¡Waaaaa! ¡Al fin he actualizado! Ya se me había hecho una eternidad T-T ¡Lo siento mucho! Es que estaba como loca… ¡No encontraba el capítulo en mi computadora! O.o Al parecer lo había guardado en quién sabe dónde y como tengo muchos documentos y fics regados por ahí… xD Pues me costó algo encontrarlo Jajaja No, de verdad que bueno que lo encontré y pude continuarle… ¡Ya me había vuelto loca el pensar que tendría que empezar de nuevo!

Bueno, quiero agradecer profundamente de corazón a todas aquellas lindas personas que me han estado apoyando ¡Muchas gracias! No he estado en buenos tiempos, las presiones me caen sobre mi espalda en estos últimos días pero hago lo que puedo xD Sus reviews y apoyo me dan tanto ánimo n.n ¡Se los agradezco de corazón! Bien, vayamos al fic pues eso es lo que les interesa…

Un agradecimiento especial a: chica93, ups, anita-asakura, Mizuhi-Chan, keiko210382, maga-azul, always mssb, xrissy, ALenis, Harlett, Lyra Minamino, Azrel, aili, dianne croft, Zutara Love, ishi, Princesa Sheccid (T.T waa… tu review salio incompleto xD ¬¬ malo!) G-i-S-a-y, dfiana, Kiysta, A-Monoke-z09, Galatea…

¡Gracias por lo reviews! Lo siento por no contestarles pero tratare de hacerlo el próximo capítulo XD

P.D: Si quieren ir al baño o comer antes de leer el fic… ¡Háganlo! Porque creo que este capítulo está para largoooo… ¡Hahahaha! n.n… Intente partirlo en dos pero creo que ya me había tardado en actualizar que mejor lo dejé tal y como estaba ¬¬ ¡Así que ya les advertí! XD ¡De todo un poco!

Avatar: Last Airbender no me pertenece y jamás me pertenecerá… T.T Pero no lo quiero, sólo quiero a Zuko… ¡Zuko, no huyas! -Navi saca un rastreador de Zuko- Zuko… ¡Ven con mamá!

Entre dos

Capítulo 5: Valentía.

Era extraño. Quizás porque su mente estaba jugándole una ilusión en aquellos momentos.

Pero era verdad.

Suki, su guía, su amiga, su compañera; estaba enfrente suyo. Parada con la mirada vacía y sin saber qué hacer. Observó con cuidado como el labio inferior de ella le temblaba y sus ojos hacían contacto, casi como si hubiera visto alguna clase de ilusión traicionera o algún tipo de fantasma. Estaba desconcertada, no lo entendía y su mente estaba confusa. Katara se vio obligada a parpadear un par de veces para percatarse si en realidad aquella figura que se posaba ante sus ojos, era Suki. Pero era evidente que no podría ser alguien más que ella.

Quería preguntarle tantas cosas, tenía temor dentro de su pecho y la incertidumbre consumiéndole a cada segundo que pasaba. Katara se levantó con pesadez del suelo, sintiendo sus piernas pesadas y como sus brazos temblaban… Suki la había descubierto en aquel sitio donde estaba prohibido para ella. Lo sabía. Aquello había sido demasiado riesgoso y quizás estúpido, el haberse adentrado a terrenos como esos. Pero entonces, antes de que todo se volviera un terrible tormento y una lluvia de preguntas cayera, Suki giró hasta en dirección del castillo con tremenda rapidez. Pisadas se escucharon cerca y sin vacilar, la mano de Suki envolvió la de Katara para salir corriendo de aquel lugar sin haberlo dudado.

—¿Pero…?

—¡Vamos! ¡No deben de verte aquí!

Aquella simple orden bastó para que Katara reprimiera todas sus preguntas. Corrieron por los alrededores aprovechando las sombras que proyectaba el castillo a tales horas del día. Casi sintió la princesa que su corazón salía cuando un guardia giró y observaba en aquella dirección, por fortuna, Suki fue ágil en esconderse en un árbol grande y viejo que estaba por ahí antes de ser descubiertas. Pasaron minutos en silencio entre las sombras, hasta que el guardia siguió su rumbo alejándose del camino y de sus vistas con aquella fría mirada de color ámbar. Aprovecharon cualquier distracción para salir en huída al castillo, entrando por alguna puerta pequeña escondida a la vuelta de donde se encontraban.

El tiempo pasaba tan rápido y las imágenes azotaban su mente en cada momento. Katara no entendía nada pero observar la puerta de su habitación frente a sus ojos le hizo entrar en razón… ¿Cuánto tiempo llevaban corriendo por los pasillos? Era tan extraño, sucedió todo tan rápido que ya estaba enfrente de aquella puerta sin habérselo imaginado. Pero Suki se encargó de observar por todas partes con temor mientras a fuerza introducía a la pobre princesa a su habitación. Cerró la puerta de casi un fuerte golpe para dejarse caer pesadamente al suelo y respirar. Estaba cansada, y es que correr casi la mitad del castillo huyendo de la vista felina de los guardias era una tarea sumamente difícil y, sobre todo, agotadora.

Katara notó con preocupación como Suki trataba de regular su corta y acelerada respiración dando grandes suspiros.

—Suki…— ella dio dos pasos al frente para ver a su guía con preocupación, por un momento la incertidumbre le invadió.

—Katara…— interrumpió Suki antes de que ella hablara de nuevo. Con sumo cuidado, se levantó del suelo ya estando más tranquila después de aquella carrera agitada. Miró con seriedad a la princesa, quien se estremeció visiblemente al sentir la pesada mirada de Suki.— ¿Cómo se te ocurre ir aquel lugar?

El labio inferior de Katara tembló un poco mientras desviaba su vista al suelo con cuidado. Sentía la mirada firme y fría de Suki sobre ella. Nunca había visto a su guía así de enfadada y verla ahora, le causaba vergüenza. Vergüenza por haber ido a un lugar prohibido, vergüenza por andar rompiendo reglas y vergüenza por no ser capaz de enfrentar todo con valentía.

Valentía.

¿Desde cuándo se había vuelto tan voluble y débil?

—Yo…-—pero no supo qué decir, más que balbucear estúpidamente. Estaba ausente, que no sabía cómo actuar ante aquella incómoda situación. Ni siquiera cuando su madre le regañaba se sentía tan mal, y ahora que Suki lo hacía, le causaba sentirse totalmente deshecha por dentro.

—¿Sabes lo que hiciste? — casi le espetó Suki con preocupación absoluta. Por una parte Katara estaba agradecida al analizar la situación, Suki no estaba molesta a pesar del frió tono de sus palabras. Notó su vista… cansada y llena de angustia. La princesa tan sólo alcanzó a menear su cabeza en negación con lentitud una y otra vez. Las ideas pasaron por su mente con rapidez, pero aún así, no respondió.

El silencio envolvió a ambas chicas en aquella habitación. Suki seguía con su vista fija en aquella princesa, la cual, se mantenía observando vagamente el suelo como si no hubiera algo más interesante que hacer eso. Un suspiro salió de la boca de la guía mientras daba algunos pasos hasta el cuerpo de Katara, sintió que se contraía cuando había colocado con delicadeza una mano en su hombro. Ahí, Katara alzó su vista para observar de nuevo a Suki con claridad. Alivio. Podía sentir como la preocupación había desaparecido y una paz indescriptible envolvía a Suki. Vio sus ojos llenos de aquel extraño sentimiento, casi mezclado con algo de culpabilidad.

—Lo siento Suki. — confesó Katara encogiéndose de hombros.

—No te preocupes Katara. — y con pesar, le dedicó una dulce sonrisa. — Me asustaste, de verdad. No tienes idea del peligro del que estuviste expuesta chica…—un par de ojos azules le miraron con intriga. — Aquellos guardias están entrenados para cuidar los calabozos, cualquiera que se acerque a los alrededores puede resultar herido o hasta muerto. Ellos están estrictamente entrenados para atacar a cualquiera que sea sospechoso… ¡Pudiste haber muerto!

De nuevo Katara maneó su cabeza de un lado a otro. Se sentía tan culpable.

—Perdóname Suki, no tenía idea… Es sólo que yo…

—No te acerques nunca a ese lugar Katara. — le mandó Suki.

—¿Qué? —le observó incrédula la princesa ante la mirada de su guía. Aquella mirada que toda madre le dirigía sus hijos para prohibirle hacer algo indebido o esa mirada cuando hacían algo malo.

—No te acerques más a ese lugar Katara. No tienes idea de lo que puede suceder…—suspiró de nuevo. —Menos mal que te vi… ¡No me puedo imaginar si algo malo te hubiera pasado! ¡Chica, estás loca! Nadie en su sano juicio se atreve acercarse ahí… Si algunos de los otros guardias te hubiera visto te habría calcinado al instante. Dudo que ellos sepan que eres la princesa de la Tribu Agua como para dejarte escapar.

—Me perdí.

—¿Cómo te perdiste? — preguntó Suki mirándole sin creer. — El castillo es grande, sí, pero sabes llegar a tu habitación ¿No? Que yo sepa debías estar en una reunión con Lord Ozai horas atrás… ¿Qué sucedió? ¿No pudiste encontrar el camino de vuelta? — Katara negó con cuidado haciendo un mohín de sus sentimientos en aquellos instantes. Suki, sin retirar la mirada de aquella princesa, nuevamente colocó una mano en su hombro en señal de consuelo— ¿El príncipe Zuko no quiso acompañarte a tu habitación?

Zuko

"Me casare contigo quieras o no…"

—Tuvo mejores asuntos que atender. — mintió Katara para después dirigirle con pesadez una sonrisa a Suki. Ante esto, su guía retiró con delicadeza su mano del hombro de la princesa. Estaba claro, que ella estaba cansada y verdaderamente agotada después de esa huida… y pensar que aún no terminaba aquel día tan agitado.

Las palabras se acabaron y las frases alentadoras se fueron al vacío. Katara contempló a Suki con intriga mientras ella le observaba con curiosidad. En aquella habitación, Katara trató de ver los ojos de su guía, notó más que en ellos tristeza absoluta y cansancio. De nuevo, aquellas preguntas azotaron su mente y muchas posibles respuestas también. La princesa alzó una ceja mientras daba un paso al frente decidida hablar.

—Suki…

La nombrada le miró para prestarle atención.

—¿Qué sucede Katara?

—¿Por qué…? ¿Por qué estabas en ese lugar? —su guía le miró asustada. — ¿No deberías estar cuidándome todo el día? Eres mi guía y bueno… tú dijiste, que sólo había guardias que cuidan los calabozos, ¿qué tienes que ver tú en todo esto?

Ella ya se esperaba aquello desde antes. Por eso, Suki dejó salir un largo suspiró para desviar su mirada. Por un momento, tembló con cuidado para armarse de valor. Katara lo notó, aquella batalla interna que su guía mantenía para estar segura de sus palabras. Notando lo terriblemente pálida que se había puesto Suki, Katara se asustó, al parecer aquella pregunta había tocando algunos de los puntos débiles de su amiga.

—Katara…—murmuró Suki. — Es algo muy complicado… Lo siento, sé que debo estar cuidante todo el día pero tampoco puedo dejar mis tareas a lado. — una mirada vacía y llena de dudas existenciales por parte de la princesa le hizo saber a Suki que ella no comprendía nada. Lo que faltaba… suspiró nuevamente mientras caminaba con cuidado dentro de la habitación, como un león encerrado y sin saber a dónde ir o escapar. — Yo también soy guardia.

—¿Guardia?

—Sí. —su mirada encontró con la de la princesa en aquel momento de silencio. — Aquí en el castillo todos debemos, tanto como sirvientas, guías y demás a defender el castillo. Katara, yo te había dicho que era antes era una guerrea de Kyoshi, bueno, de ahí mi vida se ató a los calabozos. Tengo que estar en aquel lugar en mi tiempo libre cuando no estoy cuidante, tengo que estar vigilando al castillo a toda costa… Por más que no quiera hacerlo.

El lugar se volvió por un instante oscuro y lleno de incertidumbre… Miradas cómplices chocaron antes de que se alejaran como algo repelido en un instante. Suki estaba pensativa y soltar aquello era realmente incómodo. Habría querido en algún futuro que Katara no se hubiera enterado de eso, vergüenza sintió entonces… Sintió como había traicionado a su antiguo pueblo al estar al servicio de la Nación del Fuego, sintió el dolor en su pecho y el incesable cansancio que había cargado todos estos años sobre su frágil espalda. Su destino estaba atado a aquel lugar, a aquellos calabozos y el estar bajo la cruel mano de la vil Nación del Fuego. Apreció un nudo en su garganta al mirar a los ojos aquella princesa, se sintió de nuevo mal… aquellas emociones vividas le consumían poco a poco. El recuerdo de su pueblo siendo destruido y el calor de la mano de su padre entrelazando la suya azotaron su mente.

Su padre.

Deseaba tanto verle de nuevo, escuchar sus consejos y los abrazos alentadores cada vez que veía un avance en su entrenamiento. Había sido su figura a seguir y siempre estuvo a su lado cuando más lo necesito. Saber que posiblemente aún estuviera o no con vida en aquella guerra, le hacía perder el sueño cada día que pasaba en aquel castillo. Temores y angustias castigaron ahora su corazón, Katara no sabía el dolor que sentía ella y sobre todo, el estar en aquellos calabozos… Era doloroso y se sentía culpable el estar de guardia en ellos. Si algún esclavo salía de ahí, la muerte segura le esperaba. Eran órdenes de Lord Ozai. Gritos de angustia escuchó en su mente al ver muertos en sus recuerdos. Aquel día cuando un grupo de rebeldes esclavos, seguramente encarcelados cruelmente a pesar de su inocencia, habían huido de los calabozos en algún plan elaborado por varios días. Sí ella no hubiera girado y verlos corriendo en la lejanía en dirección al Sur, sí ella no hubiera visto como otros guardias se percataban de aquello… jamás en su mente aquel cruel recuerdo hubiera sido tan traumante. Ver a gente calcinada enfrente de sus ojos fue sumamente aterrador, contemplar a gente inocente morir de aquella forma… gente que le recordó la muerte que habían sufrido sus amigos y la gente de su ya extinto pueblo.

Y es que la Nación del Fuego no tenía corazón ni razón para ser sensible ante el dolor. No recordaba las incontables veces que había llorado en su habitación desde que había pisado aquellas tierras o las veces que anhelaba que la guerra terminara para ver a su padre con vida. Estaba claro que, al enterarse sobre aquel extraño compromiso entre el hijo de Lord Ozai con alguna princesa de la Tribu Agua, le había devuelto las esperanzas al igual que a mucha gente; pues de ellos, también dependían si la guerra terminaba o no, sino también su libertad estaba en juego… Si la guerra terminaba, su padre volvería, vidas inocentes se rescatarían y tal vez su libertad sería devuelta a sus manos como años atrás. Pero aquello se estaba volviendo confuso, Katara era apenas una niña por más que se escudara en aquella princesa que podía con todo. No sólo ella sufría, sino aquella morena princesa también, pensó que tal vez estaba siendo egoísta en todo aquello. Dejar casi prácticamente su destino sobre la espalda de Katara, pues de ella dependía si el compromiso se llevaba acabo o no. Y por un momento, sintió un vacío en su corazón…

De alguna forma u otra, la Nación del Fuego terminaba destrozando las esperanzas de todos aquellos que pisaban sus tierras.

Negó con su cabeza con brusquedad. No. Debía quitar aquellos pensamientos de su mente, volver al pasado era como encajarse aquella daga en su alma. Debía ser fuerte, por ella y por Katara. Se había propuesto ella misma ser el muro en el que la princesa se recargara cada vez que se recaía, pues viéndolo desde cualquier punto de vista, Katara sufría como ella nunca lo había hecho. El destino podía ser tan cruel algunas veces… Katara sufría por el dolor de un amor perdido y el estar atada a un destino desastroso.

Admiraba la fortaleza en la que Katara enfrentaba las cosas.

Debía ser fuerte y hacer lo que debía, era su guía, su compañera y tal vez su única amiga en todo ese lugar… Suki entonces se impuso en sus metas que debía hacer lo correcto. Por eso se dirigió a la puerta con lentitud mientras posaba sus manos en el frió metal de ésta. Suspiró hondamente antes de mirar de soslayo a la morena princesa. Con pesar le dedicó una sonrisa mientras asentía con la cabeza. Tantas emociones surcaban en su mente confusa, que lo mejor era descansar por lo menos un poco. Pero antes de abrir la puerta y despedirse de Katara, una pequeña mano se envolvió alrededor de su muñeca impidiéndole el paso. Suki entonces alzó su vista confusa para ver como Katara le miraba con ojo calculador.

—Suki—pronunció su nombre, casi arrastrando cada una de las letras que componían aquella frase. Por un instante, Suki dejó de pensar y sólo se perdió en los ojos profundos de Katara. Era como ver un océano infinito de paz. — Yo no soy quién para juzgarte o reclamarte de las cosas que hayan pasado en tu vida o lo que hagas ahora…— una ligera sonrisa adorno el rostro moreno de esa princesa. — Pero tienes mi apoyo, como tú me has brindado el tuyo desde que llegue aquí.

Un alivio indescriptible recorrió por el cuerpo de Suki al estrechar a la pequeña Katara entre sus brazos, en aquel pequeño abrazo de consuelo. Descubrió que Katara era su tal vez su mejor amiga y también su apoyo en aquel castillo. No recordaba el haberse sentido tan bien desde que había llegado o el haber recibido un abrazo.

Protegería a Katara, como hermana a hermana, no importaba de quién; incluso aunque fuera del príncipe Zuko.

—Katara, prométeme que no irás de nuevo a los calabozos…— murmuró Suki después de haberse separado de aquel abrazo. Lo que no notó, fue el extraño brillo en los ojos de la princesa y como con lentitud se contraía antes de morder su labio inferior. — Es demasiado peligroso, tal vez no lo sabías cuando llegaste ahora, pero… piénsalo. Puedes correr un gran peligro, no querrás ver lo que hay dentro de aquel lugar.

— "Créeme, ya lo he visto…"— pensó Katara en un amargo intento de fingir una sonrisa. Un par de ojos grises y un niño cruzaron en su mente. Le había prometido a Aang sacarlo de aquella prisión en los calabozos, había hecho una promesa que no quería romper…— "Espero que se encuentre bien" — pensó de inmediato mirando como Suki seguía hablando, desde hace algunos segundos que había perdido el hilo de la conversación con ella y ahora sólo le miraba mover sus labios comentando algo sobre el peligro que estaba expuesta al acercarse a los calabozos. — "Parece mi madre"- pensó divertida.

—…después de todo, hay tantos inocentes ahí dentro. Me siento mal al pensar que el viernes morirán unos cuantos.

Aquella frase sacó de sus pensamientos a la princesa, quien dirigió una mirada fugaz y llena de terror a su guía. Todavía Suki seguía hablando, pero al ver como Katara había cambiado su expresión dejó de hacerlo instantáneamente. Preguntó qué le sucedía o sí estaba bien, pero Katara negó con cuidado con su cabeza para mirarle seriamente.

—¿Qué has dicho Suki?

—Que es peligroso que te acerques ahí…— y como sí no lo hubiera escuchado como unas siete veces, Katara negó con su cabeza ante esa frase.

—No, eso no… Lo del viernes. — y un nudo en su garganta se formó cuando Suki le miró con una expresión triste.

—El viernes los mataran… a casi la mayoría de los prisioneros, quizás. En la Nación del Fuego siempre se capturan a ladrones o traidores como suelen decirles, pero también agente inocente. Cada dos semanas matan a la mitad de ellos…—una mirada de angustia por parte de Katara le hizo saber a Suki que aquello era sumamente desconcertante. — Pero bueno, todo aquel que llegue a los calabozos su destino será morir… Por más que traten de mostrar su inocencia, independientemente lo sean o no, les espera una muerte dolorosa. La Nación del Fuego no tiene compasión con nadie.

Con aquella última frase, Suki abrió la pesada puerta para salir dejando sola a Katara en aquella habitación. Por su parte, ella sólo se dignó a caminar con lentitud hasta su cama, aquellas palabras le habían desconcertado bastaste. "Aang…" Su nombre sonó en mente al momento de sentir una leve opresión en su pecho… ¿acaso pensaban matar a Aang el viernes? Observó por la ventana, el Sol ya estaba ocultándose dando paso a la fría noche. Pronto sería hora de cenar, pero sin duda alguna, que el apetito había desaparecido. Con un lío de sus pensamientos, se dejó caer pesadamente en el colchón de su cama donde Momo descansaba con tranquilidad. La incertidumbre le agobió, Aang, le había prometió al niño liberarlo…

Mañana sería jueves, un día antes del día de la ejecución. No tenía tiempo que perder… si quería salvar a Aang, tenía que hacerlo mañana antes de que todo se complicara. Pero aún a pesar de su promesa, de la terrible necesidad de rescatar a aquel niño, tenía que pensar en qué hacer. No podría ir a los calabozos pues había llegado ahí por accidente, si lo hacía por su propia cuenta… algunos de los guardias podría verle. Hecha una confusión consigo misma, Katara cerró sus ojos con fuerza para echarse la almohada a su cabeza. Gritó con desesperación opacando el sonido con ésta… Estaba confundida y cansada.

Maldita Nación del Fuego.

Y maldito Zuko, por supuesto.

/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/

Katara se despertó aquel día especialmente con un extraño sentimiento en su pecho. Con cuidado se retiró las sábanas de su cuerpo para echar una leve mirada a la ventana, donde notó a Momo que se mantenía observando la lejanía. Casi con una forzada sonrisa y sin prestar atención al dolor en su espalda, pues había dormido en una posición nada cómoda la noche anterior, caminó hasta la ventana hasta abrirla. Como si fuera algo sagrado y viera como una salvación, Momo se echó a volar al instante en que Katara había abierto la ventana para sentir la suave brisa de la mañana. Siguió apenas con la mirada como Momo volaba a un árbol que estaba a unos cuantos metros, desde que había llegado a la Nación del Fuego Katara no había observado bien a través de aquella ventana. De hecho, tenía una hermosa vista…

Los verdes campos de la Nación del Fuego se extendían a los alrededores mientras algunos árboles y plantas se veían abajo. No tenía idea que su ventana daba a un punto hermoso del jardín del castillo, por un instante su mente recordó la pelea con Azula al ver el pequeño lago que estaba por ahí. Azula. Desde que aquel día no había vuelto a ver a la chica de fuego, se preguntaba: ¿qué estaba haciendo? No era que le importara o algo así, pero tenía que estar alerta a cualquier signo de provocación si llegaba a verla. Estaba segura que Azula no estaría feliz de haber sido humillada, y derrotada días atrás en su propio jardín, en su castillo… en su hogar por alguien de la Tribu Agua. Casi soltó una sonrisa socarrona Katara al pensar aquello, jamás debían subestimar el poder de una Maestra Agua.

Aunque era consiente que no era la mejor, pero tampoco la peor, Katara siempre le gustaba hacer prácticas en su técnica cada vez que podía. Su hermano Sokka no dominaba el Agua Control, y por lo visto no tenía interés en hacerlo, pero su abuelo sí lo hacía. Hace años él le había enseñado lo básico, claro, a escondidas de la gran-gran abuela que tenía firmemente aquellas anticuadas ideas de que la mujer no debía practicar el Agua Control como lucha sino como algo de curación, que dejara lo "guerrero" para los hombres. Claro está, que Katara no compartía aquel pensamiento tan antiguado y machista, así que practicaba o repasaba lo enseñado con su abuelo cada vez que le era posible. Pero bueno, desde que había llegado a la Nación no se había molestado en hacerlo, solamente aquella vez que se vio obligada a defenderse ante la provocación de Azula.

Suspiró con cansancio recargándose en el margen de la ventana. Aún tenía algo de sueño y siguió observando el paisaje. Notó entonces a lo lejos algunas otras construcciones o lo que parecían ser los inicios de una larga hilera de pequeñas casas. Entrecerró sus ojos para enfocar algo más su vista y notó con asombro que podía ver desde su ventana al pueblo. No lo había visitado, en realidad no tenía idea si podría hacerlo. Pero una tremenda curiosidad le llenó el corazón al preguntarse cómo seria ir a dar un paseo por ahí. Pues no le agradaba del todo permanecer encerrada el resto de sus días en ese hostil castillo como si fuera una prisionera.

Como un rayo atravesando su corazón, abrió de golpe sus ojos para reincorporarse bien en su sitio.

Aang.

Era cierto, tenía que pensar en cómo liberarlo. También se le vino a la mete que era estúpido quedarse ahí en la ventana contemplando todo y sin haberse acordado de eso. Mañana era el día de la ejecución y no estaba segura cómo podría sacar al niño de aquel destino cruel, pero como si las cosas no empeoraran, recordó el encargo del niño: "Por favor, busca alguien por mí." Su vista vagó por la habitación mientras repentinamente todo daba vueltas, meneó con violencia su cabeza para despertarse bien y darse ánimos… Toph. Ese era el nombre de la chica a la cual tenía que buscar por parte de Aang. Aunque por un momento se preguntó por qué hacía eso, y por qué había tenido la gran necesidad de ayudar a un desconocido niño, que en tan sólo menos de 45 minutos se había ganado su confianza y protección.

—Nadie se merece eso. — comentó al llegar aquella conclusión, por muy culpable o no fuera el niño de nombre Aang, él no debía sufrir de aquella manera y esperar el día de su ejecución como si fuera lo más natural del mundo. Nadie se merecía eso en verdad, nadie… ¿Pero cómo luchar contra una Nación con un sistema satírico? ¿Cómo luchar contra ellos cuando ella sólo era una?

Suspiró.

Era demasiado temprano cómo para estar preocupada, pero ya era tarde… ya estaba con la angustia en su alma.

Y así pasó casi toda la mañana, pensativa y con angustia pensando, analizando o recreando algún tipo de plan para llevarlo acabo y sacar a Aang. Pero por más que lo pensaba, todo daba a ideas estúpidas y erróneas… No se había tomado la molestia de sonreír cuando las sirvientas le habían dado el halago esa mañana comentando que se veía hermosa, pues después de haber tomado un baño para tratar de despejar sus dudas, había optado por soltarse el cabello para que su melena chocolate adornara su espalda. Katara no estaba consiente que aquel día lucía un vestido hermoso, sencillo, de color azul profundo como sus ojos pero con bordes afelpados de color blanco. Colores característicos del agua y de su Tribu.

Pasó distraída por los pasillos ante las miradas de la sirvientas y de algún otro guardia más, estaba tan extrañada que no se había dado cuenta que hace horas ya había terminado de comer su desayuno. El señor Iroh había tratado de mantener alguna otra clase de conversación con la chica, pero al verla tan callada y como observaba con expresión vaga su plato, pensó que algo malo le sucedía pero se guardó sus cometarios para después. Katara no había platicado casi en todo el día con Suki, a pesar de que ella al igual que el señor Iroh trataba de sacarle algún tipo de conversación de un tema ligero y divertido. Pero después de sus vagos intentos en que Suki trataba de animarle el día, pues pensaba que algo malo le sucedía a Katara, se despidió diciendo que regresaría dentro de una hora pues tenía cosas que hacer. Aquel tipo de cosas como ser guardia de los calabozos.

Nada. Nada de lo que pensaba era coherente. No sabía qué hacer para llevar a cabo todo lo que tenía como plan pues todo daba a indicar un rotundo fracaso. Se revolvió con cuidado sus mechones de cabello mientras sus mejillas sonrojas brillaban, ahora caminaba con paso lento por los pasillos del castillo mientras el bochorno se sentía en el ambiente. Hoy era uno de esos días donde hacía un calor asfixiante, no mucho, pero ella no estaba acostumbrada a ese tipo de climas. Los de su Tribu se caracterizaban por acostumbrarse a cualquier tipo de clima, claro, que tomaban algo de tiempo por eso Katara apenas sufría los primeros síntomas del nuevo ambiente. Pues en su piel se notaba el exquisito brillo debido al calor.

Trató de todo para tranquilizarse Katara en sus nervios, hasta salirse al jardín para tomar un poco de aire hasta caminar sin rumbo fijo por los pasillos. Pero por más que lo intentaba, las ideas no se iban de su mente al igual que la imagen de Aang encadenado con aquellos grilletes oxidados y sucios. Quería liberarlo pero no tenía idea cómo, pensó que era estúpida y que no podía pedirle ayuda a alguien. Estaba sola en eso… Katara odiaba aquellas decisiones por parte de la Nación del Fuego, asesinar a personas siendo inocentes. Pero era una tierra diferente a la suya, con costumbres especiales y por supuesto muy diferentes. Entendió el por qué la rivalidad de su Tribu con esa Nación, desde que había puesto un pie ahí, todo lo que sabía era que la Nación del Fuego era asquerosamente repugnante debido a su satírico nivel de violencia y régimen. Y por si fuera poco, estaba comprometida con un príncipe engreído de aquella Nación.

¡Genial!

Otra cosa que agregar para complicar ese día. Pues por más que pensaba y se detuviera analizar cómo llevar a cabo su plan, las horas pasaban y el día cada vez se iba terminado. Llegó la hora en que ya estaba casi la comida del mediodía y tanto así, que había perdido casi la noción del tiempo al darle vueltas al asunto de Aang. Caminó de prisa por los pasillos para no llegar tarde a la comida, en esos días, no había podido comer como se debía o el conciliar el sueño como estaba acostumbrada. Su vida había dado un tremendo giró y parecía que cada vez era más agitada y llena de angustias.

Cuando estaba segura que el siguiente pasillo era para poder llegar al comedor, por un momento miró su vestido al sentir que casi se tropezaba al pisarlo, pero debido a aquello, su cuerpo chocó contra algo sumamente duró. Alzando su vista con preocupación, se encontró con un par de ojos ámbares observándole con odio eterno. Casi por instinto, ella dio un respingo antes de retroceder un par de pasos totalmente asustada… no esperaba encontrarse a aquel príncipe que tanto le perturbaba en aquel pasillo.

—Fíjate por donde vas, campesina…— le espetó Zuko con un frió tono en sus palabras. Katara al principio le miró extrañada para después inflarse como un pavo al escuchar aquello… ¿Campesina? ¿Pero quién se creía? Ella era una princesa, y aquel comentario era como si le hubieran escupido en su propia cara. Pero pensando que Zuko estaba maquilando otro sus estúpidos planes para fastidiarle el día, Katara notó que no era así. Que aquellas palabras habían nacido desde lo más profundo de su oscura alma para dejarlas salir con un veneno hiriente.

—¿Campesina? — volvió a preguntarse Katara, pero sin darse cuenta que esa vez había alzado la voz. La mirada de Zuko de nuevo se posó sobre ella al ver su reacción, como Katara apretaba sus puños con furia contenida. — ¿Quién te crees para decirme así? ¡Eres un grosero, un despreciable! ¡No tienes derecho a llamarme así! — el azul profundo de sus ojos casi deseó ahogar a Zuko con sus palabras, pero al parecer, él no estaba de humor precisamente ese día. Así que cualquier provocación era algo sumamente peligroso.

—Claro que lo tengo… Pues por más que seas una…—le miró de arriba abajo— princesa.—completó la oración casi con asco al verla. —Eres de una Tribu asquerosa como la del agua, que siempre serán unos traidores y campesinos. — le aguijoneó al fin el príncipe para cruzarse de brazos con toda superioridad en aquellos momentos.

Y como si las cosas no fueran de mal en peor, Katara se volvió rígida como una tabla para amenazarle con su mirada.

— "Sólo ignórale Katara, sólo ignórale…"— se repitió mentalmente la princesa haciendo un esfuerzo sobre humano para acallar los insultos venenosos de Zuko y controlar su mirada endemoniada… Pero estaba tan confundida que sentir la presencia de Zuko en aquellos momentos le producía un asco tremendo. Asco por la forma en que le miraba y como le hacía quedar como sino fuera nada importante, como una vil campesina, le había dicho.

Viendo que Katara se mantenía pensante sin decir nada y haciéndole total ignorancia a su existencia, el príncipe Zuko frunció el ceño. Recordaba aquel sentimiento de impotencia y el ridículo que había sentido cuando Katara se había opuesto a sus planes, cuando su padre le había dado el poder de la palabra y ella casi había exigido casarse de inmediato con él. Maldita sea… Esa princesa sólo le daba dolores de cabeza. Tanto así, que toda la maldita noche no había podido pegar un ojo al ver su rostro en sus sueños, cómo ella le hacía frente y era una total testaruda… era una de las pocas personas que no podía manipular en totalidad, pues siendo el autentico hijo de Lord Ozai, casi todos le tenían respeto o miedo alguno.

Pero no…

Ella no era así.

Era testaruda, gruñona y hasta cierto punto orgullosa como lo era él… Se sorprendió a sí mismo al percatarse en los detallas aquellos, no tenía idea que casi Katara le había hipnotizado para que se fijara en ella… Movió su cabeza para quitarse esas ideas estúpidas y nuevamente el rencor corrió por sus venas. Las cosas no iban a terminar como un cuento de hadas y mucho menos él le daría el placer de ser su esposa ¡Al carajo la maldita guerra! ¡Él quería su libertad, no estar atado a una mujer que no amaba!

Justamente Katara estaba harta de toda esa situación y con demasiadas cosas en la cabeza como para atender a Zuko, que pasó a su lado dispuesta a huir al comedor. Pero el chico soltó un gruñido para detenerle el paso sosteniendo su muñeca con firmeza. Katara casi ahogó un gemido al sentir el punzante ardor de su presión… un día antes él le había sostenido de aquella misma manera en uno de sus arranque de ira.

—¡¿Qué quieres?! — le espetó furiosa Katara casi haciéndole frente.

—¿A dónde crees que vas?

—¡Es evidente que lejos de ti! — y forcejeó con él. — ¡Suéltame!

—No— y jaló de su brazo, pero Katara estaba más que hastiada que se liberó de un brusco jalón. No sabía cómo lo había hecho al sacar aquellas fuerzas de su interior. Encarando casi a la muerte con aquellos ojos azulados, ella se detuvo para mirarle con el ceño fruncido. Nunca. Ella no permitiría que de nuevo la humillara y la tratara como si fuera una basura. Ella no era así, se había ablandado y vuelto tan voluble desde la noticia de su compromiso… Pero por más que quisiera ocultarlo y el negárselo a ella misma, Zuko tenía un dominio enorme sobre su vida.

— "No de nuevo, por favor. No me traicionen…"— y culpó a las malditas lágrimas que se acumulaban en sus ojos. No eran de tristeza sino de impotencia, no eran de angustia sino de odio profundo… Odio hacia ella misma por dejarse ver débil ante él. Gran error. Jamás debía mostrarse débil ante alguien y menos ante Zuko.

Pero las lágrimas traicioneras amenazaban por salir.

—Hablemos— demandó él.

—¡No tengo nada que hablar contigo! — gritó y casi Zuko se vio obligado a taparle esa boquita con sus manos al causar otro de sus alborotos. Genial. Lo que menos necesitaba era hacer un show para que todos les miraran, pues, por si se lo ponía analizar bien… estaban en medio de aquel pasillo a escasos metros del comedor y cualquiera podría verles.

—Lo harás…— le mandó una mirada asesina que Katara reprimió desviando la suya, Zuko miró con descaro como el pecho de la chica subía y bajaba con agresividad en una clara evidencia de hacer esfuerzos para reprimir toda la frustración que sentía.

—Déjame en paz y todo saldrá bien…— comentó Katara mientras le devolvía la mirada fulminante. — Sólo ignórame si eres tan capaz… ¡Sólo déjame tranquila! — y apretó sus puños dejándose vencer segundos después por su tonta impotencia. Giró su rostro con lentitud para mirar inexpresivamente al príncipe. — ¿Por qué…?

Cuando Zuko vio las lágrimas en los ojos de Katara sintió un extraño nudo en su garganta, pero sin cambiar su expresión hostil y su presencia autoritaria, sólo le observó con fastidio. Ella hipó mientras aún mantenía la batalla por no dejarse vencer por las lágrimas, pero estaba cansada… verdaderamente cansada de todo y que el vivir así no era sano, pensó. Sería valiente, tendría que serlo. Pero al pensar que podría preguntarle todo aquel príncipe del porqué de esa maldita actitud malvada hacia ella, todo su mundo se derrumbó.

No, no era capaz de hacerle aquella pregunta.

Él le odiaba y punto, aunque jamás sabría con exactitud por qué.

Giró sobre sus talones casi queriendo correr para refugiarse en el comedor cuanto antes. Maldición… ¿Por qué tenía que ser tan estúpidamente débil? Pero su cuerpo chocó bruscamente contra la pared obligándola abrir sus ojos con sorpresa. Sintió un contra peso casi invadiendo su espacio personal y como unos brazos sostenían sus manos casi arriba de sus hombros, impidiendo cualquier vía de escape. El ámbar y el azul profundo de sus ojos se encontraron nuevamente, en un pasillo de aquel castillo, acorralada en los fríos brazos de aquel príncipe de fuego.

—Escúchame bien…

Sus palabras… su aliento, casi impactaban en su cuello moreno causándole un escalofrió. Una sensación de vacío se apoderó cerca de su estómago al ver a Zuko nuevamente acosándola de aquella forma, no estaba segura, pero si continuaba en aquella posición un poco más y ver esa expresión de muerte en sus ojos, podría jurar que lloraría. "Por favor, ahora no…" rogó en su mente pero por más que intentará enviar alguna señal de movimiento a su cuerpo para salir corriendo de ahí, éste no respondió. Estaba petrificada y un mechón de su cabello tapaba parte de su ojo izquierdo, su vista estaba borrosa a causa de aquellas lágrimas. Zuko ni siquiera se inmutó cuando ella demandaba una lucha interna por ser fuerte en aquellos momentos, no pensó nada, solamente en hacer que la humillación que había vivido el día anterior frente a su padre ella lo experimentara en piel propia. Cerca estaban de nuevo, con tan sólo unos cuantos centímetros de distancia, que Zuko notó los pequeños labios de Katara… aquellos ojos profundos con lágrimas de rabia en su interior y sus mejillas sonrojadas por el calor de aquel día.

Cuando unos leves pasos de escucharon al final del pasillo, ambos giraron al mismo tiempo sus cabezas para ver a una figura observándoles.

Los ojos de Katara se abrieron de la impresión mientras la mirada de Zuko se volvía vacía y sin rastro de sentimiento alguno por segundos, pero al ver que la figura se mantenía quieta en su sitio y unos pequeños ojos ámbares les miraban con preocupación, Zuko sintió una culpa en su pecho. El cabello negro y largo en el cuerpo de aquella persona casi se movió cuando había dado un leve respingo de su impresión y unos labios rojos se entreabrieron al instante.

—¿Sucede algo malo?

Su voz, aquella voz que desde que tenía consciencia espantaba sus temores en las noches… Por instinto o por miedo a la angustia, Zuko se separó de inmediato del cuerpo de Katara sin dejar de mirar aquella figura, se sentía humillado. No como cuando su padre había tomado aquella decisión tan errónea sobre su compromiso, no, esta vez su mundo se había detenido por unos momentos.

Ursa alzó su vista para mirarles penetrantemente.

—No madre…— habló él casi con un hilo en su voz. — No pasa nada.

Pero no pasó por desapercibido la pequeña lágrima que había caído por la mejilla de la princesa y como su vista perdida era dirigida a otro sitio. Ursa suspiró en un momento largo y pausado para mirar a su propio hijo, con aquella mirada, Zuko comprendió que lo mejor era no dejarse a flote. Su madre estaba sospechando que algo malo ocurría… no, ella tampoco debía enterarse sobre sus planes de exiliarse del compromiso. Por eso entrelazó su mano con la de Katara en un movimiento rápido, sus pieles ardieron bajo esa caricia traicionera.

—Sólo hablábamos madre, ya nos dirigíamos al comedor. — apretó la pequeña mano de la princesa entre la suya haciendo un pequeño meneo. Los ojos de su madre inconscientemente miraron aquello. Katara se encontraba casi pálida, sin decir nada y saber cómo actuar. Una sensación de dolor, como si el mismo fuego le quemara, le decía que se alejara de aquella mano.

Pero Zuko la sostenía con tanta fuerza…

—Entiendo. — sonrió algo forzada su madre. — No se demoren más, la comida ya está casi servida.

Sólo cuando su madre se había alejado con paso lento hasta el final del pasillo, Zuko soltó la mano de Katara. Ella, en su estado casi de shock, caminó casi por instinto con velocidad hasta casi alcanzar a la señora de Lord Ozai, escapando de la mirada desdeñadora de Zuko y su presencia. Soltó casi un suspiro de alivio al llegar ahí y ver que el Señor Iroh le ofrecía una sonrisa, ella fingió ocultando su tristeza mostrándole una carente de sentimientos.

No estaba pensando bien, así que, cuando Katara se sentó en su lugar que había estado usando los últimos días, desvió su mirada hasta la bella mujer que estaba en la mesa. Al parecer, ahora Ursa quería comer con ellos… Casi soltó una ligera sonrisa la princesa al pensar que cada día que pasaba, alguien más se unía al extraño comedor… y por si fuera poco, Zuko también estaba ahí. Afortunadamente sentado a algunas sillas más lejos que ella, lo cual Katara lo agradeció en silencio y con temor acarició su muñeca dañada.

Se sentía tan extraña… el peso de tres pares de ojos ámbares observándola a cada movimiento que daba, le hacían casi perder el sentido de las cosas. Pensó que eran delirios suyos y que estaba exagerando las cosas, pero al alzar su vista, observó como Ursa le miraba seriamente. No era una mirada de enfado y mucho menos de reproche… era una extraña, llena de compasión; como cuando su madre se había entristecido al ver su partida a la Nación del Fuego, aquel tipo de mirada que detuvo el tiempo. Katara vio sin duda alguna, una mezcla de sentimientos en los ojos de Ursa… pero como si fuera uno de los pocos ángeles que había conocido desde su llegada, esa mirada le tranquilizó. Sus dudas se fueron por un instante mientras todo se volvía como un simple recuerdo… Ya no pensaba en Zuko, ni en el señor Iroh cuando estaba pidiéndole una taza de té a las sirvientas o el calor de ese día, solamente se sintió aliviada.

Le mandó una ligera sonrisa a Ursa en señal de agradecimiento.

Y ella comprendió el ligero gesto moviendo su cabeza en un pequeño "sí".

—¿No es un día maravilloso? — interrumpió Iroh sirviéndose su taza de té y uno más para Katara. Ella sostuvo su tacita de té con una media sonrisa a pesar de la insistente mirada de Zuko.

—Claro— respondió Ursa casi animadamente, Zuko alzó una ceja… Su madre no había estado de buenos ánimos estos últimos días y verla sonreír tan naturalmente se le hacía algo extraño. Supuso entonces que ya no estaba molesta con su padre, a veces Ursa tenía pequeñas discusiones con su Lord Ozai. Aunque claro, éstas jamás sobrepasaban de algo grave, pues muy dentro suyo, Ursa tenía un miedo enorme a su propio esposo y destino…

Desde que había muerto Azulón hace tiempo, Lord Ozai se había vuelto tan extraño.

—El día está fresco. — comentó Ursa. Katara le miró con extrañeza… ¿fresco? ¡Si ella estaba a punto de calcinarse! Tal vez por su ropa tradicional que estaba usando o porque apenas estaba acostumbrándose al cambio climático, fuera lo que fuera, le hacía sentir en un ambiente pesado. — ¿No es así Katara?

—¿Eh…?— y ella pestañeó un par de veces cuando Ursa le dirigió la pregunta. — Ah… Bueno, por mí parte no lo es tanto… Aún no estoy acostumbrada a este tipo de clima, señora…

Entonces Katara comprendió que no sabía el nombre de aquella persona, conocía de ante mano que era la madre de Zuko y Azula, y esposa de Lord Ozai; sin embargo, no había tenido el placer de presentarse debidamente con ella.

—Ursa, cariño.— sonrió ella sosteniendo también una taza de té que el Señor Iroh le había ofrecido. Katara asintió con delicadeza al saber su nombre. — ¿Te molesta algo Katara? Digo, desde tu llegada… ¿cómo has visto todo?

La mirada de Katara se heló y Zuko desvió la suya.

Maldición.

Aquella pregunta le había tomado de imprevisto y su taza de té tembló con ligereza entre sus manos.

—Excelente—y forzó una sonrisa. — No me quejó de nada, la Nación del Fuego… es un gran lugar. — Ursa le dedicó una sonrisa alegre mientras el señor Iroh bebía su taza de té. — "Mentir ya se me hace tan fácil…"

—Me alegró bastante, sé que debe ser difícil para ti adaptarte a otro tipo de climas o de tradiciones, pero si algo te molesta, no dudes en decírmelo o a Zuko, que está aquí para ayudarte. — la mirada de su hijo se volvió vacía por unos instantes. — Estoy contenta que ustedes dos algún día se casen, son una hermosa pareja.

—¿Verdad, Ursa? ¡Yo también lo pienso! — le apoyó el señor Iroh terminando de beber. — Son tan jóvenes… como flores en primavera a punto de florecer, esta época de la vida es maravillosa. Deberían disfrutarla como puedan. Divertirse es lo mejor.

— "O morirse…"— pensó Zuko.

—Cierto— Ursa observó a su hijo. — ¿Ya han pensado sobre su boda?

—Sí.

—No.

Contestaron al mismo tiempo ambos ante Ursa. Zuko gruñó mientras Katara hacía una mueca, ambos maldiciéndose mentalmente por la respuesta del otro. Pensando que estaba entrando en un terreno nada bueno, Ursa decidió cambiar de tema. Pero la distracción vino cuando la comida fue servida. De algo que tenía que admirar Katara, era el empeño en que las sirvientas hacían cada uno de esos exquisitos platillos… con tanto esmero y tal vez amor. Rezó en su mente dándoles las gracias antes de tomar sus cubiertos y comenzar a comer.

—¿Piensan ir a la feria?

Zuko casi se atragantó con su comida al escuchar aquello.

—¿Feria? — preguntó inconscientemente Katara alzando su vista del plato. El señor Iroh se acarició la barba.

—Sí, la feria que está en el pueblo. Creo que hoy es el último día en que estarán… casi siempre hay carnavales en la Nación del Fuego, son estupendos. Deberían darse un paseo esta noche si gustan…— Zuko buscó con su mirada la ayuda de su madre, pero al parecer ella estaba encantada de esa idea. — ¿Tú qué piensas, Ursa?

—Bueno…— dejó sus cubiertos a un lado— es buena idea, además, pueden aprovecharlo para conocerse mejor… Zuko, deberías ir con Katara para que le muestres el pueblo, es muy lindo… Te va a encantar Katara.

¿Feria? ¿Salir? ¿Con Zuko? ¡No! se reprimió Katara en su mente tratando de buscar alguna clase de huida pero cuando estaba a punto de decir que no e inventar alguna clase de excusa tonta, una idea se cruzó en su mente. Si iba al pueblo, tenía la oportunidad de ir a buscar a Toph. Alzó su vista para ver a un punto inespecífico en la pared… Aang. Lo haría por él, el día era tan corto y su vida dependía casi de un hilo. Si aceptaba ir con Zuko al pueblo, podría distraerse, claro, pero también podría tener alguna suerte de cumplir el encargo del niño. Además, sentía curiosidad por ver la feria del pueblo, quizás podría ser divertido.

—Por supuesto…— aceptó Katara ante la mirada de desdén que Zuko le envió. Supo entonces, que Zuko debía estar maldiciéndola en su mente o estarla condenando ahí mismo. — Me encantaría.

—No creo que a mi padre le guste. — se defendió Zuko para librarse de aquello.

—A tu padre le encantara la idea de saber que compartirás un tiempo con tu prometida hijo. Por mi parte, te doy permiso… aAl menos tú si puedes salir.

Sin entender la última oración que había hecho Ursa, Katara pensó que se debía tratarse de Azula… no la había visto en todo ese tiempo, tal vez se mantenía encerrada en su habitación como un tigre salvaje lleno de ira, dispuesta atacar a cualquiera que se le acercara.

—¡Está decidido! Zuko, irás con Katara esta noche a la feria… Les aseguro que se divertirán.

Claro, divertirse…

Malos pensamientos surcaron por su mente antes de sonreír y comer de nuevo. Rezó en que todo saliera bien, y pensar que estaría con Zuko le era algo pesado. No quiso mirar al príncipe, pues si lo hacía, se encontraría con aquella mirada devorándole el alma…

/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/

Se estrujó sus manos con nerviosismo mirando de vez en cuando por la ventana de aquel fino carruaje. La noche ya había caído como un manto de tinieblas sobre la Nación. Katara reprimió un suspiro para mirar de soslayo al príncipe Zuko, quien se mantenía con una pose altanera con los brazos firmemente cruzados y mirando a través de la otra ventana. Sus ojos ambarinos brillaron intensamente al percatarse que ya estaban cerca del pueblo. Katara, con los nervios a flor de piel, aún pensaba qué demonios tenía qué hacer ahí. Estaba tan nerviosa… que no se percató cuando el carruaje había hecho su detenida y como la puerta era abierta. Zuko salió primero para después salir Katara, casi dando un pequeño salto debido a la gran altura que se encontraba del carruaje al piso.

Sus ojos se abrieron con asombro al ver al pueblo iluminado en su totalidad. Gente por todas partes, algunas personas con mascaras extrañas en sus rostros y niños jugando con pequeñas varas iluminadas que iban de aquí por allá. Algunos acróbatas bailando por las calles con fuego en sus manos o las risas de los niños mezclándose al tratar de ganar un premio en la feria llamaron la atención de la princesa. Por un instante, las dudas de Katara se esfumaron mientras dedicaba una ligera sonrisa. El carruaje dio su marcha mientras tres guardias se posaban a sus espaldas, sin vacilar, Zuko comenzó a caminar con paso amargo.

Estaba claro que no estaba del todo contento del haber venido, aún más, al pensar que estaba más que obligado hacerlo. Gruñó con fastidio, desde niño le encantaban las ferias pero al parecer, hoy no sería uno de esos días donde lo disfrutaría como para ir a los puestos y ganar un premio. Simplemente la presencia de Katara le era totalmente incomoda. Mejor era dar una vuelta y hacerlo lo más rápido posible, así terminaría con ese maldito recorrido.

Dispuesto estaba para advertirle a la princesa caprichuda que no se alejara de su lado y que no reprimiera nada, cuando se topó como el rostro de Katara era iluminado por la luz de la feria. Su cabello estaba ligeramente alborotado dándole un toque salvaje y curioso, sus ojos se encontraban totalmente vidriosos mirando fascinada todo a su alrededor… y por un instante, el ámbar contempló la figura de aquella princesa.

Nuevamente refunfuñó y se acercó hasta ella para romper aquel embrujo, la agarró con firmeza de un brazo mientras le obligaba a caminar de una buena vez, pues se encontraba firme en medio de aquel sitio mirando todo con admiración. Si hubiera permanecido un poco más tiempo en aquella posición, seguramente aquella jaula con animales que pasaba por ahí la habría arrollado. Katara abrió sus ojos sorprendida al mirar la caravana con aquellos animales exóticos, como el enorme oso tortuga que pasó cerca de ella. Dio un brinquito asustada cuando un tigre alce dientes de sable se agitó en su jaula, e inconscientemente, se cubrió con el cuerpo del príncipe Zuko.

Una vez que los animales se alejaron para ir a su nuevo hogar el circo, Katara suspiró con alivio mientras sonreirá nerviosamente.

No había visto animales como esos desde hace años…

—Camina— le ordenó Zuko pasando a su lado y dándole un leve empujón con su hombro.

—Sí…— y ella no le espetó o dijo nada más, solamente siguió con paso tembloroso el camino del príncipe. Sintió la fuerte presencia de los guardias atrás de sus espaldas y casi un escalofrió le embriagó de inmediato. Ursa les había dicho que el pueblo a veces era un punto fuerte para maleantes y como eran familia de la Realeza, lo más aconsejable era ser escoltados por guardias experimentados en su recorrido.

Pero Katara estaba en un su mundo de sueños… Es que jamás se imaginó que el pueblo fuera así de lindo. A pesar de sentir la constante presencia del fuego cerca, pero igual, el ambiente era relajado. No podía imaginarse ver a los niños que jugaban con alegría que algún día fueran temibles soldados de la Nación del Fuego o ver los rostros de aquellas personas que en algún futuro se podrían tornar de un modo oscuro.

Se detuvo en seco cuando sintió que Zuko había frenado repentinamente, su cuerpo chocó contra la firme y grande espalda del príncipe mientras reprimía un leve quejido. Alzó su vista algo molesta debido aquella repentina sacudida cuando observó que Zuko miraba por todas partes como analizando por dónde seguir. Katara había pensado que quizás estaba perdido o desorientado, pero pareciera que él conociera perfectamente el pueblo como la palma de su mano, que siguió su paso veloz cuando había observado que la pequeña obra había empezado. Katara miró sorprendida al pequeño grupo de niños sentados en el sueño mirando un pequeño telón, entonces, un par de pequeñas marionetas salieron al encuentro. Gritos de felicidad por parte de los niños se escucharon mientras las marionetas se presentaban. Katara creyó ver que la primera marioneta de la derecha tenía una apariencia del Lord Ozai, pues viendo su corona, su largo cabello y esa mirada fría en la marioneta ató cabos. La segunda al parecer era un pequeño Maestro Tierra debido a sus vestimentas.

Zuko alzó su vista algo molesto al ver que de nuevo ella no le seguía y se quedaba mirando el telón aplaudiendo como niña. Pero cuando la marioneta había abierto su boca de madera para arrojar fuego a la marioneta de Maestro Tierra, su vista se nubló. Los niños gritaron extasiados mientras el presentador narraba una de las "mil" aventuras del grandísimo Lord Ozai y como nadie era capaz de vencerle, ni siquiera el mismismo Avatar.

—El Avatar…—susurró ella antes de sentir como de nuevo era jalada de su sitio por la mano agresiva de Zuko.

—¡No te pierdas de mi vista! — le replicó él nuevamente enfadado; sin embargo, Katara estaba perdida en mirar todo con curiosidad como para prestarle atención. — Sólo daremos una vuelta y regresaremos al castillo… ¿entendido?

Pero no recibió respuesta por parte de ella.

Soltó un bufido totalmente molesto.

—No te quedes como tonta, camina de una buena vez holgazana. — y al parecer, esas palabras surtieron efecto en ella. Pues la mirada de Katara se volvió molesta mientras retiraba su brazo del agarre del príncipe.

—Si, ya lo sé… Puedo caminar por mi propia cuenta, gracias. — comentó molesta alejándose un poco de él, caminado con la cabeza en alto en clara evidencia de creerse el ombligo del mundo. Muy al estilo de Zuko, quizás.

Siguieron caminando por un buen tiempo, donde Katara veía cada vez cualquier tipo de curiosidades y sitios con cosas fantásticas. Aquellos puestos de comida ardiente, donde la gente se amontonaba para poder comprar algo o aquellos puestos de diversión para poder ganar algún tipo de juguete. Emocionada se encontraba que no se percató como la gente que pasaba a su lado y le miraba algo incrédula… No era común ver a gente de otras Naciones en aquellas tierras, aún más, alguien como de la Tribu Agua. Pues Katara desencajaba con todo a su alrededor… la gente vestía en tonos oscuros y rojizos mientras ella, brillaba con sus tonos azulados y claros. Pero eso no le importaba a Katara, que aún seguía maravillada ante todo eso, pero todas esa miradas racistas e incrédulas que la gente el dirigía a la princesa, no pasaron desapercibidas por el príncipe. Pues cada vez que alguien pasaba cerca de él, bajaba con lentitud la cabeza en un acto de respeto o quizás, de miedo absoluto. La gente de aquel pueblo vivía totalmente presa del miedo y el dolor.

El fuego era totalmente destructivo.

—¡Wow! — exclamó encantada Katara corriendo hasta un puesto que estaba por ahí ante la mirada hosca del príncipe y desencajadas de los guardias.

Su sonrisa se amplió con gracia mirando los diversos accesorios que había en el puesto, juguetes, ropa y algunos brazaletes de joyería esparcidos por la mesa. Miró al dueño del puesto, que al principio se había quedado embobado por ella. Pero una vez viendo que al final se acercaba el gran hijo de Lord Ozai, desvió su vista algo desconcertado. Niños se amontonaban a los alrededores tratando de ganarse algún tipo de premio como esos, y Katara miró desilusionada como tenía que hacer uso del Fuego Control para ganarse algo. Aquel que diera en el blanco lanzado una llamarada al muñeco que estaba a unos cuantos metros más adelante, se ganaba un premio.

Era una lastima… ella no tenía habilidades de Fuego Control para ganarse el hermoso broche en forma de jazmín que había visto.

—Larguémonos— susurró Zuko cerca de su oreja, mientras ella se estremecía al sentir su presencia tan cerca. Negó con su cabeza algo desconcertada mientras miraba como los niños intentaban darle al muñeco sin mucho éxito.

—Quiero intentarlo…— había comentado la princesa captando la atención del puestero.

—Por supuesto mi doncella… tiene que darle al muñeco con su Fuego Control para ganarse uno de esos hermosos premios. — y señaló aquel bulto de cosas y baratijas, pero al ver que la cara de desilusión de la princesa, Zuko se desesperó.

—No sabes usar Fuego Control, vamónos. — y queriendo arrástrala de ahí, Katara negó nuevamente.

—¡No! — y se alejó de él enojada. — Puede haber otra forma…— comentó buscando la manera de convencer al puestero que quizás, podría usar su técnica de Agua Control para golpear al muñeco. Sin embargo, con todo el pesar del mundo, el puestero se negó. Comentó por lo bajo que sólo podía usarse Fuego Control para poder ganar algo y si lo hacía con alguna de las otras técnicas, la gente podría enojase o reclamar que le podría dar preferencias a ella que a otros no les daba.

Resignada, Katara soltó un suspiro.

—¿Cuánto cuesta el broche entonces? — preguntó en su último intento.

—No está a la venta señorita… la cuestión es que tenga que ganárselo por su esfuerzo, no comprarlo. — dijo amable el señor al momento que
Katara soltaba un bufido… de verdad le había encantado aquel broche. — Lastima.

—Deja de molestarlo y ya vamónos, no quiero estar más aquí. — comentó Zuko malhumorado y hartó hasta la cabeza al ver como ella rogaba como niña por un estúpido broche. Pero entonces vio como Katara se enojaba ante las palabras del señor… había golpeando una ligera parte de su orgullo… ¿Cómo conseguir el broche? Por un momento la idea de robárselo cruzó por su mente pero después la despejó de inmediato, eso era indigno y además era caer tan bajo como para hacerlo.

Segundos después la mirada de Katara se volvió vacía mientras contemplaba por última vez el broche pero sin intenciones de irse. Cuando el puestero estaba listo para darle el premio a un niño que había logrado darle al muñeco en el brazo, una llamarada gigantesca envolvió al muñeco en su totalidad. Los guardias guiaron sus vistas hasta el muñeco en llamas mientras el puestero observaba maravillado quién había dado en el blanco para ganarse su premio de mayor valor.

Y ahí estaba el príncipe Zuko, bajando sus brazos después de haber quemado al muñeco al usar su Fuego Control.

—¡Felicidades, usted ha ganado! — le animó el puestero. — Es sorprendente, casi nadie puede darle…

Pero el príncipe no comentó nada más y agarró el broche de la mesa con brusquedad con una mueca de desagrado. Caminó hasta la princesa, que le miraba algo sorprendida antes de sentir como alzaban su mano y depositaban ahí un pequeño broche en forma de jazmín. La garganta de Katara se secó un momento mientras un ambiente incomodo les envolvía, por un instante, el odio entre ambos se vio tranquilizado.

—Tómalo. — y cerró la mano de la chica con la suya para mantener el broche a salvo. — Y larguémonos de una buena vez, no quiero que hagas otro de tus berrinches. La próxima vez no ganaré un premio para complacerte.

Y dio unos pasos a su lado para dejar a una princesa totalmente desarmada… ¿Zuko había concursado por ella? ¿Por ganar el brazalete para que no estuviera reprochando? Era algo totalmente sorprendente y sobre todo, inimaginable. Pero cuando había abierto su mano nuevamente, el broche estaba ahí.

Con una sonrisa en su rostro, Katara se colocó el broche en su cabello totalmente ilusionada.

Pero el encanto terminó cuando su cuerpo había sentido un empujón fuerte causando que cayera al suelo con brusquedad. Alzando su vista sin comprender qué había sucedido, sintió los brazos de los guardias levantarla con delicadeza.

Y ahí observó, como la gente gritaba asustada y se apartaba del camino. Una pequeña figura pasó cerca del príncipe Zuko, que al parecer, se había girado al escuchar todo el repentino alboroto. A lo lejos, algunos soldados de la Nación del Fuego corrían con velocidad con sus lanzas atrás de aquella figura que se perdía entre toda la muchedumbre y los diversos puestos.

—¡Ladrón! ¡Deténganlo!

Unos de los soldados que corría con gran velocidad, alzó su lanza dispuesto arrojarla al causante de todo esto, pero viendo que había demasiada gente cerca decidió bajarla y seguir corriendo. El príncipe Zuko no tardó en atar cabos pensando que algún otro estúpido ladrón había hecho de las suyas, y que quizás, no tenía de qué preocuparse pues los soldados lo atraparían tarde o temprano. Caminó velozmente hasta donde estaba Katara; apenas sacudiendo su cuerpo del polvo después de haber caído bruscamente, cuando algo le hizo parar en seco.

Los gritos nuevamente se escucharon en aquel sitio mientras una explosión cerca de los puestos había arrojado algunos niños y personas por los aires. La mirada de Katara se congeló viendo aquella gran explosión y como después unas cuantas detonaciones más se escuchaban a lo lejos. La gente corrió desesperada y angustiada en socorro de las personas heridas, el príncipe Zuko corrió hasta donde estaban sus guardias pero se detuvo de inmediato cuando una especie de cohete cayó por ahí. Inmediatamente retrocedió al ver que estaba a punto de estallar, y cubrió su rostro cuando éste lo había hecho, levantando una gran cantidad de humo y polvo.

La agonía se sentía en los alrededores y el príncipe gritó en busca de sus guardias. Un fuerte calor se sintió a sus espaldas cuando giró para percatarse que algunos puestos habían sido alcanzados por los cohetes y ahora se consumían entre las poderosas llamas del fuego. Despejó el humo a su alrededor mientras sentía los empujones de la gente llorando y corriendo sin saber qué hacer… y cuando había alzado su vista para saber dónde estaban sus guardias y la princesa, no encontró rastro alguno de Katara…

—¡Mierda! — exclamó mirando por todas partes en busca de la chica, sin embargo, a pesar de que no era tan difícil encontrarla por sus ropas… el montón de gente le dificultaba su tarea hasta al punto de exasperarlo.

Uno de sus guardias corrió hasta él para saber si estaba bien.

—¡Su majestad!

—¡¿Dónde está!? — le gritó Zuko interrumpiéndolo con rapidez, a lo cual el guardia le miró desconcertado tratando de escucharlo bien por los gritos de la gente.

—¿Quién?

—¡La princesa! — entonces el guardia le contempló con preocupación.

—No tenemos idea su majestad… Ella ya no estaba cuando todo sucedió y…

—¡Búsquenla, con un demonio!

—Pero…

—¡Búsquenla ahora mismo! — les ordenó Zuko fuera de sus casillas, los guardias que se habían dirigido hasta donde estaba y habían escuchado las ordenes del príncipe salieron corriendo en busca de Katara. Zuko desvió su vista por todas partes con la escasa esperanza de verla… — "¡Es un problema!" — pensó con frustración al no verla por ninguna parte… si su padre se enteraba que algo malo le había sucedido a la princesa, su vida tendría un fin doloroso y angustiante.

Y corrió entre todo el ajetreo en busca de Katara cuando se detuvo al ver el broche en forma de jazmín en el suelo.

Los llantos estaban a lo lejos y el humo ya no molestaba sus pulmones. Katara tosió bruscamente deteniéndose en alguna de las paredes que se encontraban por ahí cerca. Giró con cansancio antes de dejarse caer de rodillas al suelo totalmente cansada. El polvo cubría su rostro y su apariencia era totalmente deplorable debido al ataque; había tenido tanta suerte de alejarse de la muerte… Cuando había visto caer aquel cohete cerca de ella y los guardias, había corrido sin pensarlo antes de que estallara. Pero el puesto que segundos antes había estado lleno de niños para poder ganar premios se consumió en llamas totalmente. Había tratado de buscar a alguien que le ayudara, pero los empujones de la gente la habían arrojado por los suelos para desorientarla. Al final, cuando estaba de pie nuevamente corrió en dirección incierta en busca de refugio para alejarse de aquellas llamas infernales.

Y ahora, no tenía idea en dónde demonios se encontraba.

Al parecer había llegado a un sector casi desierto en el pueblo, pues cuando se giró, constató que las llamas aún continuaban a lo lejos y la gente seguía huyendo. Su cuerpo tembló al momento que el miedo se apoderaba nuevamente de su alma, se levantó del suelo y corrió asustada sin comprender qué demonios hacía. Gritó en busca de ayuda, que alguien al guiara o quizás así pudiera encontrar al engreído de Zuko. Por unos segundos todo se volvió tan confuso y la soledad le invadió, no sabía qué hacer o a dónde ir. Corrió en dirección hasta el pueblo, lugar de la explosión pensando que ahí encontraría algunos de los guardias que la pudieran ayudar. Giró en una calle pero se dio cuenta que no había salida, fue a otra y tampoco lo había… Estaba totalmente atrapada ahí mismo y perdida sin duda alguna.

Con lágrimas en sus ojos amenazando por salir, caminó con demasiada cautela en los alrededores. Una figura en la lejanía corrió por una calle en dirección del Noroeste, y el rostro de la princesa se iluminó. ¡Sea quién fuera, podría ayudarle a salir de ahí! Así que corrió tras aquella silueta.

—¡Espera! — gritó tratando de regular su respiración y no caer al suelo debido al agotamiento físico.

Viendo que la figura daba vuelta en algún callejón, Katara se detuvo cuando llegó a la entrada de éste. Miró al fondo del dichoso callejón para constatar que no había suficiente luz… Dio un paso con lentitud mientras entrecerraba sus ojos, tal vez se había equivocado y no se encontraba nadie ahí.

—¿Hola?

Pero no recibió alguna clase de sonido o señal que le constara que alguien había entrado ahí.

Repitiéndose mentalmente que debía dejar de ser una miedosa y enfrentar todo con buena cara, se adentró al pequeño callejón sin vacilar. Un par de ojos brillaron en la oscuridad cuando ella abrió su boca sorprendida, su cuerpo dio a parar nuevamente contra una pared mientras un dolor agudo recorrió por su espalda. Sintió una mano fría en uno de sus brazos y otra en su cuello, casi inmovilizándola al instante. Katara estaba aterrada y se arrepentía mentalmente el haber ido a ese lugar… pero otra vez sintió la presencia de aquella figura y aquel par de ojos mirándola con desdén.

—¡¿Quién demonios eres?!

Katara trató de observar a su atacante, cuando la escasa luz de la Luna había iluminado el rostro de la figura. Piel pálida, cabello negro y brillante, y un par de ojos de un extraño color eran parte de aquel atacante. Era una niña de unos 12 años, sin duda alguna… quizás también una ladronzuela debido a su mal aspecto. Pues rápidamente Katara notó las pequeñas ojeras en su rostro y la delgadez de la niña…

—¡Espera! ¡No pienso atacarte!

Por increíble que pareciera, la niña ejerció una fuerza descomunal contra su cuerpo impidiendo cualquier movimiento. Katara ahogó un gemido de dolor cuando la mano de la niña, la cual segundos antes estaba sobre su cuello, se colocaba sobre la pared de atrás. Sin comprender qué demonios hacía aquella extraña niña de mirada aterradora, una sonrisa algo extraña se formó en el rostro de ella segundos después.

—No mientes…

—¿Qué?

Soltó a una Katara totalmente desconcertada, para después sentir que era mejor dejarla libre. Dando un suspiro algo agradecida, Katara le miró sin comprender qué sucedida. Entonces, analizó a la niña de pies a cabeza. Su, tal vez antes, vestimenta verde se encontraba sucia y no usaba zapatos, pero a pesar de aquel polvo cubriéndole su cara, Katara miró la sonrisa discreta que ella le dirigía.

—Sé que no mientes…—comentó la niña para cruzarse de brazos. — ¡Cómo sea! Vete de aquí antes de que los soldados te vean.

—Pe-pero…— balbuceó Katara mientras colocaba una mano sobre su pecho, estaba nerviosa, y qué decir… ¡Esa niña le había dado el susto de su vida! — Yo…

—¿Qué? ¿Acaso pensaste que iba asaltarte? — le preguntó venenosamente la niña cambiando su tono de voz amenazante a uno mordaz. — Pues sí es así… ¡Estás equivocada chica! ¡Lárgate de una buena vez antes de que te aniquile! Puedo sentirlo… los soldados de la Nación del Fuego están muy cerca…— y se giró, como observando hacia el Sur, en dirección donde estaba la entrada del callejón.

—¿Cómo puedes saberlo? — había dejado salir Katara sin pensarlo, la niña detuvo su marcha antes de girar de golpe y de mirarla… al menos eso creyó Katara, pues notó que los ojos de la niña no le observaban precisamente, al contrario, se mantenía en algún punto distinto en dirección de la pared que había atrás de ella.

Entonces lo comprendió, ella debía ser ciega.

Ciega como un topo.

¿Pero cómo pudo saber que había entrado al callejón? Aún más sorprendente… ¿cómo había logrado tomarla desprevenida y atacarla de aquella forma? Tantas preguntas se vinieron a su mente mientras no dejaba de mirar a la pequeña niña invidente… Es que era algo totalmente fuera de sí, no lo comprendía… Algo extraño sucedía y no era el simple hecho de la mirada vacía de la pequeña, sino aquella misteriosa altanería que le envolvía. Cuando la niña levantó el rostro para responder a su pregunta, Katara sintió un nudo en su estómago.

—Yo sé tantas cosas pero creo que sería difícil para ti comprenderlo… No soy igual a los demás, si eso quieres saber. — y ella se giró nuevamente para tratar de salir del callejón con paso firme y decidido. La princesa la observó, viendo su pequeña silueta siendo iluminada por la escasa luz de la Luna, como se alejaba cada vez más de ella.

Se separó con miedo de la pared mientras su mirada se posaba en la espalda de la niña.

—¿Toph?

Y la pequeña detuvo su marcha.

Pero no contestó, no obstante, se mantuvo firme como una roca en su sitio sin ni siquiera moverse o intimidarse. Entonces Katara encontró el momento indicado para dar unos pasos con lentitud para acercarse hasta ella, una sonrisa se dibujó con nerviosismo en el rostro de la princesa mientras se acercaba hasta la pequeña niña invidente.

—¿De verdad eres tú? Por favor… dime que es así. — rogó Katara con la esperanza de saber que estaba en lo cierto, si era Toph, estaba segura que un gran peso saldría de su alma…

—Si es así… De igual forma… ¿por qué ha de interesarte quien sea yo? — la pequeña murmuró y sin evitarlo, aquello constató todas sus dudas. No pudo contenerlo pero una sonrisa sincera adornó el rostro jovial de Katara mientras daba aun brinquito de felicidad. La había encontrado… la amiga de Aang. Había encontrado a esa chica especial que le había comentado el niño.

—Yo…— pero las palabras parecerían amontonarse en su garganta. Haciéndose un pequeño capullo de la felicidad, Katara sacudió su cabeza para tranquilizarse. — ¡Estoy contenta de haberte encontrado! ¡De verdad! ¡No sabes cómo…

Pero vio que la niña alzaba su mano impidiéndole que avanzara más hacia ella.

—Esta vez tampoco mientes…— murmuró la niña al quedarse algunos segundos de pie con la mano en alto, Katara suspiró. — Eres honesta, puedo sentirlo… Pero también estás muy confundida. — murmuró por lo bajo mientras retiraba su mano. — ¿Quién eres?

—Katara.

La niña invidente asintió con lentitud.

—¿Por qué me buscas? —aquella pregunta alegró a Katara, sintiendo que había cumplido un gran favor, se acercó aún más hasta la niña sin retirar esa sonrisa en su rostro.

—Alguien me ha enviado por ti… me ha dicho, que él se encuentra bien y que no tienes porqué preocuparte…—cuando había mencionado aquella frase, Katara notó como la pequeña Toph se contraía en su sitio casi asustándose ante la noticia.

—Aang…—había murmurado Toph sin creerlo. Alzando lo que parecía ser su vista, una extraña mueca se formó en su rostro. Katara no mentía, y ella no podía equivocarse de eso. Por lo cual, sintió una extraña alegría recorrer por su cuerpo al susurrar el nombre del niño calvo. Hace tiempo que no lo veía y por más que quisiera ocultarlo, estaba preocupada por él… Después de haber visto como era capturado por lo soldados de la Nación del Fuego, ella no había tenido más opción que correr antes de que hicieran lo mismo con ella. — ¿Don… ¿Dónde está!? — preguntó exaltada mientras daba unos cuantos pasos hasta la princesa. —¡Por favor! ¡Dímelo!

Una pequeña opresión sintió Katara en su pecho.

—Está en los calabozos…

—¡Maldita sea! — gritó la niña golpeando el muro que estaba a su lado, casi de inmediato Katara dio un respingo en su lugar al notar la gran grieta que se había formado por el golpe… esa niña… ¡Esa niña tenía una fuerza sobrehumana! ¡Era increíble! — Guíame. — le ordenó.

—¿Cómo?

—¡Guíame hasta dónde está él! — gritó desesperada al final la pequeña. — ¡Seguramente debe estar en problemas! Ese tonto… ¡Siempre hace lo mismo! — se quejó al final pero Katara notó que aún pese la fachada de niña mala que Toph aparentaba tener, había algo en su voz que le hacía saber que estaba de por más preocupada por el niño de nombre Aang.

—Los calabozos están cerca del castillo. Puedo guiarte pero… no estoy segura qué camino tomar para salir de aquí…

—De eso no hay problema, he estado estos días totalmente perdida en esta maldita ciudad que ya me sé casi las calles de memoria. — y enseñándole una sonrisa enigmática, Toph comenzó a caminar. — Sígueme.

—Pero…—le detuvo Katara. —No puedes hacerlo, tú estás…

—…ciega— completó la frase Toph. — Eso ya lo sé. Nací así…—confesó la niña.— pero no te dejes guiar por las apariencias, a pesar de tener esta invidencia… puedo ver perfectamente. Claro, no como posiblemente tú lo haces. Miró a través de las vibraciones de la tierra…— entonces Katara observó los pies descalzos de la niña. — Soy una Maestro Tierra.

Sorpresa adornó el rostro de Katara, que si Toph pudiera verle, se habría burlado de ella.

—Pero no te preocupes, tampoco soy tan débil como lo parezco…— y se giró para seguir su camino.

Con razón Aang había comentado que Toph era muy especial.

Y en realidad, así lo era.

Sin decir una palabra más, siguió a la niña a su paso firme y rápido a través de aquellas calles llenas de laberintos sin fin. Pasando varios minutos más, observaba asombrada la extraña habilidad de la pequeña Maestro Tierra, que a pesar de no poder ver se guiaba de sus habilidades para encontrar el camino. Algo realmente sorprendente… Y sobre todo, su sorpresa fue mayor cuando reconoció por unos momentos los caminos por los cuales andaba, al parecer ya estaban cerca del pueblo donde había sido la explosión.

—Alto.

Y Toph extendió su brazo para que no continuara más.

—¿Qué sucede?

—Soldados…—comunicó ella.

—¿Dónde? — y algo ilusionada, Katara alzó su vista para ver en dónde se encontraban los soldados de la Nación del Fuego, tal vez, podrían ayudarla para encontrar el camino correcto para ir al castillo. Pero cuando dio unos pasos hacia el frente, Toph le tomó del brazo y la jaló hasta otro pequeño callejón para ocultarse. — ¿Qué haces?

—¡Nos ocultamos! ¿Qué más? — preguntó la niña fuera de sus casillas. — Si me ven, puede ser muy peligroso… ¿Acaso crees que las explosiones se hicieron solas?

La mirada de Katara se colocó sobre el rostro de la niña, que al parecer, había mantenido un semblante serio y distante al pronunciar aquello.

—¡Qué! ¿Acaso ocasionaste eso? Pe…per… ¿Pero cómo? — entonces Toph se vio obligada a taparle la boca al ver que había alzado demasiado la voz y podrían ser descubiertas.

—No fue mi culpa… al menos no directamente. — murmuró. — En estos días me he tenido que valerme yo misma para conseguir mi alimento, esos soldados de la Nación del Fuego son tan estúpidos…— comentó cansada. — Trataron de atacarme esta vez, estoy harta de ellos… no me agradan, son fríos y crueles, y cuando sentí la oportunidad de defenderme… lo hice. Pero uno de los idiotas de esos soldados hizo Fuego Control y logró dañar la estructura y la caja donde estaban los cohetes artificiales… al menos eso creo que eran, no pude verlo. — sonrió tristemente. — Pero me pude guiar con la tierra para salir huyendo antes de salir lastimada. No me sorprendería que ahora quisieran atacarme.

La mirada de Katara se suavizó un poco. En realidad, aquella pequeña niña había sufrido mucho esos días…

—Entiendo— le calmó la princesa. — Le prometí a Aang que lo sacaría de su cárcel, y eso haré. Pero necesitare tu ayuda, ¿sabes? Si puedes hacer uso de tu Tierra Control tal vez podríamos distraerlos.

—De eso no hay problema. — sonrió la niña. — Me parece buena idea…—y se quedó quieta unos segundos en su lugar haciéndole una ademán con la mano a la chica para que no hablara más. Ambas, ocultándose en las sombras como intrusas, escucharon las pisadas de los soldados acercarse con velocidad. Katara se encogió en su sitio para observar como pasaban de largo por el callejón en donde estaban, gritando sobre algún ladrón y el causante de tal accidente. Seguramente estaban buscando a Toph.

Cuando los soldados ya estuvieron a una distancia prudente, ambas salieron de su escondite.

—¿Por dónde?

—Espera…— Toph se inclinó lentamente para tocar la fría tierra del suelo, pasaron unos segundo más hasta que se reincorporó. — El castillo no debe estar lejos… Siento una gran cantidad de personas aglomeradas en cierto punto al Norte. Pero también siento a personas corriendo en el centro del pueblo… aún deben estar tratando de apagar el fuego.

—Entonces…

—Pasaremos por el centro del pueblo, no hay opción. Percibo que los soldados están rodeando el pueblo en todas direcciones, si pasamos las orillas pueden atacarnos. Sólo hay personas en el pueblo, los soldados están colocándose en puntos estratégicos. — sonrió— Más vale arriesgarse, así es la vida.

Katara tragó algo de saliva para correr tras Toph, quien al parecer ya iba en su propio camino para ir hasta al pueblo. Pasaron unas cuantas calles más hasta llegar donde había sido la explosión, un calor indescriptible se sintió en el ambiente mientras algunas personas levantaban los cuerpos de las que habían sido lastimadas por la explosión. La princesa sintió un nudo en su alma e concientemente buscó con su mirada alguna señal de un guardia de la Nación del Fuego o Zuko…

Afortunadamente no había nadie, si algo malo pasaba, podrían capturar a Toph. Estaba segura que ella podría ayudarle para liberar a Aang, sin olvidar, que también era amiga del niño calvo. Ahora más que nada era cuando no debían de perder el tiempo en niñerías o cosas tontas. El tiempo estaba en su contra y quizás una gran cantidad de soldados de la Nación del Fuego también. Entonces pasaron corriendo por el lugar, con el calor y el humo aun haciéndoles la tarea difícil. Pero la niña invidente se detuvo nuevamente cuando repentinamente una docena de soldados de la Nación del Fuego las emboscaron en una vuelta.

—¡Ahí está! ¡Es la ladronzuela y la que ocasiono el accidente! — gritó algunos de los soldados, para fortuna de Katara, ellos no notaron su presencia. Solamente miraban con ojos asesinos a Toph.

—Genial, más amigos para conocer…— murmuró la niña con ironía. — Katara, mantente cerca de mí.

—¡Pero Toph, ellos podrían hacerte daño! Yo puedo ayudarte. — le comentó ella, pero después de recapacitar un poco, notó que no tenía agua que manejar para hacer uso del Agua Control.

—No lo creo…—y como si Toph huera visto la expresión de impotencia en la princesa, encaró con valentía a los soldados. — ¡Vengan por mí, estúpidos! — les retó. — Si es que son capaces de hacerlo.

Bastaron aquellas palabras para alterar el ego de los soldados, que en un instante, se habían lanzado contra la niña con sus armas. Sin embargo, Toph sonrió con autosuficiencia mientras se concentraba en escuchar los pasos de los soldados. Uno… dos… tres…

Una gran columna de tierra se extendió por los aires ante la mirada de Katara, tres soldados habían salido volando mientras los demás chocaban contra el suelo bruscamente. La niña se movió al sentir que una lanza casi le tocaba, por algunos centímetros más, aquélla habría quedado ensartada en su cabeza. Katara se movió de su lugar tratando mantenerse lo más cerca posible de la niña, sorprendida ante sus grandes habilidades de Tierra Control. Pero cuando observó que los demás soldados se levantaban de su sitio y extendían en sus manos el fuego para atacar a la niña invidente, Katara comprendió que era momento de actuar.

Buscó con su mirada algo con lo cual ayudar a la niña, que a pesar de ser fuerte y valiente, aquellos soldados de la Nación eran demasiado para alguien como ella. Y ahí lo vio, un barril a lo lejos que parecía contener agua. Se alejó de Toph para correr hasta el barril y destaparlo con rapidez, escuchando atrás los gritos de los soldados al luchar contra Toph. Ella había estado haciendo ataques de lanzar pequeñas rocas a los pies de los soldados para que éstos cayeran o poder golearles en puntos estratégicos de sus cuerpos. Pero cuando un soldado de la Nación del Fuego le agarró desprevenida por la espalda, la niña soltó un grito al sentir que estaba a punto de quemarle su cuello.

—¡Déjenla en paz!

La voz de Katara tomó desprevenidos a los soldados mientras un chorro de agua les golpeaba, el atacante de Toph sintió un fuerte latigazo de agua en su cara causando que cayera al suelo de inmediato. Cuando ellos habían alzado sus vistas para saber qué demonios sucedía, una ola de tamaño considerable se alzó por los aires empapándolos por completo, lo cual, ocasionó que el fuego de sus manos se apagara. Desconcertados por aquel ataque repentino y sin saber el causante de éste, alzaron sus vistas, pero entonces una muralla de tierra se levantó atrapándolos a todos. Sus gritos de agonía le hicieron saber a Toph que los tenía atrapados en aquella casita de tierra impenetrable. Katara corrió hasta la niña que sonreía victoriosa burlándose por la debilidad de los soldados.

—¿Estás bien?

—Perfectamente— le contestó Toph. — Ahora, sujétate bien.

La princesa asintió con lentitud mientras sujetaba la pequeña cintura de la niña, Toph pateó el suelo con fuerza descomunal levantando una pequeña plataforma de tierra; la cuál, comenzó a moverse a través de las calles como un transporte rápido. Katara gritó algo asustada al ver aquello, jamás se imaginó el ser transportada por una piedra, aún más, a una velocidad tan rápida.

—No se asustes, no te caerás… Sólo mantente firme como una roca.

Aquel consejo que la niña había dicho, causó que Katara dejara de gritar y mirara asombrada a Toph. Era tan valiente a pesar de ser invidente, y aún más impresionante, era como había luchado contra todos aquellos soldados de la Nación del Fuego. Sintiendo una seguridad dentro suyo, Katara sonrió ampliamente mientras se sujetaba con fuerza de Toph, a decir verdad, aquello era divertido. Y por primera vez en todo el día, sonrió encantada al sentir la brisa del viento en su cara. Pronto ya habían salido de pueblo, y ahora se adentraban a los campos de la Nación. A lo lejos, el castillo de la Nación del Fuego se extendía con grandeza.

/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/

—¡El cuerno!

—¡Todos a sus posiciones, alguien a atacado al pueblo!

Las voces de los guardias en el castillo se calmaron mientras al fondo un sonido grave y profundo retumbaba en los alrededores. Era el cuerno de advertencia, donde ponía a todos en alerta sobre el reciente ataque en el pueblo. Cuando los guardias habían visto aterrorizados las grandes llamas y espesas nubes de humo en el pueblo, habían tomado sus lanzas y reafirmado la seguridad alrededor del castillo.

—¡Ustedes, escuadrón…! ¡Vayan al puente principal y cuiden que nadie pase!

Los soldados asintieron firmemente haciendo su saludo y saliendo corriendo de inmediato.

—Lord Ozai…

—Lord Ozai ya se enteró de esto. — comunicó el general a un grupo de pequeños soldados. — Hemos subestimado a los rebeldes que aún están en el pueblo, lo mejor será defender el castillo… ¡Somos la Nación de Fuego! ¡Guerreros de sangre! ¡No se dejen intimidar por un maldito grupo de rebeldes! Les aseguro qué cuando los capturemos, les daremos la muerte más dolorosa posible.

Sin embargo, los soldados más jóvenes suspiraron con nerviosismo. Jamás habían presentado algún ataque en el pueblo desde hace años, pues nadie se atrevía a contradecir las órdenes de tal Nación. Pero al parecer, hoy no sería otro de esos días tranquilos.

—¿Qué hay de los demás guardias?

—Quiero que la mitad de ellos vayan con los demás, los que sobran, los quiero en las entradas principales del castillo y en los calabozos. — comentó el general. — Seguramente estos rebeles querrán ir a los calabozos a sacar algunos de su camaradas… ¡No permitan que eso suceda! ¡Cualquier prisionero que coloque un solo pie fuera de sus celda, mátenlo!

—Sí… ¡Como usted ordene general Zaho!

Cuando había dado aquella estricta orden, Suki se paralizó en su lugar. "Katara…" pensó de inmediato al saber que la princesa había salido de paseo con el príncipe Zuko pero no había podido acompañarla debido a su ronda en los calabozos. Maldijo por lo bajo mientras se iba corriendo hasta donde estaban los calabozos, aquel ataque que sufría la Nación del Fuego era totalmente desconcertante, aun más, le tenía preocupada el paradero de Katara.

— "Espero que esté bien, que el príncipe Zuko la proteja…"— rogó en su mente mientras corría hasta donde estaban los calabozos, no había muchos guardias ahí pues la mayoría se había ido a proteger las demás zonas del castillo.

Pero una vez que llegó a la entrada de los calabozos, se mantuvo firmemente en posición de defensa ante cualquier signo de ataque. Pero un par de ojos ámbares le miraron con desdén antes ver hacia otra dirección. Una sonrisa lúgubre adornó su perfecto rostro para luego soltar una carcajada. Le era gracioso ver la desesperación de todos los soldados, de igual forma, debía estar preocupada por saber que estaban atacando su hogar. Pero el pensar que la princesa y su hermano se mantenían en el pueblo a la hora del ataque, causó que su locura aumentara.

Maldita Katara, esa desgraciada le había puesto en ridículo y por su culpa, ahora sufría de la soledad en su habitación.

Su padre la había quitado todo los lujos en todo el transcurso de las siguientes dos semanas. Azula pensó que se volvería loca, crecer en una familia de nobles y el estar rodeada de criados desde que tenía uso de conciencia le facilitaban la vida de una forma espectacular. Pero que su padre le dijera que no tendría las atenciones de los criados y que tendría que valerse por sí misma en todo ese tiempo, causó el enfado de la chica de fuego. ¡Cómo demonios hacerlo! Tenía que prepararse su propia comida, limpiar su habitación e incluso, se vio caer tan bajo como en ir a lavar su ropa. No era que fuera una inútil o algo parecido, pero es que toda su vida había estado criada para darles órdenes a todos esos sirvientes.

Hasta por un momento llegó extrañarles. Sólo para torturarlos y humillarlos como la basura que eran, claro, pero incluso ya no podría ver a sus amigas en lo que quedaba de la semana. Prohibidas las visitas o atenciones extras… también el entrenamiento había sido cancelado. Por eso su sonrisa se apagó mientras daba un fuerte golpe a la pared de su habitación, estúpido castigo.

Era la primera vez que su padre le había alzado la voz y darle un sermón.

Sólo su madre lo había hecho, y ahora que su padre la castigaba, sentía un extraño sabor amargo en su boca.

Cuando miró de nuevo hacia el vacío a través de la ventana, el humo del pueblo aún no se calmaba. Una idea cruzó por su mente… quería constatar qué demonios pasaba ahí mismo, y qué era de su maldito hermano. Así que abrió con cuidado las puertas de su fina habitación antes de asegurarse de no ver a un criado por ahí cerca, si alguien la veía salir, su padre se enteraría. Entonces corrió por los pasillos de su castillo con agilidad, no le iba ser difícil salirse con la suya.

—Espera y verás Zuzu

/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/

—¡Por ahí! ¡Esa es la entrada de los calabozos! — señaló la princesa, Toph se concentró para sentir la vibraciones de la tierra y escanear el suelo en su totalidad. Sintió unos pisos subterráneos abajo del castillo, así que aceleró el paso de su roca transporte.

Katara se agachó en su sitio cubriéndose con sus manos cuando la roca en donde se mantenían había chocado con firmeza contra una de las bardas del castillo, ésta se destruyó por completo mientras grandes pedazos de piedras cayeron sobre algunos guardias, los cuales habían dado la señal del ataque al castillo. Algunas llamaradas de fuego, como lanzas y gritos, pasaron sobre sus cabezas. Sin embargo, Toph se mantuvo firmemente a la idea de ir directo a los calabozos sin distracción alguna, así que, haciendo uso de su Tierra Control, realizó una especie de coraza sobre ellas. El fuego rebotó sobre la coraza impidiendo hacerles daño, y aprovechando la distracción de los guardias en los intentos de deshacer la fortaleza de tierra, Toph manejó la tierra para golpear la entrada de los calabozos.

Aquellos guardias que se mantenían en la entrada se vieron obligados a esquivar la ola de tierra que les amenazaba.

Entonces ahí sucedió, cuando la fuerte coraza penetró la entrada de los calabozos.

—¡Salta! — ordenó Toph mientras la coraza de tierra desaparecía, Katara sin comprender, saltó junto con la niña de aquel montículo de tierra. Segundos después, Toph levantó las rocas para poder tapar la entrada que habían hecho con una especie de pared impenetrable. — Guíame hasta él.

Katara al frente comenzó su recorrido mientras aceleraban su paso con rapidez, no faltaría mucho para que los guardias llegaran por la otra entrada e intentaran atacarles. Debían de llegar cuanto antes si querían salir con vida, sobre todo, porque ella no tenía alguna especie de agua que manejar para pelear como la última vez. Sintiendo la adrenalina quemarles las venas, Katara notó a lo lejos una extraña puerta familiar. La princesa corrió hasta ésta para tratar de abrirla pero sintió un dolor punzante en su brazo al de hacerlo, estaba cerrada con candado por dentro. Pero entonces Toph la retiró, y dando un brinco, una roca de tamaño considerable se elevó para dar golpes a la puerta de metal. Bastaron unos cuántos para que la puerta se derrumbara por completo, ocasionado un sonido estremecedor al caer sobre aquella habitación.

Y ahí estaba, el pequeño niño calvo con la mirada llena de asombro al verlas en la puerta.

—¡Katara! — gritó él tratando de levantarse del suelo debido a los pesados grilletes, pero entonces, observó a la otra acompañante de la morena. — Toph…

Los ojos de Aang se iluminaron por completo.

—¡Ahórrate los abrazos y besos otro día, tonto! ¡Tenemos que huir! — le espetó la niña corriendo hasta donde estaba Aang, agachándose hasta la altura de su rostro, tomó los grilletes que lo mantenían atado aquel lugar. —¡Maldición…! No podré quitarlos con golpes simples.

—¿Qué hacemos? — preguntó Aang. — No creo que hayan sido tan discretas como para llegar hasta aquí…— comentó por lo bajo pero sin retirar la mirada de Toph, por unos segundos había sentido una extraña sensación de alivia al verla sana y salva. — Los soldados deben de llegar en unos cuantos minutos más…

—¡Eso ya lo sé! — le gritó Toph alterada.

—Sí, yo también estoy alegre de verte. — sonrió el niño causando que Toph girara su rostro con enfado y las mejillas algo sonrojadas… Siempre era lo mismo, ante cualquier situación de muerte que estuvieran pasando, Aang siempre tenía una sonrisa o algún comentario para animar la tensión del ambiente. Pero esta vez, aquello no bastaba… se encontraban en un verdadero peligro.

Ahí fue cuado la mirada de Katara se topó con el pequeño plato cerca de Aang, se acercó con rapidez hasta él para constatar sus sospechas, un poco de agua se mantenía aún ahí. Así que, tomando valentía desde hace tiempo que no lo había hecho, retiró a Toph de los grilletes ante la mirada de Aang. Utilizando la poca agua del plato, Katara la elevó para arrojarla hasta los grilletes para después utilizar una especie de viento helado que logró congelar los grilletes y cadenas, con la poca agua que había sobrado, utilizó una especie de látigo para golpearlas como una filosa navaja. Entonces fue cuando los brazos del niño y piernas fueron liberadas, Aang dio un saltó de alegría mientras movía sus muñecas al sentirlas libres sin aquella opresión de los grilletes.

—¡Sí! — sonrió. — Gracias Katara, no sabía que podías usar Agua control y…

—¡Ya están aquí! — gritó Toph mientras los tres escuchaban con atención las pisadas de los guardias al fondo.

—¡¿Ahora qué!? — preguntó indeciso Aang. — No podemos atacarlos de frente, deben ser demasiados…

—Ya lo sé.— murmuró nuevamente Toph. — Las paredes de esta celda son de hierro, lo cual no puedo manejarlas para distraerlos… Pero el suelo y el techo son de tierra firme.

—Entonces…

—Saldremos a mi estilo.

La tierra bajos su pies comenzó a temblar y a moverse con brusquedad mientras el techo de la habitación comenzaba a cuartearse. Toph necesitaba una gran cantidad de concentración para poder levantar toda esa tierra, entonces, el techo empezó a caer sobre ellos. Afortunadamente Toph fue ágil para hacer otra coraza de tierra para protegerles antes de que salieran más lastimados, aun que si, algunos pedazos llegaron a rasparles. Aang sonrió sorprendido al sentir que la tierra entonces comenzaba a elevarse y el techo formaba una especie de agujero por lo cual podrían pasar, Katara reprimió un grito al sentir la altura a la cual estaban ascendiendo mientras que Toph hacía un sobreesfuerzo apretando sus dientes y manteniéndose firme en su lugar.

Y sintieron la brisa del viento cálido cuando habían salido ya de los calabozos.

—¡¿Qué!? — exclamó Katara asombrada viendo el gran montículo de tierra sobre el cual se mantenían, bajo sus pies y a muy grande altura, se observaban los guaridas de la Nación del Fuego mirando horrorizados aquello. Varios pedazos de rocas gigantes cayeron como una lluvia de meteoritos sobre ellos para quitarlos del camino. Katara se tambaleó en su sitio sintiéndose mareada por unos cuantos segundos, pero cuando había mirado hacia el suelo nuevamente, un par de ojos le miraron con pánico.

Suki…

—¡Katara! — gritó su guía con temor, había lanzado su arma lejos para correr hasta el gran montículo de tierra… el cual estaba aproximadamente sobre unos cuantos metros lejos de ella. — ¡Katara! — volvió a gritar con agonía al observar cómo el montículo de tierra comenzaba a moverse en dirección contraria, alejándose del castillo y esquivando las grandes llamaradas de fuego que los soldados arrojaban.

—¡Ah escapado! — y el cuerno se escuchó de nuevo… uno, dos, tres.

—¡Ataquen! — gritó el general Zaho. — ¡NO DEJEN QUE ESCAPE! ¡Atrápenlo! — y su voz retumbó en los alrededores mientras toda la manada de guardias corrían hasta el montículo de tierra en movimiento con todo lo que sus piernas le permitían.

—¡La princesa! — algunos de los guardias había gritado al ver como Katara se mantenía en su sitio aferrándose sobre el montículo de tierra para no caer. — ¡EL AVATAR A CAPTURADO A LA PRINCESA KATARA!

La lluvia de fuego aumentó hacia ellos mientras Toph intentaba que el montículo de tierra se moviera con más rapidez. Cuando una gran bola de fuego se había dirigió hasta ellos, Katara observó con temor mientras Aang se movía de su sitio y daba un gran salto. Giró sobre el aire con las pocas fuerzas que tenía mientras un fuerte viento golpeaba la gran bola de fuego, y entonces, Katara se quedó sin habla. Mirando descender con victoria al niño que había detenido el ataque con el uso del Viento Control… Era un Maestro Aire, como los rumores decían...

El Avatar era el último maestro aire que posiblemente existía.

El Avatar, aquel maestro que era capaz de dominar los cuatro elementos y que era la única esperanza del mundo para detener la guerra. Aquel niño calvo enfrente de sus ojos, con aquellos signos en su cuerpo y esa sonrisa… ¿podría ser el Avatar? Era imposible; sin embargo, Katara no estaba loca como para alucinar que él había hecho uso del viento para desviar el ataque.

Entonces todo golpeó su mente con fuerza tan repentinamente.

—¡¿Eres el Avatar?! — preguntó asustada Katara. Aang se giró en su sitio para mirarle. — ¡Nunca me lo dijiste!

—Bueno, tú tampoco me habías dicho que eras una Maestra Agua. — sonrió con inocencia. — Y mucho menos que eras una princesa.

Las mejillas de Katara se sonrojaron.

—Yo…— balbuceó.

—Descuida, sé que es difícil pensar que yo pueda ser el Avatar. — suspiró. — Pero es una larga historia… Lo que debemos hacer ahora es salir de aquí…— ante aquella frase Toph sonrió de lado guiando el transporte tierra con maestría por los grandes campos de la Nación.

Pero un gran ruido estremeció sus odios mientras sus cuerpos se movían repentinamente.

—¡¿Qué fue eso?!

Aang tanto Katara, se giraron para ver atrás suyo como algunos soldados montaban en sus rinocerontes y lanzaban enormes llamaradas de fuego. Y antes de que pudieran decir algo más, una especie de tanque moderno arremetió contra ellos. El montículo de tierra se movió bruscamente mientras los tres hacían un esfuerzo para no caer, pero el tanque no paró de golpearlos hasta que Toph no pudo más… Su gran transporte de tierra se cuarteó mientras los tres caían al suelo desde esa gran altura.

—¡Aang! — gritó Katara agarrando la mano del Avatar, quien había sostenido a Toph de la cintura para crear algo de aire a su alrededor. El aire logró amortiguar la caída de los tres mientras descendían ligeramente sobre el suelo sin complicaciones.

—¡A ellos! — gritaron los soldados sobre sus rinocerontes.

—¡Pasemos al plan B!

—¿Cuál es le plan B? — preguntó Toph sintiendo que Aang la colocaba en el suelo.

—¡Correr!

Así el niño comenzó a correr como sus piernas le permitieran mientras Toph y Katara no dudaron en seguirlo. Los guardias seguían con sus rinocerontes muy cerca de ellos, Toph pese a estar débil, logró hacer otro de sus ataques para crear una muralla para distraerlos. Así, dándose tiempo para atacar y logrando volar el tanque con tierra y viento, fueron en su huida por los campos de la Nación del Fuego. Cuando sintieron que sus piernas ya no podían más y que habían llegado casi a su límite, Katara se dejó caer al suelo de rodillas, respirando con dificultad y sintiendo el corazón en su garganta. Estaba cansada y había estado corriendo por bastante tiempo que no sabía cuánto más podría resistir, y al parecer, los soldados no se daban por vencidos fácilmente.

—¡Katara! ¡Vamos! — le animó el niño intentando levantarla. — No tardaran en llegar los soldados, ellos podrían…

—No, Aang…— murmuró ella dándose un respiro hondo. — Váyanse ustedes, yo me quedaré aquí… Deben escapar cuanto antes, ya han despertado el enojo de la Nación y…

—¡No! — gritó el Avatar. — ¡No puedo dejarte aquí! Si te ven, podrían atacarte o… ¡No lo sé! ¡Es demasiado peligroso! Por favor…

—Pero Aang, sólo soy una carga… yo no puedo luchar más, estoy… No soy valiente Aang, no puedo.

—No digas eso. — frunció el ceño el Avatar. — Katara, eres una de las personas más valientes que he conocido. — entonces Katara alzó su vista para sentir las manos del niño sobre sus hombros. — Has hecho demasiado Katara, sólo piénsalo… Has liberado al Avatar de los calabozos y has burlado a toda una Nación para hacerlo. Katara, eres una guerrera muy valiente.

En el rostro de la princesa, una sonrisa llena de satisfacción calmó sus angustias. Los soldados ya habían atravesado el muro que había hecho Toph para distraerlos y ahora se acercaban hasta ellos cada vez más rápido. Así que, sintiendo como las palabras de Aang hacían efecto sobre ella, se levantó de su sitio sonriendo con gratitud. Sí, ella debía ser valiente… debía de serlo.

—Que hermosas palabras Aang pero… ¡no es le momento para hacerlo! ¡Tenemos que irnos! — gritó Toph.

—Pero… los soldados ya están cerca y…

—Olvidaste que no estamos solos. — Aang le miró extrañado mientras observaba como la niña invidente buscaba entre sus ropas algo. — Cuando te capturaron los soldados, lograron quitarte tu bastón y las demás cosas pero esos inútiles no lograron quitarme esto. — entonces la mirada de Aang notó un extraño silbato que Toph sostenía entre sus manos. — Es hora de pedir ayuda.

Cuando había soplado el silbato con gran fuerza, Katara alzó una ceja extrañada. Parecía que aquel silbato no servía después de todo, pero cuando un soldado de la Nación les había lanzado una llamarada desde lo lejos, ella lo esquivó a duras penas huyendo del fuego asustada. Entonces, Aang dio un salto de felicidad extendiendo sus brazos al cielo.

Todos se quedaron quietos incluso los mismos soldados, observando atónitos lo que veían en el cielo; un gran animal que volaba sobre la noche oscura, aquella bestia que dio un rugido y pasaba entre las nubes para llegar a su sitio. Katara jamás había notado algo así en su vida y sintió al gran bisonte volador que descendía del cielo y aterrizaba sonoramente sobre el suelo.

—¡Appa! — gritó Aang mientras corría hasta él y lo abrazaba. — Te extrañe tanto amigo…

El bisonte emitió un sonido, al parecer, en una forma de saludo y alegría.

—¡Vamos! — y Toph corrió hasta él mientras lo montaba, Aang subió sobre la cabeza de éste mientras Katara se encontraba asustada mirándolo.

—Katara… ¡Sube! — Aang notaba como los soldados salían de su asombro y comenzaban de nuevo su marcha. — ¡Vamos!

—Pero…

—Appa no te hará nada, él nos ayudara… Es nuestro amigo.

No bastaron más palabras mientras Katara sostenía la mano de Aang para subir sobre el bisonte, Appa agitó su gran cola levantando una gran estela de humo al momento de correr por los campos, a unos cuantos metros más, se elevó en los cielos como un gran pájaro. Katara sintió el viento en su rostro y notó con incredulidad la altura a la cual se encontraban… ¡Estaban en los cielos! ¡Y en un bisonte volador!

Todo era como un sueño…

Pero era real al final de cuentas.

—Azula…

Zuko observó a su hermana llegar hasta él, la chica había tomado alguno de los rinocerontes para llegar lo más rápido posible hasta las entradas del pueblo. El príncipe Zuko se mantuvo serio por algunos segundos mientras varios mechones de cabello cubrían su frente, frunció el ceño observando a su hermana sonriéndole con hipocresía.

—¿Qué pasa Zuzu? ¿Feliz por verme? — sonrió lascivamente mientras el chico carraspeaba un poco.

—¿Qué haces aquí? ¡No debes salir del castillo! ¡Padre te lo ha ordenado perfectamente y…!

—Tú tampoco debes estar aquí Zuko— le espetó ella furiosa. — Pero por lo visto, has hecho un gran trabajo hermanito…— y miró por todas partes como el pueblo se mantenía en gran parte lleno de escombros y ruinas. — Me pregunto… ¿dónde estará tu princesita?

La mirada del príncipe se volvió dos pequeños hilos de oro mientras intentaba asesinar a la chica con ésta. Apretó sus dientes mientras entre sus manos, el pequeño broche en forma de jazmín trataba de meterse entre su piel debido a la fuerza ejercida… Azula. Siempre tenía que amargarle la vida y hacerle sentir como un imbécil en los peores momentos.

Decidido a ignorarle y seguir que ella hiciera lo que fuera, se giró sobre sus talones para seguir buscando a Katara. Pues en las últimas 2 horas, no había tenido ningún éxito en encontrarla. Aunque por muy dentro, se sentía extrañamente culpable y miserable… ¿Y si ella estaba muerta? Meneó su cabeza, no, esa princesa era tan testaruda que incluso era capaz de burlar a la mismísima muerte. Así que, con una extraña esperanza en su interior por encontrarla con vida, siguió caminando con paso altanero ante la mirada furtiva de Azula.

Pero un sonido le hizo detener, y él tanto como su hermana, alzaron sus vistas para ver al extraño bisonte volar sobre el pueblo.

—¡Príncipe Zuko! — gritó uno de sus guardias para correr hasta él.

—¿Qué sucede? ¿La han encontrado? — preguntó por lo bajo, el guardia se contrajo en su sito mientras afirmaba con nerviosismo. — Sí, pero…— entonces decidió callarse sintiendo la mirada asesina de Zuko matándole.

—¡Habla de una maldita vez o te quemare la boca! — le amenazó fuera de sus casillas, el guardia abrió sus ojos con temor mientras suspiraba.

—El Avatar su majestad… él, la ha secuestrado.

Y como si el mundo repentinamente fuera gris y un gran balde de agua fría le hubiera caído sobre su cuerpo, Zuko abrió sus ojos con horror. El Avatar… ¿Cómo era posible? ¿Acaso él había escapado? ¡Pero era imposible! Se suponía que estaba en los calabozos bajo una gran protección y… ¡Katara! Era verdad… El Avatar había secuestrado a Katara, ¿pero por qué? ¿Por qué lo habría hecho? Sin comprender muy bien las palabras del guardia una extraña rabia le llenó en su pecho, soltando un suspiro de resignación y lleno de cólera, Zuko empujó al guardia para quitarlo del camino. Observó como Azula sonreía divertida sobre el rinoceronte con aquella expresión en su rostro pareciendo disfrutar de la frustración de Zuko. Y sin decir nada más, Zuko jaló la pierna de su hermana para quitarla del animal.

—¡Imbécil! ¿Quién te crees para…

—¡Cállate! — le alzó la voz su hermano y por primera vez en muchos años, Azula guardó silencio ante la actitud de Zuko. Podría haber jurado ver la misma muerte en los ojos del chico. Una vez que ella piso el suelo, Zuko se montó sobre el rinoceronte tomando la riendas con fuerza. Ordenó al animal que siguiera el rumbo de aquel bisonte volador mientras la princesa de fuego se sentía humillada y observaba a su hermano salir de aquel lugar.

Maldito Zuko.

¡Maldito!

—¡Ya lo verás Zuko! ¡No te saldrás con la tuya! — gritó fuera de sí antes de hacer un pequeño berrinche y golpear el suelo con su pie. Tenía tantas ganas de desahogarse con alguien o algo, que, cuando miró a su lado, el soldado que había dado la noticia le observó horrorizado. Una sonrisa escalofriante adorno el rostro de Azula.

Cuando estaban seguros de haber perdido la mayoría de los soldados de sus vistas, Appa hizo caso a la orden de Aang en que se detuviera. Ahora, se encontraban cerca de las orillas de la playa con las olas cerca de sus pies. Katara sintió la fina arena y la fresca brisa del mar… Todo aquello le recordaba tanto a su Tribu. Mirando de soslayo como Aang y Toph se mantenían en la arena, el bisonte dio un suspiro para descansar un poco. Había estado volando cerca de algunos minutos que habían llegado a las orillas de la Nación, donde el gran océano se extendía. Por unos segundos, Katara notó la gran Luna en el cielo de aquella noche. Pensando que ya era suficiente para descansar y que debían de partir, Aang subió al bisonte mientras Toph descansaba en el lomo de éste.

—Katara.

La princesa alzó su vista con aquellos hermosos ojos azules brillando.

—Por favor, ven con nosotros…

Aquella frase causó que ella emitiera un leve respingo y ahí, observó como el Avatar le extendía su mano para que montara de nuevo al bisonte… Era una llamada, una invitación, algo que podría tomar para poder escapar de aquel lugar.

—Yo…

—¡Por favor Katara! Eres…— el niño soltó un suspiro. — Katara, soy el Avatar… sabes que uno de mis deberes principales es detener esta guerra— la morena le miró. — Pero he visto todo lo que hiciste por nosotros y de verdad te lo agradezco, necesitó dominar los cuatro elementos para poder detener todo esto. Sé manejar el Viento y Toph se encarga de enseñarme las técnicas de Tierra Control. — la nombrada sonrió de lado. — Pero aún me falta dominar el Agua Control, Katara, si tú vienes con nosotros podrías ayudarme aprender… Serías una maestra para mí.

—Aang…

—Katara, deberías venir… No veo porqué quieres estar aquí. — comentó Toph. — De verdad estoy agradecida de haberte conocido chica, eres muy valiente. — sonrió. — Y tienes unos grandes poderes que me hubiera gustado haber visto más en acción. — se burló Toph con inocencia para después sonreír nuevamente. — Aang tiene razón, ven con nosotros… serías una gran maestra. Aang necesita quien le ayude con sus habilidades.

—¿Lo vez? Toph está de acuerdo…— Appa emitió un sonido. — Y a Appa le has caído muy bien, de verdad Katara, ven…

—Es que…— entonces ella dio un paso al frente mientras todas sus dudas y temores se amontonaban para hacerle sentir mal. Extrañamente había alzado sus brazos para tomar la mano del niño y aceptar la invitaron… Así podría irse de aquel lugar y dejar que el destino no arruinara su vida, aquella vida a la cual se sentía tan atada a esa Nación donde tenía un futuro tan desgraciado, como para casarse con un príncipe al cual no amaba.

Zuko…

No, no debía hacerlo. Tenía que quedarse en ese lugar, era demasiado peligroso irse de la Nación del Fuego. Así que, sonrió tristemente mientras retiraba con delicadeza su mano de la de Aang ante la mirada interrogante de éste, haciendo un mohín de sus pensamientos, Katara se encogió algo de hombros.

—Ah sido un placer haberte conocido Avatar. — comentó Katara. — Pero no puedo ir… tengo un destino que cumplir aquí, por más que no quiera.

—¡Pero Katara…!

—Lo siento Aang. — sonrío con tristeza. — Pero debes de irte, los soldados están lejos pero aún así es tu mejor oportunidad de huir…— sus ojos azulados hicieron contacto con los grises del niño. — Aang, ve y sigue tu sueño. Yo trataré de que los míos no interfieran en mi destino… Tienes un gran destino al igual que yo entre tus manos, y estoy segura, que pronto podrás dominar los cuatro elementos como Avatar que eres.

—¡Pero no encontraré una maestra como tú en ninguna otra parte!

Las mejillas de Katara se tornaron de color rosa nuevamente.

—Tal vez sí…— sonrió. — Pero tienes una excelente Maestra Tierra a tu lado. Aang, de verdad, es hora de despedirnos. He de agradecerte lo que has hecho por mí. — el niño alzó su vista solamente desconcertado. — Has hecho que mi forma de pensar cambiara y que toda esa valentía que había olvidado regresara, gracias Aang.

—No Katara, gracias a ti.

Un momento de silencio se infiltró en aquel lugar mientras Toph suspiraba y Aang miraba con tristeza a la princesa Katara. Había sentido un gran cariño por ella cuando la había visto la primera vez en aquel calabozo llegar de improviso y el haberle ella prometido que lo liberaría, sin duda alguna, Katara era una chica muy valiente. A pesar de esa frágil apariencia bajo esa coraza había una gran guerrera. Habría sido maravilloso que ella hubiera aceptado para así ir juntos hacia otro lugar, pero no sabía los motivos o razones por lo cual ella tendría que quedarse. Sin reclamar o decir algo más, Aang sonrió derrotado aceptando la decisión de Katara.

—De acuerdo Katara. — Aang le miró. — Pero antes de irnos, tú también debes de irte. No quiero pensar lo que puede suceder si los soldados de la Nación del Fuego se enteren que me has ayudado a liberarme.

—Es verdad…— murmuró ella. — No había pensado en eso.

—¡No! No quiero saber que tú corres peligro después de todo lo que has hecho por nosotros y…

—Tranquilo Aang. — habló Toph. — Hay una forma para que los soldados de la Nación del Fuego no crean que está de nuestro lado. — el niño le miró con un semblante de duda. — Katara, gracias por todo pero veo que ya tenemos que irnos. —miró al niño nuevamente. — Aang, puedes utilizar el viento para poder alterar todo el lugar. Así, cuando alguien encuentre a Katara, pensarán que estuvo en batalla con nosotros para poder liberarse. Seguramente ellos han de pensar que la secuestraste o algo así.

—¡Es verdad! — sonrió Aang. — Muy bien… con cuidado Katara.

Y la princesa asintió con lentitud antes de que el chico extendiera sus brazos y una fuerte oleada de viento arremetía la pequeña playa, el lugar comenzó a llenarse de caos mientras el agua se movía de un lado a otro y las pocas palmeras o flora que había por ahí, se desprendían de su sitio dando un aspecto como si un mismo huracán hubiera pasado.

—Aang, es hora de irnos. — le apuró Toph.

—Lo sé…

—¿A dónde irás Avatar? — preguntó Katara acercándose hasta el gran bisonte.

—Iremos al Templo del Fuego, en la Isla de Luna Creciente… necesito hablar con alguien. — sonrió el niño. — Katara, es hora de partir… ¡Por favor cuídate! —sonrió ampliamente mientras Katara también lo imitaba. — ¡Muy bien, Appa! ¡Yip yip!

—¡Aang! — gritó Katara mientras corría por la orilla de la playa observando como el niño calvo se elevaba junto con Toph en ese gran bisonte volador— ¡Avatar! — se detuvo ya no resistiendo más la respiración.

—¡Hasta luego Katara! Algún día nos veremos nuevamente. — sonrió agitando su mano con felicidad, Toph también lo imitó antes de que Appa volara cada vez más alto.

El lugar se volvió vacío y sin vida mientras Katara miraba como el bisonte ya había desaparecido de su vista. Una vez que él ya se había alejado, se dejó hacer pesadamente sobre la fina arena de la playa. Sus ojos se llenaron inexplicablemente de lágrimas mirando el lugar por donde Aang se había marchado… Habría querido acompañarle, explorar el mundo y salirse de aquella cárcel la cual había sido su hogar esos últimos días. Pero no podía hacerlo…tenía un destino que cumplir, y suspirando con resignación, Katara miró con decisión al extenso mar frente a sus ojos. Ella era valiente y no dejaría que nada se atravesara en su camino, era una princesa y su orgullo latía más que nunca para recuperar toda su dignación. Si ella había podido liberar al Avatar de los calabozos, tal vez… quizás, podría detener la misma guerra.

El compromiso.

Esa era la única opción.

—¡Katara!

Y la nombrada se giró para mirar como un rinoceronte enorme salía de entre la maleza, montándolo, el príncipe Zuko ordenaba al animal a que se detuviera a escasos metros de la princesa. Por su parte, Katara le miró extrañada… No siempre, en todo el paso del tiempo que había estado en el castillo, el príncipe se había dirigido hacia ella por su nombre. Y ahora que lo veía, parecía que había estado muy desesperado y angustiado debido a su aspecto. Cuando Zuko había bajado del rinoceronte un gran suspiro salió de su boca, mirando en la arena como Katara alzaba su cabeza para mirarle.

—¿Estás… ¡¿dónde se encuentra el Avatar!? — cambió de expresión a una más aliviada mirando por todas partes el lugar, la playa estaba casi destruida signo tal vez de alguna batalla.

—No lo sé…—murmuró Katara desviando su vista. Estaba extrañada, encontrarse con el príncipe Zuko en aquel lugar… habría jurado que tal vez los guardias podrían haber venido a rescatarla o estarla buscando pero de Zuko, eso era algo de qué pensar.

—¿Tú…?— pero guardó silencio un momento, observando como Katara se tomaba su tiempo para descansar sobre la arena. Parecía que ella estaba verdaderamente cansada y no había sido la única, que había vivido hace horas atrás algunos momentos nerviosos. Por un instante, la rivalidad entre ambos se vio anulada mientras el príncipe soltaba un bufido y pateaba la arena, al menos la había encontrado… y viva.

Y cuando Katara estaba más que cansada, sintió un par de brazos alzarla de la arena como si se tratara de una muñeca.

—¿Pero qué…?!— exclamó asustada la sentir como Zuko la colocaba de pie cerca de él y sosteniéndola de los hombros para que no cayera.

—Estás herida. — comentó con frialdad, Katara desvió su vista hacia su brazo izquierdo… no lo había notado, es más, no había sentido cuándo o cómo se había hecho la herida aquella. Su brazo se mantenía en mal estado, con aquella herida de pequeño tamaño pero con una gran cantidad de sangre en ella y arena. La mirada de Katara se volvió fugazmente triste, tal vez, se habría lastimado en el calabozo cuando parte del techo había caído o cuando los soldados les habían atacado.

Un incómodo momento de silencio les envolvió mientras Katara no dejaba de mirar a Zuko, que a su vez, había desviado su mirada totalmente sofocado ante aquella situación. Y cuando Katara extrañamente había dejado salir una pequeña sonrisa, Zuko le miró ahora extrañado.

—¿Qué es tan…

—Lo siento. — se rió ella cubriéndose con una mano su boca para no soltar una carcajada. — Es sólo, que me es gracioso pensar que viniste a mí porque estabas preocupado.

—Nunca dije que estaba preocupado por ti. — se defendió mordazmente. — Por mí que te hubiera hecho el Avatar lo que fuera, seguramente te dejó libre por lo inútil que eres.

La risa de Katara inmediatamente se detuvo mientras ella fruncía el ceño.

—¿Qué? ¡Eres un…!

Ahora fue el turno de Zuko se esbozar, lo más parecido, a una sonrisa socarrona. Llegó al punto de saber, que le era fascinante molestar a Katara, ver como ella se humillaba con facilidad y se inflamaba ante cualquier insulto que él le daba.

—Ya, es hora de irnos

Y el príncipe Zuko había caminado hasta el rinoceronte con una Katara atrás de él, antes de subir, ella se había mantenido estática en su sitio mirando por donde el Avatar había huido. Dejando salir una pequeña sonrisa y sintiéndose diferente, montó con cuidado sobre el rinoceronte sin que Zuko dijera algo más o tratara de hacerla sentir mal. Las palabras no bastaron y el príncipe dejó salir un suspiro que por un instante, Katara lo percibió como uno de alivio. Mientras ambos se dirigían al castillo en aquel rinoceronte, Katara se había aferrado con fuerza a la cintura del príncipe para no caer. Casi, por un momento, aquello no le había parecido repugnante la presencia del chico tan cerca suyo; sin embargo, no sé explicaba el por qué de aquella extraña seguridad al saber que estaba a salvo. Quizás, algún día, sus diferencias podrían desparecer y sólo llegarían a ser Katara y Zuko. Pero por ahora, había una pequeña tregua aunque sólo durara de ahí hasta el castillo.

Pero se dice, que aquella noche el Señor del Fuego entró en ira, al saber sobre la huida del Avatar.

Continuará…

/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/-/

¡¡Uuff!!

¡Listo! ¡Hasta que pude terminarlo! xD

Hahahaha He de aclararles que este capítulo es el más largo que he escrito en mi vida. Pero también es uno de los más importante en el fic, ya qué, a base de éste, muchas cosas se desatarán más adelante. Como ya había mencionado antes, traté de separarlo en dos capítulos pero mejor lo quise dejar así de largo para que valiera la pena el tiempo en que tarde en actualizar. Tenía planeado ponerlo hace una semana, pero como acabo de entrar en semana de exámenes, sólo le había continuado de poco a poco… ¡Pero gracias a Dios que ya lo termine!

¡Wiii! Ha salido Ursa ahahaha espero que también aparezca más seguido y bueno, Toph también lo ha hecho, aunque no hubo tanto Toph/Aang -haha que pareja tan cute xD- Sólo era una "introducción" a estos personajes… Probablemente aparezcan más adelante en el Fic pero por lo pronto ya saben que lo estarán ¡Wapsh! Como me cae bien Toph, es tan gruñona, socarrona y orgullosa XD Hahaha Toda una Maestra Tierra y sobre todo, siempre me gusta verla cuando pelea ¡Es genial!

Espero que les agrade el capítulo, de verdad me gustaría poner más cosas pero ya ando algo cansada de escribir todo esto y ya tenía ganas de publicar el capítulo xD Hahah gracias a todos por el apoyo que he sentido en estos días, de verdad… mil gracias y abrazos. No se preocupen, el próximo capítulo habrá más Zutara porque las cosas ya están empezando a andar… xD Pero hahahaa adoro las peleas que tienen, ya saben, que del odio al amor solo hay un paso. Estos dos son tan complicados… y también, ya tengo muchas ideas sobre el siguiente capitulo así que lo haré lo más pronto posible n.n

Bien, gracias por leer el fic, nos vemos a la próxima que será muy pronto Muahahahaha las cosas se pondrán buenas.

¡Abrazos!

Dale clic al botón 'Review' para que Zuko vaya a tu casa con ropa provocativa esta noche ((XD hahaha lo siento, no pude contenerme))