Para mis Raquellions, que me explotan pidiendo más y más capis jajaja


Siempre, ya lo sabes…

Castle y Beckett se quedaron dos días más en el hospital. Beckett recuperándose y Castle acompañándola. Habían tenido una discusión sobre el tema pero acabó con un "¡Que cabezota eres!" de la detective y una sonrisa triunfal del escritor. Kate no podía enfadarse con él, no después de todo lo que había hecho por ella… Una cálida sensación se extendía por su pecho cada vez que pensaba en ello, mezclada con deseo y una sonrisa tonta salía a la luz. Por el momento, ambos habían evitado ser interrogados por los chicos y Lanie sobre las circunstancias en las que les habían encontrado; pero ahora, parados delante de la puerta del despacho de Gates, temblaban ante la posibilidad de ese interrogatorio mucho peor. Se miraron, mostrando una temblorosa sonrisa, respiraron hondo y entraron en el despacho.

- Detective, Sr. Castle… Siéntense. – saludó Gates, señalándoles dos sillas delante de su mesa. Castle y Beckett tomaron asiento, en silencio, esperando las incómodas preguntas que inevitablemente tendrían que venir. Pero, para sorpresa de ambos, Gates no sacó el tema:

- Bien, obviamente vuestra misión fracasó por la razones que fueran… - Castle se removió inquieto en su silla. – Creo que son mayorcitos para darse cuenta del asunto, y aunque no van a tener represalias por mi parte, espero que no vuelva a repetirse… Sino, despídanse el uno del otro. – Gates les miró a ambos, seria. Había preparado esta conversación desde el primer momento que les vio juntos, así que se recostó en su silla y continuó:

- Los detectives Ryan y Esposito consiguieron pillar al camarero gracias a la declaración del Sr. Castle, el caso ya está cerrado. Recojan las cosas de la pizarra y váyanse para casa, hoy no les necesitamos por aquí. Descanse detective, el lunes empezará de nuevo. Y Sr. Castle usted váyase a hacer lo que quiera que haga…

Kate reprimió una sonrisa ante el comentario de la capitana, y se levantaron obedientemente. Iban a irse ya cuando Gates les dijo:

- ¿Sabrán comportarse, no? Forman un buen equipo, y aunque no soy dada a los elogios, supongo que ya se habrán dado cuenta. El capitán Montgomery les tenía en alta estima, y yo no quisiera tener que romper esa imagen. Los rollos de pareja, fuera de las misiones y el trabajo… Por muy drogados que fueran.

Castle estaba sorprendido y Beckett alucinaba. Se quedaron parados en la puerta, mirando a Gates con cara de no terminar de creerse lo que acababa de dar por hecho.

- ¿Se van a quedar ahí todo el día? ¡Venga, para casa! – comentó la capitana.

Reaccionaron y mascullando un "perdone" salieron atropelladamente del despacho. Esposito y Ryan les esperaban, disimuladamente, y al ver las caras que traían Espo se acercó a su compañero y le dijo:

- Ya puedes ir soltando el dinero, hermano.

Ryan puso mala cara, y sacó la cartera pero no le dio el dinero, alegando que todavía no sabían con total certeza que había pasado:

- ¿No ves las caras? Bye-bye colega. Nos quedamos sin escritor. – Espo puso cara de pena.

- No. No os libraréis de mi tan fácilmente, chicos. – intervino Castle, que lo había oído. – Solo ha dado por hecho que éramos pareja y nos ha dicho que nos concentráramos. – se sentó en su silla y les miró, sonriendo por primera vez.

- ¡JA! ¡Tomaaa! "Ya puedes ir soltando el dinero, hermano" – repitió Ryan con burla. Esposito le fulminó con la mirada y le dio a regañadientes lo pactado.

- ¿Otra vez apostando? No tenéis remedio… - Beckett sacudió la cabeza mientras ella y Castle quitaban todo de la pizarra. Terminaron y Castle se quedó un momento callado, se le iluminó la cara al tener una idea y comentó:

- Venga, ¿qué os parece unas cañitas esta tarde con una partida de billar? Nosotros y Lanie. Y Jenny, por supuesto. – añadió al ver la cara de Ryan. Éste asintió, satisfecho.

- Por mí, perfecto. Hace tiempo que no quedamos. – Esposito estuvo de acuerdo, Beckett rezongó un poco pero acabó por aceptar y un whatsapp de "Oh, yeah, chico escritor" de Lanie confirmó el plan. Acordaron estar a las ocho en "La taberna" el mejor sitio para jugar al billar de todo Manhattan y New York. Beckett se fue a buscar a Lanie para irse juntas a casa y arreglarse, tras despedirse con un guiño del escritor. Castle se quedó un rato más, charlando con los chicos.

- Y… ¿nos vas a contar de una vez que pasó? – Ryan enarcó las cejas y se acercó a ellos. Esposito se sentó en el borde de la mesa y Castle puso cara de circunstancias, pero al ver que no colaba, suspiró y se encogió de hombros:

- Nos drogaron y se nos fue de las manos. No tiene más ciencia…

- Venga ya. Y yo soy monja. – Esposito miró a Ryan, extrañado por la comparación. Su compañero hizo caso omiso y continuó – Lleváis unos días muy raros, más cercanos el uno con el otro… El otro día Beckett nos llama de repente, enfadada contigo. Luego os quedáis pillados en un ascensor, JUNTOS… Algo pasa.

- Aja – apostilló Esposito.

- No hay nada, chicos. Una serie de coincidencias… Y lo de su enfado fue que dije lo que no debía, ya sabéis que bocazas puedo ser. ¡Hey! – exclamó al ver las caras de los otros y sus miradas cómplices. Espo y Ryan se rieron:

- Era coña, hermano. Todos lo somos a veces – comentó Ryan.

- Exacto, Té dulce – le picó Castle. Se río al ver la cara del recién casado y mirando el reloj dijo:

- Os dejo, que hay que ponerse guapo para ligar esta noche – guiñó un ojo y se fue hacia el ascensor. Le llegó el grito de Esposito "Ten cuidado no vaya a ser que alguien se ponga celosaaaa" seguido de las risas de sus amigos. El escritor les hizo un gesto nada bonito con un dedo y se metió en el ascensor.

Una vez en su casa, pensó en lo que le había comentado Beckett en la discoteca; y en vez de coger una camisa, se decidió por un jersey ligero azul, de manera que resaltara sus ojos, y una chaqueta que dejaría en el coche para que no le estorbara. Unas gotas de colonia por aquí, colocarse un pelo rebelde por allá, una miradita en el espejo y tras darle un beso a su madre, salió en dirección "La Taberna", sin poder evitar pensar qué tal le habría ido a Beckett con Lanie y como iría vestida esa noche.

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El viaje en coche hasta su casa había sido en silencio, excepto por la música de la radio. Después de que la forense la hubiera obligado a contarle con pelos y señales la charla de Gates y de que se hubiera reído un buen rato, se habían metido en el coche y no habían vuelto a hablar. Kate se hizo ilusiones que se rompieron nada más cerró la puerta de su loft.

- Entonces… ¿me vas a decir de una vez por todas que pasó la otra noche con Castle? ¿O tengo que sacar mi bisturí? – preguntó Lanie mientras se sentaba en un sillón, sirviéndosecon una copa de vino y mirada inquisitiva. "De esta no te libras" parecía decir. Beckett suspiró, y dando un trago a su copa, se encogió de hombros:

- Nada. Estábamos drogados, Lanie. Solo se nos fue un poco de las manos…

- Yo también he estado drogada y no me han encontrado en ropa interior con un chico que me había dicho que me quería, en mi habitación… - ante la mirada escéptica de Beckett dijo:

- En serio. Nunca me ha pasado.

- A cada persona le pasa lo que le pasa, Lanie… Yo tampoco dejé a mi amiga borracha tirada en el bar cuando me salió un rollo de una noche. – dejó caer Kate. Su amiga hizo gesto de dolor, pero se río y aclaró:

- Que conste que le dije a Brian que llamara Castle, y hablé con él esa noche. Me dijo lo mismo que tu… ¿No le leerías…? – Se interrumpió y entrecerrando los ojos, siguió – El caso, que me desvío de él… ¿Lo has hablado con el chico escritor?

- Sí. El día que me desperté en el hospital. Me dijo que no lo iba a dejar pasar que luego pasaba lo que pasaba, lo hablamos y quedó claro que fue por la droga. – terminó la detective, cansada ya del tema.

- Me cuesta aceptar eso, pero bueno – Lanie se recostó en el sillón y bebió un poco de su copa. Se quedó en silencio por unos segundos y luego preguntó:

- Y… ¿Qué tal es? – Beckett casi escupe el vino pero se contuvo y le lanzó una mirada horrorizada a su amiga. - ¿¡Qué?! Tengo curiosidad. Hablan maravillas de él, y tú y yo siempre nos hemos contado estas cosas…

- ¡Lanie! ¡Pero es Castle! – la forense murmuró "Pues no tuviste ningún problema en liarte con él" antes de levantarse, mirando el reloj.

- No te libras, eh. Que lo sepas… Vamos a vestirnos, no quiero llegar tarde.

- ¿Y desde cuando la señorita Parish no quiere llegar tarde a una cita? Será desde que esta Espo porque si no… - comentó Beckett, riéndose y esquivando por los pelos un golpe de Lanie. Kate le dio un beso en la mejilla:

- Pero si sabes que te adoro, tonta. – y riendo fueron juntas al armario de la detective. Beckett le prestó a Lanie un vestido morado de lentejuelas que a la forense le encantaba, y ella buscó algo más simple. Después de mucho rebuscar encontró la falda que buscaba y mirando que no le quedara muy corta, cogió una camiseta azul clarito a juego y se vistió. Lanie silbó al verla y Beckett dijo un "Wow" al mirar a su amiga. Estaba impresionante…

- A Espo se le van a salir los ojos de las órbitas cuando te vea, morena.

- Pues Castle se va a perder en tus piernas, guapa, esa falda te queda… - hizo un gesto con la mano y se echaron a reír. La ronda de piropos había pasado. Calzándose los tacones y echándose un poco más de perfume, salieron del loft de Beckett con las americanas en una mano y bromeando sobre la paliza que les iban a dar a los chicos en el billar.

Llegaron al bar con un poco de adelanto y cogieron mesa antes de que se abarrotara el local, ya que era pequeño pero bastante conocido… Les trajeron las bebidas y Lanie se río cuando vio que la detective miraba la suya con desconfianza, pero al final, dio un sorbo y rezó para que no pasara nada. Los chicos llegaron al poco tiempo, entraron por la puerta riendo y bromeando, llamando la atención de todas las chicas que estaban ya en la taberna. Lanie y Beckett les saludaron desde la mesa, sonriendo y dejando claro que esos eran suyos. Se levantaron para darle dos besos a una radiante Jenny, y luego, a Castle y Beckett les tocó pringar e ir a por las bebidas de los demás. Mientras estaban en la barra, en la mesa los demás confabularon contra ellos…

La partida comenzó, la tiza iba rodando por todos, que querían tener el taco a punto para ganar. Las risas, apuestas, bromas y bastante tonteo entre Lanie y Espo llenaron el ambiente. Lanie se hizo la inexperta y dejó que Esposito la enseñara como colocar la mano y el taco, de forma que estaban todo el rato uno encima del otro. Todos estaban relajados y disfrutando, algunos más que otros. Castle tenía unas vistas maravillosas, situado como estaba a un lado, cada vez que Beckett se inclinaba para darle a las bolas, él perdía la mirada por esas interminables piernas que además, hoy conjuntaban con su ropa ya que los dos iban vestidos de azul. Castle se adelantó en el marcador, seguido por Beckett, Jenny, Lanie, Espo y por último Ryan; que era la primera vez que jugaba. Las cervezas se acumulaban en la mesa de al lado y las horas pasaban pero ninguno parecía darse cuenta. Cuando Jenny ganó al billar, sorprendiendo a todos, se pasaron a las cartas, pidiéndoles la baraja a unos viejos que estaban ya demasiado borrachos para jugar. Se sentaron en una mesa por parejas: Castle y Beckett en un banco, Ryan y Jenny en otro, y Espo y Lanie en otro. Era alucinante como parecía que había un imán, ya que sus cuerpos se rozaban continuamente y las manos chocaban todo el rato. Las miradas se trababan y las sonrisas no faltaban… Kate se estaba dejando llevar y bromeaba con el escritor todo el rato, de forma que de tanto reírse estaban apoyados el uno en el otro.

Siguieron apostando pero ninguno pudo contra Beckett y Castle, imparables cuando se trataba de cartas. Al final solo quedaron ellos dos jugando, y los demás les observaban, viendo cómo se picaban y reían el uno del otro, afianzando el plan que habían ideado antes.

- Venga, Castle. ¿Vas o no vas? – dijo Beckett, tras esperar casi 5 minutos. El escritor frunció el ceño, concentrado. La detective puso los ojos en blanco y suspiró.

- Sin presión, por favor. La cerveza empieza a afectar… - todos se rieron y miraron como iban: si Castle ponía, ganaba. Si no podía, ganaba Beckett. La tensión se palpaba, ya que aunque estaban de broma, había habido muchas apuestas. La detective se echó hacia atrás en el bancola silla, esperando tranquilamente. Castle suspiró con frustración y dejó las cartas en la mesa, negando con la cabeza. Los gritos de queja de Espo y Ryan llenaron el local, habían perdido la apuesta. Las chicas sonrieron y recogieron sus respectivos botines. Las bromas por parte del lado femenino crecieron y los chicos solo podían reírse y tratar de defenderse mutuamente. Castle les devolvió la baraja a los viejos y volvió a la mesa, sonriendo triunfal.

- Quita esa sonrisa, te he machacado – dijo Kate, levantándose para ir al baño y así dejando pasar a Castle a su lado.

- Mmmm… Da igual, me ha sabido bien esta derrota. – Castle fue a pasar por delante de ella, para sentarse en su sitio. Quedaron muy juntos y la detective se echó un poco para atrás pero sus piernas tropezaron con el banco.

- Cuando quieras te doy la revancha – bromeó para quitar un poco la tensión. Castle sonrió traviesamente.

- No me servirá cualquier revancha, detective – susurró, y continuó su camino hasta la silla. Beckett suspiró y se dirigió al baño, sin darse cuenta de que alguien la seguía de cerca. Al ir a entrar sintió una mano en su hombro, y pensando que era Castle se giró sonriendo pero se le borró la sonrisa de golpe:

- ¿Qué coño haces tú aquí?

- Baja los humos, detectiiive. – Arrastró la palabra, haciendo que sonara despectiva.- He pasado a saludar. ¿Me vas a arrestar?

- Déjame en paz.

- Oh, vamos, uno rapidito en el baño.

- Josh, estas borracho. – dijo Beckett, apartando a su exnovio. Pero este se volvió a pegar a ella:

- Puede. Ya he visto que estas muy bien acompañada… Te faltó el tiempo para dejarme e ir corriendo a los brazos de ese escritorzuelo, ¿eh zorra?

La detective le empujó lejos de ella y alzó la voz:

- Josh, no me hagas pegarte.

- Uuuuuy, mira como tiemblo – levantó una mano y la movió, sonrió con sorna – Solo te pido un último polvo, si quieres te pago. ¿Cuánto te da el escritor por el día entero? ¿1.000? Te doy el doble.

Ninguno de los dos se dio cuenta de que Castle estaba allí hasta que giró a Josh hacia él y le dio un puñetazo en toda la boca, rompiéndole el labio.

- ¡Hijo de puta! ¡Me ha roto el labio! ¿¡Y ahora qué voy a hacer?!

- Eres cirujano, gilipollas, no modelo. Cósetelo – dijo Castle enfadado. Josh fue a por él, dándole otro puñetazo en el labio.

- Diente por diente – soltó una carcajada, cortada por un golpe de Castle en la barriga. Fue a por el escritor pero estaba tan borracho que tropezó y se cayó, golpeándose con una silla. El dueño del bar salió de detrás de la barra y echó a Josh a empujones. Castle pidió disculpas, y solo entonces fue consciente de Beckett y del dolor de su mano. Hizo un gesto de dolor, sacudiéndola. Kate se pegó a su espalda, dando gracias mentalmente a los tacones, y frenó a Castle cuando iba a ir tras su exnovio, susurrando en su oído:

- No merece la pena… Ven al baño, que te limpio eso.

Entraron juntos en el baño, que era de esos que juntaban el lavabo con el váter. Tras coger el botiquín que les ofreció el dueño, cerraron la puerta y Castle se sentó en el váter. Beckett mojó un algodón y se acercó a él, limpiándole el labio entre gestos de dolor del escritor. Al ir a cambiar de algodón, Castle la miró fijamente y preguntó:

- ¿Estás bien? ¿No te tocó, verdad?

Beckett le miró con infinito cariño:

- ¿Y me lo preguntas tú, el de la mano machacada y el labio partido? – Sacudió la cabeza, sonriendo, pero se puso seria – No me tocó, tranquilo, no le habría dejado.

Castle asintió y reprimió un gemido cuando Beckett puso alcohol en la herida. Apretó los puños pero eso solo hizo que la mano herida lanzara punzadas de dolor. La detective vio en la mirada del escritor dolor y dijo:

- Venga, campeón, que tú puedes. – Castle soltó una carcajada temblorosa.

- Ni que fuera un niño pequeño – comentó.

- Por tus caras así parece…

- Entonces, ¿lo siguiente que es? ¿Darme besos en las heridas para que curen? – lo dijo de broma pero Beckett se inclinó más sobre él, y cogiendo su mano dolorida, le fue dando besos en los nudillos. Soltó la mano y mirándole fijamente los labios, rozó con los suyos los del escritor. Castle soltó el aire de golpe y buscó los labios de la detective, intercambiando un suave beso. Miró a Kate, que tenía los ojos oscurecidos por el deseo.

- Gracias – susurró Beckett contra sus labios – Por cuidarme.

- Siempre, ya lo sabes… - respondió Castle.

Kate pidió permiso con la mirada y sentándose en la pierna de Castle, le dolían los pies de estar de pie con los tacones, se puso a vendarle la mano con cuidado. La mano sana del escritor subía y bajaba por su espalda, en una tierna caricia. Toda la pasión y el deseo que había protagonizado sus anteriores encuentros ahora quedaban relegados por el cariño y la ternura. Se miraron a los ojos y Castle acarició la mejilla de la detective:

- Siento haberle pegado… Sé que no querías hacerlo pero no pude soportar ver cómo te llamaba puta. – Ella sacudió la cabeza, poniendo su mano encima de la del escritor.

- Se lo merecía. Si no lo hacías tú lo iba a hacer yo… - sonrió, traviesamente. Castle sonrió también, sin retirar la mano. Se quedaron en silencio un rato, mirándose, Beckett sentada en la pierna de Castle, diciéndoselo todo con la mirada. Unos golpes en la puerta interrumpieron el momento de la pareja:

- ¿Vais a tardar mucho más? No aguanto…

Castle y Beckett contuvieron la risa, y cogidos de la mano, salieron del baño, dejando entrar a una chica que daba saltitos para no hacerse pis encima. Ya en el bar no encontraban a sus amigos por ningún lado y el dueño les dijo que se habían ido corriendo. Kate frunció el ceño y miró su bolso, Lanie había cogido las llaves de su coche… Sacudiendo la cabeza y sonriendo a medias, cogió su iPhone, que parpadeaba.

"Baila con el chico escritor, tómate unas copas y no vayas a tu loft, Espo y yo la vamos a armar gorda." Sintió la risa de Castle en su oreja, haciéndola estremecer, logrando que la piel se le pusiera de gallina y que una oleada de calor le recorriera el cuerpo. También había leído el mensaje. Beckett se mordió el labio y miró al escritor que la llevó hasta la puerta.

- Hay mucha gente, conozco un sitio mejor.

Salieron juntos de la taberna, en silencio, todavía dados de la mano. Castle le dejó su chaqueta a Beckett, que con la camiseta de tirantes se estaba helando, y pasó un brazo por sus hombros. No hablaron en todo el camino hasta llegar a la casa de Castle, como descubrió la detective con sorpresa. Miró al escritor acusadoramente:

- Le prometo que mis intenciones son puras, detective – aclaró él, con las manos en alto. Beckett soltó una carcajada:

- No tienes remedio, Castle…

- ¿Sinceramente? Nunca lo he buscado. Si fuera normal sería un soso.

- Tienes razón, a mí me gustas así de loco y extravagante. – Castle le guiñó un ojo y entraron juntos en el edificio.