Disclaimer: Kobato no me pertenece, punto. XD
PS: me inspiré con algunas ideas de las q me mandaron =D gracias a todos! Y sorry x la espera, pero me kmbié de ksa y dónde vivo no llega señal de telmex para el internet u.u
"Si bien no salen palabras de mi boca no significa que no pueda usar mis labios" =P
-No puedo creer que me hayas convencido de hacer esto.
-Y yo no puedo creer que no te dieras cuenta desde el principio de lo que pretendía.
Sayaka sonreía animadamente, mientras caminaba al lado de Kiyokazu rumbo a su departamento. Chitose ya había sido informada de que el joven había mordido el anzuelo y ahora sólo bastaba dejar que las cosas se fueran acomodando solas. A pocos pasos frente a ellos, Doumoto y Kobato conversaban animadamente también. Kiyokazu los veía con detenimiento, intentando discernir si aquéllo era realmente bueno. Si en un principio no había entendido que su amigo había tenido sentimientos por su pequeña paloma, ahora con certeza "todo" aquello del pasado le quedaba más que claro. Lo entendía en la forma en la que él la veía, como si se deleitase con una obra maestra, una pintura que quisiera memorizar hasta el más íntimo detalle; lo notaba en la facilidad con que sonreía, no era su sonrisa cordial de siempre, no, era una sonrisa llena de vida como que el simple hecho de tenerla a su lado lo había hecho el hombre más feliz del mundo. Y finalmente, lo notaba en ese endemoniado sonrojo que salía a relucir de vez en vez en las mejillas del chico.
Kiyokazu gruñó por lo bajo al mismo tiempo en que lo hizo el pequeño peluche azul en la bolsa de la chica. Bueno, al menos estaban de acuerdo en algo para variar, pensó el pequeño.
Sayaka dejó escapar una risilla.
-¿Y ahora qué? -preguntó irritado el castaño.
-Es que, hasta ahora caigo en cuenta de que siempre has sido celoso -le dijo aún conteniendo la risa.
-¿Ah? -él la miró confundido -claro que no, no tengo nada de qué estar celoso. -Bufó molesto cruzándose de brazos.
-Ah!, en eso tienes razón -concordó ella -pero es que tienes algo aquí -le dijo señalándose su frente -que deja en claro que no estás del todo contento. -Se rió.
-Fuí engañado para hacer una fiesta en mi casa -reclamó -tengo derecho a estar molesto -refutó levantando la voz.
Kobato se detuvo de pronto mirando a Kiyokazu sobre su hombro, interrumpiendo su conversación con Doumoto. Los demás se detuvieron con ella. El joven al sentir la mirada de ella tan suplicante fue incapaz de mantener el gesto y terminó desviando la vista frunciendo más el entrecejo.
Las cejas de Kobato casi se juntaron en un gesto deprimido.
-Lo sabía -dijo de pronto -Fujimoto san no estás contento de verme, cierto?
-¡Qué? -el aludido volteó inmediatamente con la expresión desencajada.
Doumoto lo miró detenidamente y acabó siendo capaz de descifrarlo para su buena fortuna.
-Lo que sucede es que Kiyokazu siempre ha sido algo testarudo -le explicó sonriendo a Kobato
-¿Testarudo? -cuestionaron al unísono los dos castaños, la sonrisa de Sayaka se ensanchó.
-Cuando algo le gusta mucho, mucho, le da tanta pena que se enoja
-¡En serio? / ¡Qué? -volvieron a responder los dos jóvenes al tiempo. Kobato con la expresión asombrada y un ligero rubor en sus mejillas, sintió que su corazón se regocijó en ese momento. Y Kiyokazu con la cara roja como tomate entre pena y enojo, todo al mismo tiempo.
-Oye Domouto -le dijo balbuceando -no andes diciendo tonterías.
-¡Qué bueno! -exclamó de pronto la chica interrumpiendo el fallido intento del castaño de buscar pelea -por un momento me había preocupado, casi estuve a punto de decirte que volvería a Kyoto -explicó, y sus palabras bastaron para cambiar el semblante del chico -me da gusto que nuestro pequeño encuentro te traiga felicidad porque yo me siento igual de contenta.
Y ahí estaba otra vez. Esa sonrisa capaz de desbaratarlo en un segundo.
-Aah -asintió ruborizado y agachando el semblante.
-Bueno, sólo una cuadra más y habremos llegado -dijo Sayaka -hay que darnos prisa, Kobato chan.
-Hai!
Siguieron caminando hasta el edificio de cuatro pisos en donde se encontraba el departamento del chico. Al principio eran sólo ellos cuatro, cada uno a su manera admirando el lugar en el que se encontraban, pero especialmente Kobato que en ese momento sentía que la diosa de la fortuna había decidido bendecirla con la rebosante oportunidad de iniciar un pequeño romance entre ella y el abogado gruñón, como solía llamarse. Se había dado cuenta terriblemente pronto de lo enganchada que estaba del chico y aunque no fuese que estuviese realmente enamorada había algo en la mirada del joven que hacía que su corazón agitará las alas para bailar en su pecho.
-¿Llevas mucho tiempo viviendo aquí? -preguntó mirando las fotografías que estaban sobre la estantería cerca de un librero.
Kiyokazu sintió que un frío intenso le atravesó el cuerpo por un segundo. Aquélla fotografía también estaba allí. Aquélla en la que también debería estar la joven de ojos marrones y eso en un instante le había dado escalofríos. Era como tener una verdad al lado de una posible mentira y no quería tener que despertar del sueño para entrar en la pesadilla de un mundo en el que ella sólo existía en sus recuerdos.
-Desde el año pasado -respondió con dificultad, pues intentaba sonar tan despreocupado que se notó el que estaba tenso. Para su buena suerte, Sayaka se dio cuenta.
-Antes él vivía en la posada de mi mejor amiga -le explicó desviando la atención de Kobato del castaño -pero desde que se graduó de Leyes decidió empezar a vivir por su cuenta.
-Vaya, es formidable.
-Aunque no lo parezca Kiyokazu es alguien muy responsable -inquirió Doumoto.
El aludido acabó sonrojado.
-Vamos, no es para tanto -gruñó.
-¿Qué hay de tí Kobato chan? -le preguntó Doumoto -¿Qué es lo que estás estudiando?
-Servicio social -respondió de golpe, emocionándose como era su costumbre -quiero ser trabajadora social para curar los corazones de la gente.
Iorogi sonrió desde su lugar en la bolsa de la niña. Los demás la vieron con un deje entre asombro y admiración. La chica tenía un modo particular de decir las cosas.
-Eso es bastante admirable -le dijo Sayaka, la sonrisa de la joven se ensanchó -¿Cuántos años tienes Kobato chan? ¿Aún te falta mucho para terminar tu carrera?
-Tengo diecinueve años -respondió -me falta un año para terminar.
-Sorprendente -exclamó Doumoto -habría jurado que eras más chica.
-Todo el tiempo me dicen lo mismo -le dijo apenada.
-Eso es porque eres demasiado inocente -le interrumpió el castaño, curiosamente una sonrisa se había posado en sus labios -Basta con sólo mirarte para darse cuenta de que tienes una inocencia que muy pocos conservan.
La sangre subió a las mejillas de la palomilla. Iorogi le miró atento.
-Arigatou... Fujimoto san -le dijo, con la mirada clavada en el suelo.
Allí iba otra vez, su corazón bailando a un ritmo desenfrenado, mientras batía las alas con inmensos deseos de poder volar.
Sobra decir que la fiesta había sido un completo éxito. Y ahora había incluso más gente en el departamento de la que Kiyokazu era capaz de recordar. Suponía que a eso era a lo que se le llamaba el problema de correr la voz. Bueno, sin duda no lo olvidaría para la próxima vez. Incluso Kohaku había ido junto con Suichiro san. El ángel estaba más que contento de poder divertirse con su pequeña Kobato. Ultimamente había algo en ella que le recordaba terriblemente el cielo y no estaba segura del porqué.
Al principio todo había sido una pequeña reunión, pero conforme la gente comenzó a llegar la música y el ruido se hicieron presentes. En cierta forma eso había sido algo bueno. Iorogi había podido aprovechar la confusión para salir a la pequeña terraza del departamento y poder así ajustar sus ideas. Estaba inquieto. La había estado sintiendo.
-Iorogi san
Nuestro ángel había aprovechado ese momento para salir junto al pequeño. Al igual que él se había dado cuenta de lo que sucedía.
-Kohaku -el pequeño le miró con el semblante serio. Así que finalmente lo había descubierto.
-Tú también te diste cuenta, ¿verdad Iorogi san?
El aludido desvió la vista hacia la hermosa media luna que alumbraba tenuemente la ciudad. Sí, por supuesto que la había visto. Cada día aquélla presencia se hacía cada vez más y más fuerte en el cuerpo de la pequeña "paloma".
-El alma de tu preciado ángel se encuentra aún dentro del cuerpo de Kobato san -concluyó Kohaku decidiéndose a recargarse en el borde para mirarla luna igual que hacía el pequeño. Aunque en su caso era su antiguo hogar el que aparecía en su pensamiento -¿es por eso que no te fuiste?
Iorogi suspiró.
-No -le dijo. -En realidad no lo supe antes que tú para serte franco. -Confesó y su semblante se ensombreció un poco -Amo a Kobato. Ésa es la razón de que me quedara. -le dijo -Quiero que ella sea feliz.
Kohakú sonrió. Sabía que Iorogi estaba enamorado del ángel que había intentado robar hacía ya varios años atrás. Por experiencia propia podía entender los motivos que lo llevaron a hacerlo, ya que de otro modo no podría estar con su persona más importante.
-Ése también era el deseo de Suishou -le dijo aún sonriendo.
-Y también espero que pueda ser libre de nuevo -le dijo Iorogi -Añoro el poder verla. -Y su mirada volvió a perderse en el firmamento.
-Y lo harás. Eso tenlo por seguro.
Ahora entendía porqué Kobato le daba aquélla sensación de estar en casa otra vez. Suishou era el ángel del árbol del huevo, donde nacían los ángeles gracias al amor infundido en la canción del ángel encargado de cuidarlos. Ése después de todo había sido también el trabajo de Kohaku y era por eso quizá que las memorias de su vida pasada brillaban en su mente cada que estaba cerca de la paloma.
Un rayo de luz atravesó su pensamiento entonces.
-¿Qué sucede? -cuestionó Iorogi al notar el asombro en los ojos de su compañero.
-Iorogi san, creo que entiendo cómo es que Kobato san podrá recuperar sus recuerdos pasados.
-¡Ah!
Los ojos de Iorogi se abrieron en asombro. Si Kobato recuperaba sus recuerdos, tal vez y sólo tal vez Suishou sería liberada también.
Eran las dos de la mañana. La fiesta había durado poco más de lo esperado. Sayaka y Okiura conversaban animadamente en la sala mientras iban recogiendo lo que podían sin interrumpir su charla, mientras que de vez en cuando echaban miradas hacia el balcón en el que se encontraban los dos castaños. Las fases uno y dos del plan habían sido un éxito, ahora faltaba completar la fase tres y el resto dependería de Kiyokazu. Los demás ya se habían marchado. Y dentro de poco la joven pareja de esposos se marcharía también. Kobato tendría que pasar la noche en casa de Kiyokazu como lo acordado.
Y, a pesar de estar consciente de eso, el chico no estaba realmente nervioso. Durante toda la noche había visto a Doumoto aprovechar la compañía de su pequeña paloma que estaba determinado a cerrar el asunto él sólo antes de que alguien más terminara llevándose volando a la joven que había buscado incansablemente por cuatro años. No. No estaba dispuesto a rendirse. Siendo como era, sin duda hallaría la manera de recuperarla.
-Básicamente no tienes familia -había sido más una pregunta que una declaración
La pequeña agachó la cabeza un poco con una sonrisa apenada.
-Sí -respondió -Pero tengo muchas amigas y amigos también -se animó al instante.
Durante la última hora, el chico había estado recolectando toda la información posible sobre la chica a su lado. Había aprendido que desde muy niña sufría de una enfermedad que la había hecho terminar todo un año viviendo en el hospital, aunque ahora al parecer se encontraba mejor. Su padre había fallecido un año antes de que ella enfermara debido a un resfriado mal cuidado, la recaída había sido mortal para él. Su madre aún vivía, pero debido a su trabajo y al hecho de haberse quedado sola a cargo de ella, tenía que viajar constantemente. Razón por la cual, tan pronto salió del hospital había ido a vivir con su abuelo hasta los 17 años, cuando su madre volvió. Había estado viviendo en Izumo pues iba a la universidad de la región, cuando su abuelo falleció. Ahora vivía en Kyoto y tenía un pequeño proyecto de renovar la casa que había sido su hogar hasta entonces. Pero en cierta forma sentía que estaba perdida, salvo su mamá, no tenía más familia.
-Es bueno ver que no te desanimes tan fácilmente -le dijo él con el semblante serio. Ella desvió la mirada hacia la luna.
-Tengo que hacerlo, de otro modo no podré ayudar a la gente que quiero -le dijo
Kiyokazu sonrió. Ésa era una de las razones por las que la amaba y estaba feliz de que aún a pesar de lo raro del pasado, aquél espíritu seguía siendo el mismo.
-Al menos estás consciente de ello -le dijo aún sonriendo -hay gente que es incapaz de superarse. Tengo que reconocer que tienes el valor de seguir adelante. Porque lo tienes, ¿verdad? -su sonrisa se ensanchó aún más.
A pesar de que Kobato también sonreía, algo en su semblante dejaba relucir un deje de tristeza. Una sonrisa apenada que era el reemplazo de una lágrima superada ya hace tiempo. Apoyó su rostro en sus brazos cruzados sobre el barandal y la sonrisa se forzó aún más.
-Sí, pero a veces, se me hace muy complicado -confesó.
Él la miró entonces, dándose cuenta al fin de la sombra de tristeza que envolvía el espíritu de la chica.
-No es tan difícil como parece -trató de reanimarle.
Ella desechó la oferta, decidiéndose a no mirarlo aún. Había un nudo en su pecho que no le permitía acercarse.
-No me refiero a eso -negó -Fujimoto san, para mí es muy difícil despertar todos los días sabiendo que volveré a dormir con la misma incertidumbre
Se apoyó sobre el brazo izquierdo en el barandal para girar su cuerpo hacia ella. El corazón le latía pesadamente como quien tiene la seguridad de que recibirá una mala noticia.
-¿De qué hablas?
-Siento, que he perdido algo importante. -Le dijo, su gesto un poco dolido -Pero, no sé que es... -suspiró antes de cerrar los ojos -Y es cuando estoy junto a tí que esa ausencia se hace más evidente.
-¿Te molesta... mi presencia?
Ella se irguió al instante, mirándole alarmada mientras sus manos aferraban la superficie metálica del barandal con fuerza. No había querido herirlo.
La voz de él había salido lenta y precavida, como quien busca obtener una respuesta clara sin lugar a dudas. Aquéllo le había oprimido el pecho. Pero... no quería creer que fuera cierto.
-¿No quieres que esté contigo? -Había algo en su mirada, en ese semblante dolido que ella no pudo evitar sentir que el corazón se le partía en mil pedazos. Y aquél viejo sueño volvía a atormentarla de nuevo.
Un sueño en donde es prisionera. Un sueño en el que tiene que alejarse de la persona que está afuera de su celda. Sin importar cuánto la ame.
-¡No! -gritó con fuerza, temerosa de provocar el que él se aleje -No es eso, no quiero que pienses que me molesta estar contigo porque no es así. -Explicó apurada -Yo... -y casi estuvo cerca de decirlo.
El nudo se hizo en su garganta y aquellas palabras se quedaron guardadas en lo más profundo de su corazón. Agachó la mirada apeada, temblorosa, con las manos juntas sobre su pecho. Y se sentía de pronto tan pequeña y diminuta, tan tonta. Él era un hombre adulto y ella apenas era una niña. ¿Qué pensaría de ella ahora?
-Déjame recuperarlo
-¿Ah?
Sus ojos se abrieron en asombro al oírle decir aquellas palabras y su rostro se elevó para poder mirarle directamente.
-Déjame recuperarlo por tí -le dijo él con el semblante serio.
Estaba de pie frente a ella con una determinación brillando en sus ojos. La determinación de alguien que está dispuesto a cumplir una promesa al precio que sea. ¿Estaría diciendo la verdad?
-¿Tú crees poder encontrarlo? -cuestionó antes de poder pensar en lo que estaba diciendo. Y sintió que el corazón comenzaba a palpitarle con una nueva esperanza -¿Aún cuando yo no sé qué es?-le cuestionó dando un paso al frente sin quererlo, se acercaba a él mientras le analizaba, esperanzada de que dijera que sí.
El cerro las manos en puños para darse valor. Ahora no era momento de temblar, se dijo.
-Puede que no sea precisamente lo que busques... -confesó -Pero te aseguro, que se aproxima bastante -le aseguró. Un sonrojo empezaba a nacer en sus mejillas.
-¿Y qué es? -cuestionó ella acercándose un paso más. No dejaba de verle el rostro ni un solo momento.
Estaban envueltos en la música de la noche, en esos ruidos lejanos de una ciudad bulliciosa. En las voces lejanas de la pareja que aún estaba dentro del departamento. En la mirada atenta de un pequeño perrito de felpa.
Un silencio que terminó cambiándolo todo.
Él desvió la mirada sintiendo que la cara le estaba ardiendo e inspiró con fuerza cerrando los ojos antes de volver a abrirlos y girarse hacia ella.
"Allí está de nuevo" -pensó Kobato, compartiendo ése mismo brillo esmeralda del chico en sus propias orbes marrones.
-Empieza por esto -le dijo antes de tomar el rostro de la chica por la barbilla, para levantarlo en la dirección en la que el suyo propia viajaba hacia ella.
-¿Fujimoto san? -susurró apenas un segundo antes de que sus labios se sellaran con los suyos.
El mundo se había detenido. Y de pronto era capaz de sentir al mundo entero en ese silencioso momento. Escuchó la música de una canción olvidada. Sintió el aire frío en su espalda y la calidez que irradiaba el cuerpo del chico. La manera en la que sostenía su rostro en su mano. La forma en la que la luz de la luna los bañaba en pequeños listones de luz tenue como si fueran un cuadro recién pintado. Lo extraño de sentir su corazón y aún así ser incapaz de escucharlo. Por ese momento todo se volvió etereo...
Estaba tan asombrada que había sido incapaz de cerrar los ojos a tiempo. Miraba sin mirar, y al no mirar, veía todo.
-ah... -se había separado su boca de la de ella. Aquél contacto estaba terminando pero...
-hm -ahora era el turno de él de sorprenderse.
Tan sólo un segundo y ella ya había levantado el cuerpo sobre las puntas de sus pies volviendo a sellar aquel pacto... Se había ayudado además con el cuello de la camisa de él y se sostenía en perfecto equilibrio mientras apretaba los ojos rogando porque aquello no fuera un sueño.
Temerosa sentía el corazón penderle de un hilo.
Temblaba...
Igual que él lo hacía...
Temblaban...
La sostuvo entre sus brazos, rodeando su pequeña figura atrayéndola hacia él. Y el mundo volvía a detenerse... ¡Sentía deseos de llorar! ... Estaba tan contenta, incluso si aquello no era más que juntar sus labios, incluso si aún era muy niña. Sentía, que ese momento, le pertenecía sólo a ella.
Aquella vieja melodía volvía a envolverlos en ese mundo etereo. Encerrados dentro de la burbuja del mundo que empezaba a nacer para ellos.
-Chise chan
-¿Qué pasa Chiho chan?
Dos jovencitas rubias, gemelas para ser exactos, descansaban al fin en sus respectivos futones dentro de la pequeña habitación que compartían. Estaban agotadas de la pequeña celebración de horas atrás aunque por dentro lamentaran haberse tenido que ir tan pronto. Ambas habían estado emocionadas de conocer a Kobato y tan pronto la habían visto habían quedado más que sorprendidas. Esperaban a alguien mayor, cierto, después de todo se suponía que era una vieja amiga de Sayaka san, aunque ahora podían entender porqué tal vez su madre no la conocía. Pero la joven en sí se ganaba el cariño con la pura sonrisa. Y lo que había sido aún mejor, era el haber visto a Fujimoto san tan celoso de aquella joven que hasta Doumoto había estado haciéndolo enojar a propósito. Por si eso no fuera suficiente, además la joven había demostrado tener una voz excepcionalmente bella. Nunca antes habían visto a alguien como ella...
-Fue muy interesante, ¿verdad?
Ambas miraban el techo de la habitación con un deje de ensoñación mientras pensaban lo mismo en sus mentes. ¿De verdad, no la habían visto antes?
-Lo fue -respondió Chise -Sentí mucha nostalgia -confesó
-Yo también -concordó su hermana.
Aquella canción volvía a sonar en sus recuerdos. Aquella canción y la misma luna de esa noche brillaron en sus recuerdos. Se habían sentido tan solas a pesar de tenerse la una a la otra por aquélla época. Pero alguien había sido capaz de sanar sus corazones...
Haru ni saku hanna
natsu hirou karu sodaio
Poco a poco, aquel recuerdo se fue colando en sus memorias. Y mientras la letra de la canción sonaba, la figura de la joven perdida de sus recuerdos comenzaba a dibujarse de nuevo.
kokoro no naka nii
kizamarette kira meku
Y ya no había dudas.
Chiho sonrió entonces.
-Chise chan
-¿nani?
-Creo que ya recuerdo a Kobato san -confesó.
Y la sonrisa adornó el rostro de su hermana también.
-Sí, yo también Chiho.
Watashi no teo, kimi no teo...
Se separó entonces...
Se separó antes de abrir los ojos incluso...
Aquél contacto había terminado...
Pero el temblor de sus cuerpos seguía. Y el corazón les seguía palpitando con fuerza. Aquella música estaba terminando. Pero no así la magia de aquella burbuja.
Se miraron a los ojos, casi al mismo tiempo. Él los había abierto antes que ella y había podido apreciar sonrojo en sus mejillas, la dulce imagen del rostro de la pequeña paloma enamorado, sus labios entreabiertos. Y si el deseo de volver a besarlos lo había atacado en ese instante, ése mismo deseo se hizo mucho más intenso al momento en que ella abrió sus ojos...
Ése brillo en su mirada... que era el mismo que el de la suya. Se miraron así mismos en los ojos del otro.
Las manos de ella fueron perdiendo su fuerza sobra la tela de la camisa del castaño y resbalaron lentamente hasta refugiarse la una sobre la otra sobre el pecho de su dueña. Ya no se sostenía sobre las puntas de los pies, finalmente había pisado "la tierra" aunque aún se sintiera como una especie de algodón de azúcar más que como concreto. Ésa tensión que ambos habían mantenido al besarse se disipó entonces. Se disipó en la forma en la que los hombros de ambos se relajaron, en la manera en que él seguía sosteniéndola por los hombros pero sin realmente abrazarla.
Se pertenecían entonces.
...
-Kiyokazu kun, ya nos retiramos
Con un parpadeo por parte de ambos aquella burbuja acabó por romperse. El sonido de una ciudad ajetreada que difícilmente dormía por las noches volvía a colarse en sus oídos. Se separó de ella y respondió sin despegarla vista de su compañera.
-Sí, en seguida voy -le dijo y escuchó los pasos de su hermana alejarse, sin duda alguna los había visto... -vuelvo en seguida -le dijo a la joven frente a él y entró a prisa a la habitación dejando la puerta de cristal medio abierta. Lo suficiente para que la joven pudiera despedirse también aunque fuera de lejos. Ella así lo hizo, pero fue incapaz de desviar la vista de él.
Lo miró...
Y ese sueño en el que algo se rompía volvió a posarse en su mente.
-¿Por qué, mi corazón se siente ligeramente oprimido? -se cuestionó en voz alta. Iorogi le miraba atento. -Fujimoto san -susurró acongojada...
Aquel cristal se rompió y era fácil poder ver la figura que había detrás de ella... Aquél muchacho del que seguramente la había separado. Pero tan pronto estuvo cerca de ver el rostro del mismo cerró los ojos asustada.
Tenía miedo... Miedo de que la persona que estaba buscando, no fuera su Fujimoto san...
A/N: Necesito releer el manga =.=
