¡HOLA DE NUEVO! :D ¡Así es, amados lectores! Al fin me decidí por continuar esta historia.
Hubo gente que me pidió que la continuara, y como yo no se decir que no pue' :3. ¡TADÁ! Espero no defraudarlos D:
Llevo meses intentando escribir este capitulo ¡PERO FUE TAN DIFÍCIL! Comí helado, fui al parque, vi muchas peliculas ¡HASTA LLEGUE A VER TITANIC! con tal de inspirarme. Pero noup, es un capitulo rebelde.
Y se que es poquito para tanto tiempo. PEEEEEEEEEEEEERO, es que aun no termino :3
Ya estaba a punto de terminarlo, cuando me dí cuenta de lo depresivo que era D: ¡YO QUERÍA QUE LEN FUERA FELIZ! Por eso lo reescribí ¡Y WALÁ! En un día, ya estuvo ;D
Aunque creo que el otro es mas real...
Este terminó siendo un final feliz para todos. Jajaja terminó muy Disney xD. Pero es que me gusta leer finales tristes ¡NO ESCRIBIRLOS! D:
Tal vez lo termine y lo suba como un segundo final. Así ustedes deciden cual prefieren :)
Espero que les guste, mis amados c:
¡Nos vemos abajini!
Me agarré con fuerza los brazos, sin temor a arañarme. Me clavé con fuerza mis uñas, sin temor a sangrar. Me mordí con ímpetu la lengua, no temía el perderla. Me jalé los vellos, me encajé las uñas en todo lo que pude, me pellizqué por todos lados, sin temer al dolor. Porque en el fondo quería arañarme; quería sangrar; quería perder la lengua, con tal de quedar callado y dejar de lastimar a los que amo; quería sufrir, quería al dolor. Solo el dolor me ayudaba a aceptar de poco en poco la realidad. Algún día sufriría tal grado, que aceptaría por completo que esta era mi vida…
Observé sus rubios cabellos, encajando un poco más las uñas en mis brazos, para detener el deseo de acariciarlo. Observé su blanca piel, que apenas podía diferenciar del blanco vestido; esa porcelana que mis labios morían por besar. Sus rosados labios, esos tan prohibidos que daría lo que fuera por probar al menos una vez. Esos ojos, cuyo color era mi favorito, y que sin embargo cuando veía ese color en los míos, no resultaba tan hermoso…
Y su sonrisa.
Esa era la única razón por la que estaba allí. Era por ella que soportaba ese dolor, y cualquier otra cosa. Me orientaba, y me regía. Tenía un descomunal poder en mí. La amaba tanto. Era simple y sencillamente la razón mi me existencia, porque yo haría lo que fuese necesario para ver al menos un rayito de ella. Su sonrisa era mi debilidad.
Por ella lograba soportar a la gente, al lugar, a las decoraciones, a las constantes preocupaciones sobre el pastel o el vestido, su prometido, la fuerte punzada en mi pecho…
Todo.
Aunque tuviera que repetírmelo un millón de veces al día para no salir huyendo de esa viviente pesadilla.
-Yo, Dell Yowane, te tomo a ti, Rin Kagamine, como mi esposa. Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad. Amarte y respetarte todos los días de mi vida.
Yo debería estar en su lugar. Yo debería ser quien diga esas palabras, quien sonría de esa forma y tuviera ese brillo en los ojos.
-Yo, Rin Kagamine, te tomo a ti, Dell Yowane, como mi esposo. Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad. Amarte y respetarte todos los días de mi vida.
Debería ser a mi quien Rin dirija esas palabras. Debería mirarme a mí de esa forma, aquella en la que dos personas parecen verse y enamorarse mil veces más en un segundo. Debería ser a mi quien le tome las manos.
-Rin Kagamine ¿aceptas a Dell Yowane como tu esposo- El sacerdote colocó una mirada de ternura sobre ambos novios. Yo quería vomitar.- amarlo y respetarlo, de hoy en adelante, en lo próspero, en lo adverso, en la riqueza, en la pobreza, en la enfermedad y en la salud, hasta que la muerte los separe? Sentía una barbaridad de emociones revolverse en mi estomago. Por Moisés, estaba a punto de vomitar.
Vamos, di que no.
-Acepto.
Sentí una nueva puñalada en el pecho, abriendo la herida de la primera que sentí; hacía doce años, cuando vi las lágrimas de Rin al leer mi carta.
-Si alguien tiene alguna razón para oponerse a esta unión que habla ahora o calle para siempre...
¡Yo! ¡Yo sé! Te amo, Rin. Quiero que seas feliz, pero quiero que lo seas conmigo.
Pero no dije nada.
Y si, tal vez yo era quien debería estar ahí, compartiendo ese momento con ella, abrazándola, sonriéndole, mirándola con ese inmenso amor de ser correspondido, uniendo nuestras manos como un símbolo de lo que fuimos, éramos y seríamos.
Pero sin embargo, no lo hice.
Por qué Rin Kagamine es mi hermana y no hay nada que yo pueda hacer para cambiar eso.
Por ello me tocaba estar ahí, sentado, observando cómo se besaba con la persona que me había robado mi lugar, y que aún así le debía todo. Porque el si iba a hacerla feliz como ella merecía, y yo no tenía palabras para agradecerle por ello.
Y sé lo masoquista que había sido de mi parte el ayudar con los preparativos, calmar las preocupaciones tan comunes y sencillas de la novia, consolarla, prometerle que todo iba a salir bien; compartir tardes de hombres con el novio y hacerle jurar que la haría feliz; siempre sonreír; abrazar a todo mundo, poner sus problemas por delante de las míos, estar ahí en todo momento. Y finalmente, presenciar la boda entera.
Pero cuando Rin bajo del altar, tomada de la mano de su nuevo esposo, con esa inmensa sonrisa envuelta en lágrimas, fue una de las imágenes más hermosas que he visto en mi vida. Todavía la tengo grabada en mi mente para repetirla cuantas veces quiera. Y cuando entre todos los invitados, me dirigió su mirada a mí; esa mirada tan llena de amor y confianza que hacía estremecer cada fibra de mi ser, porque sabía que esa mirada era para mí, Len kagamine, y para nadie más… Supe que cada lágrima, cada coraje, cada punzada, había valido completamente la pena.
Y yo no haría nada que estuviera en mis manos para cambiar ese momento.
3.-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-33-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-3-
Esa era una de las pocas veces donde podía agradecer mi extremada preocupación por todo lo me rodeara, lo supe cuando sentí el frío intentar colarse entre mi sudadera. Todas esas mujeres con sus vestidos que cubrían menos de un taparrabos, debían de estarme viendo con odio. Si no fuera porque estaba de un humor de mierda, ya se la habría prestado a la primera señorita que hubiera visto. También agradecí por ello. No era que me agradara estar en esos humores y dejar de lado mi caballerosidad, pero no creía estar de buen humor en un largo tiempo, y un resfriado no ayudaría en lo absoluto.
El suave viento soplo sobre mis cabellos, y lejos de molestarme, me estremecí de placer. Era una bella noche, mucho más bella que cualquiera que hubiera visto en un largo tiempo. Admiré con sorpresa como cada sonido, movimiento y olor creaban todo un espectáculo que resultaba injusto que el ojo humano pudiera observar. La Luna era redonda y brillante ese día, alumbrando cada esquina de la ciudad sin la necesidad de la ayuda de un foco alguno. Era preciosa. Y a mi parecer, las estrellan brillaban más que nunca. Era simple y sencillamente la noche perfecta para casarse.
Suspiré con cansancio. No era posible que me pasara esto a mí. Tal vez mis acciones no hayan sido las mejores, pero era un humano, cualquiera se equivocaba. Podría asegurar que no merecía todo ese dolor.
Podía escuchar la música detrás de mí, recordándome que la realidad esperaba. Pero quería quedarme ahí, en ese patio disfrazado de paraíso, donde el dolor no era más que un oscuro recuerdo. Y aunque en ese momento me encontraba embriagado por el frío y el suave ronroneo de las hojas y pétalos de las plantas, sentía esa pesadez en mis hombros. Esa pesadez llamada cobardía.
Me sobé la frente con lástima. Solo era un triste cobarde. Hasta yo sentía vergüenza de mi mismo.
-¿Len?
Me voltee con cuidado para no derramar el vino de la copa. Allí estaba el centro de mi universo, tan bella con ese sencillo vestido blanco de manta y ese grande suéter de lana. Sonreí sin poder evitarlo. La luna la hacía ver verdaderamente perfecta.
-Princesa…
Ella me sonrió de vuelta, acercándose con calma. Sus pequeños píes se encontraban descalzos y me pregunté si se habría estremecido al rozarlos con el rocío del pasto.
-¿Qué haces aquí? Te estás perdiendo de toda la diversión, Len.- Logré captar el tono de sarcasmo en su voz, haciéndome reír involuntariamente.
-Solo salí por un poco de aire, ya sabes, para recargar mis baterías antes de saltar de nuevo a la fiesta.
Su suave risa me puso la piel de gallina. Era mejor que cualquier sinfonía.
- Buena idea. Meiko ha comenzado a bailar sobre las mesas, necesitaremos refuerzos para sacarla de allí.- Dijo con esa sonrisa burlona.
-O tal vez solo deberíamos bailar junto a ella, tú sabes lo que dicen, si no puedes con el enemigo, únetele.
Rin rió de nuevo, haciendo que una larga corriente eléctrica recorriera todo mi ser. Se acercó más a mí, sin abandonar su sonrisa, para tomarme la mano. Brinqué al sentir su cálido contacto, pero aún así apreté gustoso.
-Ya lo he intentado, pero solo he logrado que mamá me regañe.- Soltó un bufido enojado. Reí de nuevo, con esa sinceridad con la que solo ella podía hacerme reír.- No entiendo, yo soy la novia aquí ¿Por qué yo no puedo bailar sobre las mesas? Prefiero las despedidas de soltera, hay más alcohol y no hay reglas.
Dejé de escuchar luego de oír la palabra "novia". Prefería que me torturaran con una gran variedad de utensilios, antes que seguir escuchando cualquier mención del tema.
Rin paró de hablar para mirarme, abriendo los ojos con culpabilidad conforme comprendía la situación. Apretó mi mano con cariño, yo respondí sin ser todavía muy consciente de lo que pasaba a mí alrededor.
-Lo siento, a veces lo olvido.- Me sonrió a modo de disculpa, con la culpa tatuada en el rostro. Solo me hizo sentir peor, pues odiaba que se sintiera así por mí.
-No te preocupes, cualquiera lo olvidaría.- Le regresé la sonrisa, esperando que se sintiera mejor.- Soy tu hermano, es normal que a veces olvides esas cosas.
Se mordió el labio, y asintió, pero yo sabía que cada uno de esos pequeños deslices hacía que la culpa la carcomiera. Mire sus labios, pensando que solo lo hacía para provocarme, aún sabiendo que ella no haría nada de eso. Al menos a mí no.
Compartimos una hermosa vista de la Luna y un sentimiento de serenidad que solo podíamos sentir con la compañía del otro. El silencio en el ambiente, me hacía sentir una calidez en el pecho, disfrutando cada instante de esos momentos. Apreté su mano de nuevo, esperando que nunca terminara esto. Y la vista, era más que bella. Con sus cabellos de oro siendo alumbrados por la luna y sus ojos siendo los reflejos de esta, parecía, sin exagerar ni una pizca, un mismísimo ángel caído del cielo. Tuve que apartar la vista para que no viera mi creciente sonrojo. Quise decirle que se fuera de ahí, que hacía frió y que no quería que enfermara, pero… Todo era tan perfecto, tan colorido, que temía que cuando ella se fuera, todo volviera ser gris.
La necesitaba tanto…
-Quisiera quedarme aquí para siempre…
Brinqué un poco sorprendido al encontrarme con el silencio roto. La observé confundido.
-¿Princesa?
Ella sonrió con calma, sin despegar su vista de la Luna. Sentí mi sonrojo renacer al mirarla de nuevo.
-No quiero irme de aquí, quiero nunca tenerme que ir de este lugar.- La miré con confusión, sin comprender mucho su explicación.
Finalmente, comprendiendo todo, no pude evitar reír con ternura. Era demasiado linda. Quise abrazarla con fuerza, pero eso solo habría arruinado el momento.
-Pero pequeña, aquí no está tu boda, ni tus amigos, ni tu familia, ni tu novio.-Me miró con curiosidad, ladeando su cabeza. Tuve que agarrarme con fuerza de mi sudadera para evitar arrimarla entre mis brazos.
-Eso lo sé, Len. Pero no los necesito.
Abrí los con sorpresa. Esperaba todo menos esa respuesta. ¿Qué estaba intentando hacer? Si quería que me diera un paro, estaba logrando su cometido.
-Pero que cosas dices, Rin. Son tu familia, no podrías sobrevivir sin ellos. Además, también esta Dell, no podrías dejarlo.
Rin rió con cariño. Acabaría explotando si ella no paraba de hacerme sentir esas descargas.
-Len, pero tú no entiendes.- Se volteo a mirarme. Su mirada era tan sincera, tan pura, que siempre terminaba volteando la mía, no queriendo ensuciarla, pero algo pasó esa vez, que no voltee; me quede ahí sin intenciones de moverme… O respirar.- Yo no necesito a nadie más que a ti, hermano.
El mundo se detuvo. La Luna dejó de brillar, los pájaros dejaron de cantar, el viento había dejado de soplar, llevándose con él el ronroneo de las hojas y los temblores de los pétalos. Todo era de un solo color, y no era ni rosa, ni gris ni morado; era azul.
-Yo…
-Por eso necesito que lo entiendas, Len. No importa cuántos años, gritos, peleas o tristezas, jamás va a haber nadie en este universo a quien ame más que a ti.- Mi corazón se detuvo. Cada miembro de mí quedó quieto, con tal de concentrarse en cada palabra que saliera de su boca.- Y debes prometerme que nunca lo olvidarás.
Claro que no podría olvidarlo. No había nada que pudiera hacerme olvidar ese momento. Ahora todavía, a veces antes de irme a dormir, cierro los ojos y lo recuerdo, entonces mis fuerzas se recargan y río, haciendo que Luka me vea con confusión, yo solo le sonrío y le acaricio su mejilla, diciendo que no es nada. Pero es mucho. Fue uno de los mejores momentos de toda mi vida.
-Lo prometo.-Nos sonreímos, ambos deseando quedarnos ahí por el resto de nuestras vidas.- Te amo, Rin.
- Y yo a ti, Len.- Una lágrima cayó por su mejilla.
Con una gran preocupación, alcé mi mano para borrarla. Al hacerlo noté que no era la única que lloraba. Y entonces nos abrazamos. No sé cuánto tiempo estuvimos así, tal vez minutos, horas, o hasta el final de la fiesta. Lo único que sé es que Rin olía a Naranja, la naranja más dulce que probé en mi vida. También sé cuantas lágrimas lloró. Fueron 50, para mi gran pesar. Odiaba ver otro gesto en ella que no fuera felicidad.
Después de esa fiesta desaparecí. No supe más de la familia Yowane por un tiempo. Vagué durante años, alcanzando hasta la más oscura esquina del mundo. Aprendí cosas, muchas, demasiadas. Cada lección es un tesoro inolvidable que desearía compartir con cada persona, para que entonces ellos vieran la vida como yo la veía. Y a eso me dedico ahora. Soy escritor de novelas.
También aprendí a enamorarme. Y me casé, dando como resultado a tres pequeñines, a los que adoro con toda mi alma. Sus nombres son Rin, Nana, y el tercero, el único hombre que tuvimos, es Kaito, en honor a la persona que me mando aquella cadena en mi adolescencia. Los cinco somos muy felices.
La noche de mi boda, levanté la cabeza, con mi Luka entre mis brazos, y me encontré con la Luna. Era redonda y hermosa. Sonreí, porque era la noche perfecta para casarse.
Una vez al mes recibo cartas de Rin, que siempre consiguen sacarme una gran sonrisa y mejorar mi día. Su vida es buena. Tantos años casada con Dell dieron frutos a una pequeña. Rin me prometió que de haber sido hombre le habría puesto mi nombre, yo solo pude reír. Su nombre es Ame, una palabra japonesa para "lluvia". A pesar de todo, ninguno de los dos puede mencionar esa mañana de lluvia cuando encontró la carta, lo que para mí está bien.
La amo, nunca dejaré de hacerlo. Sin embargo, aprendí a controlarlo, y ahora puedo verla sin sonrojarme ni ponerme nervioso. Nunca olvidaré lo que sentí por ella, porque ella siempre será mi primer amor.
Soy feliz, tanto como esa noche fui. Solo que esta vez es interminable, y agradezco a la vida por ello.
¡TAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AAAADAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA AÁ! ¿Les gusto? :D ¡Espero que si! Creo que me siento satisfecha con el final... pero todavía no estoy muy segura O.o
Snif, snif... Me he puesto sentimental... Mis hermosos vocaloids son felices :'D. Creo que necesito un pañuelo.
¡VAMOS MIS PEQUEÑOS! ¡Comenten! Por favor, necesito saber que tantos meses de preocupaciones han valido la pena, si no me deprimiré :c
¡Los estaré esperando! :D
¡CUÍDENSE MUCHO! Tengan un día precioso :3
¡Chaito!
