5.-Support.

A veces, Bueno, la mayoría de las veces, cuando se tiene una pesadilla, y se sabe que se la tiene, uno intenta desesperadamente despertarse, porque aun cuando sabes que no es real, sigues sin querer ver lo que tu cerebro tiene preparado para ti, porque tú eres tu cerebro, porque solo él conoce tus más oscuros secretos, y porque eso le da la clave para ponerte de rodillas ante él, tu eres el único que puede pasarse factura a ti mismo.

Despertar es la única escapatoria, pero eso es solo la mayoría de las veces.

Siempre hay una excepción a la regla que la confirma. ¿No?

Pues, Eso era exactamente lo que le pasaba a Elena.

Tres días, Tres días completos inconsciente, en la nada, flotando, desentendida de sí misma, no pudo haber sabido quien era, ni de dónde venía, que había hecho, ni que existía un mundo fuera de su propia cabeza, solo suspendida en el interior de su mente sin entender el porqué.

¿Qué le impedía despertar? ¿Por qué no lo hacía?

Los médicos le explicaban a Jeremy que de forma física, su hermana se encontraba ya en perfecto estado, entonces ¿Qué pasaba? Algo psicológico dijeron, palabras como autoaislamiento y protección mental salieron a flote en aquella perorata de explicación científica, pero Jeremy no se forzó en entender, Jeremy no quería entender, Porque él tenía dos Padres en la morgue y a una hermana total y completamente inconsciente.

Estaba solo, mamá no estaba, papá no estaba, y Elena, La única que nunca, nunca ni siquiera en la noche más profunda y oscura lo había abandonado, estaba tendida en una cama luciendo como un completo cadáver.

Alguien debía explicarle a los médicos que aquella palidez mortífera, aquellos labios agrietados y aquel cabello totalmente enmarañado, agregado al evidente hecho de que su hermana respiraba tan lenta y pausadamente que era imposible separarla de un cadáver a menos que uno concentrase la vista en su pecho no era exactamente la definición de perfecto estado.

Ella puede despertar en cualquier momento. Dijeron ellos.

¿Entonces porque no despertaba?

No quería despertar.

Porque lo primero que sintió al hacerlo fue el infierno, el infierno en sus pulmones, llamas, fuego ardiente y crepitante en su pecho, las llamas eran tan intensas que incluso podía sentir como lamian su garganta, como un cachorro sediento, era insoportable, ni siquiera la dejaba pensar.

Ojala el fuego se hubiese mantenido en su lugar, ojala ella se hubiese quedado en el infierno oscuro, porque ningún dolor en el mundo se comparaba al dolor de estar realmente despierta.

Porque, a veces, bueno, la mayoría de las veces, despertar era la anhelada escapatoria de la pesadilla, el final de esta, cuando sentías tu cálida y cómoda cama debajo de ti, la manta suave recubriendo y cobijando tu cuerpo, la protección de tu cuarto, cuando el momento de susurrarte todo está bien, todo está bien, solo ha sido un sueño llegaba cuando podías levantarte de la cama, disfrutar de un Café caliente o un delicioso jugo de naranja y decir bueno, Todo está bien.

Porque cuando el fuego se fue y Elena Gilbert finalmente despertó, la única cama debajo de ella, era una blanca, estéril y fría cama de hospital, las sabanas eran traslucidas y ásperas en su piel, moría de frío, porque el frio estaba dentro de ella, palideciéndola, matándola en vida, y sus recuerdos, sus recuerdos la atormentaban.

Elena siempre había sido una chica muy perspicaz y de mente rápida.

Y cuando despertó, y vio a su hermano dormido, con la cabeza apoyada sobre la palma de su fría mano, cuando sintió su piel, con la barba creciente áspera, cuando vio las ojeras en sus ojos y sus facciones demacradas, lo desaliñado de su ropa, en ese instante lo supo, supo que sus padres debieron de haber estado allí en aquel momento, supo, que en circunstancias normales su madre jamás hubiese permitido que el tuviese una mala noche, o que estuviese así de descuidado.

En ese instante lo supo, sus padres no estaban allí porque no podían estarlo, y Jeremy se encontraba así porque no había habido nadie que cuidase de él, nadie vivo o consiente al menos.

Sus padres estaban muertos, idos, no iban a regresar, jamás volverían, y lloró, lloró porque se lo permitió, lloró porque era una niña, lloró porque tenía solo dieciséis y quería a sus padres, lloró aunque eso no era lo que Jeremy necesitaba, lloró aunque sabía que estaba traicionando su promesa de servir siempre de ejemplo para su hermano.

Lloró sintiendo como el dolor y la mortandad se deslizaban sobre sus hombros, lloró mientras el peso de su nueva vida como huérfana tomaba solidez en su mente, y ni siquiera paro cuando lo mentalizo, permitió que su mente cambiara, y que el dolor anidara en su pecho sórdidamente, un dolor lento, constantes, mortificante pero vivible.

Y solo cortó su llanto cuando su hermano tomo su mano fuertemente, recordándole donde estaba, y que era ella ahora quien debía cuidar totalmente de él.

— Lo siento Jer.— Sollozó— Lo siento tanto.—

Lo siento por romper mi promesa, lo siento por no estar allí para ti, lo siento por no haberte apoyado, lo siento por haber quedado inconsciente, lo siento por haberme permitido llorar frente a ti.

Jeremy, su hermano, ya no lucia como Jeremy, la inocencia de sus ojos había sido arrebatada, la muerte los había golpeado en la cara, fuerte y conciso, pero no lloraba, solo la observaba, cansado pero efervescente.

—No importa Elena, No importa, No estamos solos.— Dijo con un voz estrangulada.

Ahora era Jeremy quien contenía las ganas de llorar, ahora era Jeremy quien escondía el miedo, ahora era Jeremy quien se obligaba a ser valiente.

y el recuerdo golpeo a Elena tan fuerte que la hizo estremecerse.

"—Una última cosa Elena.— Dijo su madre en un susurro. Lo que sea, pensó la niña.— Prométeme que Estarás allí para él y a cambio puedo prometerte algo, Si tu estas allí para él, No importa lo que pase, o que los separe, te puedo prometer que él siempre estará allí para ti.—"

Su madre le había hecho esa promesa, pero ella jamás la tomó en serio, incluso con el tiempo, se acostumbró a que fuera Jeremy quien siempre necesitaba de ella, y no le hubiese importado, era su hermano y ella lo iba a proteger hasta del infierno.

Ella lo había protegido, siempre y ahora ella estaba rota, y él se había levantado como una torre, como un muro, para protegerla a ella.

Elena Si tu estas allí para él…

Te puedo prometer que él siempre estará allí para ti.

—Nos tenemos el uno al otro.— Dijo Jeremy mientras la sostenía en sus brazos.— Siempre nos tendremos el uno al otro, Tu cuidas mi espalda, Siempre lo has hecho, Ahora yo puedo cuidar la tuya.— Susurró.

Y Elena se aferró a él y a sus palabras, como un náufrago a la orilla, con uñas y dientes, a su hermano, a aquel pedacito de familia que tenía, su hermano con el hermoso cabello chocolate de su madre y con la bondad y el carisma de su padre.

A su hermano, A su hogar en la tierra.

Siempre…

Siempre…

Siempre.

Continuará.