Summary: Una científica un poco alocada, una poción con interesantes resultados y unos guardianes -y no tan guardianes- con las hormonas revolucionadas. Intento de YAOI

Pareja: All27

Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pretenece, pertenece a Akira Amano.

Notas de la Autora: Y aquí llego con la continuación, sé que tardé algo pero no quería subirla hasta haber avanzado algo más con el siguiente capítulo (o lo que es lo mismo, tenerlo ya terminado). Me alegra mucho que haya gente que se ha molestado en leerlo, no lo sabía pero el recibir reviews ilusiona a una bastante xD


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-¡Décimo!—un peliplateado andaba por los pasillos de la mansión. Sus ojos verdes miraban hacia todos lados reflejando desesperación y enfado.

-¿Has visto al Décimo?—interrumpiendo a una sirvienta que llevaba una bandeja con un par de tazas de té y un café. Esta negó y se excusó apretando el paso.

Gokudera Hayato suspiró mientras buscaba su cajetilla de tabaco. Lo sentía por su amado Décimo pero una montaña de papeles -que iba en aumento- le estaba esperando. Le echó una calada al cigarrillo recién encendido y siguió buscando a su querido jefe.

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Tsuna abrió un ojo. Abrió el otro y pestañeó un par de veces antes de mirarse las manos: normales. Se las llevó a la cara. Normal, todo normal y en su sitio. Giró sobre sí mismo buscando un espejo y se topó con Naru que la miraba con una gran sonrisa. El castaño se sonrojó y se enderezó, mira que haberse asustado por una tontería.

-Yo te veo estupendo, aunque si quieres una segunda opinión… -señalando al rubio que seguía con lo suyo.-¡Spanner!—gritó mientras bajaba el volumen de la música. Levantó una ceja al no ver ninguna reacción por parte del nombrado-¡Oi, Spanner! ¿Estás sordo?

La peliblanca llegó hasta el mecánico y le dio una suave colleja que casi le hace soltar a este la piruleta. Spanner miró a la chica mientras se sacaba de los oídos unos tapones. Tsuna entonces entendió por qué no recibía quejas sobre la música.

-¿Qué se te ofrece Naru?—entonces vio a Tsuna—Un honor como siempre joven Vongola—de repente sus ojos se ampliaron y casi se le cae la piruleta de la boca.

-Ha sido todo un éxito

Spanner volvió a cerrar la boca, la cual había abierto de la impresión, sin apartar la mirada del castaño que torció la cabeza lindamente al no comprender nada, ocasionando que un suave sonrojo decorase las mejillas del mecánico.

-Spanner-san ¿se encuentra bien?—preguntó preocupado el castaño olvidándose por un momento de la verdadera razón por la que habían ido a molestar al rubio.

-Debe de estar cansado de tanto trabajar—dijo Naru con una sonrisa mientras veía satisfecha como el mecánico abría y cerraba la boca como un pez.

-No debes esforzarte tanto Spanner-san—dijo el castaño demasiado inocente para su propio bien. El nombrado se llevó las manos rápidamente a la nariz.

-No se preocupe Décimo—respondió Naru por él.

-Bueno, debo irme. Tengo una reunión importante a la que asistir y como me retrase más Reborn me castigará—acompañando lo último con un lindo puchero.

La sonrisa de Naru se ensanchó -si cabe más-.

-En ese caso no pierda más tiempo—cogiéndolo de los hombros y dándole media vuelta mientras le empujaba hacia la puerta—Ciao ciao~~

Nada más cerrarse la puerta Naru se giró hacia Spanner con una sonrisa que rivalizaba con la del gato Cheshire que al rubio le provocó escalofríos.

-¿Ya funcionan las cámaras que instalasteis Shoichi y tú?

-Ehh… sí.

-¿Incluidas las de la sala de reuniones?

-Claro.

-Genial—poniendo rumbo a la sala de seguridad.

-Ey—la interrumpió Spanner y cuando se dio la vuelta le lanzó una de sus piruletas como si premiase a un perro—No olvides guardar esos videos.

-Por las fotos tendrás que preguntarle a Reborn-san—guiñándole un ojo.

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Dino Cavallone quería a su hermanito. Pese a que no tenían ninguna relación sanguínea el Décimo Cavallone consideraba a Sawada Tsunayoshi como su pequeño y adorable hermanito al que debía proteger de todos esos pervertidos entre los que se encontraban algunos de sus guardianes y que querían algo más que una simple amistad con su lindo hermanito… Y qué narices, incluso él mismo quería tener una relación más allá que la de hermanos con ese adorable castaño que, gracias a esa inexistente consanguinidad mencionada antes, no se consideraría incesto ¿verdad? Por eso, cuando se lo encontró en el pasillo este sentimiento se acentúo aún más.

-¿Tsu-Tsuna?

-¿Dino-nii? ¡Ya estás aquí! Pensaba que no llegarías hasta mañana.—El castaño le mostró una encantadora sonrisa.

-S-Sí. Esto… Tsuna ¿Qué-?

-Lo siento Dino-nii pero ahora mismo llego tarde a una reunión y ya sabes cómo es Reborn—yéndose por el pasillo—luego hablamos.

Dino se quedó mirando la espalda de su hermanito atontado. Su mirada captó entonces algo peludo que se movía acompasadamente tras su dueño. Siguió mirando perplejo pese a que Tsuna ya había desaparecido por el pasillo y entonces se dio cuenta de que ahora tendría aún más problemas para hacerse con el corazón del castaño o al menos conservar -si es que aún conservaba- la virginidad de ese adorable… gatito.

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Tsuna caminaba rápidamente por los pasillos de la mansión intentando llegar lo antes posible a la ya tan nombrada reunión, la cual tendría que haber empezado hace ya rato. Desde luego no solo Reborn sino que también Hibari le castigaría y si los castigos de uno ya eran horribles no quería imaginarse cómo sería el de ambos a la vez.

Al pasar por delante de un espejo captó por el rabillo del ojo algo extraño con su aspecto. Paró en seco y se giró hacia dicho espejo para ahogar un grito. De entre sus siempre enmarañados cabellos asomaban lo que parecieron ser dos peluditas orejas de gato del mismo color que su pelo. Levantó las manos lentamente para tocarlas y se dio cuenta, para su consternación, que no era ningún efecto óptico de la luz reflejada en vete a saber tú qué, sino que eran reales -tan reales que noto un ligero cosquilleo bastante agradable-. Entonces se giró rápidamente tanteándose la espalda asustado hasta tocar algo peludito y suave. Tragó grueso antes de mirar lo que había cogido con las manos: una cola de gato.

Y entonces hizo lo que seguramente cualquiera que se encontrara en su situación haría: gritar.

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Gokudera oyó un fuerte grito demasiado familiar que le hizo girar la cabeza como si fuera un resorte hacia la dirección de la que provenía. Corrió hacia allá, preocupado de lo que le pudieran haber hecho a su querido jefe.

-¡Décimo! ¿Está bien? ¿Se encuentra mal?

-¡No!—gritó Tsuna encogido sobre sí mismo haciendo que Gokudera frenase en seco.—¡No te acerques! ¡No me mires!

-¿Décimo?—preguntó preocupado el peliplata acercándose poco a poco a él. Su mirada captó entonces un movimiento tras el castaño—Décimo ¿qué-

-Gokudera—murmuró con un hilo de voz mientras levantaba la cabeza de entre sus rodillas con las manos en el pelo, escondiendo con estas las orejitas.—Naru ha vuelto a hacer del las suyas.

-¡¿Qué? Esa maldita, le voy a enseñar yo a no hacer daño al Décimo—con un puñado de cartuchos de dinamita ya encendidos en las manos-¿Qué le ha hecho esta vez?—Ya más calmado y guardando los cartuchos. Ya se encargaría después de ir a por la científica loca, lo primordial ahora era su Décimo.

-Herbívoros, a qué viene este jaleo. Por perturbar la paz os morderé hasta la muerte.

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Continuará...


Notas de la Autora: ¡Al fin se descubre el pastel! Sí, orejitas y cola de gato. Sé que no es muy original pero ¿no es adorable? *W* Y sí, me gusta dejar con la intriga MUAJAJAJA!

Bueno, espero subir la continuación pronto pero soy la inteligente que deja los trabajos de clase para el final de las mini-vacaciones que nos da la Semana Santa =w= Soy tonta, lo sé. Y vaga también. Podéis echarmelo en cara todo lo que queráis, así me espabilaré más.

Ciao~