No te niego que beses realmente bien…

Ya volvía a recurrir a la peonza para escribir. Cuando estaba con esa falta de inspiración se estresaba tanto que no podía parar quieto… Suspiró, sintiéndose impotente y desconcertado por esa repentina falta de inspiración. Ni que decir que le preocupaba que Beckett ya no le sirviera de musa, pero desechó esa idea de su mente rápidamente. "IMPOSIBLE" pensó, sacudiendo la cabeza.

Se puso una americana, y colocándose el pelo antes de salir, se dirigió a la comisaria en busca de una buena dosis de realidad y de café. Sonrió ante la idea de darle su café a Beckett, que lo recibiría con una amable sonrisa y un gracias dicho de todo corazón. Eso le dio que pensar, recordando los sucesos de ese extraño fin de semana. El arrepentimiento se mezclaba con la afirmación de que había hecho lo correcto al no acostarse con Beckett, pero la idea de haber tenido una oportunidad tan clara y haberla desaprovechado también le machacaba…

- ¡Hey, Castle! ¿Me escuchas? – Beckett chascó los dedos delante de la cara del escritor, que estaba perdido en sus pensamientos - Porque si preguntas y luego pasas de mí, pues no te pongo al día – comentó la detective, mirándole inquisitivamente.

- Perdona – dijo Castle, sacudiendo la cabeza – No sé qué me pasa últimamente… - Frunció el ceño, intentado recordar lo último a lo que había prestado atención de lo que Beckett le dijo – La victima es Martin Fox, ninguna relación con la cadena de televisión – añadió, cortando a Beckett, que ya se disponía a aclararlo. Ella sonrió y le hizo un gesto de que continuase – Encontrado en su casa, una suite del Upper East Side, con tres disparos en el pecho. La casa estaba revuelta pero no faltaba nada, según la limpiadora que fue quien le encontró… - el escritor miró a la detective para que continuara. Beckett se acercó a la pizarra y siguió, frunciendo el ceño al discurrir…

- Según Lanie la hora aproximada de la muerte fueron a las 2 a.m., nadie oyó nada así que probablemente entre en juego un silenciador. Viudo a los 34 años, cáncer – dijo al ver que Castle iba a preguntar. Él asintió y volvió a mirar la pizarra – sin pareja actual conocida ni sospechas de una. Cuando los de científica terminen con huellas podremos volver al apartamento a echar un vistazo.

Castle se sentó en su silla, y observó a Beckett en silencio, mientras ella hacía papeleo:

- Está bien, Castle. ¿Qué te pasa? – preguntó entre divertida y preocupada la detective. Castle enarcó las cejas, preguntándole con la mirada que a que venía eso – Una hora haciendo papeleo y no te has quejado, ni puesto a jugar con el móvil. ¿Te encuentras bien? ¿Estás enfermo? – inquirió la detective, tocándole la frente de broma.

Castle sonrió y negó con la cabeza:

- Supongo que son muchas cosas juntas. Me preocupa mi falta de inspiración…

- Ah, ¿sigues con ese problema? Bueno… - dijo Beckett mientras se acercaba a Castle sensualmente – Yo te puedo ayudar, ya sabes… - Al escritor casi se le caía la baba al verla tan cerca. Ella se empezó a reír y comentó:

- Esperaba que este fin de semana con tu musa te hubiera ayudado – Castle se encogió de hombros.

- Quizá necesite más tiempo. – sonrió pícaramente.

- ¡Ja! ¿Y volver a inundar mi piso por un cacho de carne en un horno? Ni de broma… - contestó Beckett. Castle hizo como un gesto de dolor por el comentario pero luego volvió a abstraerse en sus pensamientos. Su musa no dijo nada, pero estaba en verdad preocupada, algo le pasaba que no le contaba. Iba a preguntárselo más seriamente pero su móvil sonó:

- Beckett. - …. – Aja, vale. Ahora mismo vamos a echarle un vistazo, estamos algo estancados. – Colgó y se giró hacia la mesa de Espo:

- La científica ya terminó chicos, Castle y yo vamos al piso. Vosotros ir a ver a Lanie – vio como a Esposito se le iluminaba la vista y sonrió.

Bajaron al garaje en silencio pero cuando iban por la mitad del camino, Beckett paró el ascensor. Castle puso cara de pánico y ella casi se ríe, pero se controló y, acorralándolo contra la pared, le pregunto:

- Ahora en serio, Castle. Me tienes preocupada. Algo te pasa pero no me lo quieres contar, ¿sabes que puedes confiar en mí, no? – dijo, con el dedo índice en su pecho, manteniéndolo quieto. Al escritor se le oscureció la mirada, con deseo y un poco de lascivia al fijarse en la situación.

- Detective, soy un hombre, ¿vale? Y con esta situación mi mente desvaría demasiado. Dos personas en un ascensor, un terriblemente atractivo hombre acorralado por una realmente sexy detective… Pod-Podemos hablarlo en el coche – se humedeció los labios y notó la mirada de Beckett fija en ellos. – En serio, Kate. Alguien está despertando… Y no te va a gustar.

Esas palabras se filtraron por la bruma que la tensión sexual había provocado en la detective y entonces se separó bruscamente, enrojeciendo visiblemente. Le dio un golpe al botón de renaudar y no dijeron nada hasta que salieron del ascensor.

- Siento haberte hecho sentir violenta, pero no reaccionabas – dijo Castle, cogiéndola del brazo. Beckett hizo un gesto de cabeza y le miró, esperando su respuesta todavía. El escritor levantó los brazos en señal de sumisión:

- Vale… Pero no te enfades. – La detective le miró, entre temerosa e impaciente – Es que… Es lo que te he dicho antes, que no escribo nada. Y recordar una y otra vez lo que pasó el viernes.

Beckett siguió concentrada, conduciendo, sin dejar ver como eso la alteraba en una forma que no sabría decir si agradable o desagradable.

- Estaba borracha, Castle. No tengas en cuenta lo del… - y se señaló el cuello cuando vio que no le salía la palabra. Castle tragó saliva al ver su cuello, descubierto por la trenza a un lado que se había hecho para el papeleo. Carraspeó y se centró en lo que decía:

- Lo sé… Pero… - suspiró, rindiéndose – Déjalo… Prometo centrarme en el caso – dijo mientras levantaba una mano y la otra la colocaba en su corazón. Eso arrancó una sonrisa a la detective pero se fue enseguida, dejándola a ella perdida en sus pensamientos, mordiéndose el labio.

- Siento lo del ascensor… No pensé en el significado que le sacarías – se disculpó Beckett, mirando fugazmente a Castle con una sonrisa pícara. Él se río y dijo:

- ¡Cualquier hombre en su sano juicio habría pensado eso! En serio, Beckett, te voy a obligar a venir en mono de esquiar porque provocas incendios a tu paso… - ella soltó una carcajada y trató de no sonrojarse.

Aparcó justo en la entrada, tiró el identificador en el salpicadero, para que no se llevara el coche la grúa, y entraron. Siguieron gastándose bromas y riéndose, como llevaban todo el fin de semana haciendo. Castle se negó a entrar en el ascensor y Beckett prometió portarse bien por lo que al final subieron juntos al 5º piso. Iban por el pasillo cuando Beckett vio la puerta que les interesaba entreabierta y las cintas policiales rotas. Se apartó la americana para tener mejor acceso a la pistola, dejando ver más de lo que debería con ese gesto a Castle. Apartó la vista rápidamente y alcanzó a ver la sombra de alguien esperando tras la puerta con una pistola. Como no le podía decir nada a Beckett porque se notaría, pensó que hacer; y entre el incidente de Beckett borracha, el ascensor, y ahora, no se le ocurrió nada mejor.

Giró a la detective y empujándola con su cuerpo hasta la pared del pasillo, atrapó sus labios en un beso intenso. Kate se sorprendió al principio, pero, al contrario de lo que pensaba Castle, le correspondió. Se olvidó de la pistola, cerró los ojos y perdió sus manos en el pelo del escritor, tirando de él para pegarle más y metiendo en juego a las lenguas. Castle no se hizo de rogar y respondió rápidamente, deshizo como pudo la trenza de Beckett y enredó sus manos en sus rizos. La besó apasionadamente, presionándola contra la pared. El deseo y la pasión les hizo perder el control y olvidarse de donde estaban. Castle puso una mano en el muslo de Beckett, levantándole la pierna hasta ponerla a la altura de su cintura, la acarició de vuelta y al llegar a la espalda de la detective, se apretó contra su cuerpo, perdidos sus labios en el cuello de Beckett. La detective gimió cuando el escritor besó y mordisqueó cada parte de su cuello, girando la cabeza para dejarle más piel al descubierto. La mano de su musa se coló entre la camisa de Castle, arañando su espalda, y la otra tiraba del cinturón para sentirle más y más cerca, quería sentirle tan cerca que no se supiese donde acababa uno y donde empezaba el otro. Sus respiraciones agitadas se mezclaban con los gemidos ahogados por los besos de ambos. El calor aumentó en ese pasillo, en ese momento ellos dos eran puro fuego. Donde sus pieles se rozaban se expandía una ola de calor, que le llegaba al otro y hacía que solo aumentase más su necesidad de sentirse y de arder juntos. No fueron conscientes de la sombra que se deslizaba, pistola en mano, hacia las escaleras; mirándoles divertido y huyendo rápidamente cuando las ansiosas manos de Castle encontraron el borde de la blusa de Beckett, dejando a la vista la placa. Se colaron por debajo, pasando a acariciar cada trozo de piel que encontraban por el camino. Beckett se estremeció por las suaves pero a la vez bruscas caricias de Castle, suspiró de placer al notarlas en su cintura, haciendo que toda la piel que tocaba quemara y la vez cosquilleara... La puerta de las escaleras de incendios hizo ruido al cerrarse tras el sospechoso, y ambos se sobresaltaron. Beckett empujó a Castle, separándose de él, y mirándole sorprendida y con los ojos oscurecidos de deseo.

- ¿¡Qué haces?! – medio gritó la detective. Eran una estampa curiosa: ambos con el pelo revuelto; las camisas mal colocadas, la de Beckett dejando ver su sujetador negro de encaje, la de Castle con algunos botones rotos; los labios rojos e hinchados por los besos y mordiscos; respirando agitadamente…

- ¿¡No le vistes?! – Respondió Castle en el mismo tono – Había un hombre detrás de la puerta con una pistola, esperándote. Esperándonos. No te podía decir nada – hacía gestos con las manos, como cuando se ponía nervioso.

- ¿¡Y no se te ocurre nada mejor que besarme?! – Beckett se colocó la blusa y se peinó el pelo. Pero seguía estando tremendamente sexy…

- ¡Lo siento! No sabía qué hacer, y aún tenía el calentón del ascensor… - vio la mirada furiosa de la detective, pero no podía quitarse de la mente los gemidos que la había oído soltar, ni esa marca que tenía en el cuello… - Vamos, no me niegues que no te ha gustado. Si no le habías visto pues bien dispuesta que estabas…

"Si las miradas matasen" pensó el escritor "Estaría más que muerto". Ella simplemente se giró, dándole la espalda y llamó a Esposito y Ryan:

- ¿Dónde estáis? – Ni hola ni nada, uf… Como le ponía cuando estaba enfadada… - Olvidaros de ir a ver a Lanie, tengo que ir yo. Nada de protestas Espo, lo siento. Échale la bronca a Castle. – Él escritor se quedó boquiabierto. Ella sonrió, sabiendo que le había descolocado. Tras decirles que fueran al piso del Sr. Fox y colgar, miró hacia Castle y mientras iba hacia la escalera de incendios le dijo:

- Castle, coge un taxi y vete a casa. No. – Le atajó cuando el escritor fue a protestar. Como vio que no funcionaba, puso cara de cachorrito enfadado. – ¿No pretenderás que te deje venir conmigo después de esto? Si sigues con el calentón puede que vuelvas a intentarlo.

- Como si te fueras a negar… - murmuró Castle. Beckett abrió la boca para replicar, pero se dijo que era mejor no hacerlo, no tenía nada que decir, era cierto. No se negaría, es más, llegaría a la siguiente base… Castle sonrió triunfal, al darse cuenta de ese detalle, y girando sobre sus talones, se metió en el ascensor.

Nada más llegar a su loft, se tiró en el sofá, cerrando los ojos para recordar todas y cada una de las sensaciones: las manos de Beckett en su espalda, sus besos, su juguetona lengua, sus mordiscos, los gemidos ahogados con más besos. Fue al baño y al quitarse la camisa vio unas ligeras marcas de los arañazos de Beckett, lo mejor es que ella sabía cómo hacerlos para que no dolieran sino te excitaran. Y de qué manera… Que forma de perder el control. Si no hubiera sido por el ruido de la puerta, a saber que habrían hecho.

Encendió su portátil, y mientras cargaba se sirvió un vaso de coñac. Se chascó los dedos, moviéndolos como si los calentara para escribir, y buscando el archivo que ponía "Deadly Heat" comenzó a escribir, como si todas las horas que se había pasado mirando el cursor parpadear, no hubieran existido. Escribió y escribió, y cuando levanto la vista del ordenador para hacer algo que no fuera servirse otro vaso o ir al baño, miró el reloj y vio que eran las once de la noche. Suspiró, satisfecho por fin, y desbloqueó el móvil. Ninguna noticia. Abrió el whatsapp y le envió un mensaje a Kate, que probablemente estaría con Lanie:

"Gracias por lo de esta tarde. Me has inspirado de muchas maneras, detective." Sonrió y soltó una carcajada cuando vio la respuesta:

"Pillamos al asesino. Gracias por lo de esta tarde. Iba tan flipado por nuestra imagen que lo atropelló un coche en la esquina. PD: No me hagas ir hasta allí y dispararte"

"¿Hubo acción en el arresto? PD: Tengo espacio en mi cama, ¿te unes?" preguntó Castle.

"Bastante. Casi me dispara. PD: Te lo estás buscando… (Carita enfadada)" La sonrisa se borró de la cara de Castle de golpe, y dejó paso a la preocupación.

"¿Estas bien? (carita preocupada) PD: ¿El qué? ¿Qué te unas? Las puertas de mi casa están abiertas." Respondió Castle, bromeando para no dejarse vencer por la preocupación.

"Yo sí. Por desgracia, un peatón no. Le dieron en el pecho, ahora mismo salgo de la UCI. Sobrevivirá." Aunque no la veía percibió la frustración que sentía Beckett.

"Lo siento por él, pero soy muy egoísta. No me gusta que le pase nada a la gente que me importa… Estará bien, Kate, no te preocupes. Dale un par de puñetazos al saco de boxeo con mi cara si quieres (guiño)"

"Lo sé, pero sabes que me hace sentir fracasada en mi labor… Gracias por la idea, lo pondré en práctica ahora mismo (guiño)" Notó la obvia omisión de la detective a la parte inicial de su respuesta, pero ya estaba acostumbrado así que lo dejó pasar.

"Dulces sueños detective. Pégale más por lo que te voy a decir, pero soñaré con lo que pasó esta tarde (corazón)"

"(Dibujo de pistola) Soy demasiado vaga para ir a tu casa, además, probablemente me ataques como esta tarde" Castle se empezó a reír por lo del emoticono de la pistola.

"Te encantó. Admítelo. Esos suspiros lo demostraban"

"¿Si lo admito me dejas en paz? Tu ganas, pues. Me gustó, no te niego que besas realmente bien. Ya está. No volverá a pasar así que guarda este mensaje." El escritor que quedó mirando por 10 minutos el móvil, totalmente sorprendido de que lo admitiera. El estar de nuevo en la UCI realmente la había afectado… Sacudió la cabeza, sonriendo, y tras capturar la pantalla para guardar esa conversación, se dio una ducha y se fue a la cama. Estaba a punto de dormirse cuando recibió un mensaje de Beckett. Desbloqueó el móvil y descargó la imagen: un saco de boxeo con una foto suya pegada, la foto algo machacada por los golpes y al lado una sudorosa pero sonriente Beckett, con el dedo pulgar levantado. Se estuvo riendo por largo rato hasta que el cansancio venció a la risa.