo. Jamás le había contado a nadie de esto… El interactuar con otros sirvientes está prohibido en este castillo. — Katara le miró intrigantemente. En su castillo, no había crueldad contra los sirvientes o impedimentos. De hecho, según recordaba Katara, sus sirvientes siempre eran amables y le contaban anécdotas hermosas para entretenerla… Pero al parecer, la historia era muy diferente en la Nación del Fuego.
—Ya no importa. — le sonrío Katara antes de dirigirse al armario. — Sólo tengo que cambiarme de vestido. No tardaré…— y sostuvo un ligero vestido de color celeste entre sus manos. — Este… Suki— comentó algo apenada al colocarse atrás de una especie de cortina que había en la habitación, utilizada comúnmente para que alguien se cambiará de ropa. Suki alzó su vista. — Tu compañía es agradable… quizás otro día podríamos hablar más seguido. Eres la primera amiga que he hecho aquí… ¿podríamos serlo?
—Por supuesto Katara. — le comentó Suki dedicándole una sonrisa sincera como hace muchos años no esbozaba. — También serás mi primera amiga.
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Suki se había alejado de Katara, informándole que tenía que hacer otros pendientes. La princesa, a su vez, al notar su ausencia llegó a extrañarla. Era increíble como en tan sólo unos minutos, había fortalecido una amistad con esa chica. Tal vez era por que Suki era amable y ligera o porque Katara realmente necesitaba a alguien en ese frió lugar. Pero cualquiera que fuera la razón, Katara estaba contenta del haber encontrado a alguien como para considerarla una amiga… Era maravilloso, los amigos se encontraban cuando menos te lo imaginabas.
Ahora se encontraba sentada en aquel gran comedor. La mesa era enorme, la misma donde había comido el día de su llegada. Hoy, estaba sola en ese lugar. Suki, como buen guía que era, le había informado sobre ciertas cosas del castillo y sus reglas. Como el que jamás comería con el Rey Ozai hasta que fuera una ocasión especial o necesaria. Y si llegaba a verle, era necesario hacer reverencia ante él con respeto y sabiduría. Estrictamente prohibido salir en la noche de su habitación a partir de las 10: 00 p.m., sí era muy urgente y necesario, tenía que ir acompañada con alguien de confianza. Cada vez que fuera a algún sitio, un sirviente o su guía permanecería a su lado. El horario de la comida era: 6:00 a.m a 9:00 a.m para desayuno, 12:00 p.m a 1:30 p.m para comida, 5:30 p.m a 6:30 p.m en merienda y 8:00 p.m a 9:30 p.m para cena. No comería nada fuera de los horarios establecidos, por lo cual tenía que tomar nota de eso. Asistiría a todas las reuniones del señor Ozai a las 4:00 p.m a 5:00 p.m, todos los Miércoles y Viernes, ¿para qué? Ni idea, pero al parecer tenía que estar presente en las reuniones o discursos de aquel Rey. No tenía que hablar en presencia de algún otro de la realeza, solamente cuando le hicieran una pregunta o algo así. No hablaría con voz fuerte en los pasillos. Podría tomar el baño dos veces al día, los horarios establecidos serían puestos otro día. Y absolutamente estaba prohibido ir al pueblo sin la compañía de su guía o prometido. Cuando quisiera salir con él, debía pedir permiso y ser escoltada por varios soldados de la Nación del Fuego.
Y vaya, después de una larga lista de las cosas que debía hacer o no Katara en ese castillo, la cosa comenzó a fastidiarle… ¿de verdad tenían reglas para todo? Parecía tan irreal y desconcertante, tanto así, que ya se le habían olvidado la mitad de las reglas básicas que Suki le había comentado hacer algunos minutos… ¡Casi tenían reglas hasta para poder respirar! ¡Qué rayos…! ¡Blah! De Igual forma, no le veía el por qué seguir tantas y absurdas reglas… ¿para qué? En su Tribu muchos eran libres y hacían lo que quisieran, claro… sin sobrepasarse en las cosas y siempre aceptando sus responsabilidades o consecuencias de sus actos. Pero en este lugar, no era su Tribu ni su castillo, mucho menos su creencia o religión, era un lugar totalmente diferente y ajeno a sus expectativas. Tenía que acostumbrarse… después de todo, los de su Tribu se caracterizaban por adaptarse a lugares diferentes a su ambiente.
Y sostuvo con delicadeza un pan dulce entre sus manos, apenas y eran las 8:30 a.m y ya estaba despierta. Tal parecía, que los de la Nación del Fuego eran totalmente madrugadores, por eso ahora se encontraba desayunando algo ligero en el comedor. Su estómago se lo exigía, tenía hambre pero aún así conservaba sus modales de princesa…
— "Me pregunto… ¿dónde estará Suki?" —pensó mientras observaba su platito vacío donde segundos antes reposaban un par de panes deliciosos. Debía admitirlo, en la Nación del Fuego había cosas dulces para comer. Entonces, Katara observó de nuevo todo el lugar… sólo estaba ella, unos platos más de su desayuno en la mesa y nada más que las frías paredes de esa habitación.
—Hoy es un día hermoso…— dijo alguien más. Katara en ese instante se asustó como nunca, y dio un respingo en su lugar al notar a alguien más sentado en la mesa, ¿pero cuando…?— Buenos días princesa Katara.
Era el señor Iroh, que se encontraba sentado enfrente suyo sosteniendo una taza de té entre sus manos con una sonrisa de oreja a oreja. ¿Cuándo había llegado él, que Katara ni lo vio? ¡Le había dado un susto de muerte ese anciano! ¿Acaso pensaban matarla antes de su boda?... ¿Boda? ¡Argh! ¿Por qué demonios tenía que pensar en eso ahora? ¡Y tanto que le había costado recuperarse de ánimos ese día!
—Señor Iroh… —susurró al fin Katara para después dejar salir un suspiro. —Buenos días para usted también.
—Lo siento mi pequeña, no pretendía asustarte de ese modo. — le sonrió con gracia al notar como la princesa de la Tribu Agua se había asustado al notar su presencia repentina. — Generalmente siempre tomó el desayuno solo en este gran comedor… a veces es difícil encontrar compañía, sobre todo una linda como usted. — y la sonrisa radiante en su rostro causó que levemente las mejillas de Katara se sonrojaran.
—Y-yo… no lo sabía señor Iroh. — dijo apenada.
—Sí, sí… siempre es así. — y acarició un poco su barba el anciano. — Nunca desayuno con alguien, a veces lo hago con mi sobrino Zuko, pero es a veces, supongo que todos los demás desayunan en el otro comedor, incluso el Rey Ozai.
—¿Otro comedor? —preguntó consternada Katara.
—Sí, hay otro comedor al otro extremo del castillo. Dependiendo la ubicación de tu habitación puedes ir al más cercano, pero prefiero venir a éste. Es más pequeño y no es tan ruidoso como el otro. — Iroh dio un leve sorbo a su delicioso té de jazmín. — Ah… Exquisito—susurró al deleitarse con su sabor fino de ese té sin igual.
—No tenía idea. — contestó Katara mirando como curiosa a ese sin igual anciano. Algo le decía que era de confiar, tal vez por el aura de confianza que desprendía al estar cerca de alguien. Era la misma sensación que había sentido al conocer a Suki. — En mi castillo las cosas están más cerca y más ubicadas, aquí parece un laberinto.
—Sí… ¡Hasta que alguien está de acuerdo conmigo! Jajaja— soltó una carcajada. — Siempre le he dicho a mi hermano Ozai que este lugar parece un laberinto de los mil demonios. Cuándo era pequeño a veces me perdía, Oh claro… Eso fue hace mucho tiempo Jajaja— sonrió abiertamente Iroh, y sin pensarlo, Katara esbozó de igual forma una leve sonrisa. Ese anciano, tenía algo especial. — Y dime Katara… ¿ya has visto las instalaciones de este castillo?
Y la princesa le observó atentamente.
—No, no he tenido oportunidad de salir. Sólo he estado en mi habitación desde que llegué. — mintió. Pero no podía decirle sobre el pequeño suceso de la noche anterior. Y sin darse cuenta, al recuerdo de ese acto que manchaba su orgullo, apretó con fuerza su puño. El anciano pareció percatarse de ello, por eso soltó un suspiro.
—Descuida, me dijeron el rumor que ya te han puesto un guía. Sería bien que te dieras una vuelta por los alrededor. Claro, me refiero a las afueras del castillo. Debo admitir que aún tienen el jardín hermoso desde hace años. — le sonrió con confianza. — Jajaja cuando era pequeño me caí al estanque que tenemos… Bueno, mi hermano Ozai fue quien me empujo, pero eso fue por que lo molesté. — y otra carcajada inundó la habitación. Katara también rió ante el relato despejándose de las cosas que le agobiaban. Definitivamente el anciano te hacía pasar un buen rato divertido. — Mi niña, te recomiendo que cuando vayas al estanque que tenemos, por nada del mundo molestes a los patocastor…
—¿Eh? ¿Por qué señor Iroh? —pero al notar la sonrisa maliciosa del señor Iroh, decidió no preguntar más.
—Eso deberías preguntárselo a mi sobrino Zuko jajaja— rió energético. — ¡Ah…! Es delicioso este té. Dime Katara… ¿te gustaría un poco de té de jazmín? Siempre es bueno y de gran sabiduría compartir una taza de té con alguien. — al notar como la princesa sonreía y asentía con delicadeza, Iroh sirvió un poco de té de jazmín en un vaso que estaba por ahí cerca, ofreciéndoselo a la chica al instante.
Katara dio un sorbo de su té. Sí, en definitiva era exquisito y de buen sabor.
—Es realmente bueno señor Iroh. — confesó Katara, y el anciano sonrió aún más complacido por el cumplido.
—Gracias, me gusta prepararme mi propio té de jazmín. — y Katara le miró admirada. — No me gusta tanto como lo preparan los sirvientes del castillo, claro, lo hacen bien pero me gusta más hacer las cosas por mis propias manos. Además, es relajante al momento de hacer algo que te guste. Uno debe hacer sus propias cosas para divertirse.
Sabio proverbio, quizás.
—Mi niña, ¿haz conocido mejor a mi sobrino Zuko? — esa pregunta casi causó que la princesa se ahogara con su té de jazmín.
Zuko…
¡Argh!
—No señor Iroh…—comentó con firmeza Katara. Su vista se mantuvo firme por algunos segundos sobre su taza de té para después dejarla reemplazara por una algo triste. De nuevo, ese extraño torbellino de emociones empezaba agobiarle…Todas las cosas que había experimentado, ¿por qué tenían que recordarle a Zuko? Era un maldito.
Pero Katara lo sabía de ante mano. Era su prometido, un príncipe y su futuro esposo. Por eso se mordió levemente el labio inferior al recordar eso. Tarde o temprano, el compromiso se llevaría acabo y sería su esposa. Quisiera o no… El destino era tan cruel, si en otras circunstancias esto hubiera pasado, fácil habría arruinado el alzo que los unía. Pero lamentablemente, de ella y del fastidio príncipe, dependía una guerra que podría terminar o seguir ante su decisión…
Además, aún estaba el padre de Suki en esa guerra.
Suki esperaba su regreso.
Suki contaba con ella.
Suki ahora era su amiga.
Tomó una fuerte decisión en ese instante Katara, con todo el pesar de su corazón y alma, no era nada comparado con lo que posiblemente miles de familias sufrían ante el caos de esa insufrible guerra. Muchos esperaban el regreso de alguien amado, otros deseaban la paz o que terminara su tormento. Si el compromiso no se llevaba a acabo, la guerra seguirá y las muertes serían incontables… El dolor, la frustración, el hambre, tristeza y agonía que la gente había sufrido, era como un peso sobre los hombros de la princesa. Tenía entre sus manos, literalmente sus vidas. No debía retroceder, por más que quisiera, se casaría con el príncipe Zuko. Se casaría con alguien que no conocía y no amaba. Se casaría con alguien de la Nación del Fuego… Se casaría, con un total extraño.
—¿Katara?
¡Argh! Katara dio otro respingo en su asiento al escuchar de nuevo la voz del señor Iroh.
—L-lo siento…—se disculpó ella. — Me distraje un poco. — y sonrió algo nerviosa al ver la penetrante mirada del anciano en su rostro. Algo malo pasaba o había sucedido y Katara temió que el anciano se percatara de eso. Pero él no retiraba su vista de la jovencita…
—Está bien mi niña. — después de eso le dedicó una forzaba sonrisa. — Como sea, tarde o temprano se conocerán mejor. Ya sabes, tendrás que casarte con él. —Katara desvió un poco su mirada. — Tal vez sea difícil o no quieras.
Fue entonces cuando Katara posó su vista en el anciano, ¿cómo sabía todo eso? ¿Tan evidente era?
—No hagas preguntas. — le interrumpió Iroh al notar como ella apenas iba decir algo. — De eso me doy cuenta por lo tensa que estás desde que llegaste… Descuida, las cosas mejoraran. Pero ten en cuenta, que de ustedes dos dependen muchas cosas. — Sí, Katara sabía perfectamente a qué se refería: la guerra.
—Haré todo lo posible señor Iroh…—y bajó un poco su mirada algo apenada.
Aún no estaba lista para enfrentarse nuevamente con Zuko, no después del suceso de la noche anterior… ¡Maldición! ¿Qué debía de hacer cuando le viera de nuevo? ¿Le gritaría, le enfrentaría o huiría? No tenía idea y odiaba cuando las cosas se salían de sus límites impidiendo que viera con claridad las cosas… ¡Ese idiota de Zuko le cegaba su mundo! ¡El muy maldito…!
Pero un leve sonido en la puerta del comedor interrumpió sus espontáneos pensamientos.
Ambos se giraron hasta ese lugar, notando como levemente y con delicadeza el fino cuerpo de una chica se escurrirá por la habitación. Era Suki, y Katara sonrió al verla de nuevo ahí. Suki, al notar la presencia del señor Iroh hizo una leve reverencia. A lo cual, el anciano le dedicó una sincera sonrisa con gracia.
—Discúlpeme…— Katara posó su vista hasta su guía.— Su majestad Katara, he venido por usted. — entonces alzó su vista hasta el señor Iroh, casi como pidiéndole permiso para retirarse. A lo cual, le anciano le dio una sonrisa para dar su último sorbo de té y soltar un suspiro de satisfacción.
—Yo debo retirarme mi niña. — comentó Iroh. — Se me ha hecho tarde, tengo asuntos que atender. Además, alguien debe estar impaciente por verme. — una sonrisa misteriosa adorno su rostro. El anciano caminó por la habitación para dirigirse a la salida, antes de eso, se giró un poco para observar a la princesa de la Tribu Agua. — Me preguntaba princesa Katara… ¿le gustaría tener una partida de Pang-Sho otro día? Realmente, el platicar con usted es relajante.
Y katara asintió con su cabeza, en definitiva pasaría otro rato en compañía de ese anciano.
—Entonces, hasta luego mi niña. — entonces Iroh se alejó de la vista de ambas chicas.
Al menos, Katara estaba agradecida en que sus expectativas estaban incorrectas. Sí había gente amable y buena en ese lugar… sólo era cuestión de buscar entre las sombras para encontrarles.
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Se mantuvo estático por algunos segundos antes de que una llamarada pasara cerca de su rostro. Apenas si tuvo tiempo de esquivarla, tanto que casi caía al suelo ante esa acción agitada. Con furia contenida corrió hasta su atacante, quien con facilidad esquivó sus torpes e impredecibles ataques. Algo le sucedía y lo sabía, desde que había despertado una extraña sensación le agobiaba en el alma. Y para su desgracia, una ninfa de piel morena y ojos azules no había desaparecido de su mente en todo el maldito día. ¡Era frustrante! ¡Esa maldita…!
¡Rayos! Le hacía perder la concentración, sabía que el por qué sus acciones. Estaba dispuesto hacer lo que fuera para romper con ese maldito compromiso. Tanto, como para fastidiar a la tonta princesa, para poder que ella se disgustara y rompiera el lazo matrimonial que desgraciadamente les tenía atados. Él había hecho todo lo que estaba a su alcance, era el turno de hacer algo más que eso… No quería casarse, eso estaba claro. Mucho menos con alguien como esa insoportable e imprudente princesa.
Katara…
Tenía algo que le irritaba con su simple presencia. Tal vez era la mirada de compasión que siempre tenía. Tal vez… su forma de caminar, lento y con carisma. Podría ser también, como sonreía por alguna cosa tonta o se mantenía atenta ante cualquier cosa a su alrededor. O tal vez era el hecho, de que posiblemente sería su futura esposa… Estaba destinado a casarse con alguien que detestaba y no quería ni cerca. ¡Maldita su suerte! ¿Por qué sus padres tomaron esa maldita decisión? ¡¿Por qué?! ¡Odiaba su suerte y todo lo que le rodeaba! ¡Odiaba el hecho que esa chica le sacara de sus casillas! ¡Odiaba el hecho de tenerla cerca y respirar el mismo aire! ¡Y odiaba aún más le hecho de tenerla en sus pensamientos todo el insufrible día!
—¡Príncipe Zuko! — le gritaron con fuerza. El chico a su vez, se giró antes de que un golpe en su estómago le hiciera caer al suelo con fuerza.
—¡Argh…!— soltó con visible furia mientras se levantaba con cuidado de su lugar de caída. Miró algo afligido al anciano enfrente suyo.
—Estás muy distraído Zuko. — comentó Iroh colocándose en posición de batalla. — No sé qué te suceda pero estamos en entrenamiento, ¿recuerdas? Un guerrero de la Nación del Fuego jamás debe afligirse por sus pensamientos o sentimientos. Debes de pelear, ¿qué no es lo que te he enseñado todos estos años? — y le miró severamente antes de que el chico le dirigiera una mirada arrogante.
—¡Eso ya lo sé! — gritó el príncipe Zuko antes de lanzarse ferozmente contra su tío.
—Así me gusta…—susurró el anciano con una sonrisa en su rostro.
Varias llamaradas de fuego se vieron en el lugar, el campo de batalla era feroz. Iroh, esquivando con facilidad los torpes ataques de su sobrino. Eso le intrigaba, generalmente Zuko era entregado y fuerte cuando entrenaban, donde siempre destacaban todas sus habilidades en combate. Pero hoy se veía distante y sobre todo, pensante. Algo le sucedía a su sobrino pero no había tiempo como para cuestionarlo con preguntas incomodas. De seguro tenía un mal día.
Pero un golpe en su brazo derecho le puso en alerta al anciano. Zuko comenzaba a desesperarse, mala opción… El perder los estribos en una batalla te convertía casi en perdedor de inmediato. La mente no trabaja cuando eso sucede. Aprovechando eso, Iroh corrió con velocidad hasta su sobrino antes de alzar sus brazos con agilidad y lanzar una llamarada de fuego contra el distraído príncipe. Zuko apenas pudo reaccionar de nuevo, y alzando sus brazos disipó el ataque en unos instantes. Sin embargo, no esperaba que su tío apareciera por atrás y le golpeara cerca de su cuello, haciendo que cayera al suelo boca abajo.
Agilidad.
Perseverancia.
Y táctica de guerra, era lo que Zuko perdía en esos instantes.
La mente estaba agobiada y en otro lugar… ¡Mierda! Con furia contenida en sus venas, el príncipe de la Nación del Fuego se levantó de giro del suelo, haciendo fuego control con sus pies. Fue el turno de Iroh para sorprenderse y tener apenas tiempo de esquivar el ataque de su sobrino… Tal parecía, que al fin estaba poniéndose al tanto del entrenamiento. Sólo necesitaba fastidiarlo con sus ataques para que Zuko reaccionara. Por eso, su tío lanzó una serie de golpes en su contra, mientras él los esquivaba con firmeza y precisión. Años de entrenamiento y los frutos apenas se daban. Zuko, a pesar de su corta edad, tenía un excelente estado físico y mental que pocas veces se veían quebrantados. Su cuerpo se había moldeado con esos pectorales y anchos brazos de guerrero. Su mente, estratégica como un asesino de su misma Nación donde el fuego crecía y gobernaba en su corazón, como el Sol ardiente del horizonte.
El fuego era poderoso y peligroso, indomable y destructivo. Nadie podía detenerlo, nadie que no fuera alguien puro y de confianza. Nadie que no fuera la misma agua de la noche. Agua. Fuego. Enemigos para siempre y cosas tan distintas. Eran poderosos que solamente el choque entre ambos era para poder mantener su equilibrio. El agua dependía del fuego y el fuego no vivía sin el agua. Algo insólito, pero aún así, más extraño era el compromiso entre sus Naciones… compromiso. Y de nuevo ahí estaba, la insoportable princesa en sus pensamientos mirándole de forma arrogante y con furia. Como aquella noche cuando su plan había salido de sus pensamientos, cuando la había acorralado en algunos de los fríos pasillos de su cruel castillo, ¿qué había hecho? Lo único que había pensado era asustarla y tenerla vigilada, y poner los puntos sobre las cosas para que supiera quién mandaba entre ellos dos. Pero las cosas se habían ido de sus manos, como cuando tratabas de atrapar el agua con ellas. Siempre se te escurría y escapaba sin previo aviso…
—¡Distraído! — gritó su tío. De nuevo sus pensamientos se vieron interrumpidos y una fuerte llamarada de fuego le rodeó los pies.
En instantes, Zuko salió del área del fuego antes de terminar quemado ahí ¡Argh! ¿Por qué justamente hora tenía que sucederle eso? ¡Estaba en entrenamiento! Cualquier distracción podría ser fatal… Iroh se mantenía con el semblante serio en su rostro. Si Zuko no entraba en razón por si mismo, lo haría él. Por eso alzó su mano hasta el cielo y se colocó en una posición familiar para la sorpresa de su sobrino.
Apenas Zuko reaccionó cuando una especie de descarga eléctrica chocó contra su pecho lanzándolo por los aires. Iroh había utilizado el trueno en su favor, uno pequeño pero poderoso como para derribar a Zuko. No era uno peligroso como acabar con la vida de alguien, pero sí para noquearle severamente. Por eso Zuko rodó por los suelos con un terrible dolor en su pecho… Solamente Iroh hacía esos movimientos cuando algo andaba mal. Agonizando y respirando con dificultad, Zuko se mantenía boca arriba con el dolor en su cuerpo.
Fue entonces cuando su tío se acercó hasta él con el ceño visiblemente fruncido. Ayudó a su sobrino a levantarse antes de que él tosiera con fuerza. Ese ataque le había desconcertado hasta la misma alma y borrado sus pensamientos en un dos por tres… Sin duda alguna, su tío era un guerrero excepcional. Por eso había sido su maestro, su guía y casi como su segundo padre en ese lugar. Le estimaba, aunque pocas veces se le veía. Sólo Iroh le conocía como tal y como era, posiblemente era el porque siempre se daba cuenta cuando algo le incomodaba. Su tío Iroh era sorprendente.
—El entrenamiento ha terminado. — comentó Iroh con voz severa y afligida. Zuko alzó un poco su vista molesto.— No estás concentrado, de nada sirve entrenar si no te encuentras dispuesto hacer las cosas bien.
—¡Pero tío…!— gruñó Zuko apretando sus puños con fuerza. El flequito de su frente le llegó a estorbarle un poco la visa, tanto que tuvo que retirarlo de inmediato sintiendo gotas de sudor recorrerle. En calor en ese lugar era terriblemente horrible.
—Otro día acabaremos. — le dijo Iroh antes de darse la media vuelta, no sin antes de que Zuko escuchara un leve crujido en su espalda. —¡Hay, hay, hay! ¡Mi espalda…!— se quejó el anciano mientras se encorvaba un poco. — Ya estoy viejo para esto…—refunfuñó un poco, Zuko medio esbozó una sonrisa ante la cómica escena.
Y le dio una leve palmadita en la espalda de su tío.
—¡Argh…! Gracias chico…— le sonrió Iroh antes de que Zuko le diera otro golpe para que crujiera su espalda nuevamente. — ¡Oye! ¡Con calma! — y Zuko sonrió maliciosamente. — No te vengues fuera de combate…
—Sólo trató de ayudar. — y su sonrisa aumentó. Sólo Iroh conocía las sonrisas sinceras y sin escrúpulos que Zuko pocas veces esbozaba…
—Cómo sea…—suspiró Iroh caminando con lentitud hasta el castillo. Estaba cansado a pesar del corto entrenamiento, pero de nuevo, observó que la mirada de Zuko se clavaba en lo alto del cielo. Iroh lo comprendió entonces, algo o alguien ocupaba los pensamientos de ese chico en esos instantes.— Una flor está en tus manos…— Zuko se giró para escucharlo. — Pero he notado que quiere marchitarse… deberías cuidarla y estar agradecido por tenerla. — sin embargo, Zuko abrió su boca para decir algo más.
Pero su tío ya se había alejado, dejándolo solo en ese lugar.
Sin duda alguna, su tío tenía el don para torturarlo con sus extraños proverbios…
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Estaba cansada y ahora se encontraba en su habitación. Había sido un día muy pesado e inevitablemente extraño. Pero estaba agradecida el no haberse encontrado con Zuko en todo ese tiempo… Y es que no estaba preparada para verle otra vez. Sin pensarlo, una mancha en su hoja se hizo presente. Gruñó por lo bajo antes de arrojarla por la habitación y comenzar de nuevo con su escritura. Era su costumbre desde pequeña, hacer un pequeño diario… Por eso lo había traído a ese lugar para anotar las cosas que le sucedían. Pronto anochecería pero ya sentía la necesidad de escribir algo, eso siempre le había relajado.
De nuevo Suki le había dejado sola. A veces se preguntaba Katara el por qué tanto de su desaparición. Pensaba que el ser su guía estaría todo el día juntas, pero al parecer, la extraña actitud de Suki estaba relacionada a actividades extras de su cuidado personal. Pero Katara aprovechó eso para despajarse un poco y escribir en su diario personal. El desahogarse era lo mejor, y que más, escribiendo sus anécdotas que había vivido en tan sólo un día en ese castillo.
— "Un día…"— pensó con claridad. — "Y pensar que es el primero de muchos más…"
Y siguió escribiendo, el Sol apenas se estaba ocultando a lo lejos, Suki le había hecho un pequeño recorrido por el castillo. Katara entonces conoció los baños, comedores, lugar de invitados y de diversión. Diversión… ahí generalmente era una habitación donde había músicos tocando a todas horas del día, eso extrañó a Katara. Al parecer, aún había gente que iba a ese lugar a cualquier hora para disfrutar. Tal vez eran costumbres de la Nación del Fuego, en fin, no las cuestionaría.
Pero un leve sonido en su ventana le hizo girarse.
Entonces abrió sus ojos algo asustada al notar a un animal sentado en ese lugar. Katara dejó a un lado su diario para dirigirse hasta ahí, notando que no era más y nada menos que un simpático lemur de ojos verdes y grandes. Abrió la ventana para dejar que el animal pasara, que enseguida y sin pensarlo, voló dentro de la habitación hasta situarse sobre la cama. Casi como descasando y suspirando de lo agitado que estaba, Katara observó al pequeño animalito con curiosidad inmensa… ¿Qué hacía un lemur en ese lugar y en su habitación?
Y notó que el lemur, al darse cuenta de su mirada y presencia, retiraba de su hocico la carta que sostenía. Katara en aquel momento lo comprendió, era un lemur mensajero tan comunes en su Tribu. Pues eran mensajeros tan rápidos que a veces en tan sólo un día podían entregar una carta, pero a pesar de eso, estos animales eran muy vulnerables ante cualquier depredador.
La pequeña manita del lemur le ofrecía la carta, que con tanto ahínco, había protegido en su largo viaje.
—Una carta…— Katara la sostuvo entre sus manos, viéndola por ambos lados. Una carta envuelta en un sobre blanco con un sello azul atrás. Observó el sello reconociendo el emblema al instante. —¡Es de mi Tribu! —dijo sorprendida antes de observar al pequeño lemur que se encontraba en su cama.
El lemur, por su parte, respiró con tranquilidad. Antes de que una cálida mano acariciara su cabecita, intrigado por esa acción reconfortante, alzó su vista… Entonces observó a la bella princesa que le acariciaba con ternura. Un leve ronroneo salió de su garganta antes de cerrar sus ojos por esa caricia.
—Pequeño, debiste haber viajado muy lejos para darme esto. — le sonrió. —Debes estar agotado. —y como si el lemur le entendiera o comprendiera su idioma, Katara siguió con su caricia. Era sorprendente como ese pequeño animalito había viajado desde tan lejos en tan poco tiempo.
Los lemures eran animales extraordinarios, usualmente eran utilizados como mensajeros, entregaban cartas a velocidades sorprendes y siempre con lealtad. La gente decía que un lemur era tan inteligente como un ser humano o más, con sus ojos enormes e intrigantes podrían leer a un ser humano, es decir, leer sus intenciones con tan sólo una mirarles. Pocas veces Katara había visto a los lemures o convivido con ellos pero a pesar de eso, se le hacían como animales con suma inteligente y gran habilidad.
Y sin duda alguna, ese lemur que estaba en su habitación tenía agallas como para hacer un viaje desde su Nación hasta ese lugar.
—¡Es verdad! Creo que tengo algo por aquí…— sonrió Katara mientras corría hasta el armario. El lemur le miró con curiosidad que siempre le caracterizaba. La chica empezó a buscar entre sus ropas para después dirigirse hasta el escritorio para abrir el cajón de abajo. Seguía buscando con desesperación hasta que por fin extrajo una pequeña bolsita de color celeste, con una sonrisa en su rostro, se dirigió de nuevo al simpático lemur.
—Toma pequeñito, debes estar hambriento después de un largo viaje.— el lemur miró con gozo la bolsita de galletas que la princesa le ofrecía. Sin pensarlo dos veces, se la arrebató y las comió con rapidez. — Jejeje que gracioso. — sonrió Katara acariciándole la cabecita por la forma en que comía ese lemur… Sus orejas grande y puntiagudas eran tan curiosas. — Espero que te gusten, mi abuela las preparó para mi viaje pero se me había olvidado que las tenía. Supongo que las necesitas más que yo.
Pero el lemur estaba ausente de los relatos de la chica, pues se encontraba muy ocupado en devorarse el paquete de galletas.
Katara, soltando un suspiro con pesadez, se levantó de la cama dejando al pequeño lemur para disfrutara de su comida. Se dirigió con cuidado hasta la carta que había dejado en el escritorio. La observó un momento antes de abrirla con delicadeza y leer su contenido. La fina caligrafía de su madre resaltaba a simple vista, ella le había escrito.
"Querida Katara:
Espero que te encuentres bien mi niña, y que ya estés en tu destino sana y salva.
Decidí hacerte esta carta por que he estado preocupada en los últimos días. No he sabido de ti en dos días desde que partiste a la Nación del Fuego. Sé que tal vez haya pasado poco tiempo, pero te extrañó mi niña… Te quiero mucho y siempre estarás en mi mente. Tu padre me dijo que no te enviara esta carta, que me esperara a recibir la tuya pero ya sabes como soy…
En la Tribu extrañamos tu ausencia. Tu padre ha estado preocupado por ti y no hay hora del día que estés en sus pensamientos, me lo ha dicho. Sokka también ha estado estresado en estos días, al parecer ya no sabe con quién pelear o discutir desde tu ausencia. Es gracioso, a veces pregunta por ti aunque ya sabes como es tu hermano, nunca acepta que está preocupado por alguien. Sin embargo, la abuela también te ha extrañado pero mantiene la fe en que estás con bien al igual que yo.
Las cosas han marchado bien en el castillo. Aunque Sokka sigue desconfiando de la dedición del compromiso… Ya sabes los celos de tu hermano y su preocupación. Pero eres fuerte mi niña, y sé que puedes afrontar todo lo necesario. Sabes que de ti depende muchas cosas, no puedes defraudarnos ahora. Contamos contigo, lo sabes mi amor…
Otro día iremos a visitarte, pero por lo pronto, nos mantendremos comunicados contigo por medio de estas cartas. Me gustaría tanto verte de nuevo y abrazarte Katara, y saber cómo te encuentras o si algo te incomoda. Pero de igual forma, cuando te visitemos nos contarás todo. Sobre todo a la abuela, que está ansiosa por conocer a tu prometido. Tiene la certeza que debe ser un chico guapo y educado… Quién sabe, te lo dejamos a tu criterio mi pequeña Katara. Dentro de poco será la boda, por eso viajáremos a la Nación del Fuego para pasar un tiempo contigo. Claro que Sokka está ansioso por ir, no, no… No tiene ganas de ver cómo es la Nación del Fuego, ya sabes sus gustos raros, pero necesita ver que te encuentras bien. Por lo pronto, Sokka pasa la mayoría del tiempo entrenando. Según me ha dicho, se irá un par de días con la otra Tribu del Agua. Yue y él han sido felices estos días, y he notado a Sokka más animado. También esperamos el día de su boda… a veces me siento triste al saber que mis dos hijos dejarán su nido y tendrán que sacar sus alas para irse. Pero estoy segura, que serán felices. Por eso te deseó lo mejor del mundo pequeña.
A veces sueño viéndote con tu vestido de novia que tanto anhelabas… Recuerdo cuando eras pequeña y siempre decías que tu vestido sería hermoso y celeste como tus ojos. Posiblemente eso no esté tan lejos, el tiempo pasa con rapidez…
Katara, te quiero muco y lo sabes. Todo en este lugar te estiman y te aman, también te desean lo mejor. Yue te ha mandado saludos, la última vez que la vi, se vio sorprendida al saber sobre tu compromiso con el príncipe de la Nación del Fuego.
De igual forma, las cosas saldrán bien, tenlo por seguro. En fin… espero que pronto nos escribas, sé que la carta ha sido corta pero es que tu padre esta histérico porque otra vez perdió su abrigo favorito. Es un despistado, siempre pierde sus cosas… No tengo mucho tiempo pero otro día te escribiré. Cuídate mucho y escríbenos, lo esperamos con ansias.
Te quiero Katara.
Se despide tu madre. Y un abrazo desde tu Tribu para ti.
P.D: El pequeño
lemur que envié es muy juguetón. Se llama Momo y lo envié porque
es de confianza. Tal vez pase algunos días contigo después del
largo viaje. Espero que lo cuides Katara, yo sé cómo te gustan los
animales. Cuídalo mucho, la abuela lo quiere y me ha dicho que le
des mucho de comer porque es un glotón…"
Y un silencio se hizo en la habitación, una leve lágrima corrió por su mejilla antes de que una sonrisa apareciera en su rostro. Su madre… la había extrañado tanto en ese corto tiempo de ausencia. Pero estaba feliz al saber que le había escribido. Entornes también la extrañaban en su Tribu ¿Eh? Sokka tonto, siempre lo sería, pero le quería a pesar de lo arrogante y socarrón que era con ella. También extrañaba a su padre y a la abuela, el escuchar sus consejos y pasar un rato con ellos… Su vida, su hogar y su felicidad se encontraban en otro lugar muy lejano. Pero posiblemente no tenía idea sí podría encontrar eso en este vacío castillo. No, tal vez no…
—Bien…— murmuró Katara mientras guardaba la carta en su escritorio. — ¿Así qué te llamas Momo, eh? — le preguntó al lemur al percatarse que ya se había acabado el motón de galletitas y se lambía los deditos. — Jaja que lindo nombre. — y se acercó hasta él para estrecharlo entre sus brazos. El lemur no se tensó o trató de liberarse, al contrario, le gustó el abrazo que le ofrecía Katara.
Su madre tenía razón. A katara le encantaban los animales, sobre todos los pequeños como un lemur.
Pero la puerta de la habitación se abrió de improviso para dejar ver una presencia femenina bien conocida por Katara.
—Katara el baño está…— y observó Suki al pequeño lemur en la habitación. — ¡AAah! ¡¿Qué es eso?! — gritó la chica antes de que Momo diera un respingó por el grito y se ocultará tras de Katara.
—Suki…— sonrió la princesa. — No te asustes, es un lemur mensajero. Me ha entregado una carta que venía de mi Tribu. — y Suki parpadeó un par de veces. — El pequeño estaba muy cansado y hambriento, le di algo de comer…— señaló las pequeñas migajas en su cama. Suki soltó entonces un suspiro.
—Entiendo Katara…— se acercó hasta ella para ver el pequeño lemur. — Es simpático, ¿cómo se llama?
—Momo. — comentó ella. El lemur al escuchar su nombre, salió de su escondite para olfatear a Suki.
—Curioso animal…—le acarició la cabeza Suki al percatarse que el lemur le agarraba de inmediato confianza y se animaba por su caricia. — Y muy lindo….— sin embargo, alzó su vista hasta la de Katara. — ¿Piensas quedártelo? —la princesa afirmó un poco con la cabeza. — Bueno, no estoy segura que esté permitido tener animales Katara. De igual forma, deberías tenerlo aquí oculto. No vaya ser que se enojen…—y se encogió algo hombros al ver la cara de preocupación de Katara.
—No puedo dejar al pequeñito…—Momo entonces se acurrucó entre sus brazos. El largo viaje le había agotado de sobre manera y tenía sueño sin duda alguna. — Puedo esconderlo un tiempo aquí en la habitación.
—Podría ser. — le dijo Suki. — Sólo que asegúrate de que ningún otro sirviente le vea… ¿estás de acuerdo? —al ver como la princesa sonreía satisfecha, Suki soltó otro suspiró. — Déjalo aquí Katara. Tu baño ya está listo, mañana será un largo día.
Y sin decir nada más, colocó al pequeño lemur en su cama. Caminó hasta la salida de su habitación siguiendo a Suki… sí, definitivamente mañana sería otro día y de seguro uno bien largo…
Continuará…
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¡Al fin! ¡Ya terminé este capítulo! T.T Estaba tan desesperada por hacerlo snif* ¡Discúlpenme por tardarme tanto! ¡Lo siento! No fue mi intensión, de verdad. Formatearon mi computadora y no pude recuperar muchos archivos, lamentablemente el capítulo ya estaba hecho, sólo necesitaba arreglos pero lo perdí. Por ende, tuve que hacerlo de nuevo y fue realmente cansado. Muchas escenas se perdieron y se me fue la inspiración a la hora de escribirlo nuevamente. Les pido mis más sinceras disculpas, por favor compréndanme. En fin, gracias a todos los que leen este Fanfic y prometo no tardarme tanto en colocar el próximo capítulo. Ya tengo claras ideas de lo que sucederá. Igual no hubo Zutara en este capítulo ((¬¬U ¡Buuu!)) Pero en el próximo, estos dos se van a reencontrarse sin duda alguna xD ¡Esto se pondrá bien grueso…! Bueno, me despido Por que ya me andan corriendo de la computadora TOT!!!
-Navi se monta sobre un caballo y persigue a Zuko con una soga- ¡Mi amoooooooooor! ¡No huyas cobarde!
