Disclaimer: Kobato no me pertenece, punto. XD
PS: me inspiré con algunas ideas de las q me mandaron =D gracias a todos! Y sorry x la espera, pero me kmbié de ksa y dónde vivo no llega señal de telmex para el internet u.u
"Uno a uno vamos recordando... Pero de dos en dos intentamos olvidar."
Doumoto nunca había sido alguien temperamental. Sin importar la situación siempre había sabido mantener la calma y la paciencia. Pero incluso él estaba teniendo dificultades con la situación que tenía en frente. Y es que sin importar las razones, no le hallaba ni pies ni cabeza al problema que se le presentaba en ese momento.
-¿Estás segura de que es la misma persona? -volvió a insistir a pesar de lo persistente que era la mujer.
-Sí, lo estoy. -Respondió ella. -Sé cómo suena todo esto, pero te digo que es la verdad. Recuerdo todo lo referente a ella, es como si mis recuerdos se estuviesen llenando de uno a uno con su imagen y todo termina encajando mucho mejor.
Doumoto la miró algo irritado. Como médico no debería de creer en este tipo de cosas más sin embargo, su corazón le decía que debía apostarlo todo por lo que Sayaka estaba afirmando entonces. Pero no era tan fácil. Él principalmente, había tenido problema con ajustarse a los "desvaríos" de Kiyokazu (mismos que al parecer ahora la joven maestra también sufría) y, por otro lado, sentía gran curiosidad por conocer a la misteriosa chica.
-Está bien -respondió suspirando al fin.
El rostro de Sayaka se iluminó
-¡Significa que me crees!
-No -la interrumpió él, el rostro de ella volvió a entristecerse -no puedo creer así como así, sin embargo quiero darte el beneficio de la duda -le explicó -si lo que dices es cierto, entonces es probable que yo también la recuerde en cuanto la vea.
-Entonces, ¿estás dispuesto a verla? -preguntó emocionada y él asintió con la cabeza sonriendo ligeramente -eso es perfecto, podrías verla hoy mismo.
-No creo que eso sea tan fácil debido a mi trabajo -le dijo -no puedo irme y dejar mis pendientes.
-No es necesario -respondió ella sonriente -deja que sea ella quien venga a tí -concluyó.
Doumoto la miró confuso, a pesar de imaginarse lo que había estado muy probablemente planeando la maestra, le costaba trabajo creer que ese personaje que creía ficticio, fuera de verdad a conocerlo. Suspiró. Bueno, al menos tenía que admitir que se moría de curiosidad por verla.
-¿Qué haces tú aquí?
Aunque muy probablemente, ése no fuera el caso particular de todos. Kiyokazu había salido de la oficina del delegado y se dirigía de regreso a la suya para continuar con sus pendientes del día, cuando en su camino se topó con la conocida dama en discordia.
La chica se encontraba sentada sobre el suelo mientras abrazaba con fuerza la bolsa en forma de paloma, dentro de la cual se encontraba el tan conocido "peluche". Se hacía evidente que la pobre estaba perdida y al borde del llanto. Y, al escuchar la voz del chico, lentamente se giró hasta verle por encima de su hombro.
-¡Oh! -Sus ojos se abrieron en reconocimiento y alivio
-¡Ah! -Y los de él se exaltaron al sentirse observados por ella
Ella se limpió los ojos con fuerza y rápidamente se levantó del suelo lanzándose a los brazos de Kiyokazu
-...¡Fujimoto san!
Hasta terminar de abrazarle por completo.
-¡Oye! -esto lo había tomado por sorpresa y no pudo evitar abochornarse ante las miradas inquisitoras del resto de los presentes, que miraban con curiosidad la escena. -Hey, vayamos a otro lugar, ¿está bien? -la chica asintió desde su posición.
Iorogi por su parte, no estaba tan contento.
-Mama!
La mujer de cabellos color ébano levantó la vista al oír que le llamaban. Había estado ocupada en no tirar nada de las dos enormes bolsas de víveres que llevaba en las manos que no notó la presencia de la joven rubia hasta que estuvo casi frente a ésta. Y de inmediato notó la ausencia de alguien más.
-Chise chan, ¿dónde dejaste a Chiho chan?
-Está en la guardería Yomogi ayudando a Okiura san -le explicó sonriendo -volverá por la tarde
-Oh, ya veo -asintió
Fue entonces que Chise se fijó en las enormes bolsas de víveres que llevaba su madre en brazos. Tomó una con sus manos con intención de ayudarle mientras le preguntaba:
-¿Tendremos invitados?
-Ee (sí) Sayaka me ha dicho que quiere organizar una fiesta de bienvenida para una vieja amiga suya -le explicó mientras retomaba el paso dentro de la pensión.
-¿y estamos invitadas? -preguntó curiosa, ansiosa de que la respuesta fuera afirmativa. Para su suerte así fue.
-Eso parece -le sonrió. -Aunque tendremos que preparar una de nuestras habitaciones ya que la pensión está llena
Ante las palabras de de la mujer, la muchacha saltó con alegría y por poco deja caer la bolsa que llevaba en sus brazos.
-Eso significa una pijamada!
-Parece que te gusta mucho la idea -observó.
-Tengo curiosidad por conocer a la amiga de Sayaka san -le confesó. La verdad es que desde el día anterior se había informado de los planes de Sayaka de ir a ver a la castaña. No había sido una confesión como tal, pero había visto tan ansiosa a la mujer que de inmediato su curiosidad había despertado y no podía dejar de seguir escarbando hasta dar con la verdad. Fujimoto también se había comportado notoriamente diferente desde su regreso de Kyoto y eso la motivaba más a pensar que la castaña debía de ser alguien muy importante tanto para Sayaka como para Fujimoto -Debe de ser alguien muy importante si va a recibirla de esta manera
-Yo pienso lo mismo -concordó su mamá al tiempo en que habrían la puerta de la enorme pensión y haciéndose a un lado para dejar entrar a su hija.
-¿Tú no sabes quién es, mamá? -saltó de inmediato ésta, que no quería dejar escapar las opciones de posibles fuentes valiosas de información.
-Me temo que no -le dijo con el semblante remarcado por un gesto de disculpa, como si le pesara no poder darle la respuesta que ella tanto quería.
Chise entró en la habitación con la mirada baja.
-Eso es muy extraño, si tomamos en cuenta que tú y Sayaka san se conocen de toda la vida -inquirió, sabía que su mamá no le mentía pero por otro lado, la situación no parecía tener sentido.
-Curiosamente yo pensé lo mismo, a mí también me intriga -le confesó, dejándo distraídamente la despensa sobre la barra de la cocina.
-Lo bueno que dentro de unas cuántas horas lo descubriremos -Chise sonrió -Quién sabe, quizá al final sí la conozcas
-Es probable -aceptó su madre con una sonrisa.
Nunca se atrevería a decir en voz alta que estaba tan ansiosa como su hija. La curiosidad reverberaba en todo su cuerpo y no podía esperar más el momento en el que por fin conociera a la misteriosa chica.
-Sayaka sensei me dijo que viniera a verte
-¿sayaka sensei?
Había sido una simple respuesta a una simple pregunta. "¿Por qué estás aquí?" Sin embargo la respuesta embargaba mucha más información que las palabras que la conformaban. ¿Cómo era que Kobato conocía a Sayaka?, si se suponía que la chica no tenía recuerdos de su vida anterior. Se giró para verla de frente al tiempo en que cerraba la puerta tras de sí de la pequeña oficina, ella sentada sobre el escritorio le devolvió la mirada y al ver la confusión inequívoca en su rostro lo entendió todo.
-Oh! cierto!, no lo sabías -le dijo y sonrió a modo de disculpa -ella vino a verme ayer por la tarde, unas horas después de que tú y Kohaku san se fueron -le informó
-Sayaka -No pudo por más que gruñir su nombre. Habría que saber qué estaría pensando la problemática mujer, pensó para sí, molesto porque aún a esas alturas ella se sintiera en necesidad de intervenir ante sus lentos progresos con la chica que amaba.
-Es una persona muy agradable, hablamos durante muchas horas -le dijo Kobato sacándolo de pronto de sus pensamientos y desechando por mucho su mal humor para reemplazarlo con vergüenza.
-¿De verdad? ¿Sobre qué? -balbuceó.
-Sobre tí por supuesto -respondió ella sin problema
-¡Eh! -y la cara de él se tiñó inmediatamente de un inconfundible color rojo.
Kobato meneaba distraídamente las piernas que le colgaban del escritorio, chocando talón con talón, sus manos apoyadas con firmeza sobre sus rodillas y todo su rostro sonreía mientras le explicaba la pequeña historia a Fujimoto.
-Al final se quedó en mi casa, esta semana he tenido muchas visitas y hoy por la mañana me pidió que viniera con ella, de esa forma no tendrías que perder tiempo en el viaje y yo podría conocer dónde vives
-¿Conocer dónde vivo? -repitió. La chica hablaba tan aprisa que aveces era difícil seguirle el paso. En especial en momentos como ése en que el corazón amenazaba con salírsele del pecho en temor de que la mujer le hubiese dicho algo más a la castaña. Algo que pudiera comprometerlo. Justo como lo que le acababa de soltar la niña en ese momento.
-Hai -respondió alegre -Sayaka sensei dijo que tendríamos una fiesta en pijamas -declaró.
-¿Ah?
En ese momento el aceleramiento y la vergüenza desaparecieron, para dar paso a una confusión. ¿Le había escuchado bien?
-Desafortunadamente me dijo que su casa estaba algo impresentable, así que nos quedaremos en tu departamento -le informó, la sonrisa nunca abandonó su rostro.
-Un momento, yo no he aceptado que sea así -le dijo relativamente conmocionado. Nunca le había gustado el que decidieran cosas que lo envolvieran sin su consentimiento o mínimo su opinión al respecto o al menos en este caso, que estuviese enterado del asunto.
-¿No puedo quedarme en tu casa?
Y ahí estaba ella. Tan divinamente esbozando un semblante entre preocupado y deprimido o más bien desilusionado. ¿Realmente podía decirle que no a ella? Especialmente ahora después de cuatro años en los que no había hecho otra cosa más que soñar incansable sobre ella, deseando que el Cielo se apiadara de él y la enviara de regreso a su lado, sobre todo por la noche cuando el silencio de la habitación vacía remarcaba aún más su ausencia. Así que, ahora que el Cielo se había compadecido de él, tendría el derecho de rechazar tal regalo?
Por supuesto que no.
-Bueno, sólo porque te has tomado la molestia de venir hasta acá -le dijo desviando la mirada tratando inútilmente de lucir indiferente.
"Inutilmente" pensaba Iorogi quien lo miraba con recelo desde la bolsa de la chica que descansaba sobre el escritorio. Era en momentos como ése en el que él también lamentaba el que la joven no pudiera recordarlo a él. Y muchas veces se había sentido tentado a revelarle todo de golpe a la joven sin importarle el cómo ésta pudiera reaccionar. De todos modos no era como que Kobato pareciera ser del tipo de chica que se vuelve loca en cuanto un muñeco de peluche le habla.
"Si tan sólo..." pensaba.
-Arigatou Fijimoto san! -Exclamó Kobato quien por suerte para Fujimoto era tan despistada como para darse cuenta del sonrojo que coloreaba el rostro del muchacho.
-¡Ara! Llegaste antes que yo
-¡Sayaka sensei!
La voz de la mujer los despertó de golpe del pequeño momento que estaban compartiendo. Fujimoto lo agradecía en parte porque estaba seguro de que a no ser por la intromisión de la Sayaka habría terminado sumergido en un terrible silencio incapaz de saber qué decir. Antes, que recordara, nunca le había pasado eso con la chica de ojos castaños, pero antes no había estado consiente de lo que sentía y ahora todo era diferente. Ahora era él quien deseaba atraer la atención de ella.
Kobato por su parte había bajado de un salto del escritorio en el que estaba sentada, sintiendo que el dolor del pie había mermado bajo los cuidados de Fujimoto. Se había acercado corriendo en dirección a Sayaka pero se quedó quieta al ver a la otra figura que entraba detrás de ella.
-Konbawa -le saludó
Y extrañamente la chica se sonrojó. El joven era bastante atractivo y su sonrisa era cautivadora. Dato que no se les escapó a ninguno de los dos: Iorogi y Fujimoto, quienes se limitaron a gruñir por lo bajo al unísono.
-Eh? Quién es? -cuestionó
Sayaka sonrió entonces, ansiosa como estaba de que ese encuentro se generase.
-Es un amigo mío y de Kiyokazu kun, su nombre es Doumoto -le explicó -él es un residente en el hospital de Tokyo.
-Gusto en conocerte -le saludó él tomándole la mano mientras hacía un movimiento de cabeza hacia ella.
-El gusto es mío -ella lo imitó, recuperando por fin su sonrisa y ritmo habitual de deselvolverse -mi nombre es Hanato Kobato, puedes decirme Kobato
-¿Quiere explicarme qué significa todo esto?
Por su parte, Fujimoto no había perdido el tiempo y había separado a Sayaka de Kobato y Doumoto, tomándola del brazo. Estaba intrigado pero más molesto que nada por el pequeño giro de eventos que había tomado aquélla visita. No bien instantes atrás había pensado en agradecerle el detalle de llevar a Kobato a Sayaka, ahora deseaba reclamarle el porqué de sus actos. Estaba pensando que por primera vez Doumoto podría convertirse en un pequeño obstáculo, pues recordaba que anteriormente el chico se había enamorado de Kobato, ¿y si volvía a suceder otra vez?
-Yo también la recordé... -Pese a su enfado la mujer le respondió con gesto amable y calidez en la voz, por un instante no entendía a qué se refería con esas palabras pero en cuanto hubo calmado sus emociones se permitió escuchar el resto de la confesión aún cuando ya no necesitara el oírla para entender a lo que se refería Sayaka -a Kobato chan -le dijo.
-Pero có...
Su voz quedó atrapada dentro de su garganta. Si bien era raro el que él mismo pudiera recordar a Kobato, sabía que tenía una razón válida para hacerlo: el pequeño dulce rosa que representaba el peso que llevaba Kobato en su corazón. Pero Sayaka no había tenido contacto con tal objeto, entonces, ¿cómo era posible?
-Yo tampoco lo sé, pero debe de haber una razón y tal vez, si la historia que me contaste es cierta ...tal vez, esta vez, nos toque a nosotros curarle el corazón -declaró con ligera esperanza, una esperanza que deseaba ser aceptaba por él.
Era lo primero que se le había ocurrido decir, pero no había podido haber estado más acertado; eso era lo que pensaba Iorogi mientras escuchaba sin querer queriendo la conversación a parte de los presentes. Él también tenía la misma esperanza. Por Kobato y por el ángel que dormía dentro de ella.
Fujimoto la soltó de pronto, sopesando la idea con la cabeza baja.
-¿Eso es lo que quieres o no? -le cuestionó ella, más como declaración que como pregunta en sí -Quieres recuperarla -declaró -Ánimo Kiyokazu kun, lo lograrás -le animó poniendo su mano detrás de la espalda de él.
-¿Cómo estás tan segura? -preguntó, no sintiéndose con la misma confianza de la que ella al parecer era capaz de crear con tanta facilidad.
-Porque las mejillas de Kobato chan sólo se sonrojan cuando está contigo -confesó sonriente
-¡! -Y de pronto la vista de él se levantó de pronto mirando al frente a la joven de la que hablaban.
-Eres muy enérgica -le oyó decir a Doumoto
-Jejeje -mientras que ella sonreía sonrojada, pero el sonroje no era el causado por un gusto, era de pena. La chica estaba algo apenada y era verdad que cuando ambos estuvieron en la cocina de la chica el sonrojo era totalmente causado por un sentimiento distinto.
Uno que provenía sin duda del corazón.
-Esfuérzate, Kiyokazu kun -escuchó que le animaba Sayaka.
Pero lo único que él podía ver era el rostro sonrojado de Kobato que se pintó al sentirse observada por él. Su risa de pronto reemplazada por una tímida sonrisa.
Tal vez, después de todo, sí era correspondido.
A/N: Esperando por la inspiración... =(
