Capítulo 4. Una invitación que no puede rehusar
Aparentemente concentrada en cortar las verduras en perfectos cuadritos de poco más de un centímetro, Nara Yoshino no podía evitar fruncir el entrecejo.
Estaba molesta tanto con su esposo como con su hijo.
Sí, con ambos y por la misma razón: su joven invitada de nombre Sabaku no Temari, que en todo caso no era más que la víctima inocente que no tenía ni idea de lo que pasaba a su alrededor… o por lo menos, eso había concluido la matriarca del clan de las sombras, que con nula delicadeza vertió el kilo completo de zanahorias picadas en la cazuela llena de hirviente agua.
Aunque realmente no conocía tanto a la susodicha como para dar por sentado que no había tenido nada que ver con la situación en que se había metido, lo cierto es que a quien sí conocía a la perfección, era a su joven vástago, de quien sospechaba como el principal culpable de que la embajadora hubiera salido junto a Shikaku… y era precisamente eso lo que había hecho que se molestara tanto con ellos.
Por Kami, ¿era acaso posible que ese hijo suyo tuviera sólo aire en la cabeza?
¡Como se le ocurría permitirle a su padre llevarse a Temari y no sólo una sino dos ocasiones en el mismo día y a sólo él sabía donde!
-Pero esos dos me van a escuchar, ya lo verán – balbuceó furiosa la matriarca.
Y resoplando con fuerza, Nara Yoshino comenzó a cortar la carne para el guisado con brusquedad, mientras pensaba en la mejor forma de hacerlos entender que lo que estaban haciendo, estaba muy mal.
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-Estoy impresionado – dijo de pronto Shikaku, complacido ante la eficacia de su joven acompañante que hasta aquel momento había demostrado una agilidad y precisión para localizar y cortar en el punto exacto cada uno de los ingredientes que durante la tarde juntos habían estado recolectando. –Shikamaru tarda una eternidad buscando cada planta, y en cambio tu lo haces con tanta facilidad… eres una Jounnin sin lugar a dudas – le halagó el cabeza del clan Nara, verdaderamente satisfecho del gran avance que con ayuda de Temari habían conseguido lograr.
Y ella, tras dejar el último trozo de corteza en su respectivo montón, se limpió cuidadosamente las pequeñas gotas de sudor que desde hacía unos minutos habían aparecido perlando su frente bajo el flequillo.
-Sólo soy buena observadora, no es para tanto – comentó con falsa modestia la muchacha, esbozando una orgullosa sonrisa que echaba por tierra sus intentos de humildad.
Y Shikaku, esbozando una media sonrisa muy similar a la que en ocasiones ella le había visto esbozar a Shikamaru, le respondió mientras comenzaba a guardar los ingredientes recolectados en diferentes sacos.
-Estoy seguro de que tus padres se sentirían muy orgullosos de ti – siguió halagándola él, y sin embargo, ante éste último comentario, el alegre y orgulloso rostro de la señorita, en cuestión de segundos se ensombreció.
-Mi madre tal vez… pero mi padre lo dudo – le dijo casi en un susurro, desviando la mirada mientras comenzaba a ayudarle en su labor, y aunque el Nara pensó que lo mejor sería no insistir y cambiar el tema, algo el la expresión de la muchacha no se lo permitió.
-¿De verdad lo crees así?- le preguntó mirándola con discreción. No quería hacerla sentir presionada, y aunque por un segundo pensó que ella se negaría a hablar del tema, finalmente le respondió.
-Siempre tuve la sensación de que hiciera lo que hiciera, nunca lograría llenar sus expectativas, - le dijo encogiéndose ligeramente de los hombros.- Él era muy estricto y siempre nos decía que teníamos que entrenar más y más… a veces pienso que ni siquiera nos veía como a sus hijos… - terminó diciendo mientras movía ligeramente la cabeza en forma negativa, y aún cuando la miraba de reojo, Shikaku notó en sus verdes ojos un dejo de tristeza que le estrujó el corazón…
-Sabes Temari – le llamó de pronto el hombre tras unos minutos en silencio, apoyando una de sus manos sobre el hombro de la chica, que al instante lo miró a los ojos… - si tú fueras mi hija, ten por seguro que me sentiría muy orgulloso de tus logros… - le dijo, y algo en el interior de la chica se removió…
-Arigato – agradeció la rubia en un susurro, sintiendo de repente su corazón latiendo acelerado, y como respuesta, Shikaku esbozó de nuevo una media sonrisa.
-Según tengo entendido, gustas de las castañas asadas ¿verdad?- preguntó y ella silenciosa asintió. - ¿Te parece si vamos a por unas después de llevar esto ante la Hokage? – le dijo, y ella, sonriendo de nuevo sincera, asintió enérgica ante tan maravillosa propuesta…
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Sintiéndose con la cabeza en las nubes, Shikamaru releyó como por décima vez el documento en el que teóricamente estaba trabajando. Un código sencillo y que aparentemente no tenía gran problema, y que sin embargo le estaba costando mucho más trabajo del planeado, simplemente porque no se estaba concentrando…
-Mendokusai- gruñó por lo bajo, dejando de nueva cuenta el papel por la paz, levantando de nueva cuenta la vista al techo y suspirando frustrado.
¿Es que acaso así iban a ser los próximos veintiocho días en que tendría tan cerca de sí la presencia de Sabaku no Temari?
Por extraño que pareciera, la sola idea de saber que esa problemática y hermosa rubia ya estaba instalada en el cuarto de huéspedes de su casa, estaba inquietándole de aquella manera… aunque, más que inquietarlo, lo correcto sería decir que estaba poniéndolo increíblemente ansioso…
Sí, completa y totalmente ansioso.
Porque, en aquellos precisos momentos, a poco menos de quince minutos para dar por terminado el día de trabajo, Nara Shikamaru estaba más que deseoso y urgido por salir del edificio para correr con todas sus fuerzas hasta que el aliento le faltara, con tal de llegar pronto a casa y ser recibido por aquellos intensos y brillantes ojos verdes en los que moría por perderse…
Pero, lamentablemente para él, hasta que no terminara de resolver el enigma de aquel frustrante código que tenía enfrente, no podía ir en busca de aquellos hipnotizantes ojos verdes…
Así que, suspirando cada vez más cansado de volver a releer lo mismo una y otra vez, el atractivo estratega volvió a posar su oscura mirada al frente, tratando de concentrarse por última vez en terminar aquel molesto trabajo…
Hasta que de pronto, alguien llamó a la puerta.
-Adelante – dijo con su tono de voz cansino y aburrido, dejando el código de nuevo en el mismo sitio de donde lo había recogido, y en cuanto la puerta se abrió, su corazón de inmediato se agitó.
-¿Estás muy ocupado, vago?- le saludó con una sonrisa la única persona a quien por más que añoraba no esperaba, asomando apenas la cabeza al interior de la oficina. Y luchando contra el impulso de ponerse de pie y sonreír abiertamente, el pelinegro se obligó a permanecer sentado esbozando apenas una sonrisa de medio lado.
-Sólo resuelvo un código, - le respondió levantando ligeramente la hoja, y ella en el acto ingresó por completo a la habitación. – Y… ¿qué haces aquí?- preguntó él a su vez, ocultando perfectamente la emoción en su voz, y ella, sin borrar su pequeña sonrisa, no le respondió hasta que fue y se sentó frente a él al otro lado del escritorio.
-Vine con tu padre, íbamos a ir por unas castañas, pero Hokage sama lo ha entretenido más de la cuenta y hemos tenido que posponerlo – le contó ella, echando un vistazo a la oficina del muchacho.
Y sin bien no era la primera vez que entraba ahí, cada vez que lo visitaba, tenía la impresión de que había algo nuevo, y su curiosidad por descubrir qué era, no cesaba hasta que lo encontraba… y el pelinegro, aunque un tanto sorprendido ante la caballerosidad de su padre al invitarle unas castañas asadas a la muchacha, no dudó ni un segundo en aprovechar la oportunidad.
-Entonces tendré que llevarte yo a por esas castañas – le dijo aparentemente tranquilo, sin quitar sus oscuros ojos del rostro de ella, que distraída siguió observando todo a su alrededor.
-No es necesario, además no vine por eso, sino porque necesito que me digas como regresar a casa – le dijo ella, mirando con mayor atención el estante a espaldas de Shikamaru, que tomando aire, se permitió ser insistente.
-Déjame insistir – le pidió tranquilamente él, manteniendo a raya su nerviosismo, y cesando en el acto la búsqueda, la rubia lo miró directamente a la cara.
-¿Es en serio…? Es decir, tú nunca quieres llevarme- preguntó entre sorprendida e impresionada ya que el puesto más cercano de castañas asadas estaba bastante retirado de la torre en que estaban, y normalmente al heredero Nara le daba demasiada pereza tener que ir hasta allá tan sólo por un pequeño plato de castañas… y Shikamaru, obligándose a desviar la mirada para evitar que ella lo viera sonrojarse, le respondió.
-Mendokusai ¿Cuándo me he negado a llevarte?- le preguntó retóricamente, mirando con falsa atención el código en que no se estaba concentrando, y la rubia, sin apartar su intensa mirada del rostro masculino, permaneció en silencio apenas unos segundos, meditándolo.
-Nunca, pero siempre que quiero castañas prácticamente tengo que arrastrarte o amenazarte – le respondió sin dudar, aunque encontrando divertidamente sospechosa aquella repentina proposición. - ¿Qué estás planeando ahora, vago?- preguntó mirándolo con curiosidad, incluso arrugando ligeramente una de sus delgadas cejas, y él mirándola de reojo, tranquilamente le respondió.
-Sólo estoy siendo caballeroso… planear algo que tuviera que ver contigo sería demasiado problemático – fingió no saber nada él, y aunque aquella actitud en el pelinegro a la rubia le parecía extraña y sospechosa, de momento decidió dejarlo pasar, motivo por el cual se sonrió a sí misma e inclinándose hacia el escritorio del muchacho, le preguntó con voz suave y persuasiva…
-Entonces… ¿me llevaras por mis castañas?- dijo con su brillante mirada fija en los profundos ojos de Shikamaru, quien ante aquella petición y ante aquella hermosa sonrisa, tragó salvia con dificultad apenas conteniéndose para no perder el control y lanzarse sobre ella para devorarle los labios a besos…
-Mendokusai… sí, ya sabes que sí… - le dijo, y ella, dando una casi infantil palmadita de victoria, celebró su capricho concedido…
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-Estoy en casa – anunció con tranquilidad y casi aburrimiento Shikaku nada más cruzar la puerta principal de su casa, y cinco segundos (o menos) después, su aparentemente serena esposa, apareció en el recibidor…
-¿Y Temari?- preguntó de inmediato la matriarca, mostrándose inmediatamente ceñuda al no ver a su invitada ahí junto a su marido, quien nada más quitarse las sandalias y ponerse las de andar en casa, se acercó a ella y le dio un beso en la frente.
-La dejé con Shikamaru – le dijo todavía tranquilo, echando a andar rumbo a la cocina, dejando a su señora ahí parada, ligeramente sorprendida…
-Pero, ¿qué no se había ido contigo? – preguntó de inmediato, echando a andar detrás de él, que esbozando una media sonrisa que ella no vio, le respondió.
-Me ayudó con la recolección de ingredientes para algunos de los ungüentos, pero después la llevé con nuestro hijo. Creo que iba a llevarla a comprar unas castañas asadas o algo así – le contó sin entrar en mayor detalle, y Yoshino, tras esbozar una satisfactoria sonrisa que su marido tampoco noto, asintió y lo adelantó con paso rápido para entrar antes que él a la cocina.
-Supongo que entonces esta noche cenaremos solos – comentó, sintiéndose internamente orgullosa de su joven hijo, a quien achacó aquella brillante idea de salir a pasear con Temari, sin saber que en realidad quien había planeado aquello había sido nada más y nada menos que Shikaku…
Que como buen Nara que era, había sabido distinguir la oportunidad de implementar una estrategia sencilla para ayudar a su querido hijo a pasar un buen tiempo a solas con la rubia embajadora, que fácilmente cayó en la pequeña trampa… aunque, a decir verdad, el plan no tenía mayor dificultad, aceptaba el Cabeza de Clan mientras ayudaba en silencio a su mujer a poner los platos sobre la mesa.
Porque francamente, lo único que Shikaku tan sólo había tenido que hacer, fue mentirle a Temari diciéndole que Hokage sama iba a entretenerlo por tiempo indefinido, además de sugerir la idea de buscar a Shikamaru que no tardaría en salir y así los dos podrían regresar juntos…
Y aunque por un segundo su plan se había visto amenazado, al final la muchacha no lo decepcionó y fue directito a la oficina del joven heredero, para beneplácito del Nara mayor, que convenientemente salió lo más sigiloso posible de la torre Hokage, ya que estaba seguro de que el mayor peligro que ahora corría, era ser descubierto por la rubia de ojos verdes con quien ahora mismo su hijo Shikamaru debía estar ocupado, pasando un fantástico momento juntos…
Y aunque me vi tentada a plasmar un poco de aquella cita que Shikaku arregló para nuestro par de tórtolos favoritos, la verdad es que creo que el capítulo quedó mejor así.
¿A ustedes qué les pareció? Personalmente, mi parte favorita es en donde aparece Temari tanto con el padre como con el hijo, jajajaja xD
Pero bueno, dejando de lado eso, quiero agradecerles a {KaraGabrielle, Ziotzae, Nonahere, Shandel, Immature, YyessyY, Titxu, Tobi94 } por los reviews recibidos, espero de todo corazón que este capítulo haya sido satisfactorio para ustedes y me honren de nuevo con un nuevo review n.n
Cuídense mucho, pórtense como mejor les convenga y nos leemos en el próximo capitulo dentro de un par de meses! Les quiero! xD
