Dedicado a Becky, Valme, Reyes y Lau por ayudarme a continuar cuando tuve mi crisis de inspiración. ¡Gracias musas! Y sin olvidar a mis leales Raquellions jajaja que llenan mi vida de risas y desvaríos :D Os dejo con toda la intriga en este capítulo pero creo que merece la pena. ¡Decirme que os parece!
Esa sensación de sentirse infinitos
Lo que había parecido en un primer momento una sencilla pelea entre bandas se había complicado rápidamente. Beckett miró la pizarra, llena de pruebas pero ninguna que les ayudara, y se pasó una mano por la cara, cerrando los ojos mientras suspiraba con cansancio. Volvió a repasar por decimoquinta vez todo lo que tenían pero no sacó nada en claro, solo que el leve dolor de cabeza de hace dos horas se había convertido en una migraña en toda regla… Llevaba dos noches sin dormir mucho por culpa de las pesadillas que había vuelto a raíz de la visita a la UCI. Apoyó la cabeza encima de la mesa, permitiéndose un descanso.
Una suave mano tocó su hombro haciendo que la detective se sobresaltase:
- Vete a casa, Beckett. Son las once de la noche y no sacamos nada en claro – dijo Castle, también con aspecto de cansado.
- Castle… - empezó la detective pero al ver la determinación del escritor, asintió levemente y se levantó, agradeciéndole la ayuda para ponerse la cazadora. Kate le dejó conducir a él, y aunque intentó protestar por el hecho de que Castle luego se fuera andando a casa, perdió la discusión.
A la mañana siguiente entró en la comisaria con fuerzas renovadas. La preocupación de Castle la noche anterior la había conmovido de tal manera que por una noche había podido dormir de un tirón.
- Buenos días, Castle – saludó la detective, sorprendida.
- Buenos días, detective. Es más, preciosos. Me ha venido la luz esta mañana y ya sé que se nos escapaba.
Beckett se acercó a él a toda prisa, dejando lo que estaba haciendo y tomando el café que la esperaba encima de la mesa con una sonrisa tonta. Le miró, expectante.
- Estaba repasando todo por millonésima vez cuando me di cuenta de un detalle importante. Droga.
- ¿Droga? ¿Se dedican a vender droga? ¡Claro, Castle! – Dijo, dando una palmada – Todo es una lucha… - empezó la detective.
- Para ver quien tiene el territorio para… - continuó el escritor.
- Vender más droga. Quien conseguía…
- La mejor venta y los mejores…
- Compradores – dijeron a la vez, mirándose mientras sonreían ampliamente.
- Dios, Castle… ¡Ahora mismo te comería a besos! Voy a informar a Gates – dijo Beckett dándose la vuelta rápidamente, dejando a Castle embobado mirando donde no debía.
Una hora más tarde ya lo tenían todo planeado para conseguir las pruebas definitivas. Habían buscado el territorio neutro entre ambos grupos, y justo allí había una discoteca: "Pirámide". Ese sería el principal punto de venta así que Castle y Beckett iban a ir allí fingiendo ser unos ricos compradores con ganas de fiesta.
- Detective, Castle… Tengan cuidado – dijo Gates. Castle y Beckett se miraron sorprendidos por la muestra de afecto por parte de Gates, cuando ésta añadió – No vayáis a fastidiar toda la operación. – Y se encerró de nuevo en su despacho.
Castle estaba muy nervioso por la misión y porque cada vez que iban de incógnito Beckett le sorprendía con algún modelito que quitaba el aliento, así que estaba deseando que llegara la noche. El día pasó lentamente para ambos, que daban vueltas por la comisaria recogiendo más información que pudieran usar y hablando con algunos de narcóticos para no descubrirse en plena acción. Castle y Beckett quedaron en reunirse en casa de Beckett, el escritor la recogería allí con el ferrari y luego le dejaría conducir a Kate porque sabía cómo disfrutaba la detective al tener ese coche en las manos. Sonrió solo de pensarlo y miró el reloj, hora de ir a por Beckett.
Se echó un último vistazo en el espejo, unas cuantas gotas de colonia más y colocándose un pelo rebelde salió de su casa tras un "Buenas noches, madre" gritado al aire, y se fue aunque no oyó la respuesta. Bajó hasta el coche cantando una canción de One Direction:
- If you dont wanna take it slow, and you just wanna take me home, baby say Yeah Yeah, Yeah, Yeah Yeah… and let me kiss you!
Calló al entrar en el coche y se quedó pensando "¿¡Cómo demonios me sé yo esa canción?!" Al cabo de un rato estaba parado enfrente de la puerta de la casa de Beckett, respiró hondo y llamó a la puerta.
-0o0o0o-
Beckett salió de la ducha escurriéndose el pelo mientras bailaba al son de la canción de Ke$ha:
- Looking for some trouble Tonight, take my hand I'll show you the wild side, like it's the last night of our lives, we'll keep dancing 'til we die…
Cantó mientras sacudía la cabeza. Fue bailando hasta su dormitorio y abriendo el armario, Kate miró entre sus vestidos mientras se mordía el labio. Al elegir uno no pensó en cómo le quedaría o con qué combinarlo, sino en provocar a Castle. Se sorprendió al darse cuenta de eso y no pudo evitar sonreír al mirarse en el espejo. La detective se sacó una foto y se la envió a Lanie por whatsapp con un mensaje: "¿Qué tal estoy?" A los 5 segundos recibió la respuesta: "Wow, chica. Si no me fueran los hombres, me acostaría contigo… Ten cuidado que Castle va a acabar ardiendo" Beckett empezó a reírse y secándose y peinándose, se echó más colonia por el cuello, eligió unos taconazos y se miró al espejo. "Ardiente y tentadora."
Se retocó el maquillaje mientras seguía bailando al son de la música. Estaba decidiendo que chaqueta coger cuando oyó que llamaban a la puerta. Abrió la puerta y se quedó sin respiración. Dios, ¡que sexy estaba Castle así! Sonrió mientras se mordía el labio y se hizo a un lado. Castle tardó un poco en reaccionar y entrar, murmurando un "Hola" al pasar al lado de la detective.
- Cojo una chaqueta y nos vamos.
El escritor solo asintió, con la vista clavada en su vestido, intentado respirar con normalidad. Beckett iba… Wow, no había palabras. Llevaba un vestido rojo pasión corto y ajustado a sus curvas, palabra de honor y con escote de corazón, y unos taconazos color crema a juego con la americana del mismo color que acababa de coger. Castle cerró los ojos cuando al pasar Kate, dejó tras de sí su peculiar aroma a cerezas.
Tardó unos segundos en sobreponerse y seguirla, sonriéndole al dejar caer las llaves del ferrari en la mano abierta de Kate. Ella le miró, mordiéndose el labio de esa manera que hacía que Castle quisiera mordérselo. Beckett estaba aguantando la risa, sabía que Castle estaba alucinando con su vestido y eso le encantaba. En el espacio reducido del ascensor, le llegó el aroma de la colonia del escritor. Irresistible. La detective volvió a mirarle de reojo, esa nueva forma de vestirse era súper sexy. Cuando le abrió la puerta esperaba verle con una camisa y americana; no con vaqueros ajustados, camisa blanca básica y una americana negra.
Entraron en el ferrari y Beckett sonrió al sentir el rugido del motor. Miró a Castle que estaba con la vista perdida en las piernas de la detective. Kate carraspeó y encendió la radio. Llegaron a la discoteca enseguida. La detective dejó la americana en la entrada y miró a Castle, que asintió levemente, y cogiéndose del brazo del escritor entraron en la discoteca riéndose y tonteando. Beckett le guio directamente a la pista de baile y estuvieron bailando un rato, rozando sus cuerpos y tentándose mutuamente. Castle estaba extasiado con el cuerpo de la detective, que se contoneaba y rozaba con él, volviéndole loco. El olor a cereza le rodeaba, transportándole y su cabello le hacía cosquillas. Kate se giró, y susurrándole al oído le dijo:
- Tengo sed. ¿Me traes un Martini?
Castle contuvo la respiración y asintió, al alejarse no pudo evitar mirar su culo, que se movía al ritmo de la música. Se giró antes de que le pillara y fue a la barra del bar:
- Dos Martinis – gritó al camarero. Se sentó en uno de los taburetes y al sacar la cartera del bolsillo, se le vio un poco la placa de Beckett. La guardó, pensando que nadie lo había visto pero el barman sí y aprovechando un cambio de luces, echó unas pastillas en ambas bebidas, siguiendo el protocolo anti-policías de la discoteca. El escritor no lo vio e inocentemente, volvió a la pista de baile con Beckett y le dio la suya, dando ambos un trago a sus bebidas.
Al cabo de un rato Castle y Beckett empezaron a sentirse contentos y libres, sin ningún tipo de prejuicio ni miedo. El tonteo pasó a otro nivel, subiendo el calor y la tensión sexual entre ambos. Sus cuerpos estaban muy juntos, no había ni un espacio. Las manos jugaban con el pelo, el cuello, el cuerpo, y se recorrían tratando de grabar el camino. Dejaron las copas abandonadas a la mitad cuando notaron que todo brillaba con más intensidad a su alrededor. Sus labios estaban siempre tentadoramente cerca pero en ningún momento se llegaron a tocar, era más excitante ese tonteo. Castle se inclinó y le susurró a la detective en el oído:
- Kate, estas muy sexy esta noche. – sintió el estremecimiento de su musa contra su cuerpo.
- Tu también, Castle. Deberías vestirte así más a menudo… - Beckett rozó con sus labios el lóbulo y la mejilla del escritor. Se miraron con ojos oscurecidos por el deseo y con las pupilas dilatadas por la droga. Sin decir ni una palabra, todo con los ojos, se cogieron del brazo y salieron de la discoteca a toda prisa, conduciendo a demasiada velocidad hacia el sitio más cercano. El fuego les consumía, el magnetismo se sentía en el ambiente y no podían apartar las manos el uno del otro, eran como imanes de polos opuestos, el yin y el yang.
Las puertas del ascensor se cerraron con un "plin" que fue como una señal para ambos, les faltó tiempo para lanzarse a los brazos del otro, buscando sus labios con desesperación, ansiando probarlos. Se enzarzaron en una pelea de lenguas, buscando conquistar la boca del otro. Los chupetones del cuello mostraban que ya había sido probado y los gemidos y suspiros de ambos llenaban el ascensor, como música celestial. Kate no atinaba a meter la llave en la cerradura con tanta prisa y deseo, con ese fuego que la consumía por dentro y necesitaba ser sacado ya. La ropa le sobraba, el pelo la estorbaba, solo podía sentir los labios de Castle recorriendo cada centímetro de piel que encontraban.
La puerta del loft se abrió de golpe, dando paso estrepitosamente, y entre risas y gemidos, a Castle y Beckett perdidos en los labios del otro… Kate tiró sus tacones sin ningún cuidado y para no notar la diferencia de altura, enredó sus largas piernas en la cintura del escritor, sintiendo sus manos en el culo al cogerla Castle en brazos, sin separarse ni un minuto de los adictivos labios de su musa. Se dirigieron torpemente a la habitación, tirando varias cosas a su paso y apoyándose en todas las paredes que encontraban para perderse un poco más en el paraíso que el otro le ofrecía. Pero el fuego pedía ser sacado ya… Castle consiguió llegar y dejando suavemente a Beckett en la cama, se pasó al tentador cuello. El olor a cerezas le envolvió y él siguió besando, mordiendo y chupando cada centímetro de piel que la detective tenía al descubierto. Las habilidosas manos de Castle encontraron la cremallera del vestido pero Beckett, en un rápido movimiento, cambió los puestos y lanzando la americana y la camiseta del escritor a cualquier rincón de la habitación, volvió a perderse en sus labios. Se separaron cuando los pulmones les pedían a gritos aire y Kate acarició el torso de Castle. No era el más trabajado pero eso no lo hacía menos irresistible. Sintió las manos del escritor por su cintura, por sus piernas, por su espalda. La cremallera del vestido bajó y éste salió volando. Castle tumbó a la detective, disfrutando de las vistas. La pasión se calmó, dándole protagonismo al amor y a la sensación de sentirse infinitos.
- Somos infinitos – murmuró Kate al recordar la frase de la película.
Castle sonrió y besándola lentamente fue bajando para besar su pecho, su vientre… Todo lo que encontraba a su paso. Beckett suspiraba y se agarraba a las sábanas, sintiéndose transportada al paraíso por los labios del escritor y el calor que la recorría. Castle se levantó para quitarse el pantalón. Se agarró al borde de la cama y cerró los ojos un momento, Kate pensó que era porque se había mareado al levantarse demasiado rápido, pero de repente el escritor se desplomó en el suelo, pálido.
- ¡Castle! – gritó asustada Beckett. Se levantó de un salto y fue hacia donde estaba él. Se arrodilló a su lado y puso la cabeza del escritor en su regazo.
- Castle, por favor… Vamos, no me dejes… - Empezó a llorar, la habitación le daba vueltas de forma vertiginosa, los oídos le zumbaban, sentía la boca seca y pastosa. Tocó al escritor. Estaba frío. A la detective no se le ocurrió comprobar si tenía pulso, no podía pensar. Todo le daba vueltas y no sabía ni donde estaba. Vio el iPhone de Castle en el suelo y se lanzó a por él, marcando tres veces porque se juntaban los números y los veía borrosos.
A la cuarta fue la vencida.
- Esposito – contestó, adormilado.
- A-Ayúdanos – susurró Beckett antes de desmayarse. El iPhone golpeó el suelo junto a la mano inerte de la detective.
- ¿Beckett? ¿Qué ha pasado? ¡Beckett! ¡BECKETT! – se oía la amortiguada y alarmada voz de Espo pero no había nadie consciente para responder…
