¡Yeah! Pues lamentó la demora pero es que en estas dos últimas semanas estuve más ocupada que nunca, sobre todo, que la semana próxima entró en exámenes -.-U Pero bueno, más vale tarde que nunca y mejor ya subo el capítulo xD He de agradecer a todos aquellos que se dignaron a dejarme un review T.T ¡Buaaa! ¡Gracias! ¡Los adoro!: Princess Sheccid ((¡Haw! ¡Gracias por el review, sí! Salieron Suki y Momo, es que se me hace tan lindo este lemur xD Jajaja sí, llama la atención a dónde se va Suki… ¡Juas! Pero eso se vera en otro capítulo, gracias por los comentarios. ¡Nos leemos nuevo! n.n)) keiko210382 ((No hay problema, más vale tarde que nunca. De verdad aprecio que te tomes la molestia de dejar un review y sí, igual el otro capítulo fue algo de relleno XD Pero a veces se necesitan capítulos de relleno x.x si es que quiero llegar a una parte interesante de Fic ¡Gracias por el review! ¡Nos leemos otro día!)) anita-asakura ((¡También gracias a ti por el review! Pues aquí ya traigo otro capítulo, mas vale tarde que nunca XD cof y ya lo quería poner porque ya luego empiezo con los exámenes T.T ¡Horror!)) RADIKA SUNDARI ((¡Gracias, me encanto tu review! ¿En serio crees que escribo bien? ¡Haw, que emoción! owo! ¡Cielos, cuántas veces leíste el capítulo! xD ¡Sí! En lo personal me gustan leer y hacer fics largos, aunque a veces a algunos se les hace pesado, de igual forma trató de hacerlo mejor que puedo n.n ¡Saludos!)) A-Mononoke-z09 ((¡Oks! ¡Hay que compartir a Zuko! ¬¬U O espero que Katara quiera hacerlo xD Jaja gracias por los comentarios, y sí, pensé en que sería buena idea colocar a Suki y a Katara como amigas x.x ¡Iroh! ¡Me encanta, jaja es tan gracioso! Es uno de mis personajes favoritos de la serie n.n! ¡Viva Iroh!)) Dely((¡Sí! ¡Todos queremos a un tío Iroh en la familia! ¡Eso seria genial! Gracias por los comentarios, son tan lindos y sí, no te preocupes por Aang ya que saldrá en la próxima, no tarda en salir n_n ¡Aang es tan lindo! -Navi le soba la cabeza a Aang XD-)) maga-azul ((¡Gracias por l review! Sí, otra más que se une al clan de "¡Tío Iroh es genial!" xD Me agrada que te gustara el proverbio de la flor, Iroh y sus sabias palabras owo!)) flower of night ((¡Gracias por el review! No hay problema si no tuviste tiempo para dejar uno antes n.n Gracias de todas formas y sí, creo que daré pistas sobre el enamorado de Katara jaja y pronto saldrá en el fic ¡Hui! ¡Habrá pelea! xD)) hikaruhiwatari ((¡Haaa! ¡Gracias por el review, que lindo! TOT pero no me golpees con tu agua control xD ¡Juas! Sí no, no habrá autora para el fc jaja me encanto que te gustara la idea central del fic n.n ¡Gracias!)) always mssb ((¡Gracias por el review! ¡Pues aquí está el siguiente capítulo! Espero que te guste!)) Harlett ((¡Sí! Hagamos sufrir a Zuko x.x -caída del caballo- xD ¡Argh! ¡Mi columna! X.x Jajaja me encanto tu review jaja es tan gracioso, bueno espero que te guste el capítulo, sí, boda habrá pero pasará algo de tiempo xD Haber si estos dos se soportan jajaja)) chica93 ((¡Sie! Zuko malo pero sí, lo corregiré luego -con un bat- ¡Juas, juas! Aprenderá a potarse bien con Katara xD Pobre, luego sufrirá el Zukito T.T En fin, gracias por el review y espero que te guste este capítulo n.n ¡Nos leemos luego!)) Xrissy ((¡Sí! estaría genial un chico así como lo pusiste… Mmm… º.º ¡Como Zuko! xD y tierno como Aang y también guapo como Haru º¬º ¡Ssssssí!! Ya supiste quien es el enamorado de Katara ¡Felicidades! ¡Sí! Eres la primera en saberlo, aunque también era obvio pero que bien. Jajaja no te preocupes, sí saldrá el enamorado de Katara en otro capítulo xD ¡Jaja no se lo espera el pobre de Zuko! ¡Gracias por el review! Por cierto… ¡Haru es hermoso! ¡Sí! ¡Es lindo! n.n)) Bien creo que esos son todos… ¡Muchísimas gracias, de todo corazón! Ya no los entretengo más y nos vamos al Fic xD
Avatar: Last Airbender no me pertenece y jamás me pertenecerá… T.T Pero no lo quiero, sólo quiero a Zuko… ;O; ¡Zuko, no huyas! ((se ve como Zuko corre a lo lejos pero extrañamente una red lo atrapa)) ¡jiji, no escaparás! xD
P.D: subí de nuevo el capítulo ya que cometí un GRAN error al confundir unos personajes. Mis más sinceras disculpas a todos los lectores que se confundieron por esto ¡Pero gracias por avisarme…! ¡Ya lo arregle! xP
Entre dos
Capítulo 3: Con el pasar de los días.
La suave brisa movía con dulzura y gracia sus curiosos cabellos de color blanco como la misma nieve. Aquella nieve que siempre cubría su Reino y hogar, aquella nieve limpia, blanca y cristalina como su alma. Ella era joven, quizás con 17 años o un poco más, pero su exquisita piel y esos hermosos ojos color aqua le hacían ver lo más adorable posible. Sabía que desde pequeña su educación había sido especial, reglas y deberes le acosaron como sombras desde el primer día en que supo quién era. Princesa era una palabra muy grande que debería cargar por el resto de sus días, hasta que contrajera matrimonio y fuera una Reina; una hermosa y poderosa como su padre anhelaba que fuera en un futuro. Para que así honrará a su familia y su apellido por el resto de sus días futuros.
Por eso, con una sonrisa en su rostro, guió su mano hasta el fino collar que reposaba en su debido sitio. La piedra azul, del más hermoso color y material elaborado, brilló con intensidad ante su leve contacto. Aquel collar significaba todo para ella. Era la clara evidencia de su compromiso, un collar de prometidos. Aquel que mantenía con amor y anhelo, pues era su más preciada posesión en esos momentos.
Su madre siempre le había dicho que era tímida y con facilidad se podía sofocar en situaciones penosas, es por eso, que sus mejillas se sonrojaron visiblemente al simple acto de recordar el significado de ese magnifico collar. Recordaba la dulce cara de un joven hace años atrás. La primera vez que lo conoció era totalmente diferente a como era ahora, debía admitir que al principio le dio algo de miedo, debido a su actitud arrogante y pedante que dejó al flote al ver que sería su prometido. Pero después de un tiempo, se hicieron buenos amigos y ella en secreto estaba agradecida por aquel compromiso que sus padres le habían obligado a tomar. Pronto, tal vez sería su boda…y apenas era una jovencita que el amor le había hecho abrir los ojos.
Era joven sí, igual todavía no era tan alta o es que simplemente su cuerpo aún no llegaba su estado límite de desarrollo, pero la inteligencia que poseía era admirable. Por eso sus padres le cuidaban como la más preciada joya del mundo. No fue nada fácil conseguir que su única hija, heredera al trono, contrajera un compromiso con algún chico decente y digno para representar su Reino. Pensaron que quizás, si su única hija hubiera sido hombre las cosas habrían sido más fáciles… Pero después de duras batallas y búsquedas, llegaron con el supuesto elegido para ella. Era obvio, que cuando ellos dos se conocieron las cosas iban de mal en peor, pero conforme el tiempo pasó, las cosas se suavizaron. No hacía faltar ser un genio para darse cuenta que ahora estaban sumamente enamorados ambos jóvenes.
Eso se notaba a simple vista.
Sobre todo, que ahora la chica estaba más feliz que nunca. Su prometido había llegado a su Reino hace tiempo y se quedaría algunos días ahí para estar a su lado, ¡era fantástico! Casi como un cuento de hadas o aquellas historias de enamorados estúpidos que miraban al horizonte en cada amanecer para dar gracias a su amor.
Era evidente, que el amor cegaba a cualquiera.
—¡Yue!
Esa voz hizo que ella misma alejará sus pensamientos de inmediato. La princesa Yue miró a un lado suyo como un joven moreno, alto y con mirada azul como el mismo cielo, le observaba de arriba abajo con suma curiosidad.
—Lo… lo siento Sokka.— se disculpó con ternura mientras un leve sonrojo apareció en sus mejillas. Le era difícil aún acostumbrarse al estar a lado de ese chico, pues siempre terminaba sacándole suspiros de chica enamorada… Quizás igual, el amor o ya fuese destino, hizo que ellos dos estuvieran dispuestos a casarse. Jamás en su vida, Yue pareció estar tan agradecida por saber que compartiría el resto de sus días con aquel chico.
—Te he estado hablando por los últimos cinco minutos…—y él seguía hablando. De nuevo, Yue se había salido de la conversación y sus pensamientos vagaban por los cielos. De hecho, ya estaba pensando en su futuro y en tal vez su tercer hijo… soñar no le costaba nada. —¡Yue!
—¡Ah! —y dio otro respingo en su lugar aforrándose con rapidez al barandal del balcón. — Lo siento Sokka, he estado muy distraída últimamente…— una sonrisa nerviosa apareció en su rostro. Sokka, quien al parecer no se molestó ante su extraña actitud, suspiró con cansancio y se acercó a un más hasta ella.
—De acuerdo, no estoy molesto. — medio sonrió de lado, colocándose cerca de aquella hermosa princesa de hielo. La vista era magnífica desde aquel lugar, el Reino se extendía en todos sus territorios y ver con claridad como el Sol alumbraba todo a su alrededor era algo innombrable. Capas de hermoso hielo abarcaban casi todo en su totalidad, a lo lejos, el agua del océano cubría el sueño del Reino del Polo Norte.
El Reino del Agua era tan magnificó como su mismo elemento.
Tan ágil, tan puro, tan dichoso de ser la vida misma.
—¿Tienes hambre? — preguntó ella de improviso causando que el chico de la otra Tribu Agua le mirara. Sokka, a pesar de ser un príncipe, no lo demostraba tanto. De hecho, siempre mantenía esa extraña actitud socarrona y altanera. Pocas veces alguien veía su único lado amable, igual por eso Yue se sentía afortunada de tenerlo a su lado y el poder conocer aquel misterioso lado del chico.
Mas él negó con suavidad ante la casual pregunta de la princesa.
—No te preocupes, ya he comido. — sonrió de lado. — Aún debo entrenar, es muy temprano y el día es largo.
—Lo sé…
Un silencio más apareció entre ambos mientras aquella sensación de felicidad recorrió por sus venas. Era grandioso compartir ese sentimiento de amor y ser correspondido. Sin pensarlo, ella dio otro pasito más a lado para acercarse más a su prometido, su futuro esposo y sobre todo, aquel chico que le tenía tan locamente enamorada. La felicidad podría buscarse en tan sólo una simple acción como esa o el simple hecho, que sus manos se rozaran un poco.
—¿Cuántos días piensas quedarte aquí? — su cabeza cayó sobre el hombro izquierdo del moreno, un par de ojos azules le miraron algo confusos.
—No lo sé… ¿acaso quieres que me vaya, ya? — y una mirada causó que ella se estremeciera desde sus pies hasta su espalda.
—¡No, no, no! — negó Yue con rapidez, sólo era una pregunta, no prendía sonar grosera y mucho menos con intenciones de correrlo o algo así. Sus mejillas de nuevo se sonrojaron y su corazón de aceleró de nuevo, aquella reacción por parte de Sokka le había asustado, porque él había fruncido el ceño algo enojado.
Pero él sonrió de lado segundos después.
—Sólo bromeaba. — comentó él antes de rodear la cintura de la princesa con su brazo. Sin darle tiempo de saber qué hacer, extendió a la jovencita por los aires causando que ella soltara una sonrisa divertida y burlona. Sokka sabía exactamente cómo a Yue le encantaba que la levantara por los aires y giraran juntos.
—¡Jajaja me voy a caer Sokka! — entre risas y comentarios burlescos, Sokka bajó de nuevo a la princesa en suelo firme. La sonrisa de la chica era enorme, radical y llena de amor dirigida a aquel chico. Pronto se casarían… pronto. Y todas las noches esperaba con ansias el día de su boda. Pasar el día, la tarde y la noche con aquel chico era su sueño; compartir sus deseos y pensamientos, era su anhelo.
Y de nuevo el silencio gobernó en ambos. Observaron entonces el grandioso Reino desde esa hermosa perspectiva; tan imponente, tan hermoso y magnifico como los días y la mismísima Luna que les velaba por las noches. En su interior, también aquel chico moreno de extraña actitud y socarrona, estaba agradecido por aquel compromiso. Yue sería su esposa dentro de algún tiempo, se casarían y posiblemente, si el destino apuntaba a su favor, serían felices como esos típicos cuentos de hadas donde todo salía tan bien. Pero al recordar el matrimonio, sus pensamientos viajaron hasta lugares más lejanos, donde la nieve no existía y el agua era tan alejada… Aquel lugar donde el mismo fuego consumía los corazones de varios inocentes y arrasaba con el alma guerrera de las personas.
Aquel lugar llamado Nación del Fuego.
Sin duda alguna, el saber del compromiso de su hermana con algún tipo estúpido de la Nación del Fuego le había sacado de sus casillas. Igual al principio se rehusó al igual que su hermana a que esa tontería se llevara acabo porque era una locura. Pero después de discusiones y porque secretamente Sokka velaba por el bien de su hermana, sus padres no habían cambiado de opinión y habían decidido dejar las cosas así como estaban. Katara se había ido días atrás al camino de la perdición, como lo había pensado él en más de una ocasión. Y es que su hermana se casara con alguien asqueroso, vil y cruel de la Nación del Fuego, no era algo que le gustase del todo. Sin mencionar todos los años en que estaban en guerra estas dos Naciones de elementos contrarios, que era difícil asimilar que un compromiso acabará con eso.
La Luna y el Sol harían un pacto de paz por algún tiempo, el agua y el fuego se mantendrían quietos por los siguientes días pero su corazón y alma estarían alertas en cualquier momento. Sokka así era, por nada del mundo le agradaba la idea de ir a la Nación del Fuego o siquiera pisar sus territorios. Conocía a esos sujetos, eran viles y crueles, conquistando tierras como fieras y matando a gente inocente en su camino. No recordaba el por qué exactamente de la enemistad de la Tribu Agua con la Nación del Fuego, pero sí, que la guerra había durado bastante. Su abuelo había muerto hace años al ir de soldado en aquella guerra maldita. Sí, fueron días crueles y llenos de amargura cuando supo la noticia, y su abuela quebró en llanto varias semanas donde la tristeza no salió de su casa por algún tiempo.
¡Maldita Nación del Fuego! Sokka jamás confiaría en ellos. Por eso, en su mente rezaba por el bien de Katara. Una y otra vez se preguntaba qué haría ella en esos momentos o si estaría con bien los siguientes minutos. Visibles pesadillas le habían agobiado hace días, soñando que su hermana era totalmente destrozada o torturada por las llamas de algún arrasador fuego traicionero. Pero sabía que Katara era fuerte y sabría defenderse, además, otro día igual podría ir a visitarla, pero eso no le quitaba le hecho de estar tan preocupado por ella… Después de todo, era su única hermana y tomaba el rol del hermano protector algunas veces.
—Sokka…
Ahora fue el turno de Yue de sacarlo de sus pensamientos. Sokka alzó su vista al sentir como Yue entrelazaba con delicadeza su mano entre la suya. Ella, era la única persona además de su madre, que comprendía sus dudas y su estado de ánimo con tan sólo ver su rostro.
—¿Es tu hermana, cierto…?— la verdad, aquella pregunta sorprendió al mismo chico testarudo al mirar con vació a su futura esposa. Yue era tan ágil y que a veces tenía extraños dones para saber qué le sucedía con claridad.
—¿Cómo…?
—Te he visto hace tiempo…— su mirada cambió por unos momentos. Una mirada que mostraba verdad y tranquilidad mezclada con amor… aquella dulce mirada que Sokka conocía de memoria y le intrigaba. — Sabes, yo también estoy preocupada. Me he preguntado si Katara está con bien o no… Ahora está en la Nación del Fuego, básicamente en un territorio muy peligroso.
—Sí. — fue la corta respuesta del chico moreno. Yue tenía toda la razón. La Nación del Fuego no era un territorio para nada seguro. Pero por todas las veces que quisiera o por todo lo que intentara impedir esto, Katara se había ido y sólo le bastaba esperar hasta ir a verla. Pero tendría que pasar seguramente un buen tiempo para eso.
—Me he preguntado… ¿cómo será el prometido de tu hermana? — una sonrisa amable apareció en el rostro de la chica, pareciera que el Sol iluminara su rostro con un aura de pureza. — Espero que sea guapo, digo, Katara es bien linda…
—Sí, pero con ese carácter dudó que llegué a mucho…— y con una mueca de fastidio en su rostro, se cruzó de brazos mostrándose indiferente ante las cuestiones de Yue. — De seguro se ha de encontrar ya regresándose en camino a casa, posiblemente por ese humor de perro que tiene, ella y su prometido ya debieron romper el compromiso. — pero Yue le miró asombrada ante las palabras de su prometido. —Katara es tan testaruda.
—Sokka, eso no es verdad. — sonrió de lado ella. — Además, si hablamos de testarudos creo que saldrías ganando en el campo de tu familia. — mas el chico le miró fugazmente ante su comentario. — No sé cómo vayan las cosas en ese lugar, pero tengo la fe en que Katara podrá dominar la situación y saber qué hacer para que las cosas salgan bien. Algún día ella también tendrá que casarse, como nosotros…— y de nuevos sus manos se unieron en un simple acto de amor y comprensión.
—Supongo que sí…— y con felicidad Sokka desvió su mirada hasta el cielo. Podría jurar ver los ojos de su hermana en aquel lugar… A pesar de las circunstancias y los momentos de tensión que pasaban, muy en el fondo y por muy incómodo que se sintiera, Katara seguía ocupando sus pensamientos. Era su hermana y como hermano mayor que era, su responsabilidad primordial era cuidarla.
—Ella estará bien Sokka... No tienes por qué preocuparte mucho por ella.
—¡No estaba preocupado! — le comentó algo molesto. Estaba claro, que no le gustaba en lo absoluto mostrase débil ante los demás o preocupado por su hermana. Pero a Yue no se le podía engañar, menos Sokka, que llevaba tanto tiempo conociéndolo. — Katara tonta…— murmuró al fin desviando su vista.
—Claro, como digas Sokka. — sonrió de nuevo al notar los celos del chico con respecto a su hermana. Típico, como cualquier otro hermano celoso al saber que un chico ocupara los pensamientos de su hermana. — Espero que el destino sea bueno con ella como lo ha sido con nosotros.
— "Yo también lo espero. Katara tonta, cuídate mucho." — pensó el chico antes de mirar de nuevo al cielo. Yue había recargado su cabeza cerca de su cuerpo en señal de consuelo. Las palabras no eran suficientes esta vez, solamente les quedaba esperar y nada más… La vida sería la encargada de hacer todo en adelante.
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Soltó un bufido mientras miraba con desagrado la habitación en donde se encontraba. Sintió entonces que aquella sirvienta limaba sus uñas con suma delicadeza mientras otra más cepillaba su cabello en igual circunstancias. Una mirada penetrante y llena de superioridad se dirigió a un soslayo suyo, donde notó a dos chicas sentadas en una pequeña mesa tomando algo de té. La primera con tez blanca, casi tan pálida como la nieve, con ojos oscuros y cabello del mismo color. Era tan alta y delgada que incluso algunas veces pensaba que parecía más momia que un humano. Aún se preguntaba: ¿cómo era posible que se mantuviera de pie? Ella era tan vulnerable a las enfermedades… débil, pensó. Pero también estaba su otra compañera, aquella chica de mirada alegre y ojos de color chocolate, su sonrisa era hermosa al igual que su cuerpo envidiable. Claro, más de alguna ocasión llegó a pensar que más bien parecía un pequeño mono saltarín por toda esa actitud hiperactiva que le rodeaba. Pero al fin de cuentas, aquellas extrañas chicas y que de igual forma le mostraban sus diferencias, eran sus amigas. Quizás sonara raro, pues ella no era muy prestada a esos temas de amigos o sentir que los tenía debido a la actitud que poseía. Pero llevaban años conociéndose que casi sabían una de la otra con exactitud.
Entonces supo que ya era suficiente y que esas sirvientas estaban haciendo un pésimo trabajo, bueno no del todo, pero igual tendría una excusa para desquitar su ira. ¿La razón? No tenía idea pero sabía de ante mano que ya iba ligado con cierto hermano suyo. Desde pequeña lo supo y por eso lo aborrecía, él era el hombre y ella la mujer, por ende, el lugar en el trono de la Nación del Fuego no era para ella. Recordó los años en que de pequeña trataba de hacerle la vida imposible a su hermano, siempre añoró el poder, la ambición y el saber que era mejor que los demás. Quizás también por eso siempre se identificó con su padre Ozai, no como el tonto de su hermano con su madre. Él no merecía tener aquel título y ser el elegido al trono, lo odiaba y aún más, aborrecía el hecho que tal vez pronto su rango subiría si llegaba a casarse. ¡Pero que más daba! Por un lado eso le favorecía… al menos ella no estaba comprometida con algún sujeto o algo que estuviera relacionado con la Tribu Agua. Lo sabía… ella era fuego y aquella princesa de nombre Katara era del agua. Desde que la vio una mala espina le vino en su alma, no le caía y punto. ¿Por qué? Tal vez porque era como el mismísimo fuego, arrasador y destructivo e incapaz de entrar en razón o aceptar que estaba equivocada o no.
El saber que su hermano estaba comprometido con aquella princesita del agua, le daba la ventaja de molestarlo un poco. En los últimos días, no había parado de decirle o insinuarle cosas venenosas. Ella conocía el temperamento de Zuko, y sobre todo, como reaccionaba ante el recuerdo de ese matrimonio… Él aborrecía la simple idea de casarse, por lo cual, buscaba una forma de no hacerlo.
Pero ella odiaba a su hermano y sabía de antemano sus puntos débiles y las razones que le llevaban a la locura. Decidió entonces que estaría del lado de su padre y madre por un tiempo. "Ayudaría" a que su hermano se casara con esa tonta princesita Katara, igual la estúpida guerra terminaría, para ella eso era lo de menos… Le daba igual si la gente se salvaba o no. Pero su meta era otra: hacer que la vida de su hermano fuera un sufrimiento absoluto. Y cuando ella por fin tuviera el trono y desechara a su hermano como candidato, ella usaría todo su poder para que la Nación del Fuego quedara como cicatriz imborrable en toda la sociedad y en todos los demás territorios que tenía planeado conquistar.
—Que el fuego arda en tu alma, Zuzu…— susurró con una sonrisa socarrona antes de ver como aquellas sirvientas aún hacían su trabajo. Ella frunció el ceño antes de hacer una mueca de asco. — ¡¿Acaso son idiotas?! — les preguntó desafiantemente. — ¡Son unas inútiles! ¡Ni peinarme el cabello es fácil para ustedes! ¡Ya basta! ¡Terminen de una vez! ¡Y se largan de aquí!
Sus ojos ámbares observaron que aquellas sirvientas hacían su trabajo con velocidad impresionante y salían segundos después de aquel lugar, con las cabezas agachadas en señal de temor de su presencia. Le tenían tanto miedo que no eran capaces de hablar en su presencia o mirarle a los ojos.
—Azula…— comentó la chica de cabello café antes de echarle una mirada interrogativa. — ¿No crees que te sobrepasaste un poco? — y su compañera de té también alzó su vista con mirada seria e indiferente. Azula simplemente le echó una mirada de los mil demonios antes de soltar una carcajada cínica.
—No, Ty Lee…— le dijo antes de levantarse de su silla y caminar hasta donde estaban ellas. — Son lo que se merecen, son simples sirvientas y punto. Llevan años trabajando aquí, deberían estar más que acostumbradas… De igual forma, me es indiferente lo que quieran o no. — y mirándose un poco sus uñas extendió su mano mientras notaba el brillo de éstas, era un trabajo excelente… pero jamás iba aceptar o darles las gracias a aquellos plebeyos.
—Entiendo…— murmuró la chica con mirada seria y complexión cadavérica. — Yo lo sé, los sirvientes de mi castillo también deben ser tratados así. Creo que he sido muy "buena" con ellos estos días…— y se cruzó de brazos con lentitud ante la mirada de sorpresa de Ty Lee y la sonrisa de triunfo de Azula. — Ellos no merecen tener su liberad.
—¡Pero Mai! —reprochó Ty Lee levantándose de la mesa. — ¿Cómo dices eso? Digo… los sirvientes de tu castillo son muy entregados y… y… bueno, te han cuidado todos estos años. A pesar de las apariencias, ¿no crees que sería correcto agradecerles un poco? Recuerda los días que permaneciste en cama o las veces que eras tan débil incapaz de estar en pie tú sola mientras ellos te cuidaban.
—Eso, no cuenta. — le comentó con veneno en sus palabras Mai. — Hoy estoy con energías suficiente como para mantenerme de pie. Además…— y levantándose con lentitud de la mesa desafió con la mirada a su amiga. — Ellos son traidores, que tarde o temprano la Nación del Fuego asesinará… Azula tiene razón, los tratos que les damos son los que se merecen.
El ambiente se volvió silencioso unos momentos mientras ambas miraban con seriedad a su amiga Ty Lee, sin embargo, ella sólo atinó a bajar un poco su mirada. No era necesario las palabras, no había el por qué iniciar una pelea por un tema como ese… De igual forma, no era capaz de alzarle la voz a Mai mucho menos a Azula, era algo perdido.
La gran hija de Ozai se atrevió a mirar con una mueca de desdén a su amiga, antes de girarse y caminar en dirección de la ventana. Su mirada recorrió por aquel paisaje, el cual daba justamente al inmenso jardín de su castillo. Hace años, le encantaba jugar ahí con Mai y Ty Lee cuando eran pequeñas, haciendo bromas o incluso comentado cosas tontas bajo la sombras de los árboles. Recordó entonces ser un poco feliz en aquellos tiempos y se preguntó si aún Ty Lee y Mai recordaban aquello. Una sonrisa perversa atravesó por su rostro ante el recuerdo, aquella vez cuando Zuko cayó en la fuente con Mai fue tan gracioso. Sin duda alguna, ella había sido en parte la responsable de aquel incidente. A Mai le había llamado la atención su hermano, cuando él era pequeño y un imbécil, según ella. Pero después de los años, el carácter de su amiga endureció al punto de ser tan fría como ella, o quizás más. Pero no le importaba, daba igual lo que ellas hicieran, pensaran o no.
Hoy, Azula se había despertado con ese humor insoportable. Calculó que ya habían pasado alrededor de tres o cuatro días desde la llegada de la princesa Katara a su Nación, de lo cual, no la había vuelto a ver desde su llegada… No era que le importara o mucho menos que le gustara su presencia pero debía saber dónde estaba, claro, si quería hacer sufrir un poco a su hermano. Sin mencionar, que últimamente Zuko estaba tan distraído. Tanto, que ayer cuando trató de molestarlo por lo menos un poco, simplemente él la ignoró y siguió cenando como si nada. Azula lo presentía y sabía que algo andaba mal con el idiota de su hermano, por eso carraspeó por lo bajo antes de salir del comedor y echarle una mirada furtiva a su hermano… Haría todo lo posible para que Zuko quedara fuera como candidato para heredero al trono, haría todo. Casi arrasando como el fuego las almas en penas de las personas que se atrevieran a cruzarse en su camino.
Y ahí la vio, su objetivo perfecto: a la princesa Katara salir hasta los jardines del castillo mientras miraba con atención el lago. Le extrañó un poco el ver que iba sola y no con algún sirviente o guía. Pero sonrió de lado antes de mirar a sus amigas, las cuales ahora platicaban animadamente de algo extraño. Giró hasta el gran armario que había dentro de la habitación y lo abrió de una patada. Eso llamó al atención de sus compañeras para observar con curiosidad como Azula buscaba algo energética entre aquel armario.
—Azula… ¿Qué haces? — preguntó curiosa Ty Lee para dar un pasito hasta el frente, notando como Azula seguía en su búsqueda. — ¿Se te perdió algo?
—No—comentó con frialdad antes de cerrar la puerta y sacar un objeto de ahí. — Es sólo… que quiero buscar algo interesante.
Fue el turno de Mai parecer asombrada y de Ty Lee para que le mirara con extrañeza. Azula sostenía una especie de pelota algo grande entre sus manos, las cuales se movieron con ligereza haciendo que la pelota rebotara un poco. La chica, con una sonrisa endiablada en su rostro y ojos poseídos por la locura, dio vuelta y se dispuso a salir de la habitación.
—¡Azula! — gritó Ty Lee. — ¿Qué harás con eso?
—¿Con esto? — preguntó con inocencia fingida Azula para mirarle de reojo. — Nada Ty Lee, sólo iré a divertirme… como en los viejos tiempos.
Lo último que observaron ambas fue cuando las puertas de la gran habitación se cerraron con fuerza ante sus ojos. Azula planeaba algo y fuera lo que fuera, de seguro no era nada bueno. Por eso corrieron tras ella antes de que las dejara atrás y no pudieran alcanzarla en su trayecto.
Pero Katara ignoraba todo el alboroto que había dentro del castillo. Estaba feliz y sobre todo, tranquila después de un tiempo al estar en ese lugar. Suki se había ido, con otra extraña excusa y al parecer a otro lugar aún más extraño. Katara lo sabía, pero no entendía a dónde iba con exactitud ella a cada momento, pero no se atrevía a cuestionarla… Quizás ella tendría sus razones. Ya habían pasado unos cuantos días desde que había entrado en territorio del fuego y en todo este tiempo, había esquivado por obra de magia la presencia del pedante de Zuko. Dos días había sido su récord, dos días de los cuales salía pocas veces de su habitación y estaba alerta en cualquier momento, es que, simplemente no soportaba la idea de verlo de nuevo. Suki lo dijo alguna vez en esos días, que tenía que enfrentarlo a como de lugar y lograr tener el valor suficiente para no rendirse. Katara le había comentado un poco lo sucedido a su amiga, claro, omitiendo algunos detalles, de igual forma Suki comprendió el enojo y la humillación que ella cruzaba en esos momentos. Afortunadamente en este lapso de "tranquilidad" que pasaba, había hecho buenas amistades con su guía y sobre todo, con el tío Iroh. Él era una persona espectacular, siempre sacándole plática o invitándola a beber un poco de té. Katara estaba agradecida, saber que aquel sujeto era tan amable como para invitarla a un juego de Pang-Sho, de los cuales casi siempre estaba a punto de ganarle. Era sorprendente como él era tan hábil en aquel juego y sobre todo, reconocer la habilidad de Katara para saberlo jugarlo bien. Iroh había comentado que pocas veces jugaba con alguien así en el Pang-Sho, pues según él, los guardias del castillo no eran tan hábiles para ese singular juego. Sin mencionar, que Zuko simplemente no quería jugarlo o que a alguien más de la familia real le era indiferente lo que hacía él.
Katara sabía que su familia era muy unida, casi siempre pendientes uno de los otros. Era algo tan distinto como la de la Nación del Fuego, casi como si todos hicieran lo suyo ignorando o no importándole los que otros hicieran. Tal vez el único sensato en aquel lugar era Iroh, no había día que Katara no se sorprendiera al conocer un poco más sobre aquel anciano. En definitiva, pasar las horas de comida con él era un gusto espectacular, al menos tenía con alguien más para conversar.
Pero también estaba Momo, que al parecer, no estaba dispuesto a irse del castillo por un buen tiempo. Katara pensó que el día de su llegada se iría esa misma noche o simplemente regresaría a su hogar, pero el lemur era tan simpático que había llegado al grado de encariñarse con Katara. Suki le ayudaba a esconderlo, pues según le informó, estaba prohibido tener animales dentro del castillo. Katara no preguntó por qué ante aquella idea, pero no estaba dispuesta a arriesgar al lemur a que se lo quitaran o le prohibieran tenerlo ahí. Por lo cual, lo mantenía en secreto en su habitación y dejaba que saliera un poco en las noches, así nadie lo vería o sería capaz de atraparlo.
Ahora ella se inclinó un poco sobre aquel pequeño lago para observar su reflejo, estaba agobiada y sobre todo cansada, permanecer dentro del castillo era realmente agotador. Ella no estaba muy acostumbrada a estar encerrada por tanto tiempo ahí, claro, no era tanto pero en realidad quería salir por lo menos un poco para dispersar sus dudas o sentir el fresco aire en su rostro. Y el saber que había un pequeño lago en los jardines del castillo, era una idea maravillosa y una oportunidad perfecta para descansar un poco…
Pero aún estaba preocupada, había pasado esos días sin ver a su prometido y no estaba segura cuánto soportaría más o cómo reaccionaría.
Fuera como fuera, tenía que reunir el valor suficiente para enfrentarlo. Como agua y fuego no podían convivir en paz, pero haría un intento por mantener al menos una pequeña tregua entre los dos. No le importaba si Zuko no estaba dispuesto hacerlo o quisiera atormentarla con alguna cosa más, ella no se rendiría o flaquearía ante la situación.
—¿Pero en qué estoy pensando? — se dijo a sí misma mientras observaba con lentitud aquel reflejo en el lago, aquella pequeña salida a los jardines le había dado un buen tiempo para analizar todo lo sucedido en la última semana. — ¡Basta Katara! ¡Te volverás loca! — y con reproche se dio un leve golpecito en la cabeza para después soltar un pequeño suspiro.
A lo lejos en el lago, observó con curiosidad a unos patocastor nadar por ahí cerca de su madre y notó como ella les protegía en cualquier instante.
—Mamá… espero que ella se encuentra bien. — murmuró con desgano antes de sentarse un poco a la orilla del lago, observó al cielo notando que apenas era de día y que el Sol estaba en su punto máximo.
Hoy era uno de esos días calurosos y que simplemente, Katara no soportaba ni en broma. Por lo cual hoy había optado por vestirse simplemente con un traje ligero y de color celeste. Nada para una princesa pero era fresco pues no soportaba esos días de calor, en su Reino siempre hacía frió o la nieve decoraba sus territorios. Pero en la Nación del Fuego el clima era extremista y apenas si soportaba las noches calurosas en su habitación, tenía que dejar la ventana abierta para al menos constatar que la falta de aire era urgente.
—Moriré aquí quemada…— bromeó un poco mientras desviaba su vista y acomodaba con ligereza la trenza de su cabello. Decidió hoy traerlo recogido, si lo traía suelto de seguro no lo soportaría y tendría más calor de lo que su cuerpo soportaba.
Sus mejillas estaban ligeramente sonrojadas mientras que su piel brillaba, ella y el Sol no eran de llevarse tan bien, supuso. Al fin comprendió los consejos de su abuela para que empacara la ropa adecuada para el calor, y dio las gracias al viento por eso. Su abuela siempre había sido muy responsable con ella y siempre estuvo al pendiente de su cuidado, era una persona digna de confiar… Pensó que si su abuela conociera al señor Iroh se comprenderían de lo mejor, ambos eran tan sabios y siempre le daban consejos de vida.
Y aquel pensamiento hizo que ahogara una leve risita.
—¿Qué estarán haciendo allá en casa? — y observó de nuevo el cielo casi como tratando de buscar alguna clase de respuesta ante su pregunta. Decidida que ya era tiempo de caminar un poco antes de que Suki regresara, se levantó con cuidando del suelo mientras se sacudía el poco polvo de su vestimenta.
Alzó su vista sorprendida al notar la presencia de alguien más ahí en los jardines. Sus ojos se abrieron de golpe mientras un par de color ámbar se posó sobre ella. Katara reconoció a Azula, con tan sólo ver su rostro frió y mirada de superioridad. También notó que al fondo dos chicas más se acercaban hasta ahí, jamás las había visto pero contempló los rostros serios de ellas también.
Azula sostuvo la pelota entre sus manos mientras la rebotaba un poco en el suelo.
—Hola… ¿Katara, cierto? — preguntó Azula dando un paso al frente. La princesa de la Tribu Agua afirmó con lentitud. — Creo que no nos habíamos presentado con claridad, por eso estoy aquí. Soy Azula… hermana de Zuko.
Por un momento sus manos se unieron en señal de saludo mientras Katara contemplaba el parecido de Zuko con ella. Era evidente, aquellos ojos tan fríos, el color de sus pieles pálidas y sobre todo, sus cabellos oscuros como el negro de sus almas confirmaron que sí eran hermanos. Azula ocultó su frialdad con esa mirada de fingida amabilidad mientras apenas si podía dedicarle una sonrisa a la princesa del agua. Pero Katara no se convenció de aquello y observó sus ojos, sabía que algo ocultaba esa chica y que posiblemente no era de fiar como pensaba.
—Mucho gusto. — comentó al final Katara mirando después un poco a las dos compañeras de Azula.
—¡Oh! Pero que descortesía de mi parte…— comentó en un murmuro Azula para mirar un poco a sus amigas. — Ella son Mai y Ty Lee, son… compañeras mías. — y una mueca apareció en su rostro. — Bueno, ese no es el punto querida Katara, ¿sabes? Casualmente pasaba por aquí porque íbamos a tomar un descanso pero viendo que también paseabas un rato por los jardines de mi castillo, me preguntaba: ¿quisieras tener una partida de juego de pelota conmigo?
Y Katara abrió sus ojos con sorpresa para echarle una mirada rápida a la extraña pelota en las manos de Azula. Al fondo Ty Lee desvió la mirada mientras Mai esbozaba una sonrisa. Azula parecía confiada pero Katara ignoraba aquel juego, notó entonces como le mostraba su pelota para que constatara que era inofensiva y no tenía nada de malo.
—Vamos… ws un partido amigable. Aquí en la Nación del Fuego es común hacer ese tipo de actividades… ¿también en tu Nación las hay?
—Claro, también hay algunas…— y le miró de nuevo. — Bueno, me gustaría tener una partida contigo. Pero no sé cómo jugar.
Azula esbozó una extraña sonrisa.
—¡Oh! Eso no es difícil…—y ella botó la pelota de nuevo en suelo. — La idea es que derribes a tu oponente con esta pelota, pero viendo que no sabes bien las reglas las pondremos simples: la primera en que golpee a su oponente con la pelota pierde. — Azula notó como Katara afirmaba con claridad antes de esbozar una ligera sonrisa. — Bueno, tienes que colocarte en el otro extremo… ¿vez aquel árbol? — Katara se giró un poco para observar el árbol que estaba a unos cuatros metros de distancia al fondo. — Colócate ahí mientras yo me quedo aquí, te lanzaré la pelota y trataras de que no te golpee, ¿entendido?
—Claro pero… ¿no es un tanto brusco este juego? — cuestionó Katara.
—Para nada, de hecho está para que las habilidades de los jugadores crezcan en los reflejos. Sí esquivas la pelota podrás esquivar los ataques con más facilidad. — le comentó. — ¿Te decides? — Katara dudó unos segundos, pero viendo que la pelota no era un peligro se giró mientras se dirigía hasta el otro extremo donde estaba el árbol señalado. Después de todo, debía dar una buena impresión en aquel lugar y aceptar el juego amistoso con la hermana de Zuko, supuso que era buena señal.
—¿Aquí estoy bien? — le gritó Katara mientras notaba a lo lejos como Azula afirmaba con lentitud. — ¿Tengo que quedarme quieta o moverme?
—Puedes moverte para donde quieras. — le contestó Azula mientras sostenía la pelota en su mano derecha. — Lanzaré yo primera… ¿Estás lista? — entonces observó como Katara movía sus brazos como en señal de afirmación. — De acuerdo…— y otra sonrisa más apareció en su rostro, Ty Lee y Mai decidieron retroceder un poco lejos del campo de juego. — ¡Oh! Es verdad Katara, se me olvidó comentarte un simple detalle…— la princesa del agua le observó dudosa mientras Azula extendía su sonrisa. — Aquí en la Nación del Fuego, la pelota debe ser un reto… Por lo tanto, para que sea más entretenido ésta debe tener fuego en las reglas. ¡Esquívala si puedes!
—¿Pero qué…?— entonces ella abrió sus ojos con sorpresa al notar como la pelota en la mano de Azula era lanzada mientras era envuelta por una llamarada de fuego, apenas si tuvo tiempo de esquivarla mientras la pelota pasaba a su lado casi quemándole el hombro. — ¡Eso no es justo! — le espetó Katara notando como Azula reía y salía corriendo en dirección de la pelota, la cual aún se mantenía en llamas.
—Esto es un juego, acátate a las reglas o pierde…— y con velocidad extraordinaria sostuvo de nuevo la pelota entre sus manos mientras indicaba otro ataque. — ¿O es acaso que los de tu Tribu son miedosos a estos juegos? Pensé que eran más valientes…
Sin duda alguna aquel comentario tocó un punto débil en Katara: insultar o decir algo de su Tribu era algo maldito. Por eso apretó con fuerza sus puños mientras le miraba desafiantemente.
—En mi Tribu hay grandes personas como guerreros, no te permitiré que hables así de ellos…— y con ligereza frunció un poco su ceño aumentando la sonrisa de Azula en su rostro. — ¡Juguemos!
—Así me gusta mocosa…— susurró la gran hija de Ozai antes de correr ante su oponente nuevamente.
La velocidad de Azula era sorprendente, por lo cual la princesa Katara no obtuvo más opción que esquivar a duras penas el siguiente ataque. Refunfuñó por lo bajo mientras salía corriendo en dirección de la chica del fuego. Pero Azula era tan astuta y sabía de ante mano, que aquella princesa del agua no era oponente digna para ella.
Aún más le complació el saber que apenas si era capaz de esquivar sus ataques.
Mai y Ty Lee se mantenían aún alejadas mirando algo asombradas el acto. No cabían en sus capacidades qué era lo que tramaba Azula en realidad pero no quisieron cuestionarla en esos momentos. Tuvieron entonces que hacerse a un lado antes de notar como Katara se dirigía hasta ellas y se echaba al suelo, antes de que una pelota en llamas pasara cerca de su cabeza y se dirigiera hasta ellas. Mai fue ágil en esquivar la pelota mientras Ty Lee daba un salto.
Azula sonrió por lo bajo al notar la fragilidad de aquella princesa, más no reaccionó cuando ella se levantó del suelo y se dirigía hasta la pelota en llamas. Pero como lo suponía, ella se detuvo antes de tocarla… Era lógico que si lo intentaba se iba a quemar, por eso Azula aprovechó esto y sostuvo de nuevo la pelota entre sus manos, no sin antes golpear el estómago de la princesa con su puño.
Katara cayó de rodillas al suelo al sentir la ausencia de aire en su cuerpo…
—Lo siento querida… pero también en el juego está permitido golpear así a tu oponente.
Ante las miradas atónitas de sus amigas, Azula pretendió patear a la pobre princesa, pero Katara fue ágil y detuvo su patada con otra más. Eso desconcertó a la gran hija del señor del fuego mientras casi por un momento se desequilibraba de su lugar. Notó entonces el ceño fruncido de la princesa del agua mientras en su mirada una determinación imponente se notaba. Azula, por error, había hecho enfadar a una gran princesa. Nadie en su sano juicio era capaz de tocar a Katara de esa forma, si pensó que odiaba a Zuko por atreverse de pasarse de listo, en esos momentos la ira corrió inexplicablemente por sus venas al recordar aquel golpe.
Lo siguiente que sintió Azula fue cuando la empujaban con violencia, pues esta vez por sorprendente que fuera, no logró reaccionar a tiempo al notar como Katara corría a velocidad extraordinaria hasta ella. Katara estaba cegada por la ira, y Azula lo supo cuando ella trató de golpearla de nuevo. Entonces si las cosas se ponían así de bruscas, era hora de no jugar más y pasar a algo más serio. Por eso de nuevo esquivó el ataque de Katara para lanzarle la pelota en llamas, nuevamente Katara tuvo que arrojarse al suelo cerca del lago para que aquel fuego no la quemara.
Las cosas no estaban bien y Katara lo supo, cuando Azula frunció el ceño e intentaba golpearla.
Ella no obtuvo más remedio que rodar por el césped antes de que una barrera de fuego le rodeara. Se levantó de inmediato de su sitio al saber que aquella barrera de fuego le rodeaba, entre las llamas notó como Azula esboza una sonrisa triunfante. Azula había aprovechado la distracción de Katara para hacer uso de su Fuego Control. Y eso causó que Katara temblara un poco en su sitio al sentir aquellas imponentes llamas alrededor suyo, pero sin llegarle a tocarle claro. Pero aún así, miedo le causó al ver directamente el brillo en los ojos ámbares de aquella chica.
—Pensé que eras un buen oponente…— comentó Azula sosteniendo la pelota entre sus manos. — Pero veo que no fue así, he de admitir que me sorprendiste un poco…
—¡Eres una tramposa! — le gritó Katara haciéndose a un lado antes de que se quemara. — ¡Usaste el uso de Fuego Control! ¡No es justo!
—No…—le corrigió Azula. — Jamás mencione que no estaba permitido hacer uso de los elementos…—y de nuevo esa maldita sonrisa apareció en su rostro mientras su vista se fijaba de nuevo en el frágil cuerpo de la princesa. — El juego ha terminado… ¡Yo he ganado!
Katara no reaccionó al saber que Azula lanzaba con velocidad abrasadora la pelota hasta su cuerpo, no logró esquivarla esta vez pues sintió como le golpeaba de seco en su estómago. Un ardor en su piel le hizo constatar que el fuego había hecho contacto con su cuerpo y que ahora era arrojada por los aires, el impacto había sido tan fuerte que de nuevo la falta de aire fue obligatoria. Su cuerpo salió disparado para llegar hasta el lago que estaba a dos metros atrás suyo junto con aquella ardiente pelota de fuego.
Ambas amigas de Azula observaron aquello atónitas, el ver el cuerpo en llamas de la princesa caer al lago.
Azula sonrió por lo bajo mientras se cruzaba de brazos, notando que el cuerpo de la morena aún permanecía en el lago.
—¡Azula! — gritó Ty Lee mientras intentaba correr hasta su amiga, aquello había sido devastador y sin duda alguna, algo inhumano. Pero Mai le detuvo antes de que corriera hasta la chica pues señaló entonces al lago. — ¿Qué?
Katara ahora tosía con ímpetu debido al agua que había entrado a su cuerpo. Azula le observó mientras notaba como ella se sostenía un poco su estómago y gemía del dolor, entonces su vista se enfocó alrededor de la mancha de sangre que había cerca del cuerpo de ella. Pero Katara alzó su vista y Azula juró notar el mismo infierno en los ojos de ella. Su cabello estaba suelto mientras sus ropas rasgadas y mojadas, sin mencionar que sostenía su estómago con aquellas pequeñas manos llenas de sangre. A su lado, la pelota flotaba ahora sin fuego.
De nuevo Katara gimió un poco mientras su respiración era agitada en esos momentos, se inclinó un poco más mientras notaba el manto de sangre en el agua. Cerró sus ojos con fuerza mientras ahora, las tres chicas del fuego, notaban sorprendidas como una luz cegadora y de color azul brillaba entre las manos de la princesa. Katara se concentró lo más que pudo en esos instantes mientras sentía que la quemadura de su cuerpo sanaba con lentitud, una vez que aquella luz desapareció, Azula notó con horror como la princesa había curado la herida.
Entonces… ella también podía usar Agua Control.
—El juego aún no ha terminado…— comentó Katara con seriedad antes de alzar un poco sus manos, Azula se vio a la necesidad de retroceder un poco mientras le miraba con detenimiento. — ¡Ahora jugaremos con mis reglas!
Un gigantesco látigo salió del agua mientras Azula intentaba esquivarlo, en vano hizo creación de su Fuego Control, pero era ilógico que el fuego logrará domar al agua en esos momentos. La princesa aún se mantenía en el lago, moviendo sus brazos de arriba abajo formando látigos con el agua, su mirada estaba seria mientras con ligereza fruncía el ceño al tratar de golpear con aquel látigo el cuerpo de la chica del fuego. Esta vez, las habilidades de Azula no fueron suficientes mientras un gran látigo de agua golpeaba su rostro, fue poderoso que causó que saliera por los aires y cayera cerca de sus amigas.
Mai logró empujar a Ty Lee antes de que otro látigo se dirigiera hasta donde se encontraban, pero Katara usaba su Agua Control para golpear de nuevo el cuerpo de Azula. Y así lo hizo, de nuevo el cuerpo de ella fue sometido por el gran poder del agua. Esta vez Katara no reaccionaba, un odio en su interior le hacía actuar de aquella manera. Pero comparado con el de Azula, no era nada, nadie se había atrevido a lastimarla de aquella forma y sobre todo, el pretender derrotar a la gran hija de Ozai.
Por eso, con furia contenida en su alma, Azula se libró del siguiente ataque. El juego había terminado y ahora, las reglas no existían. Azula corrió hasta el lago mientras lanzaba varias llamaradas de fuego, Katara logró usar sus látigos de agua para retener el ataque mientras el vapor se extendía por los alrededores. Azula aprovechó esto para lanzarse hasta el lago y golpear el cuerpo de la princesa. Por fortuna, ambas se encontraban en una sección del lago poco profunda, pero al avanzar más y el intentar esquivar el ataque una de la otra, sus cuerpos iban hasta lo profundo del lago.
Harta de esto e incapaz de entrar en reacción, Katara sopló con fuerza mientras Azula sentía un frió en su cuerpo, antes de que el hielo la cubriera en su totalidad. Pero Azula no se rindió y frunció el ceño con agudeza mientras apretaba sus puños, derritió entonces el hielo mientras intentaba de nuevo, ante la mirada escéptica de la princesa del agua, golpearla con violencia. Viendo que no estaba en su terreno a favor, Azula se sumergió en el lago para atacarla desde abajo. Katara entonces la buscó con su mirada con desesperación pero algo jaló de su tobillo y causó que ella se sumergiera al lago, no tuvo tiempo de agarrar algo de aire pues aquello le tomó por sorpresa. Bajo el lago, Azula contenía la respiración mientras ella trataba de ir a la superficie y respirar, pero la chica del fuego se lo impedía mientras la jalaba aún más hasta su cuerpo.
Katara forcejeó un par de veces pero Azula era sorprendentemente fuerte y le agarró ambos brazos con sus puños, sintió entonces Katara bajo el agua, como de nuevo Azula trataba hacer uso del Fuego Control. Esto causó que el agua en su alrededor comenzara a calentarse y burbujear. La morena nunca lo comprendió o supo cómo sucedió pero logró sacarse del agarre de Azula y nadar con agilidad hasta la superficie, una vez ahí, abrió su boca con desesperación ante la escasez de aire. Pero el Agua a su alrededor aún seguía calentándose cada vez más mientras Azula intentaba hervirla. No obtuvo opción alguna, más que nadar con rapidez hasta la orilla del algo, una vez ahí salió como pudo para pisar tierra firme. De nuevo una llamarada de fuego pasó cerca suyo mientras Katara apenas se había lanzado al suelo para esquivarla, ahora Azula desde el lago, alzaba sus brazos mientras intentaba quemar de nuevo el frágil cuerpo de Katara. Si aquella princesa podía usar Agua Control, la distraería en su totalidad para que ella no se acercara al algo y así no la atacara.
Pero Katara era lista y en esos momentos, como si estuviera en plena guerra y en un combate de vida o muerte, corrió cerca del lago al esquivar otra bola de fuego, alzó sus brazos mientras de nuevo hacía uso de su Agua Control. Lo siguiente que sucedió fue sumamente rápido, pues una gran ola se extendió en el lago mientras arrastraba el cuerpo de Azula consigo, Katara movió sus brazos para que la ola se estrellara contra el suelo mientras Azula caía por alguna parte del jardín. Escuchó el gemido de la chica al sentir que su cuerpo se estrellaba contra el suelo con brusquedad, pero desafortunadamente la ira cegó a Azula nuevamente mientras flaqueaba un poco en su sitio y fruncía el ceño… ¡Esa maldita perra de la Tribu Agua la estaba humillando! ¡Ella no iba a dejar que la venciera de esa forma!
Notando entonces que Katara trataba de hacer dominio de su Agua Control nuevamente, Azula se levantó de su sitio mientras corría con agilidad hasta el cuerpo de la princesa. Esquivó en su trayendo un látigo de agua mientras se barría, causando que lograra golpear con sus piernas los pies de la princesa, para que ella cayera de espaldas al suelo. Azula se colocó sobre Katara sosteniendo sus brazos e intentando golpearla. Ambas, cayendo en lo bajo como en una pelea callejera, forcejearon un poco mientras se estiraban el cabello. Con sus largas uñas, Azula intentó rasguñar una y otra vez el rostro de Katara, pero ella no se lo permitía, ahora ambas estaban fuera de sus casillas y sólo pensaban en golpearse una de la otra.
—¡Perra! — gritó Azula aún forcejeando con Katara. — ¡Morirás maldita perra de la Tribu Agua! — y diciendo más cosas referentes a su Nación y sangre, Azula estaba fuera de sí intentando golpear a la pobre Katara bajo su cuerpo.
—¡Aléjate de mí! — le ordenó Katara al sentir como le estiraba su cabello con fuerza, cerró entonces sus ojos mientras de igual forma lograba despeinar a Azula y jalar su cabello.
Entonces Mai y Ty Lee supieron que eso ya estaba fuera de control y corrieron hasta aquel lugar. Trataron de sostener Azula para alejarla del cuerpo de Katara, pero ella las empujó al sentir que trataban de sostener sus brazos. Ambas chicas cayeron al suelo mientras de nuevo se levantaban e intentaban en vano, quitar a Azula de aquel sitio. Pero aún Katara y ella seguían jalándose el cabello con fuerza e insultándose una de la otra… nadie en su sano juicio pensaría que ambas eran princesas reconocidas de poderosas Naciones.
Como agua y fuego, siempre estarían en pelea.
Pero algo insólito pasó mientras Azula sentía algo extraño en su cara. Se detuvo un poco para después dar paso a la histeria, pues sintió varios rasguños en su rostro. Vaciló un poco mientras se levantaba el cuerpo de Katara.
—¡Ah! ¡Aléjenlo! ¡Aléjenlo! — y gritó con locura Azula al sentir las pequeñas garras de un lemur en su rostro, que al parecer estaba enfadado y trataba de rasguñar lo más posible el cuerpo de ella. — ¡Aléjate! — y el no ver con claridad, debido a que el lemur le tapaba sus ojos con sus alas, comenzó a lanzar ráfagas de fuego en su impotencia.
Katara notó atónita la escena mientras se levantaba se suelo con lentitud con ayuda de Ty Lee.
—Momo…— susurró Katara mientras notaba como el pequeño lemur seguía rasguñando el rostro de Azula. —¡Momo! — gritó ahora tratando de correr en dirección del lemur que atacaba, pero estaba cansada y su respiración era sumamente agitada, y justamente cuando estaba a punto de ir en ayuda de su lemur, Azula soltó el grito de horror más fuerte de toda la Nación del Fuego.
Entonces, para el asombro de las presentes, Azula cayó al suelo de nuevo con el lemur en su rostro.
Pasos atrás suyo hicieron que las otras tres chicas notaran que ahora salía gente del castillo, algunos sirvientes, guardias e incluso el gran Iroh corrieron hasta ese lugar debido al gran grito que habían escuchado anteriormente. Pero Katara no lo notó y mucho menos prestó atención cuando incluso Zuko iba tras Iroh, entonces todos notaron como agonizaba Azula en el suelo con aquel lemur en su rostro. Iroh reaccionó a tiempo para correr en dirección de su sobrina sin comprender qué sucedía, en su defecto, Momo alzó el vuelo para ir a refugiarse en los brazos de Katara.
Azula respiraba con dificultad mientras Iroh la sostenía de los brazos para levantarla con delicadeza. Pero ella se soltó con brusquedad del agarre de su tío mientras se levantaba del suelo con lentitud, todos notaron el estado de Azula. Diversos rasguños adornaban su rostro, su cabello estaba suelto y en las peores circunstancias al igual que su vestimenta y aspecto.
Nadie compendia qué sucedía en esos momentos, sobre todos los recientes presentes. Y es que ver a la gran hija de Ozai en aquella circunstancias y sobre todo a una princesa de la Tribu Agua como lo era Katara en igual aspecto, daba mucho de que hablar.
—¡Tú maldita perra! — y llena de ira, Azula trató de lanzarse contra Katara pero Iroh le detuvo. — ¡Suéltame, maldito! ¡Aléjate! — y forcejeó mientras ahora unos guardias le detenían. — ¡Morirás! — entonces posó con maliciosa vista sobre el lemur que se ocultaba entre los brazos de Katara, por lo tanto, la princesa del agua se aferró a un más al animal mientras lo protegía. — ¡También esa rata que tienes en tus brazos!
—¡Basta Azula! — gritó Iroh tratando de tranquilizarla.
—¡No es una rata! ¡Es un lemur! — le defendió Katara mientras Momo asustado ahora, cerraba sus enormes ojos con miedo. — ¡No le harás nada a él!
—¡Cállate maldita! ¡Tú y los de tu Tribu son unos asquerosos! ¡Dan asco! —le gritó con fuerza. —¿Me oíste? ¡Ustedes no son nada! ¡Nosotros deberíamos ganar la Tierra y terminar de una buena vez con los de tu asquerosa y sucia raza!
Pero Katara decidió no decir nada más, retuvo todo lo que quería gritar en esos momentos mientras su labio temblaba un poco. Entonces optó por cerrar sus ojos con fuerza escuchando los gritos e insultos de Azula como dagas en su cuerpo. Y es que en realidad, ya estaba cansada y todo lo que había pasado ahora recaía sobre sus hombros.
—¡Basta Azula! — gritó Iroh de nuevo, esta vez con una gran autoridad causando el efecto que quería en la chica del fuego. Azula calló de golpe mientras se detenía.
El silencio gobernó en aquel lugar. Iroh se mantenía serio con una mirada de los mil demonios, mientras Azula le miraba atontada al igual que todos los demás presentes. Pocas veces Iroh perdía los estribos y actuaba de esa forma tan normal en alguien vil como de la Nación del Fuego. Pero viendo la situación y que ésta estaba por salirse de nuevo de control, Iroh observó de soslayo a la princesa del agua con el lemur entre sus brazos. Notó su estado, su cabello suelto y mojado en su totalidad, los ligeros rasguños en su rostro y lo agitada que se encontraba.
—¡Ustedes! — les ordenó a los sirvientes curiosos que se habían acercado. — Llévense a la princesa Azula de aquí, por lo visto esta muy alterada…
—¡¿Qué?! — gritó ella entrando de nuevo en razón. — ¡Cómo te atreves! — sin embargo, algunos sirvientes y un par de guardias apenas eran suficientes para sostener el cuerpo de Azula y sacarlo de ahí. Mai y Ty Lee se quedaron atónitas en su lugar pero después salieron corriendo en aquella dirección para ir tras Azula, la cual seguía gritando con histeria e intentaba librarse.
A lo lejos Katara escuchó con pesadez alguna amenaza por parte de Azula.
Al final, sólo tres presentes había en los jardines del castillo, o lo que había quedado de ellos, pues al parecer el ambiente era de lo peor.
—Bien…— suspiró con cansancio Iroh la ver como ya, a la fuerza, los sirvientes lograban introducir el cuerpo de Azula dentro del castillo.
Sin embargo, Katara al ver como Iroh le dirigía una mirada y el notar la presencia de Zuko a su lado, causó que se estremeciera un poco y bajara su mirada. Momo lo notó y sólo se dignó a acurrucarse entre sus brazos en forma de consuelo. Pero Iroh se aclaró la garganta para que ella alzara su rostro, y cuando dio un paso hacia el frente, Katara retrocedió asustada.
—Espera Katara, no te voy a regañar ni nada…— comentó Iroh con tranquilidad, la chica lo comprendió unos instantes mientras se detenía. — No sé qué haya sucedido aquí, pero no culpare a nadie. Ni a ti ni a Azula, pero eso sí, tendrás que decírmelo otro día si no quieres hablar…— entonces, tanto como él y Zuko observaron el frágil cuerpo de Katara que ligeramente temblaba en su lugar.
—Lo siento…— susurró al fin mientras les miraba. — Yo no quería… es que… no sé qué me sucedió, yo sólo…— pero Iroh comprendió lo que sentía ella en aquellos pesados sofocantes momentos, le colocó una mano sobre su hombro en forma de consuelo.
—No importa, luego me contarás… Por ahora, respira un poco y trata de calmarte. — y ella afirmó con lentitud. Entonces Zuko se cruzó de brazos diferente ante la escena, mientras al igual que Iroh, notaba el pequeño lemur entre los brazos de la princesa. — ¿Pero…?
Momo movió sus orejas al sentir aquellos pares de ojos sobre su presencia.
—Katara…— comentó con seriedad el anciano. —No estoy seguro si ya te lo dijeron o no, pero no está permitido tener animales en el castillo. Si es mascota tuya, lo siento, pero debe irse…—entonces notó la mirada de preocupación que esbozaba Katara mientras se aferraba al pequeño lemur.
—Yo…— balbuceó un poco, saber que podía perder a Momo en aquellos momentos de tensión le hizo estremecer. — Por favor… déjeme quedármelo. Él… él… ¡Momo no tuvo la culpa! Él sólo reaccionó así porque me quiso defender…— y le miró con suplica— ¡Por favor! Prometo que no lo dejaré salir de mi habitación, pero no le hagan nada malo. Se los ruego…— con su voz quebrada y con lágrimas asomándose en sus ojos, Iroh soltó otro suspiro mientras negaba con firmeza.
—Perdóname Katara, pero no creo que les guste en el castillo. No está permitido tener animales… Simplemente por una razón: a la princesa Azula no le agradan los animales.
—¡Pe…pero! — balbuceó Katara ante aquella irracional razón… ¿Sólo porque a esa maldita princesa endemoniada no le gustaba los animales iba a permitir que le quitarán a Momo? ¡Jamás! Se había encariñado tanto con él, que ahora no estaba dispuesta a perderlo así como así. Entonces un rayo de esperanza surcó por su mente mientras su mirada denotaba algo de nerviosismo. — No puedo hacerlo señor Iroh…
Entonces Iroh y Zuko le miraron con seriedad.
—Verá…— y ella rodó un poco sus ojos. — Es un regalo adelantado que mis padres me dieron. En mi Tribu es tradición que se le de alguna clase de lemur a los que están pronto a casarse. Mi madre lo envió hace días… ¡Por favor déjeme tenerlo! — y esperando que tanto como Iroh y el príncipe Zuko se creyeran aquella mentira, Katara les dirigió una mirada suplicante.
Hasta que Iroh acarició su barba y suspiraba de nuevo.
—Si es así, no podemos contradecir las tradiciones de tu Tribu… hablaré con mi hermano con respeto al animal, igual podrá dejarte tenerlo. Sí es un regalo como dijiste… debes de cuidarlo bien. — sonrió al final el anciano notando como Zuko desviaba su vista con fastidio.
—Gracias…—susurró ella.
—Bueno, lo mejor será que vayas a tu habitación princesa. Tengo que decirle esto a Ozai... — y se rascó un poco su cabeza haciendo una mueca graciosa. — Estás cansada. Zuko escolta a tu prometida hasta su habitación.
Katara se quedó paralizada en su sitio al escuchar aquellas palabras, Iroh entonces le miró con curiosidad para notar cómo el chico carraspeaba por lo bajo. La princesa no reaccionó a tiempo y sintió como Zuko la sostenía del codo y la giraba, para que así caminara en dirección contraria hasta el castillo. Lo último que supo Katara fue cuando Iroh se fue en otra dirección mientras ella se adentraba hasta el castillo…
Pero reaccionó a tiempo al sentir aún el contacto de Zuko, y como si fuera el fuego mismo, se separó de él bruscamente.
—Gracias. — le dijo con firmeza. — Pero yo puedo ir sola a mi habitación. — y ella se hizo a un lado evitando estar lo más cerca de él.
Pero algo en su interior le hizo estremecer, al ver la cara de seriedad que le dirigió el príncipe.
—Cómo quieras. —comentó indiferente Zuko. Su vista entonces se situó en la apariencia de Katara. Su cabello caía como agua sobre su rostro mientras aquel ligero traje estaba empapado en su totalidad, causando que se pegara a su cuerpo como una segunda piel, su respiración era entrecortada y ella mantenía su semblante firme. Imágenes al azar pasaron por su agobiada mente mientras ella recordaba los sucesos anteriores, era evidente, que no quería estar para nada cerca de él. —Era mentira sobre lo de el lemur… ¿cierto? — y dirigiéndole una mirada al animal entre los brazos de ella, Katara desvió su vista.
—…eso no es algo que te interese. — le comentó pedantemente, entones sintió como Momo se movía entre sus brazos. — De igual forma no debe importarte lo que yo haga o no, déjame en paz. — con fastidio el príncipe carraspeó por lo bajo antes de echarle una mirada amenazadora.
—¿En serio? Sí es así y no te gusta, puedes largarte e irte a donde perteneces, yo no estoy para nada contento con esto del…
—Adiós…
Pero Zuko le observó atónito al notar como ella le ignoraba y le dejaba con la palabra en la boca. Frunció entonces el ceño al ver como se giraba y caminaba con lentitud en dirección de su habitación, en su impertinencia, el príncipe la detuvo.
—¿Qué haces? ¡Hazte a un lado animal! — le insultó la morena al notar como le obstaculizaba Zuko el camino. Pero entonces Katara sintió como la sostenía de los hombros y con agilidad la empujaba de nuevo hasta la pared más cercana. — ¿Qué?
—¡No me ignores maldita! — le gritó con furia. Aquello causó que el pequeño lemur se asustara un poco y se moviera entre los brazos de la princesa, hasta que por fin se liberara y saliera volando de ahí con miedo.
—¡Momo! — gritó Katara al notar que el lemur ya se alejaba, una vez que su vista no lo notara se giró para encarar al príncipe. — ¿Vez lo que hiciste? ¡Asustaste al pobre Momo! — y lo empujó con fuerza apartándolo de su cuerpo y cercanía. — ¡Espérame Mom…! ¡Suéltame! — entonces ella sintió como él le agarraba de la muñeca con fuerza. Un ligero apretón fue suficiente para que su cuerpo se estremeciera… Ese meladito de Zuko, debía tramar algo de nuevo para hacerle perderla paciencia, pero ella estaba tan preocupada por el animal en esos momentos cómo para caer en la cuenta de lo que sucedía.
De nuevo, se encontraban solos en algún otro extraño pasillo del tenebroso castillo.
—¿A dónde crees que vas? —preguntó Zuko apretando aún más la mano de ella entre la suya, Katara forcejeó un poco, estaba demasiado débil y lo único que quería era irse a su habitación y ahora ese maldito tenía que retenerla en esos momentos.
Y las imágenes cruzaron por su mente mientras sentía la humillación vivida días atrás. Sus ojos se abrieron de golpe mientras una rabia corría por su ser… Ese maldito de Zuko se dignaba de nuevo a tocarla y sobre todo, alzarle la voz como si fuera alguien para cambiarle el rumbo de su vida. De nuevo ella se sacó de su agarre con brusquedad.
—No me toques. — dijo con firmeza. — ¡Nunca! — gritó para encararlo al darse media vuelta, por primera vez el chico no dijo nada y le miró atónito.
Y es que no había notado cuán profundo era el color azul de sus ojos…
Diversos sentimientos se acumulaban en aquel lugar y Katara estaba fuera de sí. Maldito ¡Maldito mil veces Zuko! Pero ella lo había decidido, el hacer que el matrimonio se hiciera efectivo… aún había una guerra y vidas que salvar aunque eso significara sacrificios enormes, como el de casarse con alguien como él. Si al menos el destino hubiera sido más amable con ella… Pero no tenía el poder de hacer algo más que acatarse a lo que tenía que suceder, por eso, soltó un suspiro forzado con resignación.
Pero un ligero rose de la mano de Zuko sobre su mejilla le hizo detenerse. Le miró con asombro y pánico al sentir como aquella caricia era provenida de él. Zuko planeaba algo, y fuera lo que fuera, lo estaba logrando, hacer que su cuerpo temblara de arriba a abajo. Katara se preguntó qué sucedía o por qué se sentía de aquella manera, si era por el miedo o quizás por otra cosa. Pero su valor de nuevo la abandono al sentir como la pared impedía que retrocediera más y sentir como de nuevo era acorralada en algún otro pasillo de ese lugar. Unos finos labios se dirigieron hasta su odio mientras su respiración se agitaba.
—¿No me dirás que no te gusta que te toque, no?
Bastardo… ¿cómo se atrevía? ¿Y por qué de nuevo se quedaba petrificada en su lugar sin saber qué hacer? Zuko lo sabía de ante mano, quería provocarla y hacer por todos los medios posibles que aquel compromiso no se llevara acabo. Pero algo le había impulsado a acariciar la mejilla de la chica de aquella forma, su plan era uno: iniciar alguna discusión, pero en su defecto, sólo la acorralaba de nuevo en aquel pasillo, ¿acaso no había tenido suficiente con humillarla la última vez? No. Y volvería hacerlo una y otra vez, aunque eso implicara caer en lo más bajo como lo estaba haciendo ahora… y es que su futuro dependía de aquello. Si el compromiso se hacía valido o no.
Las piernas de Katara temblaron un poco mientras cerraba sus ojos con fuerza. Casi podía sentir la sonrisa triunfante en el rostro de aquel príncipe, y notar como la humillaba de nuevo. Pero no iba a permitirlo otra vez, no, ella todavía tenía algo de dignidad. Por eso, juntando el valor necesario como último recurso, empujó a Zuko de su lado para salir de su pequeña cárcel. Sin embargo, él le observó atónito antes de sentir un fuerte ardor en su mejilla izquierda y sentir que su rostro se giraba hasta otro lugar.
—¡Maldito! — gritó ella mientras bajaba su mano. — ¡Te lo dije! ¡No vuelvas a tocarme! — ella debía de ser una mujer sumamente valiente como para hacer aquello, primero en enfrentarse a Azula y después, cachetear al gran príncipe Zuko de aquella forma.
El silencio se acumuló en aquel frió ambiente antes de que Katara cayera en la cuenta de lo que había hecho… Pero la muerte en los ojos del chico era evidente, antes de mirarle de forma cruel y sostenerla de los hombros a la fuerza. Su cuerpo tembló, pero ella tenía que enfrentarlo... no podía dejar que las cosas fuera así y mucho menos que él hiciera lo que quisiera. Ella era una princesa y como tal, debía hacerse respetar, aunque algún insolente como él no quisiera entenderlo.
Pero una sonrisa endiablada apareció en el rostro de Zuko mientras varios mechones rebeldes cayeron de su rostro. Y por un segundo, Katara sintió que el tiempo se detenía.
—Eres valiente…— admitió él mientras apretaba su agarre, Katara soltó un gemido de dolor al sentir aquello y de nuevo intentó sacarse de su agarre. Pero Zuko esta vez no iba a caer dos veces, por lo cual su sonrisa aumentó más, aquella sonrisa que Katara odio hasta lo más profundo de su ser.
Pero Katara tenía que hacerle saber que si no era bueno jugar con fuego, mucho menos los era jugar con el agua.
—¡Déjame! — y un grito tras otro salió de su boca, en una de esas llamó a los sirvientes para que le auxiliaran. Igual no era lo más inteligente que hubiera hecho en su vida, pero lo único que quería era alejarse de él. Pero Zuko, al escuchar aquellos gritos, colocó una mano sobre su boca para que ella se callara de una buena vez.
—¿Qué haces? ¿Acaso piensas llamar la atención o que? — pero ella le mordió la mano para que se alejara. — ¡Argh! ¡Maldita!
—¡No me toques! —dijo nuevamente y lo haría cuantas veces fuera hasta que él se fuera.
Pero Zuko era Zuko y el provocar a Katara era un reto. Había algo que le hacía actuar de aquella manera, hacer sufrir a esa pobre princesa. Pero le fue gracioso el ver que ahora trataba de hacerse la valiente y enfrentársele… Él iba a ganar esta vez y cuantas veces fuera, siempre se iba a salir con la suya… rompería aquel compromiso… ¿Por qué hacerlo? Algo que le decía que si se casaba con aquella princesa, su vida sería tan infernal como lo era ahora.
¿Por qué? ¿Por qué Zuko tenía que provocarla de aquella forma? Como deseaba en esos momentos que la misma tierra se lo tragara y lo alejara de su presencia, como desearía que todo terminara y sobre todo, que jamás esto del compromiso hubiera sido nombrado en su vida. Pero tenía una meta, se casaría con Zuko como a del lugar… Tantas personas dependían de aquello y si él no quería cooperar, muy su problema. Lo malo era que posiblemente iba a casarse con la persona que menos quería, y sobre todo, aquella que no tenía sentimiento alguno hacia ella que no fuera odio o el tener la intención de humillarla en cualquier momento.
Ella había reunido el valor en estos dos días para enfrentarlo y no dejaría que las cosas se echaran a perder de aquella manera.
El ámbar de sus ojos y el azul de los suyos se encontraron en aquel lugar de nuevo, ambos ahora manteniendo una batalla con la mirada y el alma. Estaba claro, que ninguno de los dos cesaría y Katara no estaba segura si tendría las fuerzas suficientes como para ganar ésta. Pero estaba harta y cansada, y sobre todo, lo menos que deseaba era discutir con alguien más… Como deseaba en eso instantes que Sokka estuviera ahí para partirle la cara al cretino de Zuko.
—¿Los de tu Tribu son así de exhibicionistas?
—¿Qué? — aquella pregunta la sacó de sus pensamientos mientras alzaba si vista para mirarle detenidamente. — ¿Cómo te atreves? ¿Acaso estás demente? ¡No digas algo así! — y ella frunció el ceño antes de ver la arrogante sonrisa que él esbozaba… la estaba provocando, ¡Maldición, y siempre lograba hacerlo!
—Lo digo porque simplemente estás dejando mucho que ver…— y de nuevo le dirigió una mirada, Katara observó su traje o lo que había quedado de él. Recordó entonces que Azula le había golpeado con una pelota en llamas en su estómago, por lo cual ahora un gran agujero adornaba su vestimenta en aquel lugar, dejando ver parte de su cintura y su ombligo… algo realmente tentador si se lo ponía a analizar.
—¡Pervertido! — chilló ella sonrojándose de inmediato tratando de cubrirse lo más que podía. — ¡No me veas!
—Claro, claro…— y rodó los ojos con fastidio. — Como si me interesara mucho hacerlo. No tienes un gran cuerpo ¿sabes? Incluso alguien de la Nación de la Tierra es más pulcro y con mejores atributos que tú…— y los ojos de Katara se abrieron de golpe, Zuko podría haber jurado el ver como ella apretaba sus dientes indignada.
—¡Pues un mono tiene más cerebro que tú! — le señaló. — ¡Eres un maldito, bastardo, desgraciado! ¡No soporto tu presencia!
—Gracias, lo mismo digo…—y Katara apretó más sus puños tratando de cubrirse de la mirada que él le dirigía. Entonces observó como Zuko daba unos cuantos pasos para pasar a su lado y mirarle con detenimiento.
—Si me tocas te atacaré, no estoy dispuesta a que me humilles de nuevo…—y como si de nuevo el malhumor regresara hasta él, Zuko le observó con el ceño fruncido. La verdad, le era indiferente las palabras de esa princesa caprichuda pero le dio coraje, por más que le costara admitirlo, el ver lo arrogante que se volvía su actitud. Pareciera que se revelaba, si así sucedía, sus planes podrían desviarse un poco.
¿Por qué no podían estar en paz agua y fuego?
Siempre tenía que haber algo que lo impidiese… y Katara se reprimió aquello.
Pero ya mejor ignorarlo e irse de ahí. Se giró entonces y comenzó a caminar con cautela por los pasillos del castillo alejándose de él, por su parte, Zuko le siguió con la mirada al notar que ya giraba por una esquina del extenso pasillo. La observó tambalearse un poco debido al cansancio de su cuerpo y como su cabello se ondeaba de un lado a otro. Caminó él tras ella ante la ignorancia de la princesa, quien de vez en cuando sentía los pasos de Zuko tras suyo. No dijeron nada más en el trayecto mientras Zuko notaba con gusto como ella estaba desorientada, buscando en vano dónde demonios se encontraba su habitación.
Le divirtió entonces ver la desesperación que sufría ella en esos instantes e indignada que se sentía. Pero Katara seguía ignorando o al menos, pretendía hacerlo. Sin que esto intimidara al chico, Zuko seguía tras ella a escasos metros de su presencia. Por un momento alzó su ceja al observar como ella soltaba un suspiro de resignación, pues después de varios minutos, al fin había dado con su habitación. Casi como un milagro, ella caminó a paso rápido hasta la puerta para adentrarse a su pequeño refugio en todo ese lugar. Como pudo, la pobre princesa abrió la pesada puerta de hierro, cuando estaba segura que todo terminaría y podría encerrarse ahí, Zuko colocó sus brazos para que ella impidiera cerrar la puerta en su trayecto.
—¿Qué? —le gritó ella. —¡Vete! — le ordenó, pero al notar la mirada seria que él le dirigía, decidió no decir nada más y callar… Esperó entonces lo que él estuviera dispuesto a decirle.
—Escucha, hoy estoy de buenas. Mañana tal vez no…— y aquella extraña expresión adorno su rostro. — Por lo tanto, prepárate…— pero Katara hizo omiso a su amenaza e hizo una leve mueca.
—Me interesa poco…— y trató de nuevo cerrar la puerta pero Zuko no se iba de ahí.
—¿Acaso no me invitarás a entrar a tu habitación? — se burló él, en definitiva, posiblemente hoy era uno de esos extraños días en que andaba de humor. Sobre todo, porque en otras circunstancias habría actuado de forma arrogante y sobre todo, no habría dudado hacer algo con aquella chica. Pero al parecer, hoy se tomada el día libre para fastidiarla un poco de otra manera, sobre todo el provocarla para confundirla.
—¿Qué? ¡Claro que no! ¡Vete! — podría jurar el chico ver un ligero sonrojo en su rostro, se preguntó entonces por qué habría sido, por enfado o simplemente vergüenza— Si no te vas, voy a gritar… y lo que menos que quieres es un alboroto mió… ¿Verdad? — pero el chico no le respondió, sin embargo, ella abrió su boca para tratar de hacer que iba a gritar, y de nuevo Zuko le colocó una mano en su boca antes de que cometiera una locura.
Si quería que el compromiso no se llevara acabo y hacer que su plan funcionara bien, lo que menos quería es que alguien supiera sus intenciones. Le aterró un poco en pensar qué haría su padre si se diera cuenta de sus metas… ¿O que tal del tío Iroh? Mejor ya ni imaginárselo y hacer que las cosas marcharan como debían de ser… Agua y fuego no podían estar juntos, jamás, todo el mundo lo sabía, pero esta princesa testaruda al parecer no estaba de acuerdo con eso. Quizás tendría sus razones para querer que el compromiso fuera efectivo… o es que simplemente se sentía obligada a hacerlo al igual que él.
No había amor de por medio y mucho menos sentimientos parecidos.
Simplemente repulsión e impacto entre ambos.
Pero Katara aprovechó la tonta distracción del príncipe y logró darle un fuerte pisotón en su pie derecho, Zuko carraspeó antes de observar la sonrisa triunfante que le dirigía. Algunos mechones color chocolate se esparcieron por su rostro mientras aquellos ojos azules le miraban con brutalidad, entonces Zuko dejó su sentido del humor y se amargó ese día. La verdad, aquel tonto y simple acto le molestó de sobre manera, por eso, colocó un mano sobre a puerta intentando entrar a la fuerza, pero viendo que ella se negaba, hizo uso de su Fuego Control. La puerta se calentó en varios segundos mientras Katara se dignaba a separar sus manos de ella antes de quemarse.
—No me provoques…— le dijo con frialdad Zuko abriendo un poco la puerta. Notó entonces la habitación de la princesa y como ella se mantenía de pie, firmemente enfrente suyo sin permitirle el paso. Zuko no quería entrar, sólo hacerle sacar de quicio un rato y hacer que ella se enfadara ¿La razón? Siempre le fue divertido hacer eso, quizás era una forma de desquitarse o porque simplemente Azula la había molestado todos esos años de la misma forma.
Algo más iba a suceder o es que el destino trataba de apuntar con ligereza a favor de Katara, pues de nuevo alguien más hizo acto de presencia en aquel lugar. Jamás en su vida Katara estuvo tan agradecida de observar a Suki pasar por aquellos pasillos, y el ver la mirada de interrogante que ponía al notar que el príncipe Zuko mantenía ahí, enfrente de la puerta de la princesa Katara. Pero su guía hizo una leve reverencia mientras ambos jóvenes guiaban sus vistas hasta ella al momento de ver como un pequeño sobre reposaba entre sus manos.
—Lamento mi tardanza su majestad pero… tengo algo para usted. — Katara alzó su vista algo intrigada antes de notar o sentir la fría mirada de Zuko sobre ella. — Es una carta… al parecer es de alguien llamado Jet.
Y el tiempo se detuvo para Katara mientras su corazón se aceleraba en esos momentos…
Continuara…
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No tengo idea si este fue el capítulo más largo que he hecho en este Fic o no, pero sí, que estoy agotada. Lamento si no logré llenar las expectativas de alguien en este capítulo pero me vi con la idea de poner esto aquí, pero bueno… igual pensé que habría más Zutara pero mejor en el otro capítulo xD Si lo ponía, el capítulo iba a ser más largo x.x y supongo que eso es pesado para algunos lectores, sin mencionar que ya se me seco el cerebro horita xD Jajaja ¡Wophs! se me fueron algunas ideas¡Maldición!
Jajaja ¿Jet? xD pues yo creo que ya se han de imaginar que papel tiene en este fic, sí no, pues lo leerán en el próximo capítulo. El cual posiblemente tenga mucho más Zutara ¡Wonps! También he recibido algunos reviews que me preguntan ¿Cuándo aparecerán los demás personajes? Bueno, pues les tengo buena noticia: que lo más probable es que Aang aparezca en los siguientes capítulos, ya tengo una gran idea y el papel que puede tomar dentro de este Fic. Hoy traté de poner algunos personajes más porque sería pesado sólo concentrarse en puro Zuko y Katara, hay que también darle oportunidad a los demás xD ¡Wa! Ya quería que saliera Sokka jajaja Me cae bien el chico jojoj ¡Me encanta!¡Pero Zuko se lleva el premio mayor! xP ¡Argh! Azula mala, mala, mala jajaja pobre, ahí Momo le dio su merecido xD ¡Oks! también se han preguntado… ¿Por qué se ausenta tanto Suki? ¡Aaah! Pues eso lo verán luego ¡Juas, juas! Creo que lo pondré en el capítulo de Aang para dar explicaciones a varias cosas más. He de señalar que de aquí en adelante las cosas cambiaran un poco, igual las discusiones entre Zuko y Katara se harán más fuertes ((hoy Zuko andaba de buen humor, por eso no se peleó tanto con esta chica xD ¡Wrargh! Hay que verlo enojado jojojo)) y sin mencionar que diversos personajes más entraran en escena e igual contestaré algunas de sus dudas.
No tengo mucho tiempo, de hecho, siento mis ojos hinchados porque que tengo sueño xD! Por lo pronto estoy pensando lo que pondré en el siguiente capítulo x.x Que espero complacer a todos los Zutarences, bueno, me despido porque siempre me andan corriendo de la computadora xD Jajajaja mi madre siempre me pregunta por qué pasó horas enfrente del computador… ¡Es que ella no sabe del mundo de los fanfics! Jajajaja bueno, gracias a todos por loa reviews, espero recibir algunos n.n ¡Y sobre todo, por el apoyo que me han dado! ¡Eso me hace tan feliz! ¡Gracias! ¡Nos leemos luego!
-Navi empieza a sacar un carrito de hot-dogs- ¬¬Uu Lo que no saben, es que tengo que hacerme un trabajo para poder pagar el vestido y los preparativos para la boda de Zuko y Katara xD jajaa que por lo visto aun falta pero mejor empezar desde ahora. Me quedaré en bancarrota ;-;U
