¿Alguien se dio cuenta de que en el disclaimer del primer capítulo puse KobatA en lugar de KobatO? xD Me hizo reír demasiado cuando lo vi.

Disclaimer: Kobato no me pertenece, ni me pertenecerá jamás. =/ so sad!


"Conociendo el Cielo, viviendo en la Tierra." =)

La tarde había caído, el cielo estaba cubierto de tonos cobrizos y el aire cálido que aún flotaba en el ambiente no tardaría en tornarse frío. Podría haber sido un día tranquilo, pero el hospital estaba lleno de movimiento al igual que las calles que lo circundaban.

Pero él conocía el camino y no le fue difícil abrirse paso entre la multitud para llegar hasta la recepción del tercer piso del hospital. Ahí lo atendería la enfermera que ya le conocía del último año en que su pequeña paloma había sido internada. Llegó sin problema al escritorio y tan pronto la joven levantó la vista al percatarse de su presencia preguntó directa y llanamente:

-¿Cómo se encuentra Kobato?

La enfermera sonrió con empatía, conocía por lo que ambos chicos estaban atravesando y sabía por experiencia que nunca es fácil cuidar a un ser amado a sabiendas de que va a morir sin importar lo que hagas.

-Está descansando en la habitación, finalmente conseguimos que se quedara tranquila.

Aquello habría sido suficiente para calmar sus inquietudes, pero el inesperado y extraño suceso de la mañana le evitaba el permitir que su preocupación se detuviera allí.

-¿Aún no saben qué lo originó?

-Me temo que no -contestó con tristeza, sabiendo perfectamente a lo que se refería el chico -La herida que tiene tiene una forma muy extraña, no imaginamos qué pudo causarla -Explicó. La expresión de él se vio invadida por un gesto de congoja -Pero afortunadamente logramos contener la hemorragia

-Igual, el resultado será el mismo -concluyó tristemente sin poder mantener la mirada.

Un breve silencio siguió entonces. Un breve instante en el que la mujer sintió el deseo de animarle, habían sufrido tanto después de todo. Así que con una sonrisa comprensiva le habló de nuevo.

-La hora de visitas terminó, pero hay tanto movimiento en el hospital que seguro nadie notará si alguien entra a la habitación de la joven -Kiyokazu levantó la vista inmediatamente, una parte de él había empezado a comprender aquella declaración como una invitación -Seguro que yo no lo haré -le dijo guiñando el ojo.

Y al instante una sonrisa se posó en los labios del chico.

-Gracias.

Caminó sin detenerse hasta el final del pasillo, en donde dio vuelta a la izquierda rumbo al área de pacientes en estado terminal. Aquel camino deprimiría a cualquiera que no sintiera en su pecho el anhelo de ver a alguien querido, alguien a quien se aferra con todas sus fuerzas incluso cuando sabe que no debe hacerlo.

Llegó a su destino incluso antes de darse cuenta de que lo había hecho. La pequeña habitación había albergado a tres pacientes, uno de los cuales había fallecido tan sólo una semana antes. El segundo al final había sido transferido a otro hospital en Tokyo con la esperanza de que una operación pudiera acabar con la enfermedad que le comía el cuerpo. La última, era la que descansaba sobre la cama frente a la ventana; era la persona que él había estado viendo durante los dos últimos años.

Tomando una de las sillas que descansaban en la pared, se sentó al lado de ella y tomó su delicada mano entre las suyas.

Estuvo en silencio un largo rato. Y la luz que entraba a través de la ventana se tiñó de rojo. La había mirado tantas veces de la misma forma... Y todas y cada una de esas veces deseaba que la vida que compartían fuese un poco más íntima. La había deseado suya y tal vez lo habría hecho, si las cosas hubiesen sido diferentes.

Mirándola así, sin ningún cambio en su rostro. Sin ningún ruido proveniente de ella salvo por su respiración, el peso en su pecho se desplomó hasta caer al suelo y las murallas que le retenían su garganta se derrumbaron al sentir el impulso del deseo de desahogo que afloró en sus cuerdas vocales.

-Si viviéramos en un mundo libre de tanto protocolo, te habría dicho que te quería desde que nos conocimos -le dijo dejando atravesar la emoción en su voz pero no todavía en su rostro.

La joven no respondió.

-Te habría dicho que me gustaste desde que cumpliste los doce -continuó él. Y al instante la emoción se abrió paso a través de sus ojos, lentamente hasta dominarlos conforme hablaba -Te habría dicho que me enamoré de ti desde hace dos año y que te he deseado desde entonces.

La luz rojiza comenzó a difuminarse hasta volverse púrpura. Más rápido que lento, la luz nocturna empezó a abrirse paso desde el cielo.

-Te habría hecho mi esposa... De haber sabido tan solo, qué sentías lo mismo.

Sus labios se apretaron en un gesto de congoja. Las murallas que apretujaban su garganta ahora provenían desde lo más profundo de su pecho. Sus ojos se estaban llenando de agua dulce.

-Desearía que pudieses volver a nacer junto a mí -Sus manos se cerraron apretando aún más la pequeña mano de la joven durmiente. -Desearía ir al lugar al que vas. Al menos así podría hacer las cosas bien esta vez.

Tan fuerte que fueron incapaces de distinguir el leve movimiento de los dedos de ella al contraerse, abrazando así las manos que la aprisionaban...

Pero para Kiyokazu, el dueño de este sueño, ello no pasó desapercibido. Y al ver el rostro de su antiguo yo lamentarse vio también el de ella sobrepuesto al de él mismo, diciendo las mismas palabras que le había oído decir constantemente, día tras día, hace cuatro años.

-Ése es mi deseo / "Ése es mi deseo".

Y justo después se despertó.


El tono de oscuridad que había invadido su sueño era parecido a la oscuridad que lo recibió, con la pequeña diferencia de que una luz azul parpadeaba en un ritmo constante sobre el techo, acompañada de un "ti, ti, ti" que sin duda era una alarma. Giró sobre su cuerpo estirando la mano para apagarla y, tras hacerlo, fue allí que la vio.

-Kobato

Los párpados de la durmiente se apretujaron antes de abrirse y cerrarse en un parpadeo demasiado lento, indicando que aún estaba medio dormida pero que había sido capaz de distinguir la voz del chico llamándola.

-Fujimoto...san? -respondió buscándole el rostro.

El chico estaba encima de ella sosteniéndose por los codos para no apachurrarla bajo su peso y le dedicó una sonrisa tan pronto la mirada castaña de ella se selló con la suya.

-Tengo que ir al trabajo, pero me gustaría quedar contigo para cenar.

Le tomó un pequeño instante a la chica el entender las palabras de él. Pero tan pronto su mente se ajustó a la realidad que la envolvía, sus labios se contagiaron de la misma sonrisa y sus manos se animaron a cubrirle el rostro en una caricia.

-Hai, iré a buscarte al trabajo.

Aquél gesto tan cálido habría conseguido deshacerlo en un gesto de verguenza, tras el cual se habría apartado en un instante visiblemente avergonzado y con el rostro teñido de rojo; pero antes de que su habitual reacción le llegara al cuerpo, las palabras de Iorogi resonaron en su mente.

"Ella sigue enferma."

Así que se mantuvo quieto, dejándose acariciar por ella... por el tiempo que necesitó para poder apartarse sin ser descubierto del pesar que le embargaba. Incluso se permitió cerrar los ojos mientras soltaba un amplio suspiro que le devolvió las fuerzas.

-Hasta entonces, puedes seguir descansando -le dijo al fin irguiéndose y tomando las manos de la joven con las suyas en el proceso, tras lo cual esbozó una sonrisa ladina -haragana -se burló

Los ojos de la castaña se abrieron en sorpresa, mientras que sus mejillas se tiñeron inmediatamente de rojo; estaban además a punto de inflarse para formar el usual puchero en el que le respondería con evidente molestia. Pero antes de que las cejas se le juntaran en ese gesto molesto, los labios de él se habían sellado en los suyos.

Tan precipitadamente, que ni siquiera le dio tiempo a cerrar los ojos. El beso duró dos segundos apenas, completo pero corto. Y tras terminarlo él se había dirigido a su oreja, en donde le confesó apenas en un susurro con esa voz grave que le caracterizaba...

-Aishiteru wa

-¡!

Todo el cuerpo de ella se congeló con la sorpresa, pero de nuevo apenas había sido cuestión de segundos y él ya se había separado de ella. Apunto de volver a soltarle las manos...

-Saa, descansa

Mas ella se decidió en un instante a jalarle de la misma manera. Tan de golpe que consiguió incluso que él le irguiera el cuerpo al intentar apartarse de ella para levantarse.

-¡Fujimoto san!

Sorprendido y asustado al mismo tiempo, la miró a la cara y luego a sus dos finos brazos envolviendo el suyo propio. Y luego volvió a mirarla.

"Daisuki"

Estaba seguro de haberle escuchado decir aquellas palabras, aunque no recordaba el cuadro completo, sólo había visto su boca antes de perderse de nuevo en aquella caricia.

No sabía exactamente cómo había pasado, ni quién se había inclinado hacia quién, ni cómo fue que sus bocas terminaron juntas. Pero un instante la estaba mirando y al siguiente tenía su rostro entre sus manos, con su boca respirando de la suya.

Y sintió en ese momento, que sin importar lo difícil o triste que pudiera llegar a ser la travesía, la salvaría a como diera lugar.

Después de todo, el deseo de ambos, en cierta forma, se había cumplido.


Y mientras el día se fue haciendo paso en el mundo de los humanos, Iorogi y Kohaku estaban cada vez más cerca del Cielo. El rubio batía fuertemente sus alas, agradeciendo el favor de Usagi chan de devolverle las alas temporalmente. No habría querido admitirlo en frente de nadie, pero la realidad era que más de una vez había extrañado el ser un ángel como Dios manda.

Sin el castigo de no poder volver a volar.

El rey de los espíritus no era tan diferente en realidad. La diferencia radicaba quizás en el orgullo, no se permitiría el dejar que otros se percataran de lo difícil que le resultaba el no tener su verdadera forma. Y quizá fuera por eso, que el repentido ánimo de su compañero no le pasó desapercibido.

-¿Qué ocurre?

-¡Estoy emocionado! -Respondió su compañero sin intenciones de ocultar su felicidad - Tenía mucho que no veía el Cielo.

Aquellas palabras le hicieron considerar al fin las pequeñas inconveniencias de aquella situación, que antes no había sido capaz de observar.

-A todo esto, ¿no hay problema si vienes? -le preguntó, en un tono que dejaba claro el que tenía la esperanza de que su compañero dijera que no. Pero Kohaku estaba lejos de entender los miedos del pequeño.

-Hmm, la verdad es que eso no lo sé, jamás pedí regresar -respondió aún sonriente.

-Nani?!

Y el alma del pequeño casi se le sale por la boca.

-Descuida, todo saldrá bien -intentó de convencerlo el ángel que siguió escuchando uno a uno cada uno de los reclamos del pequeño peluche que llevaba en sus manos.

Bueno, al menos para algunos observadores del cielo, aquellas llamaradas que salían de su hocico sin duda eran un hermoso espectáculo de luces, parecidos a los fuegos artificiales del tanabata.

-Kazuto

O al menos eso fue lo que pensó cierto pelinegro al mirar por la ventana.

Mientras que su compañera, Sayaka, le miraba con preocupación, aquella sonrisa en el rostro del hombre era tan amplia que asustaba.

-¿Qué ocurre? -le cuestionó tan pronto él se giró a mirarla.

-Estaba pensando que quizá deberíamos invitar a almorzar a la pequeña Kobato -le dijo.

Aquello consiguió cambiar el ánimo de la mujer.

-Sería una buena idea, considerando que Kiyokazu ya debe estar en el trabajo -Sin embargo, la sonrisa se le escapó de los labios al instante -Pero mucho me temo que yo no podría salir

-¿Te molesta si voy solo? -le preguntó él parándose justo delante de ella.

Le sacaba una cabeza completa en estatura.

-No, para nada -respondió sonriendo.

-Bien, la verdad es que quería hablar a solas con ella -confesó él -Después de todo le debo una disculpa

Ella enarcó una ceja.

-¿Una disculpa, de qué?

-Bueno, ella se vio más que involucrada en los problemas que causé hace cuatro años.

Aquello consiguió detenerle el corazón a la mujer durante un largo segundo.

-Kazuto, ¿tú la recuerdas?

-Siempre lo he hecho -respondió confuso de la reacción de ella -Jamás la he olvidado, ¿tú sí?

Las mejillas de ella se tiñeron de rojo tras la pregunta. Y la verguenza que le bailaba en el rostro acabó por obligarla a clavar la vista en el suelo. Admitir aquello en un principio le había confundido, ahora la entristecía al punto de avergonzarla.

Okiura Kazuto sonrió con dulzura.

-No tienes que avergonzarte, sé bien porqué no la recordabas -le dijo abrazándola para impedir el que ella le cuestionara, no era el momento aún ni el lugar para revelar ciertos secretos. -Sólo te diré que en este mundo hay un montón de cosas extrañas. -Le dijo en respuesta a aquellas preguntas silenciosas que sabía llenaban la mente de ella.

-¡Sayaka sensei! -Se escuchó por los pasillos del jardín de infantes.

-Los niños te llaman, será mejor que yo tmbién me marche -le dijo y depositó un beso en su frente -Volveré antes de que cierres

-Sí -asintió ella con las mejillas sonrosadas.

No entendía cómo, aún ahora, aquél hombre tenía la capacidad de dominarla, pero a la vez la hacía sentir tan feliz y completa que no escucharía queja alguna salir de sus labios.

Ni ahora, ni nunca.


El recorrido había sido largo y hasta cierto punto lento, pero era de esperarse considerando que hacía "vidas" que Kohaku no había sido capaz de usar sus alas. Sin embargo, la impaciencia de Iorogi pareciera haberse vuelto cada vez más tangible, sentía que nunca era suficiente el haber alcanzado un peldaño de la escalera a menos que fuera el último. Y quizá también su frustración se debiera a que dos figuras les bloqueaban el paso de la entrada del Cielo: Ranshou el arcángel de la Tierra y Ryuuki, el arcángel del fuego.

-Ara! Hacía mucho que no nos veíamos -fue la exclamación inmediata de Ranshou que se lanzó a abrazar al joven rubio en cuanto lo vió

-Es bueno volver a verlos! -exclamó Kohakú, compartiendo la ancha sonrisa de su compañero.

El que no estaba tan de buen humor era Ryuuki, que no tardó en dirigir una mirada de reproche al pequeño peluche frente a ellos. No era que tuviera algo en contra del pequeño, pero sinceramente se preguntaba si todos los ángeles encargados del árbol de la vida serían tomados por seres ajenos al Cielo.

-Sin embargo por la compañía que traes, lamento decirte que no pasarán de aquí -fue lo que dijo.

Iorogi por su parte, no se inmutó ante el comentario del arcángel, sino que al contrario respondió con ese tono de voz característico de quien demanda una acción.

-Necesitamos hablar con Él.

-No estás en condiciones de exigir -refutó Ryuuki.

-Calma, calma, no nos enviaron a pelear -les dijo Ranshou tratando de calmarlos al meterse en medio de ambos, su sonrisa aún lucía amplia en su rostro -Iorogi san, estamos al tanto de lo que has venido a hacer y no te preocupes; con nosotros será suficiente para resolver el problema -le aseguró giñándole el ojo.

El afelpado sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pues reconocía y recordaba de la última vez que estuvo en el Cielo, que él había sido "del gusto" del alado que tenía en frente.

-¿Quieres decir que tú me vas dar todas las respuestas? -cuestionó enarcando una ceja, mientras intentaba diluir su anterior incomodidad.

Ranshou pareció como si considerara la idea por primera vez, pero de manera muy simplona y nunca sin llegar a tornarse seria.

-Las necesarias al menos, sí -le dijo.

Pero su sonrisa, lejos de darle seguridad al rey de los espíritus, despertó aún más su impaciencia.

-¡Eso no me basta!

-Iorogi san -esta vez, sin embargo, fue Kohaku quien intervino en la disputa, su mirada de algún modo logró calmar al pequeño -Será mejor aceptar lo que nos den por ahora a regresar sin nada a la Tierra. Además hay una razón para todo, una buena razón.

Iorogi suspiró su frustración. Debía aceptar que Kohaku estaba en lo cierto. Lo menos que necesitaba era volver a casa con otro castigo encima.

Tanto Ranshou como Ryuuki le miraron detenidamente, cada uno a su manera le sonreían.

-No has cambiado Kohaku -le dijo el arcángel del fuego.

Iorogi se aclaró la garganta en ese momento para atraer la atención de nuevo al punto que le importaba.

-Bien. -les dijo. -Primero quiero que me expliquen... ¿Por qué es que Fujimoto Kiyokazu recordó a Kobato?

Ryuuki suspiró, a sabiendas de que el pequeño no gastaría el tiempo en rodeos. Pero fue Ranshou, para su sorpresa, quien terminó respondiendo en su lugar.

-Porque el corazón de él sobrellenó la botella -le dijo sonriente, como si aquello hubiese sido lo más hermoso del mundo, y en cierta forma lo era. -Y al hacerlo, no quedó lugar para el corazón de ella; el cual quedó atrapado en él listo para devolverle sus recuerdos en cuanto él se percatara de éste.

-Te refieres a los dulces -indagó Iorogi

-Así es como decidieron llamarle ustedes, los dulces. -Respondió Ryuuki -Pero en realidad son sentimientos pesados en el corazón de las personas, que al curarse se liberan de ellos y esos sentimientos de heridas y amarguras son en realidad lo que ella había estado recolectando.

Iorogi consideró lo dicho encontrándole cierto sentido, pero no por completo.

-Una de las reglas era que no podía sanar el corazón de la persona que amara -continuó atento -y sin embargo fue ese corazón el que consiguió llenar la botella, ¿por qué entonces se le prohibió el que lo hiciera? -cuestionó.

Esta vez Ryuuki tomó la palabra antes de que su compañero volviera a interrumpirle.

-Porque habría sido un acto egoísta si se revelaba desde un principio que ese corazón bastaría para llenar la botella.

Iorogi enarcó una ceja.

-¿Acto egoísta? ¡Pero es mucho más difícil el curar el corazón de quién se ama porque se sufre al hacerlo! -refutó.

-Precisamente.

Aquella sencilla palabra de alguna forma le había mandado a callar y no pudo evitar el soltar un gruñido.

-Ya veo, ella tenía que llegar a ello de manera honesta -concluyó Kohaku, haciéndose partícipe por fin de aquella conversación. -Y al hacerlo así se consiguió un bien mayor y ella fue capaz aunque indirectamente, de experimentar lo que sería vivir al lado de la persona junto a la que deseaba renacer.

Fue entonces, que Iorogi también lo entendió.

-Por eso ella tampoco podía recordar su vida pasada, de otro modo no habría querido separarse de él y el resultado habría sido igual de deprimente. -Razonó.

Aún recordaba, cómo los pequeños atisbos de las memorias de su vieja vida comenzaron a llegar a ella cuando sus sentimientos por Kiyokazu afloraron;era como si su alma, de alguna forma, estaba intentando abrirse paso a través de sus recuerdos para decirle que era él, que siempre fue él su destino.

-Todo el tiempo, Él pensó en ayudarla y ayudarse al hacerlo. -Exclamó Kohaku al entender una de las tantas razones detrás de los actos de su Dios y no pudo evitar sentirse contenta.

-No hay nadie más inteligente que él, ni tampoco más intrigante en sus actos -le dijo Ryuuki asintiendo mientras cruzaba los brazos.

Aún así, eso no explicaba la situación de Suishou, ¿por qué había terminado ella dentro del cuerpo de Kobato si desde un principio el plan de Dios era reunir a los dos castaños?

-Pero entonces, ¿por qué...

-Es lo mismo que con Suichiro san -le interrumpió Kohaku, entendiendo al instante la pregunta y el sentimiento que obligaban al pequeño a seguir cuestionando. -Al hacerse débil él, ella se volverá fuerte -Explicó refiriéndose tanto a Kiyokazu como a Kobato, hallándole sentido al reflejar la situación de su amiga en la situación que él mismo había vivido. -Pero si Suishou ayuda en el camino ambos llegaran a un equilibrio que les permitirá estar juntos más tiempo y también...

-¡Pero eso la matará! -gritó molesto el rey de los espíritus, dejando entrever en su hocico las características pequeñas llamas que antecedían a su fuego.

-Como ángel solamente -refuto Ryuuki.

-¿Eh?

-Le sucederá lo mismo que a mí, si es que su deseo también es el mismo que el mío -respondió el rubio, sonriendo de forma comprensiva a pesar de que Iorogi era aún incapaz de sentirse tranquilo -¿Verdad Raishou?

El aludido se rascó la cabeza mientras cerraba los ojos ampliando su sonrisa, como si estuviese considerando por cuenta propia el asunto.

-Bueno -suspiró -Después de todo, ya se ha seleccionado a otro ángel que cuide del árbol del huevo.

Los ojos de Iorogi se abrieron en shock y asombro.

-La clave está en el corazón de ella -concluyó el alado.

Por vez primera, Ryuuki se dirigió al pequeño sin el gesto de molestia adornando su rostro.

-Así como el corazón de él hizo realidad el deseo de Kobato chan, el corazón de ella hará realidad el deseo del corazón de Fujimoto san -explicó. -Supongo que ya habrás notado el que la botella se ha vaciado a la mitad -Iorogi asintió -eso se debe a que se usó una parte considerable para que Kobato chan pudiera renacer. Pero para que Suishou sea salvada con la seguridad de que Kobato sea curada se necesita volver a llenar la botella.

-¿Pero cómo va a curar corazones si no recuerda nada de su anterior vida? -interrumpió Iorogi, frustrado pero al mismo tiempo esperanzado de que Suishou tuviera la oportunidad de ser rescatada sin que su querida paloma sufriera por eso.

-Iorogi san -le habló Kohaku -en el Cielo se nos enseña que por cada buena acción que hagas se generarán muchas más.

-¿A qué viene eso?

-Creo que lo que nos están tratando de decir, es que ahora nos toca a nosotros curar el corazón de la pequeña Kobato chan -concluyó, después de todo, llevaba ya varios días con la misma sospecha.

-Exactamente -exclamó Ranshou, contento de tener que haberse saltado parte de la explicación gracias al rubio.

-Si hacemos eso, ¿ambas estarán a salvo?

-Básicamente sí -contestó Ryuuki -pero imagino que entiendes que eso sólo será posible si lo logran antes de que la energía de Suishou desaparezca.

El semblante de Iorogi se enserió debido al pesar que sintió tras oír aquello. Pareciera que siempre, siempre tendría que luchar en contra de un tiempo límite.

-Por ahora es todo lo que podemos decirles -concluyó Ranshou -aunque me dio mucho gusto volver a verte Kohaku, me temo que por ahora debemos despedirnos.

El rubio sonrió compartiendo la tristeza de su compañero.

-Sí, lo entiendo.

Se dijeron el respectivo "hasta pronto" los seres alados, mientras que Iorogi permanecía sumergido en sus pensamientos; le daba vueltas al asunto una y otra vez. Para él, el proceso de curación de la chica ya había entrado en marcha desde que la maestra Sayaka la recordara. Y el hecho de que le siguieran las gemelas sin duda había causado también un cambio. La última vez que había visto la botella, ésta había aumentado su volumen de líquido, aunque no mucho. Y eso se vio reflejado en las cosas que la misma Kobato había empezado a recordar, aunque ninguna de ellas se refiriera al año que pasaron juntos, sino a una vida mucho más antigua.

-¿Listo, Iorogi san?

Asintió sin darse cuenta siquiera de que el ángel ya lo había tomado en brazos mientras descendían lentamente de vuelta a la Tierra. Tan sumido estaba en resolver el rompecabezas de su mente que no sintió incluso lo que le había tomado el regresar a la Tierra. Pero realmente no importaba, lo único en lo que debía concentrarse era en reunir a toda la gente a la que Kobato había ayudado hacía ya cuatro años, debía reunirla a como diera lugar y lo más pronto posible. Sabía que sería difícil, pero tenía la esperanza de que Kiyokazu se asegurara de que aquél plan no fuera necesario. Si y sólo sí lograba sanar el corazón de la chica antes de que fuera demasiado tarde.

Ésa fue la primera vez, que el rey del mundo de los espíritus le rezó al Dios de los Cielos...


El timbre sonó una y dos veces antes de que ella pudiera responder.

-Hai! -Gritó justo antes de llegar corriendo a la puerta para abrirla.

Cuando lo hizo el reloj marcaba las 10:30 am y un hombre alto vestido en traje negro, pero con la camisa desfajada, le sonreía de pie al otro lado de la puerta.

-Ohaio Kobato chan -le saludó él.

Ella lo reconoció al instante. Era el esposo de Sayaka sensei.

-Okiura san

El hombre asintió.

-¿Te gustaría salir a dar un paseo conmigo?

Ella parpadeó una vez antes de que todo su rostro se iluminara con una amplia sonrisa.

-¡Hai!

Cuando salió con él del departamento (unos cuantos minutos después de que el hombre llegara), el aire que entró por la puerta de entrada tras cerrarse de golpe, meció suavemente un par de papeles que descansaban sobre el mueble del recibidor, que a su vez levantaron sin querer la esquina de un pañuelo azul perfectamente doblado. Y, al hacerlo, una pequeña bolita de color rosa brilló bajo la luz que se coló por la ventana.

Cualquiera que lo viera, pensaría sin duda que era un dulce.

Lástima que en ese momento, nadie lo vio.


A/N: No planeaba alargar el final, ¡lo juro! xD