Es bastante divertido escribirlo, así que explotaré este fanfic un poco más, buscando más situaciones donde pongan a prueba los límites de esa tensión sexual tan suya ¡Decirme que os parece!
¿Es algún instinto morboso que te supera en espacios pequeños?
Beckett entró en el ascensor con la caja del caso cerrado del Sr. Fox en las manos, camino del sótano donde estaban los archivos. La apoyó en una de sus rodillas mientras se apartaba el pelo de la cara y suspiraba. El día se le estaba haciendo eterno sin caso por delante y sin la agradable, aunque a veces irritante, compañía de Castle. "Tú le mandaste a casa…" sonó una vocecita repelente en su cabeza. Frunció el ceño, estableciendo una disputa mental… "¿Y qué iba a hacer sino? Perdí totalmente el control" "Por un momento que te dejaste llevar y disfrutaste como una condenada, ¿Por qué te torturas?" "Ya lo hablé con él anoche. Después de lo que dije me dará la brasa para siempre" "Mira que eres tonta. ADORAS que te dé la tabarra… ¿Debo recordarte como suspirabas?" "¡Calla! Pareces Castle ya." "Demasiadas horas juntos…" "¡Ves! Me acabas de dar la razón." Se abrieron las puertas con un "plin" y se dio cuenta de que automáticamente había guardado el archivo y había vuelto al piso de homicidios. Se sentó en el borde de su mesa, suspirando mientras miraba la pizarra vacía.
- Yo, Beckett… - se interrumpió al fijarse mejor en la detective - ¿Estás bien? – preguntó Esposito preocupado.
- Si, si… Solo cansada, demasiadas cosas juntas ayer. – Hizo un gesto despreocupado con la mano. Espo asintió y le dijo que había habido un asesinato.
- Vale. Ir Ryan y tú de momento, yo iré un poco más tarde. Tengo que terminar unas cosas.
Les vio dirigirse al ascensor, comentando por lo bajo. Kate sonrió y se iba a sentar cuando notó una mano en su brazo. Se giró, sobresaltada:
- Hey, te veo algo nerviosa – sonrió Castle, tendiéndole su café.
- Gracias – murmuró Beckett, sentándose en su silla, dando un largo trago. – No dormí bien anoche – explicó ante la atenta mirada de Castle. El escritor sonrió de esa manera que en solo él podía hacerlo.
- Me echabas de menos… Después del calentón del pasillo necesitabas algo más de acción. Los sacos de boxeo ya no son un buen sustituto mío.
Beckett miró a su alrededor, alarmada. Sin decir nada, medio arrastró a Castle hacia la sala de la máquina de café, haciendo caso omiso a sus protestas de que el traje era de marca. Cerró la puerta quizá demasiado bruscamente, y empujó a Castle contra la barra, haciendo que se clavara los mangos de la cafetera en la espalda.
- No vuelvas a decir ni una sola palabra de nuestro… incidente aquí. ¿Queda claro? Gates pensaría lo que no es y tendríamos serios problemas. – Fue dando golpecitos en el pecho de Castle con un dedo mientras hablaba, remarcando las palabras clave. Volvían a estar en una situación incómoda y excitante a la vez. La detective se había acercado mucho a Castle al remarcar cada palabra con un golpecito por lo que sus cuerpos estaban totalmente pegados. El escritor levantó las manos, en señal de renuncia, mientras tragaba saliva notablemente. Beckett asintió, apartó la vista de los ojos de Castle, para caer en sus labios y al final apartarse de él rápidamente, apoyándose en el respaldo de una silla, ya más calmada. Carraspeó y cambió de tema.
- Ha habido un asesinato, todo parece problemas de bandas. Simple y sencillo. ¿Vas a venir conmigo en busca de más inspiración… -hizo caso omiso a la ceja levantada de Castle y a su cara sugerente – o te vuelves a escribir como loco?
- Me voy contigo, ¡a saber qué clase de inspiración me proporcionas esta vez!… Estoy algo atascado con una escena subida de tono entre Nikki y Rook, no sé si poner… - paró de hablar cuando chocó contra la detective, que le estaba mirando con cara asesina.
- Te recuerdo que voy armada, chico escritor. – Castle dejó de sonreír y vocalizó un silencioso "lo siento". En cuanto Beckett se dio la vuelta, puso cara de "como estamos hoy..." y la siguió.
Habían hablado con Ryan y Esposito y les habían confirmado que la escena del crimen estaba cubierta por los de científica y que no iban a sacar nada en claro de allí, así que hicieron un leve cambio de dirección y se dirigieron al piso de la víctima. Beckett dejó conducir a Castle, señal de que algo iba realmente mal con la detective. El escritor se mantuvo callado todo el camino, sin hablar más que para responder a sus preguntas. Kate lo agradeció mentalmente, estaba agotada. La verdad es que la noche anterior había vuelto a tener pesadillas con su disparo, así que el sueño se había reducido a 2 horas escasas…
Entraron en el pequeño ascensor comentando detalles del caso, de la muerte de la víctima, cosas simples. En cuanto Beckett dio al botón del piso 3, Castle se giró hacia ella, y seriamente preguntó:
- ¿Estás bien, Kate? No tienes buena cara, quizá estés pillando algo… - entrelazó las manos para luchar con las ganas de tocarla. Ella le sonrío, cansada y le quitó importancia al asunto:
- Ya te dije que no dormí bien… La visita a la UCI trajo recuerdos indeseados.
- ¿Empiezas a recordar lo que pasó el día del cementerio? – Beckett se estremeció ligeramente, y eso que hacía bastante calor. Lo que dijo a continuación se le clavó profundamente, enviando punzadas de dolor a su corazón, al ver en los ojos de Castle extinguirse poco a poco la esperanza de que algún día recordase lo que la había confesado:
- No. Sigue todo… - carraspeó y evitó la mirada del escritor – Sigue todo negro. – Afirmó con la cabeza, auto convenciéndose que era lo mejor en esos momentos. Aunque doliera muchísimo mentirle de esa manera. Castle la miró con detenimiento, analizando las palabras. Terminó por asentir, pero sin dejar de mirarla intensamente.
Beckett comenzó a sentirse inquieta, cada vez que le miraba los recuerdos de ese tórrido beso llenaban su mente, impidiéndola pensar con claridad. La tensión sexual que normalmente tenía a raya, hoy parecía que estaba revolucionada… De repente el ascensor dio un brinco y se paró de golpe:
- ¿Qué problema tienes con los ascensores, Beckett? ¿Es algún instinto morboso que te supera en espacios pequeños? Porque no tiene gracia… - dejó de hablar cuando vio la cara de confusión de la detective. – No. No, no, no, no. Tiene que ser una broma. Déjalo ya. Te aviso que soy algo claustrofóbico con los ascensores…
- Yo no he hecho nada, Castle. Es un ascensor viejo, se habrá parado. Tranquilízate que llamo a emergencias y nos sacan en seguida, ser policía tiene ventajas – dijo mientras guiñaba un ojo y hacia malabares para sacar de su apretado pantalón el móvil. Masculló algo al hacerse daño en un dedo, y cuando lo sacó al fin, vio que no había cobertura.
- Prueba tú. No tengo cobertura – volvió a meterse el móvil en el bolsillo. Castle se palpó los bolsillos, tuvo un momento de pánico al no encontrarlo pero se le pasó. Lo sacó y le mostró a Kate la pantalla en negro.
- ¡No lo entiendo! ¡Lo cargué esta mañana! ¿¡Cómo puede ser?!
- ¿Jugaste al Angry Birds? – la cara de Castle cambió de enfado y confusión, a comprensión y al final rabia.
- Mierda. En el taxi… - se dio un golpe en la frente, maldiciéndose por ser tan estúpido.
- Vale, tranquilo, debería haber algún botón para llamar a los téc… - Se calló. Lo había encontrado, y estaba roto. Cambió de estrategia, lo último que necesitaba ahora era un ataque de ansiedad – Eso no nos sirve. Quizá si gritamos algún vecino nos oiga.
Gritaron y golpearon las puertas durante 5 minutos. El calor no paraba de aumentar en ese reducido espacio. Castle sudaba notablemente, las americanas había rato que estaban tiradas en el suelo. El escritor se escurrió por la pared hasta que se quedó sentado en el suelo y apoyó la cabeza en las manos, desesperado:
- Déjalo, Beckett. Es inútil. Te vas a quedar afónica y no habrás conseguido nada… Que patético, ya imagino los titulares… - hizo un gesto como de señalar algo en el aire mientras decía: "El famoso escritor Richard Castle y su musa, la detective Beckett, muertos en un ascensor por falta de oxígeno".
- Castle. Tienen rejillas de ventilación, aire no nos falta. – apuntó Beckett, señalando al techo. El escritor suspiró, aliviado, pero en seguida encontró otra muerte.
- Pues se descuelga el ascensor y mueren aplastados. – sacudió la cabeza. Se abanicó con las manos y se desabrochó algunos botones. Al sentir la mirada de Beckett fija en él, preguntó:
- ¿Te molesta? Me estoy asando. – Kate hizo un gesto negativo con la cabeza y él siguió desabrochándose la camisa, dejando ver su pecho. La detective apartó la mirada al sentir otra vez ese magnetismo tirando de ella hacia él. Se puso en la esquina más alejada y se desabrochó también algunos botones de su blusa.
- Si te la quieres quitar, por mí no hay ningún problema – comentó el escritor, con la vista clavada en el trozo de piel al descubierto. Sonrió de lado, inocentemente.
- ¿Tú te crees que nací ayer? Quizá me violes o algo así… No, gracias. – bromeó la detective. Castle se río:
- Perdone, detective, pero cito textualmente… "No te niego que beses realmente bien." Yo eso lo veo como una disposición a ser otra vez deleitada con este hombre tan atractivo.
Beckett soltó una carcajada, y mientras se abanicaba en busca de aire fresco, replicó:
- Yo eso lo veo como una forma de que me dejaras en paz para poder machacarme en el gimnasio. – Como no encontraba aire, se desabrochó más la blusa, dejando ver un poco de su sujetador. Esta vez de encaje rojo. Llamativo… Notó la mirada de Castle fija en lo que estaba haciendo pero pasó de él. Se recogió el pelo en un moño bien alto, donde no la estorbara, y se separó un poco de la esquina.
Presionó varias veces el botón del piso 3, pero no ocurrió nada. Castle se había tumbado en el suelo, buscando algo fresco, y ahora ocupaba todo el ascensor. Beckett le sorteó para situarse debajo de las rejillas del techo, calculando si cabría o no por ellas. Desechó la idea, estaba delgada pero no tanto… Se giró para decirle a Castle que se moviera y la ayudara con las puertas, pero tropezó con una de las piernas del escritor, que estaba espatarrado en el suelo. Perdió el equilibrio y cayó encima de él. Se oyó el quejido de Castle, seguido de un gruñido de Beckett.
- ¿No puedes estar como las personas normales, Castle? ¿Te gusta besar el suelo de los ascensores o qué? – colocó ambas manos a los lados del cuerpo de escritor, que respondió con voz ahogada por el golpe:
- No te disculpes, guapa. Estoy bien. No me he roto 4 costillas y el esternón, nooooo…
- Oye, que no estoy tan gorda. – consiguió incorporarse sobre sus manos, separando así su cara del pecho descubierto de Castle, una gran tentación. Pero se encontró con otra peor: sus labios muy cerca…
En ese momento fue realmente consciente de cómo estaban. Castle debajo de ella, con sus manos en su cintura; Beckett con una pierna de Castle entre las suyas; sus caras muy cerca; los brazos de Beckett extendidos, levantándola… En la caída la camisa de Castle se había abierto, dejando su pecho al descubierto; y la blusa de Beckett se había subido, dejando un trozo de su cintura al aire. Y el magnetismo, el calor, y su característica tensión sexual estaban muy presentes en ese momento…
Sus labios se sintieron atraídos, y sus dueños se dejaron llevar por el momento. Acortaron distancias lentamente y cuando estaban a punto de besarse se oyó un grito:
- ¿¡Hay alguien ahí?! ¡Somos los bomberos!
Se oyeron sendos suspiros de frustración y Beckett gritó, todavía sin moverse:
- ¡SÍ! ¡Soy la detective de homicidios Kate Beckett, mi compañero y yo nos hemos quedado atrapados!
- ¡Ahora mismo les sacamos! – dijo la voz amortiguada. Beckett frunció el ceño y se mordió el labio. Entonces, lentamente, se levantó de encima de Castle y se colocó la ropa. Castle tardó un poco más y mascullando algo que sonó como a "…a buenas horas" y "…que oportunos", imitó a la detective, abrochándose la camisa.
Beckett contuvo una sonrisa cuando vio que el escritor salía corriendo del ascensor y se arrodillaba, dándole las gracias a los bomberos. Uno de ellos, un joven bastante mono, le dio un codazo y guiñándole un ojo susurró:
- Con esa pedazo compañía yo no estaría tan contento de haber salido de ahí, hombre… ¿Tú te has fijado bien en ella? – Beckett pasó de largo y sacando el móvil con las mismas dificultades que antes, llamó a Esposito y Ryan. Aun así pudo oír la respuesta de Castle:
- Llevo 4 años fijándome, chaval… Pero las cosas no son como parecen. – El joven bombero lo interpretó como que tenía vía libre y acercándose un poco más a Castle preguntó:
- Entonces… ¿Me das su número de móvil? Yo sí que aprovechare cualquier momento a solas con ese cuerpo de dinamita. – La detective, curiosa, miró por el rabillo de ojo.
Castle tenía cara de enfado y antipatía. El joven bombero ya no le caía bien…
- ¿No tienes que salvar a algún gatito de un árbol? – respondió, todo borde. El bombero pilló la indirecta y se marchó de allí rápidamente. Intentando no reírse y viendo que no contestaban, colgó y le preguntó a Castle, haciéndose la ignorante:
- ¿Qué le pasa a tu amiguito el bombero? – dijo, mientras le señalaba con la cabeza. Castle puso cara de desagrado y se limitó a decir:
- Digamos que tiene una emergencia y que es un indecente… - Kate sacudió la cabeza, fingiendo decepción:
- Vaya… Y yo que le había echado el ojo… - y riéndose de la expresión de Castle fue hacia el coche, olvidando la visita al apartamento de la víctima.
- ¡Podría ser tu hijo! – dijo Castle, horrorizado.
- ¡Alaaaa! ¿Y qué más? ¡Ya de paso mi nieto! – El escritor se río - ¿Vienes o no?
Castle fue corriendo hacia ella, y se puso a su lado, recibiendo un ligero empujón en el hombro por parte de Beckett. Se metieron en el coche bromeando y riéndose, bajo la atenta y envidiosa mirada del joven bombero.
