Moshi, moshi :3
Aquí vengo de nuevo trayendoles el cap 3 *w*
Lamento si tardé más de lo esperado, pero en estos días he estado de museo en museo y no he podido parar y sentarme a escribir como quiero u.u
Hasta ahorita pude terminarlo, con mucho cariño para tod s ustedes ;w; Los quiero mucho, y más por aguantar mis desvarios XDDD
Agradezco infinitamente sus reviews X3
Ana B Wolphe: Que alegría tenerte otra vez por aquí leyendo mis frikadas (?) XDDD
Debo decir que concuerdo contigo con respecto a John, tienes mucha razón al decir que uno se acostumbra tanto a alguien que cuando se va te sientes perdido. En cuanto a las pantuflas de oveja tuerta XD me has sacado una carcajada.
No digas que te vas por la tangente, me gustan los comentarios largos en los que uses cosas de tu propia vida para ver lo que plasmo en la historia, gracias a eso lo veo como algo que puede pasar en la realidad :3
Muchísimas gracias por seguir mi historia, espero que este capi sea de tu agrado ;3
DarkasLin: Voy a decirte que antes tenía pensado que la niña si fuera hija biológica de Sherlock, pero nehhh, la prefiero así XD
Gracias por leer, y bueno, es obvio lo que pasará porque practicamente solo le estoy dando un trasfondo a la historia de Conan Doyle, así que muchas cosas son iguales XD
Saludos! :D
KiarahHolmes: Aquí viene el nuevo cap, espero te guste. Gracias por comentar X3
paula alfonso. m: Mini Sherlock *vomita arcoiris* si, yo amo la idea, de ahí este friki fic ._. XDD
A mi también me parte el corazón John, pero así lo requiere la historia XD *masoquista mode ON* XDDD ._.
Y claro que habrá más capítulos :D
Ahora si, solo me queda decir, disfruten el cap X3
Disclaimer: La serie Sherlock, así como los personajes no me pertenecen, son propiedad tanto de la BBC como de Sir Arthur Conan Doyle.
No hay luz, no hay luz
Dime lo que quieres que diga
Estaba gritándole a la multitud
Y en tu lugar había miles de rostros distintos
Yo estaba desapareciendo a plena vista
Qué el cielo me ayude. Necesito solucionarlo
(No light, no light by Florence + The Machine)
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Capítulo 3: El gran truco.
¿Nunca se han sentido como si estuvieran cayendo por un agujero negro a gran velocidad, con la incertidumbre de no saber a dónde irás a parar o qué es lo que te estará esperando al final de esa opresora oscuridad?
Si jamás lo han sentido siéntanse afortunados, porque es una sensación tan abrumadora que en ocasiones puede llegar a amenazar tu cordura.
Hasta hacia apenas una semana que veía mi vida seguir su deprimente curso, me movía por inercia y respiraba por necesidad, pero eso no era lo que quería, nada de lo que tenía ahora era lo que deseaba, mi vida estaba regida por la simple responsabilidad que los demás habían puesto sobre mis hombros, y era la de mantenerme vivo porque eso era lo que hubiera querido Sherlock.
¿Y acaso les importaba lo que yo quería? No, claro que no. Ellos jamás entenderían cómo me sentía y que lo que quería era simplemente librarme del dolor que torturaba mi alma.
Mentiría si dijera que mis deseos eran seguir viviendo, mentiría al decir que todo estaba bien…No lo estaba, nada estaba bien.
¿Por qué sentía tanto dolor? Hasta la fecha no encontraba la respuesta a esa pregunta, quizá algún día pudiera encontrarla, entender el porqué de mi tormento, hallar la razón de que la vida sin Sherlock fuera tan abrumadora y tormentosa.
Charlotte Whitehall me estaba pidiendo que recordara algo que me había esforzado tanto en enterrar en lo más profundo de mi memoria, aquel fatídico día en el que vi impotente, sin la posibilidad de hacer nada, como la persona más inteligente que jamás hubiera conocido, mi mejor amigo, caía de un edificio.
Los ojos verdes de la niña atravesaron mi alma y llegué a creer que todos los pensamientos que pasaban por mi cabeza y también aquellos que se mantenían ocultos en mi subconsciente, podía verlos como si pasaran en una televisión, no podría explicar a ciencia cierta lo que sentía en ese momento, era una sensación extraña.
—Yo…—tragué saliva ruidosamente y desvié la mirada—Yo…no puedo hablarle de eso—susurré luchando contra las indescriptibles ganas de llorar que repentinamente me habían inundado—No puedo, lo siento.
La niña suspiró y extendió su manita en mi dirección intentando alcanzar mi mano que reposaba inerte sobre la mesa de caoba y el montón de papeles regados por la superficie, cuando su mano hizo contacto con la mía tuve unas ganas incontenibles de abrazarla. Su tacto era cálido en contraste con la frialdad de la piel de Sherlock, su manita era una caricia en un corazón herido. De repente pude ver en sus ojos que quizá ella también necesitaba ese gesto, que lo había estado esperando por más tiempo del que llevábamos conociéndonos. Su mirada tenía un brillo anhelante, como si algún recuerdo hubiera llegado repentinamente a su memoria, y estaba seguro que esa misma expresión tendría yo. Expresión anhelante de cariño, de amor y comprensión, de saber que alguien más entiende tu soledad y dolor.
—Jamás lo ha hablado con nadie—no era una pregunta—, y entiendo que no quiera decírselo a alguien a quien apenas conoce, pero lo que usted sepa puede cambiarlo todo—apretó un poco más mi mano.
¿En qué podía cambiar? Simplemente no entendía por qué de repente tenía tanto interés en lo que pasó ese día, era simple, Sherlock había saltado de un edificio y…No pude continuar, rememorar esas imágenes era muy doloroso.
—Lo siento—volví a decir—Me está pidiendo algo imposible.
Charlotte frunció el ceño, exasperada y me miró con enojo.
—Intento por todos los medios resolver este enigma y no me está ayudando en nada—espetó—Doctor Watson, usted fue la única persona que estuvo con Sherlock Holmes todo ese tiempo, es el único que vio todo. —Retiró su mano y por primera vez la vi bajar la mirada como si estuviera abatida—Le necesito, no puedo hacer esto sola…—soltó—Veo en sus ojos que se siente solitario, deprimido, enojado, perdido, culpable, un cúmulo de sentimientos que lo crea o no soy capaz de entender perfectamente porque me he sentido igual.
Sus palabras eran terriblemente sinceras y directas, ella había sido perfectamente capaz de definir mi estado de ánimo como si tuviera las palabras escritas en la frente, decía que me sentía culpable por la muerte de Sherlock, y la verdad era que llevaba razón, no había pasado ni un solo día en el que no me sintiera culpable por su muerte, yo le dejé solo, al final no pude hacer nada, solo mirar.
—Yo me siento culpable por muchas cosas—afirmó con amargura—, aun así aquí me tiene de una pieza para resolver un gran puzle, pero si usted no me da la pieza final no podré completar el rompecabezas, no puedo hacer jaque mate.
No supe cuánto tiempo permanecimos en silencio. Era incapaz de decir algo, ahora me sentía como un idiota, una niña tenía más coraje que yo, vaya tomada de pelo.
—Haré hasta lo imposible por traerle de nuevo a Sherlock Holmes, pero tiene que ayudarme.
Asentí ligeramente y respiré varias veces antes de empezar a hablar, no terminaba de entender cómo haría eso de regresar a Sherlock, supongo que se refería a que haría saber al mundo que no era un farsante, y eso ya era algo.
Ahora era mi turno de ayudarle, sentía el nudo en mi garganta oprimirme la tráquea imposibilitándome el respirar correctamente, mis manos temblaban ligeramente y una sensación de vacío se alojó en mi estómago, no sería fácil recordar, nada fácil.
—Empecemos por la parte en la que llegó al hospital—pidió la niña recostándose sobre el respaldo de la silla.
—En realidad no hay mucho que decir—sinceré—Llegué al hospital de Barts y Sherlock estaba en la azotea del edificio preparándose para saltar—hice una pausa para sacar el aire—Me llamó por teléfono y…y dijo que…que esa era su nota…
Guardé silencio al notar que mi voz cada vez era más temblorosa y menos clara, ya había contado eso una vez a mi terapeuta, no podía contarlo de nuevo, no sin derrumbarme.
—Umh ¿y qué cosas le dijo exactamente en esa llamada? —cuestionó.
—Bueno, él…él me dijo que todo lo que habían dicho de él era verdad…que si era un farsante
—Y quiero suponer que usted vio cuando cayó.
—Si—asentí—…No del todo realmente, porque había un edificio que me imposibilitó ver. —rectifiqué al recordar la escena.
La niña sonrió ampliamente y se levantó de un salto de la silla, su mirada tenía un brillo de resolución, daba la impresión de que se pondría a bailar en cualquier momento.
—Señor Watson, voy a pedirle que haga algo por mí—se subió sobre la mesa y se inclinó para quedar a mi altura—No me agrada mucho hacer teorías sobre las cosas, pero esta vez me he dado la libertad de teorizar sobre una gran posibilidad que tengo que comprobar lo antes posible, pero para eso necesito su mente.
Por mi salud mental esperaba que no tuviera en mente la idea de abrirme la cabeza y extraerme materia cerebral o algo así.
— ¿Qué es exactamente lo que necesita? —inquirí totalmente dispuesto a ayudarla en lo que pudiera.
—Necesito un registro cinematográfico—respondió—Poniéndolo en palabras simples, requiero que rememore con detalle lo que pasó aquel día. —agregó al darse cuenta de mi cara de desconcierto.
— ¿Y eso se logra…?—cuestioné.
—Será algo complicado, pero no imposible—afirmó—Pero antes debo saber algo, doctor—dijo poniéndose repentinamente muy seria.
Asentí con un cabeceo y ella hizo lo mismo.
—Nos estamos adentrando en un juego muy peligroso, no es nada comparado a lo que estaba acostumbrado y al ser usted la persona más allegada al señor Holmes, debe entender que su vida corre más peligro que la de cualquiera. En este momento quiero que me diga si está dispuesto a enfrentar esto. ¿Qué tanto está dispuesto a arriesgar por descubrir la verdad?
Supe en ese momento la respuesta, sin ninguna clase de esfuerzo. Estaba dispuesto a todo con tal de siquiera limpiar el nombre de Sherlock. Él ya no estaba aquí, y no habría nadie que pudiera dar con ese misterioso asesino, al menos que siguiera a la pequeña Charlotte Whitehall.
Tal como llegó a pasarme cuando recién conocí a Sherlock, tomé la decisión de seguirle hasta donde me fuera posible.
Una nueva sensación se alojó en mi pecho, era un sentimiento totalmente diferente a los que tenía, era una bella sensación de calidez. La idea de que podía ser capaz de aceptar la muerte de Sherlock golpeó mi cabeza con fuerza.
Cerré momentáneamente los ojos y al abrirlos me encontré con Sherlock que se hallaba a un lado de Charlotte, miraba a la niña con admiración y una nota de orgullo y asintió como contestando aquella pregunta que rondaba mi mente y que no era capaz de formular.
Síguela, John. Sonrió levemente, era un mensaje claro, estaba diciéndome que tenía que seguir, que ya era momento de seguir.
—Sherlock era la persona más importante en mi vida, a pesar de todos sus defectos, y a gracia de sus virtudes estaría dispuesto a todo.
La niña asintió y echó a caminar hacia una puerta que estaba detrás de ella.
—Deme un momento mientras me pongo presentable—abrió la puerta y la cerró casi de un portazo.
—Le ha devuelto la luz a sus ojos verdes—el joven mayordomo que todo el tiempo se mantuvo callado habló tan repentinamente que me hizo respingar.
— ¿Perdón? —cuestioné sin saber si se estaba dirigiendo a mí.
—Y ella ha hecho lo propio con los suyos—entendí que se estaba refiriendo a mí, ya que volvió ligeramente la cabeza y sonrió de una manera que no podría describir, ya que era una mezcla entre melancolía y verdadera felicidad.
El mayordomo me hizo una leve reverencia y salió de la habitación sin volver a decir palabra, me quedé solo preguntándome a que se referían sus palabras.
.-.-.-.-.
Si miras a la pequeña Charlotte te parece que es una niña normal, aunque misteriosa ya que su mirada de ojos verdes resulta verdaderamente intrigante al no aparentar emoción alguna. Si te detienes y la conoces te das cuenta que no es ninguna niña normal y que es dueña de una mente prodigiosa, con una admirable capacidad para deducir cosas y saber el perfil psicológico de una persona con solamente mirarla. Por eso, cuando la niña salió de su habitación envuelta en una bata de baño y con sus pantuflas de conejo pidiendo al mayordomo que le cepillara el cabello, no me lo pude creer inmediatamente.
El joven la sentó en la silla y se puso a cepillarle su cabellito azabache mientras ella tarareaba una canción que no supe reconocer, casi podía sentirse la familiaridad que había entre ellos, tanto que llegué a pensar que aquel joven bien podría ser el padre de la niña.
Charlotte era solo una niña, y por muy inteligente y fría que fuera, conservaba ciertas características que solo un niño tiene. En cierta manera me recordaba a Sherlock, quien también solía comportarse como un niño. Cómo era la vida, cómo era la gente…
Una hora más tarde nos encaminábamos a algún lugar que la niña no me había dicho aún, vestía como cualquier chiquilla normal, con unos pantalones color caqui, un abrigo blanco bastante mullido y un gorro a juego.
Todo el camino se la pasó mirando por la ventana y de vez en cuando podía escucharla murmurar cosas para sí misma.
Cuando el auto se detuvo y vi el lugar en donde estábamos necesité apoyarme del auto para evitar caer, el hospital de Barts estaba delante de mí.
—Los lugares guardan memorias, doctor Watson—comentó la niña situándose a mi lado— ¿Cree que pueda hacerlo?
—Sí, no hay problema—mi voz sonó como si intentara convencerme a mí mismo y no a la niña.
—En ese caso…—hizo una floritura con la mano para indicarme que avanzara un poco—Le pediré que mire a su alrededor por unos minutos.
Contemplé cada espacio como si de eso dependiera mi vida, los recuerdos se avivaban como el fuego abrasador, y pese a todo intenté permanecer en toda la calma posible.
—Ahora cierre sus ojos, por favor—hice lo que me pidió— ¿Recuerda lo que pasó, qué fue lo que hizo cuando llegó?
Apreté un poco los ojos, cientos de flashbacks inundaban mi mente, casi era capaz de sentirme en aquel momento.
—Llegué en un taxi—comencé—Caminé por la calle, entonces mi teléfono comenzó a sonar, lo tomé y contesté mientras atravesaba la calle—pausé intentando adentrarme más en mis memorias—Era Sherlock, quien me pidió que retrocediera, que volviera por donde había venido. Regresé por la calle, entonces él me dijo en dónde estaba…Alcé la vista hacia la azotea y lo vi parado en la orilla. —me detuve abruptamente pues me sentía incapaz de continuar. Demasiado doloroso, torturador.
—Abra los ojos—escuché la vocecilla dulzona de la niña—Así que estaba en este punto—afirmó mientras caminaba hasta mi lado—Interesante. Desde aquí no hay una vista clara debido a ese edificio—señaló con su manita un complejo frente a nosotros—, aunque no es mucha distancia. Claro, se necesitaba un obstáculo para dar tiempo suficiente…Doctor ¿qué pasó cuando fue en pos de Sherlock Holmes?
—Ehm…Pues me apresuré a ir en su ayuda, pero un hombre en bicicleta chocó contra mí y caí al suelo.
— ¡Majestuoso!
— ¿Qué me hayan arrollado? —inquirí con una ceja alzada.
—Aturdimiento, desorientación, tiempo adicional—continuó sin prestarme atención. —Cuando consiguió ponerse en pie y por fin llegó ¿Qué sucedió? —pude ver en sus ojos que la emoción iba en aumento, tanto que llegué a preguntarme si no había riesgo de causarle algún ataque cardiaco.
—Había mucha gente rodeando el cuerpo de Sherlock. Intenté acercarme a él para atenderle pero ellos no me dejaron—mi voz se quebró—Le tomé el pulso…y-y no…—ya no pude continuar.
Charlotte miró a su alrededor con el ceño fruncido, y pasó largo rato observando de forma intermitente entre el edificio del hospital y la pequeña construcción que dividía la calle.
—He escuchado de buenas fuentes que el señor Holmes visitaba con frecuencia el laboratorio—dijo por fin dirigiendo su mirada a mí—Y aquí, si mal no tengo entendido, fue donde estuvieron juntos por última vez. ¿Le importaría si entramos un momento?
Pensé seriamente en declinar de la invitación, pero si ya había llegado hasta ahí aún podía permitirme continuar, de hecho, ahora que le contaba las cosas a la pequeña Charlotte me sentía un poco mejor, quizá muy poco, pero ya era algo, así que negué con la cabeza y caminé a su lado.
Dentro de mí sabía que el hecho de que me sintiera bien en su compañía era que en cierta forma ella me entendía, algo en sus ojos me lo decía. Durante más de tres años he visto como la gente me mira con lastima, con pena, las únicas palabras que escucho de ellos es "John, tienes que seguir adelante", en cambio la mirada de la niña era comprensiva, no una compresión falsa o forzada, sino una verdadera mirada de entendimiento.
Mi vista se dirigió al lugar en el que había estado el cadáver de Sherlock, pude verle ahí parado, observándonos caminar. Me detuve en seco y posé mis ojos en los suyos, había un cierto brillo de felicidad en sus ojos y sonreía suavemente.
— ¿Señor Watson? —escuché una voz lejana, pero no presté atención y caminé algunos pasos en la dirección de mi insana y dolorosa ilusión.
No le hagas perder tiempo, John—comentó mi amigo desviando la mirada al cielo gris ampliando más su sonrisa.
— ¿Señor Watson? —esta vez sentí una sacudida que me hizo salir de mi ensoñación. El joven mayordomo me miraba preocupado, así que compuse una sonrisa y seguí caminando.
Caminamos por pasillos conocidos. Nos dirigimos al laboratorio, aquel lugar en el que había estado con Sherlock por última vez antes de su suicidio.
Tenía bastante tiempo que no ponía un pie ahí, las cosas seguían igual, lo único diferente, lo más dolorosamente diferente era la ausencia de mi mejor amigo.
El ruido de la puerta abriéndose atrajo nuestra atención. Molly entró cargando con unas carpetas bajo el brazo y en una mano sostenía una taza de café. Se le veía muy sorprendida por nuestra repentina visita, al principio pareció asustarse, aunque luego sonrió tímidamente.
— ¡Oh! Hola John—saludó mientras daba un paso atrás— ¿Qué te trae por aquí? —Sus ojos se posaron en el mayordomo y en la niña— ¿Quiénes son? E-este no es lugar para niños.
—Perdone usted, señorita—clamó galante el joven—Ella es la señorita Charlotte Whitehall y su servidor, Dominic Wolsten—hizo una reverencia.
La cara de Molly daba a entender que no sabía qué hacer, simplemente estaba ahí mirando tanto al mayordomo como a la niña.
—Ahh…—bajó la vista casi cohibida y por el rabillo del ojo pude ver como Charlotte la miraba con aquellos ojos penetrantes, quizá esa era la razón por la que Molly no parecía muy cómoda, aunque lo cierto era que desde la muerte de Sherlock ella había cambiado un poco, si se podía, se había vuelto más nerviosa, y las veces en las que llegué a platicar con ella se mostraba muy esquiva y dolida, pero era comprensible, ya que después de todo ella había demostrado tener sentimientos hacia Sherlock y haberlo perdido, bueno, podría decirse que ella y yo estábamos igual.
— ¿Doctor Watson? —Charlotte parecía estar ahora muy interesada en los tubos de ensayo—Sea tan amble de continuar, necesito crear el registro, lo cual hago mejor cuando dispongo de material—espetó.
Apenas si la miré, ya que la actitud nerviosa de Molly me estaba preocupando, parecía estar bajo mucha presión.
—Ehm…si claro—cerré los ojos intentado recordar algo, pero rememorar algo tan anterior no era tan fácil, hacía un gran esfuerzo, algunas imágenes llegaban vagamente a mi cerebro, aunque no eran nada de utilidad y ni siquiera podía estar seguro que esos recuerdos pertenecían a ese tiempo, como bien había dicho la niña, pasamos mucho tiempo metidos en el laboratorio y no era cosa sencilla recordar algo que ya tenía más de tres años de haber pasado.
Molly pasó casi golpeándome con sus carpetas y lo dejó todo sobre una mesa, se le veía muy nerviosa.
—No entiendo que es lo que están haciendo aquí—comentó Molly mientras sacaba un fajo de hojas de una de las carpetas con manos temblorosas— ¿Buscan algo en especial?
—Qué va —inquirió Charlotte—Solo estamos buscando algunas variables para resolver una ecuación.
— ¿Ecuación? —Molly estaba muy pálida— ¿Y qué clase de ecuación necesita resolver una niña en este laboratorio?
—Ninguna en especial—Charlotte suspiró y se recargó contra un mueble— ¿Tiene algo?
—No, esos recuerdos son muy confusos; aunque recuerdo que recibí un mensaje de mi amigo pidiéndome que viniera aquí, yo regresaba de hablar con Mycroft.
—Ya es algo—apuntó— ¿Y no recuerda que decía el mensaje?
—No sé si sepa esto, pero Moriarty disponía de una clave con la que podía tener acceso a todo lo que él quisiera—empecé. Ella asintió—, y Sherlock estaba convencido que si recuperaba esa clave podría volver a poner las cosas en orden, prácticamente de eso hablaba.
—John—llamó Molly— ¿Puedo preguntaros que hacéis aquí? Si saben que tengo a una niña podría meterme en problemas.
—Será un momento más—pidió la pequeña—, ya casi lo tengo. Bien, ¿no recuerda si el señor Holmes estaba mirando algún químico, o examinando unas pastillas, quizá algo como un medicamento? —se puso a dar vueltas de un lado a otro como si estuviera muy ansiosa.
Negué con la cabeza, que yo recordara, cuando llegué él estaba tirado en el piso jugando con una pequeña pelota.
—Solo estaba sentado jugando con una pelotita—afirmé.
Súbitamente la niña detuvo su marcha, lo hizo tan abruptamente que llegué a pensar que el tiempo se había detenido. Sus ojitos verdes se abrieron de par en par y entreabrió la boca.
—Una pelota…—su mirada se perdió en el espacio y de repente, saltó con entusiasmo y sus ojos se iluminaron—Una pelota, una pelota. ¿Cómo de tennis o squash? —Interrogó exaltada— ¡Responda! —gritó.
— ¡Si, si! —exclamé alterado por su repentino comportamiento.
— ¡Rimbombante! —Charlotte corrió hasta la puerta y la abrió un poco— ¡Sublime! ¡Ya lo tengo, ya lo tengo! —No cabía de felicidad—Es hora de irnos, me he arriesgado mucho viniendo—sin decir más salió disparada como un bólido dejando a Molly, el mayordomo y a mí completamente aturdidos y desconcertados.
—Señor Watson, si me sigue por favor—el joven mayordomo pasó por mi lado como una exhalación despidiéndose a toda prisa de Molly y mantuvo la puerta abierta para que saliera. Antes de que pudiera volver a reaccionar correctamente, la chica me preguntó bastante alterada que qué cosa pasaba.
—Ni yo mismo lo entiendo—respondí con total sinceridad—Molly, tengo que pedirte que no digas a nadie que esta niña a estado aquí—pedí recordando que era verdad que ella se había expuesto mucho al venir.
—Yo…
—Te lo suplico—dije al tiempo que conseguí hacer responder a mis piernas y pude caminar de nuevo—Hablaremos luego.
El mayordomo me hizo un ademan apremiante para que saliera, y sin dar tiempo a la joven para responder, salí corriendo seguido del mayordomo, quien miraba a todos lados con expresión preocupada y de vez en cuando llamaba a la niña.
En los pasillos no había rastro de Charlotte, corríamos llamándola y por suerte, al salir del hospital, vimos que la pequeña estaba sentada en la banqueta fuera del edificio. Se le veía muy feliz, miraba hacia el cielo tal y como había visto a Sherlock hacerlo hacia un rato. Silbaba alegremente una canción que reconocí como la tonada de Let It Be de The Beatles. Dominic le preguntó si todo estaba bien y la aludida no respondió, ya que parecía estar a miles de kilómetros de ahí, ensimismada en su propio mundo.
Ya era hora de verte marchar de nuevo—Sherlock estaba sentado a un lado de la niña.
Le miré desconcertado y el señaló mi pierna. Claro, había recargado el bastón en una de las mesas, y cuando Charlotte salió me olvidé de recogerlo, podía volver a caminar correctamente y ni siquiera había reparado en ello.
¿Dónde has aventado esta vez ese bastón? —cuestionó sonriente.
No dije nada, estaba muy impresionado como para decir algo, simplemente me limité a mirar a mi amigo, quien se puso de pie y caminó hasta ponerse a un lado de mí.
Adiós, John—pasó por mi lado, y cuando voltee ya no estaba.
¿Ese había sido nuestro adiós definitivo? ¿Quería decir que estaba listo para olvidar?
No, jamás podría olvidar, simplemente parecía que estaba aceptándolo, quizá estuviera haciendo mal, pero no me pareció un buen momento para ponerme a cavilar sobre eso.
Charlotte se puso de pie y tomó mi mano sin perder el entusiasmo y caminamos juntos tomados de la mano, aun cuando estuvimos en el auto y este comenzó a moverse ella no me soltó.
—Habrá que hacer una parada en las oficinas del Daily News de regreso al hotel, Dominic—indicó la niña mientras sacaba de uno de los bolsillos de su abrigo una libreta pequeña con el dibujo de una ranita y un bolígrafo y se ponía a escribir algo que no pude ver.
—Creía que no podía tener contacto con la prensa—comenté extrañado.
—Y no lo tendré, solo dejaré un pequeño anuncio—afirmó encogiéndose de hombros—Veo que ha mejorado, extraño que el peligro sea lo que necesite ¿no le parece? —agregó señalando mi pierna.
—Sí…—fue lo único que respondí.
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Cuando llegamos a Baker Street, antes de que bajara del auto dijo algo que en ese momento no supe interpretar ni darle la importancia que verdaderamente se merecía.
—Solo necesito un poco de tiempo más, doctor Watson.
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La casa en la que se encontraba era una vieja construcción victoriana que seguramente en aquellos tiempos habría relucido y destacado por sobre todas las demás viviendas, pero que ahora solo era un pobre vestigio de lo que había sido.
La madera estaba rancia y crujía de forma espantosa como en las películas de terror, la pinta y el papel tapiz ya eran casi inexistentes y solo en algunos puntos aun podía apreciarse un poco. Los vidrios de las ventanas en su mayoría estaban rotos y los pocos que quedaban estaban tan sucios que imposibilitaban ver nada.
Algunas personas solían decir que aquella casa estaba encantada, y que por las noches podían escucharse los lamentos del fantasma que la habitaba. Todo eso no eran más que rumores, había estado ahí noches enteras y jamás vio o escuchó nada fuera de lo normal, o quizá si llegó a oír algo y simplemente lo ignoró. Fuese cual fuese el caso, no le importaba, él no le tenía miedo a nada. Había vivido un tiempo en el que tuvo temor de muchas cosas, pero una persona le había hecho ver que en este mundo no debías temer a nada.
Mientras subía lentamente por las desvencijadas escaleras, recordaba aquellos tiempos negros y fríos que vivió antes de ser salvado, llegó incluso a reír en una ocasión, una risa que si llegaras a escucharla te helaría la sangre en las venas y haría retroceder un par de pasos, era como la risa macabra y tormentosa de un demonio.
Cuando se halló en el tercer piso, se dirigió a la ventana, dejó en el suelo la maleta que llevaba al hombro y se sentó a mirar el paisaje, la calle de Londres que tenía delante, ofrecía un paisaje frío y blanco salpicado de colores brillantes, de tan hermosa belleza que daba la impresión de ser una gloriosa pintura con movimiento.
Sacó del interior del bolsillo de su pantalón una cajetilla de cigarros y extrajo uno con parsimonia sin dejar de mirar aquella casa que llevaba días vigilando, prendió el pequeño vicio y dejó salir el humo lentamente saboreándolo, y cuando volvió a mirar por la ventana, divisó un auto deteniéndose frente a la puerta del edificio y de su interior el buen doctor John Watson salió ágilmente, reparó en que no llevaba más su bastón y le intrigó saber el porqué. Tiró la colilla de cigarro y encendió otro. Más de uno le siguieron a ese hasta que la cajetilla quedó vacía y se la volvió a guardar.
Consultó su reloj, que en ese momento marcaba cinco minutos para las nueve y se puso en pie de un salto para agacharse a un lado de la maleta y extraer su rifle, tardó relativamente poco en prepararse, cuando ajustó la mirilla telescópica las luces del interior de la casa aún estaban apagadas, volvió a consultar el reloj y comenzó a contar mentalmente hacia atrás; cuando la cuenta llegó a cero las luces del 221B se encendieron.
Contempló con expectación la figura del doctor Watson y sintió su dedo tensarse en el gatillo, con la mirilla siguió de manera casi enfermiza cada uno de sus movimientos, siempre apuntándole a la cabeza. En esos días había aprendido la rutina del médico, siempre a las nueve en punto Watson se sentaba en el sillón que oportunamente quedaba de cara a la ventana. Podría ser tan sencillo, el doctor ni siquiera lo vería venir, pero él sabía bien que de acabar con la vida del médico de esa forma no era lo que quería, porque no serviría de nada, tan solo le haría gastar una bala, eso le quedó claro desde hacía mucho; si en verdad quería que la muerte de John Watson significara algo, debía estar ahí Sherlock Holmes, él tenía que ver como la vida del doctor terminaba sin que pudiera hacer nada, solo así la bala no sería desperdiciada. Pero para eso tenía que ser paciente y esperar.
—Otra noche que pasarás mirando a Johnny—bufó en su mente la voz burlona de Moriarty—Casi me siento celoso—se burló.
—Como si eso fuera posible—siseó el francotirador con una media sonrisa adornando su rostro, quien en ese momento observaba a John que sostenía entre sus manos una calavera.
—Eres mío, Sebby. Claro que me siento celoso—replicó con falso reproche.
—Solo observo a mi presa, no hay porque estar celoso—afirmó con sarcasmo soltando una risita—Serán unos momentos más, necesito hacer otras cosas.
—Solo en ti podía confiar, mi Sebby—susurró—Lodge no será gran perdida, sinceramente—apuntó indiferente.
—Ha estado metiendo la pata últimamente, así que será lo mejor.
La voz de Jim desapareció y lo interpretó como que era hora de marcharse. Miró por última vez al doctor Watson y sonrió malignamente mientras volvía a guardar todo y salía de la habitación bajando por las escaleras a toda prisa.
Al salir desapareció por los callejones oscuros de las calles de Londres.
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Lodge había sido siempre un hombre de poca o más bien nula fe. Desde que era un niño perdió la fe en Dios y dejó de creer en Él cuando vio morir a sus padres frente a sus ojos.
A los diez años aprendió a usar un arma y mató a una mujer, más tarde se había convertido en un excelente asesino. Y su vida desde entonces siguió el mismo curso, mataba gente por dinero y compraba identidades falsas para librarse de la mano de la justicia.
Siempre se jactó de ser un tipo duro sin temor a nada y que no necesitaba de Dios ni de ninguna entidad divina, y más sin embargo, ahora estaba en una iglesia pidiendo de rodillas que lo salvaran.
El simple hecho de recordar la mirada fría de aquel hombre le erizaba los vellos de la nuca. Su intención jamás fue hablar, no tenía la culpa, pero no importaba cuantas veces lo dijera, él no estaba dispuesto a escuchar.
Ahora su vida corría un grave peligro, y no quería morir, le aterraba la muerte. Una vez más volvió a alzar la cabeza hacia la imagen de Jesucristo y pidió que le ayudase, y justo al tiempo que enfocaba su vista en el rostro del hijo de Dios, una bala le atravesó el cráneo, manchando de sangre el piso y la imagen divina.
El cuerpo cayó con un golpe sordo, ningún disparo se había oído, todo estaba en el más tenebroso silencio.
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Después de tres años, fue la primera noche que pude dormir casi hasta el amanecer, aunque no estuve exento de las pesadillas, logré suprimirlas por momentos.
El taxista me pidió que le recordara la dirección y volví a dársela, esta vez con más calma que al momento de subirme, cuando casi se la grité.
No era que quisiera ser grosero, pero el mensaje de la pequeña Charlotte Whitehall me tenía bastante ansioso, en él me dejaba dicho que tenía que saber algo con respecto a unas averiguaciones que había estado haciendo, así que no perdí ni un segundo y ahora ya estaba cerca de mi destino.
El auto se detuvo en un edificio que a simple vista se notaba que era para las personas que tenían dinero, rectifiqué en el móvil el número de departamento y entré casi corriendo.
Marqué en el ascensor el piso diez y mientras llegaba a mi destino dediqué mi tiempo a preguntarme que cosa quería mostrarme la niña ahora.
Cuando llegué al departamento 15A llamó mi atención que dentro de éste se escuchaban ruidos, como cientos de voces murmurando. Toqué el timbre y la puerta de abrió inmediatamente, el joven mayordomo me saludó con una reverencia y me invitó a pasar.
Gran sorpresa me llevé al ver las fuentes de aquellos murmullos, eran varios televisores, al menos unos diez, dispuestos en un lado de la amplia sala de estar, cada uno de ellos mostraba algo diferente. Charlotte estaba sentada frente a las pantallas aunque no parecía que estuviera prestándole atención a alguna de ellas.
Dominic me instó a acercarme y lo hice con paso vacilante sin perder de vista a la niña. La chiquilla apretó un botón del control remoto que tenía entre sus manos y las televisiones quedaron mudas. Aproveché ese momento para hacerme notar.
— ¿Ha pasado algo? —inquirí intentando sonar lo más tranquilo posible.
La niña tiró de unos enchufes y todas las pantallas se apagaron menos una. En ella se proyectaba una escena de un hombre que hacia desaparecer a un canario dentro de una jaula, si mal no recordaba, esa escena era parte de la película "The Prestige"
—¿Ha visto alguna vez esa película? —preguntó tranquilamente.
—Es esa de dos ilusionistas que compiten casi a muerte y se roban sus trucos ¿no? —inquirí aún sin saber porque repentinamente tenía interés en el cine.
—¿Y recuerda esa escena? —continuó—¿Recuerda lo que dice el señor?
—No realmente—dije cada vez más desconcertado—Vi la película una vez y ya hace mucho, así que no puedo recordar casi nada.
—Todo gran truco de magia consiste en tres partes o actos—recitó—La primera parte se llama "la preparación" la segunda "el giro" y por último la tercera y según la más difícil de todas, "el prestigio" —finalizó por fin dándose la vuelta y clavando sus ojos en los míos.
—¿Y quería mostrarme su película favorita? —cuestioné enarcando una ceja.
Negó con la cabeza y se puso de pie jugando con una pequeña pelota de color rosado.
—Solo expreso el punto de que el gran truco de magia no está terminado—apuntó.
—¿Qué truco de magia? —apremié, pues eso de no entender nada no me agradaba. Ella hacia ver sus palabras como si fueran lo más obvio del mundo, pero para mí solo eran un cúmulo de ideas que no tenían ni pies ni cabeza.
—Aún no me ha visto aplaudir—dijo ignorándome olimpicamente—Porque hacer desaparecer algo no es suficiente, hay que traerlo de vuelta. Falta el tercer acto, falta el prestigio, doctor Watson—comentó con su voz dulzona.
Iba a decirle que se tomara las cosas enserio y dejara de jugar conmigo, pero el sonido proveniente de un teléfono que estaba sobre una mesilla me distrajo de decirlo.
Charlotte se apresuró a tomar el móvil y después de observarlo unos momentos y teclear a toda prisa se volvió a mí con una amplia sonrisa.
—Voy a explicárselo con calma en otra parte a la que quiero que me acompañe—se acercó a mí y me tendió su manita—Es momento de completar el acto y de que cumpla la promesa que le hice…El prestigio—sonrió—Voy a traerlo de vuelta, doctor Watson…
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Y en el proximo capitulo ya sabrán mi versión de la supervivencia de Sherlock (si es que no lo han captado ya XD) y también el encuentro emotivo de John con su mejor amigo TwT
El título del cap hace alusión a la película aquí mencionada "The Prestige" que en su traducción española se le puso por título "El gran truco"
En lo personal amo esta peli y me sirvió de mucha inspiración :3
Espero que les haya gustado :3
Dejen sus comentarios, se acepta de todo, menos insultos ¬¬** XD
Nos vemos en el siguiente cap X3
