Summary: Una científica un poco alocada, una poción con interesantes resultados y unos guardianes -y no tan guardianes- con las hormonas revolucionadas. Intento de YAOI
Pareja: All27
Disclaimer: Katekyo Hitman Reborn! no me pretenece, pertenece a Akira Amano... ya quisiera yo que me perteneciese (yaoi a mansalva!) pero no sería nada original y me lo quitarían enseguida por los fans furiosos ._.
Notas de la Autora: Siento mucho la tardanza D': Ya que han empezado las clases vuelven los exámenes, aunque eso en sí no me quita de seguir escribiendo en cualquier hoja que encuentre. Lo malo es que mi tiempo al ordenador se acorta (solo un rato por la noche) así que no me da tiempo a pasarlo todo y eso desemboca en que tarde más en actualizar. De todas formas espero actualizar al menos una vez a la semana... sorry úwù
Y ya sin más lloriqueos de mi parte, procedo con el capítulo:
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Dino entró hecho una exhalación en la sala y, siendo como es Dino cuando no tiene a ningún miembro de su familia cerca, se tropezó. Al levantarse vio que en el sitio donde momentos antes se encontraba su cabeza había un agujero de bala. Al mirar a los que se encontraban en la sala de reuniones vio como Reborn, su antiguo tutor, le apuntaba con una pistola de color verde que enseguida se transformó en su camaleón. León escaló por el brazo del adulto Reborn hasta llegar al ala de su sombrero, desde donde le miraba con sus amarillos ojos.
-Dame-Dino ¿qué haces aquí?—el ala del sombrero le tapaba los ojos formando una sombra sobre su cara que le daba un aspecto peligroso.
Fon, que se encontraba sentado al lado de Reborn, cogió la taza de té que reposaba delante de él sobre la mesa para así esconder la sonrisa que se le había formado en los labios.
Tras la batalla de los representantes en la que habían conseguido tras mucho trabajo, sudor y lágrimas que el hombre misterioso deshiciera la maldición de los Arcobaleno, éstos habían recuperado sus cuerpos adultos y ahora todos aparentaban tener venti-pocos años. Para Tsuna resultó ser un gran shock, sobre todo porque el asesino a sueldo seguía poniéndose sus ridículos disfraces.
-Tsu-Tsuna ¿dónde está Tsuna?
-¿Lo ves aquí acaso? Parece mentira que hayas sido alumno mío, idiota.
Dino, sin hacer caso a los insultos de Reborn, le echó una rápida mirada a la sala de reuniones en la que se encontraba. Solo estaban Reborn, Fon y Kusakabe. Este último se encontraba de pie tras una silla vacía. Frente a la silla también había una taza de té en las mismas condiciones. Sólo tuvo que sumar dos y dos.
-¿Dónde está…?
-El guardián de la nube estaba aquí hace un momento. Ha ido a buscar a Dame-Tsuna, se tardaba demasiado en llegar. Desde luego, mis alumnos son unos inútiles.
-¡Tsuna!—Al fin recordó el por qué había ido a ese lugar en un primer momento-¡A Tsuna le ha pasado algo extraño! Tiene… ¡le han salido orejas y una cola de gato!
Reborn sonrió.
-Vaya, así que Naru ya lo ha hecho… estupendo.—Levantándose de la silla. —Lo siento Fon pero creo que tendremos que aplazar la reunión.
Y entonces lo supo. Reborn… Reborn siempre estaba detrás de todo lo extraño que sucediera. Ahora sí que temía por la integridad física de su hermanito.
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-Herbívoros, a qué viene este jaleo. Por perturbar la paz os morderé hasta la muerte.
Oh, no.
Iba de mal en peor.
Delante de ellos se encontraba Hibari Kyoya en todo su esplendor y no parecía para nada contento, al menos es lo que demostraban sus brillantes tonfas.
-¡Hiiie Hi-Hibari-san! ¿Qué haces aquí?
-Herbívoro, tardabas demasiado y me cansé de esperar. Por consiguiente, te morderé hasta la muerte.
-¡Hibari, bastardo!—Le gritó Gokudera sacando unos cartuchos de dinamita.
-Deja de hacer ruido herbívoro-escandaloso, vengo a por el otro herbívoro.
-No dejaré que le hagas nada al Décimo—encendiendo los cartuchos que tenía en las manos con el cigarrillo que aún descansaba en sus labios y lanzándoselos. El ex-prefecto los esquivó originando que los cartuchos destrozaran la pared que tenía detrás segundos antes. Se lanzó sobre el peliplateado y lo noqueó rápidamente con sus tonfas.
Genial, más papeleo.
Tsuna, que seguía acurrucado en el suelo, se arrastró hacia atrás mientras Hibari se acercaba peligrosamente.
-Llegas tarde herbívoro—preparando las tonfas.
-¡Hibari-san! L-Lo siento pero hubo un pequeño incidente… y Naru… y entonces…
-Deja de balbucear herbívoro, tus excusas no me valen así que como castigo serás mordido hasta la muerte—lanzándose hacia el castaño con intención de asestarle un tonfazo. Éste lo esquivó rápidamente tirándose a un lado y poniéndose de pie en el proceso.
Hibari logró rectificar en el último momento antes de destrozar la pared -por quinta vez en lo que lleva de semana- y se lanzó contra Tsuna. El castaño se dio cuenta entonces de que había quedado atrapado en una esquina, sin posibilidad de huir. Previendo lo que se le venía encima, cerró fuertemente los ojos esperando el golpe. Golpe que nunca llegó, en su lugar notó cómo algo le tocaba el pelo.
Abrió lentamente los ojos para toparse con el moreno y se sonrojó al notar lo cerca que se encontraba. Entonces se dio cuenta de qué había captado la atención del guardián.
-Lindo—murmuró.
Tsuna se sonrojó aún más.
Y entonces sus miradas se cruzaron.
Hibari apoyó la mano en la pared, al lado de la cabeza de Tsuna, y fue acercando poco a poco la cara. Tsuna volvió a cerrar fuertemente los ojos y esperó…
Esperó.
Y esperó.
No pasó nada.
Nervioso, abrió los ojos. Delante suyo ya no estaba Hibari.
Miró perplejo al pasillo y se encontró con que no había nadie, ni rastro de Hibari o Gokudera. Entonces se dio cuenta de que una extraña niebla estaba empezando a cubrir el vacío pasillo. Seré idiota -se reprochó- había bajado la guardia al ser casi besado… por… Hibari… Se sonrojó fuertemente al recordar lo que había estado a punto de pasar.
-Kufufufufu~…-Un escalofrío le recorrió la espalda. Da igual el tiempo que pasase, la risa de su guardián de la niebla -uno de ellos- le seguía poniendo los pelos de punta.
-Mukuro…
-Pero qué lindo gatito—delante suyo apareció el nombrado—te he salvado de ser comido por el pajarito—la sonrisa que portaba se había transformado en una mueca al decir esto último.
-Pensaba que estabas en una misión—dijo Tsuna nerviosamente mientras se movía poco a poco con la espalda pegada a la pared, intentando alejarse de la esquina en la que se encontraba-¡Hii!—Demasiado tarde, Mukuro ya le había cerrado el paso -y la huída- con su brazo.
-Ya he vuelto y grande ha sido mi sorpresa al encontrarme al pajarito jugando con un lindo gatito… aunque es una pena, te pegaba más de conejito—tocando una de las orejas.
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En una habitación lejos de allí…
-¡Es verdad! Bueno, ya me encargaré de eso la próxima vez…-pensó en voz alta una peliblanaca mientras miraba interesada en unos monitores lo que ocurría. Daba gracias a que las ilusiones de Rokudo Mukuro eran tan poderosas que hasta una cámara de video podía captarlas.
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Ahora se encontraba como momentos antes había estado con Hibari. El ojos heterocromáticos le cogió suevamente de la barbilla, levantándole la cara suavemente mientras acercaba la suya. Tsuna, como había hecho momentos antes en una situación demasiado similar a ésa, cerró los ojos. Y, como también había sucedido momentos antes, no pasó nada.
Bueno, lo cierto es que esta vez sí pasó algo. Oyó un ruido bastante familiar al que ya se estaba acostumbrando, cosa que no le hizo para nada feliz: el ruido que hace unas tonfas de metal al chocar contra un tridente.
Abrió los ojos y, efectivamente, vio lo que más se temía: Hibari y Mukuro estaban luchando duramente entre ellos -si es que acaso luchaban de otra forma que no fuese esa- al fin y al cabo era de conocimiento general que Hibari Kyoya odiaba caer en una ilusión, sobre todo si la originaba un determinado guardián de la niebla.
Era la tercera vez en esta semana y destrozaban a su paso lo que se encontraran, paredes incluidas -los otros destrozos corrían a cargo de su fiel mano derecha y su facilidad para sacar la dinamita que tan famoso le había hecho-. Menos mal que hacía tiempo habían decidido cambiar los cuadros y muebles valiosos por imitaciones para evitar algunos destrozos que quizá fuesen irreparables para la humanidad.
Le echó una ojeada al pasillo viendo que la niebla había desaparecido y que Gokudera seguía inconsciente en el suelo donde lo recordaba.
Entonces recordó que había estado a punto de ser besado, no por uno, sino por dos de sus guardianes. Bueno, no estaba seguro de que el segundo casi-beso hubiese contado, al fin y al cabo se encontraba dentro de una ilusión y… se revolvió el pelo frustrado, debería dejar de pensar en tonterías.
No negaba que algunos de sus guardianes fueran atractivos y… Rectifico: no negaba que algunos de los hombres que le rodeaban fueran atractivos, ya lo había notado hace tiempo. Pero eso no quitaba que fuese heterosexual ¿no? Había estado enamorado de Kyoko en el instituto -sino antes ya- aunque más tarde se había dado cuenta de que ese amor se había ido transformando en el amor que uno le profesa a una hermana. Y se habían hecho grandes amigos, de ahí que ahora ella le llamase "Tsu-kun". Aunque ahora que caía en la cuenta, no se había fijado en ninguna chica más y no hablemos de salir con alguna -ir a la pastelería una vez al mes con Kyoko, Haru y Chrome no contaba-.
Una fuerte explosión lo sacó de su ensoñación. Vaya, Gokudera ya había recuperado la consciencia así que será mejor que pare esto antes de que destrocen este ala del edificio, lo que equivale a más papeleo.
Justo cuando iba a entrar en modo Última Voluntad se oyó un disparo que hizo parar a Mukuro y Hibari. De la nada apareció un látigo que apagó las mechas de los cartuchos de dinamita que había lanzado Smokin' Bomb Hayato.
A unos metros se encontraban Reborn con León aún transformado en pistola y Dino que, tras su heroicidad, se había enredado con su propio látigo -algo bastante común- provocando que a Tsuna le resbalara una gotita por la sien ¿dónde estaría Romario? De todas formas el castaño se sorprendió al ver allí al Arcobaleno de la tormenta, quien contemplaba la escena con su siempre amable sonrisa.
-¡Reborn-san! Es culpa de Hibari, él fue quien comenzó amenazando con golpear al Décimo.
Hibari Kyoya mostró una sonrisa de lado que paso desapercibida -excepto para los ojos de Fon y Reborn-. Golpear no era precisamente lo que quería hacerle al castaño. Frunció el ceño, si no se hubiese metido el herbívoro pelo-piña con sus odiosas ilusiones…
Tsuna notó como los pelos de la nuca se le ponían de punta al notar el aura asesina que emanaba del ex-prefecto.
-Ya estamos todos—dijo Reborn con una peligrosa sonrisa.
-Reborn, no sé lo que estás tramando pero más te vale que-
-¡EXTREMO!—Se vió interrumpido por este carácterístico grito. Ese no podía ser otro que…
-¡Oni-san!
-Vaya, no sabía que celebrábamos una fiesta de disfraces—Tsuna notó como una cálida mano le acariciaba el pelo. Giró la cabeza hacia la voz para ver la perpetua sonrisa de Yamamoto Takeshi—Qué bien logrado está el tuyo Tsuna—mientras le miraba desde más cerca tocándole las orejas. Tsuna se había vuelto a sonrojar.
-¡Deja en paz al Décimo, idiota del béisbol!—le gritó Gokudera enfadado. No solo él sino que también Mukuro y Hibari miraban la escena como si fuesen a saltar en cualquier momento sobre el as del béisbol con unos claros instintos homicidas.
Un suave gemido hizo que todo el mundo dejase lo que estuviese haciendo -ya sea gritar, asesinar con la mirada o desenredarse de un látigo- para fijar su vista en el Décimo jefe Vongola. Al parecer el moreno, en su afán por descubrir alguna imperfección en el disfraz del castaño, le había cogido de la cola descubriendo así un nuevo punto erógeno del chico.
Tsuna se puso rojo como un tomate, eso había sido muy vergonzoso.
Aunque no pensaban igual los demás. A más de uno le hubiera gustado descubrir ese valioso dato en la tranquilidad de una habitación o en cualquier rincón que les pillase a mano -qué más daba- en compañía de ese -violable- adorable gatito.
-Tsuna-nii, Tsuna-nii—Un Lambo de nueve años corrió hacia el nombrado y se lanzó sobre él, abrazándole por la cintura. El castaño se relajó un poco al ver al niño-vaca y le revolvió el pelo. Ya no tenía ese enorme afro que daba grima tocar porque a saber qué te encontrarías allí -desde caramelos sabor uva hasta granadas, sin olvidar el afamado bazuca de la familia Bovino que te trasporta 10 años al futuro- e iba vestido con el uniforme de la primaria de Namimori, exceptuando la camisa que tenía un estampado de vaca.
-Lambo…
-Tsuna-nii ¿por qué pareces un gato?
Puñal. Pese a que el niño lo había preguntado con toda la inocencia del mundo, al castaño le resultó como si le hubiesen clavado un puñal en el costado. Lambo, al ver la cara que ponía, intentó arreglarlo cosa que no funcionó como él esperaba.
-¡Pero te queda muy bien!—añadiendo sal a la herida.
-Gracias Lambo.
-Bueno, ahora que ya están todos los guardianes aquí, creo que será mejor que vayamos a un lugar más cómodo para hablar.
Tsuna llegó a la misma conclusión a la que, minutos antes y en otro lugar, había llegado Dino: Reborn tramaba algo. Entonces el castaño se dio cuenta de algo y mirando a todas partes preguntó:
-¿Dónde está Chrome?
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-Chrome-chan ¿me pasas las palomitas?
-Claro Naru-chan.
En la sala de monitores Chrome le pasó un bol repleto de palomitas a Naru, cogiendo un puñado de paso.
-Grazie~-llevándose un puñado de palomitas a la boca—Ahora empezará lo bueno… jujujuju~
-Qué divertido, tendremos que pasarle unas copias a Haru-chan y Kyoko-chan. Se pusieron tan contentas cuando se enteraron…
-No lo dudes, mi joven padawan.
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Reborn paseó la mirada por la sala de reuniones donde se encontraban. Su dame-alumno se había sentado a la cabecera de la mesa, justo frente a él. Su siempre fiel mano derecha se había sentado a su derecha -por extraño que pueda parecer- mientras no dejaba de gritarle a Ryohei quien se encontraba a su lado gritando también, podían entenderse algún que otro "cabeza-pulpo" y "cabeza de césped". Yamamoto se había sentado a la izquierda de Tsuna mientras hablaba animadamente con Lambo sobre lo bien hecho que estaba el disfraz del castaño. Qué inocentes. Mukuro se encontraba cómodamente sentado en uno de los sofás que había en una de las esquinas mientras que Kyoya había optado por permanecer de pie -como siempre- apoyado en la pared junto a la puerta. Tanto Dino como Fon habían optado por sentarse a los lados del Hitman.
Mostró una sonrisa altanera que no pasó desapercibida por Tsuna, quien no le había quitado la mirada de encima y ahora fruncía el ceño. Esto sería muy divertido. Se aclaró la garganta para llamar la atención a los guardianes ruidosos del grupo, cosa que consiguió.
-Bien, os he reunido aquí porque hemos decidido hacer un pequeño concurso al estilo Vongola.—Tsuna no supo por qué pero eso no le sonó nada bueno. Algo le decía que, como siempre que se hace algo al estilo Vongola, él terminaría mal. Muy mal.
No se equivocaba.
-¿Qué clase de conc-? ¡Hiiii!—El castaño quedó blanco como el papel. Ese disparo por parte del Hitman le había pasado rozando una de sus gatunas orejas, estaba seguro que hasta le había tocado algún pelo. Había descubierto que estos nuevos órganos -que esperaba solo fuesen temporales- le permitían oír todo con una mayor claridad, incluso el sonido más nimio.
-No me interrumpas cuando hablo, Neko-Tsuna—la pistola de Reborn aún humeaba del disparo.–Como iba diciendo, habrá un gran premio y el concurso es bastante simple: cazar al neko.
Tsuna abrió los ojos como platos.
-¿¡Q-QUÉ!
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Continuará...
Notas de la autora: Soy súper cruel, lo sé (Marhaya me va a matar, entre otras xD). Que típico es que Reborn organice algún tipo de concurso "al estilo Vongola" xD sobre todo aprobechándose de la situación de Tsuna. Y sé que el capítulo sigue siendo corto aunque en comparación con los dos anteriores es el más largo... (tirándo balones fuera).
¿Qué pasará? ¿Quién encontrará al neko? ¿Dejará la autora de dar largas? Esto y mucho más en el siguiente capítulo...
Quería darle especialmente las gracias a Katekyo1827R27X27, Marhaya, taciana, GokuderaHashune, Yumiko Kanzaki, AlexOkami y MIRAIDY R por sus reviews y/o favs. Me ha sorprendido mucho meterme a hotmail y ver el mogollón de correos de aviso *W* me ha hecho muchísima ilusión, cinco mil millones de gracias.
