Disclaimer: Kobato no me pertenece, punto. u.u
PS: ¿Alguien puede recomendarme una buena página donde pueda releer o descargar el manga? Por fa! Se los agradeceré mucho. =)
"Quiero que me recuerdes, pero... No quisiera que tuvieras que recordarlo todo." =(
Ése sueño, se posaba de nuevo en su mente.
-aha...
Estaba recostada sobre un futón, en medio de la habitación principal. La luna se reflejaba a través de los cristales de la ventana, lentamente se estaba desvaneciendo en el denso cielo, el amanecer estaba cerca de posarse en el firmamento.
La perseguía constantemente... ése sueño...
Era una noche fría y aún así, su cuerpo estaba sudando. Se agitaba entre el cobertor, luchando por alejarse de algo invisible, algo presente únicamente en su mente...
-¡Ah!
Le había despertado una angustia tan fuerte en el pecho que éste había terminado doliéndole. Su cuerpo estaba cubierto de sudor y sentía la agitación en su pecho reflejarse en su respiración acelerada. Respiró profundamente para calmarse. Una vez lo hizo su mirada se cruzó con la de Iorogi. El pequeño estaba de pie frente a su futón con el semblante demasiado serio para la figura de peluche que tenía.
-Levántate -Le ordenó, el brillo en sus ojos transfería una fiereza que hizo que Kiyokazu hiciera como le ordenaba, a pesar de la confusión que sentía. -Ella te necesita.
No hubo necesidad de decir nada más. En cuanto escuchó la declaración por parte del pequeño salió corriendo a buscarla.
-¡Kobato! -gritó tan pronto entró en la habitación en la que descansaba la joven.
La buscó con la mirada entre la penumbra de la habitación y la encontró hecha un ovillo en la esquina del cuarto. Temblando.
Se acercó a ella preocupado y posó su mano derecha en el hombro de la chica. Ésta saltó asustada y su mirada se cruzó con la de él.
Estaba... llorando.
-Kobato... -murmuro angustiado.
¿Qué había pasado?, se cuestionaba.
-Fujimoto san... -gimió ella aún entre lágrimas, antes de lanzarse a sus brazos.
Le tomó un segundo recomponerse para ser capaz de abrazarla. Y cuando lo hizo comenzó a acariciarle la espalda en un intento de darle consuelo, mientras le decía una y otra vez:
-Tranquila. Estoy aquí.
Estaba temblando bajo el abrazo del castaño. Lloraba inconsolable mientras el chico sentía el corazón resquebrajársele en mil pedazos. ¿Por qué? Era todo lo que preguntaba Kobato en su mente. ¿Por qué?
Tenía miedo... Miedo de que la persona que estaba buscando, no fuera su Fujimoto san... Se aferraba a la tela de su camisa con fuerza y apretando los párpados sin conseguir evitar el derramar lágrimas.
Pasó un tiempo antes de que la joven consiguiera lograr el volver a dormirse. Fujimoto estaba recargado en esa esquina mientras abrazaba la figura durmiente de ella. Seguía acariciando su cabeza con ternura mientras la miraba con el semblante preocupado. Habia aún muchas dudas en su cabeza con respecto a toda la historia que la envolvía. Y sentía que ya era hora de empezar a atar algunos cabos. Fijó la vista en Iorogi que estaba de pie a la entrada de la habitación y que compartía el mismo semblante que él.
"Bien" pensó Kiyokazu "al menos no tendría que obligarlo a que le dijera la verdad".
Eran las 6:30 de la mañana. Kobato dormía tranquilamente en la habitación de huéspedes. Al principio le había costado trabajo a Kiyokazu dejarla de nuevo en el futón sin que se despertara, pero después de varios intentos al fin lo había conseguido. Él y Iorogi se encontraban sentados en la sala del departamento del chico, quien en ese momento estaba tomando una taza de café sentado en el sillón mientras se masajeaba las sienes intentando apaciguar el dolor de cabeza que le aquejaba. El pequeño por su parte estaba sentado en el respaldo del sillón que estaba enfrente del chico sumido en sus pensamientos.
Habían acordado que era el momento de hablar las cosas en claro. Principalmente Iorogi, quien, al ver la confesión del chico la noche anterior y la reacción de Kobato ante éste, había comprendido que el tiempo era algo crucial si quería tener éxito en su misión de hacer feliz a la joven y rescatar a su ángel antes de que éste desapareciera dentro del alma de su receptor.
-Yo soy Iorogi, el rey de los espíritus. -Comenzó.
Kiyokazu le miró atentamente, olvidando de momento su dolor de cabeza. Por primera vez estaba dispuesto a no cuestionar, dudar ni interrumpir al pequeño. Su corazón le gritaba que lo importante ahora era el bienestar de la chica y no pelear con el peluche. Iorogi al ver que él le prestaba atención continuó.
-En este mundo existen tres reinos. El reino del Cielo. El reino del Infierno. Y el reino de los Espíritus. -Su semblante se había vuelto serio de pronto -Hace siete años, por primera vez en la historia los tres reinos se reunieron. Fue entonces cuando la conocí.
-¿A Kobato? -cuestionó el castaño.
Iorogi negó con la cabeza, el pesar evidente en sus ojos.
-No. A Suishou…
-¿Suishou? -el chico le miró confundido enarcando una ceja. ¿De qué iba aquello?, se cuestionó. El pequeño suspiró.
-El Cielo es un lugar complejo -explicó. -Quizá más complejo que el mundo de los humanos, pues allá todo tiene que ser perfecto. Los ángeles nacen de un huevo especial que crece en el árbol de la vida. Ése árbol debe ser custodiado por el ángel que tenga el corazón más puro y encima goce de una melodiosa voz que arrulle a los no nacidos. Suishou era el ángel encargado cuando yo fui al Cielo. Antes de él había estado en su lugar Kohakú.
Kiyokazu se sobresaltó al escuchar el nombre. Pues conocía al aludido. El recuerdo del mismo brilló desde sus rizos dorados hasta la amabilidad de su sonrisa.
-Pero, ¿por qué está aquí en la Tierra entonces? -cuestionó.
-Ésa es otra historia que no concierne a la nuestra. -Replicó el pequeño restándole importancia. No era su derecho el hablar de la historia amorosa de otros después de todo, -sólo te diré que cuando él se retiro, Suishou tomó su lugar. Y cuando yo la conocí me enamoré perdidamente de ella... -confesó con cierta tristeza en sus ojos brillaba un sentimiento parecido a la nostalgia.
El castaño le miró con pesar, sin saber exactamente qué sentir. No conocía la forma real de Iorogi y le era difícil imaginárselo enamorado de un ángel, pero por el pesar y la tristeza con la que había confesado aquello sentía que debía compartir ese sentir que más que tristeza parecía ser culpa.
-Al final inicié una guerra para conseguirla… -Continuó consiguiendo por fin el que el chico entendiera el porqué de su pesar -Y nuestro mundos se cruzaron. Yo caí en la Tierra, en el tiempo en el que vivía Kobato en aquél hospital. Siglos antes de tu existencia. Tu anterior yo también estaba allí.
-¿Mi anterior yo? -se exaltó, aquello le resultó difícil de creer. Podía aceptar que existía el Cielo, el Infierno e incluso el mundo de los Espíritus, suponía que porque era algo que les inculcaban desde niños. Pero la reencarnación era un tema totalmente aparte. Y si bien lo había aceptado de tanto de Kohaku como de Kobato se convencía que era porque ellas eran "especiales" desde un principio. El no tenía recuerdos de memorias pasadas además.
Iorogi parecía haber entendido los pensamientos del chico, ya que de inmediato le explicó.
-Todas las almas cuando mueren regresan a su origen y después de cierto tiempo regresan a la Tierra para reencarnar en nuevas vidas y así se repite el ciclo sin fin -Esperó un instante a que Kiyokazu asimilara sus palabras, luego prosiguió. -Cuando llegué a ese lugar, Kobato... Ella creyó que me estaban atacando injustamente. Y se atravesó en medio del fuego cruzado todo con tal de salvarme.
Su voz se perdió un instante al igual que lo hizo la del castaño. Escuchar que la niña que amaba había muerto, aunque hubiese sido siglos atrás en otra vida, le había hecho sentir que el corazón se le estrujaba.
-…fue allí cuando perdió su vida. -Concluyó. -Después de eso fui tomado prisionero. Y Dios me dio la sentencia de ayudar a Kobato a cumplir su deseo, pues sólo de esa manera podría volver a mi forma original al igual que el resto de mis compañeros que se levantaron en guerra conmigo. De otro modo terminaría condenado a esta figura por la eternidad. El resto ya lo sabes.
Kiyokazu bajó la mirada, perdiéndose dentro de las ondulaciones de su café olvidado sobre la mesa.
-¿Por qué crees que esto sigue siendo importante ahora? -Le cuestionó al pequeño todavía sin mirarlo después de transcurridos unos minutos. No estaba seguro de haber hecho la pregunta correcta pero sí del hecho que necesitaba saber lo que había ocurrido para poder comprender porqué era que Kobato había renacido en su época.
-Probablemente ella ha estado soñando con eso. -Contestó atrayendo de nuevo la atención del chico -La manera en la que sufre... -suspiró con pesar -Ya te lo dije, tú también viviste en esa época y en aquél entonces la perdiste por mi culpa.
Kiyokazu sintió que un nudo en la garganta se le formaba. Aquella confesión le estaba alterando más de lo que se permitiría admitir en voz alta. Pero no eran necesarias las palabras, Iorogi era capaz de entender el torbellino de emociones que el chico estaba sintiendo. Dolor, angustia, miedo... rencor.
-Kobato pidió renacer al lado de esa persona especial -dijo Kiyokazu una vez logró calmar la ira que estaba en su pecho, cuyo corazón pendía de resolver otra duda aún más importante que el hecho de pelear por algo que ya había ocurrido y por tanto imposible de cambiar -¿Esa persona era yo?
Iorogi desvió la vista de la figura de él.
-Realmente no lo sé. En ésa época tú eras mucho más grande que ella de lo que lo eres ahora.
-¿Eh? -le miró confundido.
-Aunque supongo que si al final ella renació en esta época es porque efectivamente se trataba de ti -inquirió. -Pero... aún si yo no hubiese entrado en ese momento de la historia ella igual hubiese muerto -Declaró con solemnidad.
-¡¿Qué? -exclamó desconcertado elevando la voz una octava -¡Por qué?
-Kobato padecía una enfermedad incurable en aquella época y me temo que también en ésta -confesó afligido.
El castaño se alteró levantándose de un salto.
-¿También en ésta? ¿Qué quieres decir con eso? -exigió saber, por lo que le había dicho la chica se suponía que ya no corría peligro. Entonces, ¿por qué?
-El cuerpo de Kobato es débil y si bien pidió renacer jamás pidió una vida diferente -declaró en tono mortuorio.
Sintió un escalofrío recorrerle la espalda y el temor se aunó en su pecho.
-¡! Significa eso que...
-Sí -asintió el pequeño interrumpiéndole -renació con las mismas características que en su anterior vida.
Afligido, consternado y preocupado, el joven cayó desconsolado de nuevo sobre el sillón. Su mirada perdida en un punto distante del suelo y sus manos sujetando su cabeza en un claro gesto de desesperación.
-Pero aún hay esperanza -le dijo Iorogi, Kiyokazu le miró al instante con un brillo temeroso en sus ojos.
-¿y cuál es? -murmuró en tono bajo.
El rostro de Iorogi volvió a enseriarse con ese gesto de tristeza y pesar.
-El alma de Shisou está dentro del cuerpo de Kobato y lentamente la ha estado curando.
El rostro de Kiyokazu se iluminó al oír aquello y una amplia sonrisa llena de esperanza comenzó a formarse en su rostro.
-Pero aquí es donde viene lo complicado -le advirtió el pequeño.
Una sonrisa que pronto se desvaneció.
-Si permanece mucho tiempo dentro de ella, morirá -declaró, el chico le miró con pesar, su cuerpo temblaba cada vez más al asimilar todas y cada una de las consecuencias que traería aquello. -Entenderás que no puedo permitir eso, ¿cierto?
-¿Y qué pretendes hacer? -le retó el chico en tono defensivo. Si bien no tenía nada en contra de Shisou, no tenía intenciones de perder a Kobato por ésta -Yo tampoco puedo permitir que Kobato muera. -Declaró casi gritando.
La furia ante la acusación implícita en la declaración del castaño estalló en los ojos del pequeño.
-¡Yo tampoco lo pretendo!
-¿Entonces? -exigió saber.
-Si ella recuerda -comenzó -si ella vuelve a aceptarte como su persona más importante yo habré cumplido mi misión. Y también Shisou -le explico. -¿Entiendes lo que trato de decir? -su tono era desesperado -Es crucial el que logres conquistarla antes de que sea demasiado tarde y tanto tú como yo terminemos perdiendo a quien fervientemente hemos intentado salvar.
Iorogi le miró con la advertencia marcada en sus ojos. Kiyokazu le sostuvo la mirada decidida y molesta hasta que finalmente asimiló y aceptó las palabras del pequeño. Aún no entendía del todo cómo el hecho de que Kobato recordara salvaría a ambas chicas. Pero por la determinación del pequeño le era imposible ir en contra de lo que le planteaba, y además tenía que ser justo. Tal y como Kohaku se lo había dicho era evidente que Iorogi amaba a Kobato y estaba más que comprometido a cumplir el deseo de la joven, había cuidado de ella incluso antes de que él conociera a la paloma. Podría decir que le ganaba el derecho de protegerla por antiguedad. Y, aunque no quisiera admitirlo, él también tenía prisa por conquistar a la joven de ojos marrones.
Se dejó caer sobre el respaldo del sillón, relajando sus hombros. La tensión abandonó el resto de su cuerpo. Mantuvo la mirada un instante en dirección a la habitación en la que descansaba la chica por la que había latido su corazón día tras día con la esperanza de encontrarla. No iba a perderla ahora, eso nunca.
Y, si ella estaba enferma, haría lo que fuera con tal de curarla. Incluso hacer las paces con el molesto peluche de felpa que tenía en frente.
-De acuerdo -le dijo, con el semblante igual de serio que el de su compañero -Tú ganas, haré todo lo que me digas.
Puedo imaginar pero no sé cómo se siente... Que el mundo se detenga cuando acaricia mi piel.
Kobato miraba por la ventana el paisaje cálido de los prados de Kyoto. El tren se movía a prisa y era imposible ver la imagen próxima sin marearse, por eso miraba más allá, a los prados verdes que brillaban bajo el sol. Añoraba poder correr a prisa por ellos, sentir el viento golpeándole el rostro y reír a carcajadas mientras iba de la mano de aquella persona.
-No te preocupes, irás pronto.
Se giró para ver al hombre al que le pertenecía aquella voz, pero su mirada se quedó a medio camino. Fija en aquella mano varonil sobre las suyas.
Que las manos del reloj no giren si no está presente... Dicen que es tan suave, dulce y fluye como miel.
-Mhm -asintió con lentitud sintiéndose ligeramente sonrojada. Era la primera vez que viajaba con él.
Cuanto tiempo tardara ¿O no es para todos? ¿Por qué de mí se esconderá? ¿Dónde está?
Le escuchó sonreír, así de absurdo como sonaba y luego alejó la mano de nuevo, sentándose "correctamente" en su asiento. La joven tenía el aliento atrapado en su pecho, salía con dificultad y actuaba con timidez.
-Esto... -comenzó con pena, su mirada fija en sus manos que aferraban con fuerza la tela de su vestido azul, el joven abogado le miró entonces con curiosidad -estoy muy contenta de poder salir de viaje contigo -dijo al fin, la voz le había salido temblorosa.
Quiero amar y sin pensar entregarlo todo... Quiero que mi corazón intercambie su lugar con el de alguien especial.
-A mí también me da mucho gusto -respondió él y el corazón de ella dio un salto -verás que poco a poco tu salud se irá recuperando.
Había estado a punto de volverle la mirada sonriente, pero aquella declaración le había cortado la inspiración.
Llevaba tiempo enamorada de quien fuera su representante legal. Le quería y admiraba desde niña y le amaba desde que se había vuelto adolescente. Tenían doce años de edad de diferencia... Ella tenía apenas catorce y él veintiseis. Hacía nueve años que se conocían.
¡Quiero despertar, te quiero encontrar y me quiero enamorar!
Y nada había pasado aún...
Kobato era huérfana y él trabajaba en el orfanato en aquél entonces, una vez cumplió dieciocho se la llevó a vivir con él. Ella había estado más que feliz de vivir con él en aquella casa ubicada a las afueras de Kyoto. Y compartir el techo con él bastó para que ella se enamorara de él.
No quiero imaginar, quiero saber cómo se siente... Que un beso me desnude el alma y me hormigueen los pies.
-¿No estás cansada? -le preguntó él de pronto sonando preocupado, después de un rato de estar sumergidos en un cómodo silencio.
-No -negó con la cabeza apresuradamente aún con la mirada fija en su regazo -estoy bien. -sonrió.
-Puedes recargarte en mí si quieres dormir.
Sus brazos ser mi abrigo en los fríos de diciembre... Y en los días de verano juntos ver el sol nacer.
Los ojos marrones de ella se abrieron en asombro y el corazón le dio un salto emocionado. Lo conocía bien y sabía que él no era de los que hacían bromas. Había cuidado de ella durante todos esos años y jamás la había dejado sola ni se había quejado de los gastos médicos y de las horas de desvelo cuando ella sufría algún ataque.
Ella sabía dentro de su corazón que él correspondía a sus sentimientos. Lo sabía por el temblor que había bailado en su voz al sugerirle aquello.
Pero también sabía que él no era de los que podía expresar sin problemas cómo se sentía. Y el corazón se calmó un poco al razonar aquello.
Cuanto tiempo tardara ¿O no es para todos? ¿Por qué de mí se esconderá?
-¿Puedo hacerlo? -cuestionó nerviosa y con el alma pendiéndole de un hilo mientras desviaba de nuevo la vista a la imagen detrás de la ventana.
¿Dónde está?
Le escuchó removerse en su asiento y después de un instante su corazón se exaltó aún más al sentir que le rodeaba por los hombros con su brazo derecho.
Quiero amar y sin pensar entregarlo todo Quiero que mi corazón intercambie su lugar con el de alguien especial.
Al principio el gesto había sido algo rígido y le había sido imposible el evitar abrir los ojos en asombro mientras permanecía reclinada sobre el costado del chico. Mas sin embargo, después de unos segundos, su corazón volvió a bailar al ritmo del hombre que la abrazaba y su cuerpo se relajó en su abrazo.
Una sonrisa subió hasta sus labios y le sintió suspirar por encima de su cabeza.
Quiero despertar, te quiero encontrar y me quiero enamorar.
No era tonta. Y sabía que le quedaba poco tiempo de vida. Ese viaje después de todo era una despedida... Así que pensó que debía aprovechar el tiempo que aún le quedaba con él, mientras aún tuviera fuerzas para moverse. Lo haría. Se decidió descansando su mano sobre la del chico quien se exaltó ante el gesto y le miró al instante.
Quiero amar y sin pensar entregarlo todo Quiero que mi corazón intercambie su lugar con el de alguien especial
Ella le devolvió el gesto y levantó poco a poco el rostro hacia los finos rasgos que conformaban el suyo. Reconoció el sentimiento que bailaba en las orbes esmeralda de su compañero detrás de aquellas pequeñas gafas, después de todo era el mismo que habitaba los suyos.
-Kiyokazu kun -susurró...
-Kobato... -respondió él en el mismo tono ahogado.
¡La amaba! ...Y estaba a punto de perderla.
Quiero despertar, te quiero encontrar y me quiero enamorar
Aquella emoción terminó liberando sus sentimientos y en un sutil movimiento selló sus labios con los de ella...
Ella se dejó hacer por supuesto. No había necesidad de pedir permiso. No había necesidad de esperar. No había necesidad de nada más que fundirse el uno en el otro. Y cayeron sin dudarlo dentro de aquél hermoso y triste sentimiento. A sabiendas de que no podían permitirse un mañana que les diera un futuro. A sabiendas de que no sabían si tendrían siquiera un mañana.
"A sabiendas de que los dos sufrirían cuando lo inevitable sucediera."
Se abrazaron entonces. Sin poder hacer nada más. Saborearon el momento.
Recordando, grabando cada uno de los matices de ese momento. El calor, la luz, la oscuridad que los envolvió al pasar el tren por un túnel... el aroma, la textura de la tela del vestido de ella, sus manos sobre sus hombros, las de ella aferradas a la tela de la camisa de él mientras le sujetaba por la espalda. Su perfume... su respiración entrecortada.
Y el latir de dos corazones que se habían fusionado en uno... La agonía y el placer de tener algo con la seguridad de que se perdería...
Quiero despertar, te quiero encontrar y me quiero enamorar
Le miró directamente siendo consciente del recuerdo. Y por fin pudo reconocer a la persona a la que había estado buscando por tanto tiempo. Se dejó envolver por la magia de esa ilusión permitiéndose el volver a saborear aquella boca, mientras el alivio embargaba su cuerpo y un único pensamiento se formaba en su mente. Sintiéndole y viéndole al mismo tiempo...
"Ah..." -suspiró "Así que había sido él después de todo".
La luz brilló a través de la ventana, bañándole el rostro de esa luz cálida. Sin duda el sueño había terminado. Abrió lentamente los ojos al tiempo en que una sonrisa surcaba las comisuras de sus labios.
Quiero despertar, te quiero encontrar, me quiero enamorar.
Por fin... había encontrado la felicidad.
A/N: Tengo que confesar que no estoy muy segura de cómo seguir esta historia =.= la canción por cierto es de Jessie y Joy - Me quiero enamorar.
