Moshi, moshi :3
Vuelvo con el capítulo 2 :D
Informo que de ahora en adelante la actualización de este fic será cada semana (a más tardar dos)
Me alegra que les haya gustado *llora* XDD
Agradezco infinitamente sus reviews X3
DarkasLin:La hija no reconocida de Sherlock? XDDDD Pues hija no, pero si una niña que se parece a él hasta cierto punto XD
Aquí dejo la continuación esperando que sea de tu agrado ;3
Ana B Wolphe: TTwTT Adoré tu review. La verdad, esta niña está inspirada en alguien que conozco, digo, no es exactamente así, pero en algo se parece y la verdad es que tienes razón, es un poco inquietante tener a una chiquilla que habla y sabe más cosas que uno que ya es grande ._.
Y en cuanto a la prensa, pues eso mismo pensé yo, se necesitaba un poco de ellos en el fic XD, y creeme que como adoro a la prensa frívola arruina vidas (?) en mi historia los ocuparé mucho XDD
Que bueno que te haya gustado mi narración, intento dar lo mejor de mí :3
Espero también sea de tu agrado este capi C:
DarkCryonic: XDD esa palabra parece un trabalenguas XDDD, y bueno, espero que la historia no se despachurre D:
Saludos!
EloraP: Dejaré que saques tus propias conclusiones XDDD Gracias por leer, espero este cap también te guste :D
Ahora si, solo me queda decir, disfruten el cap X3
Disclaimer: La serie Sherlock, así como los personajes no me pertenecen, son propiedad tanto de la BBC como de Sir Arthur Conan Doyle.
Aquí estoy de nuevo
A mil millas lejos de ti
Un caos roto
Tan sólo piezas dispersas de quien soy yo.
Traté tan duramente
Pensé que podía hacer esto por mi cuenta
He perdido mucho a lo largo del camino
(Pieces by RED)
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Capítulo 2: Evidencia directa.
Lestrade miraba con cansancio la escena del crimen mientras sus hombres iban y venían de un lado a otro de la habitación recabando evidencia, aunque hasta el momento no habían conseguido nada que pudiera decirles algo sobre el perpetrador del asesinato.
La escena en sí no dejaba mucho a investigar, para empezar era un apartamento deshabitado y completamente nuevo, nadie lo había comprado aún, así que todo intento de buscar a un posible dueño quedaba descartado, después estaba el hecho de que en la estancia solo permanecían cuatro cosas que desencajaban contra la casi inmaculada pulcritud de la habitación pintada de color crema, y eran la silla en el centro, la gran salpicadura de sangre sobre la pared, el cuerpo de una mujer a la que habían identificado como Anna Hilton con ataduras en pies y manos y un disparo en la cabeza y una gran letra "M" pintada con pintura de color rojo en una de las paredes. No había nada más, ni una sola huella o un cabello diminuto.
Por un momento pensó en qué cosas podría encontrar aquel hombre que había muerto hace poco más de tres años, pero sacudió la cabeza enérgicamente y obligó a su mente a olvidar al hombre…Si, para él era "el hombre", jamás podría volver a pronunciar el nombre de aquel detective que había resultado ser un farsante.
El golpe fue bajo, Lestrade siempre le había admirado y guardado respeto, y todo para que el hombre resultara ser la peor de las escorias.
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—Señor…—la sargento Donovan entró en la estancia interrumpiendo sus amargas cavilaciones—Señor, hemos revisado todo el edificio y sus alrededores y no hemos encontrado nada.
El detective inspector se volvió a mirarle y asintió con la cabeza.
—Dile a Anderson que venga—ordenó.
Sally salió del cuarto haciendo resonar sus tacones contra las baldosas color marfil. Un flash de cámara le hizo soltar un respingo y vio a un hombre con ropa oscura que sostenía una cámara entre sus delgadas manos.
—Disculpe señor—comentó mientras se acercaba al cuerpo y enfocaba la lente—Debo hacer mi trabajo.
Lestrade le miró un tanto confundido, pero terminó por asentir y salió de la habitación para que el hombre hiciera su trabajo.
Tendrían demasiado que hacer en Scotland Yard, en los últimos tres años había logrado atrapar a un montón de criminales, casi como si alguien se los estuviera llevando en bandeja de plata, pero como siempre, salía alguien más listo que los demás que venía y se creía con el derecho de asesinar a quien se le pusiera enfrente.
Le preocupaba la falta de pruebas, pero mientras el fuera parte de la policía, no permitiría que los criminales hicieran lo que se les viniera en gana. Estaba dispuesto a demostrar que no necesitaban de ayuda externa para resolver un crimen.
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— ¿La mano derecha de Moriarty? —cuestioné sin poder contener mi asombro y creciente odio al escuchar ese nombre.
La pequeña bebió un poco de té y asintió encogiéndose de hombros como si fuera de lo más obvio.
—El rey—agitó en su manita la pieza de ajedrez—no está solo en el tablero, tiene a su alrededor una cantidad de piezas a su disposición. La gran mayoría de ellas han sido capturadas por el jugador contrario, por el rey blanco. —Quitó algunas de las piezas negras solo dejando una en el tablero—Excepto una—puso la pieza del rey a un lado de la otra—el rey sabemos muy bien que está muerto, así que solo nos queda nuestro pequeño peón.
Abrí mucho los ojos. Su manera de explicar las cosas era extraña pero excepcional, aunque me pregunté si todo aquello era una especie de juego para ella.
—Entiendo…No, espere… ¿Y cómo está segura de eso? —Acababa de caer en la cuenta de que parecía muy segura de que ese desgraciado tenía un secuaz— ¿Qué le hizo pensar que tenía un compañero?
Su mirada se volvió aún más gélida, daba la impresión de que quería recriminarme el hecho de que no entendiera lo que quería decirme.
—Porque las personas que han muerto eran, hasta cierto punto, seguidores de Sherlock Holmes y no veo que alguien asesinaría a una persona relacionada en cierta forma con el señor Holmes, al menos que tengamos en cuenta que Moriarty pudo tener a su lado a alguien tan loco como él, que sin duda sería más factible que tuviera un interés en el detective.—rodó los ojos—La cuestión aquí es el por qué…No entiendo el motivo por el cual hasta hace poco haya decidido atacar, podría haberlo hecho antes, pero no, ha sido hasta ahora…No termino de entender. —miró con frustración la taza de té.
Saqué todo el aire de mis pulmones, si ella no lo entendía yo mucho menos. Ni siquiera sabía que mi vida corría riesgo, y el hecho de saber que allá afuera había un loco que había sido compañero, o al menos un seguidor fiel de Moriarty, simplemente me ponía los pelos de punta.
Justo cuando creía que mi vida seguiría su curso basado en la monotonía llegaba a mí vida una niña que de pequeña solo tenía el cuerpo, porque su mente me había quedado más que claro que era prodigiosa, y llegué incluso a pensar que si Sherlock hubiera tenido alguna vez una hija, ella sería su digna descendiente.
Un teléfono comenzó a sonar, el joven mayordomo sacó del interior de su saco un celular y antes de contestar miró la pantalla.
—Señorita, es él—informó mientras se apuraba a contestar—Buenos días señor Trapp.
Abrí la boca para preguntar quién le llamaba, pero la niña hizo un gesto con la mano para que me quedara callado.
—Entiendo, deme un momento—tapó el móvil con ambas manos y se dirigió a la pequeña, pero ella asintió, como anticipándose a lo que iba a decir porque ya lo sabía.
—Que tome fotos de todo el lugar, si hay jardines que los revise a conciencia y preciso de imágenes detalladas del cuerpo—finalizó
El mayordomo hizo un gesto de asentimiento y volvió al teléfono indicando lo que la niña había pedido.
¿Cuerpo? ¿¡Qué quería fotos de un cuerpo!? Por un momento pensé con amargura que quizá eso de la reencarnación si existía y que mi viejo amigo ahora habitaba dentro de la niña.
— ¿Podría dejar de hacer eso? —inquirió jugueteando con una pieza de ajedrez.
— ¿El qué? —dije sin saber a qué se refería.
—Pensar que soy algo así como Sherlock Holmes. No creo que esté a su altura en ningún aspecto.
¿¡Pero cómo rayos…!?
—Porque lo veo en sus ojos—en ese momento me pregunté si acaso podía leer la mente—Cuando llegó aquí noté que tenía los ojos inexpresivos, guarda usted un cierto aire de nostalgia, pero desde que me ha visto reparé en que su expresión cambió, hay una especie de ilusión, algo de lo que llaman "cariño".
—Yo…yo…—no sabía que decir, de repente me sentía bastante adolorido, con ese torturador dolor en mi pecho, el nudo en la garganta que me quitaba el aliento y por sobre todo, la horrorosa sensación de soledad que inundaba mi alma.
—Usted puede olvidar—apuntó, como si quisiera hacerme sentir mejor—El cuadro clínico es así siempre, el paciente se siente totalmente perdido y cree que la vida ya no tiene sentido, pero con los años comprende que aún hay mucho por hacer y su dolor pasa a segundo plano. —no estaba seguro si eran las palabras adecuadas, pero igual las agradecí en silencio—Pruebe con algún deporte u otra actividad que le distraiga, así podría resultarle más fácil.
—Ehm…Gracias—dije sin saber muy bien que responderle.
El mayordomo que hasta ese momento se había dedicado a teclear en el celular, por fin volvió a guardarlo y se dirigió a nosotros.
— ¿En dónde y quién a sido? —interrogó la pequeña.
—La señorita Anna Hilton, en el barrio de Covent Garden—respondió eficientemente.
—Dios, otro asesinato—no me agradaba nada aquello—Un momento ¿Quién le ha llamado? —inquirí desconcertado. Alguien de la policía no podría ser, ya que la niña había dicho que no confiaba en ellos.
—Nadie con demasiada importancia—se encogió de hombros—Un detective privado que he contratado para que me facilite la información que necesito.
— ¿Cómo…?—empecé.
—Escuche, ya he dejado en claro que nuestro querido peón asesina a gente que se muestra interesada en Sherlock Holmes o temas relacionados a él. Por el momento se ha dedicado a matar a las que se podrían considerar las fuentes más influyentes, aquellos que de alguna manera podrían poner en riesgo el teatro que se han montado sobre el señor Holmes. El asesino pensó que mis padres habían escrito el mensaje, seguramente se enteró de que yo había sobrevivido pero no vio en mi un peligro al ser una niña pequeña que la prensa se tomó la molestia de dejar como la hija en "estado de shock, que se recupera lentamente del fuerte trauma" —frunció el ceño con desagrado—En otras circunstancias les hubiera dicho unas cuantas cosas sobre la veracidad casi nula de sus noticias, pero ya que no me apetece morir de una bala en el cráneo decidí guardar silencio. —Suspiró—El asesino debe seguir creyendo que está totalmente a salvo, todo lo que he hecho hasta ahora lo he llevado en el más completo anonimato, mi mayordomo, Dominic se encarga de ciertas cosas como la contratación de personal, porque no puedo arriesgarme a que nuestro asesino sepa que no ha eliminado a la persona correcta.
— ¡Sorprendente! —exclamé totalmente maravillado. La mayoría de las niñas millonarias pedían a sus padres ponis y cosas que no necesitaban; aquella chiquilla utilizaba su dinero para contratar detectives y gente que le facilitara información sobre asesinos. Llegué a considerar la idea de que quizá yo fuera un imán para la gente extraña.
—El hecho de que si le permita verme es porque confió plenamente en usted—afirmó—Pongo mi vida en sus manos ahora.
Sentí una calidez en el pecho. Por muy fría que pareciera la pequeña Charlotte Whitehall, sus palabras me hicieron bien, que confiara tanto en mí aún sin conocerme demasiado, ella había puesto un bálsamo sobre mi corazón, calmando aunque fuera un poco el dolor que siempre me acompañaba.
La observé detenidamente por lo que me pareció mucho tiempo. ¿Sherlock había sido como ella cuando niño?
Me resultaba fascinante y a la vez me provocaba cierto malestar que la pequeña estuviera involucrada en esto, en un gran juego en el que se apostaba la vida. Lo entendía de Sherlock, ya que después de todo era un adulto y de eso vivía, pero aquella niña, estaba seguro que tenía bastante dinero como para mantenerse sin problemas, debería estar jugando en el parque, soñando con ser de grande una estrella de cine o algunas de esas cosas que uno piensa cuando es niño, y no en el porqué de unos asesinatos entre los que se contaba el triste final de sus padres.
— ¿Puedo hacerle una pregunta? —dije en voz baja.
Charlotte asintió por respuesta.
— ¿Por qué hace esto? Es una cuestión muy delicada, nada de juegos. Hablamos de un asesino que ya ha matado a ocho personas.
Pareció meditar la respuesta.
—Odio las mentiras. Lo que hizo Moriarty fue una puñalada por la espalda, así como lo que hace ahora nuestro pequeño peón—apretó sus manitas—Moriarty ganó una batalla, pero no pienso dejarle ganar la guerra. Un nuevo juego ha empezado, nuestro peón ha ganado el primer turno, yo ganaré el siguiente por el honor de Sherlock Holmes y mis padres. Me gusta resolver puzles, y este es bastante interesante—sus ojos se mantenían inexpresivos, por lo que no podía estar seguro de que estuviera enojada o algo por el estilo.
—Todo el mundo—empecé sin poder ocultar el tono de amargura de mi voz —, a excepción de unas cuantas personas que bien podían ser contadas con los dedos de una sola mano, creyeron que Sherlock era un mentiroso. —ella me observó con detenimiento mientras hablaba—No sabe cuánto me alegro de que crea en él, aunque nunca le haya conocido.
—La gente no utiliza el cerebro—inquirió Charlotte—Su mente es tan cerrada, tan incapaz de ver más allá. Una vez que se implanta una idea en su cabeza, les resulta casi imposible creer en otra cosa. James Moriarty hizo creer a toda la gente que Sherlock Holmes era un mentiroso, supo jugar bien la partida, movió las piezas correctas y fue inevitable que realizara jaque mate. Una broma absurda que logró su propósito gracias a la ineptitud de los demás. —Negó con la cabeza— ¿Le digo cuál fue la primera pista con la que supe que todo era un teatro? —preguntó esbozando una media sonrisa de superioridad como las que solía poner mi amigo.
Asentí levemente casi por inercia.
—Es algo tan ordinario que resulta casi gracioso—comenzó—Si la gente observara y no solamente se dedicara a mirar nos hubiéramos ahorrado todo esto—juntó sus manitas a la altura de la barbilla—The Reichebach falls—clamó haciendo énfasis—Aquella pintura que Sherlock Holmes recuperó, un caso con el que reclamó la fama.
Aunque con sus ojitos me quería decir que era obvio, por más que yo quería encontrarle el sentido no pude hacerlo. No tenía ni la más mínima idea de que tenía que ver esa pintura con la verdad de Sherlock.
—Ehm, perdone pero ¿cómo ha dicho?
— ¡Reichebach!—volvió a decir— ¡Más claro no puede ser!—abrió las manos como si estuviera cantando alabanzas. — ¡Dios, doctor Watson! ¡Richard Brook! Richard Brook! Así es como supuestamente se llamaba el actor que el señor Holmes contrató para interpretar el papel de Moriarty ¿no?
Apenas si cabecee, pues el repentino entusiasmo de la niña me había dejado sorprendido.
—Bien, pues Richard Brook es Reiche Bach en alemán. —soltó.
Sentí que la mandíbula se me caía al suelo. Quise decir algo, pero de repente me sentía ajeno a todo lo que me rodeaba, el cuerpo me pesaba demasiado, mi cabeza parecía estar muy lejos de ahí. No podía procesar lo que acababa de decirme la niña.
—Recordemos quien es James Moriarty. Un completo psicópata, no era humano, sino una araña, como en su momento lo dijo el señor Holmes. Él no solo quería destruir a Sherlock Holmes, quería quemarlo, despedazarlo totalmente, echar sus restos al suelo y bailar sobre ellos. Como bien le dije he investigado mucho, así que eso me queda más que claro y sé que no es una exageración.
Moriarty era el ser más peligroso que la historia haya podido tener, estaba aburrido y era un niño buscando un juego para divertirse, así pues todos y cada uno de sus movimientos se hicieron con ese fin.
Richard Brook era tan solo otra burla, el caso de la pintura fue lo que les llevó a la fama tanto a usted como a él, así que, poniéndome en la mente del criminar, siendo Moriarty, buscando la manera de hacerlo todo más gracioso ¿por qué no llamarme así? El mismo poder de dar fama, el mismo poder de hundirte hasta lo más profundo.
Que una niña dijera todas esas cosas me hacía cuestionarme seriamente si todo aquello era una broma de muy mal gusto. No podía terminarme de creer que esa pequeña hubiera sido capaz de desentrañar todo eso y hacerlo ver como la cosa más simple del mundo.
Lo que decía jamás me había pasado por la cabeza, a nadie en este mundo, me atrevería a decir, a nadie más que a ella.
—Cuando me enteré de esto no tuve más que hacer otras averiguaciones más y ¡listo! La verdad estaba delante de mis ojos.
—No se ofenda—comenté con sutileza—, pero me resulta casi imposible de creer que una niña como usted haya descubierto todo eso.
—No me ofendo para nada—afirmó sonriente—Le entiendo, debo decirle que el hecho de que le hiciera venir aquí era para advertirle que su vida podría correr peligro, usted elige si creerme o no.
—Yo…—no supe que decir.
—Quizá volvamos a vernos—dijo volviendo a adquirir un gesto de monotonía—Ya he terminado, Dominic le llevará a donde usted quiera. Fue un placer conocerle en persona.
La pequeña Charlotte se puso de pie y fue a estrecharme la mano, la cual tomé algo inseguro.
—Ya verá usted como le devuelvo a la memoria de Sherlock Holmes el honor. —y fue su sonrisa la que me hizo volver a pensar que era una niña y no una especie de máquina con forma de niña.
Me puse de pie y me dirigí a la puerta, el joven mayordomo me hizo un gesto con la mano para que saliera. Antes de que la puerta se cerrara la niña asomó su cabecita y dijo:
—Le doy un consejo; no suba a autos de desconocidos, si no ve a Dominic, yo me abstendría de subir. Usted señor Watson, es mi rey blanco, no puedo perderle.
El camino de regreso a Baker Street se me hizo bastante largo. Me sentía bastante aturdido y lo único que quería hacer era acostarme en mi cama e intentar descansar un rato.
El joven mayordomo me dejó justo enfrente de la puerta del 221B, pude ver en su expresión que algo de mí le preocupaba, no sé, parecía que estaba pensando que me suicidaría o algo por el estilo, pero decidí no darle más importancia y casi le cerré la puerta en la nariz.
Anduve de un lado para otro buscando algo que hacer para mantenerme ocupado y no pensar en lo que había hablado con esa niña hacía poco, pero después de haber lavado la misma taza tres veces, supe que era el momento de prestar atención.
No entendí el porqué de mi decisión, pero volví a ponerme el abrigo y salí a la calle a buscar un taxi que me llevara al cementerio. Una vez ahí anduve vagando entre las tumbas hasta que llegué a la de mi amigo.
Tenía unos cuantos días que no estaba ahí, así que limpié un poco el mármol negro y recorrí con la punta de los dedos las letras grabadas sobre él. Había un ramo de flores marchitas a los pies de la lápida, las tomé con cuidado y me senté en el suelo cubierto de nieve.
—Hoy ha sido un día muy extraño ¿sabes? —Susurré con la voz temblorosa—Te sorprendería saber que he conocido a una niña que me recuerda mucho a ti—continué. Un viento helado sopló entre los árboles provocando sonidos un poco apremiantes—La hubieras visto hablar, creo que de conoceros os llevaríais muy bien. —guardé silencio sintiéndome cada vez más incapaz de seguir hablando, ya que el nudo en mi garganta me oprimía con fuerza las cuerdas vocales.
Sé que dije que ya no vendría aquí y me pondría a hablar frente a su tumba, pero ahí estaba, alimentando mi dolor, torturando mi alma.
Mi terapeuta había dicho que eso no era sano, que debía dejar de hacerlo ya que no me traería nada bueno. ¡Al demonio! Nadie entendía como me sentía, nadie había convivido tanto con Sherlock como yo. Para todo el mundo podía ser fácil olvidar a alguien que se creía superior a los demás, alguien arrogante, con manías extrañas y con su poco tacto para tratar con las personas, pero para mí era imposible, yo conocía lo peor de Sherlock, y también lo mejor de él.
Le extrañaba, me hacía tanta falta, la vida no era lo mismo sin él, ya ni siquiera podía llamarle a eso vida.
—Ella cree en tu inocencia—mi voz cada vez era más jadeante, pues luchaba contra ese sentimiento en mi pecho—Y dice que puede demostrarle al mundo que no eras ningún mentiroso—una solitaria lágrima resbaló por mi mejilla— ¿Ya puedes volver? —El silencio reinante fue mi respuesta—Vuelve, Sherlock, no sabes cómo es la vida sin tu manera de ver las cosas, hace falta tu desorden, tus experimentos sobre la mesa de la cocina, y esos pedazos de cuerpos humanos en la nevera—solté una risa amarga—Por favor, Sherlock.
Un sonido como si alguien hubiera pisado una rama resonó por todo el lugar, rápidamente me puse de pie y busqué con la mirada a alguna persona, pero ya estaba casi oscureciendo y no podía ver bien.
Suspiré y vi como empezaban a caer copos de nieve, por lo que supe que era el momento de volver a casa. Puse una mano sobre la lápida y emprendí el camino de regreso, siempre vigilando muy bien a los lados por si algo se movía.
Al volver me encontré con la señora Hudson que estaba preocupada por mí, no dejó de decirme que en dónde me había metido con semejante clima, dijo que estaba muy frío y me arrastró hasta el piso de arriba, encendió la chimenea y fue a prepararme un té. Cualquier intento de decirle que estaba bien fue inútil, así que me limité a quedarme sentado en el pequeño sillón.
Mi mirada estaba puesta en el danzante fuego, cada vez iba adormeciéndome hasta que caí en la inconsciencia de los sueños.
Sherlock estaba en la cima del edifico de Barts, había dejado caer su teléfono y estaba listo para saltar.
Le grité con todas mis fuerzas que no lo hiciera, pero no importaba cuanto gritara, cuanto suplicara, él me sonreía por última vez y se precipitaba al vacío.
Corría hasta donde su cuerpo descansaba desmadejado como un muñeco olvidado, quería acercarme pero todas esas personas a su alrededor no me lo permitían.
Vi a mi lado a la pequeña Charlotte, quien miraba la escena con total inexpresividad, ella murmuraba algo
"El rey blanco muere, jaque mate"
Movía la cabeza a un lado y al volverme me daba cuenta de que la niña ya no estaba y en su lugar se encontraba un hombre con capucha que sacaba una pistola y sin más me disparaba.
Súbitamente abrí los ojos y miré a mi alrededor desorientado. El fuego ya se había extinguido y la sala estaba sumida en la oscuridad, pensé en levantarme del sofá e irme a la cama, pero sabía muy bien que ya no podría volver a dormir, así que busqué a tientas el control de la televisión y la encendí.
Pasé un buen rato cambiando de canal hasta que encontré un canal en donde estaban dando las noticias, nada que me interesara, justo cuando iba a cambiarle la conductora comenzó a hablar sobre la familia Whitehall, aunque dijo poco y todo había quedado resumido a que las autoridades seguían investigando.
Pobre niña, tan joven y tener que lidiar con algo como eso.
Cuando comenzó a amanecer fui a prepararme un café, miré el reloj dándome cuenta de que apenas eran las siete de la mañana, suspiré pesadamente y volví al sofá con la taza humeante pensando en que hoy debía ir al consultorio.
Mi teléfono, que estaba sobre una mesilla al lado del sillón, comenzó a sonar. Miré la pantalla, era un mensaje de texto.
Señor Watson.
Creo que le gustaría ver lo que ha llegado a mis manos esta mañana.
Mi querido peón ha hecho un nuevo movimiento.
Si está de acuerdo, podemos reunirnos a las 8:15 de la mañana.
Dominic pasará a recogerlo.
Y creo que la explicación de por qué tengo su número podemos
dejarla para después.
Mandé un mensaje de vuelta.
C.W
Me debatía entre contestar o no el mensaje. Una parte de mi me decía que rechazara la invitación y que dejara de pensar en esas cosas, pero estaba esa otra parte, la amante del peligro, aquella que añoraba el campo de batalla, que me pedía casi a gritos que tecleara lo más pronto posible el mensaje. Suspiré con resignación y comencé a escribir un mensaje.
Sabiendo que me queda poco tiempo, fui casi corriendo a la ducha y me apuré a vestir lo más abrigadoramente posible, ya que, después de la nevada de ayer el clima era terriblemente frío.
Estaba muy ansioso, pero no podía evitarlo.
Cuando dieron las ocho, llamaron a la puerta y fui personalmente a abrir. Me resultó sorprendente ver al joven Dominic vestido como cualquier joven que pasa un día de domingo en su casa, con pantalones de lana y una gruesa chamarra marrón.
—Buenos días, señor Watson—saludó amablemente.
—Hola—respondí haciéndome a un lado para dejarle pasar, pero el chico negó con la cabeza.
—Vengo justo de tiempo—comentó revisando su reloj debajo de los guantes de piel—Si ya está listo le pido que me acompañe por favor.
Subí por mi teléfono y salí a la calle con el joven mayordomo pisándome los talones. Abrió la puerta de un auto pequeño y mucho menos ostentoso que el del día anterior y me invitó a entrar.
—Es mejor si evitamos llamar la atención—dijo esbozando media sonrisa.
Mientras el auto se movía por las calles blanquecinas de Londres, pensaba en lo que había descubierto la pequeña Charlotte, seguramente algo verdaderamente importante si requería de mi presencia, aunque no sabía en que podría serle de ayuda a alguien que sin duda podía competir en inteligencia con Sherlock.
Llegamos a un edificio completamente diferente al del día anterior. En la entrada podía leerse "Covent Garden Hotel".
— ¿No es el mismo? —pregunté desconcertado mientras nos movíamos por los pasillos del hotel.
—Como ya le ha dicho la señorita, no puede arriesgarse a que alguien se entere que está metida en las investigaciones, por precaución nos movemos cada tanto.
Me limité a asentir y seguí al mayordomo. La nueva habitación era un poco más pequeña que la del otro hotel, aunque seguía poseyendo un mobiliario exquisito.
Había una mesa del lado derecho de la estancia, que estaba llena de papeles, una computadora y un juego de té.
Charlotte Whitehall estaba sentada en una silla, con una bata rosada y unas pantuflas de conejo y su cabello estaba algo alborotado, cualquier persona que la viera así diría que era una niña adorable, normal, bueno, es ahí en donde se aplica aquella frase de no debes dejarte engañar por las apariencias. No pareció reparar en nuestra presencia aun cuando su mayordomo le saludó.
El joven me indicó que me sentara a la mesa y lo hice frente a la niña, que en ese momento tomaba plácidamente el té.
Al ver los papeles que estaba sobre la superficie de la mesa me llevé una gran sorpresa. Algunos eran fotografías de cadáveres, unos de mujeres, otros de hombres, todos con la misma herida en la frente, sin duda producto de una bala. Otros papeles eran informes forenses, y otros cuantos más eran fotos de ciertos lugares, seguramente en donde se habían perpetrado los asesinatos.
Y la niña estaba ahí, mirándolos como si fuera un simple periódico.
Dominic me ofreció una taza de té y un montón de bocadillo que se veían bastante apetitosos.
—Puede comer, señor Watson—dijo la niña—Le he hecho venir muy temprano que no le he dejado desayunar, así que siéntase libre de comer lo que quiera—dejó su taza sobre el platito y tomó una galleta—Ahhh…Nada como un buen té acompañado de galletas.
—G-gracias—fue lo único que atiné a decir. — ¿Qué es todo esto? —interrogué mientras tomaba una rebanada de pan y le untaba mermelada.
—Información sobre las víctimas—tomó otra galleta—Esas son fotos de los cuerpos, que como de seguro ya habrá notado, las heridas son muy parecidas y esas de allá son de los lugares en los que se han encontrado los cadáveres.
—Ya veo—apunté—Y ha conseguido todo eso de…
—Mis fuentes, si—completó—Me da un poco de gracia que siga pensando que una niña como yo debería de estar haciendo otras cosas menos buscar a un asesino, pero si no lo hago yo ¿quién? —inquirió alzando una ceja—La policía una vez más nos muestra su ineptitud, y antes de confiarles algo a ellos preferiría pegarme un tiro en la cabeza.
Sonreí ampliamente, no sabía si estaba bien, pero la verdad era que me sentía a gusto en compañía de la niña, provocaba en mí una sensación de familiaridad y calidez, algo que agradecía en sobremanera después de la frialdad con la que había llenado mi alma.
—Pero no es a eso a lo que voy—continuó poniéndose seria—Es por esto por lo que le he llamado—sacó una foto de entre las páginas de un libro y me la tendió.
Era la foto de una pared color crema en la que se hallaba pintada una gran M con pintura roja. Sentí que mi corazón se detenía, la habitación comenzó a desdibujarse y necesité respirar con insistencia…Esa letra, dios santo…no podía ser… ¿O sí?
—Antes de que empiece a hiperventilar, déjeme decirle que no es Moriarty—apuntó Charlotte observándome con su ceñito fruncido—Alguien que se metió una bala por la boca simplemente no sobrevive.
— ¿Y…y entonces de quién?
—De su compañero—espetó—Pero eso es obvio, lo que interesa aquí es que esta vez ha dejado un mensaje, y si averiguo para quién es será un gran avance.
—Pudo haber sido alguien más, quizá ese asesinato no esté relacionado con…
—Nada de eso, si están relacionados—interrumpió—Mire esta otra foto—me tendió la foto del cadáver de una mujer—Ella es la más reciente víctima ¿Ve algo diferente con respecto a los demás? ¡Claro que no! —contestó ella misma—Aquí lo que pasa es que "M" ya sabe que alguien está tras de él y haber dejado su marca es como si estuviera diciendo "Ya lo sé, ahora ven por mí"
— ¿Quizá es para la policía? —aventuré.
—No, no. Los policías no han siquiera podido encontrar una conexión entre los asesinatos—observó. —No, ese mensaje es para alguien que sabe lo que sucede, que tiene amplios conocimientos sobre quién está detrás de eso o al menos posee una idea más clara.
— ¿Y no ha pensado que quizá ya sepa qué usted…? —inquirí.
—He sido muy cuidadosa, incluso si aquellas personas que trabajan para mí decidieran pasarse al otro bando no sabrían nada de mí, ellos trabajan por dinero, jamás me fiaría enteramente de ellos—afirmó con total seguridad—No, hay otra cosa…Pero no puedo terminar de entender…Vaya frustración—gruñó.
La habitación se sumió en un completo y opresor silencio, Charlotte miraba toda la información dispuesta en la mesa y murmuraba cosas para sí misma. El joven mayordomo se había acercado a llenarme la taza con un poco más de té y me sonrió tranquilizadoramente.
Intentaba pensar en una respuesta a todo aquello, pero si ella no lo entendía, yo mucho menos, para mí podría ser el mismísimo Moriarty, ya que después de todo nunca nadie supo que pasó realmente con el cuerpo, es decir, según lo habían enterrado en Gales, pero a mí no me constaba, quizá él…No, no era posible.
Contemplé a la niña, su mirada me recordaba bastante a la que solía tener Sherlock cuando estaba en su "palacio mental", de vez en cuando movía sus manitas en el aire como si borrara una idea y otras hacía un gran abanico como si desplegara una gran cantidad de información.
— ¡Amor!—gritó de pronto cortando como una cuchilla el silencio— ¡Lo tengo!
— ¿Qué, qué? —Exclamé— ¿Amor?
—¡M, doctor Watson, M! —Volvió a gritar— ¡M amaba a James Moriarty! Considerando la forma de ser de ese hombre me atrevería a decir que el sentimiento no era mutuo, pero bastaba con hacérselo creer. Moriarty necesitaba a alguien a quien pudiera manejar a su antojo, que diera y arriesgara todo por él, y el ganador de la lotería fue "M". Moriarty debía hacer todo para que M lo tuviera en la cima del pedestal. —Golpeó la mesa con ambas manos y se puso de pie en la silla—Todo tiene lógica, M se siente devastado por la pérdida, pero se mantiene en pie gracias a su entusiasmo de garantizar que el legado de Moriarty continuara, pero entonces… ¿Qué pasaría si alguien comenzara a desmantelar la telaraña? —atrajo hacia sí la portátil y tecleó rápidamente, dio la vuelta a la computadora para que pudiera ver su contenido. En su mayoría eran listas, fotografías y noticias sobre peligrosos criminales que habían sido atrapados en los últimos tres años, no solo en Inglaterra, sino también en otras partes del continente— La telaraña ha ido cayendo gracias a la acción de otra persona. M por supuesto, terminó dándose cuenta y…—calló repentinamente y sus ojos se abrieron desmesuradamente—¡Oh Dios mío! Ahora entiendo…
De no haber sido por que el mayordomo estaba cerca para sostener a la niña, esta se hubiera caído de la silla. Sus pupilas estaban dilatadas y aún desde mi posición podía ver el sube y baja de su pecho, causado por un rápido bombeo del corazón y la necesidad de tomar más aire.
— ¿¡Qué es lo que le pasa!? —exclamé algo asustado por la reacción de Charlotte.
El mayordomo sentó a la niña en la silla y se mantuvo a su lado.
—S-Sher…lock…— ¿Acababa de decir el nombre de mi amigo? — ¿Entonces no…?
La chiquilla volvió a la normalidad, o al menos en parte, ya que miraba algún punto inexistente como si su mente se hallara en otro lugar muy lejos de ahí. Sin cambiar de expresión, me tendió la mano como pidiéndome que le devolviera la foto, cuando la tuvo la tocó sin mirarla en ninguna ocasión y al poco recuperó por completo su antigua expresión de monotonía, aunque seguía sin verme.
— ¿Pasa algo? —cuestioné mirándole con nerviosismo.
—Un simple truco de magia—susurró apretando la fotografía—Doctor Watson…Tengo que pedirle que rememore lo que pasó el día de la muerte de Sherlock Holmes. —sus ojos verdes se centraron en mí, y la sensación de nerviosismo se intensificó inexplicablemente.
¿Qué quería que hiciera qué? Y en tal caso de haber escuchado bien. ¿Para qué quería saber?
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Espero que les haya gustado :3
Dejen sus comentarios, se acepta de todo, menos insultos ¬¬** XD
Nos vemos en el siguiente cap X3
